EL CAMINO DE SANDRA 3 y 4
La mañana después de la noche prohibida, la realidad se impone: no fue un error, fue un descubrimiento. Él toma el control con órdenes crudas y ella obedece con una entrega absoluta, cruzando límites que ninguno creía posibles.
3
Cuando Andrés despertó al día siguiente no podía creer que lo ocurrido la noche anterior fuese real. Pero estaba en la cama con Sandra, desnudo y abrazado a ella. La chica seguía dormida y parecía estar muy cómoda, apoyada en su pecho y con una expresión de absoluta placidez. Observó sus tetas, maravillosas, tiernas y apetitosas, y aquella visión hizo que su polla se pusiera como una roca, su excitación fue aumentando y comenzó a acariciar las espalda y el culo de la muchacha mientras le daba besitos en el rostro y el cuello. Sandra despertó ante aquellos estímulos y se sintió tan sorprendida como lo estaba Andrés, poco a poco se fueron dibujando los recuerdos de la noche, pero en lugar de sentirse mal por lo ocurrido su cuerpo se relajó y se apretó un poco más contra el cuerpo del chico. Entonces notó su erección y una sonrisa pícara se dibujó en su rostro, abrió los ojos y vio a Andrés observándola.
- Buenos días, parece que estás bien despierto.
- Si, hay partes de mi cuerpo que tienen vida propia, yo no las controlo.
- Pues me alegro, así sé que no me mientes, con esto tan duro no me puedes engañar.
- Yo nunca te miento y mi polla tampoco.
Entonces Andrés recordó sus planes, y que había decidido no volver a pedirle nada a Sandra sino ordenárselo. Después de cómo acabó ella la noche no sabía si debía seguir con aquella estrategia, no quería joderlo todo y temía estropear lo conseguido, pero ella se había despertado contenta y no dudó en hablar de su polla sin apartarse ni dar muestras de estar avergonzada ni ofendida, así que decidió probar, si ella reaccionaba mal siempre podría decir que solo era una broma.
- Chúpamela, quiero darte un desayuno calentito.
Otra vez las palabras crudas, las órdenes, hicieron que Sandra sintiese una necesidad imperativa de obedecer, y también que se excitase inmediatamente. Sin decir nada se metió entre las sábanas y cogió la polla con su mano empezando a menearla, para después acercar su boca y tras besar el capullo y los huevos metérsela hasta la garganta lentamente. La sacaba y la metía con suavidad, acariciaba todo el tronco con su lengua y succionaba con pasión, mientras masajeaba aquellos cojones calientes e hinchados con la punta de sus dedos y muy pronto recibió una corrida abundante y espesa que tragó con gusto.
- Gracias, me gusta mucho tu lefa.
- De nada, creo que nos tenemos que levantar y desayunar, aunque tú ya has empezado. Después hablaremos, hoy no vamos a clase, por un día no pasa nada y creo que tenemos que aclararnos.
- Vale
Se levantaron y fueron a la cocina, Sandra no hizo intención de cubrirse y salió de la habitación desnuda, Andrés decidió ponerse una camiseta y el pantalón del pijama para así hacer que ella se sintiera expuesta, pensando que eso haría que se excitase. Cuando llegó a la cocina Sandra estaba calentando el café y la leche, no dijo nada al verle vestido, parecía asumir que esa era la situación correcta, él vestido y ella desnuda. Andrés se sentó a la mesa y esperó a que ella le sirviese, nunca había sido así, de hecho solían hacerlo indistintamente sin tenerlo prefijado, unos días cocinaba y ponía la mesa ella y otros días lo hacía él, después recogían entre los dos. Pero aquel día decidió estar quieto, esperar a que ella le sirviera, era una forma de establecer una jerarquía, de hacer que se pusiera a su servicio. Con toda naturalidad Sandra le sirvió a él primero y después se sirvió ella, desayunaron rápido y Andrés permaneció sentado mientras ella recogía la mesa, incluso en algún momento cuando pasaba a su lado le acariciaba una teta o el culo, a lo que ella respondía con una sonrisa.
Cuando la cocina estuvo recogida y los cacharros limpios pasaron al salón, se sentaron en el sofá, uno junto a otro, Andrés pasó su brazo por los hombros de Sandra y la atrajo, la besó en la boca mientras acariciaba sus tetas con una mano y con la otra fue bajando por su espalda hasta su culo, ella se cogió a su cuello y correspondió al beso con pasión, al final acabó sentada sobre él, frotando el coño sobre su erecta polla. Sin embargo Andrés se contuvo, aunque tenía unas ganas enormes de follársela, pero sabía que antes de nada tenían que hablar, dejar las cosas claras, después habría tiempo de sobra para follar y para muchas cosas más.
- Espera, espera. Tengo muchas ganas de follar contigo, pero antes vamos a hablar, todo esto es muy fuerte y hay que poner cada cosa en su sitio, después haremos lo que queramos, tenemos todo el día.
- Vale Andrés tienes razón, dime qué piensas, prefiero que hables tú primero.
- Como quieras, pero antes de hablar ponte una camiseta porque si sigo viendo tus tetas y tu coño no voy a poder evitar sobarte, y si te sobo no nos vamos a contener.
Sandra sonrió, su sonrisa era dulce y pícara, un gesto que le daba a su rostro aún más belleza. Estaba verdaderamente preciosa cuando sonreía. Se levantó y volvió al cabo de un momento con una camiseta larga que cubría poco más que su coño, se sentó al lado de Andrés subiendo ambas piernas al sofá y mirándole a los ojos.
- ¿Así estoy bien? ¿Crees que podrás contenerte?
- Muy graciosa, si te meto mano ¿tú podrás contenerte?
- Vale, es verdad, yo tampoco podría, me he levantado muy caliente y así sigo, llevas razón, venga dime qué piensas.
- Sandra antes de nada quiero decirte algo que tú ya sabes, te quiero, te quiero mucho, eres la persona más importante del mundo para mí, incluso más que mis padres. Por eso debes entender que aunque para hablar de ciertas cosas hay que ser crudo y llamar a las cosas por su nombre, no te juzgo, no pienso nada malo de ti, y no vas a ser diferente para mí, sea lo que sea que pase entre nosotros a partir de ahora. ¿Entiendes esto? Bajo ningún concepto quiero que te sientas ofendida ni pienses que mi concepto de ti va a cambiar. Eres la mujer más maravillosa que existe, y tus gustos o tus fantasías no cambiarán en nada lo que pienso de ti. Para mí siempre serás igual.
- Yo nunca pensaría que quieres ofenderme, ni lo pensé anoche ni lo voy a pensar ahora digas lo que digas, ya sabes que yo también te quiero. En los últimos años te has convertido en mi mundo, y también eres la persona más importante para mí. Confío absolutamente en ti, para todo, y creo que lo sabes. Anoche sufrí una especie de estupor, no sabría explicarlo, de pronto me vi tal como tú decías y me asusté, pero no fue por ti, ya viste que después me calmé en tus brazos, no habría querido estar en ningún otro sitio, haces que me sienta bien. Así que habla con toda libertad, dime lo que piensas sin adornos, no voy a asustarme y la verdad es que necesito poner orden en mis ideas y creo que me ayudará escucharte.
- Bueno, está bien. Creo que lo que me contaste anoche de tu gusto por los viejos, sin ser falso no es toda la verdad. No digo que me mintieras, es posible que tú no seas consciente de toda la realidad, y ya te preocupaba bastante sentirte atraída por hombres viejos como para profundizar más allá y plantearte otras posibilidades, o puede que sencillamente nunca se te ocurrió que detrás de esa inclinación pudiera haber algo más, pero no creo equivocarme.
- ¿Y qué crees tú que me pasa, estoy loca o algo así?
- No, no creo que estés loca, creo que eres una sumisa.
- ¿Una sumisa? No entiendo que quieres decir.
- Eres una sumisa, te excita ser sometida, usada, humillada, e incluso puede que degradada. También creo que eres algo masoquista, te excita el dolor, aunque esto último no lo tengo claro, porque a veces puede confundirse dentro de la sumisión.
- Joder, si parece que sabes de esto.
- Anoche me desperté al cabo de un rato, y estuve buscando información en internet, no te haces una idea de lo que hay por ahí y de la cantidad de gente que practica este tipo de vida, es increíble. Encontré mucho pero ayer solo me interesaba comprender, saber qué significaba lo que ocurrió y las cosas que me contaste, ya tendré tiempo de averiguar otras cosas.
- No sé si es verdad que soy una sumisa, lo que sí sé es que anoche me excitó que me ordenaras las cosas, que no me las pidieras, me sentía empujada a obedecer, no sé bien por qué, pero esa sensación era excitante. También me puse muy cachonda cuando te chupé la polla porque me sentía sucia mientras lo hacía, me parecía algo un poco denigrante, y me gustó sentirme así. Después me hiciste mucho daño en las tetas, me dolieron mucho, y cuándo me retorciste los pezones no te quiero decir, pero en lugar de enfadarme sentí una especie de gratitud, y tanto como me dolía me gustaba, no quería que parases. Y bueno, ya pudiste ver que al final me corrí sin tocarme siquiera. Fue muy extraño, creo que no pude procesarlo bien y por eso me dio esa crisis. También esta mañana me ha gustado que me ordenases chuparte la polla, aparte de que me gustan mucho tu polla y tu lefa, y cuando hemos desayunado me ha gustado servirte, me parecía lo natural, lo correcto, tampoco sé por qué.
- Bueno, voy a intentar explicarte lo que he podido entender yo de todo esto. Eres una sumisa, a las sumisas os causa placer sentiros sometidas, dominadas, y todo lo que te acerque a esa sensación te excitará. Tienes la aspiración, aunque nunca hayas sido consciente de ello, de ser una esclava, la esclava de un amo o una ama, si tuvieras tendencias homosexuales. También hay sumisas que llevan su sumisión hasta el punto de excitarse siendo sometidas por otra mujer aunque no sean lesbianas. Hay muchos tipos de sumisas, tantos como personas, cada uno tenemos gustos diversos y una sumisa también, puede excitarte que te aten, que te hagan daño, que te humillen, de forma privada o pública, que te degraden, que te insulten, que te traten como a un animal. Hay quienes disfrutan con cosas que yo no podía ni imaginar, como bebiendo orina o incluso comiendo mierda, las hay que se prestan a tener sexo con animales, o a ser cedidas a otros hombres o prostituidas. En fin, tú puedes excitarte con todo esto o con algunas cosas y otras no, pero lo que es común a todas las sumisas, es que se excitan entregándose, cediendo su voluntad a otra persona para que haga con ellas lo que quiera. Como es lógico, si se hacen las cosas bien, se deben establecer unos parámetros, unos límites, que el amo respetará siempre en todos los campos. Por ejemplo se acuerda que no se practicará sexo anal o que no habrá insultos o coprofagia, que es comer mierda, o que todo será privado, sin que participen terceras personas. Todo se debe hablar y consensuar, aunque hay sumisas que no establecen ningún límite y están dispuestas a soportar cualquier cosa que su amo disponga, hasta ser marcadas, torturadas o vendidas como esclavas. Ya te digo, cada persona es un mundo y tiene sus gustos y sus límites.
- Solo hablas de sumisas, ¿no hay sumisos, a ningún hombre le gusta ser sometido?
- Sí, claro que los hay. Te he estado hablando de sumisas porque estamos hablando de ti, y ahora no me dirás que, con ese par de tetas y ese coño chorreante, eres un hombre.
Sandra soltó una carcajada y le dio un pequeño cachete en la pierna, como si estuviera enfadada.
- Eres muy tonto. ¿Te parece que soy un hombre? Es que me extrañaba que solo hablaras de mujeres.
- Doy fe de que no eres un hombre y agradezco a los cielos que así sea. Pero lo cierto es que los sumisos a mí no me interesan
- Bueno, si te digo la verdad es posible que yo sea tal y como dices, de todo lo que me has explicado hay muchas cosas que no sé si podrían gustarme y en otras no sé hasta dónde podría llegar, me da un poco de miedo, pero contigo me siento segura, sé que no me forzarás, que no harás nada que me ponga en peligro. Pero tengo una duda, imagina que anoche cuando me apretabas las tetas no hubiera podido resistirlo, o al llegar a cierto punto ya no me gustase, habría podido decírtelo pero cómo sabrías tú que no quiero continuar si me haces daño y me quejo, porque dolerme me dolía, pero no quería que parases. Si dices que las sumisas disfrutamos del dolor a lo mejor me duele pero me gusta, lo veo un poco confuso.
- Eso es sencillo, cuando se habla de lo que se puede hacer y lo que no, hay temas en los que no se sabe bien dónde poner los límites, porque no se ha hecho nunca o porque la sumisa, como bien dices, no sabe cuánto aguantará. Si te doy un azote te puede gustar, si te sigo azotando puede que llegue un punto en el que ya no te guste, o igual un día te gusta que te deje el culo en carne viva y otro día no estás igual, te encuentras mal o no te excita de la misma manera. Para eso están las palabras de seguridad, establecemos una palabra que hará que se pare lo que estemos haciendo, imagina que es “Autobús”, bueno pues si yo te estoy haciendo daño y en un punto ya no lo soportas dices “Autobús”, y yo paro inmediatamente. Si no dices esa palabra puedes quejarte, gritar o incluso pedirme que pare y yo no lo haré, la decisión será mía, si quiero continuar entenderé que tú lo aceptas, sin embargo en cuanto digas tu palabra de seguridad la decisión es tuya y no hay más que hablar.
- También puedo decir basta, o para, y ya está, no sé por qué hay que complicarlo así.
- Piensa que la sumisión se basa en la entrega, una sumisa encuentra placer en sentirse sometida, entregada a su amo por completo, por eso se supone que la auténtica sumisa busca no tanto su propio placer como el de su amo. Si está siendo azotada y su amo obtiene placer de ello no querrá que pare porque quiere que siga disfrutando, pero querrá expresar a su amo que ella no está disfrutando, que está dispuesta a soportar el castigo por él, ya que en el fondo lo que la excita es su entrega. Además también puede resultar excitante oír los quejidos, las súplicas de alguien y continuar castigando, supongo que eso te da una mayor sensación de poder, de dominio. Por otra parte la sumisa que está siendo castigada y grita o llora o pide clemencia, sabe que su amo está disfrutando de su sufrimiento y así se siente más sometida, más usada, y por tanto más excitada. En cualquier caso las palabras de seguridad no solo sirven para parar el dolor, se pueden usar en otros momentos, la sumisión lleva aparejada una cierta teatralidad, las esclavas lo son por su voluntad, y aceptan ser maltratadas, violentadas, forzadas, pero deben tener una salida si las cosas van más allá de lo que pueden o quieren soportar. Imagina que una sumisa es obligada a comer la mierda de su amo, no le gusta, se resiste, y su amo la coge del pelo y le mete la cara en la mierda, la insulta, la azota y la obliga a comer, está forzando su natural resistencia, probablemente es algo que por sí sola no haría, sin embargo si está dispuesta a hacerlo dejará que su amo la obligue, si no está dispuesta, si eso sobrepasa su límite solo tendrá que decir la palabra de seguridad.
- Creo que lo entiendo, al existir la palabra de seguridad puedes hacer que todo sea real, puedes gritar, llorar, quejarte. Se puede aparentar que estás siendo forzada y puede que sea verdad, pero siempre hay red, hay salida si algo se convierte en insoportable.
- Eso es, ahora que lo entiendes puedo cagar en un plato, esta noche cenarás mierda de Andrés.
- Ay, mira que eres bobo. Muchas cosas de las que has dicho que pueden excitar a una sumisa no comprendo bien que puedan ser excitantes, a mí no me lo parecen, pero reconozco que esto es nuevo para mí, y hasta ayer tampoco me habría imaginado que me iba a gustar tanto chuparte la polla y tragarme tu lefa, o que me iba a correr solo con que me hicieses daño en las tetas, así que hay cosas que hasta que no las pruebe no sabré seguro si me excitan o no, pero comer mierda ya te digo desde ahora que no me va excitar nunca.
- Pues ahí lo tienes, hay cosas que tienes claras, otras no tanto, para que las pruebes sin peligro está la palabra de seguridad.
- Vale, ¿y cuál será nuestra palabra de seguridad?
- Espera, espera, no corras tanto. Yo creo que eres una sumisa pero quiero saber lo que piensas tú, también quiero confesarte algo. Antes has dicho que conmigo te sientes segura, que yo cuidaré de ti, bueno pues anoche pensé que eras una sumisa y empecé a darte órdenes porque quería abusar de ti, usarte, estás muy buena y me pones mucho, quería someterte y que fueras mía sin explicarte nada, solo hacerlo, quería aprovecharme de ti. Necesito que sepas esto, no soy ningún santo, cuando te echaste a llorar me asusté, comprendí que me estaba pasando contigo y entonces sí que pensé en ti, en cuidarte, pero antes fui egoísta y trataba de engañarte para salirme con la mía.
- Ya sé que no eres un santo, te conozco mejor que nadie, a veces pienso que te conozco mejor que tú mismo. Por eso estoy tranquila contigo, aunque anoche quisieras aprovecharte de la situación, cuando me viste mal te olvidaste de todo para hacer que me sintiera bien, eso es porque me quieres, y como estoy tan segura de que me quieres y sé que aunque tengas debilidades eres una persona buena, confío totalmente en ti, y me pondría en tus manos en cualquier situación.
- Bueno, creía que tenía que decírtelo, nunca te he mentido y no me sentía bien.
- Pues igual tengo que buscar otro que me domine, como amo cruel no vales un pimiento.
- Vale guarrilla, ahora en serio. ¿Estás decidida a explorar esta faceta de tu personalidad? ¿De verdad quieres probar a ser una sumisa?
- Mira Andrés, no se trata de probar nada, yo quiero ser feliz, quiero saber si este camino es el que deseo en verdad. Ayer sentí cosas, y esta mañana también. Fue excitante pero no solo eso, es como tener la sensación de estar haciendo lo que debes, lo que te corresponde, como estar en paz, como haber encontrado el lugar al que siempre quisiste ir, aunque no lo supieras.
- Muy bien, ¿y quieres ir a ese lugar conmigo?
- No creo que nunca me atreviese a ir con nadie más.
- Pero yo siempre pensé que no te atraía físicamente, lo cual es bastante normal por otra parte.
- La verdad es que yo también pensaba eso, nunca me he imaginado que entre nosotros pudiera haber nada, pero ya has visto que los dos nos equivocamos. No es que me parezcas atractivo, o al menos de un modo convencional. Lo que sé es que me excita pensar que puedes hacer conmigo lo que quieras, siento que te pertenezco, que soy una propiedad tuya, y eso me gusta.
- Muy bien, entonces ¿aceptas considerarme tu amo, hacer todo lo que yo diga, cumplir mis órdenes y someterte a mis deseos?
- Lo acepto.
- De acuerdo, lo primero es fijar una palabra de seguridad, como te he dicho. Piensa en alguna que nunca se te olvidará pase lo que pase.
- Autobús
- ¿Estás de cachondeo? Creía que íbamos a hablar en serio de todo esto.
- No es cachondeo, esta conversación no se me olvidará en la vida, y esa palabra tampoco. Solo espero no tener que pronunciarla nunca, porque tú no me empujes más allá de lo soportable o porque sea capaz de soportar todo lo que me hagas, de verdad deseo ser tu esclava y ser la mejor esclava.
- Vale, vale. Para empezar voy a darte unas cuantas normas de conducta, ya iremos viendo hasta dónde podemos llegar en lo que hagamos. Yo aún tengo que aprender mucho, anoche no me dio tiempo a profundizar mucho, así que me iré guiando por mi instinto hasta que me empape bien, no será difícil, hay información para aburrir.
- Dime lo que quieras, espero tus órdenes.
- A partir de ahora, cuando estemos solos, me llamarás amo, porque es lo que seré para ti y debes interiorizar que me perteneces, que soy tu dueño.
- Si mi amo.
- Perfecto, también quiero que en el piso siempre estés desnuda, y por supuesto disponible para que yo te use cuando me apetezca.
- Así lo haré mi amo.
Y diciendo esto Sandra se levantó del sofá, se quitó la camiseta y se puso delante de Andrés abriendo las piernas. Él la tomó de la mano y la hizo sentarse sobre sus rodillas. Mientras la sobaba siguió hablando.
- Eres muy puta, y me encanta. Mañana iremos a un sex shop, y compraremos juguetes sexuales, y algún instrumento para castigarte, creo que me va a gustar mucho azotarte, así que ve preparando ese culo y esas tetas porque voy a hacer que te duelan mucho.
- Como mi amo desee, soy tuya y puedes usarme como te apetezca. Parece que a ti también te pone cachondo esta conversación, tienes la polla como si fuera de hierro. ¿Quieres que te la chupe?
- No, me apetece follarte, y también romperte el culo.
- Si amo, pero debo decirte que soy virgen.
- Mejor aún, voy a estrenarte el coño y el culo.
- ¿Me dolerá?
- Seguro que sí, pero eso no importa, te acabará gustando. Pero antes voy a calentarte un poco, trae de mi armario un cinturón, ese liso marrón que tengo.
Al escuchar estas palabras Sandra sintió una descarga en su vientre, un espasmo de miedo y de placer. Su amo la iba a pegar, no sabía dónde ni cuánto, lo temía y lo deseaba. Se propuso aguantar el castigo, no quería que Andrés se sintiera defraudado. De pronto se dio cuenta de que le importaba más su opinión que el dolor que pudiera causarle, y eso la excitó aún más. Volvió con el cinturón y se arrodilló en el sofá ofreciendo su culo, suponía que era ahí donde sería golpeada.
- Has supuesto que voy a azotarte el culo, y lo haré, pero no debes suponer nada, también podría azotarte las tetas o el coño. Recuerda que eres una perra de mierda, un pedazo de carne con agujeros y recibirás el castigo donde yo quiera.
- Perdón amo, soy una puta estúpida. Por supuesto que puedes azotarme donde desees, eres mi dueño, te pertenezco, así que tú decides lo que hacer conmigo.
Decir aquello, que le salió sin pensar, hizo que Sandra se excitase más, los jugos de su coño eran visibles deslizándose por las piernas. Pero en ese momento Andrés golpeó el culo de Sandra, no fue un golpe fuerte, pero la impresión hizo que la muchacha dejase de respirar por un momento. No se quejó, ni volvió la cara, solo se dobló un poco más ofreciendo su culo al castigo. Los azotes siguieron cayendo, cada vez un poco más fuertes, el culo de Sandra estaba rojo y en algunos puntos empezaba a ponerse morado. Ella sentía que su culo estaba ardiendo, el dolor se hacía cada vez más intenso, las lágrimas empezaron a deslizarse por su cara, pero a la vez su coño estaba destilando jugos sin parar, sentía que un orgasmo bestial se acercaba cuando los azotes pararon. Andrés acarició aquel culo maltrecho y sin decir nada metió su polla de un solo empujón en el coño de su esclava. La dejó ahí quieta para que el coño se amoldase y después empezó un bombeo feroz, sacaba la polla casi por completo y la volvía a meter de golpe, su ritmo fue haciéndose cada vez más rápido y de tanto en tanto volvía a azotar ese culo amoratado que tanto le gustaba.
Sandra sintió una punzada de dolor cuando fue desvirgada, pero pronto un placer arrollador sustituyó al dolor, casi de inmediato comenzó a notar las señales del orgasmo que llegaba, y cuando Andrés azotó su culo dolorido el orgasmo llegó, con una intensidad desconocida, pero como la penetración continuaba, al primer orgasmo se sucedieron otros. Jamás había sentido nada parecido, su cuerpo recibía placer en oleadas que se superponían unas a otras, hasta que coincidiendo con uno de aquellos orgasmos Andrés sacó su polla y tirando del pelo de Sandra la condujo hasta su boca, donde se corrió como nunca. Ella chupó la polla que sabía a él y también a ella, y saboreó la corrida de su amo como si de una ambrosía se tratara. Los dos quedaron tumbados sobre el sofá, incapaces por un momento de articular palabra, agotados de placer.
4
Al cabo de un rato Sandra sintió una urgente necesidad de mear, se levantó y fue al baño, después regresó al salón, Andrés estaba de pie esperando, cuando ella llegó junto a él, sin decir palabra, le dio una bofetada y después cogió su pezón izquierdo y lo retorció con saña.
- Zorra, voy a hacer que te enteres de cómo son las cosas ahora. Cuando quieras hacer algo, sea lo que sea, tienes que pedir permiso, ¿lo has entendido puta de mierda?
- Si amo, perdón, he sido una zorra imbécil y te he faltado al respeto, lo siento amo.
- Vas a sentirlo más, arrodíllate, yo también tengo ganas de mear.
Aquello descolocó a Sandra, no se había podido imaginar algo así, Andrés pensaba mearle en la boca y que ella se tragase su meada. Sin embargo mientras pensaba en esto se pudo de rodillas, y después abrió su boca para recibir la meada. Andrés meó despacio, cuando veía que Sandra tenía la boca llena paraba para que ella tragase, poco a poco vació su vejiga y poco a poco Sandra se tragó hasta la última gota. Después limpió la polla y volvió a sentarse en el sofá.
- Gracias amo.
- De nada puta, sabía que iba a gustarte.
- No sé si me ha gustado, lo sorprendente es que no me importa si me ha gustado. Si lo hubiera pensado antes de hacerlo habría creído que iba a ser mucho más desagradable de lo que ha sido, tu orina está salada y algo amarga, pero no es un sabor repugnante. La sensación es más fuerte, beber meados es algo antinatural, degradante, implica inferioridad y sumisión, y sentirme así me gusta, bueno no me gusta pero me excita, no sé explicarlo muy bien.
- Ya te dije que cualquier cosa que te haga sentir sumisa te provocaría excitación. No estaba seguro de que aceptases esto, hemos dado tres pasos a la vez, la degradación no es un principio, es más bien una práctica para cuando el proceso de sumisión está más avanzado. Pero me apetecía probar, ver tu reacción, he vuelto a asumir un riesgo, quizá deberíamos ir más despacio.
- No por favor, quiero que me sometas sin precauciones, que hagas conmigo todo lo que te apetezca, si en algún momento llegamos a algo que no pueda soportar te lo diré. Además tenemos la palabra de seguridad.
- Bueno, veo que vas aprendiendo rápido. Eres más puta y más cerda de lo que imaginaba.
- Gracias amo, solo quiero ser tu esclava, y ser la mejor esclava.
- Ya lo eres, sigue pareciéndome imposible que seas mía. Quizá por eso voy tan deprisa, temo que esta situación acabe de pronto, que despiertes de este sueño y me mandes a la mierda.
- No te preocupes, seré tuya para siempre, si así lo deseas. Siento que te pertenezco, y que te he pertenecido desde que te conocí, aunque ninguno de los dos fuésemos conscientes de ello.
Andrés ordenó a Sandra que se lavase los dientes, no quería besarla con su boca sabiendo a meados. Cuando volvió del baño la sentó sobre sus rodillas y empezó a sobar su coño, alternaba caricias en el clítoris con cachetes cada vez más fuertes, y luego empezó a meter sus dedos, primero uno, luego dos y hasta tres, el coño no daba más de sí, pensó que debería ir ensanchándolo, quería meter la mano entera, mientras tanto con la otra mano sobaba sus tetas, las apretaba, clavaba sus dedos y retorcía los pezones. Con este tratamiento Sandra se excitó rápidamente y su coño se mojó de nuevo. Entonces le ordenó chuparle la polla, quería que se la pusiera bien dura para estrenar su culo.
- Ahora te la voy a meter por el culo, te va a doler mucho, pero no me importa, quiero hacerlo.
- Si mi amo, como desees, úsame sin compasión, soy tuya y puedes hacer con mi culo lo que te apetezca.
Andrés metió la polla en el coño chorreante de su esclava, cogió algo de flujo con sus dedos, los extendió sobre el ano y metió un dedo delicadamente, no tuvo que forzar la entrada, ella estaba predispuesta y procuró relajar su esfínter. Al poco metió un dedo más, le costó un poco pero entraron, los metía y los sacaba e intentaba ir dilatando el agujero, los movía en círculos y en cuanto pudo metió un tercer dedo, Sandra se quejó, le dolía, pero él insistió y siguió metiendo y sacando los tres dedos. Cuando los dedos entraban y salían sin dificultad sacó su polla del coño y la puso a la entrada del ano, fue apretando despacio, le costó que empezase a entrar, cuando lo consiguió se detuvo para dejar que el agujero se amoldase, luego siguió empujando y poco a poco metió la polla hasta el fondo, se quedó quieto con la polla clavada por completo en el culo de la chica, y esperó a que se tranquilizase, ella daba muestras de dolor, de un dolor enorme.
Sandra estaba muy excitada, sentía algo de miedo porque sabía que le iba a doler, pero quería sentirse atravesada por la polla de su amo. Cuando él la penetró con los dedos tuvo una sensación extraña, le resultó placentero sentir el primer dedo, aunque no demasiado, también sentía una especie de impulso de expulsarlo pero se contuvo, la polla permanecía dentro de su coño y eso ayudaba, sin embargo con el segundo empezó a sentir dolor. Procuraba relajarse, dejar que su culo fuera invadido sin oponer resistencia, confiaba en su amo y esperaba que el dolor trajese placer. Cuando Andrés metió el tercer dedo el dolor se incrementó, y también la sensación de ser usada, sin que su placer o su incomodidad fuesen tenidos en cuenta, y eso la excitó, aunque aquel dolor que parecía nacer en su interior se hiciese cada vez más punzante, pero al cabo de un rato su esfínter se relajó por completo, sintió como el ano se dilataba y dejó de dolerle, los tres dedos entraban y salían sin oposición y pensó que lo peor había pasado. De pronto sintió un gran vacío cuando Andrés sacó su polla del coño y los dedos del culo, pero enseguida la polla ocupó el lugar de los dedos y comenzó a abrirse camino, entonces el dolor lo ocupó todo. Sandra tuvo la sensación de que iba a rasgarse, las lágrimas brotaron de sus ojos y un temblor profundo comenzó a convulsionar su cuerpo. Cada vez el dolor era más intenso, según la polla avanzaba por su recto ella sentía que la iba destrozando y un escozor atroz se hizo presente, hasta que entró entera. Hubo un lapso de tiempo en el que su ano mandaba impulsos, pequeñas contracciones, luego se detuvo, y comenzaron sensaciones distintas, se sentía llena, invadida pero completa, y leves atisbos de placer surgieron poco a poco. Cuando sintió la polla salir llegó el alivio, aunque mezclado con una cierta decepción, y poco después al volver a entrar el dolor regresó junto con la percepción de que desaparecería. Aun sufrió bastante, su ano tardó en dilatarse lo suficiente para aceptar aquella violación, pero al cabo de unas cuantas embestidas el dolor se fue retirando y en su lugar apareció el placer, era un placer físico pero también mental. Su educación, sus prejuicios, hacían que viese el sexo anal como algo indigno, degradante, sucio, y por eso al ser enculada se sintió verdaderamente una esclava, una perra usada y vejada, todo esto la excitó casi más que las sensaciones percibidas por su cuerpo.
Aunque a los dos les pareció una eternidad lo cierto es que todo aquello no duró mucho, cuando Andrés empezó a bombear estaba tan excitado, sentía su polla tan apretada por aquel agujero estrecho, que pronto alcanzó el clímax y descargó una abundante corrida en las entrañas de Sandra. Entonces tuvo una idea perversa y tras sacar la polla cogió a la chica por el pelo, la hizo girarse y le ordenó limpiar su polla con la boca. Para ella fue totalmente inesperado, la polla de su amo acababa de salir de su culo, tendría restos de mierda, sangre y semen, los podía oler, pero sin pensarlo abrió la boca y chupó. El sabor fue nauseabundo, peor que el olor, e hizo que se sintiese tan degradada, tan sucia como nunca antes, y allí, de rodillas, mientras chupaba una polla llena de restos de semen, de sangre y de mierda, tuvo un orgasmo estremecedor.
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Me llamó desesperada
Llegó a mi puerta con las maletas y el alma rota, pidiendo permiso para dejar de ser humana. No quería ser salvada; quería ser usada.
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