Teresa, mi vecina, me ayuda a superarlo (lV).
Teresa siempre fue la vecina recatada, hasta que Jacinto decidió enseñarle a ser una puta. Ahora, bajo la luz de su sofá, ella aprende a moverse, a tocarse y a desnudarse mientras él la observa y se excita. ¿Qué pasará cuando Miguel vea a su esposa transformada?
En episodios anteriores
Hola, soy Jacinto, estoy jubilado, vivo solo en un apartamento y por desgracia enviude hace unos meses. He tenido la suerte de tener unos vecinos muy bondadosos y amables, que me ayudan y se ocupan de
que no me falte ayuda y compañía.
Teresa es mi vecina de toda la vida, y fue una buena amiga de mi esposa. Junto a Miguel, su esposo, forman una pareja muy bien avenida y simpática que me presta todo su apoyo.
Continuación.
Algo nuevo para Miguel.
—Hoy es un día muy especial y me gustaría celebrarlo de una forma inolvidable. Es nuestro aniversario y nos merecemos algo nuevo— me dice mi vecina mientras se sienta de medio lado en el borde del sofá, con las piernas bien juntas con postura pudorosa como si fuésemos dos castos y pudorosos vecinos.
—Me gustaría darle una sorpresa. ¿a ti que te parece? ¿qué podría hacerle?…¿algo nuevo?—me pregunta clavando sus ojazos en los míos, mientras pone sus manos rodeando las rodillas.
En las ultima semanas la he tomado como mi aprendiza, le enseño a comportarse como una autentica maestra. Sus manos han aprendido a hacer unas pajas soberbias. Yo le indico como hacerlo, le presto mi verga para que practique y cuando ya me tiene completamente exhausto, vuelve a su hogar a esperar a su marido.
Por lo que Miguel me da a entender, Teresa es una excelente alumna, demostrándolo proporcionándole unos orgasmos excelentes. Me siento cómplice y me alegro mucho que cada uno de nosotros tenga su recompensa. Estoy seguro que, igual que Miguel, me encantaría que esta linda mujercita me hiciera cualquier cosa.
Además, si las alternativas son tan placenteras como el pajote que me hizo ayer, cualquiera de ellas sería más que suficiente.
—A ver, a ver…déjame pensar… podrías desnudarte para él, de una forma muy sensual— le propongo pensando que recupera el erotismo puede darle un aliciente nuevo.
Después de vacilar unos instantes y decir que no sabe cómo hacerlo, y que se siente algo torpe, acepta con la condición de que yo la oriente. Se pone de pie delante de mi, adoptando una postura pasiva y perezosa, nada atractiva ni estimulante.
—¿estas seguro que esto le gustará después de treinta años de casados?...me ha visto desnuda muchas veces, y no creo que eso le excite…ya no tengo el mismo cuerpo
—Tu ve y elige una música que te guste para bailar— le pido convencido que es una buena alternativa.
Al volver junto a mi suena una música de fondo de una conocida película. A continuación le voy indicando como se debe mover, como bailar muy sensual para mi y que me parece más estimulante. Voy a convertir esta mujer recatada y “decente” en una verdadera putilla…quiero que aprenda a moverse y a tocarse de forma que al verla, se nos pona dura como una piedra a su marido y a mi mismo.
—Baila...baila para él... así... muy sensual... tocándote las caderas, los muslos...el culito…con mucha sensualidad... muy picante... con los movimientos muy insinuantes... provocativos. Te tiene que desear…tiene que saber que esto no va a parar y que se lo vas a dar todo—le indico.
—Después te vas quitando el vestido poco a poco, le enseñas un poco las braguitas, te das la vuelta, mueves el culo delante de él, y te acercas mucho a él pero sin dejar que te toque...moviendo las caderas... uhmm muy bien, así…muévete
—Creo que le va a encantar tanto como a mi— le digo mientras ella se sigue quitando la ropa.
Lleva una bragas blancas sin mucha gracia, por la parte delantera se adaptan a su pubis y por detrás cubren todo su culote. Algunos pelitos se le escapan por los lados de la braga, en la parte inferior la tela se abulta para poder cubrir el peludo felpudo que hay debajo. Teresa solo se depila las ingles cuando se va a poner el bañador y el resto se lo recorta ella misma con las tijeras.
—Ahora debes hacer ver que te arreglas las braguitas enseñándole un poco mas los pelitos, te metes los dedos por debajo de la tela, y luego te pasas la mano por encima para alisar la tela— le digo mientras ella va reproduce fielmente mis indicaciones.
—Vuelve a bailar... ahora… mientras ondulas tu cuerpo y mueves las caderas debes pasar las manos sobre el pecho. Primero levemente y luego cada vez con mas intensidad, ofreciéndolos como un rico fruto que quiere ser comido. Tienes unas buenas tetas y el tiene que desear poner su boca sobre ellas y chupetearlas hasta poner bien duros esos pezones.
—Tócate las tetas…sin quitarte el sostén…. Ofrécelas….así….como si fueran un regalo para él.
—Eso es cierto…siempre le han gustado mucho mis tetas…las tengo muy hermosas…¿no te parece?— me dice poniendo ambas manos debajo de la tetas para que se proyecten hacia mí.
—Son hermosas… conviértete en una mujer sexy y gánatelo…provoca…—le animo.
—Ahora, quítatela las bragas, despacio pero sin entretenerte. Y se las echas encima, para que sienta tu olor cerca— le digo mientras me froto por encima del pantalón el enorme bulto que ha provocado con su exuberante cuerpo.
Me tira las bragas a la cara y a continuación se apretuja los pechos haciéndolos emerger hacia delante. Con mucha parsimonia se baja los tirantes y saca los brazos. Sujeta las copas con las manos para evitar que las tetas salgan hacia fuera. Me da la espalda y me muestra como deshace el cierre del sostén.
Este cae a sus pies. Se tapa los pezones con las palmas de la mano y se gira dándome la cara. Culea alegre como una perrita que agita su colita y me lanza un beso por el aire.
—Ufff que caliente me estoy poniendo, le advierto al tiempo que me bajo la bragueta y hurgo dentro de ella hasta agarrar con fuerza mi pene erecto.
—¿crees que lo hago bien?— pregunta inocentemente— nunca antes lo había hecho.
—Mira…mira lo que has conseguido— le digo mientras me bajo el pantalón y le calzoncillo hasta los tobillos, al tiempo que cojo la polla y le doy unos meneos para que vea lo grande que se ha puesto mientras contemplo su actuación.
—¡Uhmmm que bien! — dice ella descubriendo sus preciosas tetas que se bambolean de un lado a otro siguiendo el ritmo del baile.
—¡Eso es!¡eso...eso!... manoséate las tetas— le digo mientras me froto cada vez con más ganas.
Mii vecina mira con curiosidad como me masturbo, excitado como un burro consecuencia de la contemplación de su cuerpo rumboso.
—Enséñame el culito— le digo sin dejar de frotar—bájate las bragas y enséñame la conchita... así.. así... poniendo el culo en pompa... —le digo.
Ella me obedece muy contenta al oír mi voz presa de la excitación y vuelve la cabeza para ver cómo me masturbo mientras la miro.
—Esto le va a encantar…si es la primera ver que se lo haces se va a volver loco al verte tan puta…tan caliente y tan provocadora—
—Acércate… Enséñame como te tocas esa conchita...peludita…y jugosa…separa los labios y metete los dedos…así…así…bien hondo…que se oiga el chapoteo….
—¿así está bien? ¿así? — me pegunta mientas apoya su pie sobre el asiento del sofá y se despatarra para enseñarme como se folla con sus propios dedos.
—Excelente, querida… una buena mezcla de morbo…de pudor…y sobre todo muchas ganas de satisfacer las fantasías de Miguel. No se lo va a creer…le ha tocado la loteria…seguro que no espera algo así de su recatada esposa de toda la vida.
—¡Si, si…qué bien!, últimamente estamos muy bien…el esta feliz con todo lo que le hago… y todo gracias a lo qu estoy aprendiendo contigo—me confiesa mientras atrapa el clítoris entre sus dedos y lo masajea con intensidad.
Yo me pajeo despacio, disfrutando de “mi obra”: he convertido una aburrida esposa sin ningun picante en una mujer que cualquier marido querría tener en casa. Cuando ya estoy próximo a correrme, la llamo y le digo que continue ella, para practicar lo aprendido en los días anteriores y lo que ha visto hoy.
Se hinca de rodillas y lo primero que hace es darme una buena chupada... lo llena todo de saliva y luego la agarra con la mano. Después de ver como baila desnuda delante de mi, solo deseo que me la chupe un poco más y que me la menee hasta explotar. Apenas le cuesta unos minutos conseguir que me corra en su mano.
—Uhmmm, ha estado delicioso. Estoy convencido que vas a conseguir una celebración fuera de lo común— le pronostico.
—Eres una diosa, un sueño, una delicia hecha mujer…¡que suerte tiene Miguel al tenerte— le piropeo.
Ella se sonroja y me sonríe.
—Yo estaba adormecida y no era consciente de todo lo que me quedaba por descubrir. Te doy las gracias…y si mi marido pudiera…también lo haría—Se viste y se va dando saltitos de alegría al encuentro de Miguel a celebrar juntos el aniversario de boda.
Deverano.
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