La pendiente resbaladiza
Antonio sabe que no puede satisfacerla, pero sabe que José sí puede. Así que, en lugar de esconderse, abre la puerta de su casa y le pide a su esposa que se desvista ante el hombre que la desea. La infidelidad se convierte en un juego de espejos donde el marido observa, el amante actúa y la esposa redescubre su poder.
Verónica, aunque todo el mundo la llamaba Vero, era una mujer bastante tradicional, se había casado con su primer novio, Antonio. Se habían conocido en la universidad y desde entonces seguían juntos, consideraba que su matrimonio siempre había sido muy feliz, lleno de amor y complicidad entre ambos, no había estado con ningún otro hombre y tampoco lo había echado de menos, aunque ella siempre había sido más fogosa que él, no le había costado conformarse y acostumbrarse a recibir un poco menos de lo que le hubiera gustado, siempre pensó que la rara era ella. Pero hace algunos años Antonio comenzó a tener problemas para mantener las erecciones, además, y en parte debido a su problema, Antonio había ido perdiendo interés en el sexo, a Vero le gustaría echar algún buen polvo de vez en cuando pero lo que de verdad le suponía un problema era no sentirse deseada, necesitaba que su marido la mirase con ojos lujuriosos alguna vez, pero eso hacia mucho tiempo que no sucedía, ella pensaba que gran parte del problema venia de ella, que con la edad había dejado de ser atractiva, había sido, y era, una mujer guapa, pero su cuerpo, que siempre había sido bastante normal, con los pechos algo pequeños y el culo un poco grande, había ido estropeándose con la edad y algunos kilos de mas, se había esforzado en recuperar la silueta de cuando tenia 20 pero entre que le parecía una misión imposible y que su marido, a pesar de que había conseguido algún avance, no la prestaba atención, se había desanimado y ya ni siquiera lo intentaba. A pesar de que Antonio no mostrase interés en el sexo, seguían teniendo muy buena comunicación y complicidad, cuando Vero se encontraba especialmente caliente no tenia ningún problema en decírselo o insinuárselo a su marido, y el siempre se esforzaba en satisfacerla con sus manos o su lengua, incluso habían probado con viagra pero Antonio se limitaba a realizar movimientos mecánicos sin rastro de pasión. Esto dejaba cierta sensación agridulce en Vero, conseguía llegar al orgasmo pero ella necesitaba sentirse deseada. Alguna vez había intentado ponérsela dura a su marido con todas sus armas para poder sentirle excitado y notarle en su interior, pero las pocas veces que había conseguido una tímida erección, apenas aguantaba unos instantes antes de eyacular, lo que la frustraba muchísimo, Antonio lo notaba e intentaba satisfacerla, pero él veía claramente que eso no era lo que necesitaba su mujer.
Con el tiempo Vero se había resignado a una vida sin sexo, cuando lo necesitaba se esperaba a que Antonio se durmiese y entonces se complacía ella sola. Su marido era consciente de las necesidades de su esposa y, alguna vez, le había comentado que a él no le importaría que tuviese alguna aventura para desfogarse un poco. Vero jamás acepto esa opción, aunque sabía que Antonio se lo decía porque quería verla feliz y este problema les estaba afectando a los dos, ella había sido educada en una moral conservadora y de ninguna manera seria infiel a su marido. Además la autoestima de Vero estaba muy baja, no le parecía posible que ningún hombre pudiera fijarse en ella.
Todo empezó a cambiar un día en la oficina, Vero había pedido ayuda a un compañero con un problema que les había surgido en un proyecto y se sentó a su lado para explicaselo y ver que se le ocurría para solucionarlo. Vero lo noto un poco distraído pero no le dio mucha importancia aunque le pareció raro, su compañero solía ser muy eficiente y resolutivo, hasta que se dio cuenta de que su falda se había abierto y la mirada de su compañero iba hacia ese lugar en cuanto ella posaba la suya sobre la pantalla del ordenador. Él estaba intentando ser todo lo discreto posible, pero Vero notaba que no podía evitar mirar sus piernas y lo poco que pudiera ver de sus bragas. Lo normal es que hubiera recolocado su falda y hubiera hecho como que no se había dado cuenta, pero descubrir que estaba siendo observada por ese hombre, la hizo sentirse viva de nuevo.
El compañero se llamaba José, era algo mas joven que ella, aunque también había superado los 40, llevaba ya unos cuantos años divorciado, a Vero siempre le había parecido un hombre bastante atractivo, en realidad José era un hombre normal, era tan normal que era raro, no era ni alto ni bajo, era normal; no era ni guapo ni feo, era normal; no era gordo ni delgado, era normal; no era ni fuerte ni débil, era normal; no era ni listo ni tonto, era normal y así con todo, para encontrar algo en lo que destacase para bien o para mal había que conocerle mucho. Para Vero lo mas atractivo era su personalidad, era un hombre seguro, tenia un trato muy agradable, además era bastante atento y amable con todos los compañeros por eso no era raro que acudiesen a él cuando tenían un problema, ya que, de una forma u otra, siempre acababa encontrado una solución. Vero hizo como que no se daba cuenta de nada y no se recoloco la falda, siguio notando como lanzaba miradas hacia la abertura de su falda, le estaba gustando mucho ese juego y sintió que empezaba a calentarse, su intranquilidad aumento cuando vio como empezaba a formase un bulto en el pantalón de José. Ese día ella llevaba unas bragas blancas con algún encaje, nada del otro mundo, además a Vero no le pareció que pudiese ver mucho, quizá algo de tela blanca pero poco más.
Vero se iba calentando cada vez más con aquello y, el hecho de sentirse deseada después de tantos años sin notar esa sensación, hizo que decidiese abrir un poquito las piernas para que su compañero pudiera ver algo más. Discretamente se recoloco en la silla y permitió que se le subiese un poco la falda a la vez que separaba ligeramente las piernas, se sorprendió mucho con la reacción de José, enseguida pudo ver como empezaba a crecer más y más su bulto en el pantalón, aquello encendió sobremanera a Vero, no se podía creer que con verla un poco las bragas se estuviera poniendo así. Ella estaba segura de que su compañero no tenia ningún problema para llevarse a la cama a alguna mujer de buen ver de vez en cuando, no dudaba que habría visto montones de bragas y le sorprendía mucho que ahora no pudiese dejar de mirar las suyas. Su bulto no dejaba de crecer mientras seguía mirando muy discretamente las bragas de Vero, ya tenia una erección considerable mucho mayor de lo que ella había visto en su marido jamás, ella tampoco podía evitar mirar hacia su entrepierna de vez en cuando, había llegado a un punto de dureza que hacía que incluso pudiese apreciar la forma de su glande debajo de la fina tela del pantalón. Vero estaba excitadísima, entre el tiempo que llevaba sin sexo, el hecho de sentirse deseada por un hombre atractivo y lo que podía intuir debajo de ese pantalón, se estaba calentando muchísimo, se dio cuenta de que estaba ya pensando como seria sentir eso en la boca y no quería ni imaginarse siquiera, como se sentiría en otras partes, se estaba perdiendo, o paraba aquello o no podía asegurar que no cometiese una locura. Decidio cerrar las piernas, recolocarse en la silla y concentrarse en la pantalla del ordenador, siguieron un rato más revisando el problema y aunque Vero seguia echando una miradita de vez en cuando a la entrepierna de su compañero, la cosa fue bajando lentamente y cuando por fin encontraron la solución al problema, el bulto había desaparecido.
A José siempre le había atraído Vero, nunca intento nada con ella porque estaba casada pero no podía evitar que las curvas de esa mujer ejercieran un magnetismo sobre él, además el hecho de que pareciese tan puritana le añadía un morbo extra. Alguna vez le había visto el sujetador a través del escote, pero siempre eran de lo más recatados. Así que aquel día que pudo observar sus bragas se había puesto durísimo, al principio solo podía ver sus piernas y un poquito de su ropa interior, eso ya fue suficiente para calentarlo, pero cuando Vero se movió y consiguió ver claramente toda la zona púbica de sus bragas, no pudo evitar acabar completamente erecto, intento disimular lo mejor que pudo y pensó que había conseguido que Vero no se diese cuenta de nada. Desgraciadamente Vero acabo recolocándose la falda y termino el espectáculo, aunque el iba a conservar esa imagen mental, por lo menos, hasta llegar a casa y poder masturbarse.
Vero se había quedado hiper caliente y cuando llego a casa se puso un conjunto de lencería sexy y un camisoncito bastante sugerente. Ella seguía sin verse nada atractiva, pero no sabía como sacar mas provecho de su cuerpo. En cuanto su marido se metio en la cama inicio su ataque, necesitaba que ese día su marido le metiese lo que fuera, estaba desatadísima. Antonio lo noto y se esforzó mucho en tocarla e incluso llego a usar su lengua, consiguió que se corriera aunque Vero siguió sin ver ningún atisbo de deseo por parte de su marido. A Antonio le extrañó el estado de su mujer y decidió preguntarle.
- Cariño, ¿Que te ha pasado hoy? Te he visto con muchas ganas
- No quiero que te sientas mal, pero tampoco quiero mentirte. Me ha pasado una tontería en la oficina que me ha calentado bastante ¿Recuerdas a José mi compañero?
- Si claro, cuando nos juntamos con tus compañeros, suele ser con uno de los que más hablo, tenemos muy buena relación, incluso hemos hablado de montar algún negocio juntos.
- Pues hoy le he pedido ayuda con un problema y cuando estábamos juntos en mi sitio intentando resolverlo, me he dado cuenta de que se me había subido demasiado la falda y me estaba mirando las piernas, incluso puede que pudiera verme las bragas.
- Y que has hecho?
- Nada, no se porque no me he tapado, no te lo puedo explicar.
Para ella no era fácil admitir que le había gustado ser observada por otro hombre, pero Antonio se dio cuenta de que aquello tenía que haber sido muy positivo para la autoestima de su mujer, además se moría de ganas por saber que más había pasado para que su mujer hubiese llegado con tantas ganas a casa, le estaba empezando a dar bastante morbo la historia.
-¿Pero solo te ha mirado un poco y ya está?
- Bueno, no del todo. He visto como le crecía un poco su bulto.
- ¡Así que se la has puesto dura a José!
Esto lo dijo con cierto tono de alegría que Vero percibió.
- No seas bestia Antonio.
- Ves, te lo he dicho mil veces, que sigues siendo una mujer muy atractiva.
- Pueden ser mil cosas Antonio, puede que le haya pillado excitado de antes por lo que sea y ya estuviese así, puede que lleve mucho tiempo sin descargar, no se, pero no quiere decir nada.
- A lo mejor podías intentar algo con él.
-Ni en sueños, ya te he dicho que eso no va a suceder.
- Pero mira como has venido, y está claro que a él le tienes que atraer, no pierdes nada por insinuarte un poco.
- De ninguna manera y vamos a dejar aquí el tema. -dijo Vero ya un poco irritada.
Vero pensó que menos mal que no le había dicho nada de como le había dejado ver un poco más y como se le marcaba en el pantalón, porque si no su marido se hubiera puesto inaguantable, e iba a ser muy difícil hacerle entender que esto no iba a ir a más.
Antonio se durmió bastante rápido a pesar de que su cabeza no paraba de darle vueltas a como conseguir que su mujer se dejase llevar y avanzase más, pero Vero no podía dormir, las palabras de su marido intentando que se atreviese a algo más, habían hecho que se plantease cosas hasta hace poco inimaginables y, además, no podía evitar recordar el bulto en el pantalón, o la cara de José mirando discretamente a su entrepierna y como se le marcaba el glande al hacerlo, se imaginaba acariciándolo y sintiendo su dureza en la mano, empezó a fantasear con metérsela en la boca y ver como José la miraba mientras se corria sobre ella, otra vez estaba hirviendo y se empezó a tocar. Para ella no era raro masturbarse mientras su marido dormía a su lado, pero imaginar lo que haría con la polla de otro hombre si, consiguió llegar a un orgasmo muy intenso pensando en su compañero, y por fin pudo dormirse.
José por su parte en cuanto llego a casa se dispuso a masturbarse pensando en su compañera, no era la primera vez que se masturbaba pensando en ella, no sé podía explicar cómo esa mujer conseguía ponerle tanto a pesar de que no era especialmente atractiva, ni jamás ella se le había insinuado ni había hecho nada para excitarle. La imagen de sus bragas se había quedado grabada en su mente y solo con recordarla ya se estaba poniendo duro. Intento prolongar la paja para poder disfrutar más tiempo, pero con el grado de excitación que tenía le fue imposible.
Al día siguiente por la mañana Antonio insistió a Vero para que se pusiera algo revelador para ir al trabajo. Lo intento con diferentes prendas, una camisa escotada, una falda corta, incluso intentó que fuese sin sujetador, pero Vero le ignoro, incluso le dijo que no fuese pesado y la dejara en paz, se puso un conjunto de lo más discreto y se fue a trabajar. Cuando vio a José en la oficina no pudo evitar que las imágenes de su erección del día anterior le vinieran a la cabeza y se fue calentando ella sola. Vero se arrepintió de no haber hecho caso a su marido y haberse puesto algo que le pudiese dar un poco de juego. Tenía ganas de comprobar si fue, que le pilló en un día tonto, o si realmente le resultaba atractiva, quería notar de nuevo la mirada de su compañero sobre ella, pero con la ropa que se había puesto, era imposible hacer nada, Vero pensó que se había pasado de recatada. El día paso sin más, pero ella había decidido que al día siguiente llevaría algo más sugerente por si le entraban ganas de jugar un poco. Al llegar a casa, Antonio le preguntó un montón de cosas sobre José, Vero no entendía que pretendía su marido, ya le había dicho que había sido una tontería y que no iba a hacer nada con él. Aunque a su marido le dijera lo contrario, Vero sentía que aquello la estaba afectando, esa noche tuvo que volver a masturbarse para conciliar el sueño, no era nada normal en ella ese ritmo, y notaba como su libido, que se había ido apagando, volvía a resurgir.
A la mañana siguiente Antonio decidió no volver a insistir a su mujer. Vero por su parte optó por ponerse un vestido veraniego un poco corto, pero bastante discreto, la ventaja que tenía, es que se abotonaba por delante, desde arriba hasta abajo, así ella podría gestionar su escote y la raja de la falda a su voluntad. Ya en la oficina, Vero empezó a imaginarse las situaciones en las que podía meterse con ese vestido y acabo excitándose. Al fin se decidió a actuar, se desabrochó algunos botones del escote y se fue al sitio de José a preguntarle unas cosas del trabajo. Cuando José, con su amabilidad habitual, se puso a responderla, ella se agachó sobre su escritorio para poder ver mejor la pantalla de su ordenador, fue todo lo discreta posible para que José no notase que lo hacía adrede, pero le dio una buena panorámica de su escote. Enseguida noto como su compañero desviaba la mirada disimuladamente hacia sus pechos, estaba segura de que podía verla casi todo el sujetador. Vero se había puesto uno blanco bastante fino, que sin llegar a ser trasparente, marcaba muy bien la forma de sus pechos. Se sintió muy orgullosa de conseguir llamar la atención de su compañero, sus pechos no eran muy grandes y rara vez había notado miradas de los hombres sobre ellos. José intentó disimular lo mejor posible, pero también intentaba ver lo máximo de aquel escote que se abría ante él, por primera vez podía ver un sujetador de su compañera que no parecía de monja, poder percibir la forma de sus pechos era una novedad para él. Vero sintió que se iba excitando con cada mirada de su compañero, aprovechaba cada vez que él le señalaba algo en la pantalla para inclinarse más y notar como su compañero clavaba la mirada en sus tetas, sus bragas estaban empezando a humedecerse, así que seguro que sus pezones ya estaban duros y José podia ver cómo se le marcaban en el sujetador. Le pareció que estaba alargando innecesariamente las explicaciones y que, además, le estaba creciendo un bulto en los pantalones, nada comparado con como se le llegó a poner la última vez, pero la lleno de orgullo comprobar que podía hacer que se empalmara solo con mostrarle un poco su ropa interior. Cuando José percibió como se le marcaban los pezones, sintio como su polla daba pequeños saltos de alegría. Vero se estaba excitando cada vez más y José no terminaba nunca de explicarle las cosas, se estaba deteniendo en cada detalle. José siempre era correctísimo, pero se le estaba notando que se estaba alargando todo lo posible para poder admirar bien las tetas de Vero, ella estaba encantada. Cuando ya no se le ocurrió que más podía contarla, tuvo que dejarla marchar, Vero se despidió diciéndole que muchas gracias por su "atención". Los dos se quedaron bastante calientes, José pensando que vaya suerte que estaba teniendo, que con lo recatada que era Vero, en muy poco tiempo había tenido un par de descuidos que le habían permitido ver su sujetador y sus bragas, solo esperaba haber sido discreto y que ella no se hubiese dado cuenta de sus miradas. Vero por su parte estaba súper contenta, había comprobado que podía seguir atrayendo a los hombres y, debido al estado de excitación en que se había quedado, no paraba de pensar en como volver a jugar con José sin que se diera cuenta de que no eran simples descuidos, se moriría de vergüenza si él llegase siquiera a sospechar que ella le estaba provocando.
A última hora surgió el momento adecuado, una compañera y Vero se tenían que reunir con José, el lugar de la reunión era una sala con una mesa de cristal. Vero vio la oportunidad y antes de entrar se desabrochó un par de botones en medio de la falda, pensó que así sería más disimulado, si se los hubiera abierto al final de la falda podría parecer que lo había hecho aposta pero así parecería un descuido. Vero se sentó al lado de Josè y comprobó que por la abertura que dejaban los botones se podía ver una buena parte de la zona más interesante de sus bragas, además, vio que eran lo suficientemente finas como para que se llegase a intuir su vello, aunque desde la posición de José era difícil que pudiera apreciarlo, le dio bastante vergüenza pero era tarde para echarse atrás y quería ver el efecto que provocaba en su compañero. José no tardo en darse cuenta, bendijo su suerte y al inútil que había hecho esos botones. Para disimular sus constantes miradas a través del cristal de la mesa a la entrepierna de Vero, José hacia como que revisaba sus papeles. Por supuesto Vero se daba cuenta de lo que estaba haciendo, además, se le notaba muy despistado, en poco tiempo se le empezó a marcar el bulto de sus pantalones, Vero comenzó a usar su misma técnica para poder observar como iba creciendo poco a poco, en pocos minutos se marcaba todo el tronco y Vero podía ver cómo iba palpitando y haciendose más grande por instantes. Vero no pudo reprimirse y abrió un poco más las piernas, ahora José si podía intuir la sombra de su vello púbico a través de la fina tela, sentía que iba a reventar el pantalón de la erección que se le estaba formando, pero no podía dejar de mirar. Vero veía como se marcaba el capullo y palpitaba debajo de sus pantalones, se sentía deseada y no paraba de pensar en como sería sentir aquella enorme polla en su interior, comenzó a imaginarse que su compañero la levantaba de la silla, la doblaba sobre la mesa, le levantaba la falda y sin miramientos, le clavaba la polla en su vagina, que ya estaba completamente encharcada, no pensaba que aquello pudiese caber entero dentro de ella, pero en su imaginación lo disfrutaba muchísimo. Ninguno de los dos se estaba enterando de nada de la reunión, su compañera se estaba dando cuenta y se estaba frustrando por lo inútil del tiempo perdido, así que decidió cortar diciéndoles que se notaba que era viernes y que mejor lo dejaban para el lunes. Los dos tuvieron que darle la razón, José se disculpo diciendo que la semana había sido muy larga y Vero añadió, que el día estaba siendo muy duro y no daba más de si. José no quería levantarse y pasear su erección por toda la oficina así que les dijo que él se iba a quedar en la sala revisando unas cosas. Ella pensó que si hubiera llegado a levantarse, hubiera dado mucho que hablar en la oficina, sobre todo entre las féminas. Vero se fue directamente al baño e hizo algo impensable en ella, se masturbo imaginándose que José entraba y que, sin dirigirle ni una palabra, la ponía de espaldas a él, contra la pared, le arrancaba las bragas y la follaba salvajemente. De nuevo tuvo un orgasmo muy intenso, Vero tenía que reconocer que su vida sexual estaba mejorando muchísimo, aunque fuera con ella misma. A pesar del orgasmo no se quedó del todo satisfecha, pero, por lo menos, podría mantener la compostura, se abrocho todos los botones del vestido y disimulo, lo mejor que pudo el poco rato que quedaba hasta la salida.
Esa noche a Vero le volvieron a venir a la cabeza las imágenes de la erección de José, está vez había podido verla con toda comodidad, había visto como iba creciendo hasta marcarse entera en el pantalón, estaba claro que le iba a costar mucho borrarlas de su mente. Llegó a envidiar a las mujeres que hubieran podido disfrutar de semejante herramienta, otra vez le estaba costando conciliar el sueño y, de nuevo, tuvo que masturbarse para poder dormir, le excitaba muchísimo imaginar lo que José podría hacer con ella.
A la mañana siguiente Antonio le dijo que quería hablar con ella.
- Amor mío, me he dado cuenta de que estás cuidando más tu aspecto últimamente, sobretodo tu ropa interior, sé que te has estado tocando todas las noches desde el día del incidente con tu compañero.
- Lo siento, no sé que me está pasando...
Antonio la cortó y siguió hablando.
- No tienes que disculparte, entiendo que tienes tus necesidades y yo no puedo cubrirlas, eso me frustra enormemente, ya lo sabes, yo lo que quiero es que seas feliz. Tengo un plan para demostrarte que puedes excitar a José, te mereces sentirte mujer, por favor, déjame probarlo.
A Vero le daba mucha pena ver así a su marido, pero tampoco quería decirle que ya había comprobado por si misma cuanto podia excitar a José. También le dió curiosidad saber que había planeado, y hasta donde estaba dispuesto su marido a llevar la situación, en realidad los últimos acontecimientos habían hecho que ya no pudiese afirmar que estaba cerrada a nada, de hecho, no podía negar que tenía bastantes ganas de seguir jugando con José, aunque desde luego no iba a ser ella la que intentase nada.
- Me parte el alma ver como te afecta tú problema, si crees que así vas a estar mejor, estoy dispuesta a escuchar tu plan, pero no te prometo nada.
- Muchas gracias mujer, estoy seguro de que lo vas a disfrutar y no te vas a arrepentir, de momento lo único que tienes que hacer es decirle a José que se me ha ocurrido un negocio que quiero tratar con él, por si quiere participar. Ahhh y también quiero que el día que venga José a verme, te pongas el conjunto de ropa interior que te regaló tú amiga Lola.
Ese conjunto de ropa interior no solo se lo había regalado su amiga, también lo había diseñado y confeccionado ella misma. Vero recordó inmediatamente aquel conjunto. No podía negar que era muy bonito, pero también revelador, era azul clarito, tanto las braguitas como el sostén, se transparentaban ligeramente y además eran un poco escasos de tela, el sujetador daba lo justo para cubrir hasta los pezones y las braguitas eran dos triángulos unidos por una fina tira de tela, que apenas cubrían su vello púbico por delante y sus cachetes rebosaban por todas partes por detrás. Solo de pensar como se pondría José si la viese con ese conjunto ya le estaba dando morbo, así que en parte por ayudar a Antonio con su frustración y en parte por la excitación del juego, acepto.
El lunes Vero se vistió discretamente, no quería que José pudiese sospechar nada, eso le daría una vergüenza tremenda, así que mientras Antonio no llevase a cabo su plan, iba a ser todo lo recatada posible, como siempre había sido. En la oficina, Vero le comento a José lo del negocio de su marido y José se mostró muy interesado, pero le dijo que ese día no podía ser, que tenía planes para esa tarde, que si lo podían dejar para el día siguiente, que lo tenía libre. Vero no le puso ningún problema y le invitó a su casa para que se viera con Antonio después de trabajar. A José le pareció bien y quedaron para el día siguiente.
En cuanto Vero llegó a casa, Antonio le preguntó si había hablado con José y Vero le dijo lo que le había respondido. Antonio le dio unas instrucciones para cuando trajese a José, quería que primero les sirviese un par de copas y les dejase solos un rato, durante ese tiempo tenía que cambiarse para ponerse cómoda, había escogido un vestido en concreto para la ocasión, ese vestido Vero no lo usaba nunca en la calle, ya que aunque le quedaba bien y era un vestido de tirantes sin más, tenía la falda demasiado corta y era fácil que en cualquier descuido enseñara más de lo debido. Pasado ese rato, Vero debía sentarse con ellos, Antonio le dijo que sentaría a José en el sofá y ella debía sentarse en la silla que tenían enfrente, le pidió que, por favor, abriese ligeramente las piernas para que José pudiese verle las bragas. Vero pensó que con ese vestido, y contando con que la silla era más alta que el sofá, no tendría que esforzarse mucho para que José tuviera una buena perspectiva de su ropa interior. Vero pensaba que el plan de su marido se iba a quedar ahí, que si conseguía demostrarla que era capaz de excitar a su compañero se quedaría tranquilo, le sorprendía un poco la inocencia del plan, pero a ella le apetecía volver a sentir la mirada de José, y si así su marido se quedaba a gusto, pues todos contentos.
Al día siguiente Vero volvió a vestirse muy discreta, y ya en la oficina, le dio su dirección a José para que fuera después del trabajo. Intento que no se le notase, pero estaba nerviosa y excitada con la idea. Por la tarde, ambos se dirigieron a casa de Vero, aunque llegaron más o menos a la vez, José tardo un poco más en subir porque tuvo que buscar aparcamiento. Cuando finalmente llegó, Antonio le saludo muy efusivamente, le hizo sentarse en el sofá, y pidió a Vero que les sirviese unas copas mientras él le iba contando a José el negocio que se le había ocurrido. Vero le hizo caso y después se fue a "poner cómoda", tal y como le había indicado su marido anteriormente. Pasado un rato, Antonio la llamó, y le pidió que se sentara con ellos porque a ella también quería explicarle en que consistía el negocio. Antonio le contó que había pensado que podrían producir la ropa interior que hacia su amiga, ya había hablado con un conocido suyo, que tenía un taller textil, y le había dicho que, si le daban los patrones y demás, con un pedido medianamente grande, él se las podría producir a precios razonables. Había hablado también con diferentes tiendas de distintos barrios, y alguna de otras ciudades, para ver si estarían dispuestos a venderlas, y había varias que en principio parecían interesadas. Mientras Antonio le contaba todo esto, Vero estaba sentada en una silla, justo enfrente de José, con las piernas ligeramente abiertas, lo justo para que pudiera verle un poquito de sus bragas, tal y como le había pedido su marido. José no quería quedar mal con la pareja pero le era imposible no mirar a las bragas de Vero, le chocó bastante que, por lo poco que podía ver, parecían bastante sexys, no quería perderse ningún detalle de aquellas braguitas, pero no sabría que hacer si le pillaban mirándolas, así que fue todo lo precavido que pudo. Antonio siguió contándoles como pensaba organizarlo todo y Vero veía como José, de vez en cuando, desviaba disimuladamente la mirada hacia su entrepierna. Este jueguecito, delante de su marido, empezaba a calentarla, aunque ella intentaba disimular y mantenerse seria. Antonio le ofreció a José ser socios, cada uno de ellos se quedaría el 30%, la diseñadora se quedaría el 40% restante, a cambio él pondría la mitad de la inversión inicial y se ocuparía de las cuentas y el papeleo, también le dijo que según como fuesen las ventas, podrían ir haciendo más pedidos, e incluso, montar su propia marca. Llegados a este punto, Antonio le pidió a su mujer que le enseñará a José el conjunto de ropa interior que le había regalado su amiga, para que pudiese verlo, y comprobase lo bien hecho que estaba, y el buen gusto que tenía. En ese momento Vero comprendió que el plan de su marido no era tan inocente.
- No puedo enseñárselo ahora- le dijo llena de vergüenza.
- ¿Por qué? -le respondió Antonio haciéndose el inocente.
- Es que justo lo llevo puesto.
Antonio puso cara de contrariedad.
- Por lo menos enseñarle el sujetador, que no pasa nada, que ya somos adultos, y no creo que se escandalice mucho por eso.
- No, sabes que soy muy pudorosa para esas cosas.
Antonio se levantó y se dirigió hacia ella.
- Mujer es casi lo mismo que si te viera en bikini.
Antonio se coloco detrás de ella y comenzó a bajarle los tirantes del vestido mientras seguía hablando.
- Tienes que entender que José no se va a meter en este negocio sin poder comprobar antes la calidad y lo bien que se ven las prendas.
Vero no sabía como reaccionar, y se quedó quieta mientras su marido la desnudaba delante de José, que tampoco parecía reaccionar, pero no apartaba la vista del cuerpo de Vero, cuando Antonio termino de descubrir el sujetador, siguió hablando.
- Acércate José, que quiero que veas la cantidad de detalles que tiene y lo suave que es la tela.
Eso sí que no se lo esperaba José, estaba viendo a Vero en sujetador, para colmo, era precioso y muy sugerente, incluso podía apreciar el cambio de tono en la zona de la aureola y el bulto de sus pezones, le daban unas ganas enormes de abalanzarse sobre esos pechos, pero viendo la incomodidad de Vero, y temiendo no poder disimular la erección que se le estaba empezando a formar, decidió no arriesgar.
- No hace falta, si ella no se siente cómoda, puedo venir en otro momento para que me lo enseñe.
- Es solo un momento y, además, ya lo estás viendo, Vero es un poco vergonzosa, pero si le importase mucho ya se habría tapado.
José se acercó tímidamente y Vero pudo apreciar cómo le había crecido el bulto en los pantalones, aunque él lo intentaba disimular. Antonio le hizo acercar la cabeza a los pechos de su mujer, Vero no podía creerse lo que estaba viviendo, su compañero de trabajo tenía la cabeza al lado de sus tetas y estaba segura de que, entre que el sujetador era un poco transparente, y que tenía los pezones totalmente endurecidos, José estaba viendo como se marcaba cada curva, e incluso, podría ver el color de sus botoncitos. Vero cada vez se iba excitando más a pesar de la vergüenza, o quizás gracias a ella, José se esforzaba en disimular su enorme erección y Antonio se sonreía para dentro.
- Dime qué te parece José ¿A que es precioso?
Tragando saliva José solo acertó a responder:
- Si, si, es estupendo, seguro que se vende fenomenal.
Vero se dio cuenta de que, aunque la erección de José era más que evidente y ya podía dar por conseguido el objetivo, su marido no tenía ninguna intención de parar aquello.
- Vero por favor, enséñale también las bragas que le van a encantar.
- No Antonio, eso sí que no.
Apenas se la escucho por qué, de la vergüenza, solo le salió un hilillo de voz.
- Venga mujer, no seas asi, que no pasa nada.
Y sin mas le subió la falda a Vero tranquilamente, ella no podía reaccionar, no sabía que hacer, le había pillado muy de improviso, lo único que logro hacer fue cerrar las piernas instintivamente. Vero ya no sabía si quería que su marido parase o continuase hasta el final, tenía sensaciones encontradas.
- ¿Ves José cómo la prenda se adapta perfectamente a las curvas? -le dijo Antonio como si estuviesen en la situación más normal del mundo.
La cabeza de José estaba bloqueada, ni en las múltiples pajas que se había hecho pensando en Vero se había podido imaginar lo tremendamente sensual que se veía esa mujer en este momento, totalmente ruborizada, mostrando su ropa interior.
La situación tenía totalmente sobrepasada a Vero, ella estaba sentada en medio de ambos, que estaban de pie, y con la erección de José prácticamente a la altura de su cabeza, Vero no podía dejar de mirarla, parecía como si en cualquier momento fuesen a ceder las costuras.
- Así no se pueden apreciar bien.
Y diciendo esto, Antonio le abrió bastante las piernas a su mujer. José se quedó paralizado mirando la entrepierna de Vero, se le transparentaba el vello púbico, si le faltaba algo para excitarse del todo, esto lo superaba con creces. Vero veía como le palpitaba a través de la tela, estaba deseando que reventarán las costuras y saltase frente a ella, ya se estaba imaginando como se sentiría en su boca, cuando Antonio la sacó de su ensimismamiento.
- ¡¡¡José, Tienes una erección!!! ¡¡¡Vero, se la estás mirando!!!
Fue la primera vez que Vero vio a su compañero perder esa seguridad que tanto le gustaba de él, hasta empezó a tartamudear.
- Pe-Pe-perdón, no he podido evitarlo, es una reacción natural...
Antonio le cortó.
- No te preocupes, no me importa, incluso me hace ilusión y seguro que a Vero también. Tengo que contarte algo, desde hace un tiempo tengo un problema con mis erecciones y eso ha afectado mucho a mi mujer, le está provocando muchas inseguridades, ella piensa que es por su culpa, que es porque ya no es atractiva. A mí me gusta que vea que puede seguir provocando erecciones en los hombres.
José no sabía como reaccionar, estaba paralizado, no encontraba nada que decir.
- Estaría muy bien que le enseñases a mi mujer como te la ha puesto, estoy seguro de que eso la ayudaría mucho.
José seguía paralizado aunque no se perdía detalle de la entrepierna de Vero, tenía que darle la razón a Antonio, el conjunto de ropa interior era espectacular, y puesto sobre Vero, era un sueño hecho realidad, literalmente. Poder ver cómo se transparentaban los pelitos de su sexo lo estaba volviendo loco, su polla no dejaba de palpitar al lado de la cara de Vero, que no podía dejar de mirarla con la boca abierta.
- Por lo menos podrías dejar que mi mujer te la tocase para que note como te la ha puesto de dura.
José seguía quieto sin reaccionar y entonces, Antonio tomó la mano de Vero y la coloco sobre el paquete de su compañero. Ahora Vero podía notar su dureza y las palpitaciones, le estaba costando evitar restregarse contra la silla. José se sorprendió mucho al notar la mano de Vero sobre su paquete, pero alucino, más todavía, cuando vio que no la apartaba aunque su marido ya la había soltado.
- Bueno, ya puestos, no creo que haya ningún problema en que toques su ropa interior para que compruebes el tacto tan agradable que tienen las prendas.
Está vez José, envalentonado por el hecho de que Vero siguiera sin apartar su mano, no hubiera puesto ninguna objeción cuando su marido había hecho tan increible proposición y no queriendo desperdiciar la oportunidad única que le estaban dando, si que se movió. Lenta y tímidamente fue acercando su mano a los pechos de Vero y los empezó a acariciar sobre la tela del sujetador.
- ¿Ves lo suave que es? ¿Notas como desliza la piel sobre ella? -Antonio seguía haciendo como que aquello era normal.
José no respondía pero poco a poco iba cogiendo más confianza, las comenzó a apretar ligeramente y a deleitarse con los endurecidos pezones. Vero no pudo evitar empezar a mover su mano sobre la polla de su compañero, la fue moviendo por toda su extensión, le encantó notar el glande totalmente hinchado en su mano. Según José iba cogiendo más confianza sobándole la tetas, Vero fue cerrando su mano y acabo haciéndole algo parecido a una paja sobre el pantalón. Antonio veía la escena y pensó que podía forzar un poco más las cosas.
- Creo que deberías tocarle también las braguitas, que tienen un tacto especial.
Está vez con menos timidez, José alargó su mano hasta ellas, empezó a tocarlas por arriba, pero fue bajando hasta tener la mano completamente metida entre las piernas de su compañera y podía notar su clítoris por encima de las bragas, se entretuvo rozando esa zona. Vero ya estaba fuera de si, necesitaba sentir aquella polla dentro de ella. Antonio pensó que si conseguía forzar un poco más, ya habría cumplido su plan.
- Venga hombre, enseñasela, que ya te da lo mismo.
José no podía creerse lo que estaba pasando pero pensó que de perdidos al río y que pasase lo que tuviese que pasar, dejó de acariciar a Vero, se desabrochó el pantalón y lo dejo caer, ante Vero estaba el objeto de su deseo solo atrapado por un calzoncillo que marcaba absolutamente todo, Vero pensó que eso tenía que ser publicidad engañosa, no era posible que fuera así de grande. Acto seguido se bajó también los calzoncillos y, por fin, se mostró ante la cara de Vero. Ella no pudo contenerse más de unos segundos viendo como apuntaba directamente a su cara, definitivamente no era publicidad engañosa, la agarró, e hizo lo que llevaba días deseando, la hundió en su boca. A Vero siempre le había gustado chuparsela a su marido, le encantaba notar su excitación contra su paladar, y verse dueña de la situación, le hacía sentirse poderosa, pero esto era otra cosa, le costaba tragarse menos de la mitad y sentía como le llenaba la boca. José metió una mano dentro del sujetador y aprovecho para tocarle una teta con todas las ganas acumuladas que tenía de sentirlas, un poco después, viendo que nadie parecía molesto con la situación y que Vero seguía con su mamada, decidió mover la otra mano y mandarla directa al interior de sus braguitas, pudo disfrutar del tacto de su vello y profundizar más, hasta alcanzar su clítoris, a José le encanto sentir que toda la zona estaba empapada. Vero estaba completamente absorta, disfrutando de la mamada que estaba haciendo, cuando, a pesar de tener la boca llena, no pudo reprimir un gemido al sentir las caricias de José. Antonio estaba muy sorprendido de como se habían desarrollado los últimos acontecimientos, pero le gustaron mucho. Quería que su mujer disfrutase sin preocupaciones, por eso decidió irse, se inventaría cualquier excusa, les daría un tiempo, y luego volvería.
- Uy que tarde se me ha hecho, perdón, no me había dado cuenta de la hora, tengo que irme, otro día quedamos y terminamos de cerrar el trato.
Cuando su marido se fue, a Vero ya le daba todo lo mismo, la mano de José entre sus piernas la estaba desarmando completamente. Ambos oyeron la puerta cerrarse pero siguieron con lo que estaban haciendo sin inmutarse. Vero, no sabía si por lo morboso de la situación o porque, notaba que su orgasmo era inminente, se concentro más en la mamada que le estaba dando a José e, involuntariamente, movió su cadera para facilitarle los tocamientos. Él, como respuesta, introdujo los dedos en su encharcada vagina iniciando un enérgico, aunque poco profundo, mete saca. Vero intento contener su orgasmo, le daba vergüenza correrse delante de su compañero, pero solo pudo retrasarlo un poco a cambio de aumentar su excitación, al final, no pudo evitar estallar en un tremendo orgasmo, Convulsionaba y, a pesar de seguir con la polla de José en la boca, dejaba escapar gemidos. Cuando termino, se quedó en estado de shock, no recordaba la última vez que había tenido un orgasmo de esta magnitud, se quedó en la silla intentando procesar lo que acababa de ocurrir. Al fin se hizo consciente de la situación, estaba con la parte superior del vestido bajada mostrando el sujetador y parte de un pezón, la falda subida y completamente abierta de piernas, volvieron a entrarle las vergüenzas pero no tuvo tiempo de reaccionar, su compañero la cogió de la mano y la llevó al sofá, la indico que se sentase y después la empujó ligeramente para tumbarla. José se tumbo sobre ella y Vero notó su dureza contra su pubis, José llevo sus manos al sujetador y descubrió sus pechos, Vero vio como se le iluminaban los ojos al verlos, sentir esa mirada de deseo sobre ella, volvió a excitarla, bueno, eso, y notar como su compañero le restregaba el miembro contra su sexo.
José comenzó a chuparle las tetas con deleite, iba masajeandolas al tiempo que succionaba y pellizcaba ligeramente los pezones. Vero notaba como la presión que ejercía la polla de José contra ella iba en aumento, hasta que José se separó de ella, movió a un lado sus braguitas, se tomó unos instantes para contemplarla tal y como estaba, abierta y completamente entregada a lo que él quisiera hacerla. Era un momento increíble para José, tenía a la compañera con la que tantas pajas se había hecho, delante de él esperando a que se la metiera, agarró su miembro y lo dirigió hacia la entrada, la fue introduciendo poco a poco en un tranquilo movimiento hacia delante y hacia atrás que iba abriéndose paso lentamente hacia sus profundidades. Todavía no había entrado entera cuando volvió a lanzarse sobre sus pechos, Vero se sentía completamente llena, hacia mucho tiempo que no notaba nada duro en su interior, gemía con cada avance de José dentro de ella y eso iba enardeciendo a José cada vez más, para cuando consiguió meterla entera, Vero ya estaba teniendo un nuevo orgasmo que no hizo más que intensificarse cuando sintió como el pubis de José impactaba contra su clítoris. Él fue incrementando la fuerza y el ritmo con el que la embestía, Vero era incapaz de saber si estaba disfrutando un orgasmo eterno, o era una sucesión de ellos. Súbitamente José paro y se salió de su interior para empezar a correrse sobre su monte de venus y sus bragas, Vero veía, mientras tenía los ultimos espasmos, como se masturbaba, llenando su vello y sus bragas de semen. José se dejo caer en el suelo, al lado del sofá, mientras recuperaba el aliento. Vero se quedó inmóvil, estaba completamente descolocada, sentía que acababa de descubrir el verdadero sexo a sus cuarenta y bastantes años. En cuanto José se recuperó no sabía que hacer allí, así que se vistió y se despidió con un escueto "hasta mañana". Vero se quedó disfrutando de la sensación de estar totalmente satisfecha después de muchos años.
Cuando Vero se repuso, no quería ni imaginarse como afrontaría volver a ver a su compañero al día siguiente en la oficina, su marido llegó después de un par de horas con una sonrisa de oreja a oreja, la besó al entrar y le pregunto si lo había disfrutado, ella le respondió que si y le volvió a besar, dándole las gracias. Por la noche, en la cama, Antonio se empeño en que le contase todo lo sucedido, Vero intento resistirse, le daba muchísimo apuro decirle todo lo que había pasado a su marido, pero Antonio no se dio por vencido y siguió insistiendo, Vero se estaba empezando a enfadar y finalmente aceptó aunque de mala gana.
- Está bien, tú lo has querido, te lo voy a contar, pero si te molesta te aguantas, no voy a cortarme ni un pelo con las explicaciones.
- De acuerdo.
- No sé si cuando saliste José ya tenía la mano dentro de mis bragas o te fuiste antes. - fruto del cabreo Vero intentaba ser lo más hiriente posible.
- Cuando me fui ya había metido la mano en tus bragas, pero prefiero que empieces desde antes, que esa parte me la perdí un poco.
No le pareció a Vero que le hubiese importado mucho a Antonio la forma de contarle las cosas, aún así, decidió ser todo lo cruda que pudiera en sus explicaciones.
- Está bien, pues yo tenía la polla de José bien agarrada mientras le pajeaba y me la metía en la boca, él estaba aprovechando para tocarme una teta por dentro del sujetador, yo notaba que, de vez en cuando, la dejaba un poco libre para poder verla y como palpitaba dentro de mi boca cuando lo hacía. Notar como se ponía al verme me estaba motivando para poner más empeño en la mamada, además, él no paraba de acariciar mi clítoris por encima de mis bragas, lo que hacía que yo solo pudiese pensar en el placer que estaba recibiendo. Así estábamos cuando noté que introducía su mano dentro de mis braguitas, me acaricio un poco el vello púbico, yo abrí más las piernas para facilitarle el movimiento, él fue directo a por mi clítoris y comenzó a jugar con el. No se si fue por la calentura o si es muy habilidoso, pero enseguida noté descargas de placer. La verdad es que no pude reprimir algunos gemidos, eso, unido a que tenía que estar notando lo mojada que estaba, me provocó un poco de vergüenza, pero ya no podía parar. Cada vez estaba más cerca del orgasmo, intenté reprimirlo, de verdad que me estaba dando muchísima vergüenza la situación, así que aumente la intensidad de la mamada para intentar que él llegase antes que yo, pero José debió interpretar eso como que yo también necesitaba más intensidad, e introdujo sus dedos en mi vagina. Ahí si que no pude aguantarlo más y me empecé a correr muy intensamente.
Entre tanto Vero percibió que su marido se estaba excitando y decidió ir acariciándole su miembro mientras seguía con la historia, cuando lo tocó pudo notar una ligera erección lo que la motivo a pajearlo y recrearse más en los detalles de su narración, la alegría de que se le pusiera dura hizo que sintiese que se le estaba pasando el cabreo.
- Cuando terminé de correrme, él quito las manos de mi cuerpo y yo saqué su palpitante polla de mi boca. Yo pensaba que ya habíamos acabado y volvió a darme vergüenza que me viese así tal y como me había dejado, pero el tomo mi mano y me condujo hasta el sofá.
De nuevo Vero se estaba excitando al recordar lo vivido apenas unas horas antes y además Antonio, como respuesta a sus caricias, había llevado la mano hasta su sexo y la estaba tocando, ni la habilidad manual de su marido era la misma que la de José, ni su miembro podía compararse, pero Vero estaba empezando a disfrutar mucho de aquello. Así se encontraban ambos, masturbándose mutuamente mientras Vero le contaba a su marido como le había sido infiel por primera vez.
- Me tumbo en el sofá, se puso sobre mi y sentí la dureza de su miembro chocar contra mis braguitas. José empezó a tocarme las tetas por encima del sujetador pero rápidamente lo aparto para poder verlas y tocarlas directamente. En cuanto aparecieron ante sus ojos pude notar como su polla daba pequeños golpecitos contra mi clítoris, yo veía como las contemplaba extasiado, solo con esa mirada hubiera sido suficiente para calentarme de nuevo pero es que además no paraba de frotarse contra mi sexo, sin pensárselo dos veces dirigió sus manos a mis pechos y los masajeo a su antojo hasta que empezó a chuparlos. Cada vez le notaba más excitado, los rozamientos contra mis bragas iban subiendo de intensidad, la forma de agarrar mis pechos y succionar mis pezones iba ganando en ansiedad, como te puedes imaginar, con todas las sensaciones que me transmitía, yo volvía a estar completamente entregada.
No podía explicarse como era posible aquello pero Vero sentía que por tercera vez aquel día se acercaba al orgasmo, además notaba que su marido estaba cada vez más excitado, incluso tenía cierta dureza, pensó que si hubiera conseguido ese nivel de erección cualquier otro día no habría dudado en cabalgarlo, pero con lo abierta que la había dejado José no creía que pudiese
notarlo siquiera dentro de ella. Antonio hacía rato que sentía que su orgasmo era inminente pero estaba disfrutando aquello muchísimo, así que, intentaba contenerlo y aumentar el ritmo de la masturbación que le estaba dando a su esposa.
- José paro de repente, me miro con un deseo que le rebosaba por los ojos y se separó de mi, aparto mis braguitas y se quedó mirando unos instantes mi sexo completamente expuesto, luego apunto su miembro a mí entrada y lo introdujo lentamente, yo notaba como poco a poco su dureza se abría paso en mi interior, sentía como ejercía presión en cada centímetro de mis paredes, a pesar del placer que me estaba dando estaba ansiosa por notarlo más profundamente dentro de mi.
Antonio no pudo aguantar más y comenzó a eyacular a la vez que hacía más presión sobre el sexo de su mujer, que también consiguió correrse. Era la primera vez en mucho tiempo que ambos tenían un orgasmo simultaneo, Antonio le dio un beso a su esposa y la abrazó, Vero se quedó muy feliz viendo como su marido había disfrutado, eso hizo que se le quitase la sensación de haber sido infiel, esa noche los dos durmieron abrazaditos y felices.
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