Mi vida. Resplandores y tinieblas (4)
Lo que creía una noche de copas se transformó en un puñal en el pecho. Mientras sus amigos gritaban a la ira, él solo podía mirar cómo la mujer que amaba besaba a otro hombre y entraba a su vida. La mañana siguiente no traería respuestas, solo la frialdad de una mentira repetida.
Mi vida. Resplandores y tinieblas
Capítulo 3. Mi vida en la universidad, el primer flechazo.
Segunda parte
Los seguíamos observando, y sus amigas no llegaban, claro estaba siendo para mí lo que ocurría, y en ese momento Francisco dijo:
-¿Querés que bajamos y le pegamos una apurada?
-No Pancho, aguantà... quiero ver qué hace Sofía, quizás se encontraba aquí con sus amigas y se vieron de casualidad…
Pero un momento después llegó el primer golpe, el tipo se acercó y besó a Sofía en la boca.
Habiendo escuchado lo que mi novia decía de ese tipo, creí que lo increparía, que se alejaría o algo por el estilo, pero luego de ese beso ella se sonrió, y supongo que fue el visto bueno, porque el tipo la volvió a besar.
-Hijo de puta...!
Dijo Ariel, ante mí estupor por lo que estaba viendo.
Con los tragos sin terminar, apoyaron los vasos en una mesa, el tipo tomó a Sofía de la mano y empezaron a caminar entre la gente en dirección a la salida.
-Se están yendo!
Dijo Sebastián.
-Vamos boludo! Vamos a seguirlos!
Yo no estaba muy seguro de qué hacer, no me esperaba eso de Sofía, pero mis amigos se levantaron, Ariel me tomó del brazo para que lo hiciera yo también y bajamos.
Caminamos por entre la gente hasta la salida y ya en la vereda, miramos hacia ambos lados para ver si los veíamos entre la gente que estaba esperando para entrar.
-Esperen acá voy a buscar el auto!
Ariel y salió caminando para una de las esquinas, con él fue Sebastián, y con Francisco fuimos hacia la otra esquina.
Caminamos unos veinte metros y los pude ver, ya habían cruzado la calle, y caminaban por la cuadra siguiente, el tipo llevaba a Sofía de la cintura.
Unos metros más adelante se subieron a su auto, y en ese momento llegaba Ariel con el suyo, subimos con Pancho al auto y fuimos tras ellos.
Viendo por qué calles tomaban, ya imaginaba su destino y la puta madre que la parió, iban para el departamento de Sofía.
Tenía un nudo en la garganta, confiaba en ella, pero lo que estaba viendo, era un puñal que se me iba clavando en el pecho.
Como imaginaba pararon el auto frente al edificio de Sofía, bajó el tipo, luego Sofía, y antes de entrar al edificio la abrazó y la volvió a besar, abrió la puerta de vidrio y entraron.
Me quedé sin palabras, ¿qué otra explicación había para lo que estaba viendo? Ninguna. Si no los tenía ya, me estaban por crecer unos buenos cuernos.
Se hizo un silencio en el auto, que Sebastián rompió preguntándome:
-¿Tenés llaves para entrar? Los agarramos con las manos en la masa y lo cagamos bien a trompadas al boludo ese!
-No, no tengo llaves, ni siquiera de la puerta de abajo!
-¿Qué hacemos?
Preguntó Francisco.
-Nada boludo… nos vamos!
Les dije, sin todavía poder creer lo que acababa de ver.
-No boludo vamos a esperar, a ver si baja enseguida, quizás solo la trajo a su casa...
-¿Vos creés? Después de lo que acabo de ver... me parece que no…
Le dije con un nudo en el pecho.
-Esperemos acá, a ver a qué hora se va...
Dijo Ariel, y mis otros dos amigos afirmaron. Nos quedamos un momento allí, miré la hora y eran las dos menos diez de la mañana.
-Chicos no nos vamos a quedar toda la noche acá… Vamos!
-Sí boludo! Nos quedamos! Si estamos al pedo!
Dijo Francisco y agregó:
-Vamos a comprar unas birras a algún lado y volvemos.
Ariel puso en marcha el auto, dimos unas vueltas buscando algún lugar para comprar cerveza, y encontramos un kiosco de mala muerte que estaba abierto a esa hora, Sebastián bajó del auto, y volvió con una bolsa con unas cuantas latas de cerveza.
Volvimos a estacionarnos frente al edificio de Sofía, el auto del tipo seguía ahí.
Entre cerveza y cerveza iba mirando la hora, las dos y media, tres menos cinco, tres y media, y cuando ya casi no quedaban cervezas, a las cuatro y veinte de la mañana les dije:
-Vamos chicos…, ya fue... No me hace falta saber más, claro está lo que debe estar pasando allá arriba... Ese forro se está cogiendo a Sofía… Ya estuvimos demasiado acá...
-Por eso boludo! Estuvimos tanto, esperamos un rato más, para ver a qué hora se va el tipo, no quiero hablar mal de tu novia, pero si un tipo pasa la noche con ella...
-Ya lo sé Pancho, por eso te digo que no tiene sentido, desde que llegaron hasta ahora, ya se habrán echado un par de polvos... ¿qué otra razón puede haber?, ni siquiera son amigos...
No los pude convencer de irnos y seguimos allí, hasta que comenzó a clarear el día.
Con esas primeras luces de un día despejado de primavera, la calle estaba desierta, hasta que a eso de las siete y media de la mañana, comenzó el movimiento, algunos autos que pasaban, un señor mayor que sacó a pasear su perro, otro hombre que salió de su casa, seguramente a trabajar, y una señora también mayor, que barría la vereda a unos metros de nosotros.
Ya no quería estar más allí, ¿qué sentido tenía?, en verdad daba lo mismo a qué hora se fuera el tipo, pero habiendo quedado de acuerdo con Sofía, hablaríamos a eso de las tres de la tarde, supuse que ese tipo no se quedaría.
A las ocho menos diez de la mañana, la puerta del edificio se abrió, esas dos puertas de vidrio, que dan al hall de acceso, y nos dejaron ver.
El tipo salió, pero se detuvo en la puerta que quedó abierta, y ahí pude ver a Sofía con una de esas remeras largas que suele utilizar para dormir.
Los tres me miraron, supongo que pensando qué haría yo en ese momento.
-Boludo antes que se vaya! Lo cagamos bien a trompadas!
Dijo Sebastián, pero le contesté:
-No Seba, es un forro, pero no es con él la cosa..., acá el tema es con Sofía, podría intentar no pensar mal, pero visto lo visto... es imposible, si no lo era ya, soy un cornudo, y aunque no lo sepa aún, Sofía se quedó sin novio hace unas horas…
Estaban allí todavía, con la puerta abierta y Sofía sosteniéndola, el tipo se acercó, la abrazó, se besaron con Sofía pasando su brazo por detrás de su nuca.
Para qué más, ya era suficiente. El tipo se subió a su auto y arrancó, y Sofía cerró la puerta del edificio al entrar.
-Vamos chicos…! Ya terminó todo…
Ariel arrancó el auto y tomó el camino en dirección a casa, y antes de bajar del auto le dije:
-Gracias chicos por el aguante!
-¿Qué vas a hacer ahora?
Preguntó Francisco antes de que bajara del auto.
-Ya lo decidiré, supuestamente nos hablamos a las tres, pero veré que hago…, no sé si la voy a atender…
Entré a casa y todos dormían aún, sin hacer ruido me fui a mi habitación, la angustia me llenaba el pecho, la decepción que tenía no me dejaría dormir, por lo que me saqué la ropa y me di un baño.
Me tiré en la cama pensando que hacer, ¿le tendría que dar la oportunidad de que me lo contara? ¿Me diría la verdad? ¿Habría una buena explicación de lo que pasó esta madrugada que evitara la ruptura?
No me podía dormir y me levanté a preparar unos mates, de camino a la cocina, vi que la habitación de mi hermana estaba vacía, seguramente había dormido en casa de su novia. Pensé en Maite, en contarle lo ocurrido y escuchar su consejo.
A las once de la mañana, sin haber pegado un ojo la llamé, se dio cuenta al momento de que algo me pasaba y quedamos en encontrarnos para almorzar.
Llamé también a mi hermana diciéndole que necesitaba hablar con ellas e iría ella también a almorzar conmigo.
Ya en la hamburguesería les conté lo que había pasado y la primera en decir algo fue mi hermana.
-Es una hija de puta! Le voy a arrancar los ojos cuando la vea!
-No Adri, sabés que no soy partidario de la violencia… en verdad quería hablar con ustedes par saber que hacer… claro está que mi relación con ella se terminó, pero me dio por pensar que quizás haya una explicación coherente de lo que vi, ya que no estuve ahí..
-Todo lo que vos quieras, Facu, pero que se besen así despidiéndose, luego de que el tipo estuviera toda la noche con ella, no creo que tenga otra explicación… lo siento en el alma por vos, pero no cabe otra! Se cogió al forro ese! Y en su casa!
Mi hermana estaba caliente como una pava, creo que si la tuviera delante, de verdad que le arrancaba los ojos.
Maite fue más medida y dijo:
-Lamento mucho esto Facu! A primera vista diría que Adri tiene razón, ¿qué otra explicación podría tener si ni siquiera son amigos? Pero de todas formas, podrías hablar con ella, en un principio haciendo como que no sabés nada y ver que te dice, si no te cuenta que ese tipo estuvo con ella en su casa y te miente con lo que hizo anoche… bueno ahí la mandás a la mierda!
-Eso estaba pensando hacer, incluso ir a su casa, si me dice la verdad o no, de todas formas nuestra relación se termina, si me dice que se encamó con el tipo o si me lo oculta para mí es lo mismo, si yo no meto cuernos, no me gustan que me los metan!
Terminamos de almorzar, aunque mi hamburguesa quedó por la mitad, y nos fuimos, Maite a su casa, y Adriana y yo a la nuestra.
A las tres y media le envié un mensaje, como siempre, como si nada hubiera pasado, no quería hablar, para que no escuchara mi voz.
-Hola mi amor! ¿Ya estás despierta?
Su respuesta llegó un momento después.
-Hola mi vida! Me acabo de despertar con tu mensaje! ¿Qué te gustaría que hagamos?
-Yo también recién me levanto! Si querés voy para allá en una hora y vemos… te dejo dormir otro rato…
-Dale! Te espero!
Claro, cómo no iba a tener sueño si se había dormido ya de día, y luego de vaya a saber cuántos polvos.
No me apuré en ir para su casa, sabiendo que sería la última vez, que me esperara.
Toqué el timbre a las cinco y diez de la tarde, me atendió por el portero eléctrico y me dijo que ya bajaba.
La vi salir del ascensor, con la misma remera larga con la que había despedido a ese hijo de puta, hacía unas horas y se me volvió a estrujar el pecho.
Abrió la puerta, nos saludamos como siempre, con un beso en la boca, y tomándome de la cintura caminamos hacia el ascensor.
Ya en su casa, desde la cocina me preguntó:
-¿Mate o café corazón?
-Un vaso de agua nomás…
Un momento después, apareció con una taza de café en una mano, y un vaso de agua en la otra, me miró con una sonrisa y me dijo:
-Epa… ¿Agua? ¿Algún incendio que apagar?
La miraba y no podía creer, si había estado cogiendo con ese tipo, ni siquiera mostraba cara de preocupación, o culpa o arrepentimiento, o qué sé yo… estaba como siempre.
-¿Cómo estuvo tu salida?
Me preguntó entre sorbos a su café.
-Cómo siempre… después de comer nos fuimos a tomar unas cervezas, pero me parece que se me fue la mano… tengo una resaca…
-Se te nota en la cara… me parece que dormiste poco… como yo…
-¿Y a vos como te fue? ¿Por dónde anduvieron?
-Bien, como siempre! Fuimos con las chicas al bar que solemos ir últimamente, al de 11 y 47! Estaba lleno!
-Me imagino! Salieron todos anoche! ¿Y se quedaron ahí?
-Si! Nos quedamos ahí toda la noche!
Ya habían comenzado las mentiras, ¿hasta dónde seguiría mintiendo? La veía como siempre y me dio por pensar que mentía muy bien, la frialdad de su expresión, la normalidad con la que hablaba, me hizo ver que no era la primera vez que me mentía, que pelotudo…
-¿Fuiste en el auto?
-No, como íbamos al centro, para no tener quilombo para estacionar me fui en un taxi, y a la vuelta me trajo Anita a eso de las cuatro menos cuarto.
No se le movía un pelo, me estaba mintiendo mirándome a los ojos de una manera que nunca hubiera creído.
Después me contó cosas que supuestamente habían hablado con sus amigas, pero nunca nombró a ese tipo, ni que había estado en otro bar, ni nada de lo que había sucedido realmente esa noche, y ya no quise escuchar más nada.
Ella hablaba y yo solo pensaba en las cosas mías que tenía en su casa, las que en un momento me llevaría.
En un momento en que dejó de hablar, me miró y me preguntó:
-¿Estás bien mi amor? tenés cara rara…
-Que decirte Sofía… no… no estoy bien… ¿Tendrás una bolsa, de esas de residuos?
Me miró sorprendida, preguntándose para que necesitaría una bolsa de basura.
-Sí corazón! Ya te traigo…
Fue hasta la cocina y volvió con una bolsa en la mano, seguía mirándome sin entender nada.
Tomé la bolsa, me puse de pie y caminé hacia la habitación. Abrí el placar y dentro de la bolsa puse la poca ropa mía que tenía en su casa, unas remeras, un par de bóxers, unas zapatillas y cuando Sofía vio lo que hacía me preguntó:
-¿Qué hacés amor? No hace falta que te lleves la ropa, yo te la lavo!
-No Sofía, me llevo la ropa y todo lo mío que hay en tu casa…
-¿Por qué amor? ¿Qué pasa?
-Creo que sabés muy bien lo que pasa…
-No corazón… no sé qué pasa! Decime que te pasa!
De ahí me fui al baño, tomé mi cepillo de dientes, desodorante, perfume y afeitadora, y caminé nuevamente al estar.
-Facu, ¿me podés decir que te pasa?
-Mirá Sofía, sabés perfectamente que no soy un tipo violento… pero no me gusta ser el boludo al que se le ríen en la cara…
-Esperá! ¿De qué hablás?
-Quise escucharte, ver si realmente eras sincera, si me decías la verdad, pero mentiste con tanta naturalidad, que estoy seguro de que no es la primera vez…
-No entiendo de que hablás mi amor…
-Basta Sofía… ¿Te lo tengo que decir yo? ¿No tenés los ovarios para decírmelo vos en la cara? Sé que anoche estuviste en la cervecería de diagonal setenta y cuatro, que te encontraste con Mariano, que te fuiste con él, que viniste justamente aquí, y que se fue como a las ocho de la mañana…
La cara se le puso blanca, no podía rebatirme nada de lo que había dicho, pero siguió…
-¿Quién te fue con ese cuento?
-Nadie Sofía… nadie tuvo que contarme nada… lo vi yo con mis propios ojos… Estaba en esa cervecería, vi los besos, como también vi la romántica despedida esta mañana! Y claro está que no quiero volver a ver tu cara en mi vida!
-Escuchame Facu! Déjame que te explique mi amor!
Me dijo entre lágrimas, pero ya ni eso le creía.
-¿Tu amor? En mi concepto de amar a una persona, no entra la traición ni la mentira! Y no me expliques nada, ni falta que hace... tus explicaciones te las metés en el culo!
Salí de su departamento, y a pesar de que ella tenía que bajar a abrirme, no la esperé, bajé los cinco pisos por las escaleras, ya alguien entraría o saldría.
Llegué a la planta baja, y estuve unos minutos en el hall, creí que ella bajaría, quizás intentando detenerme, pero para eso, primero se tendría que vestir.
Unos minutos después escuché el ascensor, pero se detuvo en el tercero, y cuando salió esa señora mayor, salí del edificio yo también.
No alcancé a hacer ni una cuadra, cuando mi teléfono empezó a sonar, al ver la pantalla vi que Sofía estaba llamando, pero no la atendí.
Volvió a llamar varias veces más, que tampoco atendí, luego varios audios de WhatsApp, que no escuché, y varios mensajes también, que no leí, ya nada quería saber de ella.
Tenía claro que estudiando en la misma comisión, no podría evitar verla, tanto como al otro sorete, pero ni siquiera le dirigiría una mirada.
A las seis de la tarde me llamó Maite, y por teléfono le conté lo que había pasado.
Al llegar a casa también se lo conté a Adriana, que se había quedado esperándome, me dio un abrazo, y no pude evitar las lágrimas, que eran una mezcla de enojo, tristeza y decepción, por primera vez me había sentido enamorado, y Sofía me había quitado esa ilusión de la peor manera.
Esa noche cené con Adriana en casa de Marisa, y me sentí contenido por las dos, que hasta me hicieron reír contándome sus cosas.
El domingo por la tarde le mandé un mensaje a Sol, para que también estuviera al tanto, no pretendía que dejara de hablarle, pero creí que tenía que saberlo.
*
Cuando sonó la alarma de mi teléfono el lunes por la mañana, ya me levanté pensando en que Sofía querría hablar conmigo, pero sería claro y conciso, ya no quería volver a verla ni a hablar con ella.
Llegué a la facultad como cada día, después de todo, yo no había sido culpable de nada, y lo único que esperaba que no sucediera, era que ese pelotudo me mirara con cara de sobrador, ahí sí que no sé si podría contenerme.
Entré al aula unos minutos más tarde, a propósito, no quería hablar con nadie antes de que comenzara la clase.
Con el profesor ya dentro del salón, entré y me senté junto a Sol como siempre. Luego de saludarnos como cada mañana me dijo:
-Facu, Sofía me dejó esto para vos.
Me dijo Sol, entregándome una hoja doblado en cuatro, que guardé en el bolsillo de la campera, sin siquiera leerla, y la verdad es que ganas de hacerla un bollo y tirarla, no me faltaron, ¿qué me iba a explicar?
La vi sentada en las primeras filas, y al salame a un par de bancos de ella, y pensé para mí, que incómodo va a ser esto... viéndola cada día.
La clase transcurrió como siempre, y en el recreo de media mañana, fuimos con Sol al buffet, a tomarnos un café.
Mientras lo hacíamos le conté lo que había pasado, y me dijo que era una pelotuda, y que por lo menos no habíamos llegado a más con ella.
A la hora de la salida, el novio de Sol la esperaba, nos despedimos y se fue con él, y yo me fui caminando en dirección al instituto.
Había hecho poco más de una cuadra, cuando Sofía se apareció a mi lado, y parándose frente a mí, me tuve que detener.
-Por favor Facu escúchame!
-No quiero escucharte Sofía! Nada que digas puede cambiar lo que ya decidí.
-Por favor escúchame tan solo un momento...
-Dos minutos es lo único que te voy a escuchar, después de eso no quiero saber más nada de vos.
-Sé que me equivoqué Facu, fui una pelotuda, por favor perdóname, no me dejes, yo te amo!
-Una sola pregunta te hago Sofía, ¿si yo no te hubiera visto, me lo hubieras contado?
Bajó la cabeza y eso para mí fue suficiente, con lo bien que mintió estoy seguro de que nunca me lo hubiera contado y lo hubiera seguido haciendo.
-Sé que me equivoqué, que me dejé llevar, fui una pelotuda, pero por favor perdóname, te juro que nunca más...
-El sábado no se te movió ni un pelo, me mentiste mirándome a los ojos, me ocultaste lo que pasó realmente, eso para mí es suficiente, y lamentablemente, siento que desperdicié un año de mi vida con vos!
-Fue un año hermoso!
-Hoy lo dudo! No sé desde cuando me mentís!
-Por favor perdóname Facu!
-No Sofía, no quiero a mi lado una mujer que me mienta y me engañe de esa manera, seré un pelotudo, pero no es lo que quiero para mi vida, que te vaya bien!
-Por favor Facu! Te juro que te amo!
-No me jures nada! Ya nada podría creerte!
Y mirándola por última vez a los ojos le dije:
-Y dejame en paz!
Me aparté a un lado y seguí caminando, ella detrás mío venía diciendo mi nombre y que me amaba, pero ya no me detuve, al llegar a la esquina paré un taxi y me subí, y la dejé ahí sin siquiera volver a mirarla.
Esa carta que me dio, quedó en el cajón de mi mesa de noche, ya decidiría luego si valía la pena leerla, nada de lo que allí me dijera, me haría cambiar de parecer.
El lunes siguiente, no la vi en el aula, y Sol me dijo que había pedido el cambio de comisión, ya no cursaría con nosotros.
Y el pelotudo ni siquiera me miraba, estoy seguro que estaría cagado en las patas, ya lo cruzaría en alguna oportunidad, y de alguna forma se las haría pagar.
A partir de ahí me dediqué de lleno a la facultad, a estudiar, a hacer los trabajos, y a llevar las materias al día, y por las tardes, seguía trabajando en el instituto.
*
Gastaba lo menos posible, tratando de ahorrar para poder independizarme, mi idea era alquilar un pequeño departamento, algo que pudiera pagar con mis ingresos, y si fuera necesaria una garantía para el contrato de alquiler, había pensado en preguntarle a Gloria, sí podría salirme de garante con su departamento, donde vivía antes de juntarse con mi padre, y que aún conservaba manteniéndolo alquilado.
Una tarde mientras tomábamos unos mates se lo pregunté:
-Gloria, estoy juntando dinero para alquilar un departamento, si llegara a necesitar una garantía propietaria, ¿podrás ser mi garante con tu departamento?
-Claro que sí corazón, contá con eso!
-Gracias Gloria! Sos lo más!
Y esa misma noche ya en mi cama, comencé a mirar distintos sitios web, buscando un departamento para irme de casa.
También averigüé cuál sería el gasto inicial para entrar, y consultando mi cuenta bancaria, al mes siguiente estaría en condiciones de hacerlo.
Se lo comenté esa noche a Maite mientras chateábamos, y me dijo que si necesitaba alguna otra garantía que le avisara, seguramente su padre accedería a ser mi garante también.
Al día siguiente a la hora de la cena, Adriana estaba en casa Marisa, y mi padre vaya a saber con quién cenaba, y estando tan solo Gloria y yo, me dijo:
-Facu, ¿tenés mucho apuro en mudarte?
-La verdad es que sí Gloria, y no es por vos que me quiero ir de casa, ya lo sabés, siempre fuiste una madre para mí, pero la verdad es que la situación con mi viejo no es la mejor, y además quiero tener mi propio lugar...
-Te entiendo corazón, a tu edad también quería eso! Y ya sé que no es por mí, pero entiendo que también necesitas tu lugar, tu independencia, y por eso quería comentarte algo...
-Decime Gloria...
-Vos sabes que mi departamento está alquilado, y en dos meses se termina el contrato del matrimonio que está viviendo ahora, ya me avisaron que lo van a dejar, su hijo ya está grande, y van a buscar un lugar con un dormitorio más, por lo que te quería decir, que si querés podés ir a vivir ahí, por supuesto sin pagar alquiler, tan solo los impuestos, los servicios, y mantenerlo. Yo tengo mi sueldo y con el dinero de la casa me alcanza y me sobra... ¿Qué decís? Prefiero que vivas vos ahí, y de paso te ahorrás el alquiler!
-Sería buenísimo Gloria! Pero no quiero que te quedes sin ese ingreso, yo iba a pagar un alquiler, en vez de pagárselo a otro te lo pago a vos.
-No corazón, yo estaría feliz de que vos vivas ahí, y en algún momento cuando tengas tu trabajo y te vaya bien, te comprarás el tuyo, y yo lo volveré a alquilar... Por favor, dame ese gusto...
-Sos tremenda Gloria! Como te quiero!
-Y yo a vos corazón, nada me hace más feliz que poder ofrecerte esto.
-¿Qué va a decir mi viejo?
-No te preocupes por eso, yo le digo que así lo quise y listo, después de todo es mi departamento...
-No sabes cuánto te lo agradezco Gloria!
-Nada que agradecer! Vos y Adri han sido mis hijos, es lo menos que puedo hacer. Lo único que vas a tener que esperar un par de meses.
-No hay problema por eso! Puedo esperar!
Y la abracé agradeciéndole, no me lo esperaba, pero ese gesto significaba mucho para mí, quizás hubiera esperado algo así de mi padre, pero dadas las circunstancias, ni siquiera lo pensaba.
*
Estaba ya terminando el tercer año de la carrera, con Sol teníamos todas las materias al día, y llegado el mes de diciembre, terminamos de rendir todos los exámenes finales, con excelentes calificaciones, y junto con eso, la alegría de ya tener las llaves del departamento de Gloria, eso me tenía muy entusiasmado.
Con el dinero que me ahorraba en contratar un alquiler, me compré una heladera, un lavarropas, una mesa con cuatro sillas, un sillón, una cama de dos plazas, sábanas, toallas, utensilios de cocina básicos, y demás cosas necesarias para mudarme, ya luego me iría comprando lo que me hiciera falta.
Ese diecinueve de diciembre, fue un momento importante en mi vida, ya tenía el departamento listo, incluso con Ariel, habíamos llevado en su auto todas las cosas de mi casa, solo mi ropa, mis cosas personales, las cosas de la facultad y mi notebook, nada más me llevaría.
Cuando saqué las cosas de mi mesa de noche, ahí estaba esa carta de que Sofía me había dejado y nunca había leído, y pensé en que esa primera noche en mi nueva casa, la leería antes de tirarla.
Esa etapa de mi vida ya formaba parte del pasado.Luego de acomodar todo, me senté en el sillón con unos sándwiches que había comprado y leí esa carta, que de puño y letra decía:
“Facu, amor mío:
Sí, amor mío porque eso es lo que sos para mí. Sé que no merezco tu perdón, fui una pelotuda y la cagué, hice mierda la mejor relación que he tenido en mi vida. Sí, te mentí y te oculté lo que hice, no tendría que haber aceptado esa propuesta de un tipo al que nada le importa más que él mismo y conseguir lo que quiere, y conmigo lo logró, fui una boluda más en su lista. Sé que ya es tarde, que lo que pasó no tiene vuelta atrás, pero te juro que quisiera volver en el tiempo para hacer las cosas bien, sos el mejor hombre que he conocido y nada estaba mal entre nosotros, te juro que nada, me equivoqué y lamentaré siempre haberte perdido. Una y mil veces te pido perdón.Sofía.”
Sentí que quizás era sincera en sus palabras, pero de todas maneras, no volvería con ella, quizás con el tiempo pueda perdonarla y aunque nada volvería a pasar, hablar nuevamente con ella, pero de momento me era imposible.
*
Feliz con mi nuevo departamento, el primer almuerzo, ese sábado de mitad de diciembre fue con Adriana y Marisa, con Gloria y con Maite, y aunque había invitado también a mi padre, no pudo ir por un viaje de trabajo a Buenos Aires, bueno, esa fue su excusa.
La relación con mi padre seguía tirante, él no me daba pelota, y yo tampoco, y ahora que ya no vivía en casa, menos nos veíamos todavía
.Por momentos no podía entender ese resentimiento hacia mí, que no quisiera seguir sus pasos en su empresa, no quería decir que dejara de ser su hijo, pero por su actitud, parecía que así era.
El departamento de Gloria tenía un solo dormitorio, un baño cómodo y completo, un estar comedor de buenas dimensiones, separado de la cocina por una barra desayunadora, y a continuación un pequeño lavadero con salida al balcón y una entrada de servicio.
Estaba en una zona semicéntrica, en el cuarto piso de un edificio muy lindo, de unos años de antigüedad, pero muy bien conservado.
Estando solo allí, recibía a menudo la visita de mis amigas con derechos, algunas se quedaban a dormir conmigo, y otras se volvían a sus casas luego de nuestros momentos de sexo.
Para las fiestas de fin de año, estuve en mi casa, y si no fuera por Pedro y su familia, o sea que estaba mi amigo Agustín, y por la hermana de Gloria con sus hijos, hubieran sido un embole, mi padre como siempre, casi que me ignoró.
Ese año tampoco tuve vacaciones, aproveché para pintar el departamento, desocupando los ambientes de a uno, y pintando de blanco todas las paredes, cielorrasos, puertas y ventanas.
Maite me invitó a irme unos días con ella y su familia a Pinamar, pero le dije que prefería quedarme terminando de pintar el departamento, antes de volver al trabajo en el instituto, y a las clases del último año de la carrera.
*
Seguíamos en contacto con Ana y Alice a través del grupo de WhatsApp que seguíamos manteniendo desde nuestro viaje a Londres. Al menos una vez por semana cruzábamos mensajes contándonos nuestras cosas, y de vez en cuando hacíamos una videollamada entre los cuatro, cuando nuestras ocupaciones y la diferencia horaria lo permitían.
Comenzaron las clases de nuestro último año de carrera, con Sol, siempre estudiando a la par, y en ese primer día que nos encontramos, me contó que se había peleado con su novio, que sus celos y su control, habían logrado que su relación sea insostenible, en otras palabras, que ya no se lo aguantaba más.
Fue a partir de ahí que nos encontramos varias veces para salir, nosotros dos, y a veces con Maite, que para mi sorpresa seguía sola, y cada vez que se lo preguntaba, me decía que algo había por ahí, y que cuando se le diera, sería el primero en saberlo.
*
Cursamos todo ese año sin problemas, aprobábamos cada examen y cada trabajo que entregábamos, y la mayoría de las veces, con excelentes notas.
Ya había hablado varias veces con Sol, contándole de mis ideas, a partir de que tuviera el título, y no era otra que poner mi propio instituto de enseñanza de inglés, en un principio, y luego agregar otros idiomas, francés, italiano y portugués.
Sol todavía no sabía qué haría, pero le dije que me encantaría que trabajáramos juntos.
Seguía ahorrando el dinero que podía, compraba dólares y los guardaba, imaginando que en el tiempo en que demorara la certificación de mi título, iría buscando un lugar para alquilar.
A finales de noviembre terminamos las cursadas, aprobadas con muy buenas notas, solo nos restaban tres exámenes finales, para conseguir nuestro título, en mi caso, el ansiado título, el que me permitiría comenzar a escribir mi futuro.
Decidimos con Sol, dejar el examen más fácil de los tres para rendir en último término, aunque nunca habíamos desaprobado ningún examen, no queríamos correr el riesgo de fallar en el último.
El primer examen fue el 4 de diciembre, el segundo una semana después, el 11, y el último lo rendiríamos el viernes 15.
Aprobamos los dos primeros con la máxima calificación y preparamos ese último examen, estudiando tan solo un par de días.El sábado anterior a ese último examen, en casa de mi padre y de Gloria, y les avisé que el jueves a las nueve de la mañana, rendiría mi último final y me recibiría.
Gloria en ese mismo momento me dijo que se pediría el día en el trabajo, Adriana también, y mi padre me dijo que no me podía asegurar que estuviera, por su trabajo claro.
Cumplí en avisarle, pero estaba casi seguro de que no aparecería por la facultad, claro estaba que de mí, nada le interesaba.
Antes de irme, Gloria me acompañó hasta la puerta, y en ese abrazo me dijo que estaba orgullosa de mí, por mis estudios, y porque era un buen hombre.
Ese viernes, media hora antes del examen nos encontramos con Sol, que estaba ya con toda su familia.
Unos minutos después llegaron Gloria, Adriana y Marisa, un momento después llegó Maite, también mis amigos, y hasta Agustín, que hacía unos meses trabajaba en la empresa que dirigía su padre, o sea, trabajaba para el mío.
Hasta el momento en que tuvimos que entrar, miré si mi padre llegaba, pero cuando entramos las siete personas que rendiríamos el examen, aún no lo había hecho, y ya supe que no lo haría.
El examen tuvo una parte escrita, para la que teníamos una hora, y los que aprobaban esa primera parte, rendiríamos de a uno la parte oral.
Sol y yo fuimos los primeros en entregar la parte escrita, y veinte minutos después, el resto ya lo había entregado también.
Nos quedamos sentados, mientras los tres docentes de la mesa examinadora corregían la parte escrita, y casi media hora después comenzaron a llamarnos.
Los tres primeros compañeros, salieron aprobados, aunque no se recibían con ese examen.
Fue el turno de Sol, que aprobó también con la máxima nota, vino hasta mi asiento y nos dimos un abrazo, les pidió a los docentes si podía permanecer en el aula hasta que yo rindiera, le dijeron que sí, y el turno siguiente fue el mío.
Respondí perfectamente las preguntas que me hicieron, y también obtuve la máxima calificación.
Nos volvimos a abrazar, y salimos del aula, y nuestras familias y amigos, nos rodearon saludándonos.
Abrazos, besos y felicitaciones, y yo estaba tan feliz, que parecía en el aire.
El abrazo de mi hermana fue interminable, con lágrimas en los ojos, le dije este título se lo dedicaba a ella, a mamá y a Gloria.
El abrazo de Gloria, fue hermoso también, y con lágrimas en los ojos me dijo lo orgullosa que estaba de mí.
El abrazo con Maite también fue muy lindo, la boluda también lloraba, y yo lloré con ella.
Como es tradición, a la salida de la facultad nos enchastraron, aerosoles de espuma, serpentinas, huevos, y hasta pintura de cotillón en aerosol.
En la camioneta de los padres de Sol, hicimos la tradicional caravana hasta la Catedral frente a la Plaza Moreno, donde las bengalas de colores y las miles de fotos, dieron por finalizado el festejo.
Adriana y Marisa me llevaron en su auto hasta casa, para darme un baño y sacarme el enchastre de mi cabeza.
Con Sol nos habíamos puesto de acuerdo para hacer un festejo con nuestras familias y amigos en un restaurante esa misma noche, y le dije a Gloria que lo llevara a papá, que le insistiera, no había estado en la facultad, pero no dejaba de ser mi padre.
En la cena fuimos homenajeados, nuestros amigos nos trajeron una toga y el típico gorro de graduación de las películas norteamericanas, y tuvimos que cenar con eso puesto.
Fue un momento muy agradable, pero un poco triste para mí, porque mi padre tampoco estuvo en la cena.
No podía entender por qué era así conmigo, no me consideraba un mal hijo, de hecho todo lo contrario, pero aparentemente, al no querer seguir con su empresa, para él había dejado de serlo, pensando en mamá, estoy seguro de que donde esté, debe estar muy triste, y enojada con él.
*
Ya había terminado la carrera, ya era profesor de inglés, solo tenía que esperar el título, pero una nueva etapa comenzaba en mi vida, y daría lo mejor de mí para conseguir mi objetivo, crear un instituto de enseñanza de idiomas, referente en la ciudad.
Continuará…
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