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La finca rural Parte 1 (relato)

Daniel creía que llevar a Esther a la soledad del campo sería un viaje de amor, pero pronto descubre que ella busca otra cosa. Mientras él intenta protegerla, Esther se desnuda ante la mirada codiciosa del tío de Daniel, invitando a un juego prohibido donde los celos se mezclan con el deseo.

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LA FINCA RURAL Parte1

Todo fue por hacerle el gusto a mi novia, Esther.

Lo de pasar esas días en aquella finca rural.

Lo que me preocupaba cuando comenzamos lo nuestro fue la diferencia de edad, ella tenía 22 y yo 27 años.

Mis amigos me decían que no era una gran diferencia, pero yo ya notaba en ella actitudes que me distanciaban, como si realmente perteneciera a otra generación, un cierto desenfado, una alegría que me sobrepasaba, era claro que era más joven que yo, pero no tanto, o al menos no tanto como lo indicaban nuestras edades.

Tal vez yo era demasiado maduro, había sacado mi título de médico hacía tres años y ella no encontraba un rumbo fijo en su vida, ahora decía que quería estudiar enfermería y antes filología.

Y lo otro que me preocupaba era lo exuberante que era, bellísima, muy guapa, pero sobre todo la podría definir con una sola palabra: voluptuosa.

Llevaba el pelo rubio muy corto, una carita aniñada y perfecta, nariz pequeña y ojos azules y luego una pequeña cintura y por debajo y por arriba era puro Dionisio, unas tetazas grandes y llenas para su talle tan esbelto y unas nalgas enormes y un culo firme y redondo y excesivo.

Medía 1, 70 de altura y tenía unas piernas largas y torneadas, poderosas.

_Quisiera pasar unos días en el campo, un lugar sencillo ¿sabes?_ me decía ella

Yo iba a tener unas semanas de vacaciones en el hospital y había pensado en algo con más glamour, París, por ejemplo.

_No, he estado en París muchas veces con mis padres, no lo sé, a veces envidiaba a las que tenían familia en los pueblos_ dijo ella, que venía de una familia muy culta, con mucho dinero y muy pija.

_Yo tengo familia en un pueblo_ dije

_ ¿Si? ¿Pasabas tus vacaciones allí?_

_Era bonito, si_ dije, pero en realidad a veces me aburría soberanamente en el pueblo donde vivían mis abuelos paternos

_ ¿Y no podríamos ir allí unos días?_ dijo ella, estábamos desnudos acabábamos de hacer el amor, se giró y pude ver su enorme culazo, eran dos culos en lugar de uno, grande pero firme y redondo y compacto, un pedazo de culo blanco y carnoso.

_Es que la casa es de una tía….bah, de una prima de mi padre quien la compró y de mi tío, su marido_

_Joder, que ilusión me haría un sitio así…_ dijo y se giró para el otro costado y pude ver sus enormes tetazas bambolearse, ella era toda menuda y esbelta pero sus tetas y su culo eran cada uno un exceso de carne firme y deseable.

Una jamona, le había escuchado decir a mi tío, cuando pequeño. Precisamente este tío que se había casado con la prima de mi padre.

_Puedo preguntarle a mi padre, hace años que no voy por allí, desde la muerte de mi abuela…._

_ ¿Es una casa en el pueblo o una finca más alejada?_ dijo Esther

_Es una finca rústica o rural, con animales, una granja_

_ ¿Tienen gallinas y caballos?_ dijo ella, sonriendo

_Caballos, no, no lo sé, mis abuelos tenían un burro eso es lo que recuerdo…._ dije

_A mí me dicen el burraco, Daniel ¿sabes por qué?_ decía mi tío, quien era muy joven en esa época

Es increíble cómo es la memoria, en pocos minutos había tenido dos recuerdos de ese tío lejano, no sé si era un tío realmente, pues era el marido de una prima de mi padre, creo que más bien un primo lejano.

_Me encantaría ir a un lugar así, pero autentico ¿sabes? no un sitio de turisteo…_ decía Esther

_Esto de turistas no es, eso te lo aseguro…-

_Joder y pensar que tú ya has estado allí de niño, me podrías contar cosas, mostrar tus sitios favoritos, los escondites…_ dijo ella

Era increíble, que quisiera ir a semejante sitio, un lugar sin gracia, pero lo desconocido obra así en la mente de las personas.

_Mira que es como cualquier pueblecillo esa zona_ dije para desalentarla

_Me encantaría conocerlo_ dijo ella

Y como yo estaba enamorado de Esther y quería darle todos los gustos, hablé con mi padre y este con su prima y luego ya estuvo todo arreglado en un santiamén.

Y luego estábamos en el coche, en la carretera ella y yo rumbo a ese pequeño pueblo donde había pasado tantos veranos en mi niñez.

Los lugares no me traían recuerdos de ningún tipo, hacía muchos años que los había quitado de mi mente.

Descendimos del coche, había un hombre gordo, obeso, con una gorra, que nos estaba esperando al costado de la casa. A pesar de los años transcurridos, reconocí a mi tío, aquel que se había casado con la prima de mi padre, aquel que cuando niño me decía linduras tales como: mira esa jamona o sabes por qué me dicen el burraco. El hombre sonreía y tenía un bigotillo cano sobre los labios, un tanto finos.

Miré a Esther y de alguna manera maldije a los shorts vaqueros que llevaba, pues dejaban parte de sus nalgas al aire, su enorme culo apenas cabía dentro del diminuto short vaquero. Era como que recién en ese momento me daba cuenta de cómo iba vestida y eso era por la mirada libidinosa de mi tío, quien la devoraba con los ojos mientras se acercaba.

_ ¿Qué pasa, chaval, tanto tiempo? Estás hecho un hombre _dijo.

—Hola, tío Herminio, ¿cómo estás? —le dije. —Tú estás igual, ¿eh? Esther nos miraba y sonreía.

_ ¿Y esta belleza, quién es, tu novia o tu esposa? No sé si te has casado o no _dijo tío Herminio.

Con su boina negra sobre la cabeza y su camisa a cuadros rojos y negros.

—Es mi novia por ahora._ dije

—Claro, ya veo, si es una chavala —dijo él.

—Igual pronto que nos casamos, ¿eh? —dijo Esther. Mi tío aprovechó que ella hablaba para mirarle el rostro, ese perfecto óvalo que era su carita, su naricita pequeña y sus ojos azules, y sus tetazas que desbordaban la camisita con tirantes que llevaba puesta. Realmente estaba muy hermosa y muy deseable, demasiado para mi gusto, pues mi tío la miraba embobado.

_ ¿Y la tía Laura?_ dije.

_ Ella se ha ido a Burgos, una amiga tenía que operarse de apendicitis, así que va a estar unos días allí_ Dijo mi tío.

— ¡Oh! —dije, de pronto me sentía un tanto apesadumbrado de que mi tía no estuviera, y el hecho de tener que quedarnos a solas con mi tío, no sabía cómo podía resultar eso.

—Así que la tía no va a estar aquí-- dije

—Bueno, ya nos apañaremos —dijo él. Entramos las maletas a la casa y Herminio nos mostró el cuarto donde nos quedaríamos. La habitación tenía una suerte de balcón-terraza que daba a un terreno con árboles y jardín, antes de los corrales para los animales.

— ¡Qué bonito es esto! ¿Te gusta, Daniel? —me dijo Esther, y se dejó caer sobre la cama de dos plazas que ya estaba preparada para nosotros. —Realmente aquí el aire es mucho mejor, ¿no crees? —dijo ella, y se asomó a ese balcón y apoyó los brazos en él y sus tetazas se aplastaron contra la barandilla. También sacó culo para afuera.

_ ¡Joder, con esos short vaqueros se te ve todo el culo, niña! _le dije.

_ ¡Hombre! ¿Tienes algún problema con eso? _dijo ella.

_No, es solo que... ¿has visto cómo te miraba mi tío?

_Bueno, no es nada, es un hombre, no tiene nada de malo, que mire... —dijo ella.

Ese día pasó sin ninguna otra novedad, bajamos a almorzar, y luego tío Herminio nos fue mostrando los distintos lugares de la finca, los corrales para los animales, una suerte de granero que había y un establo con un burro.

—¿Recuerdas cómo te gustaba venir aquí de pequeño? —dijo él.

La verdad es que no recordaba nada, pero le dije que sí.

Ciertamente que desde mi adolescencia cada vez había ido con menor frecuencia, y luego desde que murió mi abuela directamente dejamos de ir, tanto yo como el resto de mi familia.

—De verdad que eres muy guapa, niña, ¿eh? Demasiado para este pelafustán —dijo tío Herminio, haciendo sus características bromas. De alguna manera trataba de que no me molestara la forma en que se le quedaba mirando a mi novia, pero estaba claro que ésta lo había deslumbrado, y no era para menos.

Tío Herminio no era muy alto, y quedaban casi de la misma estatura él y ella. Me parecía que estaba demasiado panzón, pero aun así tenía unos brazos gruesos y fornidos. Se veía que el trabajo en el campo lo mantenía en forma de alguna manera.

Esa noche cenamos temprano unas alubias con chorizo que había dejado preparadas mi tía. Luego nos fuimos a dormir e intentamos hacer el amor con Esther, pero estábamos demasiado cansados. De todas maneras, la penetré, ella gimoteó un poco y me pidió que me corriera adentro.

Así lo hice mientras la besaba y la cama rechinaba, sordamente. De pronto imaginé que mi tío podía estar escuchándonos, y hasta estaría cascándose la polla. No sería extraño que se masturbara con la visión de las tetazas y el culo, carnoso y firme, de mi novia.

Me desperté sobresaltado, casi sin saber dónde estaba. Era muy temprano, apenas comenzaba el día. Me asomé al balcón.

Esther no estaba en la cama, deduje o bien que había ido al aseo tempranamente o ya se había levantado para desayunar. Hubiese sido raro, porque ella no era de levantarse muy temprano. Entonces estaba mirando por el balcón ¿y a quien veo caminando por el jardín? a mi dulce y joven novia.

Iba caminando descalza por la gramilla y me quedé sorprendido y de una pieza, pues llevaba solo el tanga, un diminuto tanga negro clavado en el culo. Iba descalza caminando despreocupadamente, mirando el sol que nacía. ¿Cómo podía animarse a caminar así, casi desnuda, por la finca donde vivía mi tío? Seguramente ella creía que él no estaba.

Pero yo sabía bien que en el campo la gente se levanta muy temprano y si bien aún no la había visto, mi tío estaría rondando por ahí, tal vez ordeñando una de las vacas o dando de comer a los animales. Y tanto así, que en un momento miré hacia uno de los costados, hacia los corrales, y era claro que él estaba ahí, pero se escondía para espiarle.

Me invadió una súbita rabia contra Esther, por ser tan poco discreta, ¿a quién se le hubiese ocurrido ir caminando semidesnuda por esa gramilla? Pensaba que no había nadie mirándola, o peor, tal vez ella suponía lo que estaba sucediendo, que mi tío Herminio se ocultaba detrás de unas cercas para mirarla.

Volví a mirar hasta donde éste se ocultaba y de pronto ya no la vi.

— ¡Esther! ¿Qué haces? —grité. Ella se dio vuelta.

— ¿Daniel, qué pasa? ¿Has visto qué hermoso es esto? —dijo ella.

—Sí, pero joder, no salgas así desnuda, que alguien puede estar viéndote.

— ¡No hay nadie! —dijo ella.

_Joder, no andes así…..desnuda…._dije

_ No hay nadie por aquí. Tu tío debe estar durmiendo aún, ¿no crees? —dijo.

—¡No, no! ¡Ven, ven! —dije —¡Ven aquí de una vez! ¡No puedes andar así por el sitio!

Ella refunfuñó un poco y comenzó a caminar hacia la casa. Y otra vez yo miré hacia uno de los costados desde arriba y vi claramente que mi tío la estaba mirando. Y ahora le estaba mirando el culo blanco, carnoso, firme, esas nalgas enormes, con el tanga apenas clavado en medio de ellas, dividiendo esos dos hemisferios colosales. Realmente Esther tenía un culazo impresionante y sus tetazas no se quedaban atrás. Esos dos atributos voluptuosos le hacían una auténtica bomba sexual.

Y de pronto me sentí realmente incómodo de estar allí con ella. No era un sitio para estar con semejante mujer. Con semejante mujer y con el libidinoso de mi tío mirándola, espiándola.

Comencé a vestirme un poco parsimoniosamente y enfadado. Y la puerta se abrió y entró Esther a la habitación.

_Chico, qué pesadito eres. Mira que tu tío va a estar espiándome. Seguro o está durmiendo o está haciendo alguna de las labores_ dijo ella.

Me le quedé mirando y le dije: _Venga, venga ya, no seas tan ingenua. Sabes bien lo buena que estás y que mi tío seguramente estaba espiándote detrás de la cerca.

_Pero cómo se te ocurre, venga Daniel, siempre estás imaginando cosas extrañas_ dijo Esther. Finalmente se vistió otra vez con esos shorts vaqueros que eran demasiado cortos y que dejaban parte de sus nalgas a la vista.

Realmente no comprendía por qué mi novia se vestía de esa forma, estando un hombre ya mayor como mi tío, que la estaba mirando todo el tiempo. Bajamos a desayunar. Yo estaba visiblemente molesto, pero trataba de disimularlo.

_Oye, Daniel, ¿por qué no os hacéis un paseíllo hasta las pozas que hay aquí cerca? Os podéis dar un chapuzón y todo_ dijo mi tío.

_ ¿Sí, hay unas pozas por aquí?_ dijo Esther.

_Claro, niña, allí os podéis nadar un poco y divertiros_ dijo mi tío, siempre mirándola con el laberinto del ojo.

Realmente no le quitaba la vista de encima. Y claro, no era para menos, pues mi novia estaba brutal, casi que podía entenderlo.

_Pero no he traído traje de baño_ dijo ella.

_Bueno, pero puedes bañarte en esas aguas tranquilamente con un tanga como el que llevabas puesto hace un ratillo_ dijo él. Quedó en evidencia entonces que la había estado espiando y Esther bajó un poco la vista y me alegré de que se sintiera cohibida de alguna manera. Pero rápidamente se rehízo.

_Entonces, tío, ¿usted cree que podemos bañarnos así, de esa manera, sin tener un traje de baño?_ dijo ella

_Claro, criatura, dijo él, si un bikini al final es lo mismo que un tanga, ¿no?_

Me le quedé mirando y no podía entender tanto desparpajo de parte de él y de ella también. Un poco a regañadientes, acepté la idea de ir a las pozas. Yo sí había traído un bañador en mi maleta.

Y claro, era normal que Esther no hubiese traído un bikini con ella, al fin y al cabo no habíamos venido a la playa.

_Podemos ir al pueblo y te compras un bikini allí_ le dije.

_No, venga, hagámosle caso a tu tío. Vamos así y me zambullo en tanga y en sujetador_ dijo ella.

_Eso será si te pones el sujetador, porque ya he visto que vas muy libre por la vida_ le dije.

_Joder, Daniel, te desconozco. Te comportas como un celoso y un machista_ dijo ella. Era una situación nueva porque en el tiempo que llevábamos juntos nunca habíamos discutido. Pero parecía que un espíritu de desavenencia se había instalado entre nosotros.

De todas maneras, cogimos unas provisiones, un poco de agua y fuimos hasta las pozas, siguiendo las indicaciones de mi tío. Realmente el lugar era muy bonito, era un espejo de agua rodeado de rocas. Pusimos nuestras viandas sobre un mantel y nos desnudamos.

Yo llevaba un bañador y Esther el mismo tanga con el que se había paseado por la finca y un sujetador.

_ De verdad que no viene nadie por aquí, ¿no?_ dijo ella. Y entonces se quitó el sujetador y quedó en toples.

Sus enormes tetas se bambolearon antes de irse metiendo en el agua, de forma muy despaciosa. Yo también me metí en el agua cuando estuve listo. El agua estaba bastante fría a pesar del calor que ya comenzaba a surgir desde el fondo de la tierra.

Miré alrededor y vi que había bastantes arbustos y bosques y cualquiera podría esconderse allí y espiarnos.

—¡Venga ya, Daniel, no seas tan miedoso! —dijo Esther, y me sumergió la cabeza bajo el agua. Jugamos un poco así y luego nos besamos.

Ella emergió con su torso afuera del agua y realmente sus enormes tetas mojadas y blancas eran un espectáculo impresionante. Me pareció otra vez que alguien nos observaba y pensé que mi tío no iba a perderse esta oportunidad. Si ya había visto a Esther caminando casi desnuda por la finca, ahora podía observarla a voluntad.

Estuvimos jugando en el agua así bastante tiempo y yo no dejaba de pensar que mi tío podía estar rondando por allí y espiándonos. Poco a poco me fui familiarizando con la idea y casi amigándome con esa sensación de que mi tío deseara y espiara a Esther. Y luego cuando me quise dar cuenta, tenía una erección.

Realmente me sorprendí de esa sensación. Pensé que era por estar viendo los pechos desnudos y carnosos de mi novia. Pero en realidad, si era sincero conmigo, lo que realmente me ponía era que mi tío estuviera espiándonos desde algún arbusto.

Entonces dije: _ ¿Por qué no vamos hasta esas piedras y tomamos un poco el sol?_

Esther no se hizo rogar y nos sentamos allí en unas piedras que el sol comenzaba a calentar. Ella solo llevaba el tanga negro y estaba desnuda completamente por arriba. El triángulo de tela se pegaba a su pubis y apenas emergía entre las piernas blancas y poderosas. Ella se acercó a mí y nos besamos. Rozó con un dedo sobre mi polla erecta.

—Ya veo cómo estás — dijo con malicia

—Claro, y no es para menos. Imagina si mi pobre tío estuviera viéndonos —dije.

—Joder, ¿no me vas a decir que te pone eso? —dijo Esther, sonriendo.

Se le formaban unos hoyuelos muy bonitos en las mejillas y tenía un rostro muy aniñado. Me dio un beso y me estrujó un poco la polla por sobre el bañador. Yo hice lo mismo con sus pechos y toqué su enorme culazo con las manos, se los sobé bien sobados.

Y entonces, sí, sentí que uno de los arbustos cercanos se movía y vi cómo sobresalía la boina de mi tío. Seguramente el cabrón no se cortaba y había querido hacer notar su presencia, por lo menos ante mí. Eso me dejó muy intrigado.

Esther seguía besándome. Y luego siguió besando mi vientre y bajó a mi bañador y comenzó a mamarme la polla. Cerré los ojos y empujé la cabeza de mi novia.

Todo era demasiado excitante y nuevo para mí, esa sensación de estar siendo observado por un tercero y que ese tercero fuera nada menos que mi tío Herminio, el marido de la prima de mi padre. No pude aguantar mucho y eyaculé dentro de la boca de mi novia. Esther emergió su cabecita, muy satisfecha, luego de haberse tragado todo y me besó en el vientre.

—¿Estás más tranquilo ahora? —dijo.

—Sí, claro que sí —le dije. Nos volvimos a besar y ella pegó sus enormes pechos contra mí.

Acaricié su cabello rubio muy corto y pegado al cráneo, liso y sedoso. Luego regresamos a la casa, a la finca. Mi tío ya había preparado el almuerzo, una tortilla de patatas y unos filetes.

—Venga que debes tener hambre después de tanta actividad —dijo guiñándome un ojo. Y con eso me daba entender claramente que había estado allí mirando todo. Esther no se dio por enterada.

Comimos con buen apetito y entre bromas. Y luego ella dijo que quería darse una ducha y tal vez dormir una siesta. Y subió a nuestro cuarto.

Me quedé a solas con mi tío. —Oye, ¿de dónde has sacado esta belleza? —me dijo él.

—La he conocido a través de amigos comunes —le dije—Es guapa, ¿verdad?

—¿Que si es guapa?, está como quiere la niña. Dijo —Joder, ¿cómo está, no? Qué bien te las debes apañar con ella. — remató con los ojillos encendidos

_Sí, es muy guapa_ dije, un poco cortado

—¿Qué si es muy guapa? —dijo mi tío. —Es que está buenísima, hombre. Esas tetazas que se carga. Por Dios, qué melonazos. Hacía años que no veía algo así —dijo él.

No me resultó extraño que mi tío se lanzara a hablar así de ella, porque ahora que lo recordaba bien, sabía que era un salido y tenía un morro que se lo pisaba.

—Oye, Daniel, debo decirte algo. Hoy la he visto cuando ha salido a la mañana a pasearse. Joder, si estuviera tu tía, ¿te imaginas pasearse así en tanga? Qué cabrona, es que tiene un culo que…… —dijo.

—Sí, perdóname, tío. Creo que no sabe comportarse bien en este lugar._ dije

—Joder, no, no tienes nada que perdonar. Por mí se comporta muy bien. Y luego les he seguido hasta las pozas, ¿sabes? Y ahí sí que les he vuelto a espiar. Joder, cómo te ha mamado la polla, ¿no? Es un poco zorrita, la chiquilla_

Realmente me incomodaba que mi tío hablara así de Esther, pero a la vez me ponía mucho. Estaba más que claro que sí, porque otra vez tenía una erección mientras mi tío hablaba así de ella. —Tío Herminio, no sé, tal vez no esté bien que hables así de mi novia_ dije

—Joder, chaval, será tu novia, pero es que está muy buena y que le gusta exhibirse un poco, eso no lo puede negar nadie. Igual sois de esas parejas liberales, ¿es así? ¿Es verdad? — dijo él con su bigotillo fino sobre el labio y con la esperanza guarra en los ojillos.

_No, tío, de ninguna manera es así. Somos una pareja de lo más normal y corriente.

—Oh, qué pena, dijo él. —Bueno, ya veremos qué podemos hacer_ Me sonó enigmática esa frase.

Ya veremos qué podemos hacer. ¿Qué significaba eso? ¿Qué era lo que quería decir mi tío? Por la tarde fuimos al pueblo y estuvimos paseando por allí. Esther se había puesto una falda muy corta y una camisa.

De igual modo atraía todas las miradas de la gente que andaba por allí, que no era mucha tampoco. El verano todavía no había comenzado, a pesar de que ya hacía bastante calor. Esa noche cenamos allí mismo en el pueblo, en el único restaurante que había.

Y luego fuimos a un bar donde bebimos unas copas con Esther, tal vez demasiadas. Regresamos bastante tarde. Yo ya le había avisado a mi tío Herminio que no nos esperara.

Regresamos y nos fuimos directo a la cama. Luego me desperté en medio de la noche, toqué a mi costado y Esther no estaba allí. Entonces fue otra vez lo mismo que por la mañana.

Me asomé al balcón, pero a pesar de que había luna llena, no había nadie. Entonces escuché las voces y llegó hasta mí el humo del tabaco.

— ¿Así que tenías ganas de fumar? Qué bien que yo tenía un pitillo, niña, ¿no? —dijo mi tío Herminio.

—Claro —dijo ella—ha sido una suerte para mí.

— ¿Quieres ver bien la luna? —dijo él.

Y entonces miré para abajo y vi sus cabezas, la cabeza rubia de mi novia y la cabeza coronada por su sempiterna gorra de mi tío Herminio. Se adelantaron un poco más y vi que estaban los dos fumando y ella estaba en tanga otra vez y en una camiseta blanca con tirantes que usaba para dormir.

Recordé entonces la conversación que habíamos tenido ella y yo en el restaurante.

_¿Tú crees que puedo gustarle a un hombre como tu tío?_ decía ella, habíamos comido bien, Esther no se cuidaba nada en las comidas, tragaba más que yo, tenía un cuerpo privilegiado aunque tal vez engordara de mayor si seguía comiendo así, pero es que claro tenía 22 añitos y la carne firme y voluptuosa.

_Que pregunta, chica, tú puedes gustarle a cualquiera…_ dije

_No es verdad, pero vale, lo que te digo es si crees que podría suceder algo entre él y yo_ dijo y bebió lo que quedaba de vino.

No sabía adonde quería ir a parar con esta charla o que me quería decir.

_ ¿Por qué me dices eso, joder? Él es una persona mayor y tú eres mi novia_

_Es tú tío, además_ dijo ella

_Claro, es el marido de una tía mía, algo lejana, pero tía al fin_

_ ¿Y no te pones eso?_

_Claro que no, Esther, no me pone nada, me jode que pienses esas cosas…_

_Yo creo que algo te pone, venga…_

_No ¿pero qué dices?_

_No es que vaya a pasar nada, pero yo creo a que a ti te pone la idea_

_No es así……_ dije

_A mí sí me pone…._

_ ¿Te pone mi tío?_

_No…no tu tío, la situación….estar solos en esa casa, solos con él y además que me mira de un modo_

_ ¿Cómo te mira?_

_Como para comerme…_ dijo ella sonriendo

_También, si vas en tanga por cualquier sitio_

_Me mira como si quisiera ordeñarme…_ dijo ella riendo, tenía esa cosa inocente y guarra a la vez, como una niña que le gusta jugar con barro y al final queda toda manchada y feliz.

_Las cosas que dices, joder, no te entiendo, a veces creo de verdad que no te entiendo_

Miraba yo esas enormes tetazas que ella dejaba ver, se le traslucían los enormes pezones y las areolas rosadas y potentes.

_Es que no hay nada que entender, me gusta jugar un poquillo y me gusta la vida_ dijo ella

_Mira que bien, te gusta la vida…._ dije con ironía.

_Si y tu tío me gusta por eso, le gusta vivir_

_Le gusta follar, siempre le ha puesto cuernos a mi tía_

_Bueno si te gusta follar, te gusta vivir, venga, alégrate un poco, cambia esa cara, cariño….que te vas a quedar viejo y amargado_ dijo

_Creo que a ti te gusta demasiado la vida…._ dije, como diciéndole te gusta zorrear demasiado

_ ¿Y eso está mal?_ dijo con ingenuidad

Y la verdad es que me conmovió, pues parecía realmente sincera y me sentí irremediablemente viejo, pero solo tenía 27 años en ese momento.

_No, no está mal, pero ten cuidado, porque mi tío es un cabronazo y seguro quiere follarte…._

_No te preocupes, cari, te amo, pero si es tan cabrón tu tío, no sé……. igual no debieras haberme traído aquí ¿no?_ dijo ella sonriendo pícaramente.

_Eres tremenda, Esther_