Mis inicios en las relaciones D/s (2)
Carla no busca un novio, busca un sirviente. Y Luis, que siempre soñó con arrodillarse, no se da cuenta de que al besar sus pies está firmando su propia entrega. Ella ya tiene el control; ahora solo falta que él lo acepte.
Volví a agacharme, esta vez arrodillándome, y tomando sus pies le besé sus dedos, su empeine y pasé mi lengua por la planta de sus pies.
¡Guau, Luis!, me haces cosquillas pero me gusta.
Ya estábamos solos en el restaurante y el camarero nos miraba perplejo con mi actitud.
¿Te gusta, Carla?
Mucho. Termina de calzarme, quiero irme.
Claro ahora mismo.
Le puse sus botas, subí la cremallera dejándoselas ajustadas a sus piernas.
¿Quieres un cigarro?
Claro, esperaba que te dieras cuenta.
Fumaba su cigarro mientras andábamos despacio por la calle hacia su casa. Su brazo cogió el mío.
¿Quieres?
Acercó su mano con el cigarro entre sus dedos a mi boca. Lo atrapé con mis labios y saboreé el carmín que había dejado su huella en la boquilla dándole una calada.
Gracias.
No tienes por qué dármelas. Si lo he hecho es porque me apetecía hacerlo, no he pensado en si tendrías ganas de fumar. Ten en cuenta que todo lo que haga o te diga es fruto de mi deseo de hacerlo, nunca creas que pienso en ti ni que pretendo ser complaciente contigo. ¿Lo entiendes?
Sí claro, perfectamente. Me gusta que sea así, tenlo siempre en cuenta Carla.
Me miró, sonrió y dando una calada al cigarro lo exhaló sobre mi cara.
Sigamos.
Su porte al andar me hacía estar mirándola permanentemente.
No dejas de mirarme, ¿por qué?
Eres una mujer muy guapa y me despiertas de todo solo con mirarte.
Ah si, dime que despierto en ti. Quiero saberlo.
Pues……..
No me gusta que dudes. Te lo ordeno, ja, ja, ja, dime que despierto en ti.
Aquella expresión dándome una orden hizo que mi imaginación se disparara. Pero como hablarle de mi condición sumisa. Y si ella no lo compartía. No sabía si solo eran señales que yo imaginaba o por el contrario quería decirme algo.
Pues me gusta complacerte, ver cómo sonríes, haces que me olvide de mí y solo piense en ti en hacer que estés cómoda y a gusto conmigo.
Me gusta.
Me dio un beso en la mejilla y agarró mi brazo más fuerte. Eso me hizo sentir muy bien. Mejor conforme pasaba el tiempo. Llegamos al portal de su casa.
Bueno, qué pena que se acabe el día. Te diré que no me apetece dejarte.
¿Quieres una copa en mi casa?
Aquella invitación fue para mí increíble.
Si te importa por mí si. Así alargó el tiempo de estar a tu lado.
Ya sabes que vivo en un tercero sin ascensor.
No me importa.
Fuimos subiendo los peldaños, yo tras de ella contemplando como su culo se movía a un lado y otro conforme su cuerpo avanzaba escalón tras otro. Me hube de reprimir ya que de buenas ganas hubiera puesto mis manos en su culo a través de la falda de cuero. Estábamos subiendo cuando se paró en uno de los rellanos. Me pilló por sorpresa haciendo que mi cuerpo quedara junto al suyo. Así quedamos unos instantes que ella aprovechó para girarse y mirarme con un gesto de complicidad y dándome a entender que el contacto no le desagradaba, al menos eso me pareció a mí. ¿Estaría equivocado?, la situación me estaba desbordando pero debía mantener las formas. Llegamos a su piso, abrió la puerta y pasamos.
Ponte cómodo yo voy a ponerme cómoda.
Tenía una casa muy acogedora. Me senté y la esperé.
¡Luis!, ¿puedes venir?
Me acerqué hasta su dormitorio. Estaba sentada en un pequeño sillón.
¿Te importaría ayudarme a quitarme las botas?
Por supuesto que no.
Sentada, se encendió un cigarrillo y señalando sus botas me miró fijamente. Yo lo entendí como que debía arrodillarme para descalzarla. Así lo hice. En el suelo bajé la cremallera de una de sus botas para después hacer lo mismo con la otra. Ahora la miré como esperando alguna palabra suya que me diera a entender lo que realmente deseaba. Con mis dos manos tomé una de sus botas que descalcé muy despacio para después acariciar su pierna y su pie que se encontraban algo sudados. Me atreví a acercarme más y agachando mi cabeza la besé toda pasando mi lengua por ella y deteniéndome en sus dedos y en la planta de su pie.
Que bien lo haces, me encanta.
Una nueva bocanada de humo rodeo mi cara antes de dedicarme a su otra pierna. Esta vez lo hice mucho más despacio, saboreando el sabor de su piel, de su sudor, besando sus dedos y atreviéndome a chuparlos. Noté como su cabeza se echaba hacia atrás dejando que el humo saliera de su boca subiendo hacia el techo.
¡Hummmmmmmm……! Sabes transformar un hecho tan simple como el descalzarme en algo increíble y placentero. No te detengas.
Mientras me dedicaba a uno de sus pies posó su otro pie sobre mi cabeza dándome a entender lo que le agradaba y su deseo de que no parara. Con mi boca y mi lengua sus pies ya no sudaban, estaban frescos y relajados. Su pies dejó de presionar mi cabeza.
Luis, no sigas, déjalo, porque estás haciendo que sienta algo que hace mucho tiempo no sentía y no sé si debo.
¿Por qué no Carla? No te niegues lo que te complace, me tienes a mí para que sientas eso.
Luis, de seguir no se si te gustaría conocer cómo soy.
Le calce unas zapatillas y volvimos al salón.
Carla, me gustaría conocerte realmente como eres. ¿Por qué me has dicho que no me gustaría lo que podría descubrir de ti?
No sé si atreverme. Se trata de revelarte mi condición como mujer. Podría no gustarte.
Se encendió otro cigarrillo, se le notaba nerviosa. No sabía si adelantarme a ella y manifestarle mi condición de sumiso, podía echarlo todo a perder.
¿Te importa si te sientas a mi lado?
Claro. ¿Te sientes más cómoda si me pongo arrodillado en el suelo frente a ti?
Y tú, ¿te sentirías bien estando en el suelo mientras yo sigo sentada en el sillón?
No me importa si así te relajas y lo prefieres.
Las manos de Carla se posaron en mi cara y me llevaron al suelo. Me miró y me sonrió.
Gracias Luis. Me gusta verte ahí, es como si me adoraras, como si fuera para ti tu……
¿Como si yo fuera tu…… sumiso?
Luis, ¿te atrae ser sumiso?
Carla, no solo me atrae sino que desearía estar siempre así frente a ti, mi Señora Carla.
Sus manos acariciaron mi cara, mi pelo, posando sus pies sobre mis manos.
Me gusta ser adorada, que estés pendiente de mí, de mis gustos y de mis deseos. Estar despreocupada de todo sabiendo que eres tú el que se encarga de hacer de mis deseos una vida relajada y tranquila. Y, si esa persona es alguien como tú, me hace sentir muy bien.
Si tú me aceptas puedo ser ese sumiso dedicado en cuerpo y alma a ti, a tu persona. No pido nada a cambio. Me ocuparé de ti en todo. Podrás tratarme como desees y yo lo aceptaré por el solo hecho de que el deseo proviene de ti.
Carla estiró su mano acercándola a mi boca para que la besara. Así lo hice, le tomé su mano y la besé una y otra vez. Me atreví a llamarla mi Ama mientras seguía besándola.
¿De verdad quieres ser mi sumiso, pertenecerme por entero?
Sería para mí un honor, un placer y un orgullo el serlo.
¿A qué estarías dispuesto?, háblame de lo que entiendes por sumisión.
Pues como sumiso mi cuerpo y mente te pertenecería. Cualquier práctica la aceptaré y la asumiré como forma de demostrar mi sumisión. En cuanto a mi mente tendrías el control total sobre mí y yo antepondría tus gustos, tus formas y tus deseos a los míos. Mi obediencia a ti sería plena en todo lo que me ordenarás. Me encargaría de todas las tareas domésticas. Mi nómina la ingresaré en tu cuenta para que dispongas de ella como lo consideres. Estoy preparado para recibir cualquier tipo de exigencia por extremo y humillante que sea. Sentir tu felicidad será para mí el único objetivo que regirá mi vida. No sé qué más puedo ofrecerte, Carla.
Nunca pensé que conocería a alguien que me ofreciera lo que tú has hecho. Eres único pero….te haré una pregunta. ¿Has vivido tu condición de sumiso en la vida real antes?
No, nunca. Siempre he fantaseado, me he imaginado siendo sumiso de una mujer madura como tú.
Entonces, cuando te haga experimentar mis gustos no sabes cómo responderás, ¿no es así?
Te aseguro que te obedeceré y lo asumiré por dos motivos. Uno por ser tu deseo y otro porque será una forma de avanzar en mi sumisión a ti. En cuanto a la convivencia.
Estaremos un tiempo viviendo cada uno en su casa y si en ese tiempo me siento a gusto y plena venderemos mi casa y nos iremos a la tuya que tiene ascensor.
Creo que es hora de dejarlo por hoy, ¿te parece?
Si, lo que tú desees.
Bien, pero antes de irte y para asegurarme te llevarás algo puesto. Antes me dijiste lo que harías con mis medias al llegar a casa y eso es algo que no lo permito. Tu sexualidad también me pertenece, ¿lo has entendido?.
Por supuesto.
Espera aquí, ahora vengo.
Se levantó y fue a su dormitorio y al volver vi que en sus manos traía un dispositivo de castidad para mi polla.
Ponte de pie y bájate los pantalones y el calzoncillo.
Me desnudé como me había ordenado. Me sentí algo avergonzado por ser la primera vez que estaba así ante ella. Estiró su mano para masajear mis huevos, apretándolos. Después su mano avanzó hasta apresar mi polla que ya estaba algo excitada y poniéndose dura.
Bien, así está mejor.
Tomo la jaula y con ayuda de su mano introdujo mi polla en ella. Después tomó el anillo que lo pasó alrededor de mi polla ajustándolo y colocándolo junto a la jaula para por último pasar un pequeño candado que al cerrarlo dejaba la jaula de castidad totalmente fijada a mi.
Ya está. De esta manera me aseguraré que no puedas hacer lo que te apetezca y estés siempre preparado para mi.
Sus manos dieron varios manotazos a la jaula para comprobar que estaba bien ajustada. Nunca había tenido un dispositivo así en mi polla. No obstante mi excitación iba en aumento y mi polla ya estaba totalmente ajustada al dispositivo provocándome un pequeño dolor que al darse ella cuenta me miró y me sonrió.
El control es algo no solo necesario sino que para mí es fundamental. Me gusta controlarte de cualquier manera.
A mí también me gusta Carla. Gracias.
Pues ya te puedes marchar. ¡Ah! Quiero que tengas el móvil siempre a tu lado. No me gusta esperar tus respuestas que han de ser inmediatas, ¿entendido?
Por supuesto, así lo haré.
Me vestí y ella se levantó para acompañarme a la puerta. Allí y como despedida posó su mano sobre el pantalón presionándola.
Hasta mañana, mi Luis.
Que descanses Carla.
De camino a casa me sentía extraño por lo abultado del dispositivo. Me daba la sensación que todo el mundo sabía lo que llevaba puesto y me miraba. Llegué a casa y lo primero fue desnudarme por completo. El dispositivo colgaba entre mis piernas haciendo que mis andares por la casa fueran algo dificultosos aunque lo hacía con un orgullo y felicidad inusitados pues era Carla, mi Ama, la que lo había dispuesto y yo solo podía obedecerla. Me fui a dormir con el móvil junto a la cama. Me costó mucho conciliar el sueño pues no conseguía encontrar una postura cómoda para dormir. Eran las ocho de la mañana cuando sonó el móvil.
¡Luissss!
Si Carla, ¿que desea?
Acabo de despertarme y me apetece desayunar.
Voy ahora mismo, Carla.
Me vestí deprisa y de camino compré unos croissants para su desayuno. Subir la escalera hasta su casa me costó horrores por el dispositivo que atrapaba mis genitales. Llamé al timbre y me recibió vestida con una bata de seda negra que dejaba entrever su cuerpo, un cuerpo grueso, con sus pechos hermosos y algo caídos. Al verla me arrodillé ante ella y bese sus zapatillas.
Buenos días Luis. Toma las llaves de mi casa. Quiero que las tengas porque no me apetece tener que levantarme cuando llegues por las mañanas a prepararme el desayuno. Pasa a la cocina y empieza a prepararlo, quiero zumo, café y lo que me has traído con mantequilla y mermelada tostado.
Voy ahora mismo Carla.
Yo voy al comedor. Creo que estarías más cómodo si te desnudas y te pones el delantal que hay en la cocina.
Hice lo que me había sugerido y al coger el delantal vi que tenía una cremallera por delante. Me lo puse y se lo preparé. Al llegar al comedor con el desayuno Carla estaba sentada en el sillón fumándose un cigarrillo.
Cuando desees está todo preparado.
Bien, ayúdame a levantarme.
La tomé de la mano acompañándola hasta la mesa y ayudándola a sentarse.
¡Luis! ¿Dónde piensas que apague el cigarro?
Perdón Carla, ahora mismo te traigo un cenicero.
Al traerle el cenicero vi que había tirado la colilla al suelo y la había apagado con su zapatilla.
Tardabas mucho Luis. Luego lo limpias.
Carla desayunó lo que le había preparado manifestando que todo le había gustado.
Ya puedes retirarlo todo pero antes acompáñame al dormitorio que me voy a echar un rato. Tu mientras lo limpias todo y piensas lo que vas a preparar para el almuerzo.
Cuando se echó en la cama y yo me disponía a marcharme……
Mira mis zapatillas, es algo que no puedo soportar, que tengan las suelas sucias. ¡Dámelas que las vea!
De las dos zapatillas una de ellas tenían la suciedad de haber apagado la colilla del cigarro.
¡Ves, esta tiene la suela asquerosa!, ¡límpiala aquí y ahora que yo te vea como lo haces!
Pero, mejor me la llevo y la limpio ¿no te parece Carla?
¿No me has oído Luis?, la limpias aquí y ahora. ¿No sabes cómo hacerlo?, ¿te enseño yo?
No hace falta Carla.
Tomé la zapatilla y llevándomela a la boca fui pasando mi lengua por la suela hasta que quedó limpia, como ella deseaba.
Muy bien, Luis. Me gusta comprobar que sabes lo que supone ser mi sumiso y yo tu Ama y Dueña.
Gracias Carla. Ahora voy a la cocina a recogerlo todo.
Por cierto cuando oigas esta campanilla dejarás todo y vendrás a mi presencia de inmediato. Será señal de que te necesito.
Así lo haré.
Fui a la cocina y lo recogí todo dejándolo todo fregado y limpio. Allí vi la colilla de su cigarro y no pude por menos que cogerla, aunque apagada, y llevármela a mis labios para saborear el sabor del sus labios. Cogí el encendedor y encendí lo poco que quedaba. Sin embargo el tragar el humo de su cigarro me supo igual que cuando abría mi boca para utragar el humo de su boca. Todo lo que provenía de ella lo deseaba. Antes de fregar el desayuno lamí la taza del café donde estaban las marcas de sus labios, chupe el tenedor y la cucharilla. Todo me parecía poco. La campanilla sonó.
Si mi Ama, ¿que desea?
¿Has terminado?, quiero vestirme y que salgamos a dar un paseo.
Le di la mano y la ayudé a levantarse.
Acompáñame al baño.
En el baño le desaté su bata dejando a mi vista su cuerpo. Un cuerpo algo obeso pero exuberante y espléndido que me atraía sobremanera. Tenía que reprimir mi deseo de rodearlo con mis brazos y sentir su calor y su aroma.
- ¡Ayúdame!
Se sentó en el wc y comenzó a orinar. Escuchaba su orina como caía en el wc, para mí desperdiciándolo, pues cuánto me hubiera gustado que lo hiciera en mi boca o al menos sentir el calor de su orina en mi mano.
Quiero que aprendas a limpiarme. Toma un poco de papel y me limpias.
Tome un poco de papel, lo doblé varias veces y a la vez que ella separaba sus piernas fui introduciendo mi mano hasta rozar los labios de su coño con el papel que al instante se humedeció por completo.
Ya está. Voy a levantarme.
Al levantarse del wc tomo mi mano y la llevó hasta mi boca.
Por ahora solo esto vas a tener. Chúpalo y saboréame, Luis.
Con el papel mojado de su orina lo atrapé entre mis labios dejando que toda su orina pasará a mi boca. Por vez primera saboree algo íntimo de la que sería a partir de ahora mi Ama. Su orina aún caliente tenía un sabor fuerte y aunque salada me dejaba un sabor amargo en la boca. Cuando terminé de chupar el papel lo eché en la papelera y la acompañé al dormitorio. Allí la despojé de su bata. Su cuerpo libre de faja estaba algo descolgado al igual que sus pechos pero a mí me parecía su cuerpo algo excitante y deseoso. Tome unas bragas que primero por una pierna y después la otra fui subiéndola por sus piernas hasta llegar a su cintura y colocarla pegada a su cuerpo. Desde su posición me miraba agachado y me sonreía.
Creo que vas a ser un buen sumiso a mi servicio. Hasta es posible que alcances el status de mi esclavo. No creo que tardes mucho en conseguirlo. Por cierto, ¿te ha gustado lo que te he dado?
No sabría cómo agradecérselo lo que ha hecho. Ha sido un placer y un honor el permitir que su humilde sumiso saboree algo tan íntimo suyo.
No desesperes, poco a poco irás probando más cosas de mi. Te lo aseguro. Te encargarás de todo lo que me concierne desde lo más normal hasta lo más íntimo.
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