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Mi vida. Resplandores y tinieblas (11)

La imagen de la mujer que amaba desnuda con su propio padre no lo dejaba dormir. Ahora, tras el desastre, un nuevo encuentro bajo la lluvia promete ser el inicio de algo que ni él ni ella esperaban.

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Mi vida. Resplandores y tinieblas.

Capítulo 8. Mi vida se reinicia.

Primera parte

Esa misma tarde vino mi hermana a verme, y le conté todo lo que había pasado, y al igual que yo, no podía creer que nuestro padre hubiera hecho algo como eso.

Me desahogué con ella, le dije como me sentía, me abrazó y lloramos juntos.

Antes de irse me dijo que no volvería a hablar con él, que no merecía que fuéramos sus hijos.

Esa noche también vinieron mis amigos Ariel, Sebastián y Francisco, mis tres amigos de verdad, los que siempre estaban, y también a ellos se los conté todo.

Decidí tomarme dos semanas para intentar reordenar un poco mi vida, lo primero que hice fue buscar un departamento para alquilar, tenía que dejarle su casa a Gloria.

No precisaba demasiado, tan solo que tuviera un lugar para guardar la moto, ya luego me ocuparía de comprar los muebles que me hicieron falta.

Dos días tardé en encontrar uno, a pocas cuadras del instituto, un departamento en el tercer piso de un edificio, de un dormitorio, y espacio en la cochera para guardar la moto, ya luego vería si me quedaba allí o buscaba algún lugar más grande.

Hice la reserva del alquiler, y hablé con Gloria para decirle que ya tenía dónde vivir, y se ofreció como garantía del contrato con su departamento.

En esa segunda semana que me había tomado en el instituto, ya estaba viviendo en mi nuevo departamento, los primeros días, durmiendo en un colchón en el piso, hasta que me comprara la cama y los demás muebles.

Por suerte tuve el apoyo de mis amigos, de Maite y Alice, y también de mi hermana y Marisa, que se repartían entre verme a mí y acompañar también a Gloria.

De Juliana no supe más nada, ni quise saber, la verdad, y tampoco quise saber nada de mi padre, para mí estaban muertos los dos.

Con el que tampoco quise hablar fue con Agustín, no me esperaba su traición, y si en algún momento me llamaba, le diría a la cara lo que pensaba de él, y esa sería la última vez que hablaríamos.

*

Volví al instituto luego de esas dos semanas, necesitaba darle un poco de normalidad a mi vida, y tener la cabeza ocupada en las clases, me haría dejar de pensar en todo lo que estaba viviendo.

El martes de esa semana cuando salí del instituto pasé por la que fuera a mi casa, para hablar con Gloria y ver cómo estaba, hablamos mucho, y me quedé a cenar en su casa.

En esa conversación me contó, que siempre se imaginó que mi padre se acostaba con otras mujeres, y que a pesar de eso lo seguía queriendo, pero que se metiera con Juliana, no se lo perdonaría nunca.

Le conté también que Juliana no solamente se había acostado con mi padre, que lo había hecho también con Esteban y con Pedro, y seguramente con alguno más, pero que ya daba lo mismo.

*

Dos semanas después, llegó el mensaje que esperaba, el de Agustín.

-Hola Facu, ¿nos tomamos una birra?

-Dale, mañana a las siete donde siempre!

Me dolía lo que iba a pasar, siempre considere a Agustín como un amigo, no sabía si él también tenía intenciones de cogerse a Juliana y esperaba su turno, pero ya daba lo mismo, que supiera lo de Esteban y lo de Pedro, y no me lo haya dicho, me hacía sentir decepcionado, si hubiera estado en su lugar, sabiendo que su novia le estaba siendo infiel, no hubiera dudado en decírselo.

Al día siguiente, a propósito llegué diez minutos después de la hora, dejé la moto sin atar y entré a la cervecería, Agustín ya me esperaba sentado en una mesa con una cerveza.

Me acerqué hasta él y sin siquiera saludarlo como siempre y sin sentarme le dije:

-Siempre te considere un amigo Agustín, pero veo cuánto me equivoqué, sos un pelotudo, un hijo de puta que sabiendo que Esteban y tu puto viejo se cogían a Juliana, no fuiste capaz de decirme nada, hasta acá llegamos forro, no quiero volver a verte! Y ahora si querés, te las podés coger tranquilo vos también!

Ni tiempo le di a responder, no me interesaban sus excusas, me di media vuelta y salí del bar.

Me estaba poniendo el casco, ya sobre la moto, cuando se acercó y me llamó.

-Esperá Facundo! Déjame que te explique!

Tan solo lo miré directamente a los ojos y no dije más nada, arranqué la moto y me fui.

Otro traidor que me había sacado de encima.

*

A medida que pasaban los días, sentía que mi vida no era mi vida, como que había perdido el rumbo, iba cada día al instituto a dar clases como en automático, pero en cada momento que estaba solo, mi cabeza no dejaba de pensar en todo lo que había ocurrido.

Esa imagen de la mujer que amaba, la que iba a ser mi esposa, desnuda y siendo cogida por mi propio padre me perseguía, cerraba los ojos y esa película se repetía en bucle en mi mente.

Y esos mensajes, esas confirmaciones escritas de sus infidelidades martillaban mi cabeza a cada momento, como un recordatorio cruel de mi ingenuidad, ¿cómo no me di cuenta? A pesar de ver tantas cosas que me llevaban a pensar que me estaba cagando, seguí confiando en ella, cuanto me equivoqué…

Llegar al departamento era muy duro para mí, la soledad y el silencio me atormentaban cada día.

Mis amigos se turnaban para visitarme, y cada vez me querían sacar de casa, ir a algún bar a tomar una cerveza, también Maite y Alice, que todo el tiempo me decían de ir a su casa, pero ni ganas de nada tenía.

Casi un mes después de que esa bomba explotara, una tarde de sábado, tomando unos mates con Adriana en casa, me dijo que tendría que comenzar terapia.

Nunca había hecho terapia, nunca había sentido la necesidad de hacerlo, pero quizás mi hermana tuviera razón, necesitaba encontrar la forma de salir de ese pozo negro en el que me encontraba.

Y fue unos días después, cenando con Gloria en su casa, que le dije:

-Hace unos días, Adri me dijo que tendría que hacer terapia…

-Y creo que tiene razón, Facu… te veo y no sos ni la sombra del Facu que conozco… Sé que lo que te tocó vivir fue muy duro, muy pesado, creo que nadie querría estar en tu lugar… pero sos un buen hombre, con un buen corazón que esa mujer no supo valorar, que puso sus intereses personales por delante, a un precio muy cruel, pero en la vida muchas situaciones son crueles, y nos lastiman, nos tiran abajo, nos llenan de desazón, pero tenemos solo esta vida y tenemos que tratar de que sea la mejor posible.

-No te merecías a un tipo como ese, Gloria… Sos una mujer súper amable, trabajadora y excelente persona, merecías que ese hijo de puta te respetara, que te diera tu lugar, que te hiciera feliz…

-A veces no podemos controlar de quienes nos enamoramos, siempre fui consciente de la forma de ser de tu padre, pero conmigo en muchas cosas era diferente, pero lo que hizo me mostró una parte de él que no puedo ni podré entender, ni aceptar, ni perdonar, cruzó un límite del que nunca podrá regresar…

Cuando terminamos de cenar, mientras tomábamos un café me dijo:

-Facu, conozco una psicóloga, nunca hice terapia con ella pero sé que es muy buena, es la hermana de una compañera de trabajo, si te decidís, te consigo el número de teléfono…

-Sí Gloria, la verdad es que necesito salir de este pozo, quizás me haga bien…

Nos despedimos con un abrazo y me volví para mi casa en la moto.

Al día siguiente, a eso de las once de la mañana me llegó un mensaje de Gloria con el teléfono de esa Psicóloga, Amalia Ferraresi su nombre, y en el descanso del mediodía la llamé para pedirle un turno.

Me atendió muy amablemente, me dio los días y horarios que tenía disponibles en la semana, y tomé el turno del jueves a las seis de la tarde, comenzaría la semana siguiente.

*

No tenía bien en claro el tema de la terapia, pero necesitaba pensar en que fuera una forma de encontrar una salida de ese laberinto, de ese desgano que me consumía, de ese dolor que me atravesaba el pecho al recordar una y otra vez todas esas imágenes que me habían arrancado las ganas de todo.

Con un día tras otro en el mismo tono, llegó el jueves y con él, mi primera visita a esa psicóloga.

Su consultorio estaba en un edificio del centro de la ciudad, y para llegar a esa hora, me tendría que escapar unos minutos antes del instituto, pero al comentárselo a Sol, me dijo que no había problema, que ella me podía cubrir hasta que pudiera acomodar las clases.

Ese primer jueves, al subir al séptimo piso donde estaba su consultorio, me recibió una chica, supongo la secretaria, me tomó los datos y me hizo esperar en la sala de espera, y allí me di cuenta que además de Amalia, había otros profesionales que atendían también.

Unos minutos después, se abrió la puerta de uno de los consultorios y una mujer de unos cincuenta años, dijo mi nombre y fui hacia allí.

Bastante más baja que yo, de buena figura, perfectamente vestida y peinada, y una sonrisa, que no sé por qué, en ese momento me inspiró confianza.

En esa primera sesión le conté los hechos que me habían llevado a su consulta, le hablé algo de mi padre, de mi madre y hermana, de Gloria y algunas cosas de Juliana, y no pude evitar las lágrimas en un momento de la sesión.

Quedamos de acuerdo que al menos en los primeros meses, tendría una sesión por semana, en ese mismo día y horario.

Nos despedimos y salí de su consultorio.

Al salir, una chica unos años menor, creo yo, esperaba sentada y con lágrimas en los ojos, miró a Amalia, y antes de que yo saliera, escuché que le dijo, “pasá”.

*

Así comenzó mi tiempo de terapia, yendo cada jueves, hablando de mí, de mamá, de mi padre, dándole a Amalia en cada sesión, detalles de muchos momentos de mi vida, de mis sentimientos, deseos, experiencias y expectativas.

La verdad es que me sentía muy cómodo con ella, me gustaba escucharla, aunque me terminara cuestionando tantas cosas de mi vida, y era común que saliera de allí pensando en lo que Amalia me decía.

Cada jueves al salir de su consultorio, esa misma chica esperaba sentada, siempre en la misma silla, y me llamó la atención, no sé por qué, quizás porque nunca me había mirado, cuando la puerta se abría, tan solo la miraba a Amalia.

*

Habían pasado ya casi tres meses de que la relación con Juliana se terminara, y aunque los hechos me habían destrozado, no podía dejar de pensar en ella.

Tenía claro que nuestra relación había muerto para siempre, no había forma de volver de allí, no sería posible para mí, ni siquiera pensar en volver a tenerla frente a mí, pero si fuera sincero conmigo mismo, sentía que no podía dejar de sentir cosas por ella, a mi cabeza también venían muchos recuerdos de los buenos momentos, de los encuentros, las conversaciones, los viajes, las salidas, de nuestra sexualidad, más allá de su traición, con ella había tenido los mejores momentos de mi vida con una mujer, y a diferencia de Sofía, siempre sentí que de ella me había enamorado realmente, pero al instante aparecían esas imágenes y se me revolvía todo, lo opacaban todo, como si esos buenos recuerdos fueran cubiertos por un denso nubarrón de tormenta.

*

Ese sábado de finales de junio, por la tarde escuché la entrada de un mensaje en mi teléfono que estaba sobre la mesa, al ver la pantalla, me encontré con un mensaje de Isabel, la mamá de Juliana, esa mujer que junto a Enrique, había considerado como de mi familia.

No lo abrí inmediatamente, no sabía si hacerlo, estaba seguro de que estaría al tanto de lo ocurrido, y quizás estaría tratando de interceder por su hija.

Luego de unos minutos de mirar la pantalla, decidí leerlo, y ese mensaje decía:

-Hola Facundo. Espero no molestarte con este mensaje, pero tanto Enrique como yo, lamentamos mucho lo que ocurrió. Entenderás que a pesar de todo, sigue sinedo nuestra hija. Fue muy lindo conocerte, siempre te vimos como un buen hombre y estábamos felices de que Juliana estuviera con vos. Como padres siempre hemos deseado eso para ella, un hombre que la quiera y la cuide como lo has hecho vos. Siempre te recordaremos de la mejor manera, y te deseamos de corazón que puedas tener una vida feliz. Hasta siempre.

No pude evitar las lágrimas al leer esas palabras, tanto Isabel como Enrique siempre me parecieron dos hermosas personas, sencillas pero con un gran corazón, y los he querido mucho.

Pensé que contestarles, más allá de su hija, esas personas merecían que les diera una respuesta, y luego de pensarlo un momento, les escribí:

-Hola Isabel, nunca me molestaría un mensaje tuyo. También lamento lo que pasó y agradezco tus palabras. Y tenés razón, más allá de todo, Juliana siempre será tu hija. Han estado y estarán siempre en mi corazón, vos y Enrique son dos personas increíbles y me encantó conocerlos y compartir tantas cosas. Que Dios les de salud por mucho tiempo. Les mando un gran abrazo a los dos.

Las elecciones de Juliana no tenían nada que ver con sus padres, siempre me han tratado como si fuera uno más de su familia, y así me he sentido en cada viaje a Chivilcoy, y mentiría si dijera que no los iba a extrañar.

*

Llegó el mes de julio, y en esa sesión del jueves, día anterior al que hubiera sido el día de nuestro casamiento, lo hablé con Amalia y esa tarde hablamos exclusivamente de lo que había significado Juliana en mi vida y de las consecuencias que tenían en mí, lo que había provocado el fin de nuestra relación.

Y en esa sesión no pude evitar las lágrimas, hablar abiertamente de lo que había significado todo aquello para mí, me removió muchas cosas.

Había salido del instituto camino al centro con las primeras gotas, pero al salir de la consulta, llovía muy fuerte, por lo que decidí esperar bajo el toldo del local de ropa, pegado a la entrada del edificio hasta que dejara de llover o al menos lloviera un poco menos, con tremenda lluvia era comlicado andar en la moto.

Esperé bastante tiempo, tanto que hacía casi una hora que estaba allí, momento en que del edificio vi salir a esa chica que Amalia atendía después que a mí cada jueves.

Con lágrimas en los ojos, al ver como llovía, también se quedó bajo el toldo a un par de metros de mí, y habiéndonos cruzado tantas veces, decidí hablarle.

-Es mala Amalia… ¿a vos también te hace llorar?

Miró hacia mí, y creí que me mandaría a la mierda, pero me dijo:

-Amalia no es la que me hace llorar… es mi vida…

Guau, pensé que de no hablarnos nunca a que me dijera que era su vida la que la hacía llorar, me hizo imaginar muchos escenarios en su vida, y tratando de decir algo que no sonara trivial ni desubicado, le dije:

-En eso tenés razón… es nuestra vida, lo que nos pasa, eso nos hace llorar… y Amalia es quien nos escucha y trata de sacarnos del pozo…

-Es cierto… no podría dejar de venir… Amalia es como un salvavidas…

-No hace mucho que vengo, pero me hace bien… puedo hablar sin esconder ni maquillar nada… y me hace pensar…

Y volviendo a mirarla le dije:

-Por cierto… soy Facundo…

-Yo María Paz… es un gusto conocerte, aunque nos hemos visto muchas veces…

-También para mí es un gusto…

Ambos bajo el toldo, con esa lluvia que no aflojaba, mirando hacia la nada y en silencio, hasta que le dije:

-¿Puedo decirte algo?

-Sí…

-Te he visto llorar muchas veces, y no pude evitar pensar en cuál sería la razón, en lo que te tiene así… pero no te digo esto para que me lo cuentes… no pretendo incomodarte ni parecer chusma…

-No me incomoda… me han pasado tantas cosas que se me da por pensar que el mundo está contra mí…

-Bueno… algo así me está pasando… aunque en mi caso no sé si el mundo… solo algunas personas… las que creí que estaban cerca… en las que confiaba… y el puñal llegó por la espalda…

-¿Una novia?

-Sí… bueno… ex novia… se terminó nuestra relación cuando la encontré en mi casa, en mi cama con otro…

-Sé de lo que hablás…

-Pero ese otro…

Y tan solo decirlo, hizo que me saltaran las lágrimas.

-Ese otro era mi padre…

En ese momento sus ojos se clavaron en los míos, con sorpresa, incredulidad o no sé qué, pero en esa mirada me sentí comprendido.

-Por Dios… cuanta maldad…, perdón que lo diga así, pero… que par de hijos de puta…

Dijo, aún mirándome a los ojos.

-Tal cual… la amaba… justamente el día de mañana, viernes al mediodía… hubiera sido nuestra boda…

-Sé lo que se siente… mi novio desde los diecinueve, con más de tres años de relación, me fue infiel por casi un año con una de mis amigas… bueno… ex amiga… De eso me enteré en noviembre del año pasado… en febrero de este año, mis padres volvían de sus vacaciones en Las Grutas y tuvieron un accidente en la ruta… y murieron los dos…

Y ahora las lágrimas fueron las suyas, me partía verla llorar, me daban ganas de abrazarla.

-Como si fuera poco, en abril me echaron del trabajo… y hace un par de semanas volviendo a casa, me robaron la bicicleta y la mochila con la billetera y el teléfono…

Y me salió decirle:

-Por Dios… Cuanto lamento lo de tus padres… y una cosa tras otra… la vida no te da respiro…

-Y eso es lo que me tiene así… sin familia, sin trabajo, sola… tuve que dejar la facultad… todo junto… y te juro que no puedo más...

Sus lágrimas caían y no me contuve. Me acerqué a ella y la abracé, sin decir nada, pero entendiendo su sufrir, poniéndome en su lugar…

No rechazó el abrazo, y sin que me lo esperara, me abrazó también.

-No sabés la falta que me hacía un abrazo así… gracias…

-Quizás suene a cliché, pero tené fe, ya estás en el fondo, solo queda encontrar la forma de salir…

-Y es lo que me está costando… no tengo ganas de nada… no encuentro nada que me motive a seguir…

-Me imagino… creo que en tu situación me sentiría así también…

En ese momento, ya de noche por la época del año, dejó de llover y le dije:

-¿Vivís lejos?

-En Tolosa, no muy lejos…

-¿Te vas en colectivo?

-No, ahora que paró de llover, me voy caminando…

-Yo estoy en la moto, si querés te puedo llevar…

-No te molestes… puedo caminar…

-No es ninguna molestia, podemos aprovechar ahora que no llueve.

Desaté la moto, le di mi casco para que se lo pusiera, sequé el asiento y salimos en dirección al norte de la ciudad.

El barrio de Tolosa está saliendo del casco urbano luego de la avenida 32, y la dirección que me dio, estaba tan solo a ocho cuadras de esa avenida.

Al llegar a su casa, una casita sencilla con un jardín delante, se bajó de la moto, me entregó el casco y creí que nos despediríamos, pero me dijo:

-¿Te puedo agradecer que me hayas traído con unos mates?

-Claro… nadie me espera en casa…

Entramos a su casa, sencilla como se veía desde afuera, pero muy ordenada, y mientras preparaba el mate seguimos hablando.

-¿A qué te dedicás Facundo?

-Tengo con una socia, un instituto de enseñanza de idiomas.

-Qué bueno! ¿Enseñás idiomas?

-Solo Inglés, soy profesor, pero hablo bastante francés, italiano y portugués… ¿Vos que estudiabas?

-Educación física, este hubiera sido mi último año, pero con lo de mis viejos no pude ni empezar…

-Me imagino… quizás puedas el año que viene…

-Eso espero, pero bueno, primero tengo que conseguir un trabajo… de lo que sea, esta casa era de mis padres, pero sin trabajo no puedo mantenerme…, menos que menos puedo pensar en seguir estudiando…

-¿Tenés otros familiares?

-No, soy hija única, mi mamá también lo era, mis abuelos, los cuatro están fallecidos, mi papá tenía un hermano, que también está fallecido, y solo tengo dos primos que viven en Neuquén, y que tan solo vi una vez cuando era chica, y no tengo contacto con ellos…

Cada cosa que me contaba de su vida, me hacía entender su estado de ánimo, no tenía una a favor esa chica, no sé cómo me sentiría en su lugar, y sentí que lo que a mí me pasaba, no era nada comparado con lo que ella estaba viviendo, al menos yo tenía el apoyo de mis amigos y de mi hermana, ella estaba sola y en un momento de mierda.

Mientras tomábamos unos mates, conversamos de otras cosas de nuestras vidas y a eso de las ocho y media le dije que ya me iba.

Me acompañó hasta la puerta y nos despedimos con un beso, hasta el jueves siguiente.

Me fui a casa pensando en esa chica, en qué manera podía hacer algo por ella, en el instituto no habría un lugar para ella, pero algo tenía que pensar.

*

Durante ese fin de semana y los días antes de la siguiente sesión con Amalia, me encontré pensando en cómo ayudar a esa chica, y se me ocurrió una idea, que no sería la solución de sus problemas, pero quizás le pudiera servir.

Ese jueves, luego de la sesión, al salir a la sala de espera, María Paz estaba allí como siempre, pero esta vez me miró con una leve sonrisa, se puso de pie y nos saludamos con un beso.

Salí del edificio y me quedé esperando a que terminara su sesión.

Una hora después la vi salir y al verme con una sonrisa me dijo:

-Facundo! ¿Todavía acá?

-Sí…, te estaba esperando!

Me miró como preguntándose, para que la esperaba y entonces le dije:

-Quería preguntarte algo…

-Sí, decime…

-¿Conseguiste algún trabajo?

-No, pero sigo buscando, fui a un bar que buscaban un ayudante de cocina, también a una casa de ropa que busca una vendedora, y quedaron en llamarme, pero hasta ahora no han hecho, y en un par de lugares más tampoco tuve suerte…

-¿Se te da bien la cocina?

-Cocinar se me da más que bien! Siempre me gustó la cocina, cuando terminé la secundaria y pensaba en que seguir estudiando, estaba entre estudiar para chef o el profesorado de educación física, pero para chef costaba mucho dinero…

-Bien! Ya te conté el otro día que me voy de casa a las siete y media de la mañana y suelo volver tipo siete de la tarde, en el instituto almuerzo porquerías, empanadas o sándwiches todos los días, y cuando llego a casa, no me da ganas de cocinarme para mí solo, por lo que la mayoría de las veces, ceno también porquerías, es decir, como re mal. Y te quería proponer, si te interesa, que prepares comida para mí, cobrando desde ya… ¿qué decís?

-Sí, claro!

-Buenísimo, creo que sería bueno para los dos! Yo comería bien, y vos te ganarías un sueldo! No sería todos los días, quizás dos o tres veces por semana, ¿qué te parece?

-Sí, desde ya te digo que sí! Puedo hacerla en casa y te la llevo…

-También podrías hacerlo en mi casa, para no tener que llevarla cada vez…

-Podría ser…

-Bueno, que te parece si te muestro mi casa, y vos me decís lo que hace falta…

-Dale!

Desaté la moto, le di mi casco y salimos para casa.

De camino pasamos por el instituto y le dije:

-Ese es mi instituto!

-Guau! Qué bueno!

Seguí camino a casa, dejé la moto afuera, ya que luego la llevaría a su casa y subimos.

Entramos en casa, le mostré la cocina, lo que tenía en las alacenas y en la heladera y me preguntó:

-¿Qué te gusta comer Facundo?

-Como de todo! Hay pocas cosas que no me gustan, la cebolla cruda, el rabanito y el coliflor. Carnes me gustan todas, vaca, cerdo, pollo o pescado, las verduras todas y las pastas todas! Y en todas sus formas!

-Bueno, te podría armar un menú semanal, ¿qué te parece?

-Perfecto! Vos decime que tengo que comprar!

-Lo puedo comprar yo, también!

-Sí, sería mejor! Soy un desastre también para eso!

Ya había averiguado cuanto era un sueldo para una jornada de ocho horas, y esa cantidad era un poco más que el salario de media jornada.

-Ah! Si te parece, cobrarías veinte mil pesos por mes!

-¿Veinte mil? Es mucho Facundo…

-No, yo creo que está bien!

-Bueno, vos avisame cuando llegás y vengo!

-Hagamos una cosa, te doy un juego de llaves y venís cuando vos podés!

-¿Las llaves de tu casa? Apenas nos conocemos…

-Sí, ¿por qué no? Me gusta confiar en la gente… al menos hasta que me demuestren lo contrario…

Con todo arreglado, luego de unos mates la llevé a su casa, quedando de acuerdo que al día siguiente iría a cocinar a casa.

Antes de entrar me dijo:

-Facundo, por favor decime la dirección de tu casa, como fui con vos no presté atención, y el piso del departamento.

Me reí, de su mochila sacó una lapicera y un papel y me lo dio, mientras lo anotaba le dije:

-Vivo en calle 39 entre 18 y 19, número 1176, 3° B.

-Listo! Mañana voy, seguramente vaya después del mediodía!

-Cuando quieras! Te dejo dinero sobre la mesa para las compras!

Antes de llegar a casa, pasé por un cajero automático para sacar dinero para lo que hiciera falta comprar.

Al día siguiente antes de irme al instituto, sobre la mesa le dejé dinero para las compras, suficiente como para una semana.

Trabajé todo el día dando mis clases, pero al mediodía no pude dejar de pensar que si no se hubieran derrumbado las cosas con Juliana, en esos momentos nos estaríamos casando.

Llegando la hora de irme, pensaba en lo que me encontraría en casa al regresar.

Cuando entré al departamento, a eso de las siete de la tarde, sobre la mesa había dinero, los tickets de las compras que había hecho María Paz y una nota escrita que decía.

“Hola Facundo:

En la heladera está la cena de esta noche y en el freezer los almuerzos y cenas hasta el lunes al mediodía. Para el sábado y el domingo, tenés dos porciones de cada comida, por si comés con alguien más, y la del lunes es para que te lleves al trabajo, así no comés “porquerías”.

Buen finde!”

Esa nota me sacó una sonrisa, fui a la cocina y todo estaba impecablemente limpio y ordenado, como si nada hubiera pasado.

Abrí la heladera y me encontré con una bandeja de pescado con puré y una ensalada. Abrí el freezer y me reí solo, cada comida estaba en un envase individual y envuelto en papel film con la etiqueta de la comida para cada día.

Calenté la cena y mientras comía estuve pensando en esa chica, si en algo la ayudaba todo esto, tan solo eso había valido la pena.

Ya en la cama, antes de dormirme, pensé en darle otra mano, en uno de los cajones del placar estaba mi viejo teléfono, el que había cambiado hacía unos meses, y que andaba bien, podría dárselo.

Y también se me ocurrió, comprarle una bicicleta, para que no tuviera que andar a pie para todos lados.

No sé… hacer esas cosas por ella me hacía sentir bien, de hecho pensar en darle una mano, me sacaba de mis pensamientos recurrentes sobre mi padre, Juliana y toda esa mierda que había tenido que tragar.

El sábado por la mañana, luego de desayunar, salí con la moto buscando una bicicletería en la que vendieran bicicletas usadas, si por mi fuera le compraría una nueva, pero prefería una usada, y le diría una pequeña mentira.

Encontré lo que buscaba, y para mejor, pude comprarla en tres cuotas con la tarjeta de crédito, una bici usada pero en perfecto estado, y como pude la llevé a casa en la moto.

Luego salí a comprar un chip prepago para el teléfono, lo puse a cargar y le instalé el chip, si ella recordaba los datos de su cuenta, quizás podría recuperar toda la información del teléfono que le habían robado.

El sábado en la tarde pasé por casa de Gloria a tomar unos mates, y me encontré a mi hermana allí también, y entre mates les conté de María Paz, de cómo nos habíamos conocido y de la situación que nos relacionaba.

El sábado en la tardecita, ante la insistencia de mis tres amigos, salimos a tomar una cerveza, pero solo me quedé hasta la hora de cenar, y a ellos también les conté de María Paz y de su historia.

El domingo mientras cenaba, pensaba en que haber conocido a esa chica y darle una mano, me hacía sentir como que éramos dos almas rotas que el destino había cruzado, para ayudarnos mutuamente a levantar cabeza.

El lunes antes de irme a trabajar, sobre la mesa le dejé más dinero por si hacía falta, el teléfono con el cargador y una nota en la que le decía:

“Hola María Paz, espero que no lo tomes a mal.

La bicicleta que ves ahí, es la que dejé de usar cuando me compré la moto, es tuya.

Y el teléfono quedó en un cajón cuando compré el nuevo, y anda bien, tiene ya un chip prepago puesto, solo falta agregarle tu cuenta, también es tuyo.

Por otro lado, la comida estaba exquisita! Todo! Me quedaron porciones del fin de semana, no comí con nadie.

Nos vemos!

Facundo.”

Me fui al instituto, conforme con lo que había hecho, no podía solucionarle la vida, pero me sentí bien haciendo algo por ella.

Cuando llegué a casa esa tarde, la bicicleta y el teléfono no estaban, buena señal. Sobre la mesa el dinero que había dejado con los tickets de lo que había comprado y una nota que decía:

“Hola Facundo:

¿Estás loco? No lo tomo a mal, en verdad ambas cosas me hacían falta y no había tenido dinero para comprarlas.

MUCHAS GRACIAS! INFINITAS GRACIAS!

Te dejé comida hasta el miércoles. Te iba a dar las gracias por mensaje, pero no sé tu número de teléfono, si agendaste este, mandame un mensaje así me queda.

Buena semana.

Paz.”

Ya había anotado ese número en mi teléfono, y mientras se calentaba la carne al horno con papas de esa cena, le escribí.

-Hola Paz! Nada que agradecer! No usaba ya ninguna de las dos cosas, me alegro que te sirvieran. Nos vemos el jueves.

Y un instante después llegó su respuesta:

-Hola Facundo! Gracias! Muchas gracias! Nos vemos el jueves!

*

Meses atrás, cuando aún tenía novia, cuando aún desconocía sus infidelidades, cuando aún seguía en pie nuestro casamiento, había planeado un viaje en esas vacaciones de invierno, y pensé en que podría hacerlo solo.

Quizás me viniera bien un cambio de aire, en el instituto también había vacaciones en los cursos regulares, por lo que esas dos semanas solo asistían los alumnos de perfeccionamiento, en su mayoría, gente adulta, luego de sus horarios de trabajo, por lo que solo iría algunas horas y podría coordinar con Sol.

Sol me había dicho hace tiempo, que si me iba de vacaciones, ella me cubriría, pero bueno, era una decisión a tomar, y si decidía viajar, lo haría en la segunda semana.

En esa semana que tenía horas libres, aproveché para hacer algunas cosas, el service técnico a la moto, y algo que venía pensando hacer desde hacía unas semanas, sacarme el apellido paterno y dejar solo el de mamá, ya ni su apellido quería tener.

Averiguando por Internet, supe cómo iniciar el trámite, yendo al Registro Civil con mi DNI y mi partida de nacimiento, y exponiendo las causas por las que lo solicito.

Y así lo hice ese miércoles por la mañana, y luego, cuando un juez de familia aprobara el trámite, ya podría hacer mi nuevo DNI, sin el Perea, solo Facundo Valente.

No volví a ver a Paz hasta el jueves luego de la sesión con Amalia, que minutos antes de salir me dijo:

-Facundo, no es ético hablar de mis pacientes con otras personas, pero tengo que decirte que María Paz, hace dos semanas que no sale llorando de las sesiones, y creo que algo tenés que ver vos en eso…

-Bueno, ese jueves que llovía mucho me quedé esperando que parara la lluvia y cuando ella salió yo aún estaba afuera, conversamos un rato y me contó su historia, la verdad es que al saber todo eso, sentí que mis problemas eran pequeños comparados con los suyos, y me salió ayudarla…

-Y está muy bien, esa empatía habla muy bien de vos… solo eso te quería decir…

-Bueno, me alegra que pueda mejorar…

Salí del consultorio y Paz estaba allí, y esta vez con una amplia sonrisa, se puso de pie y nos saludamos con un beso antes de que me fuera, y parecía otra chica, ya la tristeza no se veía en su cara.

Finalmente decidí no irme de viaje en esas vacaciones, ya vería de hacer algún viaje en el verano, prefiero el clima cálido para salir de paseo.

*

Las semanas fueron pasando, y venía sorprendiéndome día a día con la comida que Paz me dejaba preparada, un plato más exquisito que el otro, además de dejar la cocina reluciente, todo lavado y en su lugar.

Pasaban semanas en que solo nos veíamos los jueves, al cruzarnos en el consultorio de Amalia, en la que nos saludábamos con un beso, y el resto de los días, por alguna circunstancia, tan solo nos comunicábamos por mensajes.

Casi sin pretenderlo, fui dejando de pensar en todo aquello que me había trastocado la vida, aunque mentiría si dijera que Juliana había salido completamente de mi vida, me encontraba muchas veces pensado en algunos buenos momentos que habíamos tenido, pero irremediablemente, terminaban desapareciendo al recordar su traición.

Casi dos meses después, me llegó un correo electrónico en el que me avisaban que mi partida de nacimiento estaba en proceso de rectificación tras la resolución judicial de aceptación de mi solicitud, y que luego podría tramitar mi nuevo DNI.

Y ese hecho lo sentí como una forma de dejar todo eso atrás, a ese hombre ya no lo consideraba mi padre, hasta incluso pensé en consultar con un abogado para saber si era posible no ser su heredero, de renunciar a su herencia, no quería nada que viniera de él.

*

Estaba terminando el mes de septiembre, cuando en la mañana de ese miércoles, al llegar al instituto, me encontré con la persona que menos esperaba ver, con su cartera colgando del hombro, parada en la vereda estaba Isabel, la madre de Juliana.

Me sorprendí de verla allí, sin dudas esperándome, pero, ¿cuál era el motivo? ¿Decirme algo de su hija? ¿Habría venido a La Plata por algo y decidió pasar a saludarme?

Todo eso que pensé en esos instantes hasta que me bajé de la moto y me saqué el casco, fue aclarado un momento después.

Me acerqué a ella y la saludé con un abrazo.

-Isabel! Qué sorpresa verte por acá…!

-Hola Facundo… Perdón que me aparezca así, de sopetón y sin avisar!

-No hay problema Isabel!

-Sé lo que pasó con Juliana, ella misma nos lo contó hace tiempo, también sé que no han tenido contacto, pero necesitaba hablar un momento con vos…

-Vení Isabel, pasá! Hablamos adentro!

Entramos al instituto, saludé a todos y fuimos hasta la sala del fondo, entramos, cerré la puerta y le dije a Isabel que tomara asiento.

Ya me imaginaba que algo estaba mal, por su cara y porque estaba a punto de llorar.

-Facundo, no quería molestarte, pero la verdad es que estoy desesperada…

-¿Qué pasó Isabel?

-Después de lo que pasó, Juliana dejó la empresa y se volvió a Chivilcoy, en ese momento nos dijo que se habían separado y que había dejado la empresa, pero nada más. Yo no la veía bien, lloraba todo el tiempo, se encerraba en su habitación, hablaba poco, casi no comía y la verdad es que no sabía qué hacer. Hasta que una semana después nos contó todo. No te voy a mentir, tanto a Enrique como a mí, nos cayó muy mal lo que hizo, se manejó de una forma que nuca hubiéramos imaginado de ella, no la hemos educado así. Estuvimos muy enojados con ella, pero no deja de ser nuestra hija, y verla mal nos hizo aflojar. Pero hace unas semanas, pasó algo que no nos esperábamos, salimos con Enrique a hacer unas compras y al volver, nos encontramos que Juliana había intentado…

En ese momento le explotaron las lágrimas.

-Quitarse la vida…

-Por Dios Isabel! ¿Y qué pasó?

-La encontramos inconsciente y con un par de blíster de pastillas vacíos a su lado, la llevamos rápido a la clínica, con los blíster, entró a urgencias, le hicieron un lavaje de estómago y la dejaron internada dos días. Por suerte no había pasado mucho tiempo hasta que la encontramos, pero antes de que le dieron el alta, los médicos recomendaron atención psicológica y psiquiátrica urgente. Así que hace dos semanas que está en una clínica neuropsiquiátrica. Está medicada y controlada todo el tiempo. La voy a ver cada vez que me lo permiten, y lo único que me dice cada vez que voy, es que quiere verte para pedirte perdón. Te juro Facundo que no sé qué hacer, por eso es que estoy acá!

Escuchar eso me cayó como un balde de agua helada, no me esperaba que Juliana hiciera algo así, suponía que le habría afectado la separación y los motivos, pero nunca pensé que llegaría a una situación tan extrema como pensar en suicidarse, y si bien yo no había tenido culpa en los motivos de la separación, lo que le pasara no me era indiferente, más allá de todo no había sido una persona sin trascendencia en mi vida, me había hecho feliz, pero me había destrozado también.

-Tranquila Isabel! Te entiendo perfectamente! Más allá de lo que haya pasado entre nosotros, no le deseo ningún mal a Juliana, y si creés que serviría que me viera, no tengo problema en ir a Chivilcoy.

-La verdad es que no sé qué hacer, no sé si será para bien o para mal que te vea…

-Hagamos una cosa, hablalo con los médicos que la atienden, si creen que puede hacerle bien que vaya, me avisás y voy, no tengo ningún problema en hacerlo.

-No sabés lo que te agradezco esto!

-No tenés que agradecerme, todos cometemos errores Isabel, y muchos tienen consecuencias, ya te digo, no le deseo nada malo a tu hija, y aunque nuestra relación se terminó y de la peor manera, si sirve que me vea, no tengo problema en ir a verla.

Conversamos un momento más y me dijo que ya se iba, que tenía colectivo de vuelta a Chivilcoy a las diez y cuarto de la mañana.

Maite estaba en el instituto y le pregunté si me podría prestar el auto para llevar a Isabel y me dijo que sí.La llevé a la terminal de ómnibus y antes de que se subiera al colectivo le dije:

-Cuando hables con los médicos, si te dicen que puede servir que vaya, me avisás! ¿Tenés mi teléfono?

-Sí corazón! Lo tengo!

-Ok, llamame!

-Gracias Facu! Muchas gracias! Sos un ángel!

Por supuesto no pude dejar de pensar en esto, realmente no le deseaba ningún mal, ni a ella ni a mi padre, tan solo los saqué de mi vida por lo que pasó, ellos en su vida y yo en la mía, pero en estas circunstancias, si de algo servía que fuera, sin dudarlo iría, tenía miedo que habiéndolo intentado una vez, lo volviera a intentar.

Esa misma noche me llamó Isabel para contarme que al llegar a Chivilcoy fue a hablar con los médicos y les consultó lo que hablamos, y que los médicos le dijeron que también estaban al tanto de que Juliana insistía cada día en verme y le dijeron que lo mejor sería el domingo en el horario de visita entre las tres y las seis de la tarde, pero tan solo un momento, quizás media hora.

Esa misma noche hablé con mi hermana primero y luego con mis tres amigos, les conté lo ocurrido y les pedí su opinión.

También lo hablé con Amalia ese jueves, la decisión de ir ya la había tomado, pero me sirvió hablarlo con Amalia, para ver la mejor manera de hablar con ella, y ante la situación de Juliana, Amalia me dio varias indicaciones, primero que la escuchara, que la dejara hablar y que luego aunque deseara decirle otras muchas cosas, tratara de no castigarla, de no recriminarle nada, en su situación podría tener efectos negativos, que intentara estar sereno y hablarle con calma.

Supongo que Paz se dio cuenta que algo no andaba bien, porque me lo preguntó cuando salí del consultorio, Amalia le dijo que la esperara unos minutos que iba al baño, y en ese tiempo le conté a ella también lo que estaba pasando.

El viernes en la noche, mi amigo Francisco me llamó para decirme que él podía llevarme a Chivilcoy, esperarme y volver juntos luego de ver a Juliana, y me vino bien, para no ir solo y para no estar allí más tiempo del necesario.Estar nervioso era poco, volver a verla luego de todo lo ocurrido me movilizaba muchas cosas, pero no me podría perdonar que algo malo pasara si no iba a verla, creo que no podría vivir con eso.

*

Francisco me pasó a buscar a las diez de la mañana de ese domingo, la visita empezaba a las tres de la tarde, por lo que íbamos con tiempo.

A mitad de camino paramos para comer algo en una estación de servicio y llegamos a Chivilcoy, pasadas las dos y media de la tarde.

Fuimos a la casa de de los padres de Juliana, tanto Isabel como Enrique me saludaron con un abrazo, agradeciéndome el estar allí, y ver a su hija a pesar de lo que había ocurrido.

Tomamos un café en su casa y unos minutos antes de las tres, fuimos para esa clínica, Isabel y Enrique vinieron con nosotros.

Llegamos a la clínica, Francisco se quedó esperando en el auto y entramos.Isabel se anunció en recepción y le dijeron que pasaran al comedor, lugar donde se encontraban con las familias en las visitas.

Entraron ellos primero, yo me quedé en el hall hasta que Isabel me dijera de entrar, luego de que ellos salieran.

Faltando minutos para las cinco y media, los vi a Isabel y a Enrique atravesar esa doble puerta de madera, se acercaron y les pregunté.

-¿Sabe Juliana que estoy acá?

-Sí, se lo dijimos hace un momento, primero queríamos ver como estaba y hablar con la psiquiatra!

Dijo Isabel, y Enrique apoyando una mano en mi hombro me dijo:

-Gracias hijo por esto! Significa mucho para nosotros!

Los nervios me tenían casi temblando, respiré hondo y abrí esa puerta, tras la cual me encontraría con la mujer que más había amado, pero la que me había destrozado el corazón.

Continuará…

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