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Mi vida. Resplandores y tinieblas (12)

Después de que el dolor de la traición se disipe, Facundo encuentra en Paz no solo una compañera, sino el refugio que necesitaba. Mientras él busca cerrar sus heridas, ella comienza a tejer una presencia constante en su vida, transformando la rutina en algo indispensable.

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Mi vida. Resplandores y tinieblas.

Capítulo 8. Mi vida se reinicia.

Segunda parte.

Antes de dar ese paso, Isabel se acercó a mí, y apoyando su mano en mi hombro me dijo:

-Por momentos está como confundida y dice algunas cosas inconexas, supongo será la medicación, si dice algo así, no se lo tengas en cuenta...

-Tranquila Isabel....

Entré a ese salón y a la distancia la vi, casi en la última mesa de ese amplio lugar, al verme se llevó las manos a la cara y a medida que me acercaba, veía y escuchaba su llanto.

Con el cabello bastante más corto y apenas arreglado en una cola, mucho más delgada, sin nada de maquillaje, con los ojos hinchados por el llanto, y tan solo con una remera y pantalón de jogging.

La puta madre, que momento difícil será este.

Llegué a su mesa, ella se puso de pie, y mirándome a los ojos me dijo:

-Hola Facu… ¿te puedo dar un abrazo?

-Hola Juliana…

Y abrí mis brazos en señal de aceptación.

Fue un momento muy duro para mí, muchas cosas se me vinieron encima, mil imágenes entremezcladas, pero recordé las palabras de Amalia, y aunque sin el sentimiento de otra época, la abracé también.

Luego de ese abrazo, aun llorando, se volvió a sentar y yo frente a ella, mesa de por medio.

Me miró un momento a los ojos y bajó luego la mirada.

-Facu… lo hice todo mal… hice todo mal con vos… fui una estúpida… me dejé llevar por esa ambición de lograr algo más, y perdí lo mejor que he tenido en la vida… yo misma me cagué la vida… Si supieras como me arrepiento… como una pelotuda me dejé arrastrar por esa maldita sensación de triunfo y por esa gente de mierda… tan solo para darme cuenta, y de la peor manera, de la mierda que fui… de lo cruel que fui… de lo egoísta que fui…Nunca te mentí cuando te dije que te amaba, y aún te sigo amando… aunque suene poco creíble, pero te juro que así es… y así será por siempre… pero me equivoqué… mi egoísmo me llevó a no pensar en vos…Lo que hice hace unos días, fue porque ya no daba más… no podía con mi vida… no puedo con mi vida… yo misma la hice mierda, y no sé qué hacer… no sé cómo seguir… pero necesitaba verte, aunque sea una última vez, tan solo para preguntarte…

Secó sus lágrimas con las palmas de sus manos y dijo:

-Si me podrás perdonar algún día…

Mientras la escuchaba, y aunque nada de lo que dijera cambiaría los hechos, muchas cosas pasaban por mi cabeza, muchas no las entendía, y a esta altura de los acontecimientos, ni quería entenderlas, de su comportamiento, de su forma de pensar, de sus sentimientos, de sus decisiones, de sus ambiciones. Tantas veces me he preguntado que hubiera pasado si ese día no los hubiera descubierto, ¿cual era el límite? ¿Había un límite?

-Mirá Juliana, si hoy estoy aquí no es para ser juez, ni verdugo, ni tuyo ni de nadir, todos tomamos decisiones, hacemos nuestras elecciones, y muchas veces cometemos errores, con mayores o menores consecuencias para nosotros y para quienes nos rodean.Seré sincero con vos, lo que pasó me hizo mierda, me dolió... y mucho… no me lo esperaba…No fue fácil para mí…, no es fácil para mí, de hecho necesité, y necesito aún, apoyo psicológico, desde hace un tiempo voy a terapia, y la verdad es que me sirvió, me sirvió y me sirve, para entender que todo eso no define mi vida, que tengo toda una vida por delante, y en eso estoy trabajando. Por lo que has significado para mí, te digo que vos también tenés una vida por delante, y quizás de esto que pasó, y que claro está, no la has pasado bien, te sirva para aprender, para tomar otras decisiones…, mejores decisiones.

Tenés unos hermosos padres que te quieren y te apoyan, imagínate como si hubieran sentido si lo que intentaste hubiera salido bien, sin dudas también estarían destrozados.

Y llorando dijo:

-No podía más Facundo, te juro que no podía más…, pero tenés razón, los hubiera destrozado a ellos también.

-¿Sabés lo que daría yo por tener unos viejos como los tuyos? Te quieren, te apoyan, se preocupan por tu bienestar, eso vale oro, y te lo digo yo, que solo tuve a Gloria como lo más parecido a una madre… Apoyate en ellos, pedí ayuda, la vida es una sola, y vale la pena vivirla. Si lo que necesitás es mi perdón, ya te digo que lo tenés, y por eso estoy aquí, que nuestra relación se terminara, no significa que te odie, ni que te desee el mal, las circunstancias hicieron que nuestros caminos se separaran, pero tengo una vida por vivir, y vos tenés una vida por vivir, vivila Juliana, de la mejor manera que puedas, no soy quién para darte consejos sobre lo que tenés que hacer, pero es lo que estoy intentando con mi vida, merece la pena...

-¿Te puedo preguntar algo?

-Claro... aunque bueno… veré si te lo puedo responder...

-¿Cómo te enteraste…? ¿Cómo lo supiste?

-Supongo que si me estás preguntando esto, es porque luego de ese día no habrás hablado con mi padre, pero...¿importa como lo supe?

-No he vuelto a ver ni a hablar con él...

-Entonces no sabrás que esa tarde estuve en casa, y los vi...

Se tapó la cara con ambas manos, llorando nuevamente y así estuvo un momento.

-Por Dios Facundo... Qué mierda me siento... Cuanto lo lamento… que cruel fui con vos…

-Y el resto lo supe por tu teléfono...

-¿Necesitás saber lo que pasó y con quién?

-La verdad es que no, da lo mismo si fue una vez o cien, la verdad es que en nada me cambian los detalles…

-No quisiera causarte más dolor, pero creo que sería justo que lo sepas... Fueron tres veces con Esteban, una con Pedro, y dos con tu padre... Perdón Facundo, mil veces perdón... No te merecías todo eso... Y lo lamentaré toda mi vida…

-El saberlo no me cambia nada, de verdad... Lo que pasó ya pasó y no se puede volver el tiempo atrás, y nos toca asumir las consecuencias, pero algo quiero pedirte, y por favor te lo pido, no lo vuelvas a intentar, por tus padres, tenés toda una vida por vivir, por favor seguí viviéndola, de la mejor manera que puedas, disfrutá de tus padres mientras los tengas, sos una mujer capaz e inteligente, usa eso a tu favor.

Las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos, y solo esperaba que todo lo que le estaba diciendo, le sirviera para seguir adelante, en lo profundo de mi ser, no le deseaba el mal, los sentimientos que había tenido por ella, habían sido genuinos y profundos, y a pesar de que nunca volveríamos a estar juntos, deseaba que tuviera una buena vida.

Alguien de la clínica se acercó, y nos avisó que en cinco minutos terminaba la hora de visita, y en ese momento Juliana me preguntó:

-¿Y con tu padre qué pasó?

-Mi padre dejó de ser mi padre, de hecho inicié los trámites para quitarme su apellido, y quedarme solo con el de mamá, y voy a hacer una consulta legal, para no ser su heredero, nada quiero de él.

-Lamento tanto todo esto! Perdóname Facundo por favor... Perdóname lo cruel que fui con vos, Perdóname el dolor que te causé, Perdoname por no ser una buena mujer para vos, perdoname por tanta mierda… perdoname por favor…no podré seguir viviendo sin tu perdón...

-Te lo vuelvo a decir, ya tenés mi perdón, y por favor te vuelvo a pedir que mires hacia adelante, tu vida continúa, hacé que valga la pena... buscá estar en paz con vos misma y darle paz a tus viejos, valoralos…

Esa mujer de la clínica se volvió a acercar, y nos dijo que el horario de visita había terminado.

Me puse de pie, y ella también, me miró a los ojos y me dijo:

-¿Puedo darte un último abrazo?

-Claro...

Y nos dimos un abrazo, ¿con sabor a final? Por supuesto, pero solo deseaba que este encuentro hubiera servido para algo, para que no volviera a intentarlo, para que pudiera continuar con su vida, y que lograra salir adelante.

-Te voy a amar siempre Facundo!

La mire también a los ojos y le dije:

-Siempre te recordaré, por qué mi amor por vos fue verdadero... cuidá y disfrutá de tus padres, dejate cuidar y mirá hacia adelante…

Nos separamos y fui caminando hacia la puerta de salida, antes de abrirla, la volví a mirar, y parada allí, con lágrimas en los ojos, me saludo una última vez con la mano, y yo le respondí el saludo con la mía.

Salí de ese lugar y respiré hondo, fue un momento intenso, una conversación que quizás hubiéramos necesitado antes, pero en mi caso no estaba preparado.

Isabel y Enrique me esperaban en el hall de la clínica, y ambos me abrazaron agradeciéndome, pero no les conté de mi conversación con su hija.

Salimos de allí, en el auto de Francisco los llevamos nuevamente a su casa, nos invitaron a pasar, pero les dijimos que ya nos volvíamos para La Plata.

Ambos me agradecieron con lágrimas en los ojos, y le pedí a Isabel que de vez en cuando me mandara un mensaje contándome cómo estaba Juliana, pero no era necesario que ella lo supiera, no pretendía que tuviera ninguna expectativa, nuestra relación estaba muerta y sin posibilidad de renacer.

De vuelta a La Plata, le fui contando a Francisco del encuentro con Juliana, y que mi deseo era que pudiera superar todo esto y seguir con su vida.

Entrando en la ciudad, paramos en una parrilla para cenar, lo menos que podía hacer por mi amigo, era invitarle una buena parrillada con un buen vino.

Ya en casa en la noche, acostado en mi cama, sentí que había hecho lo correcto, qué tanto a Juliana como a mí, nos serviría para darle un punto final, y la posibilidad de un nuevo comienzo.

*

El lunes cuando llegué al instituto, Maite y Alice me esperaban para que les contara, como me había ido en el encuentro con Juliana, y les conté todo.

Ese jueves en la sesión con Amalia, también se lo conté, y de cómo me sentía, y me dijo que había sido una conversación adulta, y un cierre necesario tanto para ella como para mí, que nos permitiría ver la vida por venir, de otra forma, pero que en el caso de Juliana, la atención psicológica y psiquiátrica sería necesaria por mucho tiempo.

También le dije que quizás en otras circunstancias, hubiera sido más duro con ella, podría haber reprochado o cuestionado su proceder, pero creí que no tenía sentido, que en el fondo no cambiaría nada de lo ocurrido, y que a pesar de la tensión del momento, me había hecho bien.

Cuando salí de la consulta, Paz estaba esperando como siempre, nos saludamos y me preguntó si la podía esperar, para que le contara también a ella cómo me había ido.

La esperé, fuimos a un bar a media cuadra, y café mediante se lo conté también a ella.

*

A pesar de lo movilizante que había sido ese encuentro para mí, retomé mi vida, mi día a día, sintiéndome diferente, que sé yo… como más liviano.

Ese viernes por la noche, salí con mis amigos a tomar una cerveza, que se extendió hasta la hora de la cena, y cenamos juntos los cuatro, y también a Sebastián y a Ariel, les conté del encuentro y de cómo me sentía.

Con el correr de los días, poco a poco fui sintiendo que mi estado de ánimo era otro, incluso en el trabajo, donde día tras día, me iba volviendo el entusiasmo de los primeros meses.

Las chicas también lo notaron y el clima cordial y alegre volvió entre nosotros, tanto que me cargaban cada mediodía cuando paraba para comer las viandas qué Paz me preparaba, incluso Sol llegó a decirme que si Paz podía, que preparara almuerzos también para ella, y que por supuesto ella se las pagaría.

Se lo comenté a Paz en un mensaje, y me dijo que no había problema, por lo que a partir del lunes siguiente, me dejaba viandas para los dos.

*

En el mes de octubre, en una de las sesiones con Amalia, le pregunté si ella consideraba que tenía que seguir con las sesiones, y me dijo que en parte eso dependía de mí, que si me parecía, en vez de sesiones semanales, podíamos hacerlas cada quince días, por unos meses, y luego ir viendo, y estuve de acuerdo.

Ya a finales de ese mes, comenzamos a hablar de la fiesta de fin de año del instituto, para los primeros días o mediados de diciembre.

A María Paz, casi que no la veía, ella estaba en casa en los momentos en que yo estaba en el instituto, y nos cruzábamos jueves por medio en el consultorio de Amalia.

Una tarde de los primeros días de noviembre, al llegar a casa y guardar la moto, aún estaba la bicicleta de paz, por lo que supuse que aún estaría en casa o la habría dejado allí al irse.

Entré al departamento y la escuché haciendo algo en la cocina, y cantando.

Fui hasta la puerta de la cocina y la vi lavando los platos, con auriculares puestos y moviendo su cuerpo al compás de lo que estaría escuchando.

Me reí solo observándola un momento, y creo que reparé por primera vez en su cuerpo.

Estaba con una calza, una remera ajustada y zapatillas, y movía sus caderas y sus piernas al son de la música.

Entré a la cocina y elevando un poco el tono de voz para que me escuchara, le dije:

-Hola Paz!

Al oírme se sobresaltó, dejó de bailar y cantar, y se puso roja como un tomate.

-Qué cagazo Facundo, la puta madre!

-Perdón, no te quería asustar!

-Con la música no te oí entrar! Perdón por la puteada!

-No pasa nada! Cantas muy bien!

-Ay… que vergüenza... Hoy se me hizo un poco más tarde...

-Tranqui, yo también vine un poco más temprano.

Terminó de lavar los platos, luego los secó y los fue guardando, mientras yo preparaba unos mates.

Cuando terminó, nos sentamos en la mesa, y con un budín, que ella misma había hecho, tomamos unos mates conversando.

Hacía tiempo que no lo hacíamos, tres veces por semana estaba en casa, pero no nos cruzábamos, y en esa conversación, se me dio por preguntarle:

-Paz, vas a volver a la facu el año que viene?

-Esa es la idea, me gustaría terminar la carrera...

-Está muy bien! Es solo un año!

-Sí! Por eso, el título me va a permitir conseguir un trabajo! No pienses que estoy desconforme con mi trabajo, pero me gustaría trabajar como profesora de Educación Física...

-Por supuesto! Si es lo que te gusta, es lo que tenés que hacer!

En la conversación le comenté de la fiesta de fin de año del instituto, y en ese momento se me dio por pensar ¿con quién pasaría las fiestas? Pero en ese momento no quise preguntárselo.

Esos mates se extendieron tanto, que a las ocho y media le pregunté si se quería quedar a cenar, y con una sonrisa me dijo que sí, y yo también con una sonrisa le dije:

-Ahora veo que te cocino...

Y soltó una carcajada, la primera vez que la veía reírse de esa manera, me sentí bien, sintiendo que en parte, yo había tenido algo que ver en su mejor estado de ánimo.

*

Días después, mientras pensábamos la fecha para la fiesta de diciembre, se me ocurrió pensar, en que quizás en vez de contratar un servicio de catering, podría proponerle a Paz, si se animaba claro, a que ella preparara la comida, y pagándole por supuesto.

Ese mismo día llamé por teléfono a la confitería que habíamos contratado el año anterior, y le pedí un presupuesto, si Paz se animaba a hacerlo, prefería que ella cobrara por ese trabajo.

Al día siguiente, me llegó por mail el presupuesto del catering, con todos los detalles del menú, que ascendía a casi cuarenta mil pesos.

Le mandé un mensaje a Paz preguntándole, si todavía estaba en casa, si podía esperarme hasta la hora que llegaba del instituto, y me dijo que me esperaba con el mate.

Nos sentamos en la mesa, y mientras tomábamos unos mates le dije:

-Paz, ¿te acordás que te comenté de la fiesta de fin de año del instituto?

-Sí, me acuerdo!

-En los años anteriores, hemos contratado un servicio de catering, pero se me ocurrió, que si vos te animás, te podríamos contratar a vos para la comida de esa noche, ¿te animas?

-Nunca hice algo así, ¿como para cuántas personas sería?

-El año pasado fuimos, menos de cuarenta personas, y este año supongo que igual, no tiene que ser nada sofisticado, cosas normales, en las fiestas anteriores era comida fría, sándwiches, canapés, bocaditos y esas cosas, si te animas, te podés ganar cuarenta mil pesos.

-¿Cuarenta mil pesos? Es un montón!

-Ese es el presupuesto que me pasó la confitería que contratamos el año pasado!

-Bueno, pero en ese monto están incluidos los gastos de materia prima, creo que podría animarme, pero cuarenta mil me parece mucho.

-A mí me parece bien, pensá en el menú y hace una lista de lo que haría falta... solo la comida, de la bebida me encargo yo.

-Hagamos una cosa Facu, comprás todo lo que hace falta, y lo descontamos de los cuarenta mil, lo que queda es el pago por mi trabajo, ¿te parece?

-Bueno dale, quedamos así.

-El tema sería donde haría todo eso...

-Lo podés hacer acá, ¿es posible?

-Supongo que sí, y algunas cosas puedo ir haciendo en casa también.

-Perfecto!

Le dije estirando mi mano, y ella la tomó sellando el acuerdo.

-Contratada!

Y volvió a sonreír.

Al día siguiente me mandó un mensaje de texto con un menú detallado, y me pareció perfecto, le dije que haríamos bien la cuenta de los asistentes para qué pudiera hacer la lista de todo lo que necesitaba.

En el instituto fuimos proponiendo fechas, habitualmente la hacíamos un viernes, pero para este año había algunas complicaciones, y decidimos hacerla el sábado 15 de diciembre, y en ese momento pensé que sería mejor para Paz, estando yo en casa ese día, podría darle una mano también.

*

Para los primeros días de diciembre ya teníamos la lista completa de los que vendrían a la fiesta, y en un mensaje le dije a paz que seríamos treinta y cuatro personas, para que fuera calculando todo lo que tendríamos que comprar.

En la semana previa a la fiesta, me tocaba consulta con Amalia, le dije a Paz que no fuera en la bicicleta, ya que la esperaría a que salga, e iríamos los dos a hacer las compras.

Cuando salió, fuimos a comprar todo, y en tres grandes bolsas, como pudimos llevamos todo a casa en la moto.

Paz me dijo que ya tenía algunas cosas hechas en su casa, los pancitos para los sándwiches, las tarteletas, los rellenos para las empanadas, y las bases para los canapés.

Mientras acomodábamos todas las cosas en la heladera, le dije si quería quedarse a cenar, y que luego la llevaba a la casa, y me dijo que sí, pero no cocinó esa noche, sacamos un par de viandas del freezer, y tan solo las pusimos a calentar.

Mientras cenábamos le dije que ella también estaba invitada a la fiesta, y sorprendida, me lo agradeció con una sonrisa.

Luego de la cena la llevé a su casa, y al día siguiente temprano se iría a casa en un taxi, llevando todo lo que tenía preparado allí.

Ese viernes me levanté como cada mañana, me había terminado de bañar, estaba tan solo con el bóxer tomando unos mates en la cocina antes de cambiarme, cuando escuché los golpes en la puerta, era Paz.

Fui rápido a mi habitación me puse el pantalón y una remera, y le abrí la puerta.

Al verme se sonrió, y me dijo:

-Hola Facu! Qué buen peinado!

Ese momento me di cuenta que tenía todos los pelos revueltos.

-Es que me acabo de bañar!

Entró y acomodó todo lo que traía, y antes de que yo me fuera para el Instituto, ya se había puesto manos a la obra con la comida para la fiesta.

Cerca del mediodía me envió un mensaje, preguntándome si podía comprar en algún lado esas cajas de cartón que se utilizan para las pizzas, para poder ir poniendo las cosas y acomodarlas en la heladera.

Trabajaba solo hasta el mediodía, los cursos regulares ya habían terminado y cuando salí, compré las cajas que me había pedido, y por las dudas compré unas un poco más altas, por si había algo que no entrara en las cajas bajas de pizza.

Era un día de calor y cuándo llegué a casa, Paz estaba vestida diferente de cómo había llegado, con una calza ajustada a medio muslo, y una remera qué dejaba ver una parte de su panza, al verla no pude dejar de pensar, que aunque menudo, tenía un atractivo cuerpo.

Nos saludamos y me fui a cambiar también, me puse un pantalón corto y una remera, y volví a la cocina.

Ya tenía un montón de cosas preparadas, en la mañana había cocinado las empanadas, y mientras se hacían preparó los sándwiches de miga.

Le mostré las cajas que había comprado y me dijo que estaban perfectas, las fui armando, y lo que ya tenía preparado lo fuimos poniendo en la heladera.

-¿En qué te puedo ayudar?

-¿Te animás a preparar los sandwichitos?

-Sí claro, me das las indicaciones y los hago!

Trabajamos toda la tarde, casi hasta las ocho de la noche, la veía manejarse en la cocina, haciendo varias cosas a la vez y me sorprendía su habilidad, como si lo hubiera hecho toda su vida.

Para el día siguiente quedaban las tartas dulces y los bocaditos, los canapés y rellenar las tartaletas, Paz me dijo que según sus cálculos para las cinco o seis de la tarde teníamos que terminar.

Cenamos en casa esa noche también y luego de comer la llevé a la suya.

De camino me preguntó cómo tenía que ir vestida, y le dije que nada especial, que las chicas solían ir con vestido porque era verano pero no de fiesta.

Cuando nos despedimos quedamos de acuerdo que al día siguiente a las ocho de la mañana la iría a buscar, para que no se viniera en bicicleta.

Ese sábado era otro día de calor, salió de su casa ya con la calza y una remera, y cuando se subió a la moto me dijo que en su mochila tenía la ropa para cambiarse.

En la mañana fuimos preparando los bocaditos, los canapés y las tartaletas mientras se cocinaban las tartas en el horno.

A eso de la una y media paramos un momento para almorzar, y luego de ese tentempié, ella hizo los bocaditos dulces de frutas, nueces y frutos secos.

Esta vez Juan José se encargaría de poner a enfriar la bebida, y Maite y Alice recibirían los gazebos, y luego a eso de las siete y media de la tarde nos vendría a buscar en el auto, para llevar todas las cosas.

Con todo ya listo, Paz me preguntó si se podía dar un baño, con el calor del horno en la cocina, había transpirado tanto como yo.

Le indiqué dónde estaba todo, y le dije que luego podría cambiarse en mi habitación, y mientras se cambiaba me bañaría yo.

Saqué la ropa que me iba a poner y cuando ella salió del baño y entró a mi habitación, fue mi turno del baño.

Ya estaba bañado y cambiado, cuando Paz salió de mi habitación, y fue una sorpresa verla, una grata sorpresa diría yo, con un vestido floreado de verano a medio muslo, el pelo recogido, maquillada, y unas sandalias de taco alto, estaba realmente hermosa, y tuve qué decírselo.

-Guau! Estás hermosa Paz!

-Gracias Facu! Vos también... te queda muy bien el rosa…

Yo no tenía nada extravagante un pantalón azul de tela de verano, y una chomba de color rosa.

Cuando llegó Maite, las presenté y empezamos a cargar todas las cosas en su auto, claramente no íbamos a entrar, y le dije que ella se llevara todo y nosotros nos iríamos en la moto.

Paz me miró y se sonrió, y entonces entendí que no sería fácil subir a la moto con el vestido, y le ofrecí un pantalón corto mío para que se pusiera debajo, pero me dijo que no hacía falta.

Al llegar al instituto descargamos todo, y le presenté a los compañeros que ya estaban, y al ver por primera vez el Instituto por dentro, me dijo que era un tremendo lugar, qué viéndolo de afuera, no creyó que fuera tan grande.

Ella misma se encargó de ir preparando los platos, y a medida que iba llegando la gente la fui presentando.

Cuando llegó Gloria con Adriana y Marisa, se las presenté también, y luego aparte, mi hermana me preguntó:

-¿Tenés algo con ella?

-Tan solo somos amigos…

La guacha con cara de pícara me dijo:

-Boludo, es una chica hermosa, y parece re simpática, ¿nada de nada?

-No boludita, te dije que somos amigos, nada más!

Y yéndose, con esa sonrisa que le conozco, me dijo:

-Por ahora...

Ya con la música y todos los invitados comenzó la fiesta, tan solo Maite y Sol sabían que Paz era quien había cocinado todo, varias personas fueron las que comentaron que la comida estaba muy buena, incluso algunos dijeron que mejor que el año anterior, y me preguntaron de qué confitería era el servicio.

Cuando ya todos estábamos en las mesas, pedí silencio y les dije que era Paz quien había cocinado todo, y recibió el aplauso de los presentes, colorada como un tomate por supuesto.

La noche fue fantástica, comimos, bebimos, bailamos y nos reímos.

En varios momentos de la noche observé a Paz, y la vi divertida y sonriendo, al patrecer la estaba pasando bien.

En un momento bailamos juntos, y podría decir que esa noche, la vi por primera vez como mujer, y no como esa amiga con la que, por nuestras circunstancias, nos habíamos cruzado.

La fiesta duró casi hasta las cuatro de la mañana, entre todos juntamos y ordenamos todo, nos repartimos la comida que sobró, y nos despedimos luego de cerrar el Instituto.

Muchos de los invitados, incluidos mis amigos, le dijeron a Paz, que había sido un gusto conocerla, y que su comida había estado espectacular.

Nos subimos a la moto y la llevé hasta su casa, comentamos un poco de la fiesta, y antes de entrar me dijo:

-Gracias por invitarme Facu, fue una fiesta preciosa y la pasé re bien, hacía mucho tiempo que no me divertía así...

-No hay nada que agradecer, te luciste con la comida, y me alegro que la hayas pasado bien!

Se acercó a mí y me dio un abrazo, y yo lo correspondí.

*

En la semana siguiente, la última de trabajo en el instituto hasta el mes de enero, volvía a casa al mediodía, y por la tarde cuando venía Paz, mientras ella cocinaba yo le cebaba unos mates.

El viernes mientras merendábamos, le pregunté con quién pasaría la Navidad, y apenada me dijo que la pasaría sola.

No le dije nada en ese momento, tampoco yo sabía con quién iba a estar, pero si fuera con Maite y Alice, o con Gloria, mi hermana y mi cuñada, les diría que iría con Paz.

Estaba por sentarme a cenar, cuando llegó un mensaje a mi teléfono y al ver la pantalla, vi que era de Isabel, y decía:

-Hola Facundo! Espero que te encuentres bien. Te mando este mensaje para decirte que Juliana hace unos días que ya está en casa, mucho mejor, gracias a Dios, aunque debe seguir con el psicólogo y el psiquiatra. Nos pidió perdón por lo que había intentado hacer, que se arrepentía y que no volvería a intentarlo. Al día siguiente nos dijo que le había hecho bien poder verte y pedirte perdón, y que muchas de las cosas que le dijiste la hicieron pensar. Enrique y yo queríamos agradecerte todo lo que has hecho por ella, te lo agradeceremos siempre. Te deseamos unas felices fiestas y una vida feliz, la merecés porque sos una gran persona. Un gran beso para vos y tu familia.

Luego de leer ese mensaje, sentí que había hecho lo correcto al ir a Chivilcoy a verla y decirle todo aquello, y esperaba que pudiera volver a empezar.

Pensé por un momento la respuesta, y finalmente le envié:

-Hola Isabel! Espero que también ustedes estén bien, sobre todo Enrique en su salud. Me alegro que las cosas vayan mejorando y que Juliana ya esté con ustedes, y espero que todo se vuelva a encauzar, y que pueda salir adelante. Felices fiestas también para ustedes! Les mando un gran abrazo!

La situación con Juliana, si bien no había desaparecido de mi cabeza, ya no ocupaba tanto mis pensamientos, poco a poco todo aquello iba quedando atrás, y tal como le había dicho, no le deseaba ningún mal, sino todo lo contrario, que pueda rehacer su vida con un buen propósito.

El sábado cerca del mediodía, Gloria me llamó por teléfono.

-Hola Gloria, ¿cómo estás?

-Hola Facu! Muy bien y vos?

-Todo bien! Ya descansando del trabajo!

-Escúchame corazón, te llamé para ver si tenés planes para la Nochebuena?

-No Gloria, aún no!

-¿Querés venir a casa? Vienen Adri y Marisa!

-Sí, por supuesto! Me encantaría pasar la Navidad con ustedes!

-Bueno entonces te espero! Y no es necesario que traigas nada!

-Te hago una consulta Gloria, ¿podrá ir María Paz también! No tiene con quién pasar las fiestas...

-Por supuesto corazón! Me cayó muy bien esa chica...

-Te agradezco Gloria! Me daba pena que pasara la fiesta sola!

Corté la llamada con Gloria y llamé a Paz.

-Hola Facu!

-Hola Paz, ¿cómo estás?

-Todo bien! Releyendo un poco de la facultad, como para entrar en tema para el año que viene! Ya fui a averiguar que tenía que hacer para volver a cursar, y me dijeron que solo anotarme en las materias.

-Qué bueno! Cuanto me alegro que puedas volver a estudiar!

-Sí, espero agarrar el ritmo enseguida!

-Seguro que sí! Escuchame, recién hablé con Gloria por el 24, me invitó a su casa, van también mi hermana y Marisa, ¿Te gustaría venir?

-¿Pasar el 24 con tu familia?

-Así es! ¿Qué decís?

Se hizo un momento de silencio y creí que me diría que no, pero luego me dijo:

-Ay Facu… claro que me gustaría… Te digo la verdad, me puse a leer cosas de la facultad para no pensar… son las primeras fiestas sin mis viejos…

-En eso pensé…! Supongo que no debe ser fácil para vos, y quería que estuvieras también, para que no estés sola…

-Gracias Facu… sos un sol…

-Buenísimo! Entonces el lunes te paso a buscar a eso de las ocho, ¿está bien?

-Cuando vos digas!

*

De mi padre no había vuelto a tener noticias, no tenía contacto ya con personas cercanas a él, y ni siquiera había vuelto a hablar de él con Gloria o con mi hermana.

Suponía que ya habría pasado la fiesta de su empresa y no pude dejar de recordar lo que había significado la del año anterior, creo que el principio del fin de mi relación con Juliana.

Con quien tampoco había tenido más contacto, fue con Agustín, aunque me había mandado un par de mensajes para vernos y hablar, ni quise verlo, y ni siquiera le contesté los mensajes.

El lunes 24 de diciembre, pasadas las ocho de la noche, toqué timbre en casa de Paz, me abrió y me volvió a sorprender, con una pollera larga hasta los tobillos, una camisa turquesa sin mangas, nuevamente el pelo recogido en una cola, sandalias sin taco y apenas maquillada, pero destacaba su sonrisa. Nos saludamos en la puerta de su casa y le dije:

-Hola Paz! Guapísima!

-Hola Facu, Gracias!

En la moto fuimos hasta la casa de Gloria, esa donde había vivido yo un buen tiempo.

Cuando llegamos, Adriana y Marisa ya estaban, nos saludaron al entrar y luego Gloria, que vino desde la cocina.

Fue una noche muy agradable, creí que Paz estaría un poco retraída, si bien ya las conocía a las tres, no las había tratado más allá de la fiesta, pero conversó animadamente con ellas también.

A las doce, como es costumbre luego del brindis, vinieron los regalos, a todas ellas les había comprado uno, pequeño, imaginando que también los recibiría de ellas, a mi hermana una pulsera de plata, a Marisa un par de aros, sé que le gustan, a Gloria un colgante, también de plata con un pequeño dije con una pequeña piedra turquesa y a Paz, una cadenita de plata con un colgante en forma de trébol, para la suerte.

Antes de que pudiera decir algo, le dije:

-Paz, ni se te ocurra sentirte mal por los regalos, ya te digo que no hacía falta…

-Me apena no haber podido hacerles un regalo también, solo tengo uno para vos… es sencillo…

Me sorprendió que dijera eso, y con una sonrisa, de su cartera sacó un pequeño paquetito envuelto como para regalo, y al abrirlo me encontré con un chocolate, que debajo tenía un papel doblado, que al abrirlo, vi que estaba escrito de puño y letra por ella y decía:

"Agradezco haberte conocido, en estos meses has sido muy importante para mí. Por vos fue que pude levantar cabeza. Muchas gracias Facu. Feliz Navidad!"

Terminé de leer esas palabras y sin decirle nada, le di un abrazo, casi sin quererlo, para mí también había sido muy importante haberla conocido, y en ese momento pensé que podría enamorarme de ella, y en ese abrazo le dije:

-También fue importante para mí haberte conocido en esos momentos de mi vida, y creo que se lo tendré que agradecer a Amalia!

-Es verdad…

Luego, y sin yo saberlo, cuando Gloria nos entregó los regalos, también le dio uno a Paz, y con una sonrisa se lo agradeció con un abrazo.

Al abrirlo, se encontró con una hermosa camisa color hueso y la volvió a abrazar, se le veía contenta, casi a punto de llorar diría yo.

Cerca de las tres de la mañana nos despedimos y en la moto la llevé a su casa, antes de entrar, me dijo:

-Facu, ¿qué hacés hoy al mediodía?

-No tenía nada pensado!

-¿Querés venir a almorzar?

-Bueno, dale!

-Sin apuro, cuando te levantes…

Nos despedimos con un abrazo y de camino a casa, fui pensando en la suerte que había tenido en conocerla, Paz es una mujer, que a pesar de todo lo que le tocó vivir y de no tener familia, al menos a mí, me hacía bien tenerla cerca.

No solo almorzamos ese 25 de diciembre, luego salimos a pasear con el día lindo de sol y calor, yendo con el mate en la moto hasta la costa del rio, en la localidad de Punta Lara.

En cada conversación nos íbamos contando cosas de nuestra vida, y esa tarde me habló por primera vez de su ex novio, del que se había enamorado y que por muchos meses se había estado acostando con su mejor amiga, la que había conocido cuando comenzó a estudiar en la universidad.

Se había dado cuenta que la relación entre ellos era cada vez más cercana, de más confianza, pero todo estalló cuando una tarde en que se tenían que juntar a estudiar, en casa de su amiga, llegó más temprano y se encontró a su novio con ella, dormidos y desnudos los dos en su cama, y al despertarlos totalmente enajenada, insultándolos, su amiga con postura de sobradora, le dijo, “no es para tanto nena”, y en ese momento dejaron de ser su amiga y su novio.

Yo por mi parte le conté de mi viaje a Londres y de los meses que pasé allí, y le conté de mis experiencias, y que había tenido relaciones con Maite antes y durante el viaje, y allí con Alice y con Ana.

También le conté de la relación con mi padre, desde que le dije que no trabajaría en su empresa, hasta el día que todo pasó y dejé de considerarme su hijo.

*

Se aproximaba el fin de año y ese 29 de diciembre cerca del mediodía, Maite me llamó para invitarme a su casa, bueno en realidad a la de sus padres, y antes de que le dijera nada, me dijo que fuera con Paz, pero le respondí que se lo tendría que preguntar, no sabía de sus planes, pero que le agradecía esa consideración con ella.

Un rato después la llamé y se lo pregunté:

-Hola Facu, ¿cómo estás?

-Hola Paz, buen día! Te quería preguntar algo…

-Decime Facu!

-¿Tenés planes para el 31 a la noche?

-No, Facu… no tengo planes…

-Bueno… escuchame, hace un rato me llamó Maite para que vaya a casa de sus padres a recibir el año nuevo…

-Qué bueno…

-Y me dijo que fuera con vos, salió de ella, por eso te preguntaba por tus planes… ¿te pinta ir?

-¿A casa de los padres de Maite? No sé Facu… no conozco a nadie…

-A la familia de Maite y a Alice los conociste en la fiesta del instituto, y supongo que al igual que otros años, estarán los tíos de Maite, toda gente macanuda, ¿qué decís? Para que no estés sola… y te aseguro que se lo pasa muy bien en esas noches, yo he estado varias veces con ellos…, pero tranquila, no tenés ninguna obligación, pero no me gustaría que recibieras sola el año nuevo…

-Bueno, dale! Está bien! Pero llevo algo! Me daría vergüenza ir con las manos vacías! Puedo hacer un tiramisú por ejemplo!

-Perfecto! Yo le aviso a Maite!

Cortamos la llamada y me quedé contento de que aceptara, sabía que quizás le daría vergüenza, pero estaba seguro de que la pasaría muy bien.

Ese 31 a las ocho de la noche la pasé a buscar en la moto por su casa, y cuando la vi salir, estaba hermosa, con un pantalón blanco y una camisa sin mangas color rosa y unas sandalias blancas de taco alto, el pelo suelto y apenas maquillada.

Cerró la puerta de su casa y se acercó a la moto con el postre en su mano.

-Hola Paz! ¿Cómo estás? Dejame decirte que estás muy elegante!

-Gracias Facu! Vos también! Cómo siempre!

Fue una noche estupenda, la familia de Maite le dio la bienvenida muy amablemente y se integró rápidamente, en varios momentos de la noche la observé sonreír, imaginando que la estaba pasando bien.

En el brindis de las doce, al chocar nuestras copas, luego del abrazo le dije:

-Por un gran año Paz, en el que estoy seguro que conseguirás el título! Lo mejor para vos en este nuevo año!

-Gracias Facu! Qué también sea un gran año para vos! Qué se cumplan todos tus deseos!

Y en ese momento se me cruzó algo por la mente, pero creo que tendría que estar seguro…A eso de las cuatro de la mañana la llevé hasta su casa, y nos despedimos en la puerta.

-Gracias por todo Facu! La pasé muy bien esta noche, la familia de Maite es hermosa…

-Me alegro mucho! Era esa la idea! Que recibieras el año con una sonrisa!

Nos dimos un abrazo y antes de entrar me dijo:

-¿Almorzamos hoy?

-Claro! Te vengo a buscar tipo una, ¿te parece? Vienen Gloria, Adriana y Marisa a casa!

-Dale! Feliz año nuevo…

-Para vos también! Qué sea un gran año!

Y almorzamos en casa ese primer día del año, también un hermoso momento, Paz había congeniado muy bien con mi hermana, y Gloria por momentos la miraba a ella y me miraba a mí, y conociéndola, estaba pensándolo también…

*

En el mes de enero, Sol tomó vacaciones en la primera quincena, por lo que solo yo iba al instituto a las clases con los alumnos de perfeccionamiento, que este verano eran tan solo tres, por lo que antes del mediodía ya estaba en casa.

Como de costumbre Paz seguía viniendo los lunes los miércoles y los viernes, y los demás días, en verdad sentía la falta de su compañía, matear con ella mientras cocinaba y conversar de mil cosas

.En una de esas charlas le pregunté cuándo quería tomarse sus días de vacaciones, le correspondían como a cualquier trabajador, y era lógico que las quisiera tomar.

Pero como respuesta fue ella la que me preguntó si yo tomaría vacaciones, y en ese caso, si yo me iba a algún lado, ella tomaría sus vacaciones en ese momento.

En verdad no tenía pensado irme a ningún lado, y menos solo, y si lo analizaba detenidamente, entre irme solo o quedarme mateando con ella tres tardes a la semana, prefería quedarme.

*

Como no me había pasado en otros momentos de mi vida, hacía tiempo que no estaba con una mujer, en esos primeros meses luego de la separación, la verdad es que ni pensaba en eso, pero poco a poco fui sintiendo que me hacía falta, pero por otro lado, no me pasaba lo que en otros momentos, de ver a una mujer que me gustara, e intentar tener algo con ella, como que me sentía en una época de quietud sexual, y creí que también sería un tema para hablar con Amalia.

Finalmente no me tomé vacaciones ni en enero ni en febrero, y aunque le insistí, Paz tampoco quiso tomárselas.

A principio del mes de marzo, Paz me contó que una tarde había ido a la Facultad para saber cuándo empezaban las clases, y cuándo inscribirse a las materias que iba a cursar, y me alegró que estuviera decidida a terminar la carrera, y en lo que en mí estuviera, la ayudaría para que cumpliera su sueño de tener el título.

Las clases en el instituto ya habían comenzado, por lo que volví al horario completo, extrañando las tardes de mates y charlas con Paz.

En una llamada telefónica la tarde de ese 17 de marzo, Paz me contó de su primer día en la facultad, de las materias, de los horarios, y de sus nuevos compañeros, ninguno que ella conociera.

Había podido acomodar todos sus horarios en las mañanas, salvo una práctica que le tocaría los martes por la tarde, y que en la segunda mitad del año, también por la tarde tendría que hacer las prácticas profesionalizantes.

Cada vez que nos veíamos con Maite, me preguntaba si pasaba algo con Paz, pero siempre le respondía lo mismo, que éramos tan solo amigos, y que además trabajaba para mí.

Una tarde al llegar a casa y guardar la moto, vi aun su bicicleta, e internamente sentí la alegría de encontrarla en casa.

Cuando entré, estaba terminando de ordenar todo luego de haber cocinado.Tomamos unos mates, y en la conversación le pregunté:

-Paz, ¿tenés computadora en tu casa, conexión a internet?

-Ninguna de las dos cosas, estuve pensando que quizás tendría que comprarme una, aunque sea usada y en cuotas, y quizás usar la internet del teléfono.

-Podés usar la mía, aunque no te toque venir, podés venir igual, mi notebook está siempre acá, en el trabajo tengo otra, y acá tengo conexión a internet, si te sirve, vení cuando quieras!

-¿De verdad? Me vendría bárbaro, al menos hasta que pueda comprarme una...

-Claro que sí! Cuando la necesites venís y la usas, no tiene contraseña, y se conecta sola a internet cuando arranca!

-Gracias Facu!

Se lo ofrecí de corazón, como siempre pensando en darle una mano, pero en el fondo, me hacía ilusión que estudiara en mi casa, quizás así podría verla más seguido.

Creo que no me lo podía reconocer ni siquiera a mí, pero me gustaba tener a Paz en mi vida, verla, conversar con ella, y apoyarla en lo que pudiera, ¿me estaba enamorando de ella? No tenía una respuesta clara para esa pregunta, pero me gustaba compartir tiempo con ella.

*

Las semanas fueron pasando como siempre, casi sin cruzarnos, cada vez que llegaba a casa, miraba el espacio en la cochera queriendo ver la bicicleta, pero no la estaba encontrando.

Entendía que el trabajo en casa y los estudios le quitarían tiempo, y cuando empezaran las exigencias en sus estudios, nos veríamos menos aún.

Un miércoles llegué a casa, y a los pocos minutos me llegó un mensaje de ella, diciéndome que se le había complicado el día y que no había podido venir, que vendría al día siguiente.

Lo entendí, por supuesto que lo entendí, y no le haría problemas por eso.

Pasó casi un mes sin vernos las caras, tan solo cruzando mensajes o llamadas telefónicas, y en ese mes de mayo, me contó en una llamada telefónica, que algunos días se juntaba con sus compañeros para hacer trabajos en grupo.

*

En los primeros días del mes de julio, llegué una mañana al instituto, y antes de que comenzara mis clases, Maite y Alice, mientras tomábamos un café me dijeron:

-Facu, el 23 de julio tenemos visita...

-¿Visita…?

Continuará…

Continúa en