Esposa Católica sometida por el Cartel (reeditada)
Él tenía la llave de su futuro y el poder de destruir su mundo. No era solo un jefe; era el depredador que había elegido devorarla. Y lo peor no era el miedo, sino descubrir que su cuerpo ansiaba el castigo.
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Prólogo
… Y allá le vi…
Después de casi dos décadas…
Tan cambiado, tan mayor, tan desmejorado…
Tan empequeñecido…
Aún me preguntaba dónde había quedado ese señor tan imponente, que en aquellas sesiones del “Sado” más duras, me atoraba a la guillotina, mientras preparaba un enorme maletín con aparatos de sometimiento y tortura, en las que, como prolegómenos, me pinzaba fuertemente mis ya doloridos pezones…
Y colocaba pesadas pinzas con pesas, en mis enrojecidos labios vaginales mientras me insertaba un enorme plug anal…
Y allí, completamente expuesta, con una barra de hierro de un metro de largo, atada entre tobillo y tobillo que me impedía cerrar mis piernas, recibía totalmente sometida y sumisa, las terribles embestidas de todo macho viviente que participase en esa sesión…Cuando se cansaban de mí irritado coño, sacaban violentamente ese Plug anal, y me enchufaban sus generalmente bestiales vergas…
Negras, blancas…
Venosas, gruesas…
Casi siempre enormes…
Me parecía increíble, pero siempre llegaba a esa conclusión…
Todos los amos dominantes, tenían vergas enormes…
Y en la mayoría de los casos, los sumisos, las tenían diminutas…
Acobardadas… Acomplejadas…
Como si sus propias mentes, les gritasen en su interior que eran machos betas.
A excepción de mi marido, Alejandro…
Que por desgracia, tenía una buena verga…
Y eso, en vez de ser una nota positiva, se convirtió en un lastre para él…
Puesto que, como también se convirtió en su esclavo, debía ir completamente desnudo, y el hecho de verlo con ese miembro paseando ante todos, para ellos era un insulto…
Y las consecuencias, no se harían esperar…
Cada sesión se convertía en una auténtica tortura para mí…
Una tortura tan placentera como adictiva…
A cada sesión, solían confluir entre cuatro y cinco individuos…
Todos gente peligrosísima…
Del Cartel de la droga…
De la mafia siciliana…
Todos llegaban hasta mi tierra exprofeso para probar mi coño…
Para someterlo…
Para percutir mi ano de la manera más intransigente y sádica…
Y mi marido y yo, en medio de toda esa espiral de sexo, tortura, humillación, violencia y terror…
Y el peor de todos… era él…
Edwin
Jamás olvidaré ese nombre…
Jamás olvidaré el dolor que me generaba…
Jamás olvidaré el placer que me hacía sentir…
Junto con todo el horror, y todo el terror que pasé junto a mi marido en aquella época,
Existió de manera implícita, un nexo excitante y placentero…
Que eclosionó, convirtiéndome en la más puta de las rameras…
La más necesitada de su dosis diaria de sexo y perversión…
Aun sabiendo todo lo que sufría mi marido, siendo testigo de aquellas aberraciones…
Aun a sabiendas, que mi marido sufría terribles dolores con ese cinturón de castidad al que sometían…
A sabiendas de que lo habían convertido en un auténtico mamporrero mamador de pollas…
Pero cada vez que recibía aquellas embestidas…
Y aún sabiendo que cuando terminaba cada sesión, él terminaba irritado y dolorido…
Y en la mayoría de los casos, yo tenía que hacerle curas para que no fuesen las heridas a más…
Cada vez que recibía aquellas descargas de dolor y placer, por las pinzas… los látigos, las fustas…
El intenso dolor de la carne, quebrándose ante el cuero de la fusta rasgando la carne de mis glúteos y mis pechos enrojecidos, casi hasta el extremo de llegar a la sangre…
Me sentía más viva que nunca…
Y ahora…
Al verle de nuevo…
Después de haber rehecho completamente mi vida con mi marido…
Al verle allí…
Acabo de volver a mojar mis bragas…
Como hacia años, que no lo había sentido…
Con una humedad y una calentura tan indescriptibles como adictivas…
…Y no sé si me atreveré a cruzar la carretera y llamar su atención…
Lo que sí sé, es que es una tortuosa y adictiva delicia, volver a recordar aquella época
Capítulo I
Conociendo a Edwin da Sousa.
La década de los 90 fue tan convulsa, como extremadamente excesiva…
La zona de Levante del país, era el epicentro de la marcha, y los excesos.
La ruta del bacalao, la música electrónica, la música techno… Hacían de esa zona, el caldo de cultivo para la llegada de la depravación, el sexo, la prostitución y sobre todo las drogas.
Y el área de influencia, se extendía a toda la parte centro oriental del país.
Época, vivíamos cerca de Valencia, mi joven esposo Alejandro y yo.
En aquella época, yo era una preciosidad de bandera, una rubia de 1 m 70, que cuando me calzaba unos taconazos de infarto, me volvía una auténtica estatua griega, con unas curvas muy bonitas y pronunciadas, unos senos grandes y naturales que hacían volverse loco a cualquiera que volvía a la mirada para poder verme bien…
Corría el año 93, y yo me mataba estudiando para conseguir superar las oposiciones de maestra de escuela de primaria.
Alejandro, trabajaba en una empresa de productos químicos…
Era un hombre bueno, amable, alegre, un buen amante en la cama… El muy cabronazo calzaba cerca de 18 cm de verga Que me transportaban a las nubes. Durante aquella época, él trabajó muchísimo para darme tiempo y espacio y poder superar aquellas oposiciones que lo cambiarían todo.
Yo por otro lado, me sentía muy bloqueada y muy estresada por la tensión de tener que aprobar aquellas oposiciones…
-Cariño, deja los estudios por un rato y salgamos esta noche…-
-Sabes que no puedo permitírmelo Alejandro, cualquier minuto me viene bien…-
-Pero si te bloqueas, no te va a servir para nada… Hoy tenemos cena con los compañeros de la empresa… Seguramente irán sus esposas, así que ponte algo para que presuma de ti.-
A mí se me iluminaron los ojos y rápidamente me calcé el primer conjuntito que me encontré y salimos hacia la cena.
La entrada a la cafetería fue todo un espectáculo… Los compañeros de Alejandro, que apenas me habían conocido, se quedaron boquiabiertos al verme.
La mitad le daban con el codo en el brazo el señal de complicidad, sonrisas guiños de ojos, eran la tónica de aquella entrada a la cafetería.
La tónica general fue buen rollo, buen ambiente, y las tres mujeres que asistieron gente encantadora.
Aunque he de reconocer que todas eran mujeres, muy normalitas, y lógicamente aquel pibon de 1’80 entaconado, era lo que llamaba poderosamente la atención de todos, llevábamos un par de horas departiendo, entre charlas, ameazas y risas, cuando sorpresivamente, entró al local el jefe de mi marido.
-¡Eyyyy!…
¡Esto sí que es una sorpresa!…-
Dijo Marcos, el mayor pelotas de la empresa, que mirando a su jefe y mirándome a mí con una sonrisa cómplice, finalmente entendí cuál había sido la jugada…
El hijo de perra, resultó que era la rata babosa de la empresa y, cuando vio la mujer que calzaba su compañero de trabajo, llamó a su jefe para que no se perdiese el espectáculo.
La cara de mi esposo, cambió drásticamente. Un rictus de preocupación abordó sus semblante, y yo, que no sabía por dónde iban los tiros solo permaneci expectante.
Inmediatamente, el propietario de aquella empresa de productos químicos, un tipo alto, de metro 80, fuerte y cuadrada, con cara de tipo duro…
(me recordaba al actor Joe Pantoliano) permaneció quieto, impasible, mirándome fijamente, obviando a todos los de la cafetería, y obviamente a mi marido.
Esa mirada de ese hombre, tan profunda, tan intimidante… Hizo que todo el mundo permaneciese en silencio, la tensión, se palpaba en el ambiente… Todos supieron en ese instante el excesivo interés de ese señor por mí.
Lentamente se me acercó, pasando por al lado de mi marido, y, cogiendome la mano izquierda, la levantó a la altura de su boca y la besó sin dejar de mirarme.
Con su tono latinoamericano, casi me susurró.
-Hasta hoy, siempre había pensado que la belleza de las españolas no era para tanto…
¡Hasta hoy!…-
Yo no pude evitar sonrojarme, y quedé completamente en silencio. Sin saber qué decir, sin poder moverme… Aquella imponente figura me había dejado completamente sin habla y helada… Y una extraña sensación recorrió desde mis mofletes colorados hasta las piernas…
Con el consiguiente efecto físico en el…
No sopesé las consecuencias de aquella presentación.
Mi marido permaneció en silencio, callado, mirándonos fijamente, pero sin atreverse a decir lo más mínimo…
De repente, Edwin aún con mi mano sujeta, me llevo a la barra del bar, y pasando absolutamente de todo el mundo me hizo sentarme en el taburete de la barra y se sentó a mi lado, casi aparcándome, casi cubriendo con su enorme figura todo mi espacio vital y comenzamos a charlar, cuando vio que mi marido se pensaba acercar, miró hacia atrás, y con una mirada intimidante, gritó
-¿Pero qué pasa aquí?…
¿Os ha comido la lengua el gato?…
¡Que siga la fiesta, carajo!-
Y con esa mirada dura e inquisitoria hacia el resto, todos continuaron hablando, mi marido se quedó justo en tierra de nadie, no sabía si dirigirse hacia nosotros o seguir con el resto, y Marcos, que entendió a la perfección la jugada, se acercó a él y agarrandolo del hombro lo atrajo hacia el resto de los asistentes.
La expresión de mi marido de contrariedad, era patente y evidente, pero entre la mirada de su jefe, y la insistencia de Marcos, no pudo evitar dejarme sola ante él.
A partir de entonces, me sentí como una pequeña gacela rodeada de lobos… Pero aquellos lobos, estaban retirados y no me preocupaba,
Pero aquel ser que tenía cerca de mí, casi rozando sus piernas con las mías, casi envolviéndome con su enorme figura, no era un lobo… Era el mayor depredador de todos…
Eran todos los depredadores en un solo ser, intimidante con una mirada profunda, intensa y enormemente magnética.
Durante un par de horas estuvimos charlando, él me preguntaba y yo le contaba mi vida, mi oposicion…
la importancia de que Alejandro tuviese su trabajo y Soportase todo el peso económico del matrimonio..
Al instante, creo que él entendió cuál podría ser la jugada.
-Pues las cosas están bastante turbias en la empresa…
Si te soy sincero, Alejandro no está siendo lo que nosotros esperábamos, y posiblemente tengamos que estudiar una restructuración en la empresa.-
Mi mirada de decepción y temor, era tan palpable que él, agarró mi mano sobre la barra de la mesa, y luego, con la otra mano sujeto mi rodilla por un instante.
-Pero no te preocupes…
Una vez que conozco a las mujeres de mis empleados, se crea entre nosotros un vínculo muy familiar…
Tengo que hacer cuentas y ver como lo haría…
Pero no pienso perder a esta preciosa familia de mi manto protector -
Esa frase, me causó varias sensaciones, una de ellas era calma, estabilidad, pero también algo de desasosiego… Ese tono en su voz, también tenía varios significados… Y uno de ellos era el que menos me gustaba, uno posesivo, intimidante, el hecho de ser el epicentro de nuestra relación…
-Por favor, señor da Sousa…
Estoy segura de que hará todo lo posible, porque mi marido no termine fuera de la empresa… Él está muy ilusionado con el proyecto, y podría aportar muchas cosas a la empresa-
El me miró de manera fria y dura.
-Para ello solo te impongo una condición… Que jamás…
Jamás me vuelvas a hablar, por mi apellido…
Jamás, me hables de usted…
Para ti soy Edwin por ahora…-
Ese por ahora me sonó bastante extraño, pero lo acepté con una sonrisa.
-Aquí hay demasiado ruido…
¿Nos vamos?-
-¿ Adonde?-
Pregunté, extrañada y un poco asustada…
-No preguntes… Solo déjate llevar…-
En ese momento, Edwin cogió mi mano y nos disponíamos a salir, cuando Alejandro, dejó al grupo que no paraba de retenerlo, sujetando su brazo e intentó ir tras nosotros…
Una vez llegó a nuestra altura, miró de manera asustadiza a su jefe.
-Tranquilo, Pérez…
No me la voy a llevar a ningún lado, vamos al bar que hay ahí enfrente, que tiene menos ruido…
Puedes estar tranquilo, si quieres puedes continuar charlando con tus compañeros y cuando te apetezca vienes y te sientas con nosotros.-
Aquella frase de Edwin, tenía varios connotaciones…
La primera le estaba ordenando que no se uniese a nosotros, la segunda que podía estar tranquilo, porque en aquella cita no ocurriría nada, y la tercera era que después de un rato podría sentarse con nosotros.
Asintió con un rictus de preocupación y sumisión que jamás había visto en él.
Sabía, y me había dado cuenta de que aquel jefe le imponía, su aura, era de auténtico ser dominante… Pero al ver, como controlaba nuestras vidas, nuestros movimientos, y todo a su alrededor…
Me dejé llevar por la situación y sin soltar su mano, le lancé una mirada a mi marido para que estuviese tranquilo…
En ese instante, él se calmó un poco y se dió la vuelta para dirigirse con el resto de compañeros que lo miraban de diversas maneras, con matices de diversión, de asombro, de lujuria…
Aquellos compañeros sabían que ese buitre había echado el ojo sobre esta preciosa y pequeña gacela, que era yo…
Le acababa de hincar el diente, y no pensaba soltarla.
Una vez dentro del local de enfrente, Edwin se sentó al lado mía en la silla, el camarero nos había dejado el reservado más oscuro y oculto de todo el antro, como si ya le conociese y supiese cómo se las gastaba…
-verás, conmigo, no tenéis que preocuparos… Si decido cuidar de ustedes, todo cambiará… Tú podrás estar tranquila y estudiar tus oposiciones y tu marido podrá estar completamente tranquilo con su puesto de trabajo…
Verás, solo quiero ser parte de vuestra familia y que te sientas cómoda bajo mi manto..-
Mientras formulaba esas palabras, tranquilizadoras, y a la vez intimidantes, puso su mano en el interior de mis muslos, en ese momento supe cuáles eran las intenciones de aquel hombre, y aunque di un respingo e intenté separarme de allí, el sujetó fuertemente, mi muslo y con una mirada aterradora, me dijo.
-aunque imagino que sabrás también o imaginarás lo que podría ocurrir si me tuvieses a mí como enemigo… No quiero ni siquiera que pienses el infierno que se puede convertir la vida de alguien si me tiene a mí en en su contra…
Aunque imagino que tú que eres el ser más adorable y encantador del mundo, jamás lo has sabido ni lo has sentido porque en ti solo hay bondad… Y estoy seguro que estás deseando que yo, entre a formar parte de tu círculo íntimo, de amistad…
¿Es cierto?-
-S… Si…-
En esa primera cita ya se habían sentado las bases, ese ser sabía lo que quería de mí, y yo tenía clarísimo también lo que él quería de mí.
Después de varios minutos, charlando, hablándome de su empresa, de sus empleados, y de mi marido…
Alejandro entró en el local,
Edwin, con una mirada inquisitoria, lo miró y le hizo un gesto para que se sentase en la silla de enfrente.
-Hemos estado charlando un rato Alejandro, le he estado explicando que la empresa está ahora mismo en una situación un tanto complicada, pero haré todo lo posible, porque tu puesto de trabajo no sufra…
Por cierto.
Te tenías muy escondida a esta mujercita tan encantadora que tienes…
Es una chica muy inteligente, y muy adorable.
Me gustaría que la trajeses un día a la oficina, y yo le enseñaré la empresa…-
Alejandro no decía nada, simplemente miraba a los ojos a su jefe, era como una mirada hipnótica, la que ese hombre lanzaba a mi marido. de repente, Alejandro miró hacia abajo, por encima de la mesa, y vio que la mano derecha de Edwin, estaba algo separada de su cuerpo, e intuyo que la tenía colocada justo entre mis piernas…
Aquel gesto, lo tenía bastante alterado.
Pero no se atrevió a decir nada.
Era como si de algún modo hubiese consentido aquella nueva situación, y al hacerlo, Edwin entendió el beneplácito tácito en el gesto de mi marido. Y a continuación, comenzó a acariciar mis muslos lentamente, de abajo, hacia arriba, delante hacia atrás, mientras él hablaba, mi marido, observaba como el brazo de ese hombre, acariciaba mis muslos…
Mi cara, absolutamente colorada, como Ida, observaba fijamente a mi marido… Como si pidiese, o suplicase, que me rescatase de aquella situación, y sin embargo, no quería que aquello ocurriera…
Sentía, como si desde mi estómago hasta mi vagina, corriesen, ríos de flujo, y una sensación de entrega total y sumisión, hizo que mojase mis bragas de una manera iremediable.
Por suerte, ese hombre no avanzó con su mano, más adelante…
Porque en ese caso me habría delatado mi total excitación.
En ese instante, ese señor se levantó del asiento, y siendo consciente de que me había dejado las bragas completamente empapadas, se levantó de asiento, se dirigió hacia Alejandro, y haciendo que se levantarse, le puso la mano en el hombro y la otra en su cara…
-Bueno chaval… Me ha encantado conocer a tu mujer… Mañana a las 8:00 de la mañana te espero en mi despacho, tenemos que hablar de tu trabajo… Es posible incluso que
asciendas… Aunque también quiero que me traigas a tu mujercita para enseñarle la empresa…-
-D… De… A… Cuer… Do-
En ese instante, con una mirada dura, le dijo.
-Ea… A casita…
Que este bomboncito tiene que descansar para cuando venga a la empresa y que se la enseñe…
La empresa -
Me miró a mí guiñándome un ojo, a continuación, se dirigió hacia mí, y agarrándome de la cintura, me dió dos besos en la cara muy cerca de la comisura de los labios…
Me dejó completamente paralizada sin saber qué hacer…
A continuación, se giró y se fue hacia la cafetería con sus amigotes…
Desde donde estábamos, podíamos ver la salida de ese antro y la entrada de la cafetería, donde estaban todos los compañeros que, al recibirlo, empezaron a festejar y celebrar con él su total y completo triunfo.
Lo recibían con vítores y olé, como si fuese un torero que acababa de cortar las dos orejas y el rabo…
Y mi marido, se quedó sin hablar, paralizado por completo, sin atreverse siquiera mirarme… Esa acción me había dejado completamente fuera de lugar…
Realmente esperaba que él hubiese tomado alguna decisión, alguna determinación…
Algo que demostrarse que tenía amor propio u orgullo…
Y sin embargo, consintió todo lo que había hecho su jefe conmigo.
-¿De verdad quieres que el lunes vaya a la empresa?…-
-Quieres que sigamos comiendo?-
Me dijo mi marido con una expresión asustadiza…
Instante, Alejandro giró su cabeza y me miró…
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