Xtories

Diferentes formas de amar. -17-

Helena creía que la llave de su jaula estaba en sus manos, pero al cruzar la puerta de la casona, descubrió que el verdugo ya la esperaba. La humillación no fue solo física; fue la destrucción de su ego y la confirmación de que, en este juego, ella ya no manda.

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Capítulo 29 Sorpresa

La vida transcurría según lo previsto en la casona. En invierno, como era habitual, no se podían realizar muchas actividades en el exterior, entre las heladas, el viento, la nieve y lo peor, la niebla. Todo ello hacía un coctel ideal para la vida de un pingüino, no para las personas. Desde luego para los humanos de origen urbano el clima era realmente duro, difícil de soportar.

Era un martes cualquiera del mes de enero, llevaban ya tiempo suficiente en el pueblo cómo para darse cuenta de que habían llegado a un punto muerto. El aislamiento del lugar, sin nadie con quien intercambiar puntos de vista, aparte de los cabreros, les conducían a un estado de depresión y melancolía agobiante.

Sin ver el sol, sin poder salir a tomarse un refresco o comer una pizza, sin probar una polla nueva, sin poder salir de la casona, todo era sin, sin, sin, demasiadas privaciones, demasiado claustrofóbico. Las discusiones por cosas nimias o los cambios de humor estaban a flor de piel. Los cabreros ya no sabían cómo manejar la situación. Si seguían encerradas mucho tiempo más, las tres leonas acabarían peleando entre ellas y perjudicando la vida cotidiana de la granja.

Carmen mataba las horas observando el exterior de la granja desde la ventana situada en el lateral de la puerta principal. La chimenea consumía los troncos sin cesar ni un momento, iluminando y calentando la estancia. El chisporroteo del fuego junto al olor de encina transmitía una tranquilidad ancestral. La misma que seguramente sentirían,en la edad del cobre, los habitantes de las cuevas que rodeaban las peñas cercanas.

A media mañana de aquel martes tuvieron una sorpresa mayúscula. En medio de la niebla se acercaba una persona. Los perros ladraban histéricamente alertando a los residentes del lugar. Carmen automáticamente se puso en alerta esperando algún ataque inminente. Sonia y Jaime se abrazaron expectantes. Los cabreros observaban a distancia sin inmiscuirse, la única que parecía tranquila era Silvia.

- Todos atentos- susurró Carmen- que nadie se mueva, a ver quién es, parece una mujer, pero tan abrigada no se distingue muy bien,podría ser cualquiera.

- No te preocupes – dijo Silvia- yo sé quién es.

- ¿qué dices insensata? En medio de la niebla, con el abrigo, la bufanda y el gorro calado, ¿cómo puedes saber quién es?

- Perdona Carmen, sé que te vas a enfadar. Ayer hablé con mi mama por teléfono y le dije donde estábamos. No podía soportar más la distancia y la incomunicación. Es decir, la echaba de menos, y quería oír su voz – poniéndose a llorar – hablando me suplico que le indicase donde estábamos, que no diría nada, que nos echaba de menos y que quería hablar con papa y arreglar las cosas entre ellos. Lo siento sé que he traicionado vuestro anonimato, pero yo no pedí venir aquí, perdóname papa.

- Tu eres imbécil niña- grito Carmen- ¿tú sabes en que problema nos has metido? Seguro que Helena ya se ha ido de la lengua y nuestro retiro ya es de dominio público. ¿has pensado en algún momento en tu papa? Justo está superando librarse de las garras de la infiel, dominadora y abusiva de Helena y tú la llamas porque te sientes abandonada. Veremos que nos cuenta esta arpía. Una manipuladora como ella no puede traer nada bueno. Esto es como el cuento del lobo y las cabritas. Seguro que lleva la pata blanca para engañarnos, mama cabrita viene a salvar a su cabritilla. Pero es la loba, con las garras y los colmillos a punto para atacar.

- Silvia, tú eres una egoísta sin corazón. -le dijo Sonia- ¿Cómo te has atrevido? Esto dinamita todas nuestras defensas. Ella no podía asimilarlo, su sorpresa inicial estaba mudándose en ira hacia su amiga. Recordando el trauma del abuso, la sumisión química, y el intento de secuestro por parte de su tía con la complicidad de sus supuestos novios, y el papel de Helena en todo el embrollo. Su dependencia de Mónica y Marcelo. El chantaje al cual estaba sometida. Todo formaba un potingue difícil de superar.

Mientras discutían, Helena ya estaba en la puerta, como no estaba cerrada, empujó la maciza hoja de madera y entró a la casona, saludando –

- ¿hola? Ufff que frio, mira que estáis lejos de la vida civilizada. Exclamo, cómo si aquella fuese una visita de lo más normal. Sabia que Carmen no se lo pondría fácil, pero confiaba en su capacidad de persuasión. Jaime no podía haber cambiado de la noche al día. Con cuatro sonrisas, dos caricias y alguna promesa de mejor trato, seguro volvería al redil y se dejaría de tonterías. De hecho, incluso Carmen tenia mucho que perder sino facilitaba las cosas. No en vano trabajaba en la academia de su propiedad.

Avanzó unos pasos hasta encontrarse en medio de la estancia. Al lado de la chimenea, se encontraban todos los moradores calentándose y esperando acontecimientos. Helena paseo la vista por la dependencia que ejercía la función de sala de estar y distribuidor del lugar. A la derecha la cocina, a la izquierda la sala de juegos justo al lado de la lumbre, de frente el pasillo que conducía a las habitaciones de la planta baja y a un baño. Justo a la entrada del pasillo se encontraba la escalera de acceso a la parte superior de la Casona. Allí estaban tres habitaciones más, otro baño y el acceso a la parte superior del edificio, donde estaba el desván y el almacén de materiales de uso común en la granja.

Helena se encontró, de repente, sola e indefensa, frente a todos los residentes que la observaban con una mezcla de curiosidad y rechazo. Silvia, que era la única cara amiga,se adelantó extendiendo los brazos para abrazarla, llorando con lágrimas mezcla de temor y alegría.

- Bueno ya estamos todos, no puedo decir que seas bienvenida porque no es verdad. Pasa y hablamos. Tienes que contarnos, antes que nada, a quien le has contado donde estamos – le escupió prácticamente Carmen a la cara-

- Yo te cuento todo lo que quieras, pero antes déjame hablar con Jaime. Tenemos pendiente una conversación con profundidad.

- Déjate de mandar, aquí la que mando soy yo. Pasa al fondo, a tu derecha. Ángel, acompáñala a la sala de juegos.

Ángel, tomando a Helena del codo la dirigió a la sala de juegos, eufemismo para describir el salón donde se producían las más arriesgadas de las relaciones humanas. Nada más entrar Ángel la arrinconó contra la pared y por indicaciones de Carmen, la amarró a la cruz de San Andrés que estaba situada a la pared del fondo. No era una cruz clásica, estaba construida con dos troncos rústicos y los amarres eran cuatro bridas de las tradicionales de plástico. Ángel siguiendo instrucciones la preparó para que se sintiese desamparada, humillada e indefensa. Pero lo que buscaba Carmen principalmente era que sintiese miedo, que viese que no era un juego.

Los siete habitantes de la casona entraron a la sala de juegos donde se encontraron a Helena amarrada a la cruz. Se fueron acomodando alrededor de la cruz, esperando las ordenes de Carmen y con curiosidad para oír los argumentos de la traidora. La renacuaja, como la llamaba siempre con desprecio, le enseñaría donde se había metido.

- Bien Helena, primero me vas a decir a quien le has comentado donde estábamos. Pero antes Jaime te va a desnudar y revisar tu ropa y tu cuerpo no sea que lleves alguna sorpresa en forma de dispositivo de seguimiento y/o escucha.

Jaime se dirigió dónde estaba su, aún, esposa. Le soltó las sogas y amablemente la conmino a desnudarse. Helena entre quejas y susurros de clemencia fue desabrochándose el grueso abrigo, la mirada directa a los ojos de Jaime, intentando llevarlo al redil de la obediencia. No tenía muy claro en qué momento de la relación se encontraban. La última vez que estuvieron juntos tenia una jaula de castidad y,con alguna reticencia que otra,todavía estaba bajo su dominio. Jaime no abrió la boca nada más que para seguir dando instrucciones.

- Venga no tenemos todo el día, sigue desnudándote. -la conminó- Helena ya estaba en camisa y pantalones, en un rápido movimiento se liberó de los vaqueros y la camisa, quedando en bragas y sujetador. Jaime seguía revisando la ropa a medida se desvestía, hasta ese momento nada sospechoso.

- Fuera toda la ropa, le ordenó.

Con lo que en un momento se quedó completamente desnuda delante de todos los presentes. Seguía con la mata de pelo salvaje entre las piernas, sin cuidar. El color rojizo era la señal inequívoca que su pelo pelirrojo era natural, sin tintes. No se podía negar que era sumamente atractiva, con el vientre plano, el poco pecho y la estatura considerable, hacían de ella una diosa irlandesa. La sangre celta seguía corriendo por sus venas.

Todo ello condujo a Jaime a recoger las bragas del suelo y llevárselas a la nariz. A continuación, Inspiró profundamente, olfateando el aroma del coño de Helena. Debido a que la fragancia había impregnado la tela, el perfume le transporto al pasado, recordando los momentos en los que había lamido y acariciado el coño de su mujer durante los últimos años. Muchas veces con relleno de leche que se traía de sus salidas con amantes diversos.

- Inclínate y ábrete las nalgas que vamos a examinar hasta el último escondite posible- el ordenó de manera seca y sin ninguna muestra de afecto.

- Está bien, Jaime – le dijo Carmen- retírate que ahora Ángel le va a terminar de revisar sus agujeros. Ya hablaras con ella una vez concluida la sesión de control. Fidel, tú vete a la entrada y sigue observando el exterior no vayamos a tener otra visita inesperada.

Ángel se acercó a la mujer que permanecía inclinada y con las nalgas abiertas. La visión era realmente subyugante. El coño y el ano de color rosado, con pleno acceso para la revisión. Lo que hizo Ángel fue sacarse la polla y se la endilgo por el coño, sin ninguna maniobra de lubricación, bruscamente, asegurándose que no escondía nada. La mujer grito de dolor, le cayeron lágrimas del sufrimiento físico por la penetración y de la humillación de verse desnuda y abusada delante de todos, incluida su hija y su marido. El siguiente movimiento, Ángel lo hizo con más suavidad, pero le metió el miembro por el culo sin ninguna advertencia. No encontró ningún objecto sospechoso. Finalmente siguió follándole el culo hasta que se corrió en su interior, le dio la vuelta y las últimas gotas de lefa se las depositó en la boca, obligándola a limpiarle el miembro de todos los restos adheridos después de trabajarse un agujero preparado para que salgan cosas, no para que entren. Otra vez, la colocó en la cruz de San Andrés amarrándola de nuevo.

Una vez revisada, Ángel se retiró a un lado y Carmen tomó la iniciativa, dirigiéndose a un arcón, situado en un extremo de la sala, extrajo un flogger de cuero y sin ninguna palabra le propinó una serie de 10 latigazos en la parte delantera de su cuerpo, muslos, pechos, brazos…. Helena se quejaba, pero poco, estaba acostumbrada a los castigos BDSM. Carmen Le dio la vuelta, colocándola de espaldas y siguió aplicando otros 10 latigazos entre el culo y la espalda.

- Bueno amor, ahora que ya nos vamos entendiendo nos vas a contar a quien le has dicho donde nos podían encontrar.

- Noooooo a nadie, créeme, le prometí a Silvia que no contaría nada y lo he cumplido.

- No sé si creerme una mierda de lo que dices. Tienes la fama,bien merecida, de traidora y abusadora. Voy a darte un margen de confianza. Si en 12 horas no nos han asaltado te creeré. Ahora podrás hablar con Jaime. Pero yo dicto cómo será el cara a cara. Este episodio es para que te sitúes en esta casa y sepas lo que pienso de ti. A la vez que pagas un pequeño precio por los insultos y el menosprecio que he recibido de ti en los últimos años.

Acercándose a Jaime le dio el flogger y besándole en la mejilla le susurró al oído,

- dale fuerte, no te cortes, no puede hacerte nada.

Y se fueron todos. Se quedaron ellos dos. Helena atada y desnuda, Jaime vestido y con el látigo flogger en la mano. Las cosas estaban al revés, Jaime se sentía fuerte, seguro, sin miedo.

Helena lo miró directamente a los ojos y con voz autoritaria le mandó.

- Jaime, amor, desátame y hablamos de nuestro futuro, yo te quiero y como muestra de ello he venido a traerte la llave para que liberes tu pajarito.

- Mira Helena, dos cositas, la primera; mírame directamente y veras porqué me rio.

Jaime se separó unos pasos atrás y desabrochándose el cinturón se bajó los pantalones y los calzoncillos mostrándole el rabo libre de jaulas.

- Cómo puedes ver, la llave te la puedas meter por donde más te guste. - y acercándose a su aún esposa. Le hablo susurrando, ahora te voy azotar para que sepas quien manda….. de doy una pista, no eres tú.

En los siguientes minutos Jaime se desfogó dando una tunda a la indefensa de su esposa. Con el culo rojo y la moral por los suelos, Helena finalmente suplicó piedad. Las nalgas estaban cruzadas por moretones y verdugones. Toda la rabia acumulada a lo largo de los últimos tiempos había explotado en ese preciso instante. Viéndose dueño de la situación, Jaime dio rienda suelta a su rabia y el culo de Helena sufrió las consecuencias.

Una vez satisfecha su venganza y resarcido su ego maltrecho, Jaime se dirigió a su esposa, la desató de la cruz y conduciéndola a la primera habitación de la planta baja, la tumbo boca abajo en la cama y procedió a aplicarle una crema cicatrizante y toda una serie de apósitos y pomadas para aliviar y curar el estropicio causado por el castigo recibido.

Mientras la iba curando aprovecho para ponerla al día de los acontecimientos recientes y como veía él la situación de la relación matrimonial. Como había llegado al punto de no retorno, así como la sensación de vacío que envolvía su ánimo. De la manera que su frágil equilibrio naufragó al enterarse de la depravación que emergió al confesarle el motivo por el que Mónica la chantajeaba.

En su recuerdo permanecía la mujer con la que se casó, la madre de su hija, la dulce hija de su jefe que llenó los primeros años de matrimonio que se fue transformando en una desconocida. Recordaba cuando le confesó a Helena que por amor aguantaría ser un cornudo consentidor. Que por amor había pasado por la humillación de verla follar con otros. Igualmente, por amor aguantó los caprichos del amante de turno, comer pollas, lamer semen e incluso alguno le había penetrado analmente causándole dolor, no solo físico sino también mental. Nunca se había sentido tan humillado, solo e inútil como en esas ocasiones.

Helena siempre le decía que era por su bien, que él era su hombre, que los otros eran pasajeros y nunca tendrían su corazón, bla bla bla bla. La realidad era que su polla estaba encerrada en una jaula, que Helena salía de fiesta, a cenar y divertirse mientras él permanecía en casa, solo y atormentado. Esperando la llegada de ella, a las tantas de la noche, borracha, sin bragas y llena de lefa de otros. Con el culo y el coño dilatados y enrojecidos, se reía de él nada más llegar. Tirando de la jaula y diciéndole que con esa mierdecita de polla no podría darle ni cosquillas. Algunas veces le hacia lamer el desastre hasta correrse en su boca, otras veces lo ignoraba y se dirigía directamente a su habitación dejándolo fuera, hablando por el móvil con su amante. Las peores eran cuando se traía al amante a follar en el lecho matrimonial, y algunas veces lo obligaban a presenciarlo atado a una silla, riéndose de él, humillándolo hasta extremos difíciles de imaginar. Todo esto pasaba por su mente cuando le curaba su culo magullado y se juraba no volvería a pasar por lo mismo.

Mientras Jaime seguía cavilando y curando, Helena le pedía perdón y le juraba y perjuraba que si la perdonaba jamás volvería a faltarle al respeto. Que volvería a ser la Helena del principio de la relación. La dulce pelirroja de la cual estaba locamente enamorado. Que volvieran juntos a casa y que se dieran un tiempo de rodaje. Que no podía seguir viviendo sin él.

Palabras que, poco a poco, se adherían a su voluntad. Que penetraban en su cerebro y torcían la dirección de sus convicciones. Jaime empezaba a dudar, con Carmen no tenia futuro y solo no sabia como afrontar el mañana.

- Mira Helena, me pides que en un esfuerzo supremo de amnesia,que me olvide quien eres, en lo que te has trasformado a lo largo de los últimos años. Me pides que te crea cuando me juras volverás a ser la mujer del pasado. No sé, ¿puedo confiar en ti y no esperar una encerrona? Y no solo de la polla, de la vida en general.

- Jaime, mi amor. Te lo juro por lo más sagrado. Dame una oportunidad. Unos meses de prueba y si ves que no funciona no pierdes nada.

- Quédate tumbada, me voy a reflexionar y te contesto en unas horas. Recuerda que estas a prueba y si has mentido date por acabada.

- Gracias, cariño, piénsalo y puedes estar seguro de que si vuelves a mí, no te arrepentirás.

Jaime la dejo sola y fue a hablar con Carmen. Necesitaba su consejo. No quería tomar una decisión de este calibre el solo. Se fiaba del criterio de Carmen y si ella le daba el visto bueno, quizá daría marcha atrás en lo del divorcio. Pero dudaba, como dice el refrán un traidor siempre será un traidor, tarde o temprano te volverá a traicionar.

Capítulo 30 el negocio.

Entre tanto en la factoría quesera se seguía produciendo a buen ritmo, La leche llegaba de las granjas regularmente siendo imprescindible para seguir el proceso de manipulación y maduración del producto. Sin embargo, los quesos producidos artesanalmente eran los más apreciados, y estos se continuaban elaborando en las propias granjas. Llegaban a la factoría cuando ya estaban listos para comercializar y desde allí se suministraban a los clientes.

Una de las más lucrativas actividades de la comarca era esta, los quesos. Los últimos 30 años se había mejorado en la técnica y en la maquinaria, para ahorrar tiempo y dinero. Pero la mano de obra seguía siendo primordial. Los hermanos García Carrasco seguían controlando con mano férrea todo el entramado, de granjas, producción y distribución.

Algunas de las granjas eran propiedad de ellos, pero la mayor parte de las 50, eran propiedad de los mismos ganaderos, que tenían un acuerdo de exclusividad y tanto por la producción de la leche como de los productos acabados. Siempre se escapaba algún que otro queso, pero en general, la dependencia de los productores con los hermanos García era total. Por muy propietarios que fuesen no tenían medios para liberarse del yugo de la factoría.

Últimamente había llegado a oídos de los tíos Berni y Eli, que se reunían algunos de los propietarios para formar una especie de cooperativa, o un sindicato. No lo tenían muy claro, pero no estaban en absoluto dispuestos a que les dinamitasen la gallina de los huevos de oro.

Cómo es bien sabido, la información es primordial para ganar las partidas. Tenían una serie de espías que removían los círculos ganaderos, buscando algún comentario o estimulando algún vecino a que hablase más de la cuenta. Este movimiento les preocupaba mucho más que la dirección del consejo de administración. Las acciones estaban repartidas de manera que todo seguía igual. Mónica jugaba sucio y manipulaba a la parte publica y administrativa del pueblo y de la comarca, pero seguía siendo la accionista minoritaria y no tenía ni voz ni voto.

Si se juntasen las dos hermanas sumaban entre las dos 52 por ciento de las acciones, ellos tenían el 48 por lo que dependían de una de ellas para tener la mayoría. Les interesaba que la enemistad entre Mónica y Carmen no cesase. Berni estuvo presente en la fiesta en casa de Mónica y constató de primera mano cuál era su estrategia. Sexo y chantaje. Viejo como el mismo mundo.

Carmen por su parte estaba mucho más moderada en su quehacer. Pero, no era muy de fiar, estaba bajo presión y hasta el momento se limitaba a poner la mano, recoger las ganancias y decir que sí a todo. Si embargo el acoso de Mónica despertó a la Carmen guerrera, la de; por mi hija mato. La situación podía desbordarse por cualquier borde. Era imprescindible una reunión con todas las partes, juntos o por separado.

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Era una fría mañana de un miércoles cualquiera, nada cambiaba, pero todo se intuía. La súbita aparición de Helena había acelerado el proceso, aunque aparentemente Helena no había destapado su escondite, sí que movió el avispero y Carmen se hartó de esperar.

Aquella mañana, Carmen junto con Sonia, se aproximaron a la fábrica de sus tíos. La conversación con Jaime y las dudas que le generó la promesa de Helena había acelerado toda la secuencia y se dirigían a empujar la operación quesos. Las dos sabían que probablemente su movimiento sería descubierto casi de inmediato. Contaban con ello y aun así se arriesgaban a las consecuencias. Como era de pronosticar nada más acercarse a la oficina los murmullos entre los empleados evidenciaban que las habían reconocido.

Para llegar a la oficina debían cruzar la zona de almacenamiento de los quesos, el olor a queso era intenso y la mirada de los empleados siguiendo sus pasos, no cesó en todo el recorrido. Las escaleras que conducían a la zona noble del establecimiento eran amplias y bien iluminadas, el trayecto hasta las oficinas se terminaba en un pequeño rellano seguido de una puerta corredera de cristal. Una vez cruzada se abría un espacio diáfano finalizado en una mesa de control en la que una chica de porte elegante controlaba el acceso y distribuía las llamadas telefónicas. Detrás se abría el pasillo que comunicaba la recepción con la zona administrativa y el área de dirección de la compañía.

- Hola Berta, venimos a visitar a mis tíos. No les avises queremos sorprenderles. - dicho lo cual rodearon la mesa de Berta y se dirigieron al despacho de dirección sin esperar autorización.

Los hermanos García Carrasco estaban tomando café en el despacho de Tío Berni. No se percataron de la presencia de su sobrina y de su sobrina/nieta hasta que, entrando sin llamar, los sorprendieron por lo repentina e inesperada visita. Poco se esperaban que Carmen y Sonia se dejasen ver en la fábrica, hasta ese preciso momento eran como fantasmas entre la niebla, nadie sabía dónde se ocultaban. Ni ellos mismos.

Sin embargo, ellos pensaban que era una exageración tanta cautela. Los tíos no veían en Mónica una amenaza tan descomunal como se deducía de los temores y precauciones que mostraba Carmen. Se lo tomaban un poco a cachondeo. Mónica era indudablemente una obsesa del poder y del dinero, pero de ahí a perjudicar voluntariamente la salud de su familia ellos no se lo creían.

- Buenos días, tíos, que tal estáis-pregunto Carmen- mirando nerviosa a su alrededor.

- Madre mía, que sorpresa. Poco esperábamos que aparecierais por aquí- exclamaron al unísono- ¿a qué debemos el honor de vuestra presencia?

- Queremos terminar con este embrollo de una vez por todas y vosotros tenéis la paella por el mango. En vuestra mano esta terminar esta guerra y a eso hemos venido. Estáis muy cómodos viendo como Mónica va medrando en todo el pueblo y yo escondida para no salir perjudicada, pero esto se va a acabar

- Perfecto, ¿quieres vendernos tus acciones o quieres comprar las nuestras? – les pregunto Berni sin apartar los ojos del escote que mostraba Sonia una vez despojada de su abrigo.

- De momento lo que quiero es salir de aquí de forma discreta. Vosotros lo veis como una broma, rabietas de niña consentida, fuegos de artificio sin pólvora, pero se ve que no conocéis a mi hermana, es capaz de todo para conseguir sus objetivos.

- Nosotros no vamos a ir a ningún sitio, dinos tu precio y veremos si es asequible, en caso contrario rompemos el acuerdo contigo y veremos como salimos de este embrollo.

- Muy bonito, así pagáis que durante años os ayudé a construir vuestro negocio, follando con vosotros dos y con todos los ganaderos de la comarca. ¿qué pretendéis, mantener el estatus social, la influencia casi feudal con derecho de pernada y que mi hija y yo estemos en peligro de muerte por vuestras ambiciones? pues no, esto no va a pasar. Le doy mi correo electrónico a Berta y en 24 horas quiero una oferta o una solución a este enredo, y os aconsejo que no me minusvaloréis. Por despecho puedo juntarme con Mónica y os mandamos a los dos a freír espárragos.

- Mira Carmen, con solo vendernos un diez por ciento de tus acciones queda todo solucionado, tú sigues poseyendo una parte de la compañía, cobras unos buenos euros por el diez por ciento y te libras de Mónica.

- Ya lo sabéis, oferta por escrito y veremos por donde salimos.

Dicho lo cual se dieron la vuelta y tan rápido como llegaron se fueron, solo parándose un momento en la zona de recepción para librar una nota con el correo electrónico a la chica, tal como habían informado a los engreídos de sus tíos.

Al salir a la calle se perdieron entre la bruma de la mañana, tratando de pasar desapercibidas. Al final de la calle se montaron en sus bicicletas y se perdieron a toda velocidad. Saliendo del pueblo, asegurándose de que no les siguiera nadie, tomaron un desvío hacia un camino de tierra por donde transcurría una senda hasta una granja llamada el Molino. Donde ya sabían de su llegada y los ganaderos les esperaban para que se refugiasen y trazaran los próximos movimientos.

Antes de llegar a la granja, Sonia le pregunto a su madre detalles sobre su pasado y como saldrían adelante.

- Cuéntame mami, ¿es verdad que follaste con tus tíos y la mayoría de los ganaderos de la zona?

- Sí hija, igual que tu tía Mónica, los machos de este pueblo no están satisfechos hasta que te ponen mirando a Cuenca, pero esto también juega en beneficio propio si sabes aprovechar la oportunidad. Cuando piensan con la cabeza de abajo les puedes conducir por donde tú quieras. Los mas peligrosos son tío Berni y tío Eli, será porqué ellos tienen todo lo que quieren y saben muy bien como respira toda la comarca.

- ¿tienes planeado volver a follarte toda la comarca para buscar alianzas? - pregunto con una vocecita inocente Sonia.

- No me hagas reír, ahora serás una tierna doncella que se escandaliza por todo!!! mira hija esto es la guerra y en la guerra todas las armas son válidas. ¿te piensas que yo sola me voy a trajinar a todos los cabreros de la zona? Pues no, la mitad para mí y la otra mitad para ti. Por lo que te aconsejo que te vayas quitando las bragas que los cabreros de el Molino ya nos esperan.

Se bajaron de las bicicletas a unos 200 metros de la granja, las escondieron entre la maleza y siguieron a pie observando el entorno, no parecía que hubiera ninguna amenaza. En cuanto estuvieron seguras de no encontrarse ninguna sorpresa se dirigieron a la puerta principal y entraron todo lo rápido que pudieron.

- Buenos días, saludaron las dos a la vez, ya estamos aquí.

- Hola queridas, bienvenidas a esta humilde granja, les saludo una mujer de unos 45 años, robusta, de buena estatura el pelo corto y con unas tetas descomunales, entrada en carnes, pero no gorda, fuerte, musculosa. Vestía una bata de trabajo, de las clásicas que toda maruja utiliza en su día a día. Con unas mallas debajo y un pañuelo en el pelo, todo de color verde oscuro. Podría pasar por el guardia civil de la zona, si no fuese que su uniforme era una bata. Al fondo de la sala dos hombres saludaron con una inclinación de cabeza.

- Ya conocéis a mis hermanos German y Oscar, saludad, chicos – les ordenó María, que así se llamaba la mujer- dejando claro quien llevaba la voz cantante en la granja.

- Encantada, dijo Carmen, os presento a mi hija Sonia y como ya os habrán informado necesitamos refugio para un par o tres de días, si no es mucha molestia.

- Ninguna molestia, Oscar, acompaña a las damas a sus aposentos- dijo con sorna María- se avecinaba una estancia más o menos movida.

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Una vez en sus habitaciones, tanto Carmen como Sonia se dedicaron el resto del día a trabajar desde sus respectivos ordenadores. La casona quedaba atrás, debían abordar el futuro con garantías de éxito y ello pasaba por estructurar un plan de acción nuevo. La comarca era su futuro. Tenían las dos claro que en los próximos días todo se removería, algunos serian barridos y otros emergerían, de ellas dos dependía el éxito de la revolución.