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Dominaciónoct 2025

Me usa cómo, cuándo y dónde quiere. Ruth. (9)

Lleva meses esperando que él decida qué hacer con su cuerpo, pero esta noche el plan no es el habitual. Al llegar a la casa aislada, la oscuridad de la capucha le oculta la verdad: su amiga Paula ya no es quien era, y ella misma es solo un número más en la colección de su Dueño.

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(Muy recomendable leer las otras partes antes)

No supe nada, absolutamente nada, de la cabrona de Paula en 6 meses. Ni a través de mi Dueño, ni en nuestra vida vainilla. Le escribí un par de veces, pero me dejó en “doble check azul” y no quise insistir. A mi Dueño no me atreví a preguntarle, no estaba ahí para eso.

Estos 6 meses, en realidad, se me habían hecho eternos. Cuando mi Dueño vió el video y entendió la situación no dijo nada, absolutamente nada. Bueno, si, me dejó una frase tras una follada de coño que entendí más tarde: “Despídete de esto, cosa”.

Entendí a qué se refería cuando unos días después vino con un artilugio que no había visto nunca. Descubrí pronto qué era y para qué lo quería. Era una especie de cinturón de castidad pero que se cerraba sobre mi coño y clítoris engachándose a las anillas de mis labios, haciendo muy, muy difícil el acceso a tocarme e imposible la penetración. Se quedó con la llave del cierre pero se aseguró de que el aro que quedaba justo a la altura de mi ano estaba bien colocado.

No lo sabía entonces, pero tras 6 meses, mi vida cambió, esta vez a peor. Por un lado, llevaba 6 meses sin un solo orgasmo y mi nivel de calentón era constante y muy alto. Mi coño goteaba constantemente y me obligaba a llevar compresas todos los días.

Por otro lado, me pasaba el día duchándome para sentirme limpia. No, un cinturón de castidad no es higiénico.

Aparte, mi dueño instaló cámaras en la parte de la casa donde no las había, destruyendo así lo que me quedaba de intimidad.

Sus visitas fueron igual de frecuentes, con la misma dinámica: sexo duro, usando los dos agujeros disponibles. Sin preocuparse ni una sola vez de mi estado mental, de como lo estaba pasando, de si llevaba mal vivir en ese estado de calentón constante. Sinceramente, yo estaba tan acostumbrada a eso que si me llega a preguntar me habría parecido hasta mal: yo estaba para que me usase, no para otra cosa. Lo tenía totalmente interiorizado.

Solo hubo un par de fines de semana diferentes. Del primero, que ya os contaré, volví tan agotada mental y físicamente que tuve que pedirme un par de días de vacaciones.

El segundo, el que os voy a contar ahora, es en el que descubrí que había sido de Paula…

El viernes, me llegó un mensaje diferente al habitual: “Voy a tu casa en 10 minutos. Ten listo un bolso de viaje solo con cosas de higiene, nos vamos cuando me quede a gusto”

Como siempre, me usó a su gusto durante un rato. Disfrutó, como debe de ser, de mi culo y de mi boca, pero, al contrario de lo habitual, me dijo que no tragase su corrida, supongo que para que no pudiese hablar. Reconozco que estaba tan acostumbrada a ese sabor que los pocos días que no lo tenía lo echaba de menos.

Sin dejarme vestirme ni arreglarme, me hizo ponerme un abrigo ligero pero largo, coger mi maleta y seguirle. Desnuda bajo el abrigo, con la boca llena de semen y sin tener ni idea de dónde íbamos, bajamos a su coche. Me hizo sentarme en el asiento trasero y, aprovechando que los cristales eran oscuros, quitarme el abrigo para ir totalmente desnuda. Eso sí, con cinturón de seguridad.

Un par de horas después, llegamos a una casa aislada no lejos de un pueblo. Era ya de noche pero pude ver que la casa era grande pero, sobre todo, me llamó la atención la valla exterior, mucho más alta de lo habitual.

Al entrar, vi varios coches y me temí otra fiesta salvaje. Aún tuve que esperar varios minutos sola en el coche hasta que mi Dueño me abrió la puerta para que pudiese salir y, sin apenas hablarme, me llevó dentro de la casa.

La casa era tan grande como me imaginaba, pero la decoración era austera, muy austera. Apenas lo mínimo para vivir. Me estaba preguntando dónde estaría la gente que habría venido en los otros coches cuando mi Dueño me puso una capucha que ya conocía y que me dejaba totalmente a oscuras, sin poder ver nada. Eso sí, tenía un generoso agujero alrededor de la boca.

Añadió unas muñequeras con las inmovilizó mis manos a la espalda un collar del que colgaba una fría correa metálica y comenzó a tirar de él. Yo seguía los tirones ciegamente.

“Cuidado con los escalones, cosa, hay varios”

Bajamos. Ahí estaba la gente. Oí varias voces, hablando animadamente, tanto mujeres como hombres. Fuí llevada a una esquina, donde, desnuda como estaba, alguien enganchó mi collar a la pared, pero nada más.

Pasaron varios minutos, sin apenas novedades. De espaldas a la fiesta, sin poder girarme (aunque tampoco habría podido ver nada) intentaba captar las conversaciones. Todas eran veniales, sin nada que me indicase qué iba a pasar ahí. Estaba entre aterrada y curiosa.

Al cabo de un tiempo, una voz se impuso sobre las demás. Me sonaba esa voz, pero no era capaz de ponerla cara. De pronto caí: no le ponía cara porque apenas se la había visto, pero podía identificar su polla: un amigo de mi dueño, de los que me usaron el día que me la lió Paula y otras veces. Polla mediana, gruesa, venosa… Joder, reconocía los tios por su polla.

“A ver, un momento, por favor. Silencio, venga. No hay sillas, pero es que este sitio, como véis, no está pensado para tanta gente. Lucía, si te sientas en ese potro puede que termines atada en él.”

Risas.

“Bueno, vamos al grano. Los que estáis aquí sabéis porque: hace 6 meses, por circunstancias que no vienen al caso, cayó en manos de mi amigo Fernando, aquí presente, una oportunidad excepcional. ¡Gracias, Fer!”

Vítores y aplausos.

“Esa oportunidad se llamaba Paula. Ya no. Hoy vais a conocer mi obra maestra”

¡Ostras! Mi respingo pasó desapercibido entre los murmullos de la gente.

“Cuando Paula se entregó a Fer, lo hizo pensando que iba a ser educada como puta de servicio, como la cosa, a la que conocéis casi todos. Si, esa que está ahí en la pared”

¡Hablaba de mí!

“En más, Paula era amiga de la cosa, y creía que con esa entrega iba a poder negociar que su Dueño le dejase usar a la cosa de vez en cuando. Pero Fer no estaba por la labor de aceptar esas condiciones. Así que pergeñamos este plan para reeducar a Paula. Con la excusa de su educación como puta, la trajimos a esta mazmorra que, hasta entonces, usaba muy poco y conseguimos que, voluntariamente, firmase el contrato de su nueva vida. No os voy a dar detalles de eso, que es aburrido. El caso es que la zorra que entró por esa puerta, que se llamaba Paula y que llevaba una vida más o menos normal, es ahora simplemente un número, el de su registro de esclava. Por hacerlo corto, la llamamos seis”

Los murmullos de emoción contrastaban con mis sentimientos encontrados: por un lado, mis ganas de venganza sobre Paula, pero por otro, me daba pena mi antigua amiga.

“Ahora, ahora os la presento. Pero antes, un resumen de lo que hemos hecho para pasar de Paula a 6. Físicamente, veréis varios cambios obvios, estéticos, como los enormes piercings de los pezones o el septum. Hay otros menos visibles, pero uno muy importante: tras semanas de botox, hemos conseguido que, sin extirparlo, su clítoris sea totalmente insensible. “

Se oyó un “ohhh” de sorpresa. Yo no sabía qué pensar.

“Pero los cambios más importantes son de educación y entrenamiento. La que llegó para ser entrenada como puta ha salido entrenada como esclava masoquista, tanto física como mentalmente. Hemos hecho que desee el dolor físico, pero, sobre todo, que busque las humillaciones y las vejaciones más abyectas. Ni os imagináis lo que disfruta seis en un cubo de basura”

Joder, joder, joder ¿que habían hecho con Paula?

“Ahora sí, os voy a presentar a seis, pero antes de sacarla de esta caja en la que estoy subido, os cuento un último juego. Cuando salga, quedaros todos quietos. Ella va a elegir a uno de vosotros para algo que os contaré luego.”

Oí ruidos de caja de madera abriéndose y murmullos de admiración. No podía verlo, pero estaba tratando de imaginarme el cuerpo de mi antigua amiga anillado y expuesto. Confesaré que en ese proceso, mi coñe, permanentemente excitado desde hacía meses, comenzó a gotear aún más de lo habitual.

De nuevo se hizo el silencio. Seis (la antigua Paula) debía de estar eligiendo a esa persona que habían dicho que iba a elegir. Unos segundos después, unos comentarios de “enhorabuena” me indicaron que había elegido.

“A ver, a ver, silencio de nuevo. Un momento, una última cosa. A ver, por favor…”

“Gracias. Venga, que ya acabo y me callo. Esta noche es especial para seis. Muy especial. Hoy va a ser marcada al fuego y dejará atrás, definitivamente, su condición de persona. Y la persona que va a tener el honor de marcarla es Alicia, aquí presente, a quien seis ha elegido. Pero hasta ese momento, que será más tarde, la casa es vuestra. Cada una de las esclavas que están aquí tienen encima un cartel con las condiciones de uso.

¡Disfrutad!

Gritos contenidos y aplausos. Yo trataba de imaginarme qué diría en el cartel que estaba encima de mi, pero no tardé mucho en averiguarlo, pronto oí una voz femenina que lo leía:

“La cosa. En castidad, boca y culo usables. Acepta cualquier vejación. Límites: marcas permanentes, scat y orgasmos.”

Era corto. Demasiado. Pero nada que me sorprendiese.

Una mano soltó mi correa de la pared y tiró de ella fuertemente. Casi a rastras, me llevó a otra zona y me hizo ponerme de rodillas.

“Tengo unas ganas de mear terribles, cosa, y como no me gusta mear en sitios que no conozco lo limpios que están, voy a usar tu boca. Así que ábrela bien, ponla delante de mi coño y que no caiga ni una gota o la vas a tener que recoger del suelo con la lengua”

No pensé nada (¿para qué?) y simplemente obedecí. Mis aptitudes de beber pis no estaban muy entrenadas, pero no era la primera vez, así que simplemente dejé que el chorro llenase mi boca y conseguí que cayese muy poco por las comisuras de los labios.

“Bien hecho, cosa. Quiero un orgasmo. Lame”

Así, de rodillas, con el cuello en postura antinatural y su mano agarrando mi cabeza, conseguí dar el primer orgasmo de esa noche.

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También acepto invitaciones a café;-)

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