Yo me lo busqué - (Capítulo 20)
La noche en casa de Marta prometía ser solo un desahogo físico, pero cuando Carmen se recostó sobre él, el pasado y el presente colisionaron con una intensidad que Julián no pudo controlar. Entre besos que sabían a reconciliación y cuerpos entrelazados, la línea entre el placer y el arrepentimiento se borró por completo.
Capítulo 20
(A partir de ahora y hasta el final todos son de Julián)
Va a hacer casi seis meses que Carmen y yo nos separamos como pareja y nuestra hija está cada día más espabilada, nada que ver con los primeros días en que parecía que no se percataba de nada de lo que la rodeaba. Tocar con mi dedo índice su carita y producirle una sonrisa me hacía el ser más feliz de este mundo.
Desde luego que todos mis recelos debido a la actitud de Carmen con sus antiguos amigos, se iban desvaneciendo día a día sobre todo por el comportamiento de estos, pues poco a poco fueron asimilando que el sexo con ella se había acabado y ahora solo le insistían en hacerle una visita para conocer a su hija. Eso me lo reveló unas tardes atrás y yo no puse ninguna pega en que se llegaran a verla, aunque con la condición de que yo no acudiría esa tarde a la casa, como hacía habitualmente después de mi jornada de trabajo. Al final acudieron todos para llevarle unos regalos a la bebé y felicitar a la madre por tan bella criatura. Lo hicieron a primera hora de la tarde por lo que Carmen me llamó al trabajo para que no dejara de acudir a la casa, pues ya todos se habían marchado.
-Solo han estado un rato aquí, -me dijo Carmen cuando llegué a casa de Marta-, mi prima les puso un café y unas pastas y en cuanto se lo tomaron se fueron.
Seguramente que la contrariedad se manifestaba en mi cara por esa visita que yo no terminaba de digerir, por lo que ella continuó dándome más detalles de la misma.
-Han venido Richard, Manuel, Agustín y Unai y todo el tiempo me ha acompañado mi prima que no se ha despegado de nosotros a petición mía. No han hecho mención alguna a que volvamos a vernos para eso... bueno, para tener sexo ni nada por el estilo. -Terminó diciéndome algo apurada.
Aquellas aclaraciones le sentaron muy bien a mi cuerpo, ya que sin yo pretenderlo, reaccionó dejándome más relajado. Me sentí, en una palabra, mucho mejor y creo que tanto Carmen como Marta y Félix debieron notarlo también.
Estos últimos aprovechando mi cambio de humor, fueron los que me hicieron saber que el próximo viernes íbamos a retomar nuestra primera velada después del parón obligado por el nacimiento de nuestros bebés. Naturalmente que acepté integrarme en el grupo, previo acuerdo con Carmen en que en esas veladas no habría ninguna excepción entre nosotros dos, si bien, eso no conllevaría otras obligaciones.
Y llegó el viernes y todos nos fuimos a casa de Marta a celebrar nuestro encuentro sexual. Por supuesto que Basti no faltó a la cita y es que además no dejó de acudir a ver los bebés desde que nacieron y tampoco se recataba en inmiscuirse en las obligaciones maternas, hasta las influía en las ropitas que debían comprarles.
Cuando llegué a casa de Marta, ya estaban allí todos los demás en buena armonía y con muchas ganas de pasarlo bien desde un principio, pues ni siquiera habíamos cenado cuando los toqueteos eran ostensiblemente lujuriosos, así como los comentarios subidos de tono entre todos. Las chicas ya mostraban unos vestidos bastante atrevidos, curiosamente eran sus pechos los más expuestos y no dejaban de llevarse un buen sobeo de cada uno de nosotros, al igual que nuestros cuatro paquetes abultados que no dejaban de ser agasajados tanto por las unas como por los otros.
En una de esas no me pude resistir y entre las risas de los demás, no dudé en darle un buen repaso a Carmen, a la que desde atrás le pegué mi paquete en sus nalgas haciendo como que me la follaba, agarrado a sus tetas que noté más abultadas que la última vez que las amasé. Ella no fue menos y volviendo su cara, me dejó ir un beso con lengua de lo más guarro, al tiempo que movía su culo para hacerme saber que ella también celebraba éste acercamiento que me salió del alma.
Cuando aquellas tres beldades regresaron del dormitorio principal, nosotros cuatro nos quedamos pasmados viendo como venían vestidas, o desvestidas, según se mire. Todas se habían puesto unas camisetas de lentejuelas que les llegaban a mal tapar sus glúteos y que el escote partía desde sus ombligos e iba subiendo hacia arriba para terminar en unas tiritas sobre sus hombros. El problema para nuestra salud genital, estaba en las aberturas laterales que dejaban acceso libre a las tetas, lo que nos puso más verracos que nunca.
Fue el cabrón de Basti el que se agarró a Carmen para refregarse con ella sin dejar que ningún otro se le adelantara y no le culpo esa avaricia porque la verdad es que estaba para comérsela, pero bueno ya la cogería más adelante pues la noche apenas daba comienzo y se aventuraba muy larga. Fue Marta la que se quiso venir conmigo, seguramente porque con ella no tenía nada desde la última velada haría ya seis meses por lo menos.
Con los brazos al cuello y las piernas abrazándome por la cintura, casi me hace caer de tanto ímpetu que hasta quedamos los dos sentados sobre el sofá que teníamos detrás de nosotros. La escasa camiseta no pudo evitar que uno de sus pechos quedara al aire libre, aunque eso sí, aplastado sobre mi camisa. Durante el beso que nos dimos, ya me la estaba desabotonando y en un pispás vete tú a saber donde estaría, eso sí, su teta salida se encontraba ahora sobre mi pecho desnudo. Sus nalgas era la parte de su cuerpo a la que yo estaba agasajando con más ahínco en esos momentos y es que no dejaba de apretarlas contra mí para que nuestras partes íntimas fuesen más íntimas aún si cabe. A nuestro lado Félix y Sonia se estaban besando todavía de pie los dos y Marcelo que fue el que se quedó libre de acompañante optó por colocarse de rodillas tras de Marta, sobando sus piernas y morreando su nuca y sus hombros con pequeños bocaditos.
-Quítale los zapatos a Julián. -Le ordenó nuestra chica.
Él no se hizo esperar y siguiendo sus instrucciones me descalzó en un momento y luego, mientras ella se aupaba sobre mí me abrió el cinturón y me dejó en pelotas, terminando con un chupetón en mi polla antes de que ella volviera a recuperar su asiento sobre mi regazo. Nuestros besos se hicieron más lascivos e intensos y era Marta la que no dejaba de frotarse mi pollón sobre su rajita cubierta con un tanga que yo ni había llegado a ver de momento. Cuando miré un instante al frente, pude notar como Carmen se estaba comiendo la polla de Basti que con una mano le cacheaba una nalga y con la otra le amasaba una teta que también colgaba fuera de su camiseta.
El hilo de preseminal que se descolgaba de mi glande estaba empapando el bajo de la camiseta de Marta, por lo que sin querer más lentejuelas de por medio, le hice subir los brazos para que Marcelo que estaba atento a lo que hacíamos, se la quitara. Ahora sí que veía el tanguita que era un querer y no poder en eso de cubrir su coñito y con la ayuda de mi amigo, también desapareció de nuestra vista en un periquete, quedando los dos en pelota viva. Ella quería metérsela ya de un tirón, pero mis apetencias iban por otros derroteros y preferí deslizarla sobre el sofá haciendo que su chocho quedara muy accesible a mi boca y en unos segundos ya me lo estaba comiendo al tiempo que ella desgranaba unos gemidos muy armoniosos para todos nosotros. Pero no era la única que entonaba esos cantos lujuriosos y es que Carmen ya estaba siendo ensartada por Basti y Félix tenía a Sonia apoyada en el butacón, mientras él le comía el culo abriendo con sus manos las nalgas de ella. Marcelo no era de los que se contenían y ya estaba dándome una buena mamada aprovechando que mi polla no estaba follándose a Marta en esos momentos.
Mientras le comía el coño a mi amiga, mis dedos no dejaban de taladrar su vagina con hasta tres de ellos y sin querer ponerme ninguna medalla, sí tuve el mérito de provocarle el primer orgasmo de la noche, muy bien jaleado por Marta desde luego. Al que tuve que parar para no ser yo mismo el segundo, fue a Marcelo que se estaba emocionando en eso de chuparme la polla y que el cabronazo me iba a dejar sin follarme a nuestra amiga, que era lo que más deseaba en esos momentos.
Allí mismo y en la postura que había quedado Marta, no tuve ningún problema en meterle mi cipote una vez liberado del empeño de Marcelo por vaciarme los huevos, pero el muy cabrón de verdad no nos dejaba disfrutar de nuestros propios placeres y cuando fui a darle un besaso a mi pareja de folleteo, me encontré con que en su boca ya se encontraba la polla de nuestro amigo incordiante, ¡Será mamón el puñetero!
No me arredré ante esa grave ofensa y en cuanto que ella descansaba de mamarle la polla, aprovechaba yo para darle un muerdo de los que hacían época, sin dejar de follarla a un buen ritmo, buscando su segundo orgasmo y mi propia liberación. Al final llegamos a buen puerto la faena que nos traíamos entre manos, o más bien entre genitales, y mientras llegábamos al clímax los dos, ya no sabía si la estaba besando o me estaba tragando la polla de mi amigo, porque aquello por la parte de arriba fue un desbarajuste total, sobre todo cuando el muy mamón nos soltó una buena lechada en nuestros rostros. ¡Joder, qué desastre!
Al poco, todos menos Félix y Sonia nos estábamos aseando en los dos cuartos de baño de la casa. Entonces cuando volvía hacia el salón una mano agarró la mía y al volverme pude observar que se trataba de Carmen que al ver mi sorpresa exhibió una gran sonrisa.
-¿Quieres que pasemos un rato juntos? -Me propuso-, algo me queda de la esencia de Basti que sé que te da morbo.
Tal como íbamos por el pasillo nos desviamos a la habitación donde dormían los tres bebés y una vez que comprobamos que todo estaba en orden, nos fuimos al dormitorio principal donde estaban la pareja que faltaba en los baños, recuperándose ambos del casquete que acababan de echarse.
-Tenéis la cama libre. -Nos dijo con una sonrisa pícara la muy zorra de Sonia.
Carmen no dudó en echarse sobre la cama tirando de mí con la mano que todavía me llevaba cogida. Normalmente me recuperaba pronto de un polvo, pero con ella mi rabo no tuvo ninguna excusa para demorar su vivacidad y ya la tenía dispuesta para este nuevo asalto a mi ex-novia.
Pero antes queríamos explorar los dos cómo se encontraban de ánimo nuestras herramientas de follar y no pusimos reparos a comernos nuestros genitales en un entregado sesenta y nueve. La verdad es que llevaba razón ella cuando me advirtió que aún quedaban restos del semen de Basti en sus interiores, pero eso no fue óbice para que no le diera el trato lascivo que se merecía aquel coño al que tanto echaba de menos.
Poco después llegaron Marcelo, Basti y Marta, que se echaron a nuestro lado para dar comienzo a un trío de lo más desinhibido posible. Los muy cabrones intercambiaban sus morreos con el primero que pillaban sin importarle que en ocasiones eran ellos dos los que lo hacían, mientras Marta les comía las pollas alternativamente. En otras ocasiones tampoco se cortaron en sobar mi culo o el de Carmen mientras nosotros seguíamos a lo nuestro, sin importarnos lo que hacían los compañeros de cama.
-Quiero follarte a cuatro. -Le dije a mi ex cuando dimos por acabado nuestro placentero sesenta y nueve.
Ella me dedicó otra gran sonrisa mientras adoptaba la postura que le solicité, aunque sin dejar de mirar lo que hacían los otros tres junto a nosotros y fue Marta la que sin dudarlo, acabó por darle un cariñoso beso sin mucha lengua, como deseándole suerte conmigo para que lo nuestro tuviese una pronta transformación.
Aquel trasero puesto en pompa para que yo me lo follara en unos segundos me trajo muchos recuerdos y pude comprender que además de los sentimientos, el cuerpo físico de a quien tanto amamos, también influye en nuestros corazones. No sé si tardé más de la cuenta centrado en mis elucubraciones, pero un acercamiento de esas nalgas a mi polla me espabiló al momento e hizo que me centrara en lo que me tenía que centrar y me dejara de chorradas, Carmen quería que se la metiese ya y yo no me iba a demorar ni un segundo más, aunque lo hice con los nervios templados y dominados, clavándosela lentamente, sin prisas porque la quería disfrutar y teníamos toda la noche para hacerlo. Al final le entró toda sin ningún tipo de parada o retroceso ¡Qué placer, joder!
Al momento comencé a arremeter con parsimonia en un principio, aunque de vez en cuando siguiendo mis impulsos le atizaba unos diez pollazos con intensidad, en plan sexo duro, pero luego volvía al ritmo pausado y tranquilo. Basti y Marcelo iban a su rollo y a pesar de las regañuzas de Marta para que nos dejaran tranquilos, no dejaban de abrazarse a mí por detrás, dándome unos buenos refregones de polla en mi trasero, o bien, metían sus cabezas debajo de Carmen y le comían las tetas, menudos guarros.
En ocasiones ella volvía su cabeza hacia mí y yo me acercaba para darnos unos tiernos besos que me ponían la piel de gallina, haciéndome dudar si esa forma de besarnos no era precisamente lo que harían dos personas que se quieren, que siguen enamoradas entre ellos. Justo en esos momentos era cuando le metía los diez pollazos y le soltaba dos nalgadas, a ver si de esa manera dejaba de pensar en cosas raras.
Los otros tres acabaron también su batalla sexual y se fueron nuevamente al aseo, quedándonos otra vez solos para follar de esa forma que lo estábamos haciendo. Pero todo se acaba en la vida y fue Carmen la que en un momento dado me pidió un cambio.
-Por favor, cariño, estoy a punto aaahhh... uff... dame durooo... uhmmm...
Entonces me puse el chip de correrme junto a ella y la embestí desde atrás como me encontraba con pollazos de largo recorrido y a toda caña, haciendo que ella explotara en un gran orgasmo y yo la siguiera poco después con el mío, enterrando mi polla hasta lo más hondo, soltando chorros de semen en su interior hasta quedar mis huevos totalmente obsoletos.
-Aaahhh... qué gusto, por Dios... me corrooo yaaa... aaaggg... aaayyyy... -Gritaba la muy puta, la que me había puesto los cuernos con no sé cuantos tíos y a la que quería más que a mí puñetera alma.
Ella cayó sobre el lecho de la cama y yo me dejé ir sobre ella mientras seguía soltando leche sin parar, hasta desbordarle la vagina como nadie le habría hecho en la vida a pesar de sus actos infieles.
Ninguno de nuestros amigos vino a molestarnos mientras nosotros íbamos recuperando el aliento y yo me dejaba caer a su lado quedando muy juntos, los dos boca abajo, mirándonos sin decirnos nada. Al poco ella me acarició la cara y acercó sus labios a los míos para darme un suave beso ¿De amor? No sé, creo que sí, o al menos a mí me lo pareció.
-Te echo mucho de menos, -comenzó a decirme muy bajito-, no creas que por las noches, que también por supuesto, pero añoro nuestra vida juntos y todavía no encuentro explicación a todo el mal que te hice y porqué lo llegué a hacer. Eres la mejor persona que ha estado a mi lado en toda mi vida. Solo espero que algún día me perdones, aunque ya no me quieras.
Esas palabras me llegaron a lo más profundo de mi corazón. Me encontraba en un momento tranquilo y muy sosegado después de mis dos eyaculaciones de esa noche, sobre todo de la última que compartí con ella, pero cuando pensé que después de correrme volvería a rechazarla por sus infidelidades, ahora me ocurría todo lo contrario y es que me entraban ganas de pedirle que recogiera sus cosas por la mañana para irnos a nuestra casa a seguir con nuestra vida, juntos para siempre. Respiré hondo para ofrecerle una disculpa por no atender a mis sentimientos, pero no me dejó.
-No me digas nada, cielo y quedémonos a dormir juntos esta noche, ¿Quieres?
Yo asentí, ya tendría tiempo para responderle a esas palabras plenas de sinceridad y cariño que me había ofrecido después de ese polvo tan magnífico.
-Como prefieras Carmen. -Le respondí sin querer mostrarle abiertamente mi satisfacción por la propuesta.
Juntos fuimos al aseo para adecentarnos un poco y mientras ella iba a la habitación de los bebés para darle el pecho a nuestra hija, yo me acerqué al salón donde se encontraban Basti y Félix junto a Sonia.
-Carmen está dándole el pecho a Belén, -le dije a Sonia ante su mirada interrogatoria-, ahora viene.
Los tres asintieron y yo me senté junto a mi amiga que me reclamaba con unas palmaditas en el asiento.
-Hoy ni te has dignado mirarme, so canalla, -se quejó con toda la razón, al tiempo que espachurraba su teta contra mi costado-, será porque estás cansado de mí después de estas últimas semanas.
No tuve más remedio que soltar una carcajada ante esa acusación.
-No seas injusta cielo, ya sabes lo que me gusta pasar una noche a tope de sexo en tu casa, lo mismo que si te hubiese follado aquí mismo, pero ya sabes que somos imprevisibles en nuestros encuentros y follamos con cualquiera que se tercie.
-Pues la próxima semana nos tienes que hacer otra visita para compensarnos. -Recalcó dándole un repaso a mi polla que estaba desmayada sobre mi muslo.
-Eso dalo por hecho y prepárate bien porque te voy a dejar para el arrastre cuando acabe contigo.
Todos soltamos unas risas ante mi bravata algo exagerada y más hablando de ella, que era capaz de estar follando tres días seguidos con un regimiento, sin soltar la más mínima queja.
Luego seguimos con nuestro buen humor contándonos lo que habíamos hecho esa noche, más aún con el gracejo de Basti narrando como logró que Félix le diera por fin por el culo y el otro se disculpaba diciéndole que lo había hecho por lo pesado que se puso y que se lo follaría sin ninguna pega cada vez que viniera a cuento. También contaron que Marcelo y Marta seguían dándole a la matraca en otro dormitorio y que al parecer se quedarían ya a dormir juntos. En eso entraba Carmen al salón y se sentó acomodándose a mi otro lado, aprovechando para entrelazar su brazo con el mío. Aquello era demasiado para lo tranquilo que tenía mi cipote, pues era imposible que no me volviera a empalmar teniendo pegadas dos tetazas a mis costados.
-Menudas cabronas, mirar como me estáis poniendo entre las dos. -Les dije amasando esos muslos tan deliciosos, terminando por posar mis dedos corazones en ambas rajitas.
Basti y Félix se burlaban diciendo barbaridades de nosotros, pero tampoco se cortaban en darse unos refregones entre ellos mismos. La cosa se estaba calentando y mientras ellos dos tiraban de Carmen para llevársela a su sofá, Sonia se sentaba en mi regazo dándome la espalda, mientras con su mano experta dirigía mi polla hacia su vagina que se la tragó en un visto y no visto.
Aquello ya no tenía remedio y enseguida estábamos los cinco retomando la velada como si acabáramos de comenzar la noche. A la pobre Carmen le sacaron varios orgasmos entre los dos y Sonia tampoco quedó insatisfecha con los que yo le saqué. Al final todos corridos sin remisión, nos volvimos a asear para irse ellos al dormitorio principal y nosotros tal como nos habíamos prometido a la última habitación que quedaba libre.
La noche había sido completamente satisfactoria para todos nosotros y fue una delicia volver a dormir abrazado a ese cuerpo que tanto había echado de menos en los últimos meses. La única pega es que no teníamos cuerpo ninguno de los dos para echar el preceptivo polvo de buenas noches, pero ya habría otras oportunidades con toda seguridad más adelante.
De hecho, así fue y fueron bastantes veces las que acabamos durmiendo juntos, hasta el punto que todos nuestros amigos ya daban por hecho que éramos pareja de nuevo, a pesar de nuestras negativas. Pero llevaban algo de razón teniendo en cuenta que poco a poco y con la excusa de sacar a pasear a nuestra hija, nos fuimos acercando cada día más y con la confianza que nos dieron nuestras veladas de los viernes, solíamos cogernos de la mano, pasarnos los brazos por nuestras cinturas o yo le echaba el brazo por encima de su hombro y si el momento era propicio, una nalgada en su culazo tampoco era improcedente.
Con todo esto me volvió a pasar lo mismo que cuando la conocí, pues cada noche solo en mi casa sin tener a mi lado el cuerpo de Carmen, era un verdadero suplicio y más aún si a todo eso sumaba el no poder pasar más tiempo junto a Belén, disfrutando de su amplia sonrisa cada vez que la tenía entre mis brazos.
Era ya casi verano cuando una tarde me cité con mis dos amigos para tomarnos una cerveza y allí les expuse lo que me estaba ocurriendo. Ambos coincidían en que era un gilipollas por no aceptar de una vez lo que ellos ya conocían desde hacía tiempo.
-En el fondo y a pesar de tus continuas visitas para estar con tu hija, a Carmen la tienes un poco abandonada y ella necesita un hombre a su lado con el que compartir su vida, -me decía Félix-, y ahora mismo ese hombre no es otro que tú mismo, pero ten cuidado no vaya a ser que algún día te encuentres con una sorpresa si sigues por ese camino.
-Claro que sí, hombre, -ahondaba Marcelo en la yaga-, tú te crees que con sacarlas a paseo de vez en cuando y follártela cada viernes, ya has cumplido con tu deber de padre con Belén y de ex-novio perdonavidas con Carmen por lo que te llegó a hacer, pero ella que ahora podría tener relaciones sexuales con otros tíos, está comportándose como una pareja tuya de lo más fiel, Julián ¡Coño! ¿Es que no lo ves? Reacciona tío y vuelve con ella, pero ya, ¡Joder!
-Está bien, ¡Cojones! El próximo sábado después de la cita del viernes le propondré que vuelva a casa conmigo, -les afirmé muy convencido-, pero no le digáis nada a ella, prefiero ser yo el que se lo proponga y que salga el sol por Antequera si me vuelve a pasar lo de siempre, ya estoy acostumbrado.
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