Jornadas de compañerismo.
En la oscuridad del refugio de montaña, donde el silencio es la única protección, la prudencia laboral se desvanece. Ella, que siempre mantuvo la distancia, se acurruca contra él y le ofrece lo que nunca le dio en la oficina: su cuerpo, su calor y su secreto.
Estaba a punto de finalizar la pequeña fiesta de despedida entre todos los empleados de la empresa antes de las vacaciones de Navidad. Como en años anteriores, todos esperábamos ansiosos el momento apropiado para despedirnos deseándonos unas buenas fiestas y una excelente entrada de año, para a continuación desaparecer rápida y discretamente. Por delante estaban los bonitos dias de celebración de la Navidad.
En medio de este ambiente condicionado por el compromiso de la compostura, el anuncio del responsable de recursos humanos cayó como un bombazo. Con objeto de favorecer las relaciones interpersonales, la empresa organizaba una estancia de tres días en un refugio de alta montaña con posibilidad de usar las pistas de sky, todo ello con los gastos pagados para todo el que quisiera.
Para participar solo se requería apuntarse en una lista para hacer las correspondientes reservas en el refugio. A partir de ahí solo se necesitaba presentarse con indumentaria adecuada el día 27 de diciembre por la mañana delante del edificio de oficinas.
Mientras el directivo anunciaba su sorpresa para favorecer, nuestras miradas se encontraron en medio del bullicio esquivando cuerpos y cabezas de nuestros compañeros revolucionados por la noticia que había alterado de forma radical lo que era una aburrida e inevitable fiesta de trabajo...
Quise leer en la mirada de Gala, mi querida amiga, que se iba a apuntar al evento y que estaría esos días en el refugio. Durante un instante así me lo pareció, no estaba seguro, las cabezas de nuestros compañeros se interpusieron y la perdí de vista en medio del barullo. Me quedé con la duda, no pude hablar con ella, seguro esos días ella tendría bastantes cosas mejor que hacer...en su casa, con los suyos…preparando la fiesta de fin de año.
Gala es una mujer casada poco dada a llamar la atención ni ser objeto de comentarios de compañeros/as. Yo solo llevo unos meses trabajando en la Empresa, es mi primer trabajo importante y desde que ella me dio las primeras indicaciones y consejos al empezar, creo que me enamore de ella perdidamente. Solo tengo ojos para ella, busco coincidir con ella en la sala del café, o en el comedor…Gala sabe lo que siento por ella…no me da motivos para ilusionarme pero tampoco me rechaza…supongo que su intención es tratarme con cariño para no ahondar en la herida. No la podré tener…y eso duele.
El día 27 a las 9:15 de la mañana, los que íbamos a ir al refugio a pasar los tres días allí, estábamos todos subidos en el autocar esperando la salida. Con retraso respecto a la hora prevista, un coche todo terreno llega con prisas y se detiene justo delante del bus. Dentro del auto una pareja, se da un beso de despedida y a continuación sale una mujer con muchas prisas. Gala corriendo hacia la puerta de nuestro autobús.
El corazón me da un vuelco. ¡ha venido!, ¡tendré oportunidad de hablar con ella! De tenerla cerca... de oler su perfume... de disfrutar de su compañía. El autocar se pone en marcha. Enseguida se forma algo de revuelo entre los participantes del evento. Desde fuera parecemos colegiales excitados... vamos a ser libres durante tres días de nuestras familias y cotidianas obligaciones. Las bromas entre hombres y mujeres menudean... es la salsa. Nadie se quiere quedar atrás.
Tras tres horas de viaje, llegamos a un albergue de montaña. Tras dejar nuestros enseres personales, la primera actividad es descender a rappel por una garganta hasta un riachuelo. Buscando estar lo más cerca posible de Gala terminamos accidentalmente dentro del agua. Por suerte solo nos mojamos las botas.
Terminada la actividad, vamos a comer, para después se organiza un largo paseo hasta un collado desde donde se tienen muy buenas vistas. Gala y yo nos debemos quedar a secar el calzado si no queremos terminar con rozaduras y perdernos la excusión de mañana.
Pasamos toda la tarde juntos, solos y en un ambiente confortable junto al hogar. Abrimos una botella de vino. Charlamos, charlamos...cada vez con más confianza... El vino nos desata la lengua. Disfruto con su conversación. Siempre le he tenido mucho aprecio, y en la distancia la he amado, la he deseado y la he sufrido. Ella está casada, yo soltero y locamente enamorado. No se lo he confesado, no hace falta, ella lo sabe…
Le respeto y nunca me paso de la raya, se mantener una prudencial distancia. Me lo compensa dejando que este con ella disfrutando de sus perfumes, de sus risas, del sonido de su voz…estoy totalmente rendido a sus encantos. Tiene el pelo largo, ondulado de permanente y color caoba. Se pinta los labios con colores llamativos y su sonrisa me encanta. Pasamos una tarde muy romántica. Gala ya tiene pareja y mi corazón se debe conformar con su amistad.
Cuando vuelve el resto del grupo, se rompe el hechizo que nos envolvía, vamos a cenar con ellos y después pronto a dormir. A todos nosotros nos entregan un saco de dormir. Cómo como niños obedientes vamos hacia la habitación donde dormiremos todos juntos sobre el suelo de madera. Supongo que forma parte de ejercicio, todo sea para favorecer el compañerismo entre nosotros.
Trato de aproximarme a Gala para ocupar sitio a su lado. Como casi siempre, el listillo de turno se me adelanta y trata de cautivar a Gala con su labia fácil. Esto me incomoda mucho, los injustificados celos me ponen malo. Muy contrariado me voy a un rincón libre y trato de conformarme. Al volverme encuentro a Gala a mi lado mirándome a los ojos con una discreta sonrisa.
—Creo que en esta parte estaré mejor acompañada— me dice en voz baja para que nadie la escuche.
A los poco minutos se apaga la luz y nos ponemos a dormir. Pronto todos caen en un sueño profundo consecuencia del cansancio producido por la larga caminata de la tarde. Todos menos nosotros... que hemos descansado y estamos mucho más frescos.
Permanecemos uno junto al otro, muy pegaditos, mirándonos en la oscuridad sin apenas vernos y con los labios muy cerca uno de otro. Nos susurramos cosas intrascendentes, que bien nos podríamos decir mañana, lo utilizamos como excusa para mantener una conexión entre nosotros mientras los demás duermen.
Siento su aliento cerca, su sutil perfume me seduce, y el casi imperceptible ruido de sus labios al separarse para hablar me dan fuerzas para acercarme un poco más y conseguir un roce ligero de mis labios con...quizás su nariz...no la veo…está muy cerca…pero la oscuridad me la roba.
Tras unos instantes de incertidumbre... siento su aliento muy cerca de mí. Nuestros labios se rozan y nos damos un beso... luego otro... y luego vienen muchos más. Amparados por la oscuridad nos animamos a bajar las cremalleras con cuidado de no hacer ruido. Enlazamos las manos y nos volvemos a besar muy tierno. Me consiente… me hace feliz por un rato.
Gala me acaricia el rostro, yo resigo la parte interior de su brazo hasta llegar al cuerpo. Haciendo alarde de atrevimiento, llego hasta su pecho envuelto en una camiseta ajustada de tirantes que me permite adivinar donde está su pezón. Con el dorso de los dedos lo acaricio levemente hasta notar como se va levantando y endureciendo.
Nuestra respiración se acelera por la emoción. Debemos ser muy cautos... si alguien nos descubriese...meto la mano dentro de su saco y la deslizo sobre su cuerpo en busca de la piel tibia de su vientre y la redondez de sus caderas.
Ambos nos acomodamos para estar de costado, uno frente al otro, muy juntos...pero permitiendo las caricias de nuestras manos. Pongo dedos índice y medio por debajo del escote de la camiseta y los desplazo hasta encontrar su pezón. Lo aprisiono suavemente entre los dos dedos y le doy suaves caricias. ¡qué delicia!
Gala pone su mano sobre mi bóxer tocando tímidamente, de refilón, el bulto que tengo. Por mi parte, pongo mi mano hasta su vientre, que sube y baja aceleradamente. Voy hasta el ombligo y bajo hasta el pubis pasando por encima de su braguita de algodón, alta con ancha cinturilla, y muy suave al tacto. Nunca pensé que pudiera disfrutar de esa deliciosa sensación.
Con dificultad cuelo mi dedo entre sus piernas para percibir el calor de su sexo. Ella se resiste, se da media vuelta y me da la espalda... ¿No me iras a dejar así?, pienso desconfiado. Después de acariciar la espalda muy levemente, como pidiendo permiso para continuar, bajo la cremallera de su saco de dormir que ha quedado a mi lado. Esto me permite acariciar su culito con timidez.
Primero defino sus caderas en la oscuridad, llevo mi mano a lo largo del muslo y vuelvo hacia arriba hasta tropezar con sus nalgas. Me gusta su redondez, su suavidad y la tibieza de su piel. Pongo la palma en medio de sus cachetes e introduzco el dedo medio entre ellos buscando los labios de su vulva. Para mi deleite, Gala ya se ha quitado las bragas y mi dedo se hunde suavemente en su sexo caliente y húmedo a la vez. Mi corazón está a punto de saltar del pecho, palpita como loco y temo que alguien pueda oír su palpitar.
Al primer contacto de mi pubis con la piel de sus nalgas salta un chispazo que me sacude de pies a cabeza. Gala saca el culito hacia atrás y se acomoda bien pegadita a mí. La abrazo, pongo mi cabeza junto a la suya y aprieto suavemente haciéndole notar mi pene erecto entre sus nalgas. Me hago hueco entre sus muslos y lo pongo entre ellos. Muy suave empujo y lo restriego sobre sus labios y me siento desfallecer mientras noto el roce entre sus piernas.
Gala mueve la cadera hacia delante, separa las piernas y con la mano conduce la punta de mi polla hasta la entrada de su conchita. Solo tengo que empujar un poco para que mi capullo se cuele dentro y quede atrapado en una abrazo maravilloso. Es la aceptación más dulce que he tenido en toda mi vida.
Siento como ella se acurruca adoptando la postura fetal lo que me permite acercarme mucho más y meterla más profundamente. Después empieza un baile lento, intenso y delicioso. Mi polla entra y sale escasos milímetros cada vez, pero son suficientes para frotar con intensidad y para permitir el delicado choque de nuestros cuerpos a cada embestida.
Con mucho miedo a ser descubiertos, seguimos abrazados mucho rato, parando cada vez que se oye un ruido extraño. Luego continuamos con más ardor, si cabe. La tengo bien aprisionada entre mis brazos, mis piernas y mi cuerpo. Le beso en el cuello y los hombros, mientras me muevo en su interior disfrutando de cada empujón.
Después de un largo rato, siento como se agita y trata de revolverse como un pajarillo asustado entre las manos. Le doy unos cuantos empujones más fuertes y siento como una de sus manos me coge del culo, me aprieta contra ella y trata de impedir mis movimientos.
Entiendo que quiere unos instantes de tregua para disfrutar de su orgasmo. Cuando por fin se le escapa un gemido incontrolado yo también me siento estallar en su interior. En el más estricto silencio sentimos como nuestros cuerpos gritan de alegría y placer.
Es una maravilla compartir estos minutos con ella. Intercambiamos besos llenos de amor y agradecimiento, luego nos ponemos a dormir las pocas horas que quedan hasta que suene el despertador que dará inicio a un nuevo día.
Gala me ha hecho muy feliz, sé que no será mía pues ya tiene su vida organizada. Sin duda estos momentos me ayudan a digerir el dolor de un amor no correspondido.
Estoy seguro que ninguno de nuestros compañeros ha tenido un sueño tan dulce como el nuestro. Debo reconocer que al menos con nosotros el director de recursos ha tenido un gran éxito…nos hemos acercado mucho y ahora somos mucho más que compañeros de trabajo.
Deverano.
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