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Mis inicios en las relaciones D/s (3)

Carla no solo quiere su servicio, quiere su esencia. Desde limpiar sus botas hasta beber su orina, cada gesto de Luis es un acto de adoración forzada. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar para ser su perro?

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Miar su cuerpo desnudo era para mí uno de los mayores placeres. Saber que iba a dedicar mi vida entera a servirla era el súmmum de mis placeres.

El sujetador está en ese cajón.

Cogí el sujetado lo pasé por sus brazos y lo ajusté a sus pechos. Eran unos pechos grandes, algo caídos pero hermosos. Tuve que tomarlos con mis manos para introduciros en las copas. Después lo abroché en su espalda y lo ajusté.

Que te vas a poner, mi Ama.

Hoy me pondré el pantalón negro de cuero y una blusa semitransparente que hay en el armario.

Al ponerle el pantalón vi que le quedaba súper ajustado. Lo abroché y pasé mis manos por él para que no hubiera arrugas. Terminé de vestirla con la blusa abotonándola.

Coge esas botas negras de tacón.

Ella se sentó en la cama y yo me arrodillé cogiendo sus pies para ponérselas.

¿Has mirado qué estén limpias?

Las tomé y pude comprobar que aunque limpias y brillantes tenían algunos restos de polvo.

Las botas me gustan que estén impolutas. No lo olvides nunca Luis.

Si mi Ama, perdona.

Tome sus botas como si fueran sus pies y pase mi lengua por ellas limpiando los restos de polvo.

Tráeme un cigarro.

Mientras fumaba el cigarrillo el humo de su boca se mezclaba con la mis al estar limpiando sus botas. El estar arrodillado ante ella lo consideraba como mi posición natural ante ella. Calce sus botas, subí la cremallera y cuando iba a levantarme…..

Permanece ahí mientras me fumo el cigarrillo. Me gusta verte ahí, arrodillado ante mi. Te veo como mi perro, esperando a su dueña. ¿Te gusta?

En esta posición me haces sentir muy tuyo, Carla.

Abre la boca que te de un regalo.

Abrí la boca, saqué la lengua y su mano con el cigarrillo a punto de desprenderse la ceniza lo colocó en el interior de mi boca para con sus dedos golpearlo y dejar que fallera en mi interior.

Puedes tragarlo ahora. Dime si te gusta que te use como cenicero.

Mucho mi Ama.

Pues entonces desde hoy quitaremos los ceniceros de la casa y tu boca será a partir de ahora mi cenicero personal.

Gracias Carla. A cada instante me haces muy feliz. Espero que tú también lo seas.

Lo estoy siendo. No creí que a mis años pudiera encontrar un sumiso como tú. Levanta, quiero ver cómo llevas el cinturón de castidad. Para salir te lo voy a quitar, luego te lo pondré al llegar a casa.

Me hizo ponerme unas bragas suyas aunque he de decir que eran las que había usado el día anterior y tenían manchas de orina y algunas de color marrón en su parte trasera. Al ponérmela noté que estaban algo húmedas, seguramente restos de orina y su olor era intenso. Después me vestí y salimos a dar un paseo y tomar un café. Sin embargo para mí es no solo un honor sino una dicha inmensa por ser de ella y solo con ver su cara de alegría me basta.

Me gustaría conocer tu casa, ¿vamos Luis?

Paseando llegamos a casa, abrí la puerta y le cedí el paso. Recorrió la casa y se sentó en el sillón del comedor. Se encendió un cigarro e inmediatamente me postré ante ella abriendo la boca.

Así me gusta que no se te olvide lo que te digo que deseo.

Conforme fumaba su cigarro su brazo lo estiraba para echar la ceniza en mi boca. Cuando terminó de fumar arrojó la colilla al suelo pisándola. Después estiró su pierna colocándola junto a mi boca. Sabía lo que tenía que hacer: limpiar la suela de su bota. Con mi lengua recorrí la suela recogiendo los restos de haber apagado el cigarro.

Ya que has terminado ve y prepara un café.

Volví pronto con su café y me postré a sus pies.

Veo que no te has preparado un café para ti. Me gusta. Soy yo quien te permitirá tomar lo que yo desee cuando así lo considere.

Dio un trago a su café y una de sus manos me tomó por la barbilla.

Abre la boca.

Acercó su boca y escupió el café de su boca en la mía. No me lo esperaba y me encantó.

¿Te gusta lo que te he dado? Me gustaría que tu alimento dependiera de mi capricho y de mi decisión en cada momento. ¿Qué opinas, Luis?

Totalmente de acuerdo. Me gustaría a que tuvieras un control total sobre mi. Es lo que desearía, si te parece bien a ti.

Por supuesto que tendré el control sobre ti, es mi aspiración. Ahora quiero que te desnudes por completo y me enseñes lo que normalmente usas cuando te masturbas.

Me daba vergüenza pues era como mostrar toda mi intimidad. Fui a mi dormitorio y lo coloqué todo sobre la mesa.

- ¡Vaya, cuantas cosas tienes!, muéstrame como lo usabas.

Estas son unas pinzas para los pezones.

Dámelas quiero ponértelas yo.

Antes de ponérmelas cogió mis pezones con sus uñas, los retorció y estiró para después colocar las pinzas.

Me gustan. Voy a ver que ocurre si hago esto.

Con las pinzas en mis pezones las cogió con sus dedos y presionó con fuerza. El dolor que me produjo no lo había sentido antes. Emití un gemido de dolor retorciendo mi cuerpo hacia adelante.

¿Qué te ocurre?, creía que estarías acostumbrado a ellas.

Yo…. So…lo.. los pinza…ba… sin apre….tar…co…mo…lo estás….tu….ha.ciendo.

Es que para eso sirven las pinzas y me encanta y me excita sentir tu dolor. Deberás acostumbrarte, Luis.

Lo haré, pero…..por…..fa…vor…..

Un sumiso no tiene derecho a pedir. Tu obligación es complacerme y te aseguro que lo estás haciendo.

Ella seguía apretando las pinzas sobre mis pezones con sus dedos. Ahora solo me cabía obedecerle y mostrar alegría y satisfacción por lo que estaba haciendo.

Perdona Carla, lo siento. Continúa, tengo necesidad de demostrarte que te adoro por encima de todo. Sigue apretando con tus dedos, por favor. Lo necesito.

Así me gusta Luis. Has de saber que no tienes ningún derecho a pedir nada, desde ahora solo me obedecerás y satisfacer mis deseos ha de ser tu único objetivo. A mí tu dolor, tu humillación es algo que no me importa para nada. ¿Lo estás entendiendo,Luis?

Si Carla, necesito que me perdones, por favor.

Mientras me hablaba la presión iba en aumento pero después de escuchar sus palabras, estas hicieron que el dolor y la tortura pasarán a segundo lugar.

Bien, muéstrame más cosas.

Separó sus dedos de mis pezones aunque las pinzas las dejó en mis pezones. El dolor se suavizó. Ahora le mostré la rueda de pinchos.

No a conocía. Muéstrame como la usas.

Cogí la rueda y la fui pasando por mi pecho, mis muslos, mis testículos, mi polla, etc.

Las marcas que dejaba le gustaron así es que me la pidió para usarla ella.

Déjame probarla, Luis.

Una de sus manos se alargó para coger el prepucio de mi polla y estirándolo paso la rueda por la piel. Esta vez me limité a mirarla sin quejarme nada. Eso le agradó a juzgar por la sonrisa que su rostro emanaba.

¿Y… esto? No me digas que te has penetrado analmente tu solo.

Con más vergüenza que otra cosa le confirmé que lo hacía mientras me masturbaba. Lo hacía imaginando que era mi Ama quien me penetraba.

Veo que has estado viviendo tu sumisión de forma muy intensa y me gusta haberlo sabido por ti mismo. Ahora, dime dónde está el aseo que debo hacer un pipí.

La acompañé y al ir a cerrar la puerta me mandó no hacerlo y permanecer junto a ella.

Desnúdame, Luis.

Le desabroché el pantalón y fui bajándoselo muy despacio por sus piernas. Después hice lo mismo con sus bragas para darle la mano y ayudarla a que se sentara en el wc.

Ahora quiero que te arrodilles mientras orino. Pon tu cara entre mis piernas.

Así pude ver como los labios gruesos y algo colgantes dejaban paso a unos chorros de orina caliente. El olor era fuerte pero me agradaba sentir eso. Cuando terminó de orinar se echó hacia adelante dejando su coño fuera del wc. Me miró y me señaló con su dedo lo que debía hacer.

Ya sabes lo que tienes que hacer, Luis.

Coloqué mis manos en sus muslos para separar un poco más sus piernas y tener acceso a su coño para limpiarlo. Lo primero que hice fue besarle sus muslos que tenían gotas de orina y la saboreé. Sus manos se posaron sobre mi cabeza para acercarme más a ella. Ahora con mi lengua la posé en la parte baja de su coño donde se acumulaban los restos de orina. Los lamí y chupé con paciencia para así saborearla con mayor gusto. Después mi lengua comenzó a deslizarse desde abajo hacia arriba y recorriendo el interior de sus labios.

Creo que has tenido ya bastante. Ahora sube mis bragas y el pantalón y sigamos viendo lo que tenías.

Las pinzas seguían pinzando mis pezones y mi polla marcada por la rueda acrecentaba el dolor que me estaba infringiendo. Rozar su cuerpo a través de su pantalón de cuero ajustado me gustaba y excitaba, ahora sin la jaula. Al llegar al salón se encendió un cigarro sentándose y señalándome cuál era mi sitio, en el suelo y arrodillado.

Veo que tienes aquí un collar de perro. ¿Es que tienes perro, Luis?

No Carla. El collar lo usaba para sentirme un perro mientras me desahogaba.

¿Te gusta ser un perro y que te trate como tal?

Me hace sentir como tal a las órdenes de mi Ama.

Acércate que te lo ponga.

Agaché mi cabeza acercándome a ella y me colocó el collar alrededor de mi cuello ajustándolo. Después cogió la correa y la sujetó a la anilla del collar.

Ven, vamos a dar un paseo por la casa. Nunca he experimentado el llevar un perro.

Se levantó y me llevó a cuatro patas por toda la casa recorriendo todas las habitaciones. Mientras andaba seguía fumando, deteniéndose para echar la ceniza en mi boca y seguir andando. Para mí suponía el llevar a la realidad lo que tantas veces había sido solo imaginación para mí. Sentir como tiraba de la correa para que la siguiera, con mi cabeza mirando el suelo y solo de reojo poder admirar los tacones de sus botas y el sonido que hacían al tocar el suelo me hacían sentir lo que toda mi vida había deseado. Cuando llegamos nuevamente al salón y se sentó vio la excitación que había supuesto ese paseo con mi polla gorda, dura y babeando ese líquido preseminal y blanquecino.

Te das cuenta como tienes tu polla. Sabes bien que no te está permitido excitarte sin mi permiso. Lo siento Luis, voy a tener que ponerte la jaula nuevamente. Es algo necesario para tu educación como sumiso. ¡Ponte de pie que te la ponga!

De pie y con mi polla tiesa frente a ella sufrió el ser encerrada en la jaula. Le costó trabajo por lo gorda que estaba. Pero no cesó en su empeño a pesar de que al introducirla en la jaula supuso un dolor extra para mí.

Así está mejor, ¿no te parece Luis?

Si mi señora Carla. Como usted desee.

Bien así me gusta, que satisfagas mis deseos. Por cierto el sentir que te llevo como mi perro me ha encantado por lo que siempre que estemos en casa lo llevarás puesto. La correa la usaré solo para llevarte tras de mí.

Me haces sentir muy bien Carla, gracias de verdad.

Bueno solo queda esto que ya me dirás para que la usabas si estabas solo.

Es una mordaza de bola que la usabas cuando la tortura era grande y me producía mucho dolor. Entonces imaginaba que mi Ama cuando me torturaba no le gustaba escuchar mis gemidos de dolor.

¡Que bien!, ¿con qué tipo de tortura la usabas? Quiero saberlo.

Pues….. le diré que uno de mis mayores fetiches es el tabaco. Entonces imaginaba a mi Ama fumando un cigarrillo y acercándolo a mis pezones encendido, lo que producía en ellos como una quemadura muy dolorosa.

¡Guauuuuu, Luis! Cuantas cosas me estás diciendo. No te imaginas lo que estoy disfrutando, solo de pensar la de cosas que me quedan por experimentar y quiero hacerlo contigo. Abre la boca que eche la ceniza.

Si Carla.

Por cierto si vas a ser mi perro sumiso tendré que ponerte un nombre. ¿Te parece?

Como tú desees.

Bien tengo que elegir uno con el que te pueda llamar también en público.

¿Le gusta llamarme……..cuqui?

Si, me gusta cuqui. Ahora vístete que vayamos a dar un paseo.

Mientras me vestía y ajustaba la celda en mi pantalón ella se dedicaba a moverse a mi alrededor mientras encendía un cigarro.

Me gustas más con el collar, ¡póntelo…..cuqui!

Pero Carla, me dijiste que solo lo llevaría en casa.

Ja, ja, ja, he cambiado de opinión. Pero no te preocupes, tomo y ponte este pañuelo al cuello. ¿Tranquilo ahora?

Gracias Carla.

Antes de salir me arrodillé ante ella y le besé sus botas, chupando la puntera. Quise darle a entender lo agradecido que estaba.

Me gusta que valores lo que hago por ti, mi cuqui. Levanta y vámonos.

Salimos y montamos en el ascensor. Ahí dentro se dedicó a posar su mano sobre mi pantalón presionando sobre la jaula.

¿Te das cuenta que vas a mi lado como un verdadero perro?, me gusta que vayas a mi lado.

A mí también me gusta mucho, Carla.

He estado pensando en alquilar mi piso y venirme al tuyo que tiene ascensor. De esa manera podremos vivir más intensamente nuestra relación.

Me encantaría, Carla. Si te parece mañana me dedicaré a limpiar bien toda la casa y a trasladar tus cosas.

Me parece bien, vayamos a ese parque que tiene unos bancos para sentarnos. No suele ir mucha gente y menos a estas horas.

Nos sentamos en un banco, se encendió un cigarro y pasó su mano por encima de mi cuello deslizando el collar a un lado y otro.

Quítate el pañuelo, quiero verte sin el.

Mi vergüenza por si alguien nos veía hizo que me pusiera muy nervioso. Ella al darse cuenta dio una calada a su cigarrillo acercando su boca a la mía a la vez que iba quitándome el pañuelo y dejando que el humo de su boca llenara la mía.

Así estás más propio. Como mi cuqui. ¡Uy, se han manchado mis botas de polvo. ¿Te importa limpiarlas?

No sabía lo que pretendía estando en plena calle. ¿Que me arrodillara y con mi boca se las limpiara? No supe reaccionar pero un tirón del collar hacia adelante….

¿Es que no me has oído mi perro cuqui?

El tirón de mi collar me echó hacia adelante hasta caer al suelo. Ya sabía lo que tenía que hacer. Tome cada una de sus botas y las limpié pasando mi lengua por ellas. Comencé por bajo para ir subiendo con mi lengua por la caña de sus botas hasta dejarlas brillantes.

Ya puedes sentarte a mi lado. He traído algo para que te enjuagues la boca. Toma.

Sacó de su bolso un bote que abriéndolo me lo pasó. Pensé lo atenta que había sido al pensar en mí. Me lo pasó y creí que sería agua. Cuando lo tomé y di un trago, me di cuenta que no era agua. Estaba frío y con sabor mezcla de salado y algo amargo. Era orina suya que había recogido en el bote.

¿Te gusta, cuqui? Como verás he pensado en ti.

Si Carla, gracias pero creía que era agua u otra bebida. No imaginé que era……orina tuya. Está muy buena mi Ama.

Le fui dando tragos y tras enjuagarme la boca me lo iba tragando ante su mirada sonriente y dándole una calada a su cigarro.

- Bueno, vámonos y sigamos paseando.

Continúa en