Mi vida. Resplandores y tinieblas (5)
Las clases de inglés se vuelven el refugio de Facundo, donde cada hora se convierte en un encuentro esperado. Pero cuando la alumna que tanto admira recibe la oportunidad de su vida en otro país, la distancia amenaza con romper lo que apenas comienza a florecer entre profesor y alumna.
Mi vida. Resplandores y tinieblas
Capítulo 4. Mi vida, mi proyecto.
Antes de que terminaran las actividades administrativas en la facultad en ese mes de diciembre, presenté la solicitud de certificación que ya tenía preparada, para la tramitación oficial mi título de profesor de inglés.
El fin de año no quise pasarlo en casa, estando la relación con mi padre tan deteriorada, no quería ir a caretearla, lo sentí por Gloria y por mi hermana, pero estuve con ellas los días previos.
Ese verano tampoco saldría de vacaciones, el dinero que tenía ahorrado lo necesitaba para comenzar a preparar el tan ansiado proyecto de crear mi instituto de enseñanza de idiomas.
En el mes de enero, antes de que Sol se fuera de vacaciones con unas amigas, nos juntamos para conversar, le conté mi intención de encontrar un lugar para abrir mi propio instituto mientras salía el título y le propuse que trabajara conmigo.
No me contestó en ese momento, me dijo que se lo pensaría y al regreso de las vacaciones volveríamos a hablar.
Un par de días después, Maite me llamó para vernos, se vino a mi departamento y mientras tomábamos unos mates, me contó que un hermano de su padre, tenía un local en alquiler en una linda zona a unas quince cuadras del centro, en el que hasta un par de meses atrás funcionaba una inmobiliaria, pero desde entonces estaba vacío.
En su teléfono me mostró las fotos de ese local, de diez metros de ancho en el frente, por veintidós de fondo, y detrás un patio de ocho metros.
Un amplio salón libre y una oficina con ventana al patio trasero, por lo que, de ser ese el lugar, lo tendría que subdividir en dos o tres espacios que harían las veces de aulas, dejando al frente un lugar de recepción.
El local era grande, la ubicación buena, y en mi cabeza comencé a imaginar cómo se podría armar todo allí.
Maite me dijo que siendo su tío, no habría necesidad de hacer más allá de un contrato, sin los gasto que significaría hacerlo a través de una inmobiliaria, y que estando ella de por medio, el costo mensual no sería el que pagaría cualquier otra persona, sería algo más acomodado.
Me ilusioné con esta posibilidad y le dije a Maite que cuanto antes, arreglara una reunión con su tío, para verlo en persona y ultimar los detalles si me decidiera a alquilarlo.
Un par de días después, el sábado antes de que Maite se fuera de vacaciones, pasó a buscarme por casa, y con las llaves del local fuimos a verlo.
Estacionamos en la puerta, bajamos del auto, Maite abrió una puerta de metal, que estaba en el costado izquierdo del local.
Ingresamos a lo que en mi mente podría ser la recepción, un espacio de unos tres metros, de profundidad por cuatro de ancho.
En las fotos que había visto no se veía, pero al costado, el local tenía como una especie de galería, de unos tres metros de ancho también, a la que daban las ventanas del amplio salón, que imaginaba subdividido en tres o cuatro espacios, qué harían las veces de aulas.
La puerta principal de entrada, era de dos hojas de vidrio, y una cortina metálica las cubría por fuera al cerrar.
Al fondo, un pasillo de unos dos metros de ancho, por el que se salía al patio, tenía a un lado una oficina, qué podría ser también un aula, y del otro, dos baños y un espacio abierto, que sería algo así como un office, con una mesada con un mueble debajo, una pileta, un pequeño termotanque, y lugar como para poner una pequeña mesa y algunas sillas.
El lugar me sorprendió, me gustó mucho más que en las fotos, imaginaba ese gran espacio subdividido con paneles, formando las aulas, con plantas en esa galería, a la que dan las ventanas, y también el patio arreglado con plantas.
Le hacía falta una buena mano de pintura y una limpieza profunda, pero me encantó.
Estuvimos allí casi una hora, en lo que le fui contando a Maite mis ideas.
De camino a casa, Maite me dijo que me quedara con las llaves, ya que en dos días se iba de vacaciones, y su tío se iba con ellos a Pinamar, por si quería volver a verlo, tomar medidas, o imaginar los espacios.
Ya en casa pensé en que el lugar me había encantado, y el costo del alquiler era accesible, lo único que si gastaba mis ahorros en arreglarlo, tendría que comenzar rápidamente a generar ingresos, de lo contrario no tendría ni para comer.
En esos quince días que Maite estuvo de vacaciones, y yo también claro, fui varias veces al local, y en cada una de ellas me gustaba más.
Llevé un cuaderno y como pude hice un plano del lugar, tomando todas las medidas, también pensé en cada espacio, y el mobiliario que tendría que comprar.
También me puse a pensar en el nombre que tendría el Instituto, y que una vez que estuviera en marcha, me pondría en campaña para agregar otros idiomas, algún profesor de italiano, de francés y de portugués.
Con todas esas ideas en mi cabeza, me pasé horas buscando sitios en internet, que vendieran el mobiliario que imaginaba poner allí.
Estaba completamente entusiasmado, el lugar era el correcto yestaba seguro de que allí sería.
La última vez que fui, dos días antes de que volviera Maite, fui con un técnico de una empresa de construcción en seco, para que me hiciera un presupuesto por la colocación de los paneles divisorios, finalmente serían cuatro espacios, dos de ellos con paneles móviles, que pudieran moverse para crear un espacio doble.
Maite volvió de sus vacaciones y me llamó por teléfono para venir a verme.
Ya en casa, mate mediante, le conté todo lo que había hecho en esos días y me dijo:
-Facu, estuve pensando y quería proponerte algo...
-Propone nomás!
-Se me ocurrió en las vacaciones, y te lo quiero proponer, pero por la confianza que nos tenemos, si no te parece me lo podés decir sin problema.
No sabía por dónde venían los tiros, y se me dio por pensar, que quizás quería que volviéramos a tener sexo, o algo más, pero no fue eso.
-Yo tengo un dinero ahorrado, una buena cantidad, y te quería proponer una sociedad, que la inversión necesaria para el instituto, la hagamos entre los dos, y seamos socios... Pero te pido que seas sincero conmigo, tan solo es mi idea, y podés decirme que no.
-Por supuesto que me gusta la idea, además de mi amiga, que seas mi socia, es lo más! Ya te digo que sí!
-Además, siendo yo parte del negocio, le voy a regatear más a mi tío, que nos cobre menos de alquiler, plata no le hace falta!
-Es buenísimo Mai! También le ofrecí a Sol que trabajara en el instituto, pero aún no me contestó...
-¿Tenés pensado enseñar francés también?
-Sí, también italiano y portugués, pero bueno arrancaremos por el inglés... y te digo que si pudiera, haría el profesorado de francés también!
-O quizás se pueda conseguir alguna profesora de francés...
-También lo pensé! Y ya veré de conseguir a alguien!
La propuesta de Maite me sorprendió, pero me encantó, ser socios en este proyecto siendo tan amigos, será lo más, además de las facilidades de contratación y la posibilidad de terminar en menos tiempo las modificaciones.
*
No había terminado el mes de enero, y ya teníamos el contrato firmado con el tío de Maite, y nos pondríamos ya con la remodelación, y siendo Maite una de las socias, nos dio la posibilidad de comenzar a pagar el alquiler, cuando empezara a funcionar el Instituto, lo que nos dio una tremenda ventaja económica.
Si estaba feliz de tener a Maite en mi vida, ahora que éramos socios, más feliz todavía.
Maite aún no terminaba sus estudios, ese año cursaría su último año de la carrera, por lo que la mayor parte del tiempo estaría yo en el instituto, pero estaba bien.
Lo primero que hicimos fue la división de ese gran espacio, con los paneles, mitad ciego mitad de vidrio, con sus respectivas puertas.
Cuando terminaron ese trabajo, que quedó de maravilla, tocó la pintura, y yo mismo me encargué de eso.
Casi tres semanas tardé en pintarlo, Maite me dio una idea, pintar una de las paredes de cada sala con un color, y llamarlas por su color, es decir, aula amarilla, naranja, azul y verde.
La oficina del fondo también la pensamos en una primera instancia como aula, aunque era un poco más chica, quizás serviría para clases personalizadas.
Luego de la pintura hicimos una limpieza general.
*
Poco a poco el desengaño amoroso de mi relación con Sofía fue quedando atrás y volví a los encuentros con algunas de mis amigas con las que tenía sexo sin compromisos, y también con varias chicas nuevas, con las que tuve algunos encuentros de lo más interesantes, sobre todo con una de ellas, Mayra, con la que nos encontrábamos todas las semanas, al menos un día del fin de semana, viernes o sábado, pasábamos la noche en casa, y disfrutábamos esos largos encuentros sexuales.
Mayra era una chica muy intensa a la hora del sexo, y nunca decía que no a nada, hacía unos meses que había salido de una relación, justamente por la falta de sexo con su novio, que al parecer, tenía relaciones con otra mujer.
En una noche de viernes, en el momento de mayor excitación, ya camino al orgasmo, me dijo que tenía ganas de probar de hacer un trío, ante lo que le pregunté si con otra mujer o con otro hombre, y me dijo que ambos, que fantaseaba con estar con una mujer, pero también por ser cogida por dos hombres, que incluso quería probar la doble penetración.
Y luego del orgasmo, me preguntó si tenía algún amigo para llevarlo a cabo, y aunque no me convencía mucho la idea, le dije que podríamos intentarlo.
Pensando en algún candidato, el primero que se me ocurrió, fue Agustín, ya con él habíamos estado con una chica en unas vacaciones de verano siendo adolescentes, aunque en aquella oportunidad, no le habíamos cogido el culo a esa chica.
Tomando una cerveza se lo propuse, incluso mostrándole un par de fotos del Instagram de Mayra, y me dijo que se prendía.
Se lo conté a Mayra, y quedamos para el viernes siguiente, Agustín vendría a mi casa, y luego se iría, pero Mayra se quedaría conmigo.
Mis experiencias en tríos habían sido en Londres, pero con otras chicas, ya veríamos como salía este.
Cenamos con Mayra y a las once de la noche llegó Agustín, conversamos un rato para que se conocieran mientras nos tomábamos un par de tragos, y ya sabiendo lo que venía, Mayra se sentó entre los dos, y comenzó la faena, besando a uno, luego al otro, tocándonos por turnos también, y cuando la cosa fue subiendo de temperatura, terminamos desnudos los tres en mi cama.
Por turnos nos chupó la pija, luego mientras yo la cogía, se la chupaba a Agustín, luego cambiamos de posición, y con un forro, Agustín se le cogió mientras me la chupaba.
Luego de ese primer orgasmo, Mayra le pidió a Agustín que se acostara, se montó sobre él penetrándose, y con esa cara de lujuria que le conozco, me dijo que se la metiera en el culo.
Lubricante de por medio se la fui metiendo, sintiendo como la pija de Agustín entraba y salía de su conchita.
Una vez la tuvo casi toda a dentro, fuimos tomando ritmo, mientras uno salía el otro entraba, y cada vez más intensamente, hasta que minutos después, Mayra llegó al orgasmo.
Intercambiamos posiciones con Agustín y yo fui debajo, sentándose Mayra en mi pija, y Agustín metiéndosela en el culo.
El primero en acabar fue Agustín, haciéndolo en el culo de Mayra, luego fue ella quien llegó a su tercer orgasmo, y un momento después, terminé acabando yo también en su conchita.
Nos quedamos un momento recostados, con Mayra entre los dos, alternando besos con uno y con otro.
Agustín se levantó, se dio una ducha, se vistió y despidiéndose de nosotros, se fue de casa, casi a las dos de la mañana.
Mayra me agradeció y me dijo que le había encantado, y que sin dudas lo repetiría, y que Agustín le había gustado mucho, sobre todo su pija, que era algo más angosta que la mía, pero un poco más larga.
Se quedó conmigo esa noche y volvimos a empezar, antes de quedarnos dormidos, en mi caso, exhausto.
*
En el mes de marzo comenzaron las clases en la universidad, y Maite comenzó las cursadas, y yo también volví a trabajar al instituto, pero avisándole a Norberto, que cuando tuviera mi título, dejaría de trabajar allí, y le conté de mi futuro instituto.
Buscando en internet, encontramos un lugar en Buenos Aires, dónde podríamos comprar el mobiliario para las aulas, sillas tipo pupitre, las que tienen la tabla rebatible para escribir en ella, escritorios, sillas para la recepción, una mesa para el office, y un par de muebles más, también para la recepción.
Compramos equipos split de frío calor todos los ambientes, un proyector y una notebook para cada aula, una PC para la recepción, una pequeña heladera para el office, y algunas cosas para decorar los ambientes.
Cada día que pasaba estaba mejor, habíamos hablado varias veces de qué nombre ponerle, fuimos proponiendo algunos, pero finalmente nos decidimos por “Red Point” Instituto de enseñanza de idioma.
*
A finales del mes de junio terminó el trámite y ya tenía mi título, por lo que Maite comenzó a tramitar la habilitación para poder trabajar legalmente.
También me contactó con Karen, una amiga suya que trabajaba en marketing digital y en imagen empresarial, para que armara nuestra página web, nuestras redes sociales y la imagen del instituto, es decir el cartel publicitario en el frente, vinilos en las puertas de vidrio y ventanas, la cartelería en el interior.
Cuando nos encontramos en el local, le pareció perfecta nuestra idea de pintar cada sala de un color, y nos dijo que en cada puerta de ingreso, se podría poner un cartel que ocupara toda la puerta, que además del logo, tuviera el nombre del color en diferentes idiomas.
Cada vez faltaba menos, tan solo teníamos que esperar que saliera la habilitación, para poder abrir las puertas del "Red Point Institute".
Maite andaba poco por el instituto, ocupada con las cursadas y los exámenes, quería lograr su título a fin de año, y para eso ya había comenzado a preparar los exámenes finales.
Sol finalmente aceptó trabajar con nosotros por las mañanas, ya que por las tardes, lo haría de forma particular.
*
En el mes de agosto tuvimos la inspección de los bomberos, la de seguridad e higiene, y finalmente a fin de mes, estábamos habilitados.
Ya con todo listo, las redes sociales haciendo la promoción, la página web con la oferta del instituto, y el local de punta en blanco, decidimos hacer la inauguración ese viernes 10 de septiembre.
Invitamos a nuestras familias, la de Maite, la mía, incluido mi padre, aunque dudaba de que apareciera, los amigos de Maite, los míos, Sol, Karen, que se encargaría de las fotos y las redes sociales, y varios compañeros de la universidad.
Contratamos un servicio de lunch, que el padre de Maite no nos permitió pagar, era un regalo por la inauguración.
Fue una tarde noche hermosa, todos estaban fascinados con el instituto, porque había quedado realmente hermoso.
Lo único que nos había quedado pendiente, eran las plantas de los canteros laterales, y del patio del fondo, que se colocarían al día siguiente.
A pesar de la diferencia horaria, casi la medianoche en Europa, hicimos una videollamada con Ana y con Alice, que nos felicitaron por nuestro flamante logro, y ambas dijeron que en algún momento vendrían, para conocer Argentina, y el Instituto en persona.
El servicio que contrató el padre de Maite fue una locura, como si de una fiesta se tratara, incluido el champagne para el Brindis.
A eso de las diez de la noche se fueron retirando los invitados, los últimos fueron Gloria, Adriana y Marisa, mi padre no había aparecido y ni quise preguntarle a Gloria los motivos.
A partir del lunes abriríamos las puertas del instituto, desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, Sol y yo estaríamos en las mañanas, y solo estaría yo en las tardes, al menos hasta que comenzara a funcionar.
Ese mismo lunes, entraron varias personas a preguntar por clases de apoyo, para niños y adolescentes, y ya para la semana siguiente, tuvimos nuestros primeros alumnos, dos chicos de secundaria, que venían a clases de apoyo para aprobar la materia.
Y así comenzó a funcionar el Instituto, cada semana con más alumnos, incluso un hombre de unos cincuenta años, que necesitaba perfeccionar su inglés, para el puesto gerencial que estaba ocupando en una empresa.
Poco a poco fuimos generando ingresos, aunque para decir que vivíamos del instituto, aún nos faltaba mucho, esos dos primeros meses, apenas cubrimos los gastos.
La primera contratación que tuvimos que hacer, fue de una chica de nombre Anabela, que trabajaría en la recepción, atendiendo las consultas, manejaría los horarios, y se ocuparía del cobro de los honorarios.
*
A mediados del mes de noviembre, Maite me invitó a almorzar el domingo en su casa, y durante el almuerzo, me dijo:
-Facu, ¿tenés algo que hacer a la tarde?
-No Mai, nada!
-¿Me acompañas a Ezeiza, voy a buscar a una amiga que llega de Europa a las cinco.
-Sí dale, preparamos el mate y vamos.
Dos y media de la tarde salimos para Ezeiza, Maite no me dijo cual de sus amigas era, pero como tiene varias que no conozco, daba lo mismo, nada tenía que hacer ese domingo.
Llegamos a Ezeiza y estacionó el auto, entramos al aeropuerto y nos quedamos cerca de la puerta por la que sale la gente de los vuelos que arriban.
Esperamos más o menos media hora, yo no prestaba atención a la llegada de los vuelos, ni de dónde venían, tan solo hablábamos con Maite.
En un momento esas puertas automáticas se abrieron, y un montón de personas comenzaron a salir, empujando los carros con sus maletas.
Noté algo nerviosa a Maite, y supuse que eran las ganas de ver a su amiga.
Mirábamos en dirección a esa puerta, cuando de repente la vi, empujando el carro con dos grandes maletas, no era otra que Alice, y me puse feliz de verla.
Se acercó a nosotros, y nos saludamos con un abrazo.
-Bienvenida Alice! Qué felicidad me da volver a verte!
Le dije en el abrazo
-Tenía muchas ganas de conocer Argentina!
-No me esperaba que fueras vos! Maite no me dijo nada, pero que hermosa sorpresa!
Se abrazaron también ellas y salimos del aeropuerto.
Caminamos hasta el auto con el carro y las maletas, cargamos las maletas, antes de subir las dos me miraron, y Maite dijo:
-Siempre te dije que cuando se diera, vos serías el primero en saberlo.
Y dicho eso, ambas se giraron y se besaron intensamente frente a mí, luego me miraron, y ante mi cara de asombro Alice dijo:
-Vine para quedarme Facu! Me enamoré de esta Argentinita y me decidí, tan solo esperé hasta terminar mis estudios, pero ganas de venirme antes no me faltaban.
Más asombrado aún me quedé, y Maite me dijo:
-Nunca hemos dejado de hablar, de vernos en videollamadas, me enamoré de esta francesita hermosa, y vamos a vivir juntas.
-Guau chicas! Estoy feliz por ustedes! Y les deseo la mejor vida que puedan tener! Saben que las quiero a las dos, y esto me hace muy feliz!
-Y a mí ni te puedo explicar Facu, estoy de verdad emocionada!
Dijo Maite y se le escaparon unas lágrimas, me acerqué a ellas y las abracé a las dos.
-No saben lo que las quiero... ¿Ya lo saben tus padres?
-No, todavía no, pero desde hace tiempo les dije que si bien me gustaban los hombres, también me gustaban las mujeres, y que podría enamorarme de un hombre o de una mujer, y lo aceptaron sin problema, además te prometí que vos serías el primero, de hecho Ana tampoco lo sabe!
Y en ese momento Alice tomó su teléfono y le hizo una videollamada a Ana.
-Hola guapa!
-Hola Ana querida, a que no sabes dónde estoy?
-¿Donde corazón? No me digas que estás aquí en Madrid...
-No cariño un poco más lejos...
Y en ese momento apartó el teléfono y aparecimos Maite y yo en la pantalla!
-Anda guapa! ¿Cómo estáis mis amores? ¿Estáis en Francia?
-No Anita, me he venido yo a Argentina!
-Qué lindo cariño! Ya quisiera estar ahí también! ¿Y hasta cuándo te quedas?
-Me he venido a vivir a Argentina, el amor me ha traído, el amor a esta Argentinita que me robó el corazón!
-Anda ya…! ¿De verdad me lo dices?
-La pura verdad guapa!
-Wow mis niñas! Vaya sorpresa..., qué coraje el tuyo madre mía... pero de verdad que me alegro por vosotras! De corazón os lo digo!
Me acerqué el teléfono y le dije a Ana:
-Hola guapísima! Me acabo de enterar también, pero qué decirte... estoy feliz por ellas!
-Hola guapo! Ni que lo digas! Más que feliz por ellas! Pero joder chaval, que estás más guapo que nunca! Me alegro mucho por vosotros!
Y Maite le dijo:
-Solo faltas vos! Tenés que venirte cuando puedas!
-Ahora más ganas tengo! No sé cuándo, pero os prometo que estaré allí cuando pueda! Tengo muchas ganas de veros!
-Te esperaremos! Cuando quieras, cuando puedas!
-Estoy flipando chicas! De verdad que estoy flipando! Pero os deseo lo mejor!
Nos despedimos de Ana y en el camino de regreso a La Plata, Maite me contó que vivirían en uno de los departamentos de su familia, al menos hasta que se recibiera y comenzara a trabajar.
Y en un momento le pregunté a Alice:
-Alice, ¿tenés pensado conseguir trabajo aquí?
-Esa es la idea! Pero ya veré...
-Bueno... En ese caso Maite además de tu novia puede ser tu empleadora, ¿qué te parece dar clase de francés en el instituto?
Maite me miró con una sonrisa y dijo:
-Esa es la idea!
Y fue allí que entendí, recordé las veces que Maite me había preguntado si enseñaríamos francés también.
-Aunque primero necesitará revalidar su título en nuestro país, ya lo tengo todo averiguado, y mañana mismo vamos a Buenos Aires para comenzar el trámite!
-Esaa! Cuánto me alegro! Qué mejor que trabaje con nosotros! Así el Instituto ya tiene dos idiomas!
Llegamos a La Plata pasadas las ocho de la noche, y las invité a cenar en casa, pero Maite me dijo que cenaría en su casa, para presentarles a Alice a sus padres, y darles la noticia.
*
Antes de que terminara ese año, comenzamos a buscar un profesor o profesora de italiano, para arrancar el año próximo, ya con los tres idiomas, y si fuera posible, también con el portugués.
Aún no lo podía creer, a mis casi veintitrés años, estaba logrando mi sueño, solo faltaba que el instituto funcionara a pleno.
Se me ocurrió proponer cursos de verano, en todos los niveles, incluso el de perfeccionamiento de inglés, ya que ese año yo no tomaría vacaciones, que si bien podría financiarlas, los ingresos del instituto todavía eran bajos.
Por un conocido de la universidad, me contacté con un profesor de italiano, lo llamé por teléfono y le conté del instituto y le propuse trabajar con nosotros el año entrante.
Le interesó el trabajo y quedamos de acuerdo en que vendría al instituto y hablaríamos personalmente.
Al día siguiente por la tarde conocí a Juan José, un hombre de cincuenta y dos años, que llegó al instituto elegantemente vestido, de aspecto serio y profesional, le encantó el lugar, y luego de esa conversación, aceptó trabajar con nosotros, comenzaría en el mes de marzo, ya que en el mes de febrero, haría un viaje a Italia, a visitar a la familia de sus padres.
Solo nos faltaba alguien que se encargara del portugués, y días antes de la Navidad, me reuní con Alicia, una mujer nacida en Porto Alegre, Brasil, docente de profesión, que vivía y enseñaba portugués desde hacía años en Argentina, le interesó también la propuesta, y decidió que comenzaría a trabajar con nosotros, también en el mes de marzo, aunque por sus compromisos, no lo haría todos los días.La oferta del instituto había crecido, y solo esperaba que pronto se llenara de alumnos.
Ese fin de año tampoco quise pasar las fiestas en casa de mi padre, al igual que el año anterior, almorcé con Gloria y con mi hermana el 23 y el 30 de diciembre, si mi padre no quería verme, pues yo tampoco.
El fin de año estuve en casa de Maite, y fue una noche hermosa, sus padres estaban felices de verla feliz con Alice, y esa noche me dijeron, que al día siguiente se irían las dos solas a Mar de las Pampas por dos semanas, algo así como una luna de miel.
*
El mes de enero en La Plata suele ser un desierto, durante el año la ciudad se llena de estudiantes del interior, que suelen regresar a la ciudad en el mes de febrero, y mucha gente sale de vacaciones en ese mes, por lo que a ciertas horas del día, por el poco movimiento en las calles parece un día domingo.
Ese 7 de enero por la tarde, me había quedado un momento más, haciendo una grilla tentativa de los horarios de cada idioma, de acuerdo a la disponibilidad horaria de Sol, de Juan José y de Alicia, para subirlo a la web y a las redes sociales cuanto antes.
Ya había apagado todas las luces, salvo las de la recepción donde estaba sentado frente a la compu, cuando sonó el timbre.
Miré hacia la entrada, y detrás de la puerta de vidrio había una chica, a primera vista de mi edad, quizás un par de años más, presioné el botón que abre la puerta y entró.
Vestía un pantalón y una chaqueta a juego de color gris, una camisa blanca, y zapatos negros de taco medio, a primera vista una chica elegante, y con una sonrisa dijo:
-Hola, buenas tardes!
-Buenas tardes! Bienvenida!
-Necesitaba hacerte una consulta...
-Claro que sí, las que quieras!
-Trabajo en el área comercial de una empresa internacional con filial en la ciudad de Buenos Aires, en unos meses, habrá una vacante en la dirección comercial, y puedo aspirar a ese cargo, pero para eso necesitaría perfeccionar mi inglés, ¿es posible hacerlo aquí?
-Por supuesto que sí! Has estudiado inglés?
-Sí, desde chica, y puedo decir que me defiendo, pero si llegara a ese cargo, mi inglés debe ser fluido, sobre todo en las conversaciones!
-Perfecto! Podemos trabajar en eso, ¿de cuánto tiempo dispones antes de esa vacante?
-El director actual se jubila en el mes de agosto, y yo no voy a ser la única que se pueda postular a ese cargo, en un principio, serían dos personas más.
-Muy bien, son más o menos siete meses, dependiendo de tu nivel de inglés, creo que el tiempo es suficiente, ¿con qué frecuencia podrías tomar clases?
-Si fuera posible, todos los días, es decir de lunes a viernes, la única limitación que tengo, es mi horario, trabajo en Buenos Aires hasta las cinco de la tarde, y suelo llegar regularmente a las seis y media de la tarde, siempre y cuando no haya ningún problema en el tránsito.
-Bien, no habría problema, podríamos plantear clases de una hora, desde las siete de la tarde, ¿qué te parece?
-Perfecto! Supongo que en una hora por día durante estos meses, puedo lograrlo…
-Si ya manejas el idioma, supongo que no habría problema en lograrlo.
-¿Y cuándo podría empezar?
-Cuando quieras!
-¿A partir de mañana?
-Claro que sí!
-¿Y quién sería mi profesor?
-Sería yo... por cierto, me llamo Facundo.
-Perdón nunca te dije mi nombre, soy Juliana! Perdón pero siendo tan joven, no creí que fueras vos....
-Soy profesor de inglés recibido, tengo certificaciones internacionales de mi nivel de inglés, además viví seis meses en Londres, estudiando y perfeccionándolo.
-Qué bueno! Eso necesito...
-Perfecto Juliana! Mañana mismo comenzamos!
-¿Y cómo serían las clases?
-Mañana veremos cómo está tu nivel de inglés, y podemos plantearla, trabajando la lectura, la escritura, y luego la oralidad, si tu inglés oral debe ser fluido, seguramente haremos hincapié en la conversación.
Nos acercamos a la mesa de la recepción, donde le tomé sus datos para el registro como alumna, y allí supe su edad, año y medio mayor que yo, y su nombre completo, Juliana Anahí Pacheco.
Comentamos un par de cosas más sobre las clases, y antes de irse dijo:
-Perfecto Facundo! Mañana a las siete estoy acá!
-Te espero Juliana! Un gusto en conocerte!
-Igualmente! Ah! Una cosa, qué puedo ir haciendo en mi casa...
-Quizás podrías ver series o películas en inglés sin subtítulos, también buscar en internet alguna radio en inglés, y en los momentos en que estés libre escucharla, ya luego iremos viendo.
-Perfecto! Nos vemos mañana!
Se despidió con una sonrisa y salió del instituto, y qué decir... me resultó una chica muy interesante, a primera vista con metas claras, decidida, y por qué no decirlo, bastante atractiva, su sonrisa era encantadora.
Ni siquiera había preguntado por los honorarios, por lo que entendí que seguramente no tendría problemas de dinero.
Al día siguiente, tan solo hubo una consulta de una chica y su madre para clases de apoyo para rendir la materia antes del comienzo de las clases, por lo que tuve tiempo de ir preparando las actividades que haríamos con Juliana.
Le daría en cada clase, un texto en inglés para que leyera y me explicara lo leído, luego un texto en español que tendría que escribir en inglés, y la media hora restante, conversaríamos en inglés.
Mentiría si dijera que no esperaba que fueran las siete de la tarde para comenzar la clase con ella, imaginaba que sería algo muy grato para mí.
A las siete en punto sonó el timbre, y al levantar la vista, la pude ver, vestida igual que el día anterior, por lo que deduje que era su ropa de trabajo.
Abrí la puerta y entró. Nos saludamos, ahora sí me preguntó por los honorarios, y luego de responderle, me abonó el importe de una hora de cada día hábil del mes de enero.Caminamos hasta la sala pequeña del fondo, donde uno a cada lado del escritorio, le expliqué las actividades que tendría que hacer.
Le entregué la hoja, la leyó y me explicó lo que allí decía, en lo que le hice un par de correcciones de forma.
Luego leyó el texto en español y lo escribió en inglés, a lo que tuve que hacerle varias correcciones gramaticales.
Luego, hablando en inglés, le pedí que me contara lo que quisiera y yo le haría algunas preguntas, para que ella las contestara.
En esa media hora de conversación, me contó de su trabajo, de cómo lo había conseguido, y de sus compañeros, y yo le hice algunas preguntas, cual si estuviéramos conversando y allí también le hice varias correcciones.
La hora se pasó volando, y cuando me quise dar cuenta, ya eran las ocho de la noche.
*
A partir de ahí, me ocupaba del resto de las tareas, y me quedaba hasta las siete de la tarde para esperarla, por lo que me pasaba casi todo el día en el instituto, pero bueno, es lo que había deseado siempre.
En cada clase con Juliana, a las que iba siempre vestida con su ropa de trabajo, fui conociendo cosas de su vida, en las primeras clases, en el momento de la conversación, me contaba de alguna película que había visto, de alguna anécdota de su trabajo o de su juventud y cosas así, no muy personales.
Pero luego de un par de semanas, me empezó a contar cosas de su vida en Chivilcoy, una localidad del interior de la provincia, de su familia, de la salud de su padre, de su vida en La Plata desde que llegó para estudiar, y cosas más personales.
Antes de que comenzara febrero, me dijo que desde el primero hasta el quince tenía vacaciones, en la empresa, y que aprovecharía para tener dos horas por día, ya que no viajaría de vacaciones, pero que los fines de semana, se iría, como siempre a visitar a sus padres, y que si quería, podíamos hacerlo más temprano.
Acordamos que en esa primera quincena de febrero, vendría a las seis de la tarde, y las clases serían de dos horas.
Esa primera clase estando en vacaciones, llegó al instituto, con un vestido a medio muslo, una remera y zapatillas, un atuendo que no conocía, sin maquillar y con el pelo suelto, más linda estaba aún.
Al abrirle, le dije:
-Epa… Que cambio de look!
Y con esa atrapante sonrisa me dijo:
-Sí! Este es mi estilo doméstico!
-Ya lo veo! Siempre te había visto de trajecito!
-En vacaciones no los quiero ni ver a los trajecitos! Con este calor, así estoy más cómoda!
Caminamos como siempre hasta la sala del fondo, y al ser una clase de dos horas, conversamos mucho más tiempo, como cada clase, haciéndole las correcciones necesarias.
Sin preverlo, sin pretenderlo y sin esperármelo, me fui enamorando de ella en cada encuentro, pero nada diría, era su profesor.
En cada conversación sabía más cosas de ella y de su vida, así como ella fue conociendo de las mías y de mi vida.
Una tarde antes de que terminaran sus vacaciones, como con vergüenza me pidió mi número de teléfono, por si algún día se le complicaba llegar a la clase.
Le dije que no tenía problema, pero que la condición, era que nos escribiéramos en inglés, a lo que aceptó con una sonrisa, esa sonrisa que cada vez me atrapaba un poco más.
*
Maite y Alice volvieron de sus vacaciones, y al día siguiente se aparecieron por el instituto, y decidimos que hasta que Alice pudiera revalidar su título en el país, solo daríamos clases de apoyo en francés, ya luego armaríamos el programa de enseñanza integral.
Sol también volvió de sus vacaciones, pero le dije que mientras no tuviéramos alumnos, no era necesario que viniera todos los días, al menos en ese mes de febrero, ya luego en marzo cuando arrancaran todas las actividades, vendría todas las mañanas.
En una conversación con Maite le conté de Juliana, de las clases diarias, y de lo que me gustaba esa chica, hasta le reconocí, que me estaba enamorando de ella, pero consciente de la situación, mientras fuera alumna del instituto, nada podría intentar con ella.
*
Llegó el mes de marzo, y comenzó la actividad en el instituto y teníamos más alumnos de los que habíamos pensado, niños, adolescentes y adultos en clases de inglés, adolescentes en las de francés, y para nuestra sorpresa, trece personas en el de italiano, y siete en el de portugués, y yo seguía con mis clases individuales con Juliana.
Cada clase que pasaba con ella, me sentía más atraído, y como alumna era ejemplar, cada corrección que le hacía, lo recordaba y lo hacía bien la vez siguiente, la verdad es que cada día lo hacía mejor.
Una tarde a finales de marzo, me mandó por primera vez un mensaje de WhatsApp, en inglés por supuesto, diciéndome que estaba un poco demorada por un accidente en la autopista, que quizás no llegaría a las siete.
Le respondí también en inglés, que de todas formas me quedaba hasta las ocho, mentiría si dijera que no estaba esperando las siete de la tarde de cada día para verla y hablar con ella.
A partir de ahí algunos días cruzábamos mensajes, siempre en inglés, comentándonos distintas cosas.
Desde hacía ya semanas, era normal que la esperara con el mate preparado, y durante la clase, compartíamos también el mate, y a veces traía algo para comer, y yo la cargaba diciéndole, que su inglés con la boca llena no se entendía nada, y ella soltaba la carcajada, cuánto me gustaba verla sonreír.
*
Los últimos días del mes de julio, llegó Juliana puntual al instituto, con un gesto serio, como contrariada, y de camino a la sala del fondo, le pregunté en inglés, si todo estaba bien.
Nos sentamos, y luego del primer mate me dijo:
-En la empresa hoy nos comunicaron que en el mes de septiembre, la filial Latinoamérica de la empresa, se traslada a San Pablo en Brasil, por cuestiones logísticas y de negocio.
-¿Eso es lo que te tiene así?
-Sí, el director de la filial nos citó a mí y a los otros dos compañeros que se postulaban para el cargo, y nos lo comentó antes que al resto. Al saberlo, esos dos compañeros dijeron que no se mudarían a Brasil, por sus familias, y que llegado al caso dejarían la empresa, y fue entonces cuando el director, sabiendo que soy soltera, me ofreció el cargo, pero eso implicaría irme a vivir a San Pablo.
Escuchando lo que decía, me pasó algo que nunca había sentido, una opresión en el pecho y una angustia inédita para mí, que casi hizo que se me salieran las lágrimas, de solo pensar en qué se podría ir a vivir a Brasil, me sentí terrible.
-¿Tenés tiempo para pensarlo?
-Sí, hasta el 20 de agosto, fecha en que se jubila el actual director.
-¿Y qué pensás?
-Tengo que analizar varias cosas, el fin de semana me voy a Chivilcoy y me quedo allá toda la semana, me pedí vacaciones, lo tengo que pensar bien, y lo hablaré con mis padres... Ya veré qué decisión tomo...
La clase siguió entre mates como siempre, pero su ánimo no era el de todos los días, la decisión que tenía que tomar, no era fácil, creo que en su lugar, para mí tampoco lo sería.
Esa noticia me bajoneó, no podía negar que me había enamorado de esa chica, casi dos años mayor que yo, y de pensar en ya no verla, se me volvía a estrujar el pecho.
En esa semana sin verla, sentí que me faltaba algo, salía más temprano del instituto, y llegaba a casa, extrañando su mirada, su sonrisa, las conversaciones sobre nuestras vidas… la puta madre, nunca me había pasado algo así.
Creí que quizás me escribiría algún mensaje, pero no lo hizo, y yo tampoco quise hacerlo, imaginando en que por su cabeza estarían pasando muchas cosas.
*
Ese lunes al llegar al instituto, quería que las horas pasaran rápido, que ya se hicieran las siete de la tarde para verla detrás de las puertas de vidrio de la entrada, esperando a que yo apretara el botón.A las siete menos cuarto preparé el mate, como siempre, y a las siete en punto, sonó el timbre.
Miré hacia la puerta y allí la vi, con su trajecito gris de trabajo y su cartera colgada del hombro y la carpeta sostenida contra su pecho como siempre, pero al ver su cara, no vi ese brillo que conocía, no tenía el gesto contrariado del último día, pero algo me decía que su decisión ya estaba tomada, y en esos pocos segundos antes de estar frente a ella, supe que lo que diría, tendría un impacto en mí, mucho mayor al que podría haber imaginado.
Continuará…
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