Xtories
Dominaciónene 2023

Keya. Educando a la yegua. Cap.3

Jorge no solo busca su cuerpo, busca su voluntad. Cada cachetazo y cada orden están diseñados para borrar a la mujer respetable y despertar a la 'yegua' que lleva dentro. ¿Hasta dónde estará dispuesta a llegar para ser perfecta?

JorgeDom13K vistas9.0· 16 votos

Keya 3

Aprendiendo modales. La importancia de una buena educación.

Y ahí están, Raquel y Keya, en el mismo cuerpo, arrodilladas en el piso de esa habitación donde ya estuvieron dos veces, la primera, Raquel retirándose furiosa, dejando todo sucio, la segunda,Keya arrodillada y limpiando todo, pero extrañamente satisfecha y feliz. Es verdad lo que le había advertido Jorge, nunca había comido chocolate así, y tampoco la habían besado así vendada, tampoco nunca la habían vendado, y tampoco nunca le habían metido los dedos en la boca, ni nunca la habían acariciado como un animal, ni nunca…

Raquel estaba como una virgen que descubría el sexo, aunque todo esto era mucho más que sexo. Aun su concha no había sido visitada, pero esa malsana sensación de ser manejada al antojo de su jefe la había vuelto loca, y en eso coincidía con Keya, con la diferencia de que a Raquel la asustaban un poco todas esas experiencias tan nuevas, tan placenteras pero también tan dolorosas. El punto cumbre llego cuando su jefe la acostó con la cabeza colgando y sosteniéndola de sus tetas le traspaso la garganta violentamente, como un animal sacrificial. Le era difícil hacer un inventario de sus emociones en ese momento, pero recordaba claramente las contracciones de su vientre y sus piernas, la sensación de ahogo, el casi desvanecimiento y todo su cuerpo flojo, como flotando, luego la bocanada de aire nuevo y el olor a pis, y mientras seguía meándose encima, la vergüenza que intentaba ocupar el poco espacio de sentimientos que se apretaban en su cabeza, donde la batalla principal se daba entre ese placer insano de ser manejada, y ese miedo primigenio de morir.

Y en todo momento, pero en ese en especial, cobraba presencia la voz de su dueño, dándole fuerzas, hablándole al centro mismo de su animalidad. No le estaban hablando a Raquel, la casada aburrida, estaba alentando a Keya a transitar esa dura, pero necesaria doma, para que pudiera surgir en todo su esplendor y tomara el lugar que la conciencia de Raquel siempre le negó. Fue esa voz la que le permitió seguir adelante luego del desastre del traspaso, esa voz la tranquilizaba, la felicitaba, le decía lo buena yegua que era, le daba tanta seguridad que eligió dejarse llevar, poner su cuerpo al borde del colapso en manos de él, con la plena seguridad que nada malo iba a pasarle. Ese fue el punto crítico de la batalla sorda entre el miedo y el placer, imponiéndose este último y quedando claro en el inconsciente de la fémina, que la única voluntad que importaba era la de su dueño. Luego siguió el bombeo continuo sobre su garganta desfondada, como recordaba decirlo a su jefe, y luego el detalle de su dueño, de permitirle saborear las cinco lechadas que se había ganado, por todo su esfuerzo.

También noto que esta vez no hubo ningún cachetazo. Aunque enfermizamente lamento ese detalle…

La limpieza del lugar no demoro más de 30 minutos y fue hecha casi en piloto automático, mientas la mucama pensaba todas esas locuras. Cuando termino, ya son ninguna duda y con su sonrisa más resplandeciente, se lo hizo saber a su jefe. Este decidió ir él mismo a revisar todo, seguido por detrás por su mucama, y después de mirar todo con detalle, se dio vuelta mirándola fijamente emitió su veredicto.

SOS PERFECTA.

Iba a poder acostumbrarse Raquel a esa mirada tan intensa? No lo sabía, pero cuando escucho lo que su jefe pensaba de ella casi se le vuelven a aflorar los esfínteres y su concha sufrió una notable contracción, mientras sus ojos se llenaban de orgullo.

Su jefe noto su estado y con la mano en su mejilla la llevo hasta la pared, no encontrando ninguna resistencia por parte de ella. Estas cómoda con el vestido?, le pregunto manteniendo la misma mirada intensa.

Si…

SI SEÑOR la corrigió su jefe.

Si señor repitió ella evitando la mirada pero sin poder mover su cabecita.

Así está mucho mejor, la felicitó… va a haber momentos de tuteo, pero también vas a empezar a aprender como dirigirte a tu dueño. Esta bien Keya?

Si señor Jorge respondió obediente la potranca.

Seguis sin bombacha Keya?

Si señor, la mía se está secando…

Y como está esa concha? Mojada o seca?

Mojada señor…dijo ella al borde de la vergüenza. Su dueño entendió que ese era el momento justo. Saco su mano de la mejilla de su animalito y moviéndolo despaciosamente anuncio VAMOS A VER COMO ESTA ESA CONCHA.

Raquel apareció entonces y detuvo, con toda la vergüenza a su favor, la mano insolente de su jefe, acto del cual se arrepintió al momento. El cachetazo llego duro y sin aviso y dio vuelta la cara de la mujer.

No me pegues por favor! Pidió la castigada hembra.

Me volviste a tutear Keya?

No me pegue señor por favor, pidió ahora dulcemente la yeguita.

No sé si te diste cuenta, pero nunca más me vas a detener la mano. Por qué se te ocurrió que podías hacer eso.

No se señor…

Eso no me alcanza Keya, quiero una respuesta mejor, aviso amenazadoramente su macho.

No se señor…porque soy una tonta señor…porque no estoy acostumbrada a esto y actué por reflejo, perdóneme señor. No va a volver a suceder señor.

Ahora Keya se había destapado, y la catarata de explicaciones y disculpas coincidía con los jugos que estaba soltando tu concha, haciéndole saber a su cuerpo que era mejor que Keya hable, actúe y sienta por ambas. Jorge conocía la importancia del lenguaje, que lo tratara de señor reafirmaba su superioridad, y que la castigada hembra pidiera disculpas después de ser abofeteada, confirmaba que la doma iba bien. Y una buena doma, siempre empieza instalando buenos modales.

Esta vez Jorge no dijo nada. Había dado con el momento exacto para reafirmar su posición. Cualquier mujer, incluso en proceso de doma, hubiera detenido esa mano para evitar dar cuenta del desastre que acontecía ahí abajo. El cachetazo duro y preciso era para acallar todo intento de rebeldía, pero también de vergüenza, Raquel iba a ser penetrada sistemáticamente por todos sus agujeros, pero la invasión crucial pasaba por su voluntad, y eso no era tan fácil. El macho acaricio su mejilla como dándole una oportunidad más y su mano volvió a bajar en dirección clara, manteniéndose ahora la yegua bien quietita y mansa. Pero esta concha esta encharcada… hasta los muslos tenés pegajosos anuncio asombrado…silencio…todo eso paso desde que te deje? Silencio…

Esta vez el cachetazo fue fuerte, pero no como el último. No tengas vergüenza conmigo advirtió su macho. Conmigo quiero que pierdas toda la vergüenza, quiero que te liberes, vos no tenés nada de qué avergonzarte, y mucho menos de tus ganas. Todo ese encharco pasó desde que te dejé?

Si señor…silencio…Keya sabe que su dueño, mirándola inquisidor, quiere escuchar más…silencio…Si señor, desde que me puse arrodillada a limpiar todo, no pude dejar de pensar en todo lo que me hizo… me gustó mucho que me tratara así, y cada vez que pensaba algo me mojaba más…y además me venía a la cabeza la frase que me dijo…

cual frase Keya? Pregunte con sincera curiosidad

…Lo que me dijo de mi concha, que se mojaba fácil si me tocaba usted…Mientras respondía, Keya no podía dejar de sentir los dedos que la exploraban, que tocaban esos jugos, algunos más secos y otros más recientes, como capas geológicas en el suelo de su calentura de hembra.

Y cuando recién recibiste los cachetazos también soltaste jugos? Porque acá hay mucho de reciente…

…Si señor…no sé por qué pero cuando me pego sentí como me mojaba otra vez…eso fue por cada cachetazo. Jorge sabia de ese efecto, pero quería que Keya también estuviera al tanto de eso. Seguramente ella no podía entenderlo todavía, pero con que lo asimilara alcanzaba.

Ves que es mejor cuando no te quedas con nada adentro? es interesante lo que me contás, que cuando cacheteo arriba, la concha responde así. Vamos a probar entonces, te parece? Ese fue el primer cachetazo anunciado, y parece que esperaba de la aceptación de ella, pero Keya no se atrevía a dar ese paso tan importante, mientras el silencio volvía a ganar el lugar, su dueño también detenía la estimulación de esa cueva llena de jugos. Inmediatamente la yegua noto es cambio, y tomo la voz de Raquel, para que esos dedos le siguieran dando el placer que necesitaba.

SI SEÑOR, cachetéeme, y compruébelo usted mismo, pégueme y hágame soltar jugos, pidió la desvergonzada, haciendo suyo el lenguaje de su dueño, ofreciendo un palmo más de su voluntad.

Jorge se aseguro que la mujer viera el trayecto de la mano, e inmediatamente luego del sonido seco, los dedos de la otra mano sintieron como la concha se contraía y un calorcito acuoso se deslizaba en dirección hacia abajo.

Lo sintió señor? Pregunto la yeguita?

Todavía no me diste las gracias Keya…que se dice? Pregunto su dueño ignorando la pregunta y como se le pregunta a un chico que recibe un regalo.

Gracias señor… Queres otro Keya?

Si señor…por favor. Fue la respuesta de la que hacia un rato había pedido que por favor no le pegaran más…

El cachetazo que siguió, también impacto con el oído de la mujer, quien sintió dar vuelta todo, pero no por eso su concha dejo de dar la contundente y jugosa respuesta.

Ahhhh muchas gracias señor…

Keya además fue premiada por un ataque directo a su clítoris, su jefe la masturbaba amorosamente mientras resaltaba su derrota y exigía mas respuestas.

Yo sé que te cuesta pedirme que te pegue, pero es mejor que vayas acostumbrando a pedir las cosas que te gustan, tenés que tragarte tu vergüenza… silencio… parece que vas a acabar de nuevo. No Keya?

No se señor…acabe hace un rato…usted me hizo acabar así, ayyy pero parece que me vienen ganas de nuevo…

Te pajeas seguido Keya?

Ahhhhh eso depende señor…

Eso no es una respuesta…

A veces me pajeo todos los días ahhhhhhhh señor, pero otras veces pueden pasar meses. Desde que empecé a trabajar con usted me dan ganas casi todos los días ahhhhhhh…

Y ayer te pajeaste? Pregunto su jefe en clara alusión a la mamada obligada que padeció.

Si señor, ahhhhhh ayer también, y la noche de antes de ayer también…

Pensabas en mí, yegua? Si señor, me pajie por usted ayyyyyyyy…Su jefe no necesitaba escuchar más, así que metido cada vez más adentro de la cabeza de la entregada mujer le anunció que le iba a regalar otro orgasmo y se puso a frotar el clítoris de ese animal que no paraba de suspirar y de mirarlo ardorosamente.

Esta vez sus piernas no pudieron sostener el orgasmo y tampoco su garganta, los sonoros suspiros dieron paso a los quejidos, y la mascota termino arrodillada en el piso, orgasmando y convulsionando por un rato largo, su dueño acompaño todo el trayecto para que sintiera, todavía acabando, la protección de su macho.

Muchas gracias señor por hacerme acabar, pudo decir la ahora manejada mujer, una vez repuesta de este nuevo ataque. Jorge la besó, la ayudo a incorporarse y la lavo él mismo, mientras Raquel y Keya se perdían cada vez más en ese laberinto de sentimientos que él las hacia recorrer. Luego la llevó hasta el mostrador y ambos se quedaron esperando los clientes de la jornada.

Mientras hacían las cosas, Jorge no dudaba de asentar tu pija entre los cachetes del culo de su ofrecida mucama, acción que el vestido suelto otorgaba un contacto mucho más profundo, del que disfrutaban ambos.

Keya estaba feliz de tenerlo así entre sus nalgas, le encantaba sentir esa barra de carne que hacía solo unas horas le había traspasado la garganta. Mientras sus jugos no dejaban de hacer un enchastre ahí abajo.

Tenés olor a hembra en celo, apunto certeramente su encelador.

Me volvés loca. Quiero que me hagas el amor, replico prontamente Raquel.

No Keya, corrigió su macho, cuando te coja, voy a partirte la concha y seguramente vas a llorar como una nena. Eso no va a tener nada de romántico, ya viste como la tengo y seguro no te va a ser más fácil que la garganta. En realidad te va a doler bastante más.

La mujer conmocionada por esa amenaza, respondió lo que Jorge quería escuchar.

Ya sé que me va a doler, pero no puedo evitar querer tenerte adentro. Además sé que vos me vas a cuidar, como lo hiciste hasta ahora. Quiero que me partas, y quiero también darte mi dolor, porque sé que eso también te gusta. Estoy toda para vos, pero por favor lléname. Nunca me ofrecí a nadie así, no sé qué me pasa con vos. Esto no es normal…

A Keya también le provocaba un placer malsano sincerarse y ofrecerse así con su macho, además pocas veces se había sentido tan caliente, en sus relaciones anteriores, los hombres no se hacían esperar cuando ella estaba dispuesta, por lo que esta veda forzada, nunca la había sufrido, pero hasta en eso Jorge era diferente, teniéndola suplicante por esa pija que le provocaba tantos deseos como miedo de tenerla toda adentro.

Jorge la abrazo fuerte desde atrás, encastrando la pija más adentro del vestido, y haciendo que Raquel colocara mansamente su cabeza contra el cuello del macho. Tranquila mi yegua hermosa. Todo a su tiempo, vos sabes que no hay que saltearse etapas. Recién acabo de desvirgarte la garganta, ahora tenemos que mantener eso, además vos acabaste ya dos veces y yo solo una, así que ya sabes…la instruía Jorge hablándole al oído para que su mensaje llegue directamente a su cabecita desorientada y ansiosa.

No apures el tranco mi yeguita, yo te voy a manejar como se debe, y esta doma recién empieza. Vos déjame que yo llevo las riendas si? En un ratito voy a reclamar de nuevo esa garganta, así que prepárate.

Keya se sentía tan contenida así abrazada, su culo estaba arqueado hacia arriba y flojo, en la intención que esa pija encontrara centímetros de carne donde alojarse, pero cada tanto su calentura la hacía contraer involuntariamente su cuerpo. Esa última directiva de su macho, no fue la excepción y ya se veía arrodillada comiéndose de nuevo ese tronco de carne que le provocaba tanto placer. Asi se quedaron un rato largo, alentados por la poca concurrencia de huéspedes, con Jorge acariciando suavemente a la hembra entregada, quien ya había aceptado que su concha debía esperar el momento, y ahora disfrutaba de ese remanso de cariño. Pero todo tiene un final y con pesar ella sintió el despegue de cuerpos y como Jorge le sacaba el vestido de entre sus nalgas.

Después de un rato de papeleos, Keya aprovecho para desplegar sus armas femeninas, salió detrás del escritorio, con su vestidito nuevo, caminando muy femeninamente en dirección al ascensor. Jorge quedo mirando ese caminar de piernas largas y hembra ansiosa. Siempre lo contrastaba con el caminar más pesado de la hembra recién enlechada, satisfecha y con una femineidad distinta. Todavía no había visto ese caminar en Keya, porque todavía la tenía cocinándose a fuego lento. Era necesaria esa abstinencia porque en su tercer mamada, Keya debía hacer todo sola, ya no iba a estar colgándose y dejándose penetrar, sino que ahora ella misma debía vencer las arcadas propias de su natural reflejo y la resistencia de su garganta, no iba a ser una tarea sencilla, pero contaba con la calentura de la hembra, que la iba a ayudar en todo momento en su difícil tarea.

Cuando volvió, supo que la estrategia había resultado, su macho la estaba reclamando con esa mirada que ya había aprendido a reconocer, así que parándose a su lado y beboteando le pregunto: el señor necesita algo de mí?

Bueno, como te dije antes estamos un poco desigualados en el marcador de acabadas, y vos me debes una. Tu garganta me debe una, precisó. Acá abajo te deje una alfombrita, porque no quiero que te raspes las rodillas. Esa alfombra la vas a tener que cuidar mucho, porque la vas a usar bastante. Ahora sacate las sandalias y acomódate ahí.

Keya entendió que iba a pasar muchas horas sacándole leche a su jefe debajo de ese escritorio, cosa que no le supuso ningún rechazo, sino todo lo contrario, así que su jefe le cedió paso caballerosamente para que ella pudiera ponerse cómoda.

Esta vez, la aprendiz de sumisa, tuvo que hacer todo ella, desde buscar un lugar donde poder maniobrar, hasta sacar la pija de sus desvaríos afuera del pantalón de su dueño y comenzar el proceso de adoración y extracción de leche. Su jefe se puso a hacer cuentas sobre el excel de los residentes, y tecleaba sonoramente para que la yegua entendiera que también iba a tener que esforzarse en tener su atención. Una vez liberado el monstruo de carne, su macho apoyo su pesada mano sobre la cabecita de Keya y le indico: NO QUIERO ALGO RAPIDO, TOMATE TU TIEMPO.

Keya beso cada centímetro de esa pija, olisqueo y lamio con toda la baba que se le acumulaba en su boca ansiosa de verga, probo tragando la cabeza y apretando los labios enroscaba su lengua y martillaba el agujerito por donde saldría la leche que iba a tragar, luego de eso alojó más centímetros hasta que el invasor llego a la maltratada garganta. Las arcadas no se hicieron esperar, ni tampoco las lágrimas, pero ella aguanto valientemente esos movimientos reflejos, regalándole a su macho las notorias contracciones que se extendieron a la cabeza de la pija que la profanaba. Sacala un poco y relájate, la aconsejaba su macho, dejando de aporrear el teclado, sabiendo que ese esfuerzo le cerraba de a poco la garganta.

Keya entendió la técnica, volvió a lamer y a besar ese garrote, lo pasaba por su cara, por su cuello, relajándose. La próxima vez que lo tragara tenía que actuar con decisión y dar ella misma el empuje animal que le atravesara la garganta. Las dos primeras veces no lo consiguió, su garganta se rebelaba ante ese ingreso violento y antinatural, y se mantenía contraída, provocando la desesperación y el enojo de su ansiosa propietaria, quien dejó escapar un sollozo de desaliento.

Jorge se compadeció de los esfuerzos tremendos de ese animalito torpe, y acariciándole la cabeza la freno y le levanto la cabeza. Te dije que te tomes tu tiempo. Tranquila, no te desesperes, lo estabas haciendo bien, relájate y no luches tanto, controla tu garganta pero de a poco, así como yo te estoy domando, vos también tenés que ir de a poco.

Keya mirándolo se relajó automáticamente, su macho estaba ahí para manejarla, era lo único que necesitaba saber. Esperanzada volvió a la carga de a poco, manteniendo las arcadas, empujando en diferentes ángulos, obligándose a mantenerse relajada, y cuando las babas mojaban todas sus tetas lo consiguió. Su garganta había sido nuevamente perforada y por ella misma.

Keya ahora controlaba su respiración, y con todo el esfuerzo que le supuso hacerle lugar al monstruo, no pensaba dejarlo salir, lo mantenía adentro todo lo que su respiración lo permitía, y lo sacaba lo necesario para tomar aire y volver a encajárselo entero, haciéndole saber a su garganta, que ese espacio ya tenía un ocupante. Todos esos intentos ya le habían dado la técnica, ahora envalentonada, dejaba a la pija cada vez más tiempo afuera, a la entrada, lengueteándola, y la volvía a encajar sabiamente.

Después de casi media hora, Keya podía sacársela y volver encajársela entera, cada vez más relajadamente. Su dueño la premiaba con caricias, y alientos, y cuando entendió que el pasaje estaba libre, agarro a la indefensa mujer por detrás de sus pelos y enroscando su mano en los mismos llevo el ritmo de la mamada. Keya estaba encantada con ese último gesto, y sujeta firmemente de las riendas de su cabello, se sentía una autentica yegua, dando su primer paseo. Incluso se daba el lujo de apretar un poquito la garganta para estimular más ese tronco de carne y poder ser regalada con la leche que esperaba ansiosa. Su jefe también decidió que todo ese esfuerzo merecía su premio, así que sus lechazos inundaron la boca de su yegua, no sin antes de ordenarle que no tragara antes de mostrarle la boca llena.

Su yegua, toda despeinada y con la boca llena de leche blanca y espesa, no dudo en mostrarle todo el contenido y mirándolo orgullosa, esperó a la indicación de tragar, no sin antes saborear como si se tratara del mejor de los manjares.

TRAGA, le dijo Jorge, y la adoradora sumisa se llevó en dos tragos, toda la espesa leche del macho a su estómago.

Y ahí quedaron los amantes, Jorge mirando satisfecho desde arriba a su posesión, y Keya mirando arrodillada a su dueño, con la boca y las fosas nasales rebosantes del sabor y el olor de su esencia de macho, sosteniendo una mirada de devoción absoluta. Cuando el momento mágico pasó, su dueño le dio permiso para salir de ahí abajo, y la yegua se colocó en 4 patas descansando un poco de ese esfuerzo titánico, luego de lo cual se incorporó femeninamente y fue a lavarse al baño de la habitación donde había sido iniciada.

Ya era la hora de la salida de Raquel, así que dejo el vestido todo mojado, en el piso, y no la sorprendió la presencia de Jorge observando su cuerpo. Consciente de su atracción y tratando de recuperar un poco del control sobre su persona, se volvió de espaldas concentrando en arreglarse un poco, pero ese intento no tuvo éxito, vio cómo su jefe se acercaba por detrás y la abrazaba ahora desnuda, mientras le hacía una invitación impensada.