Xtories

El Crimen del Colibrí. Parte 9

Claudia sabe exactamente qué precio tiene la portada del periódico: su cuerpo y la cancelación de su aniversario matrimonial. Con su jefe atrapado entre sus piernas y una rival llorando en la puerta, ella decide que el poder vale más que la lealtad. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar para mantener su ascenso?

Julian Torres2.4K vistas

Os presento una pequeña muestra del segundo libro en el que se continúa con las aventuras de Claudia, llamado "El Desnudo de Medusa".

El periodismo está en auge en España. La democracia había llegado en estampida y los partidos políticos necesitan ganarse la opinión pública, como si de vendedores ambulantes con recetas milagrosas se trataran. Por supuesto, los medios de comunicación son el altavoz más eficiente para llegar hasta la gente, y la competitividad dentro del sector por conseguirlo se había vuelto feroz. Claudia lo sabía, por lo que nunca se olvidaba de cabalgar un rato sobre Rubén, el director del periódico donde trabajaba.

La periodista de origen valenciano estaba sentada sobre la entrepierna de su jefe la mañana de un ajetreado sábado. Todo el pene era machacado con intensidad mientras Claudia miraba con sonrisa lasciva a Rubén. Con esos ojos azules como el agua de las playas afrodisíacas del Caribe. Sus mechones de un rubio dorado y fulgurante subían y bajaban con el movimiento de sus caderas. La blusa blanca estaba abierta y enseñaba unos sugerentes senos que temblaban como flanes. Llevaba una falda azul marino relativamente corta, ya que bajaba hasta las rodillas, y que le servía para usar su coño con facilidad en cualquier situación que lo requiriera. Los jadeos de la valenciana eran tan imperceptibles como eróticamente sensuales, y Claudia se aseguraba de abrir un poco la boca para parecer tiernamente cachonda. Sacaba la lengua en algunos momentos como si estuviera presa de la lujuria. Algo que sabía que a Rubén le encantaba, y que permitiría que se corriera más rápido.

La valenciana era consciente de que pocas mujeres podían rivalizar con ella en belleza, y por tanto tenía a Rubén amarrado con cadenas más resistentes que el acero. Ya que eran cadenas de deseo. Ella no tardó demasiado tiempo en sentir el movimiento rápido e intenso que Rubén siempre ponía cuando estaba cerca de correrse. Sonrió de forma genuina y apoyó las manos en los muslos de él para esprintar con su cintura. Sus nalgas se estiraron y plegaron como un acordeón en la parte más electrizante de una melodía. Y, entonces, el teléfono sonó.

Claudia miró el aparato e intuyó de quién se trataba, y mostró una sonrisa pícara.

—Responde —dijo mientras se levantaba antes de que su jefe pudiera correrse.

—¿Qué? —le contradijo él frustrado al verla marcharse —. No. Luego contestaré… espera.

Claudia rodeó el escritorio de madera maciza cubierto de documentos, carpetas, y periódicos de la competencia. Fue directa hasta la puerta y giró la llave para que quedara sin trancar, aunque no la abriera. El despacho no era exageradamente grande, pero tampoco pequeño. Aunque no había demasiada luz debido a que todas las ventanas tenían las persianas bajadas y ninguna daba al exterior, lo cierto es que disponía de una fuerte iluminación artificial. Acto seguido la valenciana acudió de nuevo al escritorio de Rubén y se escondió bajo él. Antes de que lo hiciera el director ya había contestado a la llamada y ahora negaba con la cabeza.

—Si es por Lucía dile que pase —le indicó Claudia en voz baja.

—¿Qué…? ¿Por qué…? —susurró Rubén mientras tapaba la entrada de audio del auricular del teléfono.

La periodista pasó su lengua por todo el falo de él con mucho erotismo como respuesta, y él asintió abatido por la rivalidad entre sus dos trabajadoras.

—Sí, que pase —respondió el director a su secretaria.

Pocos segundos después Lucía entró en el despacho hecha una furia. Era una mujer joven que rondaba los treinta años, de generosos senos y pelo oscuro con flequillo. Nada más llegar lanzó una copia del borrador del periódico que se publicaría al día siguiente sobre el escritorio de la mesa. Se trataba del desmantelamiento del complot que amenazaba la seguridad nacional, previsto para el día antes de las nuevas elecciones generales. Una conspiración donde tres jefes militares de alto rango acabaron detenidos ese mismo día.

—¿Al final le has dado a ella el artículo? —le acusó en tono rabioso.

—Claudia ha hecho un buen trabajo. Es un buen artículo —defendió Rubén mientras carraspeó al sentir como Claudia se había tragado todo su pene, que a su vez estaba muy cachonda al escuchar la voz herida de su compañera de profesión.

—Será una primera plana. Y me habías dicho que me la darías a mí.

Rubén negó inmediatamente con la cabeza, mientras disimulaba la felación que recibía de Claudia.

—Dije, solo, que me lo pensaría… pero acaso no te han dado lo del gueto “La Perona”.

Rubén apretó los labios al sentir como Claudia pasaba la lengua por su cabezón y ejercía presión con ella.

—Ni siquiera saldrá en primera plana —se quejó Lucía con ojos inyectados en sangre, para luego añadir en voz baja —. Eres un cabrón. Te la estás follando, ¿verdad?

—A mí me hablas con respeto —declaró Rubén en un tono más serio —. Y estoy cansado de que me preguntes siempre lo mismo.

Acto seguido Lucía se puso la mano en la boca y comenzó a llorar desconsoladamente.

—Si lo que querías a cambio era un favor tenías que habérmelo dicho. Te dije la semana pasada que podíamos pasar la tarde en un hotel…

—¡Lucía! —exclamó el director interrumpiéndola —. La puerta está abierta. Ya te he dicho que no hables con normalidad de eso.

—Es que… Ni siquiera leíste mi trabajo… para compararlo con el de ella —se quejó entre lamentos.

Rubén suspiró agobiado por no poder contentarlas a ambas, dada la continua rivalidad que había entre ellas. Él salía claramente beneficiado por ello, pero se le estaba yendo de las manos y si todo se desbordaba a él le pillaría la ola.

—Haré que lo de “la Perona” salga en primera plana también. No te preocupes.

La proposición hizo que Claudia sacara de su boca el pene de su jefe, y la sujetara con la mano sin tacto ninguno. Lucía, sin embargo, esbozó una ligera sonrisa, pero solo fue un destello fugaz. Seguía decepcionada por haber perdido la noticia principal.

—Quiero que la foto de portada sea la de mi artículo —exigió ella —. Dale a ella la noticia principal, pero a mí la foto.

Tan pronto Lucía terminó de hablar Rubén notó como Claudia ejerció presión en el falo de su pene, como si quisiera amenazar con doblarlo si cedía, pero el director asintió sin esbozar palabra para que la valenciana no supiera su respuesta. Lucía sonrió ligeramente debido a su pequeña victoria, pero, sin despedirse, se marchó y cerró con un portazo para dejar claro que seguía enfadada.

Inmediatamente Claudia apretó los huevos de Rubén haciendo cada vez más daño.

—¿Has accedido?

—No —mintió él, sin aire en los pulmones por el dolor. Lo que permitió que la valenciana aflojara —. Pero lo haré.

—¿Qué?

—Estoy harto de vuestras rencillas —dijo a modo de respuesta mientras se encogía de hombros —. ¿Por qué querías estar presente?

—Si conmigo entre tus piernas, y con tu polla en mi boca, le has dado la foto de portada, ¿que no habrías dado de estar ausente? —se quejó ella —. Eres un puto guarro y no se puede confiar en ti.

—Joder… Haz que me corra ya e iros las dos a tomar por culo. Vais a acabar conmigo —se quejó mientras esbozaba una mueca cargada de placer al sentir como Claudia metía sus bolas dentro de su boca y las succionaba.

La valenciana había mamado muchas veces ya la polla de Rubén como para saber cuáles eran sus puntos más sensibles. Por lo que le era fácil deleitarlo. En esta ocasión lo volvió loco a posta, como si quisiera darle a entender lo que perdería si la perdía a ella.

—¿Te gusta? —inquirió la periodista como si se tratara de un latigazo. Pero Rubén no quería darse por aludido.

—Joder… si —aseguró él con la respiración entrecortada —. Por cierto… La próxima semana quiero que te vengas conmigo a Valencia… Para ver cómo les va a los chicos en el despacho. Ya son cuatro y me estoy planteando ponerles una secretaria —decía lentamente con los ojos cerrados —. Quiero que me ayudes a valorarlo.

—Ya, seguro que es para eso —comentó ella de forma ininteligible por mantener la polla de su jefe en la boca —. ¿No prefieres que vaya Lucía contigo?

—Ya te he dicho que te prefiero a ti. Además, Valencia es tu tierra natal. En parte eso servirá para que se sospeche menos.

Claudia no pudo evitar reírse y quitarse la polla babeada de Rubén.

—Sabía que era eso. Solo quieres follarme en la cama de un hotel.

—Me has pillado —dijo él con una sonrisa entre dientes —. Te quiero toda una noche para mí. Sin tu marido ni mi mujer encima. Ya está todo previsto. Salimos el viernes y volvemos el domingo.

—¡¿El fin de semana?! —exclamó ella con ojos abiertos como platos, que esperaba que fuera en días laborales.

—Sí, por qué.

—No, no. Rubén… ¿No recuerdas que te había pedido el próximo sábado libre? Es mi aniversario de bodas con Pedro. Ya tenía todo el fin de semana organizado para pasarla con él.

—¿Tu aniversario? No jodas —se lamentó él, al rápidamente acordarse de ello.

—Si me escucharas cuando te hablo te habrías acordado. Mejor píllate ese hotel entre semana.

—No lo entiendes, Claudia. Ya está todo planificado y en Valencia han sido avisados. Tendré que hacer el viaje y lo he organizado solo para estar contigo.

—¿De verdad me estás pidiendo que cancele los planes con mi marido por nuestro aniversario para pasármelo follando contigo en un hotel? —le preguntó en tono serio.

Rubén tragó saliva ante esa incómoda verdad.

—Te di lo del complot de hoy, ¿no? Y sabes que el asunto va a ser más escabroso de lo que ya es. Ya me han informado que uno de los detenidos visitó a Milans de Boch, uno de los principales artífices del 23F, en la cárcel recientemente. Podríamos estar hablando de un nuevo intento de golpe de Estado.

Claudia lo miró detenidamente. Ella ya se lo olía según lo que había podido recopilar para hacer su primer artículo. Había tenido que usar palabras como “conspiración contra el Estado”, o “seguridad nacional”. Pero esa nueva información podría ser crucial para ser menos comedida y hablar directamente de intento de golpe de Estado.

—Está bien —susurró finalmente con mirada ambiciosa —. Quiero todo lo concerniente a esa conspiración para mí. Y mientras haya material nuevo quiero la portada, cada día, con foto principal incluida.

—Eso es demasiado, Claudia —se quejó Rubén sinceramente tras suspirar —. Los chicos me lincharan.

—Todo un fin de semana conmigo lo merece —le aseguró ella con voz sensual. Abrió la boca ampliamente y se metió toda la polla de su jefe para corroborar sus palabras.

Rubén abrió la boca, muy excitado y cerró los ojos por un momento. La lengua de la valenciana presionaba en cada centímetro de su polla como si fueran manos de un quiropráctico.

—¿Y cancelarás los planes de aniversario con tu marido? —quiso asegurarse él. Claudia gimió con dos sonidos de asentimiento y el director esbozó una gran sonrisa —. No te preocupes. Podrás conmemorar tu matrimonio conmigo. Haré que te lo pases bien.

La valenciana comenzó a tragar el pene de su jefe con velocidad. De arriba abajo, como si estuviera ordeñando la ubre de una vaca. Era pequeño, tanto como el de su marido, por lo que podía mamar con profundidad y velocidad al mismo tiempo. Y estuvo así cerca de todo un minuto. Rubén hacía denodados esfuerzos por no correrse, ya que quería disfrutarlo más tiempo. Pero era como nadar a contracorriente. Entonces una nueva interrupción hizo que la periodista dejara de mamársela. La puerta volvió a abrirse sin avisar.

Al otro lado apareció Sergio, el joven becario con sobreexcitación en el rostro. Era un chico delgado y con granos en la cara. Vestía como un señorito de colegio privado con muy mal gusto. Tenía el pelo demasiado peinado para un lado y llevaba unas cartas en la mano y una hoja en la otra.

—Señor director, tengo…

—¡Joder, Santos! —le interrumpió Rubén a puro grito —. ¡Es que no sabes llamar, puñetero idiota!

El insulto cogió desprevenido al chaval, que rápidamente bajó la mirada al suelo por su desconsideración. Pero sus ojos no mostraban vergüenza, sino que brillaban por lo que había venido a contar. Con un valiente tartamudeo quiso no aceptar el enfado y volvió a intentar explicarse.

—Es que he descubierto…

—¡Me importa una mierda! ¡Cómo vuelvas a entrar a mi despacho sin avisar te echó a patadas del periódico! —lo interrumpió de nuevo, pero al ver que no se movía insistió con ojos inyectados en sangre —. ¡Que cierres la puerta y te pires!

—Sí, señor —indicó el en voz baja con ese tartamudeo que no se le iba, al tiempo que cerraba la puerta lentamente.

La valenciana acarició el pene de su jefe con la yema de sus dedos mientras pensaba en los artículos de portada que podría llegar a escribir. Esbozó una ligera sonrisa, atraída por su éxito, pero entonces volvió a la realidad.

—Has sido demasiado brusco con el chico. Ni siquiera he podido escuchar lo que tenía que decir —indicó ella.

—Bah —concluyó con desinterés —. Dime mejor que llevarás puesto para Valencia. Imagino que tenías pensado llevar ropa interior sexi para tu aniversario. Así que no deshagas la maleta.

—Aún no he hecho la maleta —indicó con sonrisa curva y mirada confidente. Finalmente pasó la palma de su mano por el pubis de él con fuerza —. ¿Y si mi marido la revisa y se da cuenta?

—Di algo parecido a lo que le dijiste cuando te descubrió el lubricante vaginal en tu bolso.

Claudia lanzó una risotada por el comentario.

—No se creerá que hago la maleta con ropa interior de una compañera del trabajo.

Rubén volvió a reír al tiempo que su pene se había puesto muy erecto.

—Vuelve a montarte encima.

—Con la puerta sin trancar ni hablar —le aseguró ella mientras apuntaba la cabeza del miembro de él hacia su boca, para añadir antes de metérselo —. Además, sé que estás a punto de correrte. No volverás a engañarme como aquella vez.

—¡Eh! —indicó él con falsa indignación —. Fue divertido y ya estabas embarazada. Que yo sepa no puedes quedarte dos veces.

Claudia comenzó a devorar nuevamente el miembro de su jefe y babeaba cada centímetro de piel con su lengua. La presión que ejerció fue brutal. Lo cierto es que las anécdotas de los encuentros entre los dos amantes en el último año la habían puesto cachonda, y llevó su mano hasta su clítoris y empezó a frotar con frenesí. También le hubiera gustado correrse.

Tal y como había vaticinado la valenciana Rubén comenzó a tensarse por el orgasmo que ya se anticipaba. Ella también lo sabía, y estaba tan excitada por ello como él. No siempre le apetecía sentir semen filtrándose entre sus dientes y su lengua, pero en ese momento su vagina estaba dando palmas y le apetecía tragar. Cuando sintió el primer chorro se preparó mentalmente para disfrutar, como cuando la boca se te hace agua al levantar la tapa de una pizza a domicilio. El segundo escupitajo de leche del cabezón siempre es el más grande, por lo que abrió bien la mandíbula para que el chorro impactara en su paladar y sintiera el caliente y pegajoso elixir acomodándose y cayendo por su garganta.

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Doy por concluidas los relatos de Claudia que subiré por aquí. Gracias a todos aquellos que os habéis detenido a leer. Un saludo.

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