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Mi vida. Resplandores y tinieblas (10)

La confianza se quiebra cuando el espejo del dormitorio revela una verdad insoportable: la mujer que ama y el hombre que lo dio a luz comparten su cama. No hay explicación que valga, solo la ira de quien descubre que su amor era una mentira calculada.

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Mi vida. Resplandores y tinieblas

Capítulo 7. Mi vida se oscurece

Ya no pude volver a dormirme, me fui a la cocina y me preparé unos mates y me quedé allí pensando en la necesaria conversación que tendría con ella, quería dejarle en claro que no veía bien esos comportamientos en fiestas en la que no estaba conmigo, las llegadas a esa hora y en ese estado.

Era la primera vez que me sentía así desde que había comenzado nuestra relación, entendía que era necesario hablarlo, que no lo veía bien, que supiera cómo me sentía, o sea, que me caía para la mierda ese comportamiento que estaba haciendo peligrar nuestra relación.

A eso de las diez de la mañana me vestí y me fui para el Instituto, pero en un taxi, luego de que la empresa retirara los gazebos alquilados, me iría a buscar el auto de Juliana al salón.

En el instituto mientras esperaba, busqué en el sitio web de ese salón para saber a partir de qué horario había gente, y los sábados, el horario de atención era a partir de las doce del mediodía.

Una vez que resolví todo en el instituto, cerca de las once y media me fui para el salón, como aún no habría gente allí, me fui caminando.

Todavía me duraba el enojo por esa versión de Juliana que perdía los papeles cuando no estaba conmigo, y aunque no quería pensar mal, no podía evitarlo.

Llegué a ese bendito salón a la una menos cuarto del mediodía, en la playa de estacionamiento había varios coches, sin dudas Juliana no había sido la única que había terminado perjudicada en esa fiesta.

Hablé con el agente de seguridad, le expliqué que venía a buscar el auto de mi esposa y el mismo me acompañó hasta el auto.

Viendo que a la distancia abría el auto con el control remoto de la llave, que realmente era mi auto, ese hombre se despidió de mí y salí de allí en dirección a casa.

Guardé el auto en la cochera, subí hasta casa, dejé las llaves del auto y tomé las de la moto sin siquiera ir al dormitorio.

Volví a bajar a la cochera, y me fui de casa en la moto, no quería allí cuando Juliana se levantara, me sentía un boludo que estaba al pie del cañón, cuando ella volvía borracha a casa, luego de vaya a saber qué…, que resolviera ella misma su resaca.

Me compré algo para comer y me fui al instituto, pensé en hablar con Maite por teléfono, pero finalmente decidí no hacerlo, necesitaba estar solo y pensar.

En mi teléfono vi las fotos que había publicado Agustín de la fiesta, eran un montón, fui viendo una historia tras otra, hasta que me encontré con una foto que no esperaba, Juliana entre Pedro y mi padre, sonriendo los tres para la foto.

Terminé de mirar las publicaciones y en el cómodo sillón de la oficina del fondo, con los pies apoyados en el escritorio me quedé dormido hasta que el sonido de una llamada entrante en mi teléfono me despertó.

Al ver la pantalla vi que era una llamada de Juliana, y eran las cinco y cuarto de la tarde. No la atendí, y un momento después volvió a llamar, llamado que tampoco atendí, pensando en que se sintiera mal, que supiera que lo que había hecho me había caído para la mierda.

Luego de la tercera llamada me llegó un audio, y lo escuché, ella no podría saber que lo hice, y me decía:

-Mi amor ¿dónde estás? Me desperté y no te encontré! Te llamé y no me contestás, por favor llámame.

No contesté tampoco ese mensaje, pero en mi cabeza comenzaba a tomar forma la conversación que tendríamos, o más bien, lo que yo tenía para decirle, necesitaba que entendiera que ese compartimiento atentaba contra la estabilidad de nuestra relación.

Volví a casa ya de noche, pasadas las ocho, guardé la moto en la cochera y subí.

Al entrar a casa, desde el sillón donde estaba sentada con la remera que usa para dormir, corrió hasta mí y se colgó de mi cuello.

Yo no fui nada efusivo, me mantuve serio, tan solo me dejé abrazar, pero sin abrazarla.

-Estaba preocupada... me desperté y no estabas, y no sabía nada de vos...

-Andaba por ahí, necesitaba pensar...

Caminé hacía la cocina y ella lo hizo detrás de mí, de la heladera saqué una botella de agua, y apoyándome en la mesada le dije:

-Juliana, tenemos que hablar... me cayó para mierda la hora en que volviste, y el estado en que lo hiciste, borracha como nunca te había visto...

-Perdón mi amor...

-Y otra vez alguien te tuvo que traer, aquella vez Esteban y ahora Pedro. No podías ni meter la llave en la puerta Juliana... ¿qué tengo que pensar? ¿Que en cualquier fiesta te descontrolás cuando no estás conmigo?

-No mi amor, por favor no pienses eso...

-¿Y qué querés que piense? En la fiesta del instituto del año pasado no terminaste así... Además, estando así de borracha, ¿no sé te ocurre llamarme? ¿Te acordás en esos momentos que tenés un novio qué te está esperando, y preocupado? Con tus acciones me demostrás que no... ¿cómo querés que me sienta? ¿Sabes cómo me siento? Cómo el boludo al que le tienen que llevar a la novia borracha a la casa!...Y después de andá a saber que...

Y ya con lágrimas en los ojos me dijo:

-Perdóname mi amor! Tenés razón! Fui una pelotuda que no controló la bebida, perdóname mi amor, por favor, te juro que no vuelvo a hacer algo así!

-No sé Juliana... no me hace sentir bien todo esto... no me gusta una mierda! Y no sé si sos consciente de que esto puede terminar mal…

Y sin más me fui a la habitación, ya no quería seguir hablando con ella, me saqué la ropa y me metí a la cama, con la mala noche que había pasado necesitaba descansar y pasar ese mal trago.

Parada en la puerta de nuestra habitación Juliana en voz baja dijo:

-Mi amor…, ahora vuelvo… tengo que ir a buscar el auto...

-Ya lo fui a buscar, está en la cochera...

Un momento después, Juliana también se acostó, y cómo le daba la espalda me abrazó desde atrás, y aún le escuchaba llorar.

Cuando abrí los ojos entraba la luz del día por las hendijas de la persiana, miré al costado y Juliana dormía.

En mi teléfono vi que eran las ocho menos cuarto de la mañana, me levanté y fui a la cocina a preparar el mate.

Me había tomado ya casi todo el termo, cuando Juliana me abrazó desde atrás.

-Buen día mi amor! Por favor perdóname, no quiero que estemos mal, sabes lo que te amo!

Y en esa posición le contesté sin siquiera darme vuelta:

-Yo también te amo Juliana, pero no me gusta sentirme así... ponete en mi lugar…

-Tenés razón mi amor... Te juro que no volverá a pasar...

Fue ella quien volvió a preparar el mate, unas tostadas y fruta, pero desayunó sola, yo no volví a probar bocado.

No le pregunté nada de la fiesta, no quería saber, pero en un momento dijo:

-La fiesta estuvo igual que el a…

No la dejé terminar la frase, la interrumpí diciendo:

-No me cuentes nada, no quiero saber nada!

Le tomó por sorpresa escuchar eso, pero era la verdad, nada quería saber de esa fiesta.

Bajó la vista en silencio, dándose cuenta de que mi enojo seguía ahí.

Pero luego de un par de mates, me preguntó por la fiesta del instituto, y le dije que en otro momento le contaría, seguía dolido por sus actitudes y estuve bastante cortado.

En la tarde, ya un poco más calmado, hablamos muy poco de otras cosas hasta la hora de la cena, que Juliana preparó, pero seguía molesto y bastante seco con ella.

Cuando trajo la comida a la mesa, apenas probé bocado, que se diera cuenta que me sentía aún para la mierda.

Comimos en silencio, al menos yo, ni ganas de hablar tenía, y luego me fui a la cama sin siquiera ayudarla a juntar la mesa.

Un rato después, aún despierto la sentí acostarse, pero le daba la espalda, y ya no dijo más nada, y por primera vez, no nos dimos las buenas noches antes de dormir.

El domingo, aunque estaba algo más tranquilo, seguí bastante cortado con ella, aunque hablamos un poco más, y en su cara podía ver cierta tristeza por mi trato, pero bueno, le tocaría esperar a que se me pasara, que sintiera ella mi decepción y mi enojo.

*

Esa semana de trabajo fue más relajada, en el instituto ya no teníamos clases hasta enero, cuando Juliana se iba a la empresa, yo me quedaba en casa, y en esos días, supongo que por culpa, estaba más cariñosa y pendiente de mí que de costumbre.

Hasta ese fin de año sus horarios fueron normales, a las cuatro y media solía estar en casa, y con el correr de los días, la situación entre nosotros se fue suavizando.

Para el fin de semana largo de Navidad, nos fuimos a Chivilcoy, pero el 23 en la noche, Gloria, Adriana y Marisa cenaron en casa.

Volvimos el domingo luego del almuerzo, y recién en la noche de ese domingo volvimos a hacer el amor, aunque no fue una noche muy larga.

Para el fin de semana largo de fin de año, también nos fuimos a Chivilcoy, me encantaban las fiestas allí, mi relación con la familia de Juliana era excelente, y la verdad es que lo pasamos muy bien.

Poco a poco se me fue pasando el enojo y fuimos volviendo a la conexión que supimos tener meses atrás, incluso en nuestra sexualidad, haciendo el amor un par de veces a la semana, aunque en mí, algo había cambiado, se había instalado una imagen de ella, esa parte que había mostrado, que no me permitía relajarme completamente.

Los horarios de Juliana siguieron siendo bastante normales, salvo una cena a mediados de enero con unos clientes, en la que me pidió que la llevara y la fuera a buscar.

*

En el instituto los meses de enero y febrero fueron bastante tranquilos, teníamos pocos alumnos, perfeccionando el inglés, pero organizamos las clases por las mañanas, por lo que al mediodía ya estaba en casa.

Juliana volvía todas las tardes a la hora de siempre, y nuestra relación poco a poco había vuelto a ser la que era, enamorado como estaba de ella, tampoco me bancaba estar mal.

Volvimos a hablar de nuestra boda, decidiendo que nos casaríamos solo por el registro civil, y que trataríamos de conseguir fecha para el viernes anterior a las vacaciones de invierno, para luego hacer un viaje en esas dos semanas.

También comenzamos a buscar un salón para la fiesta, y planeando todo aquello, no podía dejar de pensar en que tendría que invitar a mi padre, ¿se dignaría a ir a mi casamiento, o ni siquiera eso?

*

Los primeros días del mes de marzo, arrancó la actividad completa en el instituto, y por ende, cuando volvía a casa Juliana ya estaba esperándome con el mate casi todas las tardes.

Pero mi tranquilidad se vio alterada, cuando una noche mientras cenábamos Juliana me dijo:

-Amor, el 18 de marzo tengo un viaje de trabajo…, a Punta del Este, desde el 18 hasta el 20...

-Está bien... Hace tiempo que no te tocaba viajar...

-El tema es que, en este viaje voy con tu padre, quién suele ser el intérprete de tu padre en reuniones con extranjeros, estará de vacaciones fuera del pais, y tu padre le pidió a Pedro que fuera yo en ese viaje.

Si los viajes de trabajo de Juliana, eran platos que me costaba digerir, que esta vez fuera solo con mi padre, directamente se me atoró en la garganta.¿Pero qué podía hacer, si mi padre quería que fuera?, sin dudas era porque estaba bien considerada en la empresa, al menos en su dominio del inglés.

No quería hacerme la cabeza, aunque Juliana me había dicho que el trato de mi padre con ella, había sido amable y respetuoso, no me hacía ninguna gracia, sobre todo luego de esa cicatriz que me quedaba por lo ocurrido en esa bendita fiesta de diciembre.

Un par de días después, me dijo que también viajaría el asesor legal de la empresa de mi padre, y el gerente de compras, o sea, otra vez ella sola con tres hombres.

La noche antes del viaje la noté algo seria, cómo ansiosa o nerviosa, le pregunté si estaba todo bien, y me dijo que estaba un poco nerviosa, que estando acostumbrada a trabajar con Pedro, solo esperaba hacerlo bien con mi padre.

De que lo iba a hacer bien estaba completamente seguro, pero la relación de ella con mi padre me seguía haciendo ruido, a mí me ignora por completo, y con ella es amable y considerado.

Ese jueves se iría de casa más temprano de lo habitual, irían hasta Buenos Aires para cruzar a Uruguay en el ferry, y volvería el sábado en la mañana, por lo que llegaría a casa luego del mediodía.

En la tarde de ese jueves hablamos con Maite del viaje de Juliana, y me hizo pensar en algo que no se me había ocurrido, que quizás el tener que trabajar con Juliana, podría servir para que mi padre se acercara a mí, pero no estaba tan seguro de eso, si quisiera acercarse a mí, tan solo tenía que llamarme por teléfono o invitarme a comer un día a su casa, o al menos enviarme un mensaje.

Creí que llegaría el sábado para la hora de almorzar y preparé algo para comer, pero pasadas las doce del mediodía, me envió un mensaje diciéndome que estaban llegando a Buenos Aires, y qué almorzarían allí antes de volver a La Plata.

Finalmente llegó a casa a eso de las cuatro y media de la tarde, y mientras sacaba la ropa de su maleta, y me contaba algunas cosas de las reuniones, me dijo:

-Mi amor... ya me pasó en el viaje anterior, y en este igual, es como que tengo dos versiones de tu padre, por un lado, el hombre que ignora a su hijo, y por otro, el hombre amable, correcto y simpático, y qué además valora mi trabajo, como si fueran dos caras de una misma moneda..

-No sé qué es lo que pasa por la cabeza de mi padre, nunca lo he entendido, siempre siento que me sacó de su vida por no seguir sus pasos, por no trabajar con él en sus empresas, pero no dejo de ser su hijo... y que tenga esa relación con vos… que decirte… me jode… no por vos, claro… pero sabiendo que sos mi novia, ¿qué ni siquiera te pregunte por mí…?

-Yo tampoco lo entiendo... no entiendo cómo se pierde un hijo como vos...

No se lo quise preguntar, pero entre las cosas que me fue contando, me dijo que de mí no habían hablado, y que mi padre tampoco había nombrado ni Gloria ni a mi hermana.

Pero me contó algo que me llamó la atención:

-Amor, esto que te voy a contar por favor que quede entre vos y yo...

-Por supuesto...

-El viernes mientras cenábamos con tu padre, me dijo que había algunos problemas con Pedro, que no estaba del todo conforme con su trabajo y que si no fuera su amigo, ya lo hubiera sacado de la dirección de esa empresa, pero que si seguía así, no le quedaría más remedio...

-¿Pedro anda en algo raro?

-No lo sé la verdad, tampoco me dio más detalles, pero si hablas con Agustín, por favor no se lo comentes, no quiero que vos o yo quedemos en medio...

-Quédate tranquila que no digo nada...

Pero eso me dejó pensando, ¿estaría Pedro metiendo la mano en la lata?

Además, si le había dicho eso, significaba que nadie más estaba con ellos, ¿eso quería decir que Juliana y mi padre habían cenado solos?

No quiero ni pensarlo.

*

Las semanas fueron pasando y nuestra relación se había normalizado, a menudo hablábamos de los preparativos para nuestra boda, buscando salones para la fiesta, haciendo una lista tentativa de los invitados y pensando en la ropa.

Para el mes de abril ya teníamos turno en el registro civil, sería el viernes 17 de julio a las doce y media del mediodía, último día antes de las vacaciones de invierno, pensando en esas dos semanas en que nos iríamos a Bariloche o a Villa La Angostura, o a San Martín de los Andes, el sábado siguiente a la boda.

Entusiasmado con los preparativos, fui a encargar las alianzas, de oro pero sencillas, y grabadas en su interior con la fecha de nuestra boda.

*

Me había acostumbrado a las llamadas de trabajo fuera de horario que recibía Juliana, pero ese miércoles en la noche que habíamos salido a cenar, sonó su teléfono, eran las diez menos cinco y se levantó de la mesa del restaurante para atenderlo.

Luego de unos minutos volvió y me dijo:

-¿Sabes quién me llamó amor?

-¿Quién?

-Tu papá!

-¿Mi padre? ¿A esta hora?

-Quiere tener conmigo una reunión el viernes al mediodía en su empresa.

-¿Te dijo por qué?

-No, me dijo que me lo explicaría en esa reunión... Pero que no lo comentara con Pedro…

Me quedé pensando en cuál sería el motivo de esa reunión, ¿tendría que ver con la situación de Pedro?

Y creo que Juliana también se quedó pensando, porque a partir de ese llamado la noté pensativa.

Ese viernes luego de desayunar, se fue para la empresa y yo para el Instituto, si Pedro no tenía que saber de esa reunión, se tendría que inventar alguna excusa para salir de su empresa, y creo que yo estaba más ansioso que ella.

Supe el motivo de esa reunión cuando llegué del instituto, Juliana ya estaba en casa con el mate preparado, nos sentamos en el sillón y me dijo:

-Amor, ¿sabés cuál era el motivo de la reunión con tu papá?

- Supongo que tiene que ver con Pedro...

-Tal cual, a pesar de que es su amigo, descubrió manejos irregulares de dinero, y lo va a despedir...

-Ya me imaginaba algo por el estilo...

-Y quería hablar conmigo para saber si estaría dispuesta a ocupar el lugar de Pedro, aunque no sería la única candidata, tu padre también tiene en mente a un director de la empresa de transporte para ese puesto, pero quería saber si yo aceptaría, aunque me dijo que aún no lo tenía decidido.

-¿Conocés a esa otra persona?

-Personalmente no, es César Bustamante, lo conozco solo de nombre, pero Ricardo me dijo que entre él y yo, está el reemplazante de Pedro. También me dijo que no dijera nada en la empresa, está reuniendo la información necesaria sobre Pedro, y cuando lo tenga todo, hablará con él para decirle que dejará la empresa.

-¿Y vos qué pensás?

-No estoy al tanto de lo que haya hecho Pedro, pero no te puedo mentir mi amor, sería un gran paso en mi carrera poder ocupar ese puesto, es aún mejor que el puesto que pretendía en mi antigua empresa!

No me cabía ninguna duda de que estaba preparada para eso, tengo bien en claro su ambición de progreso, de conseguir un puesto en el que se tomen decisiones importantes, y entendía lo que eso significaba para ella.

Pero por otro lado, pensaba también en que, de ser ella quien ocupe el lugar de Pedro, vendrían tiempos de mayor disponibilidad en su trabajo, que indudablemente afectaría nuestra relación en el día a día, pero amándola cómo la amo, no podía hacer otra cosa que apoyarla, era un gran paso en su vida profesional, pero solo deseaba que no tuviera impacto en nuestra relación.

*

Ese fin de semana la vi muy entusiasmada con esa posibilidad de progreso laboral, y fue ese lunes, que al llegar del instituto, me dijo que en dos semanas, mi padre daría a conocer al sustituto de Pedro, una vez que hubiera resuelto la salida de este de la empresa.

Me daban ganas de hablar con Agustín para ver si estaba al tanto de algo, más que nada para saber si la decisión de mi padre, tendría también efecto sobre él también, pero como Juliana me había dicho que no se lo comentara, tendría que esperar a que todo pasara.

Esa primera semana, Juliana llegó varios días más tarde, dos veces se reunieron ella y César con mi padre, para hablar sobre el puesto que dejaría Pedro, y el giro que mi padre quería darle a esa empresa.

El viernes de esa primera semana de espera, mientras cenábamos en casa, me dijo que el jueves siguiente, al salir de la empresa tendría una reunión con mi padre, y que estaba más que segura, de qué sería para decirle que ella reemplazaría a Pedro.

*

La actividad en el instituto estaba a pleno, con más alumnos que nunca, en los cuatro idiomas y en todos los niveles, y las ganancias iban siendo cada vez más importantes, y por la demanda que teníamos, estábamos pensando en extender el horario hasta las ocho o nueve de la noche, y contratar un profesor o profesora más de inglés, que cubriera esas horas.

En los momentos en que no daba clase, no podía dejar de pensar en lo que pasaría en un par de días, ese jueves Juliana se enteraría si sería ella quien reemplazaría a Pedro, con todo lo que eso conllevaba.

El martes a eso de las nueve de la mañana, con alumnos en todas las aulas, hubo un corte de energía eléctrica, dándonos cuenta que a los vecinos también se les había cortado.

No era la primera vez que ocurría, pero casi a las once de la mañana, como el servicio no se restablecía, llamé a la empresa de electricidad, y me dijeron que el problema había sido un transformador de media tensión en la zona, que ya se estaban encargando del problema, pero que no estaban seguros de poder resolverlo en el día.

Al no tener electricidad, no funcionaban los equipos que calefaccionan en las aulas, ni podíamos usar los proyectores, ni las luces, por lo que decidimos suspender las clases hasta el día siguiente.

Antes del mediodía les avisamos del problema a los alumnos del turno de la tarde, y a eso de la una y media, cerramos el instituto y nos fuimos.

Volví a casa en la moto, y cuando llegué al edificio, vi el auto de Juliana a unos metros.

Me sorprendió que estuviera en casa a esa hora, pero pensé que quizás tendría alguna reunión y habría venido a casa a cambiarse o algo por el estilo.

Subí desde la cochera en el ascensor, y como en otras veces, entré por la puerta de servicio, la que da al lavadero, suelo hacerlo tan solo porque está más cerca del ascensor.

Abrí la puerta y no escuché nada, y supuse que quizás Juliana estaría en el baño o en nuestra habitación.

Fui hacia el comedor a dejar mi mochila, y sobre la mesita baja, vi dos tazas de café.

En ese momento no quise pensar mal, y creí que Juliana habría estado en casa tomando un café con alguien, y que luego se habría ido a alguna reunión dejando su auto en casa.

Volví a la cocina, abrí la heladera para ver qué podía almorzar, y en ese momento escuché un ruido, eso significaba que Juliana estaba en casa.

Caminé por el pasillo hasta nuestra habitación, y antes de llegar escuché voces.

La puerta estaba entreabierta, y me acerqué lentamente sin hacer ruido.No hizo falta que entrara a nuestra habitación para que el corazón se me detuviera, el gran espejo de la pared en el que Juliana solía mirarse, me mostró lo que en nuestra habitación estaba ocurriendo.

Sobre la cama, esa cama que compartíamos cada noche, desnuda y en cuatro, la mujer que amo, la que sería mi futura esposa, con la que compartía mi vida, estaba siendo cogida desde atrás, por la persona que jamás hubiera imaginado, ni en la peor de mis pesadillas, también desnudo, arrodillado tras ella, con las manos en su cadera y embistiéndola frenéticamente.

Ese hombre que se estaba cogiendo a Juliana era... Era mi padre.

Se me heló la sangre, me dio un dolor agudo en el pecho, me explotaron las lágrimas y me quedé como petrificado viendo esa escena dantesca que me destrozó el alma.

Apoyé mi espalda en la pared del pasillo, con la terrible sensación de que el mundo giraba sin sentido a mi alrededor, sin entender lo que estaba pasando, lo que acababa de ver.

Ya no pude ni quise seguir viendo ese despreciable espectáculo, me sentía como si cientos de puñales que me atravesaban el alma, me costaba respirar.

No me esperaba semejante traición, la de ella y la de ese ser que me había dado la vida, pero ahora me la estaba quitando con ese acto tan vil, tan desalmado, tan despreciable.

Nunca lo hubiera imaginado, y en el aturdimiento de ese momento, escuché como a la distancia, "¿así te gusta putita?", y luego escucharle decir a la mujer que amaba, "sí…, así…, dame fuerte…".

Como pude volví a la cocina, esa traición, la peor que hubiera imaginado, me desgarró el alma, me llené de ira, quería matarlos a los dos, quería verlos sufrir como estaba sufriendo yo, sacarme ese dolor que me atravesaba, esa imagen que no se iba de mi cabeza.

Pensé tantas cosas en esos pocos segundos, cegado por la ira, el dolor y la incontenible necesidad de hacerles daño, compensar el que ellos me estaban haciendo.

Pero respiré hondo, una vez tras otra, ya nada tenía sentido, ya nada valía la pena, ya todo estaba roto, ya no podía con mi alma.

Necesitaba tranquilizarme, que mi calentura no me hiciera hacer ninguna locura, ya todo se había ido a la mierda, sin saber cómo enfrentar una situación así, apoyado en la mesada de la cocina, a pocos centímetros del cajón donde guardo la cuchilla, imaginé la escena, apareciéndome en la habitación, cuchilla en mano, interrumpiéndoles ese maldito acto de traición, pero tenía miedo de mi reacción, si acaso ese hombre que había dejado de ser mi padre, decía o hacía algo, se podría ir todo al carajo.

Finalmente, ante mi estado de estupor, de aturdimiento, decidí no hacer nada, ya todo estaba destrozado, ya no había camino de regreso, volví al comedor, tomé mi mochila, al ver sobre una de las sillas la cartera de Juliana abierta con su teléfono dentro, lo tomé, ni sé muy bien por qué, quizás para confirmar lo que ya no hacía falta confirmar, que esa mujer a la que amaba me estaba traicionando de la pero manera, la más cruel, la más retorcida, la más inhumana, la más humillante, con la seguridad de que ese hijo de puta no sería el primero.

Aturdido como estaba, salí de casa por donde había entrado, bajé a la cochera, me subí a la moto y me fui.

Me alejé varias cuadras sin rumbo, sin saber qué hacer, me detuve en una plaza y con la cabeza hecha un quilombo.

Pensé, pensé que hacer y no sé cuánto tiempo después, decidí volver a casa.

El auto de Juliana ya no estaba, volví a entrar al edificio, subí a mi departamento y volví a entrar por el lavadero, sin hacer ruido.

Las tazas de café ya no estaban, en la habitación la cama estaba arreglada, como si allí no hubiera pasado nada.

Seguía sin poder creerlo aún, ¿cómo había sido capaz Juliana de hacerme algo así? ¿Quién era esa mujer de la que me había enamorado?

Fui al lavadero y dentro de la lavadora estaba las sábanas que habían sido testigos de esa traición.

Tomé varias bolsas de residuos, de esas grandes de color negro, y con la amargura y el dolor que tenía, empecé a meter en ellas todo lo que encontré de Juliana, su ropa, sus calzados, sus carpetas, y todas sus mierdas de perfumería y todo lo suyo que encontré.

A medida que iba llenando las bolsas, las iba dejando en el palier, fuera del departamento, ya no quería nada de esa hija de puta desalmada en mi casa.

En eso estaba cuando a las tres y media de la tarde, me llegó un mensaje desde un número desconocido, al abrirlo vi que era de Juliana desde otro teléfono.

-Amor, no sé dónde, pero perdí el teléfono, y te quería avisar que hoy voy a llegar a casa un poco más tarde, seguramente antes de la hora de cenar.

Mi respuesta fue escueta y cortante, ya no la iba a esperar para cenar, y ni siquiera tendría casa donde volver, porque esa ya no era la suya.

-Ok.

Qué hija de puta, ¿se iría a coger de vuelta con el hijo de mil puta de mi padre, o con algún otro?

Terminé de sacar todas sus cosas del departamento, volví a revisar cada rincón para asegurarme que nada suyo quedara, y luego me senté en el sillón y me largué a llorar, mi vida tal cual la conocía se había ido a la mierda, nunca hubiera imaginado algo así de la mujer que amaba y con la que me iba a casar y del forro hijo de puta al que ya no volvería a considerar mi padre.

Tomé su teléfono que había quedado sobre la mesa baja del estar, nunca había siquiera intentado revisar su teléfono, pero ya nada me importaba.

Desde hacía tiempo tenía ese patrón de desbloqueo, pero alguna vez la había visto dibujarlo en la pantalla, y probando ese dibujo, su teléfono se desbloqueó.

Fui directamente a la aplicación de mensajería, y en esa lista interminable de chat, fui viendo conversaciones con personas que ni conocía.

Llegué al chat con Esteban, y lo que allí vi nunca lo hubiera imaginado, varios mensajes arreglando encuentros fuera de la empresa, y un mensaje dolorosamente revelador, en el que ese tipo le decía, que en esa tarde de sexo maravilloso, se había convencido de proponerle a Pedro que ella ocupara su lugar, ¿se cogió a ese tipo para conseguir el puesto? No lo podía creer…

Qué pelotudo fui, ¿Cómo pude ser tan ingenuo? Ya desde entonces me venía cagando y yo confiando en ella como un boludo.

Busqué el chat con Pedro, y fue otro clavo en el ataúd de nuestra relación, también había cogido con Pedro en ese maldito departamento, y no solamente eso, en un mensaje ese otro hijo de puta le decía que Agustín ya sabía que él y Esteban se la habían cogido, otro sorete más, lo sabía todo y no fue capaz de decírmelo, y yo considerándolo un amigo, ¿también él se la querría coger y estaría esperando su turno?

Y finalmente los chats con el hijo de puta que alguna vez fue mi padre, para enterarme que ya habían cogido en el viaje a Punta del Este, y hasta el último mensaje, el de hacía unas horas, en el que le decía “Juli, esperame en tu casa que a la una estoy ahí”

¿Cómo pude ser tan pelotudo? ¿Cómo pude confiar ciegamente en una mujer así? Su ambición estaba por sobre todo, se cagó en nuestra relación, se cagó en mí, se acostó con medio mundo para poder lograr sus metas, con todo eso entendí que su amor por mí era una farsa, porque si en verdad me amara no hubiera hecho todo eso, si lo que quería conseguir era un trabajo, una vez que ya estaba en la empresa, hubiera sido más honesto que me dejara, y no llegar a toda esta mierda.

Mi cabeza empezó a cranear la manera de vengarme de ambos, suponía que a Juliana no le afectaría tanto que nuestra relación se terminara, claro está que yo no le importaba un carajo, y pensaba en qué forma me podría vengar de mi padre.

Pensé y pensé, pero luego de imaginar muchas situaciones, muchos escenarios, me detuve, y me dije, pará Facundo, vos no sos esto!

Habré sido un pelotudo, un imbécil que no pudo darse cuenta como se le reían en la cara, pero no soy una mierda como ellos, ya las van a pagar…

Ya la imaginaba llegando a casa a la hora de cenar y hacer como si nada, si yo no hubiera sido testigo de su traición, haría como si nada hubiera pasado, como las veces anteriores.

Pero se encontraría con todas sus cosas en el pasillo, por lo que ya se daría cuenta de que nuestra relación se había ido a la mierda.

Ya no quería que volviera a entrar a mi casa, y en ese momento busqué un cerrajero por internet, y lo llamé para cambiar la cerradura del departamento.

Casi a las siete y media de la tarde, el cerrajero terminó su trabajo, y en ese momento decidí dos cosas, la primera, ya no volvería a ver ni a hablar con Juliana, ¿qué sentido tenía? ¿Escuchar de ella algún intento de explicación o justificación? No la había, y ni falta me hacía, con ella era una farsa de relación en la que creí amar y ser amado, respetar y ser respetado, pero resultó ser todo lo contrario.

Y la segunda, ir a la casa de mi padre, por última vez, porque Juliana puede ser una puta que me metió mil veces los cuernos cogiendo con medio mundo, pero lo que hizo mi padre era imperdonable, cogérsela sabiendo que era mi novia, lo hacía quedar frente a mí como un ser despreciable, sin el más mínimo sentido del respeto, poniéndose por delante de todo y de todos, incluso de su propio hijo.

Tan solo iría para decirle a la cara que era un hijo de puta, y que ya no sería su hijo, ni él mi padre.

Cuando salí del departamento cerré con llave, y sobre las bolsas con todas las mierdas de Juliana dejé su teléfono, me daba lo mismo que supiera que yo lo había tenido y había visto todo lo que allí escondía.

Y con lágrimas en los ojos, también dejé junto al teléfono la delicada cajita de las que hubieran sido nuestras alianzas de matrimonio, que se las metiera en el culo.

Antes de las ocho ya estaba en la puerta de la que fuera mi casa, esperando para ver llegar a ese malparido.

Vi cuando a las nueve menos diez entró el auto, até la moto con el casco a un poste, y toqué el timbre de mi casa.

Gloria fue quien me atendió por el portero eléctrico, le dije quién era y fue ella misma quien abrió la puerta.

Supongo que por la sorpresa al verme allí o por mi cara, Gloria me preguntó:

-Hola Facu! Qué sorpresa! ¿Estás bien corazón?

-Hola Gloria, no…, y ya vas a saber por qué...

Caminé hacia el estar donde estaba ese que había dejado de ser mi padre, de pie junto a la mesa quitándose el saco de su traje, y al verme dijo:

-Mirá quién apareció...

Y parándome frente a él, mirándolo a los ojos y lleno de ira, le dije:

-Sos un hijo de mil puta y la puta madre que te parió... Viejo del orto!

-A mí no me hablás así, pendejo de mierda!

-Yo seré un pendejo de mierda, pero vos sos un maricón hijo de mil puta, un sorete mal cagado! Una mierda de persona!

En ese momento, viendo el altercado, intervino Gloria.

-¿Qué pasa Facundo?

Sin dejar de mirarlo con odio a los ojos dije:

-Pregúntale a este forro hijo de puta lo qué pasa!

-¿Qué pasa Ricardo?

Le preguntó Gloria mirándolo, y elevando también la voz.

-No pasa nada Gloria...

-Contale hijo de puta que hoy a la tarde en mi propia casa, en mi propia cama, te estabas cogiendo a Juliana, hijo de puta! Sos una mierda! Olvídate que tenés un hijo! Para mí vos estás muerto! Y no te mato yo para no mancharme de mierda!

-¿Qué dijiste Facundo?

Preguntó Gloria mirándome con cara de espanto.

-Eso que escuchaste Gloria, hoy a la tarde el sorete este se estaba cogiendo a mi novia en mi casa!

Y con esa cara de sobrador, y esbozando una leve sonrisa dijo:

-Es una puta!

Sin darle tiempo a nada, mi puño se estrelló en su cara, con toda la fuerza y la ira que me consumían, haciendo que su nariz y su labio sangraran profusamente, manchando su camisa blanca.

-Ella será una puta, pero vos sos un sorete! Una mierda que no vale nada!

Ni tiempo a reaccionar tuvo, se tomaba la cara manchando sus manos de sangre, cuando el cachetazo de Gloria le hizo dar vuelta la cara.

-Sos una mierda, ¿cogerte a tu futura nuera? Sos un hijo de mil puta! Y te vas a la puta madre que te parió! No voy a estar un minuto más en esta casa, hijo de puta! No puedo creer que seas tan mierda!

Y se fue supongo que al dormitorio, quizás a buscar sus cosas.

Cuando Gloria se fue, me miró con cara de odio, como para decir algo más, pero frente a él le dije:

-Abrís la boca y te bajo todos los dientes! Sorete!

Y lo empujé con mis dos manos en su pecho, haciendo que trastabillara y terminara de culo en el piso, y acercándome, le escupí la cara.

El que fuera mi padre se tomaba la cara, pero ya no dijo más nada, supongo que queriendo evitar más golpes.

Ganas no me faltaban de seguir pegándole, pero me contuve, caminé hacia la puerta, y antes de salir le grité:

-Ya las vas a pagar sorete! La próxima vez que me veas, salí corriendo, porque te vas a quedar sin dientes, con todos los huesos rotos y los huevos explotados! Viejo puto!

Salí de la que fuera a mi casa, me subí a la moto y di vueltas sin rumbo, no quería volver a casa para no verla, no quería escucharla, ya no.

Pero luego pensé en Gloria, para ella también era una mierda de situación, y volví.

Esperé en la vereda hasta que la vi salir arrastrando una maleta, al verme metros adelante caminó hasta mí y me dijo:

-Ay corazón… cuanto lo lamento…

-Que ya no me considerara su hijo es una cosa, pero lo que hizo no se lo voy a perdonar jamás, aunque se arrodille, aunque se esté muriendo!

-Yo tampoco! No puedo creer que fuera capaz de algo así…

-¿Qué vas a hacer ahora Gloria?

-Ahora me voy a casa de mi hermana, ya después veré…

-Lo lamento por vos Gloria… Pero no te merecés a un tipo así!

-Nunca podré perdonarle esto…, jamás!

Le ayudé a cargar la maleta en su auto y nos despedimos con un abrazo.

Di vueltas en la moto, con esa imagen en mi cabeza, y después de casi media hora fui a la casa de Maite, cuando me vio, supo que las cosas estaban mal, me dio el abrazo qué tanta falta me hacía, y sentados en el sillón de su casa, llorando le conté a ella y a Alice todo lo que había pasado, y de todo lo que me había enterado al ver su teléfono.

A las nueve menos diez de la noche, mi teléfono comenzó a sonar, sin verlo ya sabía que era una llamada de Juliana, que no pensaba atender.

Fueron varias las llamadas, hasta que cansado, apagué mi teléfono, ¿qué me iba a decir? ¿Qué me iba a explicar? Ni siquiera quería que me pidiera perdón, Juliana había muerto para mí, tanto como mi padre.

Me quedé a cenar con ellas, aunque no pude probar bocado.

A eso de las diez de la noche la llamé a Gloria, y hablamos por casi media hora, sin poder creer ninguno de los dos lo que había pasado, me dijo que le había contado todo a su hermana, y que allí se quedaría por unos días.

Y luego de esa llamada, pensé en que tendría que dejarle su departamento.

Maite y Alice no dejaron que me fuera y me quedé a dormir en su casa.

Al día siguiente mientras desayunábamos, le dije a Maite que me tomaría unos días en el instituto, no tenía cabeza para dar clase.

Recién dos días después volví a la que fuera mi casa, ya pensando en buscar otro lugar, porque ya no quería vivir allí, los recuerdos me atormentarían y Gloria necesitaba su casa.

Las cosas de Juliana no estaban, y era eso lo que esperaba, la había bloqueado en mi teléfono y en las redes sociales, no quería tener contacto con ella.

Al entrar a casa, había un papel doblado que seguramente Juliana habría tirado por debajo de la puerta, ni me molesté en leerlo, lo hice un bollo y lo tiré a la basura.

Mi vida tal cual la conocía, se había ido al carajo, esa luz qué había significado mi amor por ella, se había tornado en una dolorosa oscuridad que nunca hubiera imaginado.

Me senté en el sillón y lloré, lloré con ese dolor en el pecho, lloré por la decepción, lloré por el vació que sentía…, lloré por no saber cómo seguir…

Continuará…

Continúa en