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Mis inicios en las relaciones D/s (4)

La jaula aprieta, pero el dolor es solo el comienzo. Carla no solo quiere su obediencia, sino su cuerpo entero. Mientras empaqueta sus cosas, el sumiso descubre que la verdadera mudanza es la suya: hacia una sumisión más profunda y dolorosa.

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Espero que te haya gustado, mi cuqui.

Mucho mi Ama Carla.

Seguimos hasta llegar a su casa, la acompañé, abrí la puerta y pasamos.

Uff! Voy a sentarme un momento, las escaleras me matan.

Sin decirme nada tomé un mechero, le encendí el cigarro y me desnudé para así arrodillarme y proceder a descalzarla de sus botas. Sus pies estaban calientes, sudorosos y con cierto olor.

¡Que placer el quitarme las botas!

Tome cada uno de sus pies y lo fui chupando pasando mi lengua por ellos, deteniéndome en cada uno de sus dedos que los chupaba con deseo.

Sigue cuqui, me haces sentir bien.

Bese sus pies una y otra vez mientras fumaba su cigarrillo.

Ahora acompáñame al dormitorio que me cambié de ropa.

Tras de ella y contemplando como se movía al andar mi polla comenzó a excitarse pero pronto dejaría de estarlo debido a la presión que la jaula ejercía sobre ella. Llegamos al dormitorio, desabroché el botón del pantalón y fui bajándolo muy despacio por sus piernas. El calor de su cuerpo me gustaba. Al quitárselo bese sus piernas, las lamí pasando mi lengua. El contacto con su cuerpo me excitaba sobremanera, ella lo sabía y también que pronto sentiría el dolor por la presión de la jaula.

Sigue así, me gusta.

A pesar del dolor que estaba sintiendo no deje de besarla, lamerla y adorar su cuerpo. Ella entonces metió una de sus manos bajo la braga y sacó la compresa de ella. Me la enseñó. Estaba completamente empapada de restos de orina y por su parte trasera con alguna mancha marrón.

Ya basta, toma esto y disfruta. La llevo todo el día y espero que esté de tu agrado.

Ya descalza y solo con sus bragas se echó en la cama para ver cómo disfrutaba chupando su compresa. Esta vez al atraparla con mis labios se me llenó la boca de sus fluidos.

Cuando termines date cuenta que está vez tienes algo distinto para probar.

Se refería a las manchas marrones que había en la compresa en su parte trasera, junto a su ano.

Di la vuelta a la compresa y mostrándosela la olí con fuerza. Era un olor a caca, la primera vez que lo olía. Con la mano en la que sostenía el cigarrillo señaló con sus dedos esa parte de la compresa.

Ya me dirás cómo te sabe. Ya te dije que poco a poco te irás acostumbrando a todos mis sabores y olores que emanen de mi cuerpo.

Tras olerla pasé mi lengua muy suavemente pudiendo saborear su sabor. Poco a poco y mirándola la puse entre mis labios depositando saliva para ablandar un poco esos restos sólidos. Ya húmedos chupé con fuerza la compresa llenando mi boca de su sabor amargo y acre. Ella mientras me miraba sonreía, se le notaba satisfecha, contenta y orgullosa de verme dándole caladas a su cigarro y echando su bocanada de humo sobre mi. Era algo que me gustaba y ella lo sabía.

Veo que te está gustando cuqui, ¿verdad?

Con mi boca y mi cara llena de ella, me relamía con mi lengua ya que tenía mi cara llena de ella.

Me ha encantado mi Ama Carla, no sé cómo darle las gracias, de verdad.

No hace falta que me las des, con verte como obedeces y disfrutas de lo que yo te doy me basta. Ahora quiero que termines de desvestirme y nos marchamos al salón.

Se levantó de la cama y le quité su camisola y su sujetador dejando sus pechos caídos pero muy turgentes, con unos pezones muy oscuros y sus aureolas grandes.

¿Te gustaría besármelos? Ja, ja, ja, algún día te los dejaré para que los adores. Ahora dame la bata esa y ponme las zapatillas.

Me coloqué a sus espaldas y le puse la bata para después echarme al suelo y tras besar sus pies le calcé sus zapatillas.

Acércame la correa, cuqui, que te la ponga.

Se la ofrecí y acerqué mi cuello a ella para que sujetara la correa a mi collar.

Vamos cuqui.

Llegamos al salón, se sentó en el sillón y dando un tirón a la correa me hizo echarme en el suelo. Se encendió otro cigarro y me miró.

No se te olvide llevarte las llaves de mi casa. Quiero que estés aquí a las ocho, me preparas el desayuno y te dedicas a ir empaquetándolo todo. Me gustaría que mañana esté todo trasladado. Antes de irte prepárame un vaso de leche templada y unas galletas.

Me soltó la correa para que pudiera ir a la cocina a prepararle lo que me había pedido. Coloqué todo en una bandeja y se lo llevé.

¿Dónde se lo pongo mi Ama Carla?

Pues deja la bandeja ahí y te colocas a cuatro patas para usarte como mesa.

Ya en esa posición tomó la bandeja y la colocó sobre mi espalda. Así estuve hasta que terminó. Cuando lo hizo sentí como uno de sus pies golpeaba mi jaula.

Ya he terminado, cuqui.

Tomo la bandeja y la dejó en el suelo para que la cogiera y me la llevara. Al menos eso era lo que yo supuse.

No te lo lleves aún, te he dejado algo para que lo tomes.

Mire y el plato estaba lleno de restos de leche y galletas masticadas por ella. Había restos de su saliva que flotaba sobre la leche. Cuando fui a tomarlo todo con ayuda de la cucharilla me miró..

¿Qué haces?, ¿has visto alguna vez que un perro como tú use la cuchara para tomar algo?

No mi Ama Carla, perdóneme, lo siento.

¿Cuando te vas a mentalizar que solo eres un perro a mi servicio?, ya hace tiempo que dejaste de ser Luis. No quiero más despistes, ¿está claro?

Si mi Ama, perdón.

Ahora pegando mi cara al plato fui sorbiéndolo todo ayudándome de la lengua para recoger las galletas que había. Me puse mi cara toda manchada de sus restos de comida.

Recógelo todo y lo dejas limpio. Después vienes y me acompañas. Voy a acostarme ya.

Tras dejarlo todo limpio me postré ante ella ofreciendo mi cuello para que enganchara la correa a mi collar. Se levantó y la acompañé a su dormitorio.

Quítame la bata y ponme el camisón.

Verla desnuda por completo era un sueño para mi. Su cuerpo ante mis ojos me hizo suplicarle que me permitiera abrazarme a ella.

Por favor Carla, eres una mujer preciosa, exuberante, provocadora y excitante. Desearía, por favor que me dejaras abrazarte.Te lo suplico.

Aún no lo mereces. Aunque te diré que verte ahí desnudo también despiertas en mi lo mismo. ¡Levanta!

No sabía lo que se proponía. Una vez levantado cogió un pañuelo negro y rodeó mi cabeza impidiendo que pudiera ver algo. Solo podía escuchar sus movimientos. Sentí que se había levantado de la cama y que había salido del dormitorio. Mis nervios eran mayúsculos. Al cabo de un rato la oí llegar. Abrió un cajón y sacar algo.

Ponte como un perro, que es lo que eres.

Me puse a cuatro patas y esperé. De pronto sentí algo frío alrededor de mi ano. No sabía lo que era hasta que una presión me hizo saber que me estaba penetrando. ¿Con que lo hacía?. Lo introdujo hasta el fondo y cuando ya estaba insertado oí como tomaba un trozo de algo pegado. Se trataba de algo que quedó pegado a mi culo impidiendo que pudiera salirse lo que me había introducido.

Bien ya está.

Me colocó la correa sujeta al collar y tiró de mi. Su mano se posó sobre mi culo presionándolo con suaves apretones. Me quito el pañuelo de los ojos y me permitió tocar con mis manos lo que tenía en mi culo.

No creo que se te salga. Quiero que mañana, cuando vengas a casa, lo lleves aún puesto e introducido en tu culo.

Al tocarme sentí que se trataba de una cinta adhesiva ancha que estaba sujeta a mi cintura. Al tocarme el centro de la cinta sentí que había algo en el interior de mi culo. Le pregunté.

¿Carla qué es lo que me has insertado en mi culo?

Mañana lo sabrás cuando vengas. Quiero que sientas tanto la castidad como la penetración. Así sabrás cómo se sienten las putas callejeras cuando se la follan dos a la vez.

Quedé sorprendido por las palabras de mi Ama Carla. Nunca me había hablado así.

Antes de irte quiero que me limpies bien.

Así de penetrado y a cuatro patas frente a ella me mandó colocar un bote entre sus piernas que llenó con su orina. Después ajusté mi boca para, separando sus labios, pasar mi lengua por entre ellos y lamer los restos de orina.

Llévate el bote y cuando te levantes mañana quiero que tomes el móvil, me llames con una videollamada y así ver cómo tomas tu desayuno. ¿Lo has entendido, cuqui?

Si mi Ama Carla. Así lo haré.

Bien, pues ya puedes marcharte.

Estiró su mano y yo arrodillándome se la besé deseándole que pasara una buena noche. De camino a mi casa me costaba andar. Por un lado la jaula y por otro el sentirme penetrado. La sensación era extraña andando de una forma extraña. Me acosté y sonó el móvil. Era mi Ama Carla.

Dígame mi Ama.

Solo quería saber cómo estabas.

Si le he de ser sincero bastante incómodo pues aunque bastante excitado la jaula me impide desahogarme y por otro lado la posición en la cama solo puede ser de lado ya que si no la presión es fuerte y algo dolorosa.

Pues me gusta saber que te sientas así. Ahora descansa que mañana tienes bastante trabajo. Buenas noches mi cuqui.

A penas pude dormir esa noche. No cesaba de pensar en el paso que iba a dar al trasladarse mi Ama Carla a mi casa. Además, la incomodidad de estar doblemente penetrado me lo impedía.

Ya amanecía y me dispuse a ir a su casa. Antes debía grabar en mi móvil el beber el bote con su orina que me había dado. Abrí la puerta y me dirigí al dormitorio. Allí estaba echada en la cama.

Buenos días mi perrito cuqui. Ya sabes en casa como me gusta que estés.

Deseo que vea el vídeo que me pidió, mi Ama Carla.

Tomó el móvil y comprobó que había obedecido y cumplido su mandato.

Rápidamente me desnudé por entero dándole la correa para que me la pusiera.

Muy bien, veo que vas asumiendo y aprendiendo mis normas. Te diré que estás muy guapo así. Quiero que en todo momento te sientas lo que eres, un mísero perro a mi servicio. ¿Te ha gustado?. Ahora gírate que compruebe si te has dilatado suficiente, pero antes me traes unos guantes de látex.

Carla tiró bruscamente de la cinta adhesiva. Después sentí como presionaba lo que me había insertado en el ano y moviéndolo lo fue extrayendo hasta sacarlo por completo. Me lo enseñó. Se trataba de una zanahoria de cierto grosor toda ella llena de mis excrementos.

Ven y acércate. Hoy te voy a dar yo tu desayuno.

Una mano tomó mi barbilla mientras la otra colocaba la zanahoria pegada a mis labios. Además del fétido olor su sabor debía de ser horrible.

¿Es que no te gusta la zanahoria?

Si, mi Ama Carla pero es que………

¿Es que qué?. ¡Abre ya la boca joder!

Abrí la boca pero no hizo lo que creía.

Solo huélelo algún día lo probarás. Ahora puedes ir a preparar mi desayuno.

Se lo lleve a la cama mientras yo permanecía a los pies de la cama mirándola embelesado.

Muy bien mi perrito cuqui. ¿Tienes gana de algo más?

No mi Ama.

¿Estás seguro? Abre la boca que seguro que esto te apetecerá.

Dio un trago al café e hizo como si se enjuagará la boca con él para después escupirlo en mi boca.

Ja, ja, ja, no te quejarás del desayuno que te he preparado.

No mi Ama.

Bien llévate esto y vuelves para ayudarme a levantarme y arreglarme, tienes mucho trabajo por delante.

Al terminar de fregar todo lo del desayuno fui de nuevo al dormitorio. Seguía aún echada sobre la cama fumando un cigarrillo.

¿Ya has terminado?

Si mi Ama Carla.

Bien antes que nada vamos al baño para lavarme y arreglarme.

Con la correa al cuello fui tras ella. Allí lo primero fue sentarse en el wc para orinar.

Mete las manos entre mis piernas.

Con las manos dentro del wc sentí su orina caliente caer sobre mis manos. Al terminar y con mis manos mojadas de su orina las llevé a mi boca y las introduje en mi boca para chuparlas y saborear su orina.

Ayúdame a levantarme y me limpias.

Mi cara estaba entre sus piernas y con mi lengua la fui limpiando. Su coño húmedo y caliente me excitaba.

Ahora haz la cama y me preparas el vestido para vestirme.

Arreglé su dormitorio mientras la miraba como se maquillaba y se arreglaba. Estaba preciosa. Salió del baño y de rodillas le puse sus bragas en sus pies para ir subiéndola después de poner la compresa en ellas y dejarlas bien ajustadas. Luego le quité el camisón y puse sobre su cuerpo el vestido que me había encargado. Estaba, como siempre, impresionante. Sus ojos perfilados y con una sombra oscura que le daba un aire de dominio. Sus labios de un tono terroso. En fin digna de ser adorada como la Diosa que era para mí. En casa no le gustaba usar sujetador por lo que se dejaban marcar bajo el vestido con sus pezones gruesos. Se sentó en el sillón, se encendió de nuevo un cigarro y comenzó a darme órdenes de lo que debía coger e ir empaquetando.

La ropa la doblas bien y la colocas en esas maletas. Lo demás lo envuelves en plástico de pompas y lo vas guardando en las cajas.

Toda la mañana la pasé guardándolo todo tal y como me iba diciendo. Ella se limitaba a darme órdenes que yo cumplía a rajatabla. Conforme hacía mi trabajo la miraba echada en el sillón con los pies sobre un taburete y sonriéndome.

Me gusta verte así, desnudo y obedeciéndome. Acércate.

Ya a su lado me arrodillé ante ella.

Abre la boca, seguro que tienes sed. Estás sudando. Me gusta.

Hizo ademán de toser y cuando su boca tenía recogida su saliva se puso sobre mí y dejó caer su saliva llena de mucosidad en la mía.

¡Trágalo todo mi perrito!

Mi boca se llenó de su saliva espesa que casi tuve que masticar por la mucosidad de la que estaba llena.

Ya puedes seguir.

Para la hora del almuerzo todo estaba ya embalado. Ahora debía de ir bajando por las escaleras todo y meterlo en mi coche. Realmente terminé bastante cansado.

Ya está todo en el coche, cuando desees podemos irnos.

Me miró, se levantó y me llevó a su dormitorio.

Quiero que nos despidamos de la casa antes de irnos. He comprado algo para ti, ven.

Me mandó subir a la cama y ponerme a cuatro patas. Ella se colocó tras de mí y comenzó a frotar mi ano con una especie de crema.

Veo que lo tienes bastante dilatado. El estar todo el día con lo que te introduje ha hecho su efecto. Sepárate los glúteos.

Mis manos cogieron los glúteos y los separaron quedando con mi cara pegada a la cama. Sentí que algo hacía presión y poco a poco se iba introduciendo en mi culo. Pasado un rato quedó ajustado en mi interior.

Bien, ahora hay que procurar que no se salga, ¿verdad?

Si mi Ama Carla.

Aunque no podía ver lo que estaba haciendo si pude escuchar como presionaba algo parecido a un inflador. Conforme escuchaba el sonido del inflador iba notando que algo dentro de mí se iba haciendo cada vez más grande. Era una sensación distinta.

Bueno, ya está. Levanta que te coloque esto sujeto.

Pude ver que había un tubito que terminaba en una pera como lo medir la tensión. Me hizo poner una faja suya muy ajustada en cuyo interior colocó el tubito y la pera.

¿Estás cómodo? Me gusta ver cómo te mueves con ello. Ja, ja, ja.

Se cogió de mi brazo para bajar las escaleras y subirnos al coche. Me costaba mucho andar y sentía como mi culo estaba lleno y muy dilatado. Le abrí la puerta y se sentó. Cuando fui a sentarme yo la presión se hizo muy intensa. Ella al verme me acarició, me sonrió y…..

Entiendes que poco a poco te he de transformar en mi perro y a mi gusto para que estés bien preparado cuando desee usarte.

Le di las gracias y fuimos hasta mi casa. Allí, lo primero fue bajarme y abrirle la puerta acompañándola al ascensor. Llegamos a casa y la descalcé y estiré sus piernas para que estuviera cómoda. Le encendí un cigarrillo y me marché para ir subiendo todo lo del coche.

¿Deseas algo más, mi Ama? Voy a empezar a subir las cosas del coche.

Antes de irte bésame los pies que los tengo cansados.

Me arrodillé y le besé sus pies lamiendo entre sus dedos y la planta de sus pies.

Vale, ya puedes irte. Por cierto, ¿has pensado lo que voy a almorzar?

Si mi Ama. Prepararé un pescado a la plancha y unas verduras.

Muy bien.

Solo había descargado una parte del equipaje y tuve que parar para hacerle la comida.

¿Te has olvidado de mí, perro?

No mi Ama, eso nunca. Estaba terminando de descargar y aún me queda bastante para esta tarde.

¿No has pensado que en toda la mañana te podía necesitar?

Se levantó me puso la correa y arrodillado me propinó una tanda de bofetadas que me dejaron marcados sus dedos.

Mira como tengo la compresa, creo que deberías cambiarla.

Ahora mismo mi Ama.

Levante su vestido y si realmente la compresa estaba totalmente empapada de orina. Antes de cambiársela me dediqué a limpiarle su coño con mi lengua. Sus labios gruesos estaban totalmente mojados de haber orinado. Le coloqué una nueva compresa y le subí las bragas.

¡Acércame el bolso!.

Con el bolso en la mano saco un pequeño látigo con empuñadura telescópica y con unas tiras de cuero trenzado.

Vas a ir conociéndome. No tolero un despiste tuyo bajo ningún concepto. No hay excusas que puedan justificarlo.

Metió su mano por la faja que me había puesto y tomando la pera comenzó a insuflar aire que hacía que la sensación dentro de mi culo fuera no solo dolorosa sino con indicios de que podía explotar. Cuando cesó me colocó a cuatro patas ante sus pies y comenzó a agitar el látigo que una vez tras otra impactaba sobre mi culo y espalda. Aunque estaba enojada podía sentir que estaba disfrutando con el castigo que me estaba infringiendo.

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