Siervas del hombre: bienvenidas a mi harem 02
La máquina checadora falló, pero la oportunidad de venganza no. Cuando Rodrigo entra a la galería, no busca a su jefa perdida, sino a la mujer que hizo su vida un infierno. Ahora, ella está desnuda, encerrada y a su disposición. La pregunta no es si la comprará, sino cuánto estará dispuesto a cobrar por su humillación.
RODRIGO
- ¿Qué hay de nuevo Rodri? - preguntó un tipo del departamento de recursos humanos mientras trataba de escanear mi huella digital en el checador de la empresa, un compañero que solía mostrarse amigable con todo el mundo, pero que yo no había terminado de decidir si me agradaba o no, pues como regla general, desconfiaba de la gente que parecía sentir la necesidad de caerle bien a todo el mundo.
- No mucho, en comunicación social las cosas son bastante aburridas - contesté sin mostrar mucho interés, lidiando con los desperfectos de la vieja máquina checadora que no lograba reconocer mi huella digital.
- ¡Oh, vamos! ¡Se la pasan todo el día en redes sociales! ¡Debe ser un paraíso que te paguen por eso! - expresó con jocosidad, al mismo tiempo que yo sonreía cuando al fin la máquina reconoció mi huella, aunque creo que él pensó que lo hice como respuesta a su comentario.
- Sí, bueno, ojalá mi trabajo fuera tan sencillo como lo haces sonar. Ten un buen fin de semana - respondí en un intento por despedirme, sin saber que el tipo ese tenía otro objetivo en mente.
- ¡No, espera! ¡No te vayas! ¡Necesito hablar contigo! - dijo con un tono de alarma mientras se apresuraba a checar su salida, antes de que corriera hacia mí, mientras me preguntaba ¿Por qué la estúpida máquina pudo reconocer su huella al primer intento? - mi jefe me encargó que te preguntara si sabes algo de Alejandra, tu jefa, no se ha presentado en algunos días ni tampoco se ha reportado, así que… ¿Tienes idea de en dónde se metió?
- No, no lo sé, no he sabido nada de ella desde…
- El día de la protesta, sí, es lo mismo que nos dijo su esposo cuando lo contactamos - me interrumpió, hablando con fastidio y algo de resignación - seguramente fue a esa estupidez de Aurora y la capturaron, probablemente la hayan llevado a una de esas galerías de La Corporación.
- ¿A qué te refieres? - pregunté, sintiendo cómo aquella plática comenzaba a despertar cierto interés en mí.
- Bueno, con la publicación de la ley Aurora, capturaron a las simpatizantes del movimiento y las convirtieron en siervas, pero la mayoría fueron enviadas a las viejas galerías de La Corporación, ya sabes, esos sitios donde enviaban a las mujeres que estaban en ese sistema para castigarlas por algún cumplimiento de contrato; en fin, el caso es que hemos supuesto que la enviaron a uno de esos sitios.
- Y ¿Qué es lo que les hacen en esas galerías? - pregunté, un poco intrigado y bastante preocupado por el posible destino de Alejandra. El sujeto de recursos humanos sonrió con algo de malicia.
- Las prostituyen y las ponen a la venta - explicó con una expresión de suficiencia que no me gusto ni siquiera un poco, pero con la cual entendí que ese tipo tenía algo de experiencia en el asunto.
- ¿En venta? ¿Cómo si fueran una especie ganado? - pregunté, un poco escandalizado ante la idea de que una mujer pudiera ser vendida y comprada.
- Sí, bueno, más o menos, debes recordar que la ley Aurora les retiró el estatus de ciudadanas y las convirtió en propiedades del estado, dicen que los créditos que se recauden serán para indemnizar a la gente que fue afectada por el atentado, pero… bueno, eso es lo de menos, pero ahora que sabes de qué se tratan ¿No te parece interesante el asunto? Quiero decir ¡Podrías encontrar a tu jefa en uno de esos lugares! ¡Podrías pagar por tener sexo con ella o comprarla para llevártela a casa y hacerle cualquier cosa que se te ocurra! ¡Incluso podrías prostituirla y vivir de lo que saques de su trasero! - exclamó, con un brillo de locura en sus ojos, notoriamente excitado ante aquella hipotética eventualidad, como si estuviera pensando en lo que haría si encontrara en tan infortunada posición a alguna de las mujeres que conocía, sonriendo ante la posibilidad de convertirlas en su propiedad, demostrando una actitud morbosa y algo perversa que en ese preciso instante me hizo decidir que aquel sujeto definitivamente no me agradaba.
- No creo que eso sea tan genial. Alejandra es una buena persona, es una mujer gentil y amable, siempre me trató bien, de la misma forma como acostumbraba a tratar a todas las personas y, si eso fue lo que le pasó, lamentaré mucho que haya caído en un destino tan desafortunado - respondí con sequedad, sintiendo la necesidad de terminar de una buena vez con esa conversación, mirando con severidad a ese idiota mientras él me devolvía una mirada llena de incredulidad, algo que solamente duró unos segundos hasta el momento en que aquella expresión se vio sustituida por una mirada suspicaz que me sugirió que ese tipo se traía algo entre manos, que me hizo saber que no creía que pudiera mostrarme tan indiferente ante algo que pare él parecía ser un sueño hecho realidad.
- Bueno, si no quieres que sufra un destino como ese, tal vez podrías hacer algo al respecto, quizás si la encontraras en una de esas galerías podrías comprarla y darle una mejor vida que la que le espera en ese lugar - dijo, sabiendo que aquello me tentaría de alguna manera, después de todo, Alejandra era una mujer muy hermosa, una en la que había puesto el ojo desde que entré a trabajar en esa empresa, aunque en realidad nunca hice nada al respecto al tratarse de una mujer casada y perdidamente enamorada de su esposo.
- Ella es una mujer casada, así que supongo que si la convirtieron en sierva, su esposo ya la habrá comprado, además, no creo tener créditos suficientes para comprar una sierva y lo poco que tengo es lo que he ahorrado para comprar un departamento, así que… - respondí, sorprendiéndome a mí mismo del tono tan pesimista con el que salieron aquellas palabras de mi boca.
- ¡Oh, vamos! En primer lugar, eso de que está casada ya no tiene ningún sentido, en el momento en el que se convirtieron en propiedad del estado, quedaron excluidas de cualquier contrato social y/o legal; y en segundo lugar, no tiene caso que finjas que no te da curiosidad saber lo que pasó con ella, porque en cuanto te lo dije te brillaron los ojos, y no te culpo, Alejandra es una mujer muy bella y tiene un cuerpo delicioso - expresó con ojos distraídos y una expresión morbosa, como si en aquel preciso momento se estuviera acordando de mi jefa - en cuanto a lo de los créditos, bueno, yo no me preocuparía por eso, siempre está la posibilidad de que prostituyas a la sierva que compres, ese es un negocio muy redituable, uno que podría sacarte de esta empresa de manera definitiva, que podría garantizarte el no tener que volver a trabajar nunca - explicó el tipo, mirándome con mucho detenimiento, esperando una respuesta, comportándose como si él fuera un demonio que tratara de sonsacar a un idiota para hacer algo que concibe por todos lados como una abominación, aunque, lamentablemente, el imbécil estaba haciendo muy bien su trabajo, pues la idea de que Alejandra estuviera a mi lado, de que pudiera hacer con ella lo que quisiera, sonaba como algo muy cercano a la clase de cosas que yo había imaginado cuando soñaba despierto en un mundo donde ambos pudiéramos estar juntos - escucha, yo conozco una galería que no está muy lejos, está apenas a un par de sectores y creo que te queda de camino a casa, así que, si quieres, podríamos ir a darnos una vuelta por ahí, tal vez la encontremos o tal vez no, pero mientras buscas podrías encontrarte con alguien a quien conozcas, no lo sé, quizás una antigua novia o a la chica que tanto te gustaba, pero a quien jamás le dijiste nada; no lo sé, el mundo de las siervas es un universo lleno de posibilidades y… bueno… ¿Qué me dices? - preguntó al final, componiendo una expresión que dejó muy en claro que él pensaba que aceptaría su ofrecimiento, una actitud de suficiencia que por poco me hace negarme a ir con él, pero admito que la curiosidad y la posibilidad de encontrar ahí a Alejandra, fue lo que al final terminó de convencerme.
- De acuerdo - dije sin más, haciendo que ese tarado sonriera ampliamente, antes de darme una palmada en la espalda y de que comenzáramos a caminar en dirección del autobús de la empresa que solía llevarnos a casa, el mismo que minutos más tarde nos dejaría justo en la entrada de la galería, donde había un considerable flujo de hombres que entraban y salían del lugar, mostrando amplias sonrisas, dejando claro que no acudían a ese sitio solamente a mirar.
Debo decir que estar en ese lugar resultó una experiencia sumamente abrumadora, porque parecía mentira que el Gobierno Central permitiera la existencia de un sitio tan deprimente y abominable, donde las mujeres se encontraban encerradas en pequeñas habitaciones transparentes, completamente desnudas, condenadas a vivir en una pequeña habitación sin nada más que una cama, un lavabo y un escusado que resultaba muy parecido al que colocaban en las celdas de prisión, conformando un escenario que al menos para mí resultaba muy desagradable, más aún al observar la desesperación que demostraban aquellas chicas mientras rogaban a quienes las miraran para que las usaran, suplicando que las llevaran al orgasmo, algunas de ellas incluso masturbándose mientras lo hacían, otras recibiendo entre sus piernas a hombres que habían pagado el precio por estar con ellas.
- Buenas tardes, caballeros - dijo de pronto un sujeto de voz grave que llamó mi atención, haciendo que volteara a verlo, encontrándome con un tipo ya entrado en años que portaba el uniforme de la corporación - ¿Es su primera vez visitándonos o ya nos habían acompañado antes? - preguntó con elegancia y una formalidad que parecía desentonar con los gemidos y las palabras soeces que escapaban de aquellas cabinas donde se encontraban las siervas.
- Primera vez - respondí, pero sin ser capaz de dirigir toda mi atención a ese hombre, mientras miraba como a una chica, una jovencita que seguramente no llegaría ni siquiera a los veinte años, la estaba penetrando un hombre enorme, con una musculatura que sin problemas lo llevaría a pesar al menos unos 140 kilos y un miembro tan grande que me costaba trabajo entender cómo la chica no se estaba retorciendo de dolor mientras ese animal la penetraba.
- Muy bien caballero, permítame explicarle cómo funciona nuestro establecimiento, por favor, acompáñeme - me indicó, comenzando de inmediato a caminar delante de mí - para empezar, es importante aclarar que el uso de estas instalaciones depende de que esté registrado como usuario en el sistema Siervas del Hombre.
- Lo estoy, nunca he usado esos servicios, pero una vez por curiosidad… bueno, el caso es que estoy registrado - expliqué, mientras veía a una mujer siendo penetrada por un tipo negro que tiraba con demasiada fuerza de sus pezones sin que ello pareciera provocarle clase alguna de sufrimiento a la sierva que estaba usando.
- Perfecto - contestó el hombre, sin hacer caso de la vergüenza que me daba el admitir que tenía esa aplicación en mi celular, ni tampoco de la forma como mi atención se dispersaba constantemente hacía todo aquello que me rodeaba - todas las mujeres que aquí se encuentran, son propiedad del estado, en esta galería ya no hay siervas castigadas por La Corporación por incumplimiento de contrato, así que las mujeres que encuentre en las cabinas, todas y sin excepción, están disponibles para su renta o compra. Acérquese, por favor - explicó, hasta el momento en el que se detuvo frente a una cabina donde no había una fila de hombres esperando su turno ni algún usuario que estuviera usando el cuerpo de la sierva que ahí se encontraba - este monitor de pantalla táctil le ofrece información acerca de la sierva en la cabina, desde los datos que correspondían a su vida como mujer libre, el día y hora en la que fue convertida en sierva, los delitos que cometió, hasta el precio que se debe pagar por ella, sea que la quiera rentar o comprar - explicó, demostrando cómo con solo arrastrar el dedo sobre el monitor, hacia arriba o abajo, podía recorrerse la información de la sierva, hasta que al final señaló un par de opciones en las que se apreciaba el precio de renta y compra de la sierva - debo aclarar que los precios varían de acuerdo con la sierva de la que se trate, dependiendo de muchos factores como su atractivo físico, edad, la popularidad con la que es rentada, entre otros muchos indicadores que hacen que sus precios varíen en comparación de las demás siervas. Cuando usted presiona la opción de renta, debe firmar un contrato de uso con su huella digital y el monto de los créditos le será descargado automáticamente de su cuenta bancaria; este servicio contempla una duración de 15 minutos, tiempo que iniciará una vez que haya ingresado a la cabina, en el cual también están incluidos los minutos que le tome quitarse la ropa y luego vestirse. La forma de pago y el proceso de transacción para el caso de la opción de compra, es la misma, la única diferencia es que al imprimir su huella estará firmando un contrato de propiedad, el cual le cederá los derechos correspondientes sobre la sierva que haya decidido adquirir; obviamente el precio de compra suele ser mayor al precio de renta, pero La Corporación se ha decidido a mantener precios competitivos, con el objetivo de que los usuarios las adquieran para liberar espacios en las galerías y poder traer más mujeres a estas cabinas - dijo el hombre, sin perder su elegancia, pero hablando de una forma tan fría e indiferente que me hizo erizar la piel y preguntarme qué era lo que sentía al estar cerca de ese personaje - en el caso específico de que se decante por adquirir a una de nuestras siervas, antes de lo haga, lo exhorto a considerar los gastos de mantenimiento que ello conlleva, tales como alimentación, administraciones anuales de la vacuna universal contra enfermedades de transmisión sexual, la recarga semestral de ambrosía en el dispositivo de sumisión y la aplicación anual del dispositivo anticonceptivo, pues son costos que deberá cubrir como parte del acuerdo que debe firmar cuando adquiere una sierva; por supuesto que, si después de tal clase de consideración decide realizar una compra, en el momento en el que lo haga nos será notificada su adquisición y alguien del personal se acercará para preparar a su sierva.
- ¿A qué se refiera con prepararla? - pregunté, sin poder superar aún lo abrumadora que resultaba la cantidad de información que acababa de recibir.
- Antes de que una propiedad salga de las instalaciones, debe pasar primero por un proceso de limpieza y descontaminación, lo cual supone un baño de algunos minutos en la cámara descontaminante y someterla a una limpieza profunda de sus cavidades anal, oral y vaginal, además de un proceso técnico en el cual se le dará mantenimiento a su dispositivo de su misión, lo cual por cierto incluye una recarga de ambrosía sin costo adicional; aunado a ello, quizás también podría requerir los servicios del área de estética, donde a la sierva se le pueden hacer algunas modificaciones corporales como el aumento del tamaño de sus senos, glúteos o, quizás, la realización de algún tatuaje o perforación según los deseos del nuevo amo; claro que en el caso de que requiera esa clase de servicio, tendría que pagar un costo adicional dependiendo de los cambios que requiera que se le practiquen a su sierva. Finalmente, una vez que el proceso de limpieza y estética haya terminado, usted podrá llevársela a casa. Como sugerencia adicional, le aconsejaría que, de hacer alguna compra, considerara también adquirir algunas cajas del alimento para siervas aprobado por La Corporación.
- ¿Alimento para siervas? - pregunté, sintiendo un poco de repugnancia al ver cómo todo aquello se parecía cada vez más al proceso que se tenía que completar cuando alguien quería adoptar una mascota.
- Así es, señor, el alimento para siervas en una bebida con una textura muy similar al yogurt que puede adquirir en cualquier tienda de comestibles, solo que en este caso se trata de una mezcla insípida que garantiza que la sierva se mantenga en un peso adecuado para que no suba ni baje de peso y para que no pierda tampoco la consistencia muscular que tenga cuando se vaya de las instalaciones, claro que a ello siempre ayudaría que también la pusiera a hacer un poco de ejercicio de vez en cuando. Cabe mencionar que el alimento para siervas puede ser periódicamente enviado a su domicilio sin costo de envío - dijo el hombre, quedándose callado después, mirándome como si esperara que le dijera algo hasta que supongo que decidió que era hora de marcharse, pues al parecer ya me había dado la información que yo necesitaba - ¿Tiene alguna duda, caballero? - preguntó mientras yo insistía en quedarme callado, mirando a mi alrededor, observando a mujeres siendo usadas por desconocidos mientras algunos hombres fuera de las cabinas alentaban a quienes lo hacían.
- Sí, mi compañero mencionó antes que se podía hacer negocio con las siervas, dijo algo acerca de comprarlas para prostituirlas.
- Efectivamente, señor - respondió el hombre, de un forma que me hizo sentir como si estuviera muy contento ante la posibilidad de seguir hablando y explicarme algo que yo no sabía - es un negocio sumamente rentable y completamente legal, siempre y cuando se use la aplicación del sistema Siervas del Hombre como intermediario; usted puede comprar una o varias siervas y ponerlas en subasta o hacer tratos directos con otros usuarios de la aplicación, de la misma forma como lo haría una mujer libre, solo que los créditos que paguen por dichos servicios, serán abonados a su cuenta bancaria; en el caso de que tenga pensado iniciar un emprendimiento de tal clase, le sugeriría tener muy presente la periodicidad del dispositivo anticonceptivo y de la vacuna universal contra enfermedades de transmisión sexual, como una forma de cuidado de su inversión, claro; además, si me permite darle otra sugerencia - dijo de pronto acercándose mucho a mí y reduciendo al mínimo el volumen de su voz - hemos sabido que las siervas más populares entre soldados, personal del Gobierno Central y de La Corporación, son aquellas que participaron directamente en el ataque el día de la protesta, hay hombres que ya han amasado pequeñas fortunas al prostituir a esas mujeres - comentó, guiñándome un ojo al final de aquellas palabras, mirando en todas direcciones, como si acabara de decirme algo secreto, algo de lo que tal vez podría resultar peligroso hablar - muy bien, caballero, creo que ya he abarcado todo lo que debe saber para hacer uso de nuestras instalaciones, pero, por favor, si tiene alguna otra duda, hágamela saber a mí o a alguno de mis compañeros que se encuentran a lo largo y ancho de estas instalaciones. Tenga una excelente tarde.
- Gracias, igualmente - respondí, pero sin lograr prestarle demasiada atención mientras contemplaba lo que me rodeaba, antes de que recordara que había llegado a ese lugar con el tipo de recursos humanos y de que, al buscarlo, lo hallara dentro de una cabina, usando a una chica rubia que parecía ser muy hermosa y quien gemía como loca mientras ese tipo la penetraba.
Quedarme de pronto tan solo en ese lugar, me hizo sentir muy incómodo, porque me sentí como si fuera la única pieza que no embonaba en ese perverso rompecabezas, porque odiaba ese sitio como no había odiado nada antes, considerándolo una aberración, un descarado insulto a la naturaleza humana donde mujeres eran obligadas a recibir a todos esos hombres sin obtener nada a cambio, siendo condenadas a vivir una vida a medias al estar inundadas por esa droga que les alteraba la realidad y las hacía rogar por un orgasmo que no sería más que un pequeño aliciente dentro de una vida humillante donde la degradación sería el común denominador de cada uno de sus días.
Pensar en esas cosas, observar lo que pasaba a mi alrededor, contemplar la forma como un hombre penetraba por detrás a una chica que gemía sin parar mientras tiraban de su cabello, el saber que muchas de esas mujeres encontrarían el final de esa tortura solo cuando la muerte las alcanzara; todo ello me hizo sentir repulsión por el simple hecho de estar ahí, haciendo que de pronto experimentara la necesidad de salir de ese lugar e ir a casa, provocando que caminara en dirección a la salida hasta que recordé qué fue lo que me llevó a ese sitio y el recuerdo de Alejandra me obligó a hacer a un lado cualquier pensamiento que hubiera ocupado mi atención hasta ese momento.
Fue el pensar en ella lo que me hizo regresar y caminar por los pasillos de la galería, contemplando cómo esas mujeres eran constantemente humilladas, teniendo que soportar la repulsión que todo aquello me provocaba mientras buscaba a quien días atrás había sido mi jefa, una búsqueda que por momentos se tornaba frustrante, que en más de una ocasión me hizo sentir como si estuviera buscando una aguja en un pajar, hasta el momento en el que, en medio de aquel caos de gritos gemidos y vulgaridades, pude escuchar una voz que me pareció familiar, una que lejos de hacer que me contentara o que sintiera algo agradable, me erizó la piel de forma similar a como se le erizaría el cuero a un animal que está a punto de pelear, porque aquella voz no correspondía a la de Alejandra, ni siquiera a alguien de mi pasado con quien me alegrara de encontrarme; no, esa inconfundible y odiosa voz era de una mujer que me hizo la vida imposible durante algún tiempo, antes de que entrara en la empresa en la que por aquellos días laboraba, una bruja despreciable que llegué a odiar con todo mi ser, que incluso logró convertirme en algo diferente de lo que siempre fui, pues en más de una ocasión soñé con que un día llegaría al trabajo tan solo para escuchar que esa mujer había muerto o que de alguna manera había desaparecido.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Cógeme más fuerte! ¡Ahhh! ¡Cógeme como si fueras un verdadero hombre! ¡Imbécil! ¡Ahhh! - gritaba esa odiosa y venenosa arpía, llamado mi atención, sorprendiéndome al notar que aquella actitud soberbia y altanera con la que solía conducirse, no menguaba ni siquiera un poco al estar drogada con grandes dosis de ambrosía
Escuchar su voz me hizo revivir un poco de los años que compartí con ella, estando bajo su mando en una empresa en la que sufrí los peores seis meses de mi vida, bajo la autoridad de esa perra que gozaba de maltratar a los hombres, que disfrutaba de humillar a sus subordinados, que en ese momento me hizo reubicarme en aquel estado de enojo que solía provocarme, pero que a la vez me hizo sonreír, pues tenía su gracia que una mujer tan mezquina, autoritaria y soberbia como ella, hubiera terminado en una de esas cabinas donde su vida sería reducida a ser el receptáculo en el que, probablemente, miles de hombres depositarían su semilla.
Por unos segundos dudé en acercarme a su cabina, porque de alguna manera me dio miedo que me viera, una reacción que me hizo sentir avergonzado de mí mismo al entender que lo que esa mujer me provocó al trabajar con ella, había dejado una herida tan profunda que aún no lograba sanar, pero por fortuna fue esa sensación de no querer estar cerca de ella y la necesidad de superar tal clase de miedo, lo que hizo que al fin me acercara hasta la cabina en la que se encontraba, donde pude observar cómo esa perra se encontraba en cuatro, completamente desnuda, con un tipo gordo detrás de ella, empujando su verga en el interior de quien años atrás fuera mi jefa, mientras la mujer sacudía el trasero con desesperación, tratando de llegar a un orgasmo que parecía muy lejano considerando el reducido tamaño de la polla de ese tipo y el hecho de que, al parecer, con su comportamiento ella había logrado intimidarlo.
- Un minuto para que el tiempo de renta se agote - dijo una voz electrónica al interior de la cabina, haciendo que el tipo con sobrepeso saliera del cuerpo de la sierva, provocando que esa zorra lo buscara, que se humillara al tratar de retenerlo sin que lograra hacerlo, pues el hombre la empujó hacia la cama antes de salir de la cabina, dejándola ahí tirada mientras se iba diciendo algunas groserías, dejando muy en claro que no había quedado satisfecho con lo que hicieron.
Sé que al decirlo sonaré como una persona horrible, pero no voy a negar que disfruté mucho de ver a esa mujer en el estado en el que la encontré, porque cuando el hombre obeso se marchó, ella se quedó tirada en la cama, masturbándose con desesperación, al borde de las lágrimas mientras trataba de llegar a ese orgasmo que su amante de paso no logró brindarle.
Resultaba irónico pensar en ella como la persona que una vez fue una jefa despiadada y autoritaria, mientras observaba cómo se revolcaba en una cama asquerosa en la búsqueda de un placer que tal vez nunca llegaría, una escena que me permití disfrutar por unos segundos, regodeándome en la miseria en la que se encontraba, recordando cada ocasión en la que me humilló mientras trabajé para ella, cada oportunidad en la que me culpó de errores que ella cometió tan solo para quedar bien con sus jefes, reviviendo el odio que llegué a experimentar en su contra cuando me obligaba a quedarme más tiempo en la oficina a pesar de que no hubiera más trabajo, tan solo para sentir el placer de saber que estaba haciendo mi vida más miserable de lo que ya lo era.
- Hermano, ¿Vas a usarla o no? Solo tengo una hora para regresar al trabajo - dijo alguien a mis espaldas, haciendo que regresara del mundo de mis propios pensamientos, que de pronto me diera cuenta de que estaba justo enfrente del monitor que correspondía a la cabina de esa mujer donde pude leer su nombre en el encabezado de su información: Ivette.
- Lo siento - me disculpé mientras le echaba un ojo a su información, antes de que leyera la parte de todo aquel texto en la que se informaba que Ivette fue una de las mujeres a quienes se capturó lanzando bombas caseras en contra del edificio que incendiaron en la protesta de Aurora, una clase de información que hizo que las palabras de aquel hombre de La Corporación hicieran eco en mis pensamientos, repitiéndome lo que dijo acerca de que las mujeres que se vieron involucradas en el ataque solían tener una buena clientela para soldados, personal del gobierno y gente de La Corporación.
Las quejas del hombre a mis espaldas de pronto dejaron de tener sentido mientras pensaba en la posibilidad de sacar algunos créditos del trasero de esa mujer a quien tanto odiaba y al mismo tiempo cobrarme una pequeña venganza en su contra, una idea que de pronto me hizo mirar su precio, encontrándome con que valía 150 créditos a la renta y 3000 créditos a la compra, antes de que la mirara de nuevo mientras se masturbaba de esa manera tan desesperada, escuchando las quejas del hombre detrás de mí como si solamente se tratara de ruido ambiental, mientras oprimía la opción de compra y firmaba el contrato de propiedad con mi huella digital, llevado por una necesidad de venganza que no había sentido antes, por el enojo que me provocaba recordar las múltiples y variadas formas con las que me hizo sentir miserable mientras trabajaba para ella, sin que en ese momento fuera capaz de mirar a otro lado hasta que alguien se paró a mi lado y me habló.
- Así que al final decidió llevarse a una sierva, me parece muy bien, caballero - dijo el hombre que me recibió minutos atrás, el mismo que me explicó cómo funcionaba todo en ese lugar, mientras tecleaba algo en una tableta y de pronto las imágenes en el monitor de la cabina eran sustituidas por una pantalla en rojo donde en letras blancas apreció la palabra vendida, algo que ocurrió al mismo tiempo en el que aparentemente le retiraron la ambrosía a Ivette, pues fue evidente el momento en el que de pronto simplemente dejó de masturbarse, mirando en todas direcciones, mostrándose confundida, como si repentinamente volviera a ser consciente de su entorno, antes de que comenzara a llorar y tratara de taparse los senos con sus manos, a la vez que yo analizaba con un poco más de detalle su cuerpo, encontrando algunas heridas que parecían recientes, incluidos un par de cortes en esa cabeza rapada que me hicieron preguntarme qué demonios le había pasado cuando la capturaron.
Dos hombres corpulentos entraron por ella y la sacaron de la cabina sin que Ivette tuviera la más mínima intención de resistirse, caminando entre aquellos dos tipos mientras el señor que me atendió volvía a hablar, sin que yo le prestara mucha atención, pues justo en aquel momento mi mirada y la de mi sierva se encontraron, obsequiándome esa expresión de miedo y sorpresa que me hizo saber que había tomado la decisión correcta
- Ahora la prepararemos para usted, caballero ¿Requerirá alguna clase de tratamiento estético para su sierva? Si tiene la intención de prostituirla, tal vez convendría que la gente supiera a quién pertenece, es común entre quienes se dedican a ese negocio, que sus siervas lleven tatuado el nombre de su amo o algún símbolo en alguna parte del cuerpo - sugirió, haciendo que de pronto sonriera, provocando que el hombre me imitara mientras Ivette me miraba a los ojos con una expresión suplicante, como si tratara de rogarme que no hiciera nada con su cuerpo, pero sin poder hablar ni ser capaz de desviar de alguna manera la mirada.
- Sí, esa sería una buena idea - contesté sin más.
- Muy bien. Caballeros, por favor inicien el proceso de limpieza, supongo que para cuando terminen de asearla ya habré dejado instrucciones en el área de estética - ordenó el tipo, antes de que los hombres corpulentos se llevaran a Ivette, extrañándome que no se defendiera ni intentara escapar, pues jamás hubiera imaginado un momento en el que viera a esa mujer doblegándose ante un hombre - muy bien, caballero, ahora, por favor, acompáñeme al área de estética para elegir el diseño que le tatuaremos a su sierva, nos servirá para distraernos un poco mientras esperamos a que terminen de limpiarla - me indicó, antes de que lo siguiera, de que minutos después llegáramos al área de estética donde solo me tomó un par de minutos escoger el diseño de una enredadera que se abría hacia los lados con mi nombre grabado en el medio, un tatuaje que le colocarían a Ivette más tarde en su espalda baja, imprimiendo en su cuerpo una marca de ramera que la acompañaría por el resto de su vida.
A pesar de lo morboso y extrañamente gratificante que se sentía el saber que ahora era de mi propiedad, resultaba un tanto abrumador estar sentado en aquella sala de espera mientras preparaban a Ivette para mí, sabiendo que ahora me pertenecía, que dependería enteramente de mí, de lo que hiciera o dejara de hacer, que estaba obligada a obedecer cada orden que le diera sin importar la naturaleza de mis deseos; aunque por otro lado, debo admitir que también estaba considerablemente excitado al pensar en el hecho de que esa noche tendría un poco de sexo, porque si bien en el pasado había estado con algunas mujeres, tener sexo no era algo que yo hiciera de manera regular, un elemento en mi vida que cambiaría por completo tras haber comprado una sierva, porque además hay que decir que Ivette, a pesar de que le hubieran rapado la cabeza, seguía siendo una mujer atractiva, con un cuerpo lindo y una energía sexual digna de mencionarse, un conjunto de elementos que me hacían sentir cada vez má ansioso, que me alejaron de aquellos sentimientos negativos y pensamientos reprobatorios que llegué a tener hacia aquel lugar en el que me encontraba, porque en ese momento no podía pensar en nada que no fuera Ivette, lo que le haría cuando regresara a mi departamento y lo que podría cobrar cuando comenzara a prostituirla.
- Gracias por la espera, señor; aquí tiene a su sierva - dijo de pronto el hombre que me atendió antes, sacándome de mis propios pensamientos mientras obligaba a Ivette a darme la espalda y le bajaba un poco aquellos shorts rotos que llevaba encima para mostrarme el tatuaje que ya le habían hecho en la espalda baja, apenas a unos milímetros por arriba de su nalgas - la han tatuado con base a las indicaciones que nos dio, esperamos que el resultado sea de su agrado - dijo, antes de guardar un poco de silencio, reanudando su discurso solo hasta el momento en el que yo asentí con la cabeza, una vez más, sin prestarle demasiada atención, pues en aquel instante recorría el cuerpo de Ivette de pies a cabeza, maravillado con el resultado de lo que le hicieron, porque de pronto ya no lucía sucia y las heridas que antes tuvo parecían haber desaparecido de su piel - el certificado de propiedad ya debe haberle llegado a su correo, así que…
- Perdón, pero cuando la vi en la cabina noté que tenía algunas heridas en el cuerpo y en la cabeza, ¿Qué pasó con ellas? ¿Cómo…? - pregunté, realmente sorprendido al notar que ninguna de aquellas heridas estaba en su piel.
El hombre sonrió complacido, seguramente al tener que explicarme algo que no sabía, de la misma forma como se comportó en algún momento atrás cuando me explicó el funcionamiento de aquel lugar.
- Así es, señor, lamento no haberlo mencionado antes, pero a su sierva se le ha aplicado una medicina a la que de manera coloquial se le ha llamado borrador, es básicamente un medicamento que acelera los procesos de curación de una persona, haciendo que las heridas que comúnmente tardarían días en sanar, lo hagan en cuestión de minutos, algo que también ha ayudado a la cicatrización del tatuaje que le hicieron las chicas del área de estética, por lo que no deberá tener ningún cuidado específico al respecto.
- Y ¿Por qué tiene puesta esa ropa tan destruida? - pregunté al notar que su ropa parecía haber sido salvajemente desgarrada, sin encontrar sentido al hecho de que la llevara puesta dado que no lograba tapar ninguna parte de su cuerpo y la chica no dejaba de tratar de cubrir sus senos con sus manos, sin levantar la mirada ni dejar de llorar, negándose a mirarme a los ojos, algo que me hizo suponer que sabía perfectamente bien la razón por la que la había comprado y la vida que le esperaba a mi lado.
- Esa ropa es la que tenía puesta cuando la capturaron, señor, los soldados destruyeron sus prendas casi en su totalidad cuando recibieron la orden de usar a las siervas después del atentado ¿Hay alguna otra cosa en la que lo pueda ayudar caballero?
- Sí, me gustaría ordenar el alimento del que me habló, no puedo llevármelo ahora mismo, no tengo auto, pero…
- ¡Oh, por eso no se preocupe! ¡Se le enviará para que llegue a su hogar en unas cuántas horas! Solo, deme un minuto por favor - dijo el hombre antes de que sacara su tableta y tecleara algo en ella, mientras yo miraba a Ivette, quien no dejaba de llorar de una manera lamentable, sollozando, dejando que su cuerpo temblara de horror, miedo y tal vez del frío que seguramente sentía al estar prácticamente desnuda - ¡Listo! Si fuera tan amable de imprimir su huella en el punto rojo - dijo el hombre mostrándome la pantalla de su tableta - le he hecho un pedido con una dotación semanal, debe darle a la sierva una botella de alimento cada 8 horas y el pedido le llegará todos los jueves a su hogar, descontando los créditos correspondientes de su cuenta bancaria. Debo aclararle que el pedido puede ser cancelado en el momento que usted quiera hacerlo, aunque se le recomienda no hacerlo, puesto que esta es la mejor y más económica forma de alimentar a su sierva. También quisiera comentarle que, en caso de que su nueva propiedad no se comporte de una manera aceptable, puede optar por regresarla con nosotros recibiendo el 50% del precio que pagó por ella, puede cambiarla por otra sierva del mismo precio sin costo adicional, o bien, puede ingresarla al Centro de Entrenamiento de Siervas del Hombre, donde se le adiestrará para cumplir con los estándares de calidad que se esperaría de una sierva modelo, claro que eso tiene un costo adicional, aunque, por lo que puedo ver, dudo mucho que su nueva adquisición llegue a darle algún problema - dijo mientras la miraba, conservando la cabeza agachada, sin dejar de llorar, sin querer decir una sola palabra o levantar la mirada.
- De acuerdo, si eso es todo, creo es hora de ir a casa - dije, tomando del brazo a Ivette.
- ¡Que tenga una excelente tarde, señor! ¡Y felicidades por su nueva adquisición! - se despidió aquel sujeto, antes de que Ivette y yo comenzáramos a avanzar hacia la salida de ese lugar, sin decir una sola palabra, solamente escuchando los gemidos de las chicas que eran usadas en las cabinas y el llanto de la que ahora se había convertido en mi propiedad.
- ¡Rodri! ¡Amigo! - gritó el tipo de recursos humanos con el que llegué a ese lugar, haciendo que volteara a verlo mientras él agitaba una mano en el aire y corría en mi dirección - ¡Así que al final decidiste comprar una sierva ¿Eh?! ¡Nada mal! ¡Nada mal! - comentó mientras recorría el cuerpo de Ivette con la mirada - ¿Ya decidiste qué harás con ella? - preguntó mientras se acomodaba la verga en el pantalón, haciendo que, por desgracia, me enterara de que estaba teniendo una erección.
- Sí, creo que comenzaré un negocio, la pienso prostituir, estaba pensando en cobrar 300 créditos la hora. Necesito comprarme un auto y ahorrar para mi departamento, así que… - dije, viendo cómo Ivette me miraba de reojo, escuchando la risa que salía de la boca del tipo de recursos humanos.
- Eso suena muy bien, pero te recomiendo que no seas tú quien ponga el precio, sería mejor que la subastaras en la aplicación, así podrías jugar con la posibilidad de que la encuentren algunas personas que la conozcan y podrías ganar sumas mucho más altas de lo que lo esperas.
- Si, bueno, ya veré - contesté, un poco fastidiado de ese tipo, hasta que recordé de pronto lo que originalmente habíamos ido a hacer a ese lugar - ¿Encontraste a Alejandra? - pregunté, sintiéndome un poco ansioso y preocupado ante la posibilidad de que lo hubiera hecho, dado que ya me había gastado el dinero que tenía ahorrado; por fortuna o por desgracia, él meneó la cabeza, antes de que ambos nos quedáramos en silencio durante un minuto.
- En fin, creo que me quedaré otro rato por acá, vi a una muchacha de cabello rosa que me llamó la atención, así que te veo luego en el trabajo. Disfruta a tu sierva, amigo - comentó antes de perderse de mi vista, de que yo apretara un poco más el brazo de Ivette y la hiciera caminar hacia la calle, donde nos quedamos parados esperando el autobús durante algunos minutos, los suficientes como para que comenzara a llover y tuviéramos que resguardarnos bajo la cornisa del edificio del cual acabábamos de salir, un momento en el que noté la forma como Ivette se apretaba el cuerpo con sus brazos en un intento por resguardarse del frío, una imagen que logró conmoverme a pesar de que se tratara de ella, que me hizo quitarme la chamarra y hacer que se la pusiera sobre aquella ropa destruida, lo cual a su vez provocó que me mirara extrañada, como si jamás hubiera esperado esa clase de atención de mi parte, como si esperara una explicación al gentil gesto que acababa de tener con ella.
- Acabo de comprarte y pretendo prostituirte, no quiero arriesgar mi inversión a la posibilidad de que te enfermes y tenga que gastar créditos en medicamentos y atenciones médicas - contesté a esa pregunta que jamás pronunció, recibiendo un tímido y casi inaudible gracias, amo que pretendí no escuchar, antes de que nos subiéramos en el autobús y la gente se le quedara viendo a su brazalete, algunas personas mirándola con lástima y otras con algo de odio, sentimientos contradictorios que entendía perfectamente bien, pero que a Ivette la hicieron sentir muy incómoda, provocándole un llanto mucho más intenso que antes.
Llegar a mi edificio llevando una sierva tomada del brazo, resultó algo mucho más gratificante de lo que pensé que sería, algo que inició en el momento en el que el tipo que daba mantenimiento a los departamentos miró con curiosidad a Ivette, hasta que notó el brazalete que llevaba en la muñeca y sonrió, asintiendo en mi dirección con orgullo, con una sonrisa enorme en el rostro que me hizo reír un poco, mientras me cruzaba con el tipo en el pasillo.
- Entra - le ordené a mi sierva después de que abriera la puerta, haciendo que caminara por delante de mí, insegura, nerviosa y seguramente temerosa de lo que estaba por pasar - al fondo de lado derecho está el baño, ve ahí, quítate esa ropa rota y espérame en esa habitación.
- Sí, amo - contestó, haciendo que de pronto se me erizara la piel al escuchar aquella última palabra, permitiéndome disfrutar del efecto que me provocó mientras esa chica caminaba en dirección del baño y yo iba a mi cuarto para sacar una camiseta y un short, pues no me agradaba la idea de que anduviera por la casa con esa ropa sucia y destruida, no me provocaba una buena sensación y de alguna forma me hacía pensar en lo que le hicieron cuando la capturaron, nada que resultara ni remotamente agradable.
Cuando me reuní con ella en el baño, la chamarra que le presté estaba colgada en un perchero mientras que su ropa yacía en el bote de basura, nada que me importara tanto como ver a esa mujer desnuda, intentando cubrir su cuerpo de mi vista, mientras recorría su piel blanca con mis ojos, notaba la fortaleza de sus piernas e imaginaba cómo vería su vagina, cómo serían sus senos una vez que sus heridas y cicatrices fueron borradas de su cuerpo.
- Baja los brazos - le ordené, sorprendiéndome a mí mismo al escuchar la voz grave y severa con que pronuncié a aquellas palabras, viendo cómo mi sierva bajaba sus manos, sin dejar de llorar, dejándome en claro que aquello era lo último que hubiera querido hacer, pero al final permitiéndome ver aquel coño depilado que yacía entre sus piernas y esos pezones pequeños y rozados que se erguían frente a mí, tal vez producto del frío que hacía en el departamento.
Ivette suspiró en el momento en el que notó que dejaba la ropa sobre la caja del escusado, cerrando los ojos y respirando luego con profundidad, en un intento por calmarse, por tratar de controlarse ante lo que sabía que estaba a punto de hacer con ella.
Un notable sobresalto fue lo que le provoqué cuando coloqué mis manos a cada lado de su cintura, mientras me dejaba seducir por el aroma de los productos con los que la limpiaron en la galería, dejando que mis manos recorrieran su piel, apoderándome de sus nalgas, haciendo que gimiera asustada, sin saber dónde poner las manos mientras respiraba alterada, al mismo tiempo que yo la miraba y ella mantenía su mirada atenta hacia alguna parte de mi camiseta.
- ¿Recuerdas aquella vez en la que hiciste que todos se rieran de mí, diciendo que había enviado un correo al director general de la empresa en vez de enviarlo a uno de nuestros clientes? - ella asintió, sin decir nada, reanudando su llanto con tanta intensidad que su cuerpo temblaba con sus sollozos, no obstante, aquella respuesta no era suficiente para mí, así que la tomé de la cabeza y con un movimiento brusco la obligué a mirarme a los ojos - me parece que no te escuché, sierva.
- Sí, amo, lo… lo recuerdo - contestó, titubeante y temerosa.
- ¿Quién mandó ese correo?
- Fui yo amo…. fui yo - dijo con la voz apagada, dejándose llevar por el miedo, sollozando de una manera que tal vez en cualquier otro momento y a cualquier otra persona le hubiera resultado alarmante, pero no a mí, no tendiendo a esa mujer a mi disposición - lo siento - se disculpó al final, haciendo que se me revolviera el estómago, porque sabía que jamás se hubiera disculpado si ella no se sintiera en peligro como lo estaba haciendo en ese preciso momento.
- Vas a sentirlo muchas veces, sierva, lo harás, y te voy a cobrar cada humillación y cada chingadera que me hiciste, ya sea que lo pagues conmigo o con todos los hombres con los que te voy a prostituir ¿Sabes algo? Me dijeron que los soldados y la gente de La Corporación pagan una buena cantidad de créditos por las mujeres que estuvieron involucradas en la explosión - su llanto se hizo mucho más sonoro y desgarrador - así que supongo que no lo pasarás muy bien si decido ofrecerte a esa clase de clientes, aunque, quién sabe, tal vez si haces un buen trabajo, prefiera que te quedes conmigo a que caigas en las manos de esos hombres - sugerí, antes de que sintiera las manos de Ivette colocándose de manera apresurada en mi pantalón, de que sintiera cómo desabrochaba mi cinturón y luego descubría mi miembro para tomarlo con su mano y empezar a acariciarlo, haciéndome sonreír al contemplar el miedo que le daban los militares, al ver que prefería quedarse con un hombre que seguramente la maltrataría en lugar de ir con aquellos que no se consolarían con humillarla, quienes probablemente la torturaría en la búsqueda de una venganza por lo que esas mujeres de Aurora les hicieron a sus familias.
Me cuesta trabajo describir lo gratificante y satisfactorio que resultó ver a esa mujer arrodillándose frente a mí, sin que yo se lo ordenara, observar la forma como, a pesar de que no dejaba de llorar, miraba mi miembro como si fuera la llave que le permitiera evitar el sufrimiento que la harían vivir aquellos hombres que en ella mirarían el dolor que les provocaron a las personas que perdieron, mientras tomaba mi sexo con su mano, dejando caer un poco de saliva sobre mi glande, obsequiándome una imagen que no hubiera pensado que fuera posible ver ni en mis más alocados y perturbados anhelos de venganza en contra de esa mujer.
- ¡Te… te lo ruego, amo! ¡Por favor, no me mandes con esa gente! ¡Por favor! - me suplicó, de rodillas, sin dejar de masturbarme, haciendo que la mirara a los ojos, mientras la veía abriendo la boca para luego engullir mi miembro, antes de que comenzara a mover su cabeza de atrás hacia adelante, de que sintiera su lengua acariciando mi verga y la forma como succionaba mi miembro, de cerrar los ojos y dejarme llevar por el placer que me daba el saber que no hizo falta demasiado esfuerzo para que se sometiera a mí, para adoptar el papel que le correspondía como una sierva, haciéndome sonreír al saber que podría hacer con esa mujer lo que quisiera, sin importar lo degradante, doloroso y humíllate que pudiera resultar para ella.
Mover las caderas y tomarla de la cabeza resultó mucho más gratificante que estar solamente parado y disfrutando de la habilidad que tenía para besarme la verga, algo que se vio beneficiado con los sonidos que hacía cuando mi pene llegaba a su garganta y le provocaba algunas arcadas, sin que ello la hiciera tratar de resistirse o de detenerme, siendo la sumisa mujer en la que jamás pensé que se convertiría.
Nunca imaginé que dominar a una hembra podría ser tan placentero, jamás se me pasó siquiera por la cabeza que tener tal clase de control sobre una mujer se sentiría tan bien, una reacción que me hizo saber por qué aquello de las siervas era tan redituable, que me hizo sacar mi celular y mirarlo, sintiendo curiosidad por ver lo que pasaría si descargaba un poco de ambrosía en su cuerpo, mientras ella chupaba mi pene con los ojos cerrados, esforzándome por complacerme, acariciando mis huevos cuando dejé de cogérmela con fuerza, haciendo lo que creía que me haría sentir un mayor nivel de placer, sin que estuviera siquiera tentada a detenerse hasta el momento en el que liberé una descarga de ambrosía en su cuerpo y ella se estremeció, sacándose mi pene de la boca para gemir con sonoridad, llevando de inmediato su mano a su coño, comenzando a masturbarse al mismo tiempo que yo la obligaba a ponerse de pie, que la hacía inclinarse al frente contra el lavabo y comenzaba a recorrer sus labios con mi miembro, sintiendo su humedad, disfrutando de ese momento en el que un gemido especialmente largo escapó de su boca cuando la penetré, viendo cómo de inmediato comenzaba a mover el culo, obligándome a quedarme quieto, escuchando sus desesperados gemidos y disfrutando de la imagen de mi nombre impreso en su piel, sonriendo al sentirme al borde de un orgasmo, al saber que esa chica me haría ganar mucho, pues ciertamente, más allá de su belleza, era muy buena a la hora de tener sexo.
Fue mientras se encontraba en esa posición cuando accedí a la aplicación e hice lo necesario para subastar a mi sierva, viendo cómo la suma de créditos se hacía cada vez más grande, sonriendo mientras me venía en su coño y sentía cómo ella no dejaba de masturbarse en su búsqueda interminable de un orgasmo que calmara las ansias que esa droga le provocaba algo, que disfruté con regocijo hasta el momento en el que vi una cantidad un poco mayor a los 5000 créditos que alguien pagó tan solo por pasar un día con ella, un momento en el que me permití salir de su cuerpo, en el que la contemplé masturbándose hasta gritar y gemir enloquecida cuando un orgasmo la alcanzó, dejándose luego caer al piso del baño, mostrando la mirada extraviada y una expresión que me hizo saber que su pensamiento no estaba en esa habitación, algo que me motivó a detener la administración de la ambrosía, observando cómo la vida regresaba a su rostro, acompañada de la vergüenza que le provocó el ser consciente de lo que acababa de pasar, la misma que la hizo cubrirse los senos, un comportamiento que me hizo sonreír.
- Dúchate y luego ponte esta ropa - le ordené, justo un segundo antes de que en la aplicación me llegara la notificación de que el pedido de alimento para siervas había llegado - cuando termines ve a la cocina, ahí te dejaré una botella de alimento. Luego quiero que duermas en el sillón del salón, debes descansar porque mañana tendrás tu primer servicio ¿Entendido?
- Sí, amo - respondió con resignación, haciendo que sonriera de nuevo antes de salir del baño, sin lograr superar la euforia que me provocó ver la cantidad de créditos que pagaron por ella, sabiendo que efectivamente podría dejar mi trabajo, que con ese nuevo negocio, el camino a conseguir los créditos para un departamento y comprarme un auto, sería mucho más corto que matándome como bestia laborando en una oficina común y corriente.
Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya ha llegado hasta el capítulo 13) o adquiriendo los primeros seis capítulos de esta serie en AMAZON (links en mi perfil) Gracias leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.
Continúa en
- Relato #239281— title-regex: contiguous parts (1 -> 2)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
No quería ser infiel, pero lo necesitaba
Magda creía tener el control total sobre su nuevo subordinado, pero no sabía que su jefe y su esposa esperaban esa reacción.
Comparte:Bdsm suaveDominacion masculinaPoder y control
- Hetero: Infidelidad
La enfermera de noche II
Tiene las llaves, tiene la rabia y tiene la casa vacía. Cada noche, Rosita abre la puerta de su pasado para recibir a desconocidos en los mismos…
Comparte:Voyeurismo ocultoDominacion masculinaBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Pillé a la puta de mi esposa con otro.
Descubrió el engaño en la pantalla de un portátil, pero lo que encontró en la cama fue mucho peor de lo que imaginaba.
Comparte:Dominacion masculinaVoyeurismo ocultoBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Mi ex, su novia y yo. 2
Roberto la esperaba en el restaurante, pero no para cenar. Isa llegó sabiendo que sería el postre, sin imaginar que el plato principal sería su…
Comparte:Bdsm suaveDominacion masculinaVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Eva, la mujer casada de mi urbanización (1)
Lleva meses leyendo relatos de sumisión y soñando con ser usada, pero nunca imaginó que la realidad superaría a la fantasía.
Comparte:Bdsm suaveDominacion masculinaVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
El inquilino marroquí Parte 1
Las paredes del piso son delgadas y los gemidos de al lado no son solo ruido, son una invitación.
Comparte:Voyeurismo ocultoDominacion masculinaBdsm suave