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Dominaciónene 2025

Mi vecina me domina (22)

No es solo una jaula lo que lo encierra. Es la mirada de su ama, marcada por el látigo de otra mujer, y la complicidad prohibida con su hija. Cuando la verdadera dueña decide cobrar la deuda, el silencio de la celda se rompe con el silbido del cuero.

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Hola, estáis en casa chicas.

Nadie contestó por lo que se fue a su dormitorio, se quitó el abrigo quedando desnuda y cuando iba a ducharse entró Sara.

Mamá, ¿has visto cómo estás? ¿Y tu espalda?.

Luego te contaré todo. Ahora necesito ducharme.

Sara se dio cuenta que su madre tenia la espalda llena de las marcas de un látigo además de lo sucia que estaba de cintura hacia abajo, con hilos de flujo blanquecino resbalando por sus muslos. Tras ducharse se fue al salón donde se encontraba su hija.

¿Quieres un cigarro, mamá?

Si, cariño.

¿Dónde has estado?, ¿has ido a casa de Paula?

Si, me ha llamado y no he podido resistirme.

Perooooo, ¿esas marcas en tu espalda?

Si, Sara. Me ha azotado con su látigo para que aprendiera a complacerle como a ella le gusta.

Bueno mamá, si te lo has pasado bien por mí no hay problema.

Realmente lo he pasado de maravilla a pesar de sus latigazos ya que me han hecho saber cómo desea que le atienda.

Yo, desde mi celda, las miraba y escuchaba. En ese instante Paqui accionó el mando de mi jaula de castidad.

Disfruta tu también, mi esclavo.

Mira Sara, ¿te gusta?

Paqui se abrió la bata que se había puesto dejando visible su pubis y su coño.

Guauuu! Déjame tocarte.

La mano de Sara se posó sobre el pubis de Paqui que estaba totalmente rasurado.

Me encanta que lo tengas tan suave. ¿Puedo mamá?

Sara seguía acariciando la piel de su pubis. Su mano le acariciaba muy suavemente rozando los labios de su coño y haciendo estremecer a su madre.

Cariño me encanta sentir tu mano. Sigue, por favor.

Mientras la vibración aumentaba Sara seguía pasando sus dedos por el interior del coño de su madre. Se colocó arrodillada ante su madre sustituyendo sus dedos por su lengua que iba deslizándola por toda su entre pierna.

Cariño, sigue. ¡Que bien lo haces!.

Sara lamía su coño a la vez que sus dedos los metía en él para iniciar un mete y saca despacio que hacía que su madre entre abriera más sus piernas ayudando a su hija a que le diera todo el placer que necesitaba. Estaba a punto de alcanzar un orgasmo cuando sonó el teléfono. Era Paula.

No lo cojas mamá.

Tengo que cogerlo por si es ella. Hola, dígame.

¿Es esa la forma de saludarme perra?

Hola, mi Señora Paula. ¿Que desea usted?

Te noto muy agitada, ¿no te estarás masturbando sin mi permiso?

No mi Señora. De verdad.

Bien solo quería escuchar tu voz. Mañana no trabajo así es que me gustaría que vinieras a mi casa antes de que me despierte y me atiendas. ¿Podrás?. Te dejo la llave bajo el felpudo.

Por supuesto mi Señora. Gracias mi Señora.

Bien, te espero mañana. Un beso mi perra.

Otro para Usted, mi Señora.

Mamá porqué lo has cogido. Estábamos las dos muy bien.

Perdona hija pero tenía que hacerlo si no se enfadaría y las consecuencias serían mayores.

¿Entonces…..?

Si, me gusta y me atrae ser suya o como ella me llama, “su perra sumisa”. Ha hecho que tenga la necesidad de atenderla y servirle. ¿Lo entiendes Sara?

Claro pero yo creía que tú deseo era poseer un esclavo para nosotras.

Si, también. Me excita sobremanera disponer de nuestro esclavo y lo vamos a seguir disfrutando tú y yo pero he de estar atenta en todo momento a sus deseos y obedecerla. Mañana me iré temprano pues quiere que la despierte y la atienda todo el día.

Vale, yo no sé si llamar a Raquel o quedarme a solas con el esclavo. Necesito descansar.

Paqui se marchó a acostarse y Raquel se encendió otro cigarrillo descansando sus pies sobre mí después de apagar la vibración y abrirme la celda.

Adórame y dame un masaje en mis piernas y pies.

Me acerqué y procedí a besarle cada uno de sus pies deteniéndome en chupar cada uno de sus dedos. A la vez con mis manos le masajeé sus piernas para relajarlas. Mientras fumaba me echaba el humo de su boca en mi cara que yo respiraba y tragaba.

Bien, me ha encantado como me has dejado. Ahora vete a tu celda que voy a echarme un rato. Cuando oigas la puerta de tu celda abrirse te presentas para atenderme.

Me iba ya hacia el interior de mi celda cuando me llamó.

Espera, ahora soy yo quien te va a aplicar una crema para tu cara.

Esa crema no era otra que varios escupitajos que dejó sobre mi cara ordenándome que los restregara con mis manos por toda ella. Ya dentro y con la puerta cerrada intenté al menos despejar de saliva mis ojos. Me escupió varias veces y de forma copiosa y en mis ojos no solo escupió saliva sino que se sonó la nariz dejando caer su mucosidad. Así conseguí descansar un poco. Paqui en su dormitorio, echada sobre la cama aún sentía los brazos espasmos del orgasmo que le había proporcionado su hija. Pero ella se sentía mal por haber mentido a Paula. Esto hizo que la llamara por teléfono.

Mi Señora Paula, perdone que la moleste. He de confesarle algo.

Dime, perra.

Antes, cuando me ha llamado le he mentido.

¡Queeeeee…!

Es cierto que no me estaba masturbando pero me lo estaba haciendo mi hija.

¿Sabes lo que esto significa, perra? La desobediencia y la mentira es algo que no tolero. Las consecuencias las sabrás mañana. Adiós.

La noche transcurrió sin que Paqui pudiera conciliar el sueño, pensando lo que le había querido decir su Señora Paula y lo que estaría pensando su hija. Ya por la mañana Paqui se levantó temprano para ir a la casa de Paula. Solo se colocó las botas altas que tanto le gustaban a Paula y el abrigo de cuero. Salió a la calle sintiendo que los que la veían sabían que iba desnuda bajo el abrigo. Al llegar cogió la llave y entró despojándose del abrigo y colocándose el collar alrededor de su cuello fue hasta el dormitorio en el que aún dormía su Señora Paula permaneciendo de rodillas junto a la cama.

¡Estás aquí, a mis pies, velando mi sueño! Me gusta mi perra sumisa. ¿Has preparado ya mi desayuno?

Aún no mi Señora. No quería hacer ruido hasta que estuviera despierta.

Me acarició la cabeza con su mano, me besó en la boca y puso la correa en mi collar.

Vamos al baño.

Al llegar se sentó en el wc y tiró de la correa para acercar mi boca a su coño que comenzó a soltar un chorro de orina.

¿Te gusta? Está caliente y sabroso, ¿verdad?

Si mi Señora Paula, gracias.

Límpiame bien y vayamos a desayunar.

Fuimos a la cocina para que le preparara su desayuno mientras ella se sentaba a fumarse un cigarrillo.

Mientras lo preparas inclínate y saca tu culo.

Se quitó la zapatilla y comenzó a azotarme con ella.

Me gusta como tienes ese gran culo que tienes. Poco a poco lo tendrás a mi gusto.

Le serví su desayuno y me permitió sentarme a la mesa junto a ella. Yo con una taza vacía y un plato esperaba mientras miraba como lo tomaba. Tras tomar sorbos de su café escupía en mi taza y en mi plato restos masticados de su tostada en mi plato. Cuando terminó me mandó encenderle un cigarrillo.

Estoy muy enfadada contigo. Hoy voy a corregirte a ver si se me pasa este enfado. Te voy a enseñar algo que te va a gustar.

Se levantó y tirando de mí fuimos a una habitación que tenía echada la llave. La abrió y quedé perpleja. Era una sala totalmente equipada, con látigos, palas, cuerdas, arneses, etc. había un cepo en el que me hizo meter mi cabeza y a los lados mis manos cerrando después para dejarme apresada.

Separa las piernas puta.

Mis tobillos fueron atados a los extremos del cepo. Sabía lo que me esperaba. Frente a mí se colocó un arnés con una polla enorme que me hizo suplicarle.

Por favor Paula, esa polla me va a destrozar. Te lo suplico.

¿Crees que estás en condiciones de suplicar o pedir algo? Me canso de escuchar tus quejidos. Hoy va a ser un día muy especial para ti quejidos espero no olvides jamás.

Me introdujo una bola en mi boca que ajustó con la correa alrededor de mi cuello. Cogió un látigo largo de la pared y se colocó tras de mí.

Esto es lo que quiero que sientas cuando vuelvas a desobedecerme o a mentirme.

Primero escuché el silbido en el aire del látigo para a continuación sentirlo golpear mi cuerpo. No podía chillar de dolor.

Voy a hacer de ti una puta muy sumisa (un nuevo latigazo), me obedecerás en todo (otro latigazo), me servirás como merezco (otro latigazo), me adorarás siempre como tu Ama (otro latigazo), seré para ti la única y me valorarás (otro latigazo), te prostituiré para resarcir mi economía (otro latigazo), serás humillada para hacer de ti una buena perra (otro latigazo) y me pertenecerás para siempre (otro latigazo, este mucho más fuerte que los anteriores).

Tenía el cuerpo muy dolorido, de mi boca caía mi saliva al suelo al no poder tragar por la mordaza. Vi como dejaba el látigo colgándolo de la pared, soltaba la mordaza y colocándose frente a mi….

Quiero ver cómo chupas una polla. No quiero que me defraudes cuando te entregue. ¡Chupa, perra!.

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