Xtories

La urbanización del deseo (Capítulo 12)

La carrera termina, pero el deseo apenas comienza. Entre el sudor de la actividad física y la confesión de una vecina insatisfecha, Alex cruza la línea de la discreción. Ahora, la tentación no está solo en la puerta de Bea, sino en la cama de Isa.

Sylke and Friends9.1K vistas9.4· 39 votos

La Urbanización del deseo

Sylke & Álvaro

Capítulo 12

Bea y yo seguimos trotando por las zonas aledañas a nuestra urbanización, charlando amigablemente y con más sinceridad que nunca.

Mientras yo no dejo de pensar en lo mal repartido que está el mundo: Por un lado, su sobrina Mónica, tiene un novio que es poca cosa para ella y que no le da toda la energía y satisfacción que la chica demanda y luego su propia tía, la que trota a mi lado, que confiesa estar también en esa misma situación, bastante desatendida sexualmente por Mariano, su marido. No me lo dice directamente, pero algunas de sus frases, lo dejan claro y yo le voy tirando de lengua y Bea, con su naturalidad de siempre, se va soltando.

- “Creo que os parecéis mucho tu sobrina y tú” - le comento y veo que ella arquea las cejas.

- “¿Tú crees?”

- “Sí, por lo que me cuentas, veo similitudes” - le indico.

- “En lo físico no mucho y en la edad ni digamos” - comenta riendo.

- “Bueno, pues yo sigo pensando que os parecéis incluso algo en lo físico y la edad, eso no es ningún obstáculo, precisamente por ti no pasa, Bea”

- “Cómo eres, Alex”

- “Lo digo en serio, pero creo que sí, es cierto que os parecéis más de lo que dices, las dos sois bellísimas, con cuerpos increíbles, buenas personas, amables, simpáticas, inteligentes... fogosas” - digo al fin y creo que me he venido arriba.

Noto que ella se sonroja por todo lo que digo y es que es realmente lo que pienso y luego, ella tras unos segundos lo admite.

- “En el fondo puede que tengas algo de razón y debe ser cosa de familia, aunque nos separen aspectos físicos, el carácter o en la forma de ser sí que nos parecemos. Igual ella es un poco más tímida, también la edad, supongo, pero sí, por lo que me confiesa a ella le gusta el sexo tanto como a mí” - lo dice con vergüenza, pero veo que se va lanzando.

- “Ya somos tres”

- “Un sexo que te deje flotando, que lo vivas plenamente, con nuevas experiencias, con vivencias que te hagan sentir viva, mujer...” - suelta motivada.

- “Te entiendo. No existe eso por lo que me cuentas en los dos casos”

- “Qué va... bueno, Mariano es un hombre demasiado clásico o chapado a la antigua, como se suele decir, muy tradicional en todo hasta en la cama, por eso siento que Mónica pueda ir por el mismo camino, me gustaría que ella lo disfrutara con alguien con quien se compenetre”

- “Es muy joven, seguro que encuentra a alguien que le de todo lo que ella necesita y que al tiempo sea su complemento perfecto”

- “Ojalá... Alex, me encantaría que Mónica tuviera a un hombre como tú, Alex.”

- “¿Como yo?”

- “Sí, Alex, estoy segura de que Mónica sería muy feliz a tu lado. Las cartas indicaban que ibas a hacer felices a muchas mujeres... ¿recuerdas?”

Sus palabras reconfortan a uno, la verdad, pero además ella se sincera de una forma increíble, llegando a contarme que su matrimonio va bien, que se siente una mujer feliz, que Mariano es muy buena persona, cariñoso, buen marido, pero luego le falta un poco más de “acción” en algunos aspectos, principalmente en la cama y no hace falta que detalle mucho, por lo que he sabido por Isa, ella se busca la manera de satisfacerse por otro lado. ¿Quién sabe si las cartas juegan tanto a mi favor y pudiera tener algo de verdad con ella? Para mí sería como un sueño... y lo de ser la pareja de Mónica, eso ya es como flotar en una nube.

Se me hace corta esa carrera junto a mi vecina cuando de pronto veo que hemos llegado a la puerta de su chalet. Creo que si hubiéramos continuado más, habríamos tenido una conversación aún más profunda y ¿quién sabe si algo más?

Tras los estiramientos oportunos, ella me comenta:

- “Que guay Alex, lo he pasado muy bien contigo. Mucho mejor que hacerlo sola y la conversación me ha encantado” - me confiesa.

- “Lo mismo digo vecina, salir a correr contigo ha molado. Siempre es mejor en pareja”

- “Pues sí, las cosas mejor en compañía, la pena es que mi marido no es muy activo en eso... también... “

La mirada de Bea me resulta provocadora, lo mismo que su sonrisa, mostrando la misma cara tímida que su sobrina. Son tan diferentes y al mismo tiempo se parecen tanto...

- “Tenemos que repetir, si quieres claro” - dice mi vecina.

- “Claro, salir solo es un aburrimiento, cuando quieras repetimos Bea. Me ha encantado trotar contigo”

Al decir esa frase veo que ella sonríe por el doble significado.

- “Con un acompañante así, ya tengo ganas de volver a salir…je, je” - agrega.

- “Vaya, gracias por lo que me toca, pero la suerte la tengo yo, esto de correr con una acompañante tan guapa, seré la envidia de toda la urbanización..jjjjjj”

- “Sí ya……dirán mira ese con esa vieja”

- “¿Vieja? ¿Qué dices? Bea que poco te valoras……cuantas quisieran tener ese cuerpazo y esa cara tan guapa” - respondo envalentonado.

- “Gracias Alex, eres un solete. Siempre me dices cosas que hacen estimular a una. Ojalá mi sobrina tuviera un hombre como tú a su lado”

Solo imaginar eso, me hace sentir que todo el vello se me ponga de punta, pues sería el hombre más afortunado de la tierra. Conozco un poco a Mónica y no sólo por su belleza, es una mujer que aun tan joven, tiene todo lo que un hombre quisiera tener a su lado, con esa simpatía, esa alegría, esa inteligencia y si además le gusta el sexo...

- “Bueno, de verdad, te agradezco tus halagos, me hacen sentirme más joven”

- “No son por decir, Bea, te lo aseguro... ya quisieran muchas jóvenes tener lo que tú tienes.”

- “Ay Alex” - dice encogiendo los hombros tímidamente.

- “Porque eres una mujer casada que si no...”

- “Ah, por eso no te preocupes, Mariano no es celoso, jajaja” - responde con su simpatía contagiosa.

Por un instante nos quedamos mirándonos y no sé si interpretar esa broma como tal o que me está tirando la “caña”

- “Me hace falta una ducha, madre mía qué paliza me has dado” - dice ella viendo que nos hemos quedado “pillados”.

- “No te quejes anda, que puedes con eso y con más, yo también estoy empapado, aunque no sé si ir a casa o esperar un poco” - apunto yo.

- “¿Y eso?”

- “Isa tenía compañía y no quiero molestar... ya sabes, para que no se sientan incómodas. Igual están en la ducha todavía”

- “Ah, entiendo, por mi sobrina también. Mónica es algo tímida, en eso no nos parecemos mucho, je, je, bueno supongo que a tu compañera Isa también le incomodaría estar desnuda delante de ti”

Creo que Bea no puede sospechar que con quién estuvo Isa bajo la ducha antes, fue precisamente conmigo.

- “Pues deberías esperar... pero así sudado no te puedes quedar. Entra en casa y te duchas aquí.” - me comenta con las llaves en la mano y abriendo la puerta de su casa.

- “No, Bea, tranquila, no te molestes”

- “Oye, Alex, que hay confianza, no vas a quedarte aquí en la calle todo sudado” - insiste mi vecina sonriente y con un brillo especial en los ojos que no sé cómo interpretar

- “Pero...”

- “No se hable más, entra en mi casa y te duchas allí” afirma Bea taxativamente sin derecho a réplica.

Es mi vecina la que tira de mi mano y yo la sigo como un perrito, mirando desde esa posición su extraordinario trasero. Cuando se gira quedamos frente a frente en la entrada de su casa y veo el brillo de sus pechos asomando en ese generoso escote.

- “En realidad no tengo nada para cambiarme” - digo algo apurado.

- “Te dejo algo de Mariano, tranquilo”

Su marido es algo más pequeño que yo y tiene menos músculo, pero bueno, supongo que alguna camiseta y pantalón me pueda valer.

- “Venga, pues dúchate tú y luego lo hago yo” - digo sonriente a mi vecina.

Se me queda mirando de nuevo con esos ojos que no sé lo que me están diciendo.

- “Bueno, tengo dos baños, pero también podríamos ducharnos juntos, si te apetece” - añade mordiéndose ligeramente el labio inferior.

- “Je, je, cómo eres...” - digo yo, pero noto que ella frunce el ceño, como si realmente lo hubiera dicho en serio y no la broma que yo he querido interpretar.

Me acompaña al baño de abajo, me dice cómo funcionan los grifos y tras mirarme unos instantes, se sube al baño que hay en su habitación. Me quito toda la ropa y me miro frente al espejo, viendo que mi polla totalmente tiesa está pidiendo guerra y le pego dos o tres meneos, lo que hace que rápidamente se ponga más dura y así me masturbo pensando en las tetas de Bea que me han dejado impactado mientras corríamos, lo mismo que su trasero. Cuando me giro, veo que la puerta del baño está abierta y Bea está en ella tapándose la boca con una mano.

- “¡Bea!” -digo, intentando tapar inútilmente la polla que tengo totalmente tiesa en mi mano.

- “Perdona, Alex, tenía que haber llamado a la puerta, te traía unas toallas” - me dice entregándomelas y sin quitar ojo de mi empalmada.

Tras unos segundos ahí quieta, cierra la puerta tras de sí. Es la segunda vez que me pilla, al menos esta sí que lo tengo claro que me ha visto desnudo, con mi pene a tope y masturbándome unos segundos. ¿Qué pensará de mí? Al final logro meterme en la ducha, serenarme de tantas sensaciones y cuando termino me enrollo la toalla en la cintura y me doy cuenta de que no me ha dado la ropa de su marido para cambiarme.

- “¡Bea! ¿La ropa?” - grito desde abajo.

- “Sí, Alex, sube, está sobre mi cama” - oigo a lo lejos la voz de mi vecina.

Subo las escaleras hasta la planta de arriba y se puede escuchar la ducha del baño de su habitación. Allí está la gran cama de matrimonio en la que no puedo evitar imaginar a Bea retozando con su marido, veo que, sobre ella, y como bien me decía, está la ropa doblada a los pies, son concretamente unos calzoncillos, un pantalón de deporte y una camiseta. Girando mi cara veo que en el suelo está la ropa que se ha quitado ella y que llevaba puesta en nuestra carrera por el barrio. No puedo evitar agacharme a recoger el top y olerlo... impregnándome de la humedad y especialmente de su sudor, de ese olor a hembra, pero no lejos de eso, veo el tanga hecho un gurruño entre sus leggins y recojo esa prenda para llevarla a mi nariz. Ese olor es increíble y noto al instante como mi polla se pone como una estaca. Noto la humedad en esa pequeña prenda y me encanta pensar que es por mi culpa, pero mi erección va a más, cuando de pronto la toalla que rodea cae al suelo quedándome desnudo en la habitación de matrimonio de mi vecina. Por un momento me quedo bloqueado y totalmente empalmado, viendo que la puerta de su baño está entornada y algo dentro de mí, me dice que me meta allí, desnudo y haga por fin realidad mis sueños con Bea, pero afortunadamente mi ser racional piensa lo contrario y no quiere imaginar lo que sería un escándalo en toda regla si me meto en pelotas en su baño pensando que soy un depravado.

Antes de salir de allí corriendo y desnudo como estoy, intento ponerme el slip de su marido, de al menos dos tallas inferiores a la mía, algo completamente imposible ya que él es muy delgado y bajito y decido ponerme únicamente el pantalón corto de deporte. Al mirarme en el espejo veo que mi polla en erección no puede disimularse nada, pero es que los pequeños pantaloncitos de Mariano me dejan en evidencia y recoloco mi tronco intentando disimular, aunque es totalmente imposible.

No sé qué hacer y doy vueltas, intentando pensar en otra cosa, justo cuando se abre la puerta del baño y aparece Bea desnuda, con los ojos cerrados, acariciando su vulva con una mano y sus senos con la otra, totalmente ajena a mi presencia, veo que está jadeante y suspirando.

La impresión no puede ser mayor, la redondez de sus senos con dos pezones bien marcados, la forma de su cuerpo armonioso y lleno de curvas, su rasurado sexo... sus gemidos.... hasta que ella abre los ojos asustada.

- “¡Alex!” - exclama al verme, de igual modo que cuando ella me pilló a mí en mi baño.

- “¡Lo siento!” - alcanzo a decir, de forma absurda, viendo que ella, todavía con su mano en su sexo, no me quita ojo de esa abultada verga marcada bajo el pantaloncito.

No sé el tiempo que pasa, pero ambos estamos inmóviles, como queriendo decir algo o poner orden a nuestras cabezas, pero lo único que se me ocurre es ponerme la camiseta y abandonar esa habitación a toda prisa.

Cuando piso la calle y cierro la puerta de Bea a mi espalda, apoyándome en ella, empiezo a arrepentirme cerrando los ojos... “¿Y si he perdido una oportunidad gloriosa? ¿Alex, por qué saliste corriendo?” - me pregunto a mí mismo. Cierro los ojos y pienso que le debo una disculpa a mi vecina, ya que se ha tenido que sentir mal de que yo entrara en su habitación y la pillara en pelotas. En cuanto abro los ojos, aparece ante mí, Mónica, con su pelo alborotado y su cara enrojecida y gotitas de sudor en su rostro, se fija en mi atuendo, marcando mi musculatura con esa reducida camiseta, por no hablar del pequeño pantalón y mi erección más que evidente.

- “¡Uf, Alex!”

- “Yo... Mónica...”- vuelvo a sentirme ridículo.

Nos quedamos mirándonos fijamente y cuando voy a preguntarle cómo ha ido todo, me aparta diciendo.

- “Perdona, tengo prisa”. - añade entrando en casa de su tía, bastante apurada.

Decido regresar a casa, sin dejar de pensar lo que Mónica habrá pensado de mí. Lo primero que hago es ir a ver a mi compañera que está tumbada en su cama con un par de almohadones en su espalda viendo la tele y tapada con una colcha.

- “Alex, ¿ya estás aquí?” - me pregunta ella.

- “Sí... ¿Qué tal todo?” -- le interrogo yo, pues estoy intrigado.

- “Increíble, Alex, te debo la vida”

- “¿En serio?” - digo emocionado pensando que ha habido mucho más de lo esperado.

- “Pero, ¿qué llevas puesto?” - me dice de pronto al ver mi atuendo.

- “Es de Mariano”

- “Mariano... ¿el de Bea?”

- “Si”

- “Uf, aquí hay material por ambas partes, pero cuenta, cuenta, que ya veo que vienes a tope” - añade señalando mi erección bajo el pantalón de deporte.

- “Se me nota... ¿no?”

- “Menudo cante das, jajajaa... la has debido armar bien gorda con la vecina”

- “Si me acabo de cruzar con Mónica y creo que ha salido corriendo asustada”

- “Me extraña, porque esa chica tiene mucha marcha, vamos como su tía, ya lo habrás comprobado”

- “Lo siento, pero no... no ha pasado nada con Bea”

- “Mmmm... por tu cara y por tu bulto, creo que lo has pasado de cine y no sé si creerte porque las tienes locas a todas.”

- “Anda, exagerada”

Le cuento por encima lo sucedido con Bea y ella está entre intrigada, curiosa y risueña. Le explico lo sucedido en la carrera que hemos hecho juntos por la urbanización, lo que se ha sincerado conmigo, más que nunca, lo que me contado de su sobrina y luego lo que ha pasado en su casa, y el mal rato que he pasado, ¿o debería decir buen rato?

- “Pues entre lo mío y tus avances, te aseguro que tienes a Bea en el bote” - me afirma.

Mi polla da un espasmo y veo que Isa se ríe, pero ahora el intrigado soy yo, en saber lo que ha pasado con Mónica.

- “A mí sí que me tienes en ascuas” - le digo.

- “Ni te imaginas lo que ha pasado”

- “Pues cuenta”

- “¿Versión corta o larga?”

- “Larga, por supuesto, con todo detalle”

- “Pues aprovecha para realizar tu labor” - me dice señalando la mesilla, sobre la que hay una pequeña palangana, una cuchilla y jabón de afeitar.

- “Pero, ¿quieres que...?”

- “Claro, te lo has ganado, compi” - dice ella y cuando la destapo comprobando que mi compañera está completamente desnuda.

- “Guau” - afirmo al ver su cuerpo mientras ella sonríe halagada.

No sé ni qué hacer, ni qué decir, pero ver allí tumbada a mi compañera y su extraordinario cuerpo desnudo...

- “Vamos, ¿no estás deseando rasurarme el coño? - me pregunta.

- “Bueno... yo... ¿Estás segura?”

- “Un acuerdo es un acuerdo y estoy convencida de que lo harás muy bien, compi, además, te lo has ganado”

Me quedo allí pasmado y ella hace un gesto con la cara para que comience.

- “Me voy a quitar la camiseta, porque con ella no me puedo ni mover” - le comento.

- “Claro. Ponte cómodo”

Me despojo de esa prenda y ayudo a mi compañera a sentarse en la cama con sumo cuidado y poniendo una toalla bajo su culo y ella mantiene sus brazos separados pues no puede moverlos. Tenerla desnuda ahí delante es algo a lo que no me puedo acostumbrar. Ya sé que con ella no tengo nada que hacer, pero es tan hermosa… tan perfecta…

- “Eres un amor, Alex” - me dice mientras me ve preparándola.

Qué pena que a mi compañera no le gusten los tíos, porque estoy seguro de que en otras circunstancias ya habríamos follado.

- “Bueno, voy a comenzar. Ahora empieza a relatarme tú” - digo sentándome en el suelo, colocado entre sus perfectas piernas frente a un coño abierto y lleno de un fino vello ensortijado. El aroma de su sexo impregna mis fosas nasales.

Isa me empieza a contar que se quedó alucinada con la presencia de Mónica en su habitación y no se explicaba cómo me lo había montado para que ese bomboncito de mujer accediera a ser su cuidadora durante ese día.

- “Cuál fue tu reacción” - le pregunto a Isa.

- “Primero le dije: Mónica, perdona, pero no entiendo tu presencia aquí, no me lo esperaba y ella me respondió que estuviese tranquila, que nadie le había forzado a venir y que sabía lo que me pasaba y que se ofrecía para ayudar, que entre amigas lo haría cualquiera”.

- “Fliparías...” - le digo al tiempo que empiezo a enjabonar todo su pubis.

- “Yo estaba alucinada sin creerme que tuviese a esa tía buena delante y todo gracias a ti... pero más vas a flipar tú, Alex” - me dice sonriente.

- “Ah, ¿sí?”

- “¡Te vas a quedar de piedra!”

De piedra tengo mi polla que me duele de tenerla ahí aprisionada y más con el relato de mi amiga y su cuerpo desnudo delante, abierta de piernas, relajada, sus enormes pechos moviéndose al compás de su respiración y esos pezones que piden a gritos lamerlos.

- “Te molesta eso, ¿no?” - me dice al ver que vuelvo a recolocar mi polla tiesa bajo ese pequeño pantalón de mi vecino que parece que voy a reventar.

- “Bueno, sí, un poco” - contesto.

- “Pues quítatelo. Total, ya te he visto en pelotas, bueno y tú a mi”

- Pero... ¿Quieres que me quite todo y estemos desnudos los dos?” - digo mirando sus ojazos y sorprendido por su ofrecimiento tan natural.

- “Claro, hombre, no me voy a asustar... ya te la he visto a tope, ¿recuerdas?” - dice totalmente convencida con una sonrisa preciosa en su rostro.

¿Quién se puede negar a eso?

Continuará...

Sylke & Álvaro