Mi vida. Resplandores y tinieblas (9)
Ella sube de cargo, él baja la guardia. Pero cuando la mujer que amas vuelve a casa a las seis de la mañana, borracha y con el jefe que la llevó, la línea entre la confianza y la traición se vuelve invisible.
Mi vida. Resplandores y tinieblas
Capítulo 6. Mi vida estable en pareja.
Segunda parte
Me preparé un sándwich mientras me tomaba una cerveza, me senté en el sillón a comerlo con otra, y cuando lo terminé fui a la heladera por otra cerveza más.
Me tenía que tranquilizar, era tan solo una fiesta de empresa, es sabido que en otros lugares de trabajo, no van los familiares, y aunque aquí sí lo hacían, prefería verlo así, sobre todo siendo la empresa de mi padre.
Juliana me envió un mensaje, con una foto en la que se la veía en la mesa con sus compañeros, en la que también estaba Esteban, y qué decía:
-Como quisiera que estuvieras acá conmigo! Tengo mucha bronca, ya me quiero ir! Te amo mi amor!
¿Qué le iba a decir? Claro está, nada para que se sienta mal.
-Tranquila mi vida, disfruta la fiesta, fue un año de mucho trabajo y merecés disfrutarla! También Te amo!
Pasaban las diez de la noche cuando Agustín me envió un mensaje.
-Boludo, ¿por qué no estás acá?
-Hola Agus! Fui pero no me dejaron entrar, no estaba en la lista!
-¿Cómo que no estabas?
-Sí, boludo, supongo que mi querido padre tuvo que ver con eso... Esteban le dijo a Juliana que me había puesto en la lista... pero alguien me tachó, seguramente fue él.
-Qué forro!
-No pasa nada Agus! Nada me extraña ya viniendo de mi padre...
Juliana me fue mandando mensajes y fotos, del salón, de la cantidad de gente que había, de la decoración de las mesas y de la comida, y todo de excelencia.
Cerca de la una de la mañana fue el último mensaje, suponía que ya a esa hora, todo el mundo estaría bailando y bebiendo.
Ya más tranquilo después de la cuarta cerveza, me quedé mirando unos capítulos de la serie, esperando despierto a que Juliana me llamara para que la fuera a buscar.
No pretendía que Juliana dejara la fiesta y volviera a casa, quería que pudiera disfrutarla, como había disfrutado yo de la fiesta del instituto.
Cerca de las tres de la mañana cuando terminó uno de los capítulos de la serie, en mi teléfono vi las historias del Instagram de Juliana, donde tenía varias fotos publicadas con sus compañeras, en la mesa y bailando también con ellas.
Miré también las fotos que había publicado Agustín en sus historias, eran un montón, del salón, de las mesas, de la comida, de la barra, de la gente bailando, y una selfie con su novia en la pista de baile, donde detrás se veía más gente bailando, personas que yo no conocía, pero entre ellas, vi algo que me preocupó, Juliana estaba bailando con Esteban, sin su chaqueta blanca, por lo que se veía toda su espalda descubierta, y una de las manos de Esteban, justamente allí, en su cintura, sobre su piel, y la mano derecha de Juliana, en el pecho de él, que estaba solo con la camisa y la corbata.
Quizás no significará más que un movimiento mientras bailaban, pero una sensación de celos me invadió, yo soy quien debería estar ahí, bailando con ella y apoyando mi mano en la piel de su espalda.
No desconfiaba de Juliana, pero ver a ese tipo tan cerca, no me gustó para nada.
Miré las siguientes fotos de Agustín, para ver si la veía en alguna otra, pero ya no volví a verla.
De todos los hombres que había en esa fiesta, ¿tenía que bailar con él?¿Habría sacado adrede esa foto Agustín para que yo lo viera?¿Tendría que cuestionarla por eso que había visto?
No pretendo ser un novio celoso o controlador, pero tampoco el boludo que de nada se entera.
Buscaría la forma de que me lo contara, que me contara con quién había bailado.
Suponía que a las cuatro de la mañana terminaría esa fiesta, y que Juliana me llamaría para que la fuera a buscar.
¿Tendría que esperar a que lo hiciera? ¿O enviarle un mensaje para que sepa que estaba despierto y esperando para ir a buscarla? ¿O ir directamente a la puerta y esperar a que salga?
Decidí hacer esto último, y a las tres y veinte de la mañana, salí de casa en el auto.
En unos veinte minutos, con el poco tránsito a esa hora, estuve en el salón, el estacionamiento estaba lleno de autos, lo que significaba que la fiesta aún no terminaba, pero no entré al amplio estacionamiento, me quedé en la vereda, ya que a través de las rejas que rodeaban el jardín externo del salón, podía ver la entrada, que estaba a unos treinta o cuarenta metros de donde me había estacionado.
Me quedé allí esperando y se hicieron las cuatro de la mañana, la gente comenzó a salir del salón, a despedirse, y a subir a sus autos saliendo por el portón de salida que quedaba un poco más lejos.
Miraba atentamente la puerta del salón, imaginé que Juliana me enviaría un mensaje para que la fuera a buscar, pero al parecer todavía no salía.
Fue cerca de las cuatro y media que le vi atravesar la puerta, cómo no, con Esteban a su lado.
Conversaban y reían uno junto al otro, de su cartera Juliana sacó el teléfono, y mientras seguía hablando y riendo con Esteban, parecía escribir un mensaje.
Imaginé que sonaría mi teléfono en ese momento, pero lo que vi antes de que me llegara la notificación del mensaje, me volvió a preocupar, Esteban tomó a Juliana de la cintura, y acercó su cuerpo al de él, hablándole casi al oído.
El mensaje decía:
-¿Estás despierto amor?
Y rápidamente le contesté.
-Estoy en el auto afuera del salón, en la vereda.
Le di enviar y volví a mirarla, y pude ver cómo se separó de Esteban rápidamente, mirando hacia afuera en busca del auto.
Se despidieron, cómo no, con un abrazo y Juliana caminó hacia la puerta de reja de salida, tratando de ubicarme, y el tipo volvió a entrar al salón.
Ya en su forma de caminar, no muy lineal digamos, me di cuenta que también había tomado alcohol.
Cuando vio dónde estaba estacionado, caminó hacia el auto, pero con cierta sensación amarga, ni siquiera bajé para saludarla.
Abrió la puerta y subió.
-Hola mi amor! No me dijiste que venías!
-Como no me avisabas para que te viniera a buscar y estaba despierto, me vine.
Al darme un beso, su aliento delataba la ingesta alcohólica.
Arranqué el auto y nos fuimos de allí, y Juliana dijo:
-Tremenda fiesta... buenísima la comida, la atención, el salón, la música, todo...
-Me imagino... Siempre han sido así...
-Me cansé de bailar! Nos reímos mucho con las chicas! Y conocí a la novia de Agustín, es un encanto!
No estaba seguro de cuestionar lo que había visto, pero estaba bastante molesto, y encima sin saber lo que allí adentro había pasado, pero por lo que había visto, le dije:
-¿Puedo decirte algo?
-Sí mi cielo!
-No me cae muy bien esa cercanía con Esteban, cómo te tenía de la cintura mientras me escribías el mensaje...
-Ay mi cielo... Por favor no pienses nada malo, nada pasó, cuando le dije que ya me iba, que salía para escribirte un mensaje, tan solo me acompañó hasta la puerta, porque bueno... tomé unos tragos... Pero solo eso... nada pasó mi amor, te juro que no...
-Está bien…, solo quería decirte cómo me sentí...
-Te juro corazón que no pasó nada con él...
-Está bien, está bien... Solo para que lo sepas...
Llegamos a casa, entré el auto a la cochera y subimos, en el ascensor me abrazó y me dijo:
-Te extrañé mucho mi amor! Hubiera deseado qué estés ahí...
Ya en nuestra habitación se quitó la ropa, pasó por el baño, y con la remera que usa para dormir se acostó.
Pasé yo también por el baño, y cuando llegué a la cama ya estaba dormida.
¿Que si estaba preocupado? Para qué mentir, la verdad es que sí, esa cercanía, esa confianza, esas manos en su cintura, me rompían un poco las pelotas.
A pesar de la hora, pasadas las cinco de la mañana, no me podía dormir y me quedé pensando en que no desconfiaba de Juliana, después de todo, yo le daba abrazos así a Sol, o a Maite, o a Alice, y eso no significaba que tuviera algo con ellas, necesitaba calmarme, pero sentí que le había dicho lo que sentía, si llegado el caso ella me dijera lo mismo, me manejaría de otra forma con las mujeres que me rodean, tan solo para que ella no se sienta como me estaba sintiendo yo.
Además recordé las palabras de Agustín de aquella conversación, de los hombres que están todo el tiempo al acecho.
Me levanté a eso de la una y la dejé dormir.
Me preparé unos mates, y traté de pensar en otra cosa, en sacarme esa idea de la cabeza, confiaba en Juliana y necesitaba convencerme de que nada estaba pasando, que entre mi novia y su jefe, no había más que la confianza entre dos personas que trabajan todo el tiempo juntas.
Juliana se levantó a las cuatro y pico de la tarde, nuevamente con dolor de cabeza.
Mi novia me estaba mostrando algo que nunca había visto en ella, el consumo de alcohol en ciertas circunstancias, que habían coincidido en que no estábamos juntos.
Ese sábado estuvo muy cariñosa y pegada a mí, y traté de dejar de lado todo eso que pasaba por mi cabeza.
A mitad de semana, para la Navidad, nos iríamos a Chivilcoy, para estar allí con su familia, y como en los últimos años, cenamos ese lunes 23 de diciembre con Gloria y con mi hermana.
La pasamos muy bien esos dos días con su familia, pero Juliana tenía que volver a trabajar el jueves y el viernes, por lo que luego del almuerzo del 25, nos volvimos para La Plata.
*
En el instituto no había actividad hasta el mes de enero, que comenzaban los cursos de verano, por lo que cuando Juliana se iba a trabajar, yo me quedaría en casa.
Mientras tomábamos unos mates cuando volvió de la empresa me dijo:
-Amor, hoy Esteban me dijo que necesita hablar conmigo pero fuera de la empresa, y me dijo de almorzar mañana.
Claro está que no me hizo ninguna gracia, ¿pero qué le podía decir? Me rompía las pelotas, pero que me lo estuviera contando, hizo que me tranquilizara y le dije:
-Está bien... ¿No te dijo de qué quiere hablar con vos?
-No, se lo pregunté, pero me dijo que mañana me contaba.
Cada vez me gustaba menos el temita con Esteban, pero quería seguir confiando en Juliana.
Esa noche fue ella quien me buscó para hacer el amor, y dejando todo de lado, me entregué a ese momento de pasión.
*
Se fue a trabajar ese viernes, y no pude dejar de pensar en ese almuerzo, ¿qué carajo tenía que decirle que no lo podía hacer en la empresa?
Pero tocaría esperar hasta que volviera.
De la empresa suele llegar cada tarde a eso de las cuatro y media de la tarde, pero esta vez lo hizo un poco más tarde, y ya me estaba preocupando, y por primera vez, en mi cabeza aparecieron pensamientos que deseché rápidamente, no podía pensar eso...
A las cinco y media la escuché abrir la puerta, yo estaba en la cocina preparando el mate, y hasta allí llegó.
-Hola mi amor! Hoy se hizo un poco más tarde, pero vení qué te cuento!
Fuimos con el mate y nos sentamos en el sillón.
-El motivo por el que Esteban quería almorzar para hablar conmigo fuera de la empresa, es porque va a dejar la empresa, nadie lo sabe aún, ni siquiera Pedro.
Sentí un repentino alivio al escuchar eso, era una suerte para mí que ese tipo dejara la empresa, la cercanía con Juliana me estaba complicando la cabeza.
-Va a trabajar hasta el 15 de enero, luego se va a tomar vacaciones, y el 2 de febrero empieza en un cargo gerencial en una empresa en Buenos Aires, y el motivo por el que quería hablar conmigo, es porque le va a proponer a Pedro que yo ocupe su lugar, que de todo su equipo, considera que soy la única que puede hacerlo, me dijo que si estoy interesada en su puesto, lo hablará con Pedro el lunes, por eso quería verme fuera de la empresa.
-¿Y vos qué pensás?
-La verdad es que me entusiasma la idea, es un gran paso en la empresa, y estoy preparada para eso, tengo en claro el trabajo de Esteban, solo faltaría saber sí Pedro está de acuerdo.
No me cabía duda de que estaba preparada, de su responsabilidad en el trabajo y de su ambición de progreso, y si eso era lo que deseaba hacer, yo la apoyaría.
Además, que el dichoso Esteban ya no estuviera en la empresa lo sentía como un alivio.
-Estoy completamente seguro de que lo vas a hacer muy bien, si estás de acuerdo en ocupar ese puesto y si Pedro acepta, creo qué tendrías que aceptarlo, como bien decís, es un gran paso en la empresa.
-Gracias mi amor por apoyarme! Te juro que estoy muy entusiasmada, solo espero que Pedro esté de acuerdo.
*
Ese fin de semana me di cuenta lo ansiosa que estaba, esperando el lunes, y la respuesta de Pedro, aunque no estaba segura de que fuera ese mismo lunes. Y pensando en eso, supuse que Pedro seguramente lo tendría que consultar con mi padre, ¿aceptaría él también?
El lunes 30 de diciembre, último día laborable del año, cuando llegó de la empresa, mientras mateábamos me dijo:
-Amor, Esteban me dijo que ya le comunicó a Pedro que dejaba la empresa, y que también me propuso a mí para ocupar su cargo.
-¿Y sabes que dijo Pedro?
-Le dijo que lamentaba que se fuera, qué había hecho muy bien su trabajo, pero que siendo una propuesta de trabajo muy por encima de la actual, nada podía hacer para retenerlo.
-¿Y de que vos ocupes ese lugar dijo algo?
-Pedro le dijo que lo analizaría, que lo hablaría con tu padre, y que antes de que Esteban deje la empresa, se definiría quién va a ocupar ese puesto.
*
Para el fin de año también nos fuimos a Chivilcoy, y pensando en las vacaciones, Juliana me dijo que si finalmente ella ocupaba el lugar de Esteban, era muy probable de que no tuviera vacaciones, y lo entendí, ya tendríamos tiempo más adelante para tomarnos unos días.
Recibimos el año nuevo con la familia de Juliana, una hermosa noche de fin de año, y un hermoso almuerzo del primero de enero, y a eso de las cuatro de la tarde, nos volvimos para La Plata, ya que Juliana trabajaba el 2 de enero, y en el instituto comenzaban los cursos de verano.
En esa corta semana de trabajo, Juliana no tuvo novedades, ni Esteban ni Pedro le dijeron nada, seguramente la decisión aún no estaba tomada.
Fue recién el viernes 10 de enero, que al volver de la empresa, Juliana entró a casa y al ver su cara ya lo supe.
-Amor! hoy tuve una reunión con Pedro y con Esteban, y Pedro me confirmó que voy a ocupar el puesto que deja Esteban!
-Buenísimo corazón! Conociéndote sé que lo vas a hacer muy bien! Estoy orgulloso de vos!
La abracé contento por su logro, y en el fondo, también porque ese tipo se iba de la empresa.
-Lo único que en estos días hasta que se vaya Esteban, me tengo que poner al tanto de varias cosas, muchas ya las sé, pero otras solo las hacía él.
-Me imagino!
-Ya estuvimos hablando, y si es posible lo haremos en horas de trabajo, pero como faltan pocos días quizá me quede un poco más después de la hora de salida.
Eso ya no me gustaba tanto, pero bueno, ¿qué otra cosa podía hacer?
Y así fue, esos días hasta el 15 de enero, Juliana llego a casa bastante más tarde, incluso el último día llegó casi a la hora de cenar, y con cara de reventada.
El mismo 16 de enero, me contó al volver, que Pedro la había presentado en la oficina como la nueva jefa, lo mismo que a los demás jefes de las otras áreas.
También me contó que la secretaria de Esteban, una mujer llamada Eugenia, de casi cincuenta años, seguiría en ese puesto y sería su secretaria.
*
Con el correr de los días me fue contando de sus nuevas tareas, principalmente el contacto con proveedores y clientes.
También me contó que sus compañeros, ahora subordinados, la miraban de otra forma, y que ella suponía que era, porque había sido la última en llegar, y la primera en ascender.
Lógicamente ese puesto implicaría otras cosas, y no pasaron muchos días para que lo supiera.
El jueves 23 de enero, me dijo mientras cenábamos, que al día siguiente tenía una reunión a la que irían Pedro, el asesor legal y ella, con un empresario de Buenos Aires.
La reunión sería a las seis de la tarde en la capital, y luego cenarían con ese empresario, por lo que su regreso sería en las primeras horas del sábado.
Me tendría que acostumbrar a estas cosas, a reuniones fuera de hora, o a viajes de trabajo.
Otra cosa que también cambió, eran los llamados telefónicos que atendía en cualquier momento, incluso los sábados.
*
En el mes de marzo, cuando la actividad en el instituto comenzó a horario completo, yo ya no estaba tanto tiempo en casa, pero Juliana tampoco.
Y así fue que al ritmo de su disposición al trabajo y sus responsabilidades, se fue modificando nuestra dinámica de pareja, algunos días nos veíamos en el desayuno, y nos volvíamos a ver recién en la noche, si es que Juliana no tenía alguna cena de trabajo.
En la última semana del mes de marzo, Juliana me dijo que ese último sábado del mes, Pedro, el asesor legal y ella, habían sido invitados a la fiesta aniversario de uno de los grandes clientes, y que esa fiesta era en la ciudad de Avellaneda, lugar donde esa empresa tiene su sede.
Ese día Pedro la pasó a buscar por casa a eso de las ocho de la noche, y él mismo la traería de regreso al final de la fiesta.
Ya me imaginaba que no sería muy temprano, le calculé a las cuatro de la mañana, pero me equivoqué por poco más de una hora, Juliana llegó a las cinco y diez de la mañana de ese sábado, pero al menos no había bebido como en otras ocasiones.
Lo que también se fue modificando, fue nuestra intimidad, de hacer el amor dos, tres o más veces por semana, se redujo a los fines de semana, siempre y cuando Juliana no tuviera algún compromiso laboral.
También se fueron espaciando los viajes a Chivilcoy, algunos fines de semana por trabajo, y otros porque Juliana necesitaba descansar del trabajo en la semana.
Yo entendía que ese puesto, con el importante aumento en su salario, implicaba este tipo de cosas, pero solo deseaba que no tuviera consecuencias en nuestra relación, que no nos alejara como pareja.
Yo seguía confiando en Juliana, pero algunos pequeños detalles, hicieron que me ponga en alerta, como por ejemplo, poco a poco fue cambiando su manera de vestir, mejor ropa, de marca muchas veces, siempre con tacos altos, y para esas cenas de trabajo, se arreglaba y se maquillaba más de lo habitual.
A pesar de esos cambios en nuestra vida habitual, nuestra relación iba bien, pero hubo algo que volvió a encender mis alarmas, un miércoles de mediados de abril, ya estábamos en la cama durmiendo, y la vibración de un teléfono me despertó.
Sin abrir los ojos, sentí que Juliana se movió, vi la luz de la pantalla de su teléfono, no sabía qué hora era, con los ojos entre cerrados, vi que Juliana miró hacia mí, y luego contestó un mensaje en su teléfono, le llegó otro, y ella volvió a contestar, luego se apagó la luz de esa pantalla, y se volvió a acomodar para seguir durmiendo.
¿Quién podría enviarle un mensaje a esa hora? Y ella contestarlo.
En la mañana siguiente pensé que me lo diría, quizás podría ser su madre o su padre, o alguna amiga, pero nada me dijo durante el desayuno.
No me decidía si preguntarle o no, y por el momento decidí no hacerlo, pero me resultó tan raro como preocupante, por la hora, y por qué no me lo comentara.
Otra situación que también me hizo poner en alerta, fue una reunión a la que tenía que ir Juliana, era a las nueve de la mañana en la ciudad de Magdalena, y la noche anterior me había dicho que Pedro la pasaría a buscar de camino a esa ciudad.
Desayunamos más temprano ese día, y a las siete y media de la mañana, le llegó un mensaje de Pedro diciéndole que estaba abajo, yo aún no me había vestido y bajó ella sola.
No sé por qué pero me dio por mirar por el balcón, y antes de que Juliana saliera Pedro había bajado de su auto y estaba en la vereda.
Vi salir a Juliana, y saludar a Pedro con un abrazo, ¿también me tendría que empezar a preocupar de Pedro? ¿O me tendría que preocupar de Juliana?
Me cambié y me fui al instituto, sin poder dejar de pensar en lo que había visto.
*
Las semanas fueron pasando, entre mi trabajo en el instituto y los horarios irregulares de Juliana en la empresa, se había alterado nuestra relación, que seguía siendo muy buena, pero los momentos de estar juntos habían cambiado y mucho.
*
En el mes de agosto, para nuestro segundo aniversario, creí que era un buen momento para hacerlo, le propondría matrimonio, me parecía un gesto que consolidaría nuestra relación.
Sin que lo supiera tomé uno de sus anillos, y fui a encargar el anillo con el que le propondría que fuera mi esposa.
El día de nuestro aniversario caía miércoles, y la semana anterior, le propuse ir a cenar para festejarlo.
Por suerte no tuvo ningún compromiso ese día, y cuando llegué del instituto Juliana ya estaba en casa, nos cambiamos y fuimos a un restaurante en el que ya había hecho una reserva, un coqueto restaurante del centro platense.
Luego de la exquisita cena y el postre, el mesero se acercó con una botella de champagne en un balde y dos copas, las sirvió y se retiró.
Con la pequeña cajita en mi mano sin que la viera aún, levanté mi copa y le dije:
-Por el amor que te tengo!
-Por todo lo que te amo mi amor!
Brindamos, tomamos un sorbo de champán, y dejándole ver la cajita le dije:
-Te amo tanto que sería el hombre más feliz del mundo si aceptará ser mi esposa!
Abrí la pequeña caja y el anillo quedó a su vista, y con lágrimas en los ojos me dijo:
-Te amo tanto mi amor! Por supuesto que acepto ser tu esposa! Nada me haría más feliz!
Me acerqué a ella y la besé, volvimos a brindar y le coloqué el anillo.
Mientras nos tomábamos el champagne, estuvimos hablando de la posible fecha para nuestra boda, decidimos que podría ser antes de fin de año, o quizás los primeros meses del año siguiente.
Salimos del restaurante y volvimos a casa, y esa noche hicimos el amor, como hacía tiempo no lo hacíamos, aunque no fue una sesión muy larga, ya que al día siguiente ambos trabajábamos.
*
Yo por mi parte había comenzado a pensar cuando sería un buen momento para casarnos, y se me ocurrió que podríamos hacerlo en febrero del año siguiente y luego tomar ambos las vacaciones, o quizás unos meses más adelante, para las vacaciones de invierno.
Se lo comenté a Juliana y estuvo de acuerdo en dejar la boda para el año siguiente, en febrero suele hacer calor y con tiempo podríamos arreglar las vacaciones para hacer algún viaje, a modo de luna de miel o quizás en el mes de julio, donde también podríamos tomarnos esas dos semanas.
*
Comenzaba el mes de noviembre y mientras cenábamos esa noche, Juliana me tiró una bomba.
-Amor, el 11 de noviembre, tengo un viaje de trabajo...
-¿A dónde te toca ir esta vez?
-A Río de Janeiro...
-¿A Brasil?
Y con cara como de apenada me dijo:
-Sí mi amor..., me lo comunicó Pedro hoy al mediodía. Nos iríamos el miércoles 11 a las cinco de la tarde, y volveríamos el sábado 14 por la tarde.
-Bueno... ¿Y con quién te toca viajar?
-Ese es el otro tema, irían Pedro, el representante legal del grupo, el asesor legal de nuestra empresa, y tu padre...
-¿Tenés que viajar con mi padre? Ufff...
-Espero que no te pongas mal... Pero tengo que ir...
-No es que me ponga mal, pero estando las cosas como están con mi padre, no me hace mucha gracia la verdad, solo espero que no te trate como a mí, pero bueno… después de todo, es su empresa.
-Nos vamos a reunir con gente de una empresa norteamericana, que tiene sede allí...
-Lo que son las vueltas de la vida, desististe de ir a Brasil, y ahora te toca ir por trabajo...
-Es verdad… Es una empresa a la que le vamos a comprar máquinas y herramientas para la industria, nuestra empresa va a comercializar sus productos en todo el país, según me comentó Pedro, es un negocio importante...
La verdad es que me cayó para el culo, estaba claro que en algún momento mi padre se cruzaría con Juliana, pero un viaje de tres días a Brasil, era más de lo que hubiera imaginado.
Desde ese momento no pude dejar de pensar en lo que serían esos días de Juliana con mi padre, que sin duda ya estaba al tanto de que Juliana era mi novia, ¿cómo sería el trato hacia ella? No podía ni quería imaginármelo.
Creo que la relativa calma qué había sentido en mi relación con Juliana desde que Esteban se fuera de la empresa, se transformó en estado de nervios y ansiedad ante ese viaje.
Faltaban dos días para el viaje cuando Juliana comenzó a preparar la ropa que pondría en la maleta, los trajecitos para las reuniones, ropa más sport para los momentos libres, que seguramente tendrían, y pude ver entre sus ropas, que había separado también la bikini.
Me sorprendió pero no le dije nada, fue ella misma quien lo aclaró, diciéndome que el hotel, cinco estrellas por supuesto, tenía una piscina.
¿Estaría ella en bikini con esos hombres en esa piscina?
Solo de pensar en eso me subía la temperatura, no me pude quedar callado y se lo pregunté.
-Amor, ¿te parece estar en bikini con esos hombres?
-No es la idea mi amor, solo la llevo por si tengo la oportunidad de disfrutar un poco de la pileta, pero sola, no me atrevería a estar en bikini delante de ellos.
No me dejaba del todo tranquilo su respuesta, pero...
El día del viaje se irían en una combi hasta el aeropuerto, saliendo desde la empresa, Juliana trabajó por la mañana, y al mediodía fue a casa a cambiarse.
Ese día me escapé del instituto para poder llevarla en el auto hasta la empresa.
A las tres de la tarde estábamos en la puerta de la empresa, donde nos despedimos antes de que bajara del auto.
La vi entrar a la empresa arrastrando la maleta, y sabía que desde ese momento hasta que volviera, no estaría tranquilo.
Me volví al instituto, para continuar con mis clases, pero con la cabeza en otro lado.
Pasadas las cuatro de la tarde, me llegó una foto de Juliana en el aeropuerto, y decía:
-Te amo amor mío, te voy a extrañar.
-Y yo no te das una idea. Te amo!
Ya estaba en casa, y a las ocho y media me llegó otra foto de Juliana, en el aeropuerto de Rio de Janeiro, y casi una hora después, un corta videollamada desde su lujosa habitación, momentos antes de que bajara a cenar al restaurante del hotel.
Cerca de las once de la noche, me envió un último mensaje desde su habitación, ya a punto de dormir, y me dijo que la primera reunión, la tenían al día siguiente a las nueve de la mañana en la sede de esa empresa.
Estaba en el instituto al día siguiente, cuando a eso de las cuatro de la tarde me llegó un mensaje, diciéndome que habían salido de otra reunión y que el resto de la tarde lo tenía libre, y que estaría descansando en su habitación.
Ese jueves me encontré con mis amigos Ariel, Francisco y Sebastián y fuimos a tomar una cerveza, que terminaron siendo cuatro, cenando algo allí mismo, donde les conté del viaje de Juliana con mi padre.
Estábamos en mitad de la pizza, cuando me llegó un mensaje de Juliana diciéndome que ya se iban a cenar, pero que esta vez lo haría en un restaurante fuera del hotel, y yo le conté que estaba cenando con mis amigos.
No quería preguntarle cómo iban las cosas con mi padre, suponiendo que si algo raro hubiera pasado, ya me lo hubiera contado.
El viernes tan solo hubo un mensaje de Juliana, fue al mediodía luego del almuerzo, y en el que me dijo que en la noche, cenarían en un restaurante con la gente de esa empresa, y que al día siguiente, a las once de la mañana, en la última reunión, firmarían los documentos, en los que la empresa de mi padre, sería la distribuidora exclusiva de esos productos en el país.
Por fin llegó el sábado, según mis cálculos Juliana llegaría a las siete u ocho de la noche, y en un mensaje que me envió luego de esa reunión, le dije que me avisara para ir a buscarla a la empresa, cuando llegaron a La Plata.
Cómo había calculado, minutos después de las ocho de la noche, Juliana me dijo que estaban entrando en La Plata, y que no era necesario que la fuera a buscar, Pedro la traería hasta casa.
Me puse a preparar algo para la cena, había pensado que si la iba a buscar podríamos cenar en algún restaurante, pero si la traían a casa, cansada cómo llegaría, no tendría muchas ganas de salir.
Con la comida en el horno, me asomé al balcón para verla llegar, a las nueve menos veinte, bajaba del auto de Pedro, quien también bajó, y del asiento trasero sacó la maleta que Juliana tomó, acercándose a la entrada del edificio.
Se despidieron los dos en la vereda, cuando no, con un abrazo, diciéndose algo y sonriendo.
Volví a la cocina a preparar la ensalada, cuando escuché la puerta abrirse. Me asomé y Juliana vino rápido hasta mí, me abrazó y me besó.
-Como te extrañé mi amor! Ya quería volver!
-Yo también corazón! ¿Cómo te fue?
No quería preguntarle directamente por mi padre y cómo había sido ese primer encuentro entre ellos.
-Todo salió muy bien! Y se firmó el acuerdo para ser representante exclusivo de esa empresa en el país..., me cambio y te cuento.
Mientras se cambiaba puse la mesa, y cuando volvió con su ropa de dormir, nos sentamos a cenar.
-Supongo que querrás saber qué onda con tu papá...
-Para que mentirte, es lo que más me preocupaba...
-La verdad estuvo re bien, ya antes de salir de la empresa me dijo, “un gusto por fin conocerte, Pedro me ha hablado maravillas de vos!” Después fuimos conversando durante el viaje hasta el aeropuerto, en el avión yo me senté con Pedro, y tu padre con uno de los abogados. La verdad es que me trató muy bien, fue muy correcto, amable, y se interesó por mis opiniones. No puedo decir nada en contra de tu padre, salvo que es un boludo por ignorarte, por perderse a un hijo como vos.
-¿Me nombró en algún momento?
-No, y la verdad es que yo tampoco te nombré, preferí no hacerlo, más que nada, para no darle lugar a que dijera algo de vos que no me gustara.
Me contó de las reuniones, de las cenas, del hotel y luego me mostró fotos de su teléfono, pero algo llamó mi atención, para mostrarme las fotos, tuvo que desbloquear su teléfono con un patrón, cosas que hasta hace unos días, no tenía. ¿Por qué tendría patrón de desbloqueo su teléfono ahora?
Eran varias fotos, de la empresa donde habían estado, del hotel desde afuera, de lo que veía desde la ventana de su habitación, la playa y el mar, y varias fotos de la habitación, la amplia cama, el tremendo baño, una mesada en la que había una cafetera, un mini bar, y demás cosas de cocina, y una especie de escritorio frente a un sillón.
Y en una de esas fotos hubo algo que llamó mi atención, en una esquina de la foto, sobre ese escritorio, había dos vasos y dos pequeñas botellas, de lo que parecía ser champagne. ¿Había estado con alguien en su habitación?
La puta madre, no me gustaba una mierda sentirme así.
Luego de cenar nos fuimos a la cama, y ni bien se acostó, se durmió casi al instante.
Tampoco pretendía qué hiciéramos el amor esa noche, supuse que venía cansada del viaje.
El domingo descansamos, dormimos hasta tarde, y nos quedamos en casa luego de almorzar.
*
En las semanas siguientes, volvimos a esa nueva normalidad en nuestra relación, a sus horarios irregulares, algunas tardes volvía a la hora de siempre, y otras más tarde, incluso después de cenar con algún proveedor o cliente, y algunas veces, solía hacerlo con Pedro, que la traía hasta casa.
Los últimos días de noviembre comenzamos a pensar en la fecha para la boda, y decidimos que sería a mediados de julio, para irnos unos días en esas dos semanas de vacaciones de invierno.
Yo se los dije a las chicas en el instituto, siendo vacaciones no necesitaba que cubran mis horas y Juliana lo habló con Pedro, y tampoco hubo problema.
Al igual que el año anterior, empezamos a pensar en la fiesta de fin de año del instituto, esta vez para el viernes 10 o el viernes 17 de diciembre.
Se lo comenté a Juliana en una cena, y me dijo que aún no sabía la fecha de la fiesta de su empresa.
A la fiesta del instituto, estarían invitadas las mismas personas que el año anterior, y además un par de alumnos que ya llevaban tiempo con nosotros.
Al día siguiente cuando lo comentamos con los compañeros, Juan José no podía el viernes 10, y Sol tenía el cumpleaños de su padre, por lo que decidimos hacerla el 17 de diciembre.
Dos días después mientras cenábamos, Juliana con cara de apenada me comentó que la fiesta de la empresa de mi padre, era también el viernes 17 de diciembre.
Yo ya tenía claro que no podría acompañarla, pero no me gustó nada que Juliana no me acompañara en mi fiesta.
Pero… ¿qué otra quedaba? ¿Cambiar la fecha de nuestra fiesta porque ella no podía? ¿Pretender que no fuera a la fiesta de su empresa para estar conmigo en la del instituto?
Aunque no lo aceptaría, pensé que quizás Juliana diría de no ir a la fiesta de su empresa para estar conmigo, pero en los días sucesivos, eso no pasó, por lo que entendí que no se iba a perder esa fiesta.
El jueves 16 mientras cenábamos, Juliana me dijo que le daba mucha pena no poder estar en la fiesta del instituto, y que por el lugar que ocupaba en la empresa, no podía faltar a la fiesta, y aunque me costara y no me gustara nada, lo entendí.
Ese viernes, con los preparativos de la fiesta del instituto, yo pasé temprano por casa para cambiarme, y cuando ella llegó, yo ya no estaba.
En los días previos se había comprado un vestido para la fiesta, y al verlo, me imaginé que no pasaría desapercibida.
De color salmón, a medio muslo, con un escote discreto, pero la espalda al descubierto, por lo que tendría que ir sin corpiño.
Se lo probó con unas sandalias blancas de taco alto, y estaba espectacular, el vestido le quedaba muy bien, y el bordado en la parte delantera, hacía que se disimularan sus pezones.
Mentiría si dijera que no sentí celos de imaginarla así vestida en una fiesta donde yo no estaría, pero me la tenía que bancar…
Antes de salir de casa me envió una foto de ella ya vestida para la fiesta, frente al espejo de la habitación, y luego de verla, la verdad, hubiera preferido que no me la enviara.
Estaba hermosa, maquillada, los ojos delineados y el brillo en los labios, con el pelo recogido, y unos aros en forma de argolla grandes, definitivamente estaba tremenda.
Le pregunté si se iría en el auto, y me dijo que sí, por si se iba temprano de la fiesta pasaría por la del instituto.
Quizás era buena su intención, pero conociendo las fiestas de la empresa de mi padre, que al igual que el año anterior era en el salón más fastuoso de la ciudad, lo veía casi imposible.
Ya en el instituto Maite me preguntó cómo me sentía, y a ella no le pude mentir, no me sentía cómodo estando ella allí, y yo aquí.
Maite me dio un abrazo, y me dijo que me relajara, que disfrutara de nuestra fiesta.
Ni Gloria ni Agustín estuvieron esa noche, y los entendí, pero mi hermana y Marisa prefirieron venir a nuestra fiesta.
Mientras cenábamos, intercambiamos mensajes con Juliana, pero a eso de las doce y media de la noche, decidí dejar de estar pendiente de ella y de su fiesta, y dedicarme a disfrutar con mi gente de la nuestra.
Al igual que el año anterior, bailamos, bebimos y nos reímos, fue nuevamente una hermosa fiesta.
A las tres de la mañana la gente se empezó a retirar, con Maite, Alice, Sol y su reciente novio, ordenamos todo, y pasadas las cuatro de la mañana ya estaba en casa.
Recién allí miré mi teléfono, y el último mensaje de Juliana había sido a la una y media de la mañana.
No sabía si quedarme despierto esperándola o irme a la cama, entre lo que había bailado y lo que había tomado, estaba muerto.
Me di una ducha y me fui a la cama, por última vez miré la hora en mi reloj y eran las cinco menos veinte de la mañana.
Me acosté y me dormí, pero me despertó el ruido de las llaves en la cerradura de casa, cuando Juliana llegó, miré mi teléfono y eran las seis y diez.
Sin levantarme seguí escuchando el ruido de la llave pero la puerta no se abría, y ya me imaginé que había llegado más borracha que otras veces.
Me levanté de la cama y fui hasta la puerta, y confirmé que no podía embocar la llave en la cerradura.
Abrí la puerta y se sorprendió al verme, a los tumbos entró al departamento, intentó dejar las llaves sobre la mesita, pero no acertó y cayeron al suelo.
Ya enojado por verla en ese estado y elevando la voz, le dije:
-Mirá lo borracha que está Juliana, por Dios! No puedo creer esto!
Con la lengua trabada alcanzó a decirme:
-Tomé un poco de más...
-¿Cómo llegaste?
-Me trajo Pedro…, dejé el auto en el salón.
Ya no dije más nada, sí decía algo, no sería nada bueno y quizás después me arrepentiría.
La tomé de la cintura y la llevé para la habitación, la senté en la cama, le saqué las sandalias, y la acosté así como estaba, con el vestido puesto.
Así como cayó en la cama se quedó dormida, desmayada diría yo, del pedo que tenía, y yo me quedé caliente como una estufa.
Continuará…
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