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Mi esposa argentina 7 parte 1

Fernanda siempre fue la mujer perfecta, pero en Buenos Aires algo se despierta. Mientras su esposo observa desde la sombra, ella se transforma en 'Daniela', una extraña que no huye del acoso, sino que lo invita a bailar. ¿Qué pasa cuando la víctima decide ser la cazadora?

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MI ESPOSA ARGENTINA 7 Parte 1

Miraba dormir a Fernanda en la butaca de primera clase del avión, su fina naricilla parecía recoger el aire necesario para la vida y las aletas de esa hermosa nariz respingada se agitaban con serenidad, venteando apenas el oxígeno. Su pantalón ajustado de color azul marcaba su coño abultado y su pequeña cintura apresada por el cinturón de seguridad, nuestra hija Sol dormía a su lado, tan bella ya como su madre, una Fernanda en miniatura.

_Su esposa ¿vedad?_ dijo el hombre al lado mío. Lo miré, era grueso y con gafas, de unos cincuenta años.

_Si_ dije

_ No se ofenda usted pero no podía dejar de mirarla, cuando abordamos el avión_

_No es problema_ dije

_Debe ser de las mujeres más hermosas que he visto en mi vida_

_Gracias_

_ ¿De visita en Argentina?_

_Mi esposa es argentina, visitaremos a su familia y pasearemos un poquillo_

_Que bien ¿El sur?_

_Si, Bariloche, Villa La angostura, queremos que la niña conozca la nieve_

_ Imagino lo feliz que debe ser usted, con una esposa así y su hija_

_No me quejo_

_Bueno sería, hombre_ dijo el conversador, mostrando los dientes, parejos y artificiales, tenía una cara cuadrada y gruesa

_ ¿Y usted, viaja por turismo?_

_Negocios, tenemos muchas inversiones en Argentina_

_Claro, nuestras nuevas colonias_

El hombre sonrió.

_Si le soy sincero, Argentina es un bello país, lástima los argentinos, pero las mujeres son de primera_

Fernanda abrió los ojos, eran de un azul cobalto y estaban velados por la modorra, una hermosa tigresa despezándose.

_ ¿Qué hora es, amor?_

_ Las diez, faltan tres horas todavía_

Ella acarició el pelo de nuestra hija con una fina mano de dedos largos y delicados, las uñas con un suave barniz transparente.

Mi esposa a los treinta y cinco años estaba en el apogeo de su esplendor y belleza, era el mes de julio, ella había cumplido años en febrero, en marzo conocimos a un chaval llamado Aitor y los meses siguientes habían sido una montaña rusa de morbo y sexo que nos había cambiado completamente.

Ella se levantó para ir al baño, su culazo era algo brutal de tenso, de durillo, la tela del pantalón parecía soportar con estoicismo la potencia de su cuerpo.

Vi como el tío a mi lado tragaba saliva y la miraba caminar con admiración….y deseo.

Si tan solo pudiera ese hombre imaginar de lo que éramos capaces, de nuestros gustos, de nuestra locura, de nuestra enfermedad, por llamarle de alguna manera.

_Hace mucho gimnasio, a que si_ dijo él

_ ¿Quien? ¿Ella?, si, ha sido bailarina y deportista desde pequeña_

_Se nota, salta a la vista_

Hacía un mes que habíamos tenido nuestra última experiencia loca, un mes de relativa calma, preparando el viaje y con los planes de Fernanda de tener otro hijo luego del verano.

Supongo que era el momento justo, no tendría tanta diferencia de edad con la niña, ella todavía era joven.

_Le dejo mi tarjeta, estaré en Buenos Aires lo que resta del año_ dijo el tío

Se llamaba Jesús Montaño Fernández.

Pensé en Jesús y en el sermón de la montaña, aunque el tío no tenía pintas de predicador

De pura casualidad llevaba yo una tarjeta en mi cartera, las últimas anacrónicas tarjetas de otro siglo.

_ ¿Médico? Que guay, mi madre quería que yo fuera médico_

_El deseo de todas las madres_

_Usted se lo cumplió ¿y su esposa?_

_Psicóloga_

_Uff psicóloga y argentina, vaya combinación_

_Como verá no me aburro con ella_

Fernanda regresaba, el jersey gris con botones desabrochados, la camisa celeste, sus pechos opulentos llenando todo. En ese espacio tan pequeño era como que su presencia física saturaba la percepción, una mujer de cierta edad se le quedó mirando como si hubiese visto una aparición.

_Fernanda te presento, el señor, se llama Jesús_ dije

_ ¿Jesús? Que buen augurio para un viaje en avión, estamos protegidos_ dijo ella sonriendo

_Encantado, no soy el Jesús del madero pero da igual_ dijo el tío, tendiendo una mano gruesa y velluda.

Fernanda cogió la mano del hombre distraídamente.

Pensar que si se me antojara acabarías follando con esta belleza que te tiene tan impresionado, tontolón. Dije eso mentalmente a mi compañero de asiento

Mi hija se despertó.

_Mami, tengo hambre_ dijo con su pequeña vocecita

_ ¿Si? Ya traen el desayuno ¿querés lavarte la carita, mi amor?_ dijo mi esposa, acariciándole la mejilla.

Mis suegros nos esperaban, felices, Gabriela seguía siendo una madura espectacular, siempre me cohibía un poco su mirada, no podía evitarlo, por suerte mi suegro tenía una bonhomía reposada.

_ ¿Qué tal el viaje Carlos?_ dijo él con la niña en brazos

El Jesús del avión me saludó desde lejos con la mano, mientras arrastraba su equipaje, sería un poco más alto que yo.

Se perdía en la tarde, llevando consigo una imagen de Fernanda en sus retinas “No sabes la tía que he conocido en el avión” le contaría a alguien.

Habíamos aceptado la invitación de mis suegros de quedarnos en su casa, luego viajaríamos con ellos al sur.

_ ¿Cómo está Lu?_ dijo Fernanda refiriéndose a Luana, su hermosa hermana, siete años menor, bióloga con cuerpo de modelo.

Íbamos en el coche, nosotros en el asiento trasero con la niña.

_Muy de novia, a mi él, no me termina de convencer te digo la verdad_ dijo la madre de Fernanda

_Que raro, vos, mamá, siempre la mirada crítica _ dijo mi esposa

_Bueno, yo lo he tratado más, Fer, vos lo viste una vez nada más_

_Es buen tipo_ dijo mi suegro

Había sido el año pasado en Madrid, a mí me había parecido un tío normal, algo mayor para Luana pero si ella era feliz.

_Tengo ganas de ir a Pepin_ dijo mi esposa

_Pepin, hace un siglo que no vamos_ dijo mi suegro

_Siempre que viene hace lo mismo, quiere ir a los restaurants a los que íbamos cuando ella era chica_ dijo Gabriela

Siempre que veía a mi esposa y a mi suegra juntas, no podía dejar de pensar en lo que había pasado con Remigio hacía más de dos años atrás (Mi esposa argentina 2)

Fernanda me había dicho que son el tipo de cosas que se dejan en un cajón secreto de la memoria, que no se puede tenerlo presente siempre, que hay una suerte de olvido selectivo.

Supuse que a mi bella suegra le daba igual que yo lo supiese o no.

Ya por la tarde, casi noche, luego de dormir un poco y descansar del viaje, sentí el deseo de comer algo de chocolate.

Quise salir a recorrer un poco por mi cuenta.

_Acá enfrente tenés el kiosco de German_ dijo mi suegra

_ Traeré algunas chuches para Sol_ dije

_Carlos, no te pases con las golosinas para la gordita, que dentro de un rato cenamos_ dijo Fernanda.

_Vale, no te preocupes_

Salí a la calle, el ajetreo de una ciudad tan grande como Buenos Aires es estremecedor, se siente la presencia de esos millones de personas fatigando las calles, mis suegros vivían en un hermoso piso cerca de barrancas de Belgrano.

_Hola que tal_ dije al entrar a la tienda.

El hombre que atendía hizo apenas un gesto al verme llegar, levantando la vista de su teléfono.

_ ¿Qué va a llevar?_ dijo de forma indolente

_Unos chocolates y caramelos…._

_Elegí tranquilo, flaco, ahí tenés los precios_ dijo cambiando al tuteo en apenas dos frases.

Tenía también revistas y periódicos sobre un mostrador.

_ ¿Se puede echar un vistazo?_ dije

Asintió sin mirarme. Tendría este tío entre 45 y 50 años, el rostro más cetrino que moreno, el cabello bastante abundante y ondulado de color negro con algunos toques grises, la expresión dura, la boca de labios gruesos, no llevaba barba pero no iba bien rasurado.

Miré un periódico con cierta curiosidad, cogí unos chocolates, en ese momento entró otro hombre a la tienda.

_Germáncito querido ¿Cómo va?_

_ ¿Qué hacés locura? Andabas un poco perdido_

_Viste cómo es esto, boludeces_

Este otro tío sería alto como yo de unos cuarenta años, el pelo rizado y rubio o teñido de rubio.

_ ¿Cómo andás papá, siempre garchando chetas en el barrio vos?_ dijo el recién llegado

_Algo_ dijo el tal German sin mirarlo

_ ¿La escribana?_

_Hacer rato que no, ahora estoy en otra_

Fingí hojear el periódico pero ya estaba prestando atención, mi suegra Gabriela era escribana.

¿Tendría algo con este sujeto patibulario?

_ ¿Ah sí? contá guacho_

_La pendeja que vive enfrente, que estabas vos la otra vez cuando vino_

_ ¿Si, la pendeja de la otra vez? qué fuerte está esa guacha_

_De Pergamino, vino a estudiar no sé qué poronga, unas ganas de coger traen del pueblo estas pendejas_ dijo German

_Y los viejos les ponen un depto en capital y cogen por todo lo que no pudieron en el pueblo y Germáncito siempre firme como una roca_

_Estaba esta pendeja dele que quería conocer la cancha de Boca, y yo meta decirle que soy bostero, que la llevo a las doce, chichoneando_

_Pero vos sos cuervo_

_Claro de San Lorenzo, siempre, querido, cuervo, los odio encima a estos bosteros hijos de puta_

_Pero la llevaste a la cancha_

_La convencí de que se fuera con la camiseta de boquita, se llevó un pantaloncito ajustado, viste el culo que tiene, sabes los negros en la popu la apretada que le pegaron, le refregaron bien la pija en el vaquerito_

_Que hijo de puta sos German_

_Mientras gritábamos un gol de boquita, primer beso, después siempre abrazándola desde atrás, cuidándola ¿Viste?_

_Que se fuera acostumbrando_

_Eso y después del partido me la llevé a un telo y le rompí bien el orto con la camiseta de boca puesta, se lo destrocé, flaco_

_Noo!! que animal_

_La arruiné, pero se la bancó bien la pendeja, le gusta la pija que no sabés como, 21 añitos, pura hambre de verga_

_Y con la verga tuya, se la tiene que aguantar_

_Quería conocer la bombonera, que se aguante la banana_ dijo German con una sonrisa que era como un rictus forzado en esa cara de piedra.

Me impresionaba como siempre, esa misoginia y machismo extremo, me fascinaba de algún modo esa mirada despiadada sobre el mundo femenino que estaba tan lejos yo de sentir o adherir o de permitirme sentir. Siempre me había llamado la atención, desde pequeño, como esta clase de tíos podían ver a las mujeres así, como meros objetos, sin sentir culpa por ello, con tanta naturalidad, aprendida, internalizada sin pudor esa cultura del machismo.

_Nunca le habían rompido el orto, además, puede ser, viste lo mentirosas que son, pero era bastante estrechita_

_”Es la primera vez”_ dijo el de pelo rizado imitando una voz femenina

_Y después la acompañé hasta acá y bueno, otra vez me la matraquee, la segunda entrada por el culito es hermosa_

_Claro, ella ya está más relajada, más acostumbrada_

_Aparte, Ariel, vos viste el ojete hermoso que tiene esa bebota_

_Uff Gercho, me estás haciendo daño, hijo de puta_

_Y…en algún momento, si se da, la enfiestamos como a la flaca aquella ¿Te acordás?_

_Uu dios querido, Mónica, la que era secretaria del boga de Jorge_

_Ya hace unos años de eso_

_ ¿Vos te acordas lo estirada que era esa flaca, que la iba de fina, lo fruncida que era?_

_Y después términó pidiendo pija como todas_

_Así son, más putas que las gallinas_

En ese momento una mujer entró en la tienda, tendría unos cuarenta años, alta, delgada, parecía ser la representación de esa misma Mónica de la que hablaban.

_Hola Romi, como andás, bebé_ dijo German con voz que rezumaba una falsa dulzura

_ ¿Qué haces German? ¿Recibiste yogurt con fibras?_ dijo la mujer

_Ahí los tenés en la heladera, bombón_

Mientras ella rebuscaba en el frigorífico de la tienda, vi como German sonreía cómplice con Ariel.

Entonces recibí un mensaje de Fernanda.

_ ¿Dónde estás amor?_ decía

_En la tienda esa que me dijo tu madre, el kiosco de German_

_ ¿Todo bien?_

Y de pronto sentí ese viejo chispazo dentro de mí.

_ ¿Por qué no bajas un momento? Aquí hay dos personajes increíbles, misóginos no, lo siguiente, grandes folladores por lo que cuentan_ le escribí

_Si le vas a creer todo a un porteño engreído de esos_ respondió

_Si vienes haz como que no me conoces_

_ Si, seguro, voy corriendo_

_ ¿Cómo anda mi amigo el juez?_ le decía German a la mujer

_ ¿Su señoría? Bien, asadito en Nordelta los domingos, los partidos de River, de ahí no lo sacás_

_Y si te aburrís, llamame e inventamos algo, bombón_ dijo German

_Ahora nos vamos a Chubut, Trevelin, para la feria judicial, después capaz que te llamo ¿Dónde me llevarías?_ dijo ella jugando un poco, aparentemente su marido era el dichoso juez

_Podemos ir al cine_ dijo German

_ ¿Al cine? Que aburrido_

_Eso sí, si venís al cine conmigo, olvídate de ver la película_

_Sí, claro, mirá vos, olvídate, te pago con transferencia y poneme un alfajor de esos_ dijo ella sin darle importancia a la frase con doble sentido.

La mujer se marchó finalmente.

_A esta en cualquier momento me la paso por la piedra, se ve que el juez la tiene mal atendida, siempre viene a comprar boludeces acá_ dijo German

_Quiere guerra la flaca_

Me volví hacía ellos.

_ ¿Y jefe? Ya se leyó el diario entero_ dijo German con ironía

_Llevo el periódico y estos chu….estas golosinas y el chocolate_

_ ¿Español?_

_Si, de Madrid_ dije y entonces vi como la cara de German se transformó, su entrecejo se arrugó como preocupado y dejó de prestarme atención, a mis espaldas la puerta de la tienda se abrió y hubo un sonido como de campanitas.

_Hola_ dijo una voz conocida

_Hola bombón ¿En qué te puedo ayudar?_

_ ¿Cargás la Sube?_ dijo Fernanda

_ No, lástima, haría cualquier cosa por vos pero eso no puedo bebé_

_Ah bueno, es que soy recién llegada a la ciudad_

_ ¿Recién llegadita? ¿De dónde sos?_

_De Rosario_

Yo me había retirado un poco de la escena para poder ver mejor el cuadro.

German había perdido un poco de ese aplomo que le había visto con la mujer anterior y Ariel se revolvía incomodo sin sacar los ojos de encima de Fernanda.

Ella simplemente llevaba un vaquero ajustado al que sus muslos musculados parecían querer reventarle las costuras y que le marcaba ese culazo redondo y contundente.

Un jersey liviano de hilo, con escote en V, se veía su fina piel y el nacimiento de los enormes pechos. Hacía frío y me pregunté si no llevaba nada debajo del jersey pues sus pezones se marcaban de una manera estentórea.

_Saliste un poquito desabrigada bombón, no te vayas a resfriar_

_Me gusta el frío_ dijo ella

_En cambio entraste vos y acá subió la temperatura ¿O no Ariel?_ dijo Germán, pensé si no sería absurdo que pudiera ligar con una mujer diciendo esas chorradas

Fernanda sonrió y sus blancos dientes parecieron iluminar la tienda mediocre y la vulgaridad de los dos sujetos.

_No será para tanto_ dijo ella

_No será para tanto, dice_ dijo German a Ariel, este solo sonrió

_ ¿Qué te doy, bebé?_ dijo German quien a pesar de sus frases con doble sentido se le veía nervioso

_Dame unos chicles, ¿Cuánto es?_ dijo ella cogiendo una caja del mostrador exhibidor.

_Nada, regalo de la casa, de bienvenida, para que te hagas clienta_

_Bueno, nos vemos_ dijo ella

_Espera bombón ¿ya tenés programa para esta noche? Digo porque es sábado y si estás recién llegadita_

_Si, ya tengo, gracias_ dijo ella y salió, vi como las miradas de los dos argentinos seguían el bambolear de su culo ceñido por el vaquero.

_Hija de puta, si te llego a agarrar_ dijo German mordiéndose los dientes

_Que pedazo de yegua ¿la conocías?_

_No, primera vez que la veo, que gomas, que culo, que hija de puta_

_Y que carita_ dijo Ariel

_Que pedazo de hembrón, para encamarse tres días seguidos_

_ Que orto divino, una chetita de Rosario_

_Que orto para rompérselo todo, que no se pueda sentar en un mes_

Me acerqué otra vez a la caja registradora.

_Que mujeres tenéis aquí, increíbles_ dije

_Miralo al gallego, como se fija_ dijo German al otro, era como si la impresión que le había causado Fernanda no se le terminaba de borrar del rostro duro y de piel curtida, tenía algunos lunares en la cara.

_Carne de exportación_ dijo Ariel

_ ¿Llevás algo más, gaita?_ dijo German, ya sabía que gaita era una deformación de gallego, ya que para los argentinos todos los españoles somos gallegos.

_No, eso es todo_ dije

_ ¿Cómo abona?_ dijo volviendo a tratarme de usted

_En efectivo_

No había acabado de pagar cuando, recibí un mensaje en el móvil.

En ese momento entraron en la tienda un hombre joven con un casco de motocicleta en la mano y una mujer con dos niños pequeños.

_Mis viejos se llevaron a Sol a tomar chocolate a una confitería acá cerca, dice mamá que cenamos afuera, más tarde_ ponía el mensaje

_ ¿Qué te ha parecido el personal de aquí?_

_Dos idiotas, babosos ¿Todavía seguís ahí?_

_Si…… no sabes la impresión que has causado, les cayó una bomba_

_Que pajeros, dale Carlos, vení de una vez, amor_

Pero la verdad es que todo ese ambiente estaba logrando en mi ese efecto que ya tanto conocía, me fascinaba lo cutre de esos métodos de seducción de los que parecía envanecerse Germán, ese tono meloso de su voz al hablar con la primera chica, la esposa del juez y luego con Fernanda y el contraste con la dureza de sus expresiones machistas.

Qué pensaría él si pudiera saber por un momento las cosas que habíamos vivido Fernanda y yo, si pudiera imaginar apenas que esa mujer de bandera que lo había impresionado sería capaz de entregársele como una loba en celo, si yo tan solo me empeñara en ello.

Tal vez me ponía el hecho de estar en otro país, el de Fernanda precisamente y de alguna manera el saber que yo tenía un poder secreto que podía usar cuando se me antojara.

Era un estupidez, hacía seis horas que habíamos aterrizado, veníamos en plan relax no a hacer de las nuestras o de las mías y sin embargo, las frases soeces de German y Ariel seguían resonando en mi cabeza y toda la conversación me había puesto terriblemente.

A la vez no me decidía a marcharme, el joven del casco de motocicleta había comprado y se había marchado ya, la mujer con los dos niños pequeños estaba pagando, escuché la puerta detrás de ella y nuevamente el campanilleo que anunciaba la llegada de alguien.

_Que sorpresa bombón ¿Qué te olvidaste?_ dijo German

_En realidad yo…_ dijo Fernanda dudando y buscándome con la mirada.

Se había puesto un chaquetón de cuero negro sobre el jersey, el fino pelo rubio y corto, sus ojos azules, la pequeña cartera colgando de su hombro, su 1,72 que con los tacones de las botitas estaría en 1,80 por lo menos.

_Este es un amigo, el gallego, te lo presento ¿Vos cómo te llamás bebé?_

Ella me observó con detenimiento, dudando sobre qué hacer o decir.

_Daniela, me llamo Daniela_ dijo ella

_Yo soy German y este es Ariel_

_Encantada_ dijo ella y les tendió la mano

_ ¿Salimos esta noche?_ dijo German con esa voz meliflua

_Si, quedé con unos amigos_

_Si vas a salir tenemos que hacer la previa Dani, un fernet por lo menos_ dijo German

_No, se me va a hacer tarde, quería comprar unas pastillas nada más_ dijo ella

_Ponele el cartel de cerrado, Ariel, ya me canse de vender boludeces_

_Yo……_

_ ¿Vos te prendés gallego con un fernet? así le damos la bienvenida a la amiga rosarina_

Fernanda me miró sin poder creérselo.

Todo estaba yendo demasiado rápido, saliéndose de control, apenas habíamos llegado a Argentina, estábamos frente al piso de los padres de Fernanda.

Ariel ya había puesto el cartel de cerrado y German bajó las luces.

_Si ven luz, van a seguir rompiendo las bolas los clientes_

_Yo creo que debemos irnos_ dijo ella, mirándome

_Daniela, bombón, pasemos al cuarto del fondo, te tomás un fenetcito y te vas a pasar la noche con tu novio, bien entonadita _

_No tengo novio y ya me voy_

_Un fernetcito con el gallego y conmigo y te vas, dale ¿Vos que decís gaita?_

Fernanda volvió a mirarme, intrigada.

_Yo digo que nos tomemos ese fernet_ dije

_Vamos, que grande el gaita, agarrá una coca de la heladera, Ariel_

Ariel, sacó una gaseosa del frigorífico y se la pasó a German, quien se había puesto de pie detrás de la casa registradora y mediría 1,80 por lo menos, su piel era como que tenía pegadas sucesivas capas de algo así como un barniz o untuosidad o grasa, observé también sus manos que eran grandes y pesadas.

_Chicos, yo me voy, abrime la puerta, dale_ dijo Fernanda, mirándome con disgusto.

Parada allí en medio de la tienda sobre los tacones de sus botitas, cambiando el peso del cuerpo de una pierna a la otra.

German salió de detrás del mostrador y se puso al lado de ella y la cogió de un brazo, ella se le quedó mirando fijamente.

_Dale, bebé, te estamos dando la bienvenida a la ciudad, copate un poquito_

_No es cuestión de coparse o no, yo a vos no te conozco de nada y tampoco al gallego este y al otro_

German no le soltaba el brazo, ahora había puesto su mano grande sobre el codo de ella.

_Y para eso tomamos algo, para conocernos un poco ¿De qué laburas en Rosario?_

_ Soy psicóloga_

_Que bueno, mira vos, acá Arielito también está en lo mismo, psicología es lo de él_

_No, nada que ver, soy colectivero_ dijo Ariel trayendo las bebidas

_Te gusta decir mentiras_ dijo Fernanda a German

_Son mentiritas piadosas, Daniela, mira que pedazo de minas hay en Argentina, gallego_ me dijo, siempre tomando del codo a Fernanda, ese leve contacto entre esa entidad grasosa de German y mi esposa, me producía una fascinación horrorosa.

_ ¿Siempre organizas estas fiestitas de bienvenida?_ dijo Fernanda y pude notar un matiz agresivo y zumbón en su voz, cada vez que se dirigía a German, como si algo se estuviese despertando en ella.

_ Siempre no, salud, gente_ dijo él llevándose el fernet espumoso a los labios amarronados.

Yo sabía que a ella no le gustaba esa bebida pero también se llevó el largo vaso a los labios y bebió, un poco de espuma quedó en su boquita, tenía la boca carnosa apenas pintada muy sutilmente con un labial suave.

_Limpiate la espumita, bebé_ dijo German y llevó un índice moreno y grueso a los labios de mi esposa y tocó levemente allí.

_ ¿Qué haces, boludo?_ dijo ella

_Que bien te queda la espumita en el labio, bombón_

_ No te pongas baboso_ dijo ella con frialdad

_ ¿Baboso? ¿Cómo querés que me ponga si estás refuerte y lo sabés? Sacate la camperita esta, así bailamos_

_Estás en pedo_ dijo ella, pero volvió a beber y a mirarme. Por detrás, Ariel sonreía nerviosamente, tenía los ojos claros y saltones. Y el pelo muy rizado, estaba teñido de rubio de forma bastante ridícula, tenía un collar de mostacillas.

_Claro, así le mostramos al gallego como se baila un cuarteto cordobés, fernet y cuarteto, algo de Rodrigo ¿Qué te parece?_

_ Que estás en pedo, termino esto y me voy_ dijo Fernanda, pero el que hablara tan soez de pronto era una mala señal.

_ ¿Vos que decís gallego? ¿Te gustaría verla bailar un poquito?_

Bebí de esa bebida amarga y espumosa que no terminaba de agradarme.

_ Sí, creo que me gustaría miraros bailar_ dije

_Ni loca voy a bailar con vos_ dijo ella a German, desafiante, pero no sé si por el efecto de la bebida, sus hermosos pómulos ya estaban enrojecidos y sus ojos brillantes.

_Dale loquita, te vas a tener que sacar la campera de cuero, sino vas a quedar toda transpiradita, bebé_

Fernanda lo miró y sonrió con un dejo de desprecio.