Mi vida. Resplandores y tinieblas (13)
Llevan meses mirándose sin decir nada, cargando silencios que gritan más que palabras. Cuando el miedo a perderla se vuelve más fuerte que el miedo a ser rechazado, decide que ya es hora de dejar de ser solo su amigo.
Mi vida. Resplandores y tinieblas.
Capítulo 8. Mi vida se reinicia.
Tercera parte
En ese momento pensé en cualquier cosa, alumnos de intercambio, o qué sé yo, y ante mi cara de sorpresa Maite me dijo:
-¿Sabés quién viene de visita?
-No boluda, decime de una vez!
-Viene Ana!
-Ana Sánchez?
-Sí señor! Se tomó vacaciones en su trabajo, y se viene a visitarnos y a conocer a Argentina!
-Guau! Qué bueno! Qué alegría me diste! Siempre pienso de ella!
-Y ella de nosotros, por eso se viene!
-Por fin se decidió!
-Ya quedamos de acuerdo en que la íbamos a buscar a Ezeiza, llega ese sábado a las dos y cuarto de la tarde, si querés podemos ir los tres a buscarla!
-Por supuesto! Vamos los tres! Va a ser un reencuentro memorable! Qué alegría me diste!
Ya estaba deseando que llegara el 23 para volver a verla, aunque hablábamos a menudo, y sabíamos que se había peleado con su novio, creo que los tres teníamos ganas de volver a verla y pasar unos días los cuatro juntos nuevamente.
Un par de días después, un jueves al llegar a casa y guardar la moto, me alegré al ver la bicicleta de Paz, al entrar a casa me la encontré con mi compu sobre la mesa y unas carpetas abiertas, y junto a ella el mate.
-Hola Paz! ¿Estudiando?
-Hola Facu! Sí, necesitaba información para un trabajo! Ya termino!
-Hiciste muy bien! Tranquila, que no hay apuro!
Dejé mis cosas y esta vez yo le cebe mate a ella, mientras terminaba lo que estaba haciendo para la facultad.
Ya se había hecho de noche, me daba miedo que se fuera sola en bicicleta hasta su casa, y me ofrecí a llevarla, pero me dijo que el día siguiente necesitaba la bicicleta para ir a la Facultad, y le dije que en ese caso si se animaba a llevarla cargada, íbamos así hasta su casa.
Le pregunté si quería quedarse a cenar, y aceptó, así terminaría su trabajo.
Mientras cenábamos le conté de la visita de Ana, haciéndole recordar que era la chica de Madrid que había estado con nosotros en Londres.Luego de la cena, cargando ella su bicicleta la llevé hasta su casa.
*
El sábado 23 de julio, Maite y Alice me pasaron a buscar por casa en el auto a las doce del mediodía, y nos fuimos para Ezeiza, preferíamos salir temprano por si había problemas en el tránsito.
Llegamos al aeropuerto, estacionamos el auto y entramos a eso de las dos menos cuarto.
Haciendo tiempo nos tomamos un café con medias lunas en uno de los bares mientras conversábamos.
Maite me contó qué Ana se quedaría en su casa, para que no tuviera que pagar hotel, y que aprovechando las vacaciones de invierno, estaban pensando en algún viaje para esa primera semana.
En las pantallas vimos la llegada de su vuelo, y casi media hora después, la vimos atravesar la puerta de salida arrastrando su maleta.
Al vernos corrió hacia nosotros, y los abrazos fueron interminables.
-Pero qué guapos estáis! El tiempo no pasa para vosotros!
-Vos también estás igual Ana, parece que fue ayer que compartimos tantas cosas en Londres!
Luego me miró y con una sonrisa me dijo:
-Cuánto lo siento mi niño... Una verdadera putada la que has tenido que tragar! ¿Cómo estás tú?
-Bien Ana, bien, superando todo eso, y feliz de verte!
-Y yo cariño! Tenía muchas ganas de pasar unos días con vosotros! Y comer aquí un buen asado argentino!
Caminamos hasta el auto de Maite, cargamos la maleta y volvimos los cuatro para La Plata, directamente a casa de Maite, donde Ana descansaría un poco, y en la noche comeríamos un asado en casa de los padres de Maite.
Dejé a las chicas y me fui a casa en un taxi, y en la noche me iría en la moto a casa de los papás de Maite.
En ese tremendo asado con achuras, estuvimos hablando de hacer algún viaje aprovechando las vacaciones y las chicas dijeron de ir a Las Cataratas.
Y fue Maite quién le contó a Ana de María Paz, y tuve que explicar cómo nos habíamos conocido y cuál era nuestra relación.
Maite se ocupó de todo y el miércoles nos fuimos a Las Cataratas, volviendo el sábado, ella compró los vuelos para los cuatro y alquiló una cabaña.
Fueron unos días hermosos, aunque el clima no acompañara tanto en esa época, pero la pasamos muy bien poniéndonos al día de nuestras vidas.
En el vuelo de vuelta a Buenos Aires, Maite propuso irnos la semana siguiente unos días a la costa, a la casa de sus padres en Pinamar, y también lo hicimos, nos fuimos desde el martes hasta el sábado.
El domingo tendríamos que descansar un poco, ya que el lunes retomábamos las actividades en el instituto, aunque Ana se quedara una semana más, tenía vuelo de regreso el siguiente sábado.
El lunes cuando llegué al instituto, las tres me estaban esperando, y Ana conoció nuestro lugar de trabajo.
Alice y yo teníamos que dar clases, y Ana se quedaría con Maite. Antes de irse, Maite me comentó que una amiga suya del interior venía al día siguiente por unos trámites, y se quedaría en su casa esa noche, y me preguntó si Ana podía quedarse a dormir en casa ese martes, y le dije que no había ningún problema, yo podía dormir en el sillón y dejarle mi cama a ella.
Al salir del instituto nos fuimos con Alice en la moto a su casa, cenamos los cuatro con la amiga de Maite, y luego nos fuimos con Ana para casa.
Desde que Ana había llegado, con lo buena que seguía estando, sin novio, con lo que habíamos tenido en Londres, y a pesar de la sequía de meses que traía yo, sin estar con una mujer, no me nació volver a tener algo con ella.
¿Qué pasaría esa noche en casa, Ana querría recordar aquellos días?, y traté de analizar lo que me venía pasando, y no me lo podía negar a mí mismo, lo que venía pasando en mí, tenía un nombre, María Paz.
Cuando llegamos a casa, le dije a Ana que le dejaba mi cama, y que yo dormiría en el sillón, y ella con una sonrisa, me dijo que estuviera tranquilo, que podíamos compartir la cama sin que nada pasara, y que ella lo entendía.
Esa noche dormimos juntos, sí, pero solo en la misma cama, ninguno de los dos intentó nada, creo que ni siquiera nos tocamos en toda la noche.
Ese miércoles, Ana se quedaría en casa hasta mi regreso, ya que Maite estaría también ocupada, y Alice y yo teníamos que dar clases.
Antes de irme le dije que se sintiera como en su casa, que en el freezer había comida para el mediodía, y le dejé llaves de mi casa por si quería salir a dar un paseo.
Cuando llegué a casa en la tarde, nos saludamos, conversamos un par de cosas y me dijo:
-Ahora entiendo guapo!
La miré sin entender bien lo que me quería decir, y con una sonrisa me dijo:
-Vaya susto me he pegao cuando entró la niña!
Y en ese momento me di cuenta de que no le había avisado a Paz, que Ana estaría en casa.
-Claro, hoy es miércoles... Perdón, me olvidé de avisarle a Paz que estarías aquí...
-No pasa nada cariño! Pero ahora entiendo..., es una chica muy maja!
-Si, nos conocimos en un momento dificil... pero sí…, es una chica muy macanuda… es una amiga…
-Bueno, eso está muy bien, pero me parece que allí hay algo más, guapo!
La miré intentando entender lo que quería decir y agregó:
-Mientras cocinaba estuvimos hablando... y qué queréis que os diga... me da que la niña está colada por tí... Ha hablado maravillas de ti, y de lo que has hecho por ella...
-La verdad es que no lo tengo del todo claro...
-Pues va siendo hora cariño... Si me lo preguntáis, creo que solo os queda dar el paso...
-Quizás tengas razón...
-Anda guapo, que si no le has hincado el diente aún... por algo será...
Ana se cambió y en la moto nos fuimos a casa de Maite y Alice, allí cenaríamos los cuatro, en unos días Ana ya se volvía a Madrid, y queríamos aprovechar ese tiempo.
Cenamos juntos cada noche, y el sábado muy temprano nos fuimos con Ana para Ezeiza, su vuelo salía a las diez y treinta y cinco de la mañana.
La despedida fue como todas las despedidas, con lágrimas, y con la promesa de volver a vernos, aquí, en Europa o en algún lugar intermedio.
En el último abrazo Ana me dijo:
-Da el paso guapo! Anímate! Sé que lo que has vivido ha sido muy duro, pero quizás debas darte otra oportunidad… Lo mereces, mereces ser feliz cariño!
-Ya veré Ana! Te quiero guapísima!-
-Y yo a ti mi niño!
*
Luego de la visita de Ana, en esas tres semanas que alteró nuestra rutina, volvimos a la normalidad, y en todo ese mes de agosto no me crucé con Paz, extrañaba verla y hablar con ella.
Recién la volví a ver ese 11 de septiembre, que siendo día del maestro en nuestro país, no dábamos clases en el instituto.
Estaba en casa cuando la oí entrar, a eso de las dos de la tarde, venía con las bolsas de las compras, nos saludamos y llevó todo a la cocina.
Mientras cocinaba me contaba que estaba a full con la facultad, que ya en la última parte del año, las exigencias en las materias, la tenían estudiando todo el tiempo.
También me contó, que en una de las materias estaba preparando un trabajo con un compañero, de nombre Pablo, y que en las tardes luego de cursar, iba a la casa de ese chico a estudiar.
Al escuchar eso sentí algo extraño, no sé..., ¿celos quizás? Al saber que ese chico compartía mucho más tiempo que yo con ella, pero bueno...
También hablamos de Ana, de esa tarde que se la encontró al llegar, y de que habían estado conversando mientras cocinaba, y le pedí perdón por olvidar avisarle.
Cuando terminó de preparar todo, cerca de las seis de la tarde, me dijo que ya se tenía que ir, que se iba a estudiar a la casa de Pablo, y volví a tener esa sensación.
El resto del mes de septiembre tan solo cruzamos mensajes, pero ningún día la encontré estudiando en casa, y una noche mientras cenaba, siendo sincero conmigo mismo, confirmé que mis sentimientos por ella iban más allá, que ya no la veía como esa chica a la que había intentado ayudar, la veía nuevamente con su vida encarrilada, pero sin tener en claro lo que significaba yo para ella, si tan solo un amigo, o como me pasaba a mí, sentía algo más.
En muchos momentos me encontré pensando qué hacer, si proponerle un encuentro, una salida o algún momento para conversar, y ser sincero con ella y decirle lo que me estaba pasando.
No encontraba el momento, sabiendo de la vorágine de los últimos meses de carrera, no estaba seguro de hacerlo, quizás tendría que esperar hasta que terminara sus estudios.
Y también por mi cabeza pasaba la idea de que en el contacto diario con ese chico, hubiera algo más que tan solo ser compañeros de estudio.
*
Pasaban los días y a menudo me encontraba pensando en ella, seguía sin encontrarla en casa y mis dudas seguían allí, ¿haría bien en decirle lo que me estaba pasando?
En los meses de octubre y lo que iba de noviembre no la había podido cruzar ningún día, tan solo cruzábamos mensajes, incluso sus respuestas llegaban horas después que mis mensajes, y mis pensamientos ya comenzaban a jugarme en contra, seguía viniendo a casa, pero tan solo a cocinar, ya no a estudiar.
Ese fin de semana de noviembre, el sábado 16 me decidí y la llamé por teléfono cerca del mediodía, quizás tuviera un tiempo y pudiéramos hablar.
-Hola Facu!
-Hola Paz! ¿Cómo estás? Perdón que te llamé, pero hace mucho que no hablamos…
-Sí… es verdad…
-Me imagino que andarás a full con la facultad! Y quería preguntarte cómo vas…
-Tal cual! A full! Pero re bien! Ya casi terminando todas las cursadas, promocioné todas la que podía, y me van a quedar solo dos finales! Y en el trabajo que hicimos con Pablito sacamos la mejor nota! Así que en la facu re bien!
-Qué bueno! Cuanto me alegro!
-¿Vos como andás?
Luego de escucharla referirse a ese chico como Pablito, y luego de tanto tiempo sin verla, no sabía muy bien si contestarle que tenía ganas de verla.
-Todo bien! Ya casi finalizando el año también en el instituto! Pero hacía tanto que no sabía nada de vos que decidí llamarte!
-Hiciste muy bien Facu! Tenés razón… te tengo abandonado…
-No pasa nada! Ya sé lo que es el final de la carrera! Pero me alegro mucho! Ya casi lo tenés!
-Sí! Te digo la verdad, no veo la hora de terminar!
Se hizo un breve silencio y luego me dijo:
-¿Tenés planes para hoy?
Y el corazón se me aceleró.
-No, ningún plan…
-¿Te parece que nos tomemos unos mates?
¿Qué le iba a decir?, si moría por verla, por tenerla cerca.
-Sí, dale! Si no tenés que estudiar…
-Tengo que estudiar, pero me viene bien descansar un rato! ¿Te parece en casa?
-Si, claro! O con el día lindo podemos ir por ahí, si te pinta…
-Sí, dale! Así tomo un poco de aire!
-Buenísimo! Decime a qué hora y te paso a buscar!
-¿A las tres te va bien?
-Dale, a esa hora estoy!
Desde que cortamos la llamada hasta que toqué el timbre en su casa, no pude dejar de pensar en si sería el momento de decir algo, como un adolescente, tenía miedo de que me dijera que tan solo me veía como un amigo.
Abrió la puerta de su casa con una hermosa sonrisa, con un jean recortado a manera de short, una remera y zapatillas, y con el equipo de mate colgado del hombro.
Se acercó a mí luego de cerrar la puerta de su casa y nos saludamos con un abrazo, un abrazo que hasta me hizo poner nervioso, un abrazo que al menos para mí, fue distinto a todos los demás
.-Perdón Facu que te tengo abandonado!
-Tranquila! Ya sé lo que es, ya lo he vivido también!
Subimos a la moto y se me ocurrió ir para la República de los Niños, en Gonnet.
Entramos, dejamos la moto atada y buscamos un lugar para sentarnos, a la sombra, ya que a esa hora el sol pegaba fuerte.
Había traído también un budín para comer con el mate, me dio el primero y me miró un momento a los ojos, en silencio, y no supe cómo interpretarlo, pero algo le iba a decir.
-Hacía mucho que no nos veíamos, y extrañaba nuestras charlas…
-La verdad es que yo también Facu… siempre me gusta hablar con vos… y siempre pienso en que haberte conocido ha sido muy importante para mí… en mi peor momento, que aparecieras en mi vida y me apoyaras como lo has hecho me hizo muy bien…
-¿Sabés que pensé cuando nos conocimos?
-¿Qué pensaste?
-Qué en ese momento éramos dos almas rotas y que por algo nos habíamos cruzado… no sé… quizás para apoyarnos el uno al otro en esos momentos duros…
-Vos lo fuiste para mí… bueno… lo seguís siendo… lo he hablado con Amalia muchas veces… pero por momentos he sentido que no he sabido cómo hacer algo por vos… no sé… como que mis despelotes mentales no me permitían ver más allá de mí… y nunca tuve bien en claro si hacía algo bueno por vos…
-Si lo has hecho… y lo seguís haciendo…
Y con una sonrisa, como para quitarle seriedad, le dije:
-Hacés que me alimente bien!
Se sonrió y le seguí diciendo:
-En verdad cuando conversamos esa primera tarde y me contaste todo lo que estabas viviendo, sentí que mis problemas no eran tan trascendentes, que el dolor que sentía por lo ocurrido, ni se acercaba a lo que estabas viviendo, y el hecho de tratar de hacer algo por vos, fue lo que de alguna manera me sacó de esos enrosques en mi cabeza, no sé… verte sola, tan angustiada, cargando con tantas cosas, me hizo ver que, a pesar de lo que había pasado en mi vida, aún tenía personas y razones para superarlo, y de alguna manera, he intentado que vos también tuvieras alguna forma de superar esos dolores… de salir de ese pozo…
-Y lo has hecho… y lo seguís haciendo… luego de mi familia, y en algún momento de mis amigas, has sido y sos la persona más noble y desinteresada que he tenido en mi vida, y tu preocupación por mí es algo que no olvidaré jamás… si hoy estoy aquí, a punto de recibirme y pudiendo mirar hacia adelante, sin dudas es gracias a vos…
Nos miramos un momento, allí sentados en el pasto, sentí que quizás podría ser el momento, pero había algo que me frenaba y no sabía cómo abordarlo, y era ese otro hombre que desde hacía meses estaba tan cerca suyo.
Pero a pesar de eso, luego de decirnos todo eso, me salió acercarme y darle un abrazo, un abrazo que confirmara esa conexión que teníamos.
Luego de ese abrazo, me dio otro mate y me dijo:
-Bueno Facu, contame algo de vos… qué sé yo… de las chicas…
-Con las chicas como siempre, nos queremos mucho, nos llevamos muy bien, agradezco tenerlas en mi vida…
-Yo decía de las otras chicas…
-¿Qué otras chicas? ¿Novias o amigas con derechos y eso…?
-Claro!
Que pregunta, nada tenía con ninguna mujer, ni lo había tenido desde la separación de Juliana.
-Nada… no hay chicas de esas…
-¿Nada? ¿Ninguna? ¿Desde qué te separaste nada de nada?
-Nada…
-¿Ni siquiera con Ana esa noche que se quedó en tu casa?
Me tomó por sorpresa esa pregunta, alguna vez le había contado lo ocurrido con ella y con las chicas en Londres, pero no pensé que imaginara algo de eso.
-Con Ana hicimos cosas en Londres, incluso teniendo ella novio en esa época, pero en esos días que ha estado aquí, nada volvió a pasar… tan solo no me nació…
-Cuando la encontré en tu casa y me dijo que había pasado la noche allí, creí que si…
-Por la confianza que tenemos, dormimos en mi cama, pero solo eso… ni yo lo busqué, ni ella lo propuso…
Cebó otro mate con una media sonrisa que no entendí y le dije:
-¿Y vos? ¿Algo por ahí?
-No, nada…
Y la duda que me carcomía salió de mi boca:
-¿Y con Pablo? ¿Nada de nada?
-¿Con Pablito? No! Pablito es un amor, es gran chico… lo quiero mucho… pero Pablito es gay, con un novio hace casi tres años, Juan Ángel, Juani, al que también conozco, son dos personas hermosas…
Y una sensación de alivio me recorrió el cuerpo.
-¿Y algún pretendiente? O alguien por ahí que no te sea indiferente…
-Hay alguien… pero bueno… no sé… quizás no llegue a nada… tengo la cabeza en terminar la carrera, luego veré… ¿y vos? ¿Alguna chica en la mira?
-Hay alguien también… pero bueno, no sé si es el momento… y aunque no lo creas, tengo cierto… miedo podría decir…
-¿De no ser correspondido?
-Algo así…
Nos quedamos un momento en silencio, quizás procesando lo que ambos habíamos dicho.
Que hubiera alguien en su vida, en sus pensamientos, un hombre que le provocaba eso, me hizo sentir raro, como que estaba ocupando un lugar que sin reconocerlo, quería ocupar yo.
-Bueno… quizás debas intentarlo…
-Sí, tenés razón… quizás deba intentarlo… buscar el momento…
Una pelota llegó hasta nosotros desde unos metros donde varios chiquillos jugaban, dando justo en el mate que estaba apoyado en el pasto entre nosotros, haciendo que se volcara, se las devolví con un golpe de puño, y eso interrumpió ese momento de confesiones íntimas.
La charla tomó otras direcciones, hablando del último tramo de su carrera, y fue cuando le pregunté:
-¿Ya sabés las fechas de esos dos finales?
-Sí, el 30 de noviembre el primero, y el 3 de diciembre el otro, con el que me recibo!
Ya en mi mente se dibujaba ese momento, en el que estaría allí, esperando su salida para felicitarla, y decidí que no le diría nada.
-¿Y a qué hora rendís el último?
-A las nueve de la mañana!
-Uh! Qué justo… Doy clases a esa hora…
-No te preocupes, no pasa nada!
-¿Pablo también se recibe?
-No, a Pablito le quedan tres finales, pero los va a rendir en febrero y marzo, ahora se van con Juani de viaje a Córdoba, por las vacaciones de Juani! Se lamentó porque no estará para mi recibida, pero ya tenían ese viaje pactado!
-Qué lástima…
Como al pasar, le pregunté cual era la última materia que rendía, para saber cómo ubicarla en la facultad, y si Pablo no iba, no estaba seguro de que alguien estuviera allí cuando saliera.
Se hicieron las seis de la tarde y la llevé nuevamente a su casa, antes de entrar, nos despedimos con un abrazo y me dijo:
-Intentalo con esa chica… ¿quién te dice?
-Tenés razón! Trataré de buscar el momento…
Pero en su mirada había como un dejo de… ¿tristeza… resignación? No lo sé.
*
El lunes en el instituto, tomando el café con Maite y Alice antes de comenzar las clases, les conté del encuentro con Paz del sábado, de su pronta recibida, y de que ese 3 de diciembre, iría a la facultad.
En el descanso del mediodía, Maite me dijo:
-Escuchame Facu, ¿Cuándo le vas a decir algo, boludo?
-Lo vengo pensando Mai… quizás luego de que termine de estudiar…
-Escuchame, estuve pensando…, esa noche le podemos organizar una fiesta acá, para festejar el título, ¿qué decís?
-Sí, estaría bárbaro!
-La podemos sorprender! Nosotros tres, Gloria, tu hermana y Marisa, mis viejos, tus amigos, ¿o no?
-Sí! Estaría buenísimo!
-Yo me ocupo de preparar todo! Hasta un cartel! Dejame a mí! Vos solo tenés que traerla, con cualquier excusa! Le decís de cenar esa noche y la traés!
-Si! Me encanta la idea!
-Pero decile lo que sentís tarado! No esperes más!
La noche del 29 de noviembre, la llamé por teléfono para ver como venía, y desearle suerte antes de ese anteúltimo final, pidiéndole que cuando saliera me enviara un mensaje para saber cómo le había ido.
El 30 a eso de las once de la mañana me llegó:
-Aprobé Facu! Un 9! Solo queda uno!
-Felicitaciones Paz! Yo sabía que lo aprobabas! Ahora el último esfuerzo! Y sé que lo vas a lograr también! Vamos! Te mando un beso!
-Gracias Facu! Te mando un beso!
Los días que siguieron hasta el tres, estuve preparando algunas cosas, como es tradición, llevaría un cartel que decía “Soy la profe Paz”, unas serpentinas en aerosol, papel picado, nada que le arruinara la ropa, ya que no sabía si llevaría ropa para cambiarse, como suelen hacer todos los recibidos, y también una bengala de color.
Al igual que en el examen anterior, en la noche del 2 de diciembre la llamé por teléfono para desearle suerte, y diciéndole que la próxima vez que nos viéramos, estaría frente a una profesora de educación física.
Al día siguiente, con todo listo, me fui para la facultad en el auto de Maite, para luego llevarla a la Catedral tocando bocina.
Entré a la facultad, pregunté donde se rendía esa materia y me dijeron que era en un aula del segundo piso.
Fui hasta allí, a la distancia la vi con varios chicos y chicas más, antes de que entrara al aula, cuando lo hicieron, pasadas las nueve, me acerqué y la vi a través del vidrio de la puerta del aula. Le saqué varias fotos y le hice un video.
Me quedé por allí esperando, a eso de las diez de la mañana, algunos alumnos fueron entregando sus hojas, ella lo hizo también y lo filmé todo.
A eso de las diez y media, una chica fue llamada y se paró frente a los tres docentes, como quince minutos estuvo hablando y luego salió del aula.
Fue el turno de otro chico, y luego el de Paz, que quedó registrado en el video de mi teléfono.
Luego de su exposición, los docentes se pusieron de pie, y estrecharon la mano de Paz, felicitándola sin dudas por aprobar el último examen de su carrera.
Volvió a su banco, recogió sus cosas y caminó hacia la puerta.
Me alejé unos metros para verla salir, la puerta se abrió y salió, miró hacia el otro lado, una chica la saludó y en ese momento miró hacia donde yo estaba.
Su cara de sorpresa y su llanto me llenaron de felicidad.
Caminamos ambos acortando la distancia, su carpeta cayó al suelo y literalmente se colgó de mi cuello entre lágrimas.
-Felicitaciones Profe!
-No me dijiste que venías!
-No me lo iba a perder por nada del mundo!
-Me hubiera gustado que estuvieran mis viejos...! Pero sos la única persona que deseaba ver al salir!
-Acá estoy!
Continuará…
Continúa en
- Relato #239521— title-regex: contiguous parts (12 -> 13)
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