Mi vida. Resplandores y tinieblas (3)
Facu creía haber encontrado el amor perfecto con Sofía, pero la sombra de su pasado y la presencia de un exnovio insistente amenazan con romper la confianza recién construida. Cuando las miradas se cruzan en la oscuridad de un bar, la certeza de su felicidad se desmorona.
Mi vida. Resplandores y tinieblas
Capítulo 3. Mi vida en la universidad, el primer flechazo.
Primera parte
Como a la ida, los padres de Maite nos fueron a buscar a Ezeiza y me dejaron en la puerta de casa ese 2 de agosto a las dos de la tarde, donde ya me esperaban Adriana y Gloria, y al bajar de la camioneta, fue mi hermana quien corrió y se colgó de mi cuello abrazándome y besándome.
-Pelotudo! No te vayas más tanto tiempo! Te extrañé puto!
-Yo también boludita! No sabés como! Pero ya estoy de vuelta!
Luego vino el brazo de Gloria, que con lágrimas en los ojos, me dijo que también me había extrañado.
Durante tres horas les estuve contando muchas cosas de esos meses, de mi maleta saqué los regalos que les había ido comprando, y aunque no se lo mereciera, también le había traído uno a mi padre.
Fue esa noche en la hora de la cena, que llegó y me vio luego de seis meses, me miró serio como siempre, y esta vez yo también me quedé serio.
-Volviste!
-Hola papá… así parece…
Creí que me preguntaría algo luego de tanto tiempo, pero con esa mala onda de siempre solo preguntó:
-¿Y ahora que vas a hacer? ¿Te la vas a rascar?
-Ya veré que hago… pero rascármela seguro que no…
Durante la cena hablé solamente con Gloria y con Adriana, y esa noche en mi cama, comencé a pensar en la forma de irme de esa casa, de independizarme, no quería deberla nada al bueno de mi padre.
*
Al día siguiente me levanté más tarde para no desayunar con mi padre y lo hice con Gloria, contándole varias cosas más de mis meses en Londres.
Al medio día almorcé con Adriana en el centro, luego de que saliera de la facultad, y ahí sí le conté las cosas que frente a Gloria no le había contado, más que nada la intensa y variada actividad sexual que habíamos tenido en el alojamiento.
Dos días después, fuimos con Maite al instituto de inglés, tuvimos una reunión con el director, le contamos como nos había ido y nos felicitó por nuestro desempeño.
Maite al año siguiente seguiría con sus estudios, y yo comenzaría el profesorado de inglés, pero en esa conversación, me ofreció trabajar como un asistente de los profesores, una especie de comodín, para cuando alguno de los docentes no podía ir y para ciertas clases individuales de apoyo.
No tuve ni qué pensarlo, le dije que aceptaba, y en los horarios en que hiciera falta, ya que luego del viaje dejaría de ser alumno del instituto, y hasta el año siguiente no comenzaría la universidad.
El salario convenido era aceptable, y no tuve que esperar mucho, al día siguiente ya comencé a trabajar allí.
Al volver a casa se lo conté a Gloria, y le dije que ese era el primer paso para lograr mi independencia, ya que mi intención era irme a vivir solo.
*
La segunda mitad del año, además del trabajo en el instituto, seguí dando clases particulares y haciendo traducciones para el médico, por lo que volví a hacer crecer mi cuenta bancaria.
Cuando se abrieron las inscripciones en la facultad, con toda la ilusión del mundo fui a anotarme, en unos meses al fin, comenzaría a estudiar la carrera que marcaría mi futuro.
La relación en casa seguía igual, excelente con Gloria, cuál si fuera mi verdadera madre, la complicidad de siempre con mi hermana, y la casi nula relación con mi padre, solo compartíamos algunas cenas, en las que rara vez hablaba conmigo, siempre era solo si yo preguntaba algo, pero cada vez lo hacía menos.
Mi amistad con Maite siguió creciendo, aunque no volvimos a tener relaciones sexuales, nos manteníamos unidos, viéndonos dos o tres veces por semana, y hablando por teléfono o mensajes todos los días.
*
Llegó el fin de ese año, por Gloria supe que mi padre se iría a Brasil una semana, para una reuniones de trabajo.
En ese momento pensé qué Gloria iría con él, pero no, le dijo que era un viaje de trabajo y que no tendría tiempo libre para pasear o disfrutar las playas, y me dio por pensar si..., ¿se iría solo?
Enfocado en mis estudios y en juntar dinero para mi futuro, ese año decidí no tener vacaciones, quería ahorrar lo más posible, para costear la carrera y para mis proyectos futuros.
Uno de mis amigos desde hace años es Agustín, hijo de Pedro, amigo de mi padre desde jóvenes y gerente de la empresa de comercio exterior del grupo.
Nos conocemos de chicos, estuvo muchas veces en mi casa y yo en la suya, tiene casi mi misma edad y hemos compartido muchas cosas, algunas vacaciones, salidas con amigos y fiestas.
Los primeros días de enero, cuando nos juntamos con Agustín a tomar una cerveza, me dijo que se iría diez días con dos amigos a la casa que los padres de uno de ellos, tenían en Villa Gesell, le dije que no saldría de vacaciones ese año, y me dijo que fuera con él, qué había un lugar en su auto, y lugar en esa casa.
Se irían diez días a partir del 15 de enero, y le dije que quizás podría ir algunos días, pero que le avisaría si me decidía.
Al día siguiente me llamó Maite para invitarme a ir con ella y su familia unos días a Pinamar, y preferí ir unos días con ella, ya que vacacionar con amigos me implicaría más gastos, y además mi amistad con Maite era más profunda cada día, por lo que pasé con ella unos hermosos días de playa, salidas, y charlas interminables de los planes de futuro.
*
A mediados de marzo comenzaban las clases en la facultad, y ese primer día tenía una gran emoción, sentía que arrancando el profesorado, estaba comenzando a darle forma a mi futuro, a mi vida.
Miré en los listados cuál era mi comisión, y fui hasta el aula que me tocaba.
Varios chicos y chicas ya estaban esperando para entrar, y entre ellos me encontré con Sol Estrada, una chica que había estudiado en el mismo instituto que yo, aunque nunca habíamos sido compañeros.
Nos saludamos, hablamos un momento antes de entrar a la clase, y conociéndonos, a partir de ese día estudiamos la carrera juntos.
Había elegido el turno de mañana, desde las ocho hasta la una del mediodía, así me quedaba la tarde libre para trabajar.
Ese mismo día al salir de clases, caminábamos con Sol, y al llegar a la puerta, la esperaba su novio Martín, nos presentó y se fue con él en su auto.
Con el correr de los días, Sol me fue contando de la relación con su novio, de una familia de clase alta, pero que no estudiaba ni trabajaba, tan solo jugaba al pádel de manera semi profesional.
También me contó que era un poco controlador y bastante celoso, y que ese primer día, ya al subir al auto le preguntó quién era yo y de dónde me conocía.
Ese primer año de la carrera con Sol lo llevamos de taquito, en las materias referidas al idioma, nada nos costaba, pero en las materias pedagógicas, ahí sí tuvimos que estudiar.
*
Fue en ese segundo año de la carrera, a mis veinte años, que mi vida tuvo un giro, y ese giro se llamó Sofía…, Sofía López Andrada.
Una hermosa chica que se había cambiado a nuestra comisión y qué rápidamente fue el centro de atención de casi todos los compañeros.
No muy alta, de pelo castaño claro, muy bonita de cara, con unas pecas que acentuaban su cara de niña, pero con un cuerpo que no era precisamente de niña.
No era un cuerpo exultante, ni de grandes tetas, ni un culo de infarto, pero proporcionadamente hermoso, en lo que se podía ver en su siempre sofisticada y combinada vestimenta.
Con los días fueron varios los chicos que se le fueron acercando, a mí no me resultaba indiferente, en ese momento el estudio era lo primero para mí.
Uno de ellos, Mariano Pérez Saavedra, el típico canchero, con ojos claros, buen cuerpo y con mucho dinero, era el que estaba pegado a Sofía todo el tiempo.
Claramente ella no se los sacaba de encima, por lo que intuí que quizás le gustaba.
Si bien me llevaba bien con casi todos los compañeros y compañeras, era Sol con quién estaba todo el tiempo, nos sentábamos juntos, y hablábamos en todos los recreos.
A finales de ese mes de mayo, en la mañana de ese viernes que estando solo, ya que Sol no había ido a clases, sentado en la cafetería de la facultad en el receso de media mañana tomando un café, Sofía se paró frente a mí con un café en la mano y me dijo:
-Perdón, ¿me puedo sentar? Están todas las mesas ocupadas.
-Sí, por supuesto!
Conversamos un momento de las clases, del frío de ese día, de la carrera y un par de cosas más, cuando luego de tomar un sorbo de su café me miró a los ojos y me dijo:
-Vos sos el único chico del curso que no se acercó a tirarse un lance... ¿Sol es tu novia?
-No..., no somos novios, nos conocemos del instituto donde los dos estudiamos inglés, y ella tiene novio... Y no me acerqué a vos, porque no hubo oportunidad... de hecho desde que comenzaron las clases, me he dado cuenta de todos los chicos que andaban detrás tuyo...
-Uno más boludo que el otro!
-A Mariano lo veo todo el tiempo con vos...
-Sí, aunque no es mi tipo, creo que ni siquiera podríamos ser amigos, es demasiado engreído para mi gusto, muy canchero, y se cree que porque tiene dinero todas las mujeres estarán detrás suyo, pero bueno... me sirve para que no se me acerquen todos los demás...
-Supongo que serás consciente del motivo por el que todos se te acercan...
-Sí, entiendo que entro en los estándares de belleza femenina...
-Definitivamente...
-Pero no me banco que los tipos se me acerquen por mi figura, aunque claro, sé que atraigo miradas, me doy cuenta, pero hay momentos en que quisiera ser invisible...
-Me imagino...
-¿Te molestaría si me siento con vos y con Sol?
Me lo preguntó de tal forma, con ese tono en su voz, con esa mirada y esa sonrisa, que creo que me enamoré de ella en ese momento.
No suelo ser corto con las mujeres, cuando una me gusta y me interesa tener algo con ella, voy al frente, y no me intimida ni su figura, ni su edad, ni su posición económica, ni ninguna otra cosa.
A veces me sale bien, y a veces me vuelvo con la cola entre las patas, pero tendría que averiguar sí Sofía estaba interesada en mí, sí lo hacía para sacarse los moscardones de encima o para llevar mejor la carrera, pero que se haya acercado a mí, no me pasó desapercibido.
El lunes siguiente se lo comenté a Sol y no tuvo problema, por lo que a partir de esa clase se sentó con nosotros.
Lógicamente a Mariano creo que no le sentó bien esa jugada de Sofía, porque a partir de ese día me comenzó a mirar diferente.
Los recesos entre clases, la buscaba todo el tiempo, parecía un perrito faldero, queriendo conseguir con ella, lo que seguramente conseguiría con el resto de las chicas.
Con el correr de los días tanto Sol como yo fuimos conociendo cosas de la vida de Sofía, como que era de una familia con buenos recursos, su padre era uno de los dueños de una cadena de casas de ropa deportiva de la ciudad, que también había estudiado inglés, pero que no había llegado a rendir ninguna certificación.
Estudiábamos los tres juntos las materias pedagógicas, la mayoría de las veces en casa de Sofía, y luego yo la ayudaba con el inglés.
En esas conversaciones nos fuimos conociendo, y cada vez me sentía más atraído por esa chica.
En el mes de agosto nos invitó a Sol y a mí a su cumpleaños, pero Sol no podía ir, porque justo ese fin de semana largo, se iba con su novio a Punta del Este.
No estaba seguro de ir, por un lado quería estar con ella el día de su cumpleaños, pero por el otro, sabiendo que no había invitado a nadie más del curso, yo no conocería a nadie, pero de todas formas fui a su casa.
Cuando llegué a ese tremendo caserón en la zona norte de la ciudad, toque timbre y abrió una mujer, que antes que me lo dijera ya me había dado cuenta, era Ángela, la madre de Sofía.
Y lo supe porque era una versión de Sofía con veinte años más.
La casa era un mundo de gente, en el amplio estar comedor, las sillas y los sillones estaban todos ocupados, muchos me miraron, y yo los miré a ellos, y como me lo imaginaba, no conocía a nadie.
Gente grande, supongo su familia, y un montón de chicos y chicas de nuestra edad.
Un momento después escuché la voz de Sofía a unos metros, y cuando me giré la vi.
Con una minifalda bordó a medio muslo, una camisa blanca arremangada, sandalias blancas de taco alto, el pelo recogido y maquillada sutilmente. Estaba hermosa.
-Facu! Viniste!
-Feliz cumpleaños Sofi!
Y le entregué el pequeño regalo que le había comprado, una pulsera con tres finas cadenas entrelazadas.
Lo abrió, y sin que me lo esperara, me dio un abrazo agradeciéndome.
-Es hermosa Facu! Muchas gracias!
Me la entregó pidiéndome que se la colocara.Luego de colocarle la pulsera le dije:
-Estás hermosa esta noche Sofi, bueno... no solo esta noche!
Me miró con esa sonrisa que me desarma, y me dijo:
-Gracias Facu! Vos también estás muy lindo!
Y tomándome de la mano, llegó hasta donde estaban sus amigos y nos presentó.
Luego me presentó a su padre, a sus tíos, primos y a su hermano Lucas, dos años mayor.
Sabiendo que no conocía a nadie, me pidió que me sentara junto a ella, frente a sus padres.
Sofía tenía que repartirse entre todos los presentes, pero no me sentí tan perdido, porque mantuve una agradable charla con sus padres, con su hermano y con uno de sus tíos.
Con lo que era esa casa y lo que se sirvió esa noche, me di cuenta que su situación económica era bien acomodada, tanto que a la hora de soplar la velita de su torta, sus padres le entregaron una pequeña cajita muy bien envuelta en papel rojo y con un moño encima.
Cuando la abrió casi que se volvió loca, eran las llaves de un auto, por su cumpleaños sus padres le habían regalado un VW up.
Su padre le dijo que la acompañara hasta la puerta, todos fuimos tras ellos, y ahí en la vereda, frente a la puerta de su casa, estaba su auto con un gran moño en el techo.
Después de mirarlo, subirse y sacarse fotos, volvimos entrar para continuar con la fiesta.
A eso de las dos de la mañana la gente se empezó a ir y quedó tan solo la gente joven, entre ellos un chico que no dejaba de mirarla, y también a mí.
En un momento de la noche, vi a Sofía hablando con ese chico, pero me pareció que no lo hacían amistosamente, lo supuse por el gesto contrariado en su cara.
Cuando volvió a sentarse a mi lado le pregunté:
-¿Todo bien Sofi?
-Sí... ese es mi ex, no quería invitarlo, pero es el hijo de uno de los amigos de mi viejo. Desde que cortamos no para de llamarme y mandarme mensajes, pero no quiero saber nada más con él…, pero parece que no la entiende.
Casi a las cuatro de la mañana le dije que me iba, tan solo quedaban un par de amigas, que esa noche se quedarían a dormir allí.
Me acompañó hasta la puerta, nos dimos un abrazo para despedirnos, y cuando nos soltamos, su cara quedó frente a la mía, y no lo evité.
Acerqué mi boca a la suya y le di un suave beso en los labios.
Ni se sorprendió, ni lo rechazó, y mirándome a los ojos me dijo:
-Hace tiempo que lo esperaba...
-No me pude resistir Sofi, desde que te conocí tengo ganas!
-No nos quedemos con las ganas...
Dijo, y con su mano en mi mejilla me besó ella, y antes de irme le dije:
-¿Tenés planes mañana?
-El que vos propongas…
-¿A qué hora te llamo?
-¿A las tres te parece?
-Ok… A esa hora te llamo!
-Chau lindo! Me encantó que hayas venido… Que descanses...
-Chau hermosa... me encantó venir… Mañana nos vemos...
De regreso a casa en el taxi, no caía todavía, que de entre todos los hombres que la pretendían, me hubiera dado bola a mí, aún no me lo podía creer.
Al día siguiente la llamé por teléfono y nos encontramos para tomar un café a las cinco de la tarde en el centro, y seguimos hablando donde lo habíamos dejado hacía unas horas, y así comenzó nuestra relación, durante un par de semanas, viéndonos en los momentos en que podíamos.
En cada encuentro nos sentíamos más a gusto y yo sentía que me había enamorado por primera vez.
Iban tan bien nuestras cosas, que ya deseaba que llegara el momento en que hiciéramos el amor, aunque entendía el tiempo en que ella decidiera esperar.
Pero no tuve que esperar mucho, un par de semanas después, me dijo que su padre le había dado uno de los departamentos que tenía en alquiler, para que fuera a vivir allí, y tener su independencia.
Tan solo tenían que pintarlo, y comprar los muebles a gusto de Sofía.
Y pude darme cuenta de la solvencia de esa familia, en una semana Sofía compró todos los muebles, la vajilla de cocina, eligió cortinas, sábanas y todo lo necesario para amueblar el departamento, y todo de primera categoría.
Nuestra relación apenas comenzaba, por lo que no pretendería ni aceptaría, que me dijera de vivir juntos, así como ella, yo también deseaba mí independencia, pero en mi caso sería por mi esfuerzo, no aceptaría bajo ningún concepto, el dinero de mi padre para eso.
Seguíamos encontrándonos fuera de la facultad en los momentos en que yo tenía libre, pero aunque me encontraba cómodo en la relación con ella, cada vez más por cierto, la carrera era importante para mí, y no pretendía descuidarla en ningún momento y por ninguna razón.
Pasábamos algunas tardes en su departamento estudiando, mate de por medio, haciendo resúmenes y preparando trabajos, y en alguna ocasión Sol también estudió con nosotros allí.
En nuestras conversaciones, le conté muchas cosas de mi pasado, de todo lo vivido en viaje a Londres, las experiencias vividas en esos seis meses, y también le hablé de Maite, y de la relación que teníamos.
No tenía nada que ocultar de mi pasado, como también ella me contó de sus relaciones pasadas, un novio a sus diecisiete años con el que perdió su virginidad, y tiempo después, con el chico que conocí en su cumpleaños, pero que su relación había durado poco más de un año, y que luego solo había tenido encuentros y salidas con algunos chicos pero nada serio.
Maite ya estaba al tanto de mi relación con Sofía, y siempre que hablábamos me decía que la quería conocer.
También Gloria sabía de Sofía, y la conoció una tarde que fuimos a estudiar a casa, y luego de que se fuera, me dijo que era una chica hermosa, qué le había resultado encantadora, y que esperaba que me fuera bien con ella.
Fue casi un mes después de que tuviera su casa, que un viernes me dijo que me quedara a cenar con ella, y acepté claro.
Y luego de la cena, sentados en el sillón tomando un café, me dijo:
-Facu, si aceptas, me gustaría que esta noche te quedaras a dormir conmigo...
La miré con una sonrisa y le dije:
-¿Solo a dormir?-Bueno mi amor... dormir después...
-Me encanta la idea... Desde hace tiempo tengo ganas de hacerte el amor, pero nunca te lo propuse, porque creí correcto esperar a que vos lo decidieras.
-Necesitaba conocerte antes, siento que lo que me pasa con vos, es muy diferente a lo que me ha pasado con otros chicos, y no quiero que nuestra relación sea solo sexo, lo que siento por vos no lo he sentido antes.
-Me pasa igual... ya lo sabes, he estado con muchas chicas..., pero con ninguna me he sentido cómo me siento con vos, tampoco quiero que nuestra relación sea solo sexo, aunque no le hayamos puesto nombre a lo nuestro, por primera vez siento esto por una mujer, y me hace feliz... Nada me gustaría más en este momento, que fueras mi novia, con todo lo que eso implica, en mi caso, desde que te conocí, no he querido estar con nadie más...
-Yo tampoco mi amor... Y por eso le pedí a mi papá el departamento, necesitaba un lugar en que pudiéramos estar los dos, y tampoco he estado con nadie más.
Me acerqué a ella y la besé, intentando que sintiera que estaba eligiendo estar con ella, solo con ella.
Nuestros besos fueron cada vez más intensos, y las caricias fueron subiendo de tono, sí Sofía era una mujer hermosa con lo que se pusiera, desnuda era una obra de arte. Ese conjunto de ropa interior blanca, no hacía más que resaltar su hermoso cuerpo.
Ya desnudos en su cama, dimos rienda suelta a la pasión, besándonos, acariciándonos, recorriendo nuestros cuerpos con manos, bocas y lenguas.
Su primer orgasmo llegó gracias a mi lengua en su clítoris, y le siguió la primera penetración en la posición del misionero.
Lentamente fui penetrándola entre besos y caricias, quería que esa primera vez, la recordáramos siempre.
Mis embestidas fueron cada vez más intensas, tanto que unos minutos después le llegó el orgasmo, y entre los temblores de sus piernas, me abrazó fuerte pegando mi cuerpo al suyo.
Cambiamos de posición, y sobre mí, se movió hasta que llegó su tercer orgasmo, casi a las puertas del mío, con su pecho pegado al mío, y nuestras lenguas en un beso apasionado, me dejé ir en su interior.
Luego de tan hermoso momento, acaricié su cuerpo, hasta que se quedó dormida con su cabeza sobre mí pecho.
Yo tardé un poco más en caer en brazos de Morfeo, y pensé en ese momento que por primera vez me sentía enamorado de una mujer, y también pensé, en que solo me quedaría con ella en las noches, cuando ella lo propusiera, no tenía intenciones de instalarme allí, no por ahora al menos.
Cuando desperté el sábado en la mañana, estaba solo en la cama, pasé por el baño y me volví a acostar.
La vi entrar en la habitación, desnuda y con una bandeja con el desayuno. Nos besamos dándonos los buenos días, y tomamos unos mates con galletitas.
Sabía que Sofía iba al gimnasio los sábados por la mañana, y luego de los mates nos dimos un baño, se vistió con la ropa deportiva, y salimos los dos de su departamento.
A partir de ese viernes, pasaba la noche en su casa todos los viernes, algún día entre semana, y también algún fin de semana completo.
Sofía me dijo que le gustaría conocer a Maite, y el encuentro fue en su casa una tarde de sábado, tomamos unos mates, conversamos, le contamos a Sofía algunas de las experiencias en Londres, y a eso de las seis de la tarde, Maite y yo nos fuimos, esa noche Sofía salía con sus amigas, era el cumpleaños de una de ellas.
También llegó el momento en que mi hermana la conociera, y fue una tarde en casa, mate de por medio claro, en que se conocieron, y estuvo Gloria también, y conversamos los cuatro.
Sofía estaba al tanto de la relación con mi padre, y no insistió en conocerlo. Supongo que sabría por Gloria de la existencia de Sofía, pero no moría porque se conocieran.
Mis “amigas con derechos”, me seguían llamando para vernos, pero les dejé claro, que estando en una relación con Sofía, no tendría nada con ninguna otra mujer, solo con mi novia.
Casi un mes después, luego de hacer el amor el viernes por la noche, me preguntó si me gustaría almorzar en casa de su familia el domingo, quería presentarme como su novio, y le dije que sí, ya conocía a su familia, pero ahora los vería en calidad de novio de su hija.
Sofía me pasó a buscar por casa en su auto, y fuimos para la casa de sus padres.
El almuerzo fue muy ameno, tanto su madre como su padre, me trataron muy amablemente, contentos porque su hija tuviera por fin un novio.
Se podría decir que nuestra relación se iba asentando, y en mi cabeza incluso, había algunos planes de futuro, pero lógicamente sin descuidar la carrera.
*
Terminamos ese primer año en la facultad con excelentes notas y todas las materias aprobadas.
Para las fiestas de fin de año, en la Navidad estuve en casa, y para el fin de año, Sofía me invitó a la suya.
Como era costumbre, en su casa había mucha gente, hermanos, tíos, primos, amigos de sus padres, y nosotros.
Fue una noche muy agradable, y a eso de las dos de la mañana, nos fuimos para el departamento de Sofía, allí pasamos la noche, y me quedé con ella todo el primero de enero en su casa.
Pensando en las vacaciones, le dije a Sofía que necesitaba ahorrar dinero, pero ella quería que nos fuéramos aunque sea una semana a la costa, podríamos ir en su auto a Cariló, donde un amigo de su padre tenía un dúplex al que solían ir.
No me sentía muy cómodo con Sofía bancando muchas cosas que yo no podía, pero ante su insistencia, nos terminamos yendo una semana a la costa.
Fueron unos días hermosos de playa, salidas y pasión, hicimos el amor cada noche en ese dúplex, bueno alguna tarde también.
A medida que nos fuimos conociendo íntimamente, nuestras relaciones sexuales eran cada vez más intensas, más placenteras, esa chica me volvía loco, y a juzgar por sus orgasmos, creo que en cada encuentro sentía tanto placer como yo.
Esa fue la primera vez que estuvimos tantos días juntos, y luego de esa semana, me di cuenta que la convivencia con ella era hermosa, y llegado el caso que me propusiera que viviéramos juntos, creo que me lo pensaría. Pero por otro lado, pensando en que no hacía ni siquiera un año que estábamos juntos, quizás sería algo apresurado.
Sofía seguía saliendo con sus amigos, y en muchas de esas salidas, me pedía que fuera con ella, salvo cuando salía con sus amigas, que iba sola y lo entendía, ya que también algunas veces, yo salía solo con mis amigos, con Agustín algunas veces, y otras con mis amigos Francisco, Ariel y Esteban, además claro, de mis encuentros con Maite.
Comenzaron las clases de ese tercer año de la carrera, y cómo no, el cancherito de Mariano, se acercó a saludarnos, a mí estrechándome la mano, y a Sofía dándole un abrazo y un beso.
Alguna vez Sol me preguntó, si no me molestaba que ese tipo estuviera rondando a Sofía todo el tiempo, pero le conté lo que Sofía decía de él, y que yo no le daba importancia, que confiaba en ella, incluso sabía que varias veces le había escrito algún mensaje, pero confiando en Sofía, sentía que no había problemas con eso.
Cuando comenzaron las exigencias del curso en ese año, volvimos a juntarnos a estudiar los tres, algunas veces en el departamento de Sofía, otras en el de Sol, ya que al parecer, a su novio celoso no le caía muy bien qué estudiará fuera de su casa, incluso algunas tardes estaba allí con nosotros.
*
Todo marchaba sobre ruedas en nuestra relación, sobre todo en nuestra sexualidad, aprovechábamos cada momento en que podíamos estar juntos, y cómo lo venía haciendo, un par de días en la semana, algunos viernes, o fines de semana completos, me quedaba en su departamento.
En las noches en que Sofía salía con sus amigas, yo lo hacía con los míos, o tan solo me quedaba en casa, hablando con Gloria o con mi hermana, contándoles de mi vida, ya que pasaba bastante poco tiempo allí.
En las vacaciones de invierno de ese año, me dijo que se iría un fin de semana con sus amigas a un hotel en Buenos Aires. Se irían el viernes y volvería en el domingo por la tarde, era el cumpleaños de una de ellas, que en ese año se había ido a vivir a la capital.
No tuve problemas con eso, aunque sabía perfectamente que saldrían el sábado en la noche en Buenos Aires, pero confiando como confiaba en ella, le dije que estaba muy bien y que disfrutara de ese esos días con sus amigas.
*
Fue en el mes de septiembre, ese fin de semana que marca el comienzo de la primavera, que Sofía me comentó que saldría con sus amigas el viernes, y justamente coincidía, con una salida mía con mis amigos.
El jueves pasé la noche con ella, y ese viernes, nos despedimos hasta el sábado, al salir de la facultad.
Es normal en la gente joven, que para esas fechas, todo el mundo salga a festejar el comienzo de la primavera, que coincide con el día del estudiante, y ese viernes no fue diferente.
La temperatura era agradable, con Ariel, Sebastián y Francisco, fuimos a cenar a uno de los locales de la cadena de hamburguesas norteamericana, y a eso de las doce de la noche nos fuimos para un bar a tomar unas cervezas.
Un par de lugares estaban a reventar, y terminamos quedándonos una de las grandes cervecerías de diagonal setenta y cuatro, qué tiene muchas mesas en la planta baja, y un gran entrepiso con más mesas.
La planta baja estaba llena y fuimos al primer piso, donde conseguimos una mesa junto a la baranda del entrepiso, desde donde podíamos ver la planta baja.
Conversamos, nos reímos, y entre cervezas nos pusimos al día.
Cerca de la una de la mañana, desde arriba lo pude ver, apoyado en la barra pedía una bebida, no era otro que el canchero de Mariano con un par de amigos.
El lugar estaba lleno de gente, ya con sus bebidas se quedaron cerca de la barra y de la puerta de ingreso.
Seguí conversando con mis amigos, pero de vez en cuando lo observaba, cuando alguna chica pasaba a su lado, no dudaba en hablarle, algunas no le daban bolilla, y con otras conversaba un momento y se iban.
Fue casi media hora después que la vi entrar, con ese pantalón blanco que ya conocía y qué le queda muy bien, una camisa marrón claro y sobre ella una chamarra de cuero también marrón, con la cartera colgada y el pelo recogido, Sofía miraba entre la gente, pensé en ese momento, qué buscando quizás a sus amigas.
Miraba a un lado y a otro caminando lentamente entre la gente, la seguía con la mirada, hasta que vio a Mariano y se acercó a él.
Se saludaron con un beso en la mejilla, y como siempre, él la abrazó. Hablaron un momento y fueron hasta la barra, el tipo pidió bebidas, cuando las tuvo en su mano se giró, le dio el trago a Sofía y se alejaron unos pasos de la barra, pero no volvió con sus amigos.
En ese momento les comenté a mis amigos.
-Chicos, se acuerdan qué les conté del flaco ese que persigue todo el tiempo a Sofía?
-¿El tal Mariano?
Pregunto Ariel.
-Ese mismo... Está ahí abajo, cerca de la barra..., lo vi hace un rato... El tema es que hace unos minutos entró Sofía, y en este momento está tomando algo con ese tipo.
Los tres miraron hacia abajo, les señalé dónde estaban, los cuatro nos quedamos mirando.
La cosa no pintaba bien, era consciente de que se conocían, pero esa familiaridad no me gustaba una mierda.
Esperé unos minutos, pensando quizás en que sus amigas llegarían para encontrarse con ella, y se alejaría de ese pelotudo.
Conversaban y reían mientras bebían su trago, el tipo se acercaba a Sofía para hablarle casi al oído, y Sofía se reía de no sé qué mierda que ese tipo le estuviera diciendo.
La situación ya no me gustaba… pero para nada.
Continuará…
Continúa en
- Relato #238996— title-regex: contiguous parts (2 -> 3)
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