Encuentro furtivo
La oscuridad del estacionamiento esconde secretos que no pueden ser nombrados. Él llega, ella espera, y en la intimidad del auto se permite un instante de pasión prohibida. Pero cuando el motor arranca y él se va, solo queda el eco de una verdad dolorosa: para él, ella es solo un refugio, no un hogar.
El reloj marcaba la 1 de la mañana y el estacionamiento estaba sumido en una oscuridad casi completa a excepción de las tintineantes e inconstantes luces. Todo el lugar estaba en silencio, ni siquiera se escuchaba el chirrido de los grillos hasta que aquella tétrica calma se vio irrumpida por el suave ronroneo de un carro.
El silencio volvió cuando el auto se detuvo y del lado del conductor bajo un hombre, no mayor de 37 años, no era el tipo de hombre que esperarías encontrar en un lugar así, alto, de un atractivo obvio y exudando masculinidad por todos sus poros. Sus brazos se cruzaron sobre su pecho haciendo que su camisa se ciñera a sus brazos mientras se recargaba contra el auto, y la impaciencia y el deseo chisporroteaban en sus ojos.
De pronto el silencio se ve amenazado con el repiqueteo de unos tacones contra el suelo, cada paso que da la acerca a él, permitiéndole deleitarse con su figura. Sus largas y vigorosas piernas, la deliciosa curva de su cadera y aquella ceñida cintura que lo hace relamerse los labios. Finalmente ambos están frente a frente y una sonrisa de complicidad se posa en sus labios, las palabras son no son necesarias, no ahora, no después de tanto tiempo. Descruzando sus brazos la toma de la cintura estrechándola contra su cuerpo mientras sus labios se apoderan de los de ella en un beso lento pero ansioso.
Finalmente el aire se vuelve necesario y ambos se separan. Con prisa él abre la puerta trasera y con un gesto innecesario de caballerosidad le ofrece su mano para que suba al vehículo y tras ella sube él. Apenas se cierra la puerta sus labios se vuelven a unir esta vez de una forma ávida casi con desesperación. Su lengua abriéndose paso por entre los labios de ella, apoderándose de su boca y deleitándose con su sabor y ella… Ella no decide no quedarse atrás y su lengua sale al encuentro de la otra, uniéndose ambas en un beso ferviente, preludio de lo que se aproximaba.
Aun entre besos se las arregla para recostarla sobre el asiento, quedando él sobre ella. Sus manos empiezan a recorrer su anatomía por encima de la ropa antes de que una de sus manos se deslice por debajo de su falda, acariciando sus piernas hasta subir a su entrepierna, rozándola suavemente obteniendo como respuesta un estremecimiento de ella bajo su cuerpo..
Las manos de ella se mueven casi con torpeza, quizás por el deseo o tal vez por nerviosismo, realmente no le importa. Uno a uno los botones de su camisa van abriéndose, dejando al descubierto su torso por donde ella pasa sus calidas manos, acariciando su piel.
En menos de lo que esperaban ambos están casi desnudos, entre sus cuerpos solo se interponía el encaje y la tela de sus ropas interiores.
Incapaz de controlarse se mueve sobre ella, rozando su miembro excitado contra su sexo, sonriendo al escucharla gemir contra sus labios.
En un ágil movimiento se deshace de su sostén, dejando descubiertos sus pechos coronados con aquellos rosados pezones en contraste con su pálida piel. Inconcientemente se relame los labios antes de acercarse a sus pechos y rodear uno de sus pezones con sus labios mientras una de sus manos acaricia el otro, sintiendo ambos pezones endurecerse bajo sus tratos. Ella se retuerce bajo él, tratando de aumentar el contacto entre ambos haciendo que sonría contra su piel y llevando su mano libre hasta su entrepierna, deslizándose por dentro de sus bragas deslizándose entre sus pliegues y empapándose de su excitación hasta alcanzar aquel montículo de terminaciones nerviosas. Ante su toque ella se estremeció nuevamente soltando un gemido que hizo que su miembro se tensara contra la tela de sus boxers.
Al borde casi de la locura se separa lo suficiente para desnudarlos a ambos y se posiciona nuevamente sobre ella. Sus delgados brazos rodeando su espalda y elevando sus caderas para rozar su miembro. Tomándose su tiempo se deleita con la imagen que tiene bajo de él, donde ella es suave, él es duro, donde ella es curvas él es músculo.
Sus ojos se encuentran con los de ella, los cuales son suplicantes y él sonríe casi con ternura mientras se levanta para ponerse un condón y de una firme estocada la penetra. Soltando un jadeo ella cierra sus ojos mientras él empieza a moverse sobre ella, penetrándola primero suave y profundamente, sintiendo su calidez rodeando su miembro.
Los embisten se volvieron mas intensos, entrando con más rapidez y llegando tan dentro de ella como era posible, mientras la besaba para acallar sus gemidos. Los vidrios se empañaron a causa de sus respiraciones agitadas y tras varias estocadas mas sintió su inminente orgasmo. De pronto ella se estremeció bajo su cuerpo, gimiendo un tanto mas audible mientras la sentía contraerse a su alrededor, aquello fue el detonante de su orgasmo y se corrió aun dentro de ella.
Hizo que rodaran de nuevo ahora quedando ella sobre él y acarició su espalda mientras sus respiraciones se acompasaban. Se vistieron en silencio y salieron del auto donde la despidió con un beso en los labios solo que esta vez fue corto y casi frío. Se monto de nuevo en el auto y en menos de un minuto se había ido.
Ella se quedo ahí un momento, tratando de calmar el dolor de su pecho, tratando de contener las lagrimas que amenazaban con salir de sus ojos, tendría que esperar hasta llegar a casa donde lloraría hasta quedarse dormida, como lo hacía todas las noches que lo veía mientras el regresaba con su familia, dormiría en la misma cama que su esposa y quizás le haría el amor, lo que nunca haría con ella, con ella solo tenía sexo.
No le quedaba mas que lamentar en silencio su soledad, al menos tenía esos encuentros furtivos, al menos por un momento se sentía deseada y necesitada, era casi como sentirse amada y prefería eso a estar siempre sola, tenía que conformarse con eso, después de todo ella siempre sería su amante.
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