Xtories
Dominaciónago 2022

Mi sumisa me despierta.

A las dos de la madrugada, el silencio se rompe con el sonido de una lengua y un gemido ahogado. Ella no está dormida, sino esperando. Esta vez, la disciplina será estricta: azotes, pinzas y silencio absoluto. ¿Podrá la joven soportar el castigo sin romper las reglas?

Chica10K vistas

Estaba plácidamente dormida cuando siento una lengua en mi coño. Volteo la cabeza adormilada y veo como el reloj marcan las dos de la mañana, gruño de enojo pero la excitación se acumula en mi vientre.

— Quieres que te azote el culo hasta que no puedas sentarte bien por unas largas semanas, ¿No?

— Puede ser, ama — Dice mi pequeña sumisa entre mis piernas.

— Eso me pasa por meterme con una sumisa joven y niña de papi, soy unas malcriadas — Digo entre gemidos. Tomó su cabeza y la pegó más contra mi.

La hija de uno de mis socios, un joven perrita sumisa de 19 años, unas tetas normales pero suaves para dejar rojas, un culo redondo y gordo, perfecto para dejar rojo de azotes por su desobediencia, su estrecho agujero anal, su coñito depilado y siempre mojado para mí.

La conocí, una pequeña zorrita que siempre me intentaba seducir y vaya que lo logro. Siempre la rechace hasta que cumplió los 18, que llegó a mi rogando para que la hiciera mi sumisa.

No se cómo, pero se enteró que me iba el rollo de dominación, ese día la deje entrar a mi casa y le expliqué todas las condiciones con seriedad.

*Flashback*

— Regla número uno, cumplirás todas mis fantasías sin rechistar, tu cuerpo es para mí placer.

— Regla número dos, buscaras la manera de vivir conmigo, dile a tu familia que es en la casa de una amiga o dile a tu padre que te compre un departamento, pero siempre debes estar acá.

— Regla número tres, serás solo mía, terminaras con tu noviecito, ¿Entendido?

— Si, señora — Asiente rápidamente.

— Regla número cuatro, serás obediente o te castigare.

Vi como sus ojos se encendieron y me miraron con falsa inocencia, asintiendo.

*Fin de flashback*

Cumple todas y cada una de mis fantasías, pero le gusta jugar, burlarse y terminar con el culo rojo, es un mocosa y eso me encanta.

— Sigue hasta que me corra.

Muevo mi cadera contra su cara y siento como mi orgasmo llega fuertemente haciendome temblar.

Veo como la pequeña sale de entre mis piernas con la cara llena de mis jugos y una sonrisa inocente. Gatea sobre mi hasta quedar recostada en mi pecho, le doy una fuerte nalgada en esa posición y gimió de dolor, para luego mirarme con un puchero.

— Eres una mocosa.

— Eso te encanta, ama.

— Si no estuviera tan cansada, ya te estaría azotando el culo — Murmuró con seriedad.

— ¿Desea que me auto-azote? — Pregunta con inocencia.

— ¿Te degradarias así solo por tu ama, putita? — Digo bajando mi mano por sus nalgas hasta su ano, donde empiezo a acariciarlo.

— Si, ama, por usted lo que sea — Dice soltando un pequeño gemido por mis caricias.

Me encanta la entrega que tiene, malcriada pero complaciente.

— Ponte a cuatro patas sobre la cama, dejando tu cara contra ella y el culo en pompa, abre bien la piernas — Le ordenó y mientras se arregla, saco unas pinzas con pesas del cajón de la mesita de noche.

Relamo mis labios al verla en esa posición y paso mis dedos por su coño, empapado como siempre.

— Estas goteando, zorra — Digo acariciando su clítoris y viendo como tiembla — Una lastima que no te correrás hoy por ser mala perrita.

Chupo mis dedos empapados de sus jugos y pongo las pinzas en sus labios vaginales, los cuales se estiran por las pinzas.

— 15 azotes en cada nalga, no quiero que emitas ningún ruido o volverás a empezar de cero, en cada azote subes la intensidad.

Le ordenó y me acomodo con la espalda en el respaldar de la cama para ver su humillación mejor. Empieza con suaves azotes que cada vez son más fuertes y dejan su culo rojo.

Llevo mis dedos a mi coño y empiezo a masturbarme, sintiendo como mi coño absorbe mis dedos y los saca mojados.

— Ahh — Escucho un ligero gemido de mi sumisa.

— Te escuche, zorrita, empieza de nuevo.

— Ama — Lloriquea.

— ¿Quieres que ahora sean 25 en cada una? — Digo con dureza.

La veo negar y vuelve a empezar los azotes, cuando los termina, meto mis dedos empapados a su boca y está se encarga de limpiarlos.

— Ama — Dice con súplica.

— ¿Que paso, putita? — Digo quitando las pinzas de su coño — ¿Necesitas atención en tu coño?

Le preguntó acariciando sus labios adoloridos y la veo asentir con rapidez.

— ¿Me prometeras no correrte? — Pregunto con una ceja alzada metiendo un dedo en su estrecho coño.

Por más que lo usé, siempre está estrecho.

La veo negar lentamente con las mejillas coloradas y un pequeño puchero, el cual quito con una cachetada.

— No me hagas pucheros — Gruño — Entonces no tendrás atención en tu coño por hoy.

Saco mis dedos de su interior y vuelvo a poner en mi boca para que los limpie. Nos volvemos a acostar poniendo mi cabeza sobre sus tetas.

— Otra próxima vez que me despiertes a estas horas, te sacaré a pasear con correa y desnuda al parque, sea la hora que sea — La amenazó y muerdo su teta dejando la marca de mis dientes.

— Entendido, ama — Dice conteniendo un gemido.

Ella lo volverá a hacer, lo sé.

.

.

.

.

.

.

.

¡Hola! Estoy buscando una perrita sumisa humillable para recrear y hacer más relatos por escrito. Si te mojaste con mi relato putita, escribe a mi correo, allí te explicaré todo y serás mi putita. Besos en el coño.