Xtories
Dominaciónfeb 2025

Me usa cómo, cuándo y dónde quiere. Ruth. (7)

Ruth siempre supo que su felicidad dependía de ser usada. Pero esta noche, la puerta entreabierta no solo deja entrar a su dueño, sino a la mirada indiscreta de quien nunca debería saberlo.

Track9.9K vistas
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

(Muy recomendable leer las otras partes antes)

Mi vida no cambió mucho tras ese fin de semana. No me acostumbraba, para bien, a lo de ser usada cuando y cómo él quería. Me pasaba el día pensando en cuando llegase a casa, en hacerle disfrutar. Puede que fuese rutina, pero de la buena, de la que deseas mantener.

Mi dueño añadió algunos detalles a mi decoración de los cuales me sentía orgullosa: uno era el prometido tatuaje del código de barras en mi nuca, que apenas era visible con el pelo suelto. Eso sí, se aseguró de que, desde que me lo hizo, tuviese que llevar el pelo recogido en casa y, muy especialmente, cuando me estaba usando. Más de una vez lo halagó mientras me usaba a 4 patas, lo cual me hacía sorprendentemente feliz.

El otro cambio no fue anillarme el clítoris, no. Según dijo, eso tenía como efecto secundario tener más ganas de sexo y eso no era bueno para mi, mi objetivo no era follar, era ser usada, nada más. Al final, lo que me anilló fueron los labios vaginales, con 3 anillas en cada uno, de titanio, gruesas, pesadas. Según él, eso me servía de decoración, pero también lo usaba para cerrarme el coño a ratos: usando otras anillas, los cerraba juntos y dejaba claro que mi coño no era ya mi coño, que era suyo. Las semanas que estuvo sin usar mi coño mientras curaban los piercings se me hicieron eternas.

Mi vida era una monótona felicidad. Si me llegan a decir hace unos meses que iba a ser feliz sintiéndome el objeto de un tío, que iba a pasarme el viaje a casa desde el trabajo deseando llegar para desnudarme y ponerme a su disposición y que me iba a sentir satisfecha, realizada, solo sabiendo que él estaba feliz, no me lo habría creído.

Pero era así, mi momento de felicidad era cuando oía un “Bien hecho, cosa” por la razón que fuese.

Nunca había sido de las que van aireando su vida privada, pero me hubiese encantado contar a los 4 vientos esta vida de la que disfrutaba, esta felicidad que sentía. Pero no me atrevía, no sabía cómo se lo tomarían mis amigas. Y eso que ellas insistían en conocer al tipo que me había cambiado, al que hacía que saliese menos con ellas los fines de semana y que hacía que me sonrojase y me callase si la conversación iba por temas más privados.

Pero las cosas cambian y evolucionan. A veces a peor, a veces a mejor y a veces, como me pasó en mi cumple, a muy diferentes.

No era una fecha redonda (aunque se acercaba), así que no planeé nada en especial. Mi idea era solo invitar a algunas amigas a mi casa. Fiesta sencilla, nada en especial. Al final vinieron 6, así que la cosa iba a ser tranquila y estaba segura de que, como otras veces, acabaríamos pronto.

Avisé a mi dueño de mis intenciones y me dio permiso para hacer la fiesta. Él también iba a salir y me dijo que iría a mi casa a usarme no antes de las 2 de la mañana. Sin problemas, tendría tiempo de sobra para recoger.

Vinitos, picoteo, risas… lo normal en una fiesta de cumpleaños sencilla. Pero noté que Paula, la más joven (no llegaba a los 30, la cabrona), estaba rara. Callada, retraída, pálida… Algo le había sentado mal y fué encontrándose cada vez peor, la pobre. Entre todas, la llevamos a mi cama para que descansase.

A eso de la 1, se fueron las demás. Paula seguía en la cama, hecha polvo. No podía moverse y nadie podía llevársela a su casa, pues vivía lejos y era la única que había venido en coche. Lo más razonable era que se quedase en mi casa hasta que estuviese mejor. Lo más razonable, si, pero ellas no sabían que iba a tener compañía. Se lo podía haber dicho, pero tampoco iba a cambiar mucho.

Cuando se fueron, por mi cabeza pasaba la opción de pedirle a mi dueño, por primera vez, que no viniese. Seguro que lo entendía. Si, estaba fuera de nuestro acuerdo, pero seguro que lo entendía. Cogí el móvil para escribirle y en ese momento me entró un mensaje.

“Llego a las 2:10. Espérame esposada, con la mordaza de aro y con el antifaz. No voy solo. Me quedo sin batería”

Mierda, mierda, mierda. ¿Y ahora qué hacía?

No iba a decepcionar a mi dueño no estando lista, no. Y si venía acompañado y quería presumir de propiedad, menos. Eso estaba fuera de toda duda.

En esos momentos, mis ideas eran pocas y malas, así que elegí una. Puse un papel por dentro de la puerta de mi dormitorio en el que decía “Paula, si te despiertas y oyes ruidos, no salgas, sigue descansando, mañana te lo explico”. Paula hasta roncaba cuando lo pegué.

Escribí en otro papel: “Hay alguien en mi dormitorio. No saldrá. Siempre disponible” y lo dejé en el suelo. Debería de estar justo delante de mí, para que lo viesen nada más entrar.

A la hora en que debía de estar lista, me preparé. Por primera vez en mucho tiempo, estaba nerviosa, pero aún deseosa de ser usada, de hacer disfrutar a mi dueño.

Como siempre, de espaldas a la puerta, preparada como me había pedido, oí la llave y voces bajas. Noté dos pares de zapatos. Oí a mi dueño decir “¿Ves? Esta es la cosa de la que te he hablado. Los mejores tres agujeros follables de la ciudad y siempre a mi disposición. Cómo, cuándo y dónde me da la gana. ¿Qué es este papel?”

Cogió el papel del suelo y lo leyó.

“¿Gente en tu habitación? Eso es nuevo, cosa. Bueno, me la suda, si te ven siendo usada, seguro que disfrutan.”

Mi coño ya había tomado el control, así que me olvidé de Paula. 2 minutos después ya tenía una polla en mi culo y otra en mi boca que, en mi postura, era manejada fuertemente por la coleta.

Mi dueño, habitualmente callado, hoy estaba hablador. Presumía de mi e indicaba a su amigo (que se llamaba Diego), la mejor forma de usarme. Su amigo le respondía en el mismo tono, halagando mi culo, lo follable que era, lo bien que me sentaban los tatuajes, los anillos del coño y que suerte que tenía de haber encontrado una puta así, una cosa para usar de esa manera.

La follada no duró demasiado. Se quedaron a gusto (para eso estaba yo, para que disfrutasen) y yo me quedé a mil, cubierta de sudor, corrida y algo dolorida por la postura. Pero feliz, como siempre.

Cuando creía que se iban a ir y me estaba preguntando cuando me iban a abrir las esposas, oí una frase que me dejó helada: “Cosa, tu no lo sabes, pero hemos tenido voyeur. Tienes a tu amiga a mil en la puerta de tu habitación, no ha parado de masturbarse en todo este tiempo, así que ahora te vas a poner boca arriba, te voy a quitar la mordaza de aro y ella va a venir a que le comas el coño porque a mi me apetece.”

Me quedé horrorizada. Paula lo había visto todo. Sabía mi gran secreto. Y no solo lo había visto, si no que había oído las conversaciones, no podía ocultarle nada. Me quedé paralizada.

“Vamos cosa, boca arriba” Obedecí y me puse boca arriba

“Saca la lengua. Así, bien hecho, no la guardes” Mi lengua sobresalía dentro de la mordaza de aro que llevaba aun.

“A ver, la de la puerta, ven aquí, no seas tímida. No creo que haya mucho que explicarte, pero ya que sabes el secreto de la cosa, va a darte un regalo: ponte encima de ella y te va a lamer el coño hasta que te corras en su cara. Cuando acabes, la desato, nos vamos y os dejo hablar.”

Paula no dijo nada, pero sentí como se ponía encima de mi, como acercaba su coño a mi cara y noté su humedad en mi lengua. Estaba a mil.

Hice lo que pude: entre la mordaza, la falta de práctica y el shock, se que no fue la mejor comida de coño de mi vida, pero oí a Paula corriéndose en mi cara y desmadejarse, justo después, encima de mi.

“Espectacular, buen trabajo, cosa. La que está encima, muévete cuando quieras. Te dejo las llaves de las esposas. Mi sugerencia es que no se las quites hasta que te cuente su historia. Cosa, mañana cuando venga quiero recuperar las llaves”

Y se fueron, dejándome atada, asustada, en shock, sin haberme corrido y aun con Paula encima de mi.

[Propuestas, ideas, sugerencias, críticas... en los comentarios o al correo de mi perfil. ¡Estaré encantado de leeros!]

También acepto invitaciones a café;-)

Continúa en