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Dominaciónmar 2025

Me usa cómo, cuándo y dónde quiere. Ruth. (8)

Ruth creía que su secreto estaba a salvo hasta que Paula abrió la puerta. Ahora, atada y amordazada, debe decidir si aceptar la propuesta más humillante de su vida o arriesgarse a que su vergüenza se vuelva pública. La dominación tiene nuevas reglas, y Ruth no tiene voz para negarse.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Paula tardó en levantarse pero yo no tenía ninguna prisa. Por mi cabeza pasaban todo tipo de ideas y de posibles conversaciones. Es cierto que el calentón que aún llevaba en el cuerpo no ayudaba, que la postura no era cómoda y que aún tenía su coño a escasos centímetros, pero mi cabeza iba a explotar pensando en cómo iba a salir de esta situación.

Paula debía de estar en una situación parecida. Luego me confesó que le dió muchas vueltas pero que se decidió al ver que no me movía.

Cuando por fin se levantó, intenté que me desatase rápidamente pero la muy cabrona dejó claro que eso no iba a pasar metiéndome un trozo de tela en la boca, por dentro de la mordaza de aro. Luego supe que eran sus bragas.

“Espérate un poco, que tengo que pensar” Su frase me dejó helada. Ya no por lo que dijo, si no porque lo dijo con aplomo, queriendo controlar la situación. Protesté, pero atada, con la boca llena y el antifaz, era inútil.

La oí moverse, vestirse y volver al sofá. Se sentó mientras yo seguía tirada en el suelo.

“O sea que este era tu novio secreto ¿no, Ruth? ¿O debería llamarte cosa? No sabes lo que me ha costado no gritar cuando me he despertado y he oído a esos dos tipos hablando. La puerta de tu habitación me ha dejado oír todo. Al principio he estado a punto de salir gritando o llamar a la policía, pero sabía que si me habías dejado ese mensaje era porque eso que estaba pasando era porque tú querías que pasara.

Pero oírlo no era suficiente, tenía que verlo. Pero nada más abrir la puerta y mirar me he encontrado la mirada del que dice ser tu dueño que me ha pedido silencio y, ya ves, no he podido más que quedarme mirando. Me he puesto a mil viendo como te follaban, como se lo han pasado. Pensaba que al final me volvería a la habitación, me haría la dormida y ya está, no me imaginaba que iba a acabar con una fantástica comida de coño. Hacía años que no me corría así. ¡Me ha gustado, cosa!”

No se si fue el halago o la situación, pero sentí de nuevo ese escalofrío que me recorría cada vez que mi coño tomaba el control de mi cerebro.

“Ahora tengo varias opciones… porque creo que no estamos para negociar, esto va a ser lo que me apetezca a mi.”

Joder, joder, joder, la que había liado.

“Por un lado, podría destarte, irme a mi casa y fingir que esto nunca ha pasado. Pero dudo que pudiese quitármelo de la cabeza. Así que eso, descartado. Y mucho menos sabiendo lo bien que comes coño, incluso amordazada. Eso quiero repetirlo. Así que he decidido hacerle una propuesta a tu dueño. Voy a proponerle que te comparta conmigo.”

Por mi cabeza resonó un “¿Queeeeeeeeee?”

“Pero se que para eso le tengo que dar algo a cambio, no creo que acepte compartirte así como así. Así que he pensado que lo mejor que puedo ofrecerle es un acuerdo como el que tienes tú, para él o para algún amigo: que pueda disfrutar de mi, pero que, a cambio, me deje usarte a ti de la misma manera. ¿Qué te parece?”

¿Parecerme? Me parecía una locura, esta tía no sabía dónde se metía, pero me relajé un poco: estaba segura de que mi Sueño no iba a aceptar un acuerdo así, no ganaba nada: ya tenía un objeto que usar cuando quisiera y dudaba de que algún amigo suyo estuviera interesado.

“Te voy a quitar la mordaza, para que me cuentes con detalle el acuerdo que tienes con él y cómo has llegado a esta situación.”

Al quitarme la mordaza y sacarme sus bragas de la boca, lo primero que dije fue:

“Paula, tía, estás loca, no sabes lo que estás proponiendo. No lo va a aceptar jamás. Y no me fiaría así como así de sus amigos, no sabes dónde te estás metiendo”

“¿Ah, no? Venga, cuéntame la historia completa, desde el principio”

Le conté todo a Paula, con pelos y señales. Aunque intentaba ser aséptica, notaba como, el repasar mi vida de los últimos meses me ponía muy, muy, cachonda. Y seguía atada. La zorra de Paula, que no se había vestido, estaba tocándose mientras le contaba todo.

“Que puta estás hecha, cosa. Me has puesto a mil. Espero que tu dueño esté mirando por las cámaras, porque voy a abusar de tu hospitalidad y me vas a volver a comer el coño.”

No protesté, aunque no sabía qué hacer: no tenía órdenes de mi dueño. Así que, casi por inercia, volví a lamer ese coño empapado hasta que volvió a correrse sobre mi cara. No es que me gustase especialmente, pero estaba cómoda en mi vida de ser usada sin poder opinar, sin quejarme.

“Ufff, que buena comida de coño, cosa. Me voy a duchar, cosa, ahora te desato”

Joder, me trataba como si fuese suya y no lo era. Pero estaba tan acostumbrada que no me salía el protestar o quejarme. Simplemente me quedé donde me dejó, no podía hacer nada más. Ni siquiera me había quitado el antifaz.

Incómoda, oí mi ducha, como salía y se vestía. Ya con los zapatos puestos, escuché cómo se grababa un vídeo para mi dueño, contando su propuesta. Luego supe que era con mi propio móvil. No podía mandarlo sin desbloquearlo, así que me dijo que tenía que enseñarselo yo. Lo que remató la situación fueron sus palabras antes de irse:

“Cosa, si no se lo mandas o se lo enseñas, publicaré en internet las fotos que acabo de hacerte con mi teléfono No se te ve la cara, pero la postura en la que estás hace que se vea lo puta que eres. Tú verás”.

Hija de puta.

Hija de puta.

Hija de puta.

Dejó las llaves de las esposas en mis manos y, antes de que pudiese abrirlas, se había ido.

Hija de puta.

Por mi cabeza solo circulaba un pensamiento: tenía que vengarme de esa zorra. Otra cosa es que no sabía cómo. Cabreada y jodida, me duché y me fui a dormir.

Al día siguiente, el cabreo aún me duraba, pero en mi cabeza se había fraguado un plan de venganza. No dependía de mí, así que tenía que contárselo a mi dueño. Bueno, en realidad, tendría que contarle todo lo que había pasado, enseñarle el vídeo… No tenía claro cómo se lo iba a tomar, pero me iba a asegurar de que no tuviese quejas de mi, de que supiese que esa hija de puta me había jugado. Y de que, aunque la salida de este atolladero dependía de él (como todo en mi vida), esperaba que aceptase mi propuesta y que eso me sirviese como venganza.

Me puse manos a la obra. No quería romper el protocolo, hacía meses que no tenía una conversación “normal” con mi dueño y no quería romper esa dinámica si no lo iniciaba él. Así que, aprovechando que tenía tiempo y mis pocas habilidades digitales, me grabé un vídeo contando todo lo que había pasado y, jugando con un poco de exceso de humildad, le propuse mi plan.

Mi idea era, cuando volviese a usarme, dejarle el vídeo en un USB conectado a la tele y un papel en mi espalda pidiéndole que lo viese. Lo dejé preparado para cuando viniese, fuese avisando o sin avisar. La verdad es que el vídeo me había quedado genial.

Dependía de él, como siempre, y cuando recibí el mensaje de “Estoy en tu casa en 10 minutos, lubricate el culo, no quiero perder tiempo en eso”, sabía que era mi momento.

Eso sí, antes de nada, tenía que asegurarme de lubricar y abrir un poco mi culo, lo importante era que mi dueño disfrutase. Siempre.

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También acepto invitaciones a café;-)

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