Mi vida. Resplandores y tinieblas (2)
En la fría Londres, el calor no viene del clima, sino de las habitaciones del albergue. Facu llega con Maite, pero pronto descubre que la verdadera aventura no es la ciudad, sino las mujeres que lo esperan detrás de cada puerta. ¿Podrá resistirse a la tentación de un trío que lo incluye a él, o a la sumisión que Ana pide a gritos?
Mi vida. Resplandores y tinieblas
Capítulo 2. Mi vida en Londres
Aterrizamos con Maite en el aeropuerto Eeathrow ese 28 de enero casi a las dos y media de la tarde, luego de un vuelo largo pero tranquilo.
Recogimos las maletas y en un taxi fuimos hasta el hotel que habíamos reservado, a unas diez cuadras del instituto, tomamos la habitación, y salimos a dar un paseo por la zona, y luego buscar algún lugar para cenar antes de volver al hotel.
Claro está que no teníamos inconveniente con el idioma, los dos manejábamos bastante bien el inglés que se habla en el Reino Unido.
Cuando regresamos al hotel, ya en la habitación nos dimos un baño juntos y nos fuimos directo a la cama, y sí, tuvimos sexo por primera vez en Londres, y por primera vez sin usar preservativos.
Al día siguiente, luego del desayuno salimos con nuestras maletas y fuimos caminando hasta el albergue, donde presentando nuestros pasaportes, nos asignaron las habitaciones.
El lugar tenía tres pisos y nos tocó en el segundo, habitaciones once y doce, por suerte estábamos juntos. Las habitaciones no eran muy grandes pero lo tenían todo, una cama de plaza y media, un escritorio con estantes, conexión a internet, TV, un sillón no muy grande, un amplio placard, en el que incluso cabía la maleta y un baño completo con una bañera, además de todos los enceres necesarios.
Nos dieron tiempo para acomodarnos y a las tres de la tarde teníamos que ir al instituto para la presentación del curso.
Con tiempo salimos caminando del albergue, nos cruzamos con varias personas, pero tan solo fue un saludo cordial, sin presentarnos ni nada.
Llegamos al instituto y nos sorprendió el lugar, ultra moderno, lleno de gente que entraba y salía. Nos presentamos en la recepción diciendo quiénes éramos, nos entregaron una tarjeta para el ingreso y la taquilla que teníamos disponible y nos indicaron la sala donde se haría la presentación.
A las tres en punto de la tarde, se presentó una mujer de unos cuarenta años y nos invitó a pasar.La sala no era muy grande tan solo tenía diez sillas frente a la amplia pantalla en la pared.
Una vez estuvimos todos, esa mujer que se presentó como Emily Cooper, tutora de nuestro curso y profesora en una de las clases, nos pidió que nos presentáramos, diciendo además nuestra edad y lugar de procedencia.
Nos fuimos presentando uno a uno y cuando terminamos, nos mostró en esa pantalla, como sería el curso, los temas, las clases y la modalidad de trabajo.
La reunión duró poco menos de una hora, y ya al día siguiente, comenzaríamos las clases que serían desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde, con un break de veinte minutos a las once.
Allí pudimos conocer a nuestros compañeros de curso, dos chicos de Milán, que si no eran pareja no faltaba mucho, una pareja portuguesa, marido y mujer, dos mujeres francesas, Alice de veinte años y Emma de treinta y dos, casada y con dos hijos, dos mujeres madrileñas que no se conocían, la más joven, Ana de veintiún años con un novio que había quedado en Madrid y la otra, Amanda de veintinueve, con un novio desde hacía varios años y a punto de casarse a su regreso.
Al salir de la sala, conversamos con nuestros compañeros un momento, Ana rápidamente se nos acercó, y hablamos en español con ella.
Un momento después, también se acercó Alice, que hablaba español, con ese acento francés que lo hace tan atractivo para nosotros y rápidamente se formó un grupito entre los cuatro que nos acompañaría por esos seis meses.
Caminamos los cuatro de regreso al albergue, y supimos que Alice estaba en nuestro piso, en la habitación ocho y Ana estaba en el piso tres, habitación quince.
Esa misma tarde salimos los cuatro a pasear por las calles de Londres, caminamos, tomamos un café y luego volvimos al alojamiento a la hora de cenar.
A partir de ese día fuimos inseparables, luego de las clases nos juntábamos los cuatro a estudiar en alguna de las habitaciones por dos o tres horas, luego salíamos a pasear recorriendo diferentes lugares, volviendo a la hora de cenar.
*
Hablaba por teléfono o por videollamada casi todos los días con Adriana, poniéndola al día de mi vida en Londres, del instituto, del albergue, de los compañeros y le contaba y mandaba fotos de los lugares que iba conociendo.
Ella por su parte, me contaba de sus cosas, de su novia, sus estudios y de lo aburrida que parecía su vida en comparación con la mía.
A Gloria también la llamaba por teléfono, aunque no todos los días, para contarle como iba todo, y en cada una de esas llamadas, me decía lo que me extrañaba, y lo que se notaba mi ausencia en casa, con lo que casi no tenía con quien hablar hasta la llegada de Adriana, si es que no se iba a casa de su novia, y mi padre, volviendo a la hora de cenar, el día que lo hacía en casa.
*
Poco a poco nos fuimos conociendo con esas dos chicas que nos parecían muy agradables y la confianza entre los cuatro fue creciendo, Alice era una chica más bien baja, supongo que por el metro sesenta, de cuerpo normal, sin nada estridente y vestía ropa que no dejaba notar su cuerpo, al contrario que Ana, de más o menos un metro setenta, una tetas difícil de ocultar y un culo portentoso.
Ya el segundo día vi cierta complicidad entre Maite y Alice y recordando lo que me había dicho, imaginé que esas dos preciosuras tendrían su experiencia.
Y no faltó mucho, dos días después, luego de cenar, fuimos para las habitaciones y antes de entrar en las nuestras, Maite me dijo:
-Facu, me doy un baño y a las nueve voy para la habitación de Alice, ya te imaginarás para qué…
-Me parece muy bien! La verdad ya me lo imaginaba… las vi muy cercanas…
-Alice es bisexual!
-Está muy bien! Estoy seguro que lo vas a disfrutar!
-Le dije a Alice que me gustaría que vos nos vieras y me dijo que sí, ¿qué decís? ¿Te venís?
-Por supuesto! No me perdería eso por nada del mundo! Pero… ¿a Ana no la invitaron?
-Esta vez no… no sabemos si le va esta onda… pero ya se lo preguntaremos, sería una locura estar con ellas dos!
-Tremendo! Y más si me permitieran verlas! Las de pajas que me haría!
-O te nos podrías unir… a Alice le pinta, a Ana no sé…
Entramos a nuestras habitaciones quedando de acuerdo que me avisaba para ir juntos, y también me di un baño, por las dudas.
Faltando minutos para las nueve me golpeó la puerta, iba con una remera, un short de jean y zapatillas, y yo con un jean, remera y también zapatillas.
Golpeamos su puerta y nos abrió, Alice estaba con una remera larga, que apenas le tapaba el culo, nos miramos con una sonrisa y entramos.
Creí que la situación sería un poco tensa, pero no, esas dos mujeres hermosas, al pie de la cama se comieron literalmente la boca.
Alice desprendió el short de Maite y se lo quitó, dejándola con la pequeña tanguita blanca, luego la remera y el corpiño, dejándola en tetas.
Me senté en el sillón para verlas, ya con una erección.
Maite, entre besos, levantó la remera de Alice y se la quitó dejándola desnuda, no tenía nada debajo.
La tanguita de Maite también desapareció, quedando las dos desnudas, y en ese momento Alice dijo en su español afrancesado:
-Facu, vos también desnúdate!
Y lo hice, dejando libre mi erección me volví a sentar y a tocarme viéndolas.
No tenía intenciones de participar, aunque ganas no me faltaban, pero quería que Maite disfrutara su experiencia lésbica.
Esos dos cuerpos menudos pero proporcionados, se tocaban, se basaban se lamían sin descanso.
El orgasmo de Maite llegó por obra y gracia de la lengua de Alice en su conchita, quien luego tuvo el suyo, gracias a la lengua de Maite.
Ver a esas dos hermosas mujeres dándose placer, era algo que no había imaginado siquiera, pero tremendamente excitante.
Si su experiencia lésbica estaba siendo excitante, la mía de voyeur en vivo y en directo no lo era menos, aunque quería pasar desapercibido, en un momento Alice me miró y me dijo:
-Ven Facu… estás muy solo allí…
Y no me pude resistir, me puse de pie y me acerqué, y parado a un costado de la cama, Alice se acercó y sin preámbulo, se metió mi pija en la boca, ante la atenta mirada de Maite, que luego de un momento se unió y entre besos me chuparon las dos la pija.
Qué imagen! Nunca imaginada pero muy excitante!
Se turnaban para tenerla en la boca, y mis testículos recibían también sus atenciones, una locura de placer.
No iba a aguantar mucho tiempo, y se los dije:
-Me van a hacer acabar!
-Acabá Facu!
Me dijo Maite, y en un par de minutos me dejé ir, regando sus bocas, sus mejillas y hasta un poco de semen en las tetas de Maite, que Alice fue a saborear.
Perdí algo de mi erección, pero creo que no les preocupó, me senté en la cama mientras ellas volvían a enroscar sus cuerpos entre besos y lamidas.
Con semejantes imágenes frente a mí, no tardé mucho en volver a tenerla dura, y ya tan cerca de ellas, me uní a los besos, caricias y lamidas, chupando las tetas de Maite y de Alice alternativamente.
-Facu, quiero sentirte adentro…
Me dijo Alice, miré a Maite y esta me dijo:
-Cogela Facu! Que la sienta… le va a encantar…
Alice se recostó boca arriba y abrió sus piernas, fue tan tentadora esa imagen que llevé mi boca a esa conchita depilada y mi lengua la recorrió por completo, y lamiendo su clítoris le llegó el orgasmo.
Mi cuerpo fue sobre el suyo y la penetré, comenzando un vaivén lento pero profundo, mientras Maite me acariciaba la espalda y el culo.
Mis embestidas fueron ganando intensidad, y habiendo acabado hacía unos minutos, esta vez duraría un tiempo más, aunque la situación me tenía totalmente excitado.
El orgasmo de Alice llegó unos minutos después, yo aún no estaba por acabar, y mirando a Maite, lo entendió a la primera, se recostó junto a Alice, la besó y abrió sus piernas para recibirme, y allí fui, y penetré sin preámbulos esa conchita que ya conocía y que tanto me gustaba, mientras besaba a una y a otra.
Aceleré mis embestidas mientras Alice chupaba las tetas de Maite, y cuando llegó su orgasmo me dejé ir en su interior.
Luego de tan deliciosa sesión, nos quedamos los tres acostados y abrazados, con Maite en medio de nosotros dos, que entre suaves besos y caricias nos fuimos quedando dormidos.
Antes de que Morfeo se apoderara de mí, pensé en que si así comenzaban estos meses en Londres, no quería ni imaginar cómo terminarían, de tener tan solo relaciones sexuales, digamos tradicionales, había sido voyeur de un encuentro lésbico y participe en un trío con dos bellezas, una hermosa locura.
Despertamos ese viernes con la alarma del teléfono de Alice, nos dimos los buenos días con un beso en la boca, con Maite nos vestimos y fuimos para nuestras habitaciones a darnos un baño antes de bajar a desayunar.
Ese día salimos a pasear luego de estudiar unas horas y volvimos para la hora de cenar, y mientras comíamos los cuatro, pensamos que hacer el sábado, nuestro primer día libre, y decidimos salir a visitar algunos puntos turísticos, volver a bañarnos y cambiarnos y salir en la noche, a ver un poco de la movida nocturna Londinense.
Ese sábado caminamos como locos, luego de desayunar nos fuimos los cuatro a pie a conocer el Tower Bridge o Puente de La Torre sobre el Támesis, aunque nos habían dicho que de noche era mucho más lindo.
Sacamos fotos, miles de fotos, juntos, por separado, haciendo locuras, la pasábamos realmente muy bien los cuatro.
Almorzamos en un restaurante frente al río, desde donde teníamos unas hermosas vistas al embarcadero, el río y el puente de fondo.
Luego de almorzar, cruzamos el rio por el puente y caminamos hasta el Sky Garden, donde desde el mirador tuvimos una increíble vista de la ciudad.
Volvimos al alojamiento a eso de las cinco de la tarde, para descansar un rato, cambiarnos y salir en la noche, seguramente luego de la cena.
Cenamos allí y luego de cambiarnos, salimos a conocer algo de la noche de Londres, aunque no conocíamos la movida, a unas cuadras encontramos un lindo bar y entramos. Cerveza para los cuatro, y nos ubicamos en una mesa a conversar, contándonos cosas de nuestras vidas.
Creo que en un momento Ana se dio cuenta de la inocultable complicidad entre Maite y Alice, y luego de la tercera cerveza, no se cortaron en besarse ante nuestra vista.
Ana me miró, yo levanté los hombros como diciendo, “así están las cosas” y me preguntó:
-¿Me parece a mí, o hay algo entre estas dos?
-Hay bastante Ana… y hubo bastante más…
-¿Ya se han enrollado?
-Y de qué manera…
-Anda…
-Te juro! Y fui testigo…
-Pero bueno! Me estáis dejando fuera! ¿Maite y tú sois novios?
-Tan solo amigos… con derechos digamos…
-O sea que folláis!
-Ya en Argentina…
-Mira tú!
-Maite quería vivir la experiencia de estar con una mujer, ya me lo había contado antes de venir, y bueno… se está sacando las ganas!
-Vaya pues! Mira tu por donde! Poco ha tardado…
-Así es… y estuve ahí… y bueno… me terminé uniendo a ellas…
-¿O sea que habéis hecho un trío?
-Ni más ni menos, no me lo esperaba pero no me pude resistir…
-Qué cabrones! Y yo en la inopia!
-Sabiendo que tenés novio, no estábamos seguros de lo que pensarías…
-A ver guapo… tengo novio sí, pero fuimos claros antes de mi viaje, le dije que no podríamos estar seis meses sin sexo, por lo que estuvimos de acuerdo en que yo lo tuviera aquí si se daba, y él en Madrid… vamos… que estoy segura que se debe estar follando todo lo que se mueva… y yo… joder, que no me voy a quedar para vestir santos! Qué me gusta el sexo, y mucho! Que me va la marcha guapo!
-Bueno… en ese caso, lo podemos hablar los cuatro…
-Pero antes… qué sepas que también quiero mis experiencias…
-Está muy bien! ¿Y qué experiencia te pinta vivir?
-Pues… para empezar… algo que nunca he hecho y me da mucho morbo…
-¿A ver?
-Follar con un argentino… mucho se dice de lo apasionado del macho argentino…! Y tengo uno buenorro frente a mí, joder… pa no desperdiciar…
-Bueno… no podría dar fe de los argentinos… pero a mi favor puedo decir que me defiendo…
-Anda guapo! Qué si te has montado un trío con este par de tías, tendrás lo tuyo…
-Eso lo tendrás que averiguar…
-Vale… qué las ganas las tengo… y las bragas mojadas también…
-Mmm… nada que me guste más…
-Venga guapo! De aquí a mi habitación!
-No se habla más! Ya quiero eso!
Apoyé mi mano en su pierna, y la acaricié desde la rodilla hasta casi su entrepierna, mirándola a los ojos con una sonrisa, y cerró un momento los ojos, luego me miró y acercándose me dio un beso en los labios, corto, suave, como una invitación.
La volví a mirar a los ojos y le dije:
-¿Les decimos y volvemos?
-Sí corazón! Ya quiero irme contigo a lo que sea…
-Muero por conocer esas tetas!
-Te lo voy a enseñar todo guapo…
Miré a las chicas y les dije:
-Chicas, a Ana y a mí nos gustaría volver al albergue…
Y Maite contestó:
-Volvamos ya entonces! Esta noche duermo con Alice en su habitación!
-Y Facu se viene a la mía guapas! Quiero una probadita de la pasión argentina!
Y guiñándome un ojo, Maite dijo:
-Te va a encantar!
Salimos del bar, era cerca de la medianoche y caminamos de regreso al alojamiento entre risas y comentando lo que pasaría esa noche, entre bromas dijimos de ir intercambiándonos, y hasta la idea probar un encuentro de los cuatro.
¿Qué más podía pedir? Cada una con lo suyo eran tres chicas tremendas, mi única duda era si podría con las tres, pero bueno… lo intentaría cuando se diera la ocasión.
Llegamos al albergue, solo cruzamos a uno de los hombres de seguridad que suelen estar en la entrada, que nos dio las buenas noches.
Subimos en el ascensor, al llegar al segundo piso, antes de que Alice y Maite bajaran, me besaron las dos, y para que mentir, eso ya me la puso dura.
Luego ambas besaron también a Ana, y deseándonos una buena noche, nos despedimos hasta el desayuno del día siguiente.
Entramos en la habitación de Ana, nos abrazamos y nos besamos, primero lentamente, como reconociéndonos, nos quitamos los abrigos y volvimos a besarnos.
Los besos fueron ganando intensidad y ya nuestras manos recorrían los cuerpos.
Primero fueron las zapatillas, luego los pantalones, mi erección era evidente bajo la tela del bóxer, y Ana, con esa pequeña tanguita blanca que nada ocultaba de su tremendo culo, estaba muy sexy.
Luego fueron las remeras, desabroché su corpiño y aparecieron esas formidables tetas, las más grandes que había visto, con unos pezones oscuros que ya estaba duros.
Mi boca llegó a ellos antes que mis manos, los chupé, los mordí suavemente mientras bajaba su tanguita, y ella ya con su mano dentro de mi bóxer, acariciaba lentamente mi pija que estaba entre sus dedos.
Ya desnudos los dos, me separé un momento de ella y le dije:
-Dejame verte…
Dio un paso hacia atrás dejándome ver su conchita depilada, de labios gruesos que invitaban a probarla.
Ella misma fue quien dio un giro completo dejándome ver ese portentoso culo, carnoso, bien puesto, apetecible.
Volvimos a juntar nuestros cuerpos, sintiendo sus tetas en mi pecho, y ella mi erección en su panza.
Luego de un beso muy intenso, mientras me pajeaba lentamente me dijo:
-Facu… me apetece probar algo… algo que con mi novio no he conseguido…
-Si puedo… lo que quieras!
-Quisiera que seas rudo…
-Ok… ¿qué tan rudo?
-Bien rudo… muy rudo… que me des muy duro… es mi fantasía… me da mucho morbo pensar en que un hombre me domine… me use… me haga lo que le plazca… por favor Facu… trátame mal… insúltame… dime que soy una puta, una zorra… quiero sentir eso…
-Muy bien putita! Lo pedís… lo tenés…
Y sin darle tiempo a reaccionar, tomé su cabello suelto y tiré hacia abajo, haciendo que tuviera que mirar hacia arriba, mi boca fue a su cuello, lo besé, lamí y le di pequeñas mordidas, como para no dejar marcas.
Bajé a sus tetas y mordí sus pezones, esta vez un poco más fuerte, sacando de su garganta un gemido fuerte, supongo que entre sorpresa, dolor y excitación, y tan solo dijo:
-Ahhh… Siií…
-Ahora te vas a arrodillar y me vas a chupar la pija!
Y lo hizo, apoyó frente a mí sus rodillas en el piso, tomó mi pija con ambas manos y se la metió en la boca.
-Mirame zorra!
Le dije imperativamente
-Te la vas a tragar toda! Entera…!
Y hacía esfuerzos para que mi pija entrara toda en su boca, le venían arcadas pero seguía, tomaba aire y seguía.
-Así putita! Chupame bien la pija! La primera acabada te la vas a tragar! ¿Tragaste semen alguna vez?
Negó con la cabeza y pensé en su novio, pobre chico, su novia se iba a ir a la banquina con otro, pero si eso era lo que deseaba, aunque nunca lo hubiera practicado con otra mujer, lo probaría con ella.
La volví a tomar de la melena para que se ponga de pie, la hice girar y desde atrás la abracé, estrujando sus tetas y pellizcando sus pezones.
Mi mano fue a su concha y la encontró empapada, caliente, deseosa de lo que estuviera por venir.
Con mi mano izquierda apreté su cuello mientras la derecha manoseaba su concha, pero no de forma cariñosa, no, con movimientos enérgicos.
Con mis pies hice que separara sus piernas, quedando su depilada entrepierna aún más accesible a mis toqueteos que siguieron hasta que separando mi mano, le di una palmada, aunque no con violencia.
Supongo que por la sorpresa su cuerpo se sacudió, pero una gemido salió de su garganta, y llegó la segunda palmada, esta vez un poco más fuerte, y una larga exhalación suya.
-Sí Facu… pégame… hazme lo que quieras…
Y le siguieron un par de palmadas más hasta que le llegó el orgasmo que le hizo temblar las piernas.
La sostuve para que no terminara en el piso, la llevé hasta la cama y la hice sentarse, quedando mi pija a la altura de su boca.
-Chupala zorra!
Y antes de que se la metiera en la boca, le di una bofetada, aunque no violenta.
Me miró a los ojos, le brillaban de excitación y creo que esperando lo siguiente que se me ocurriría hacerle.
Tomé su cabeza y moviendo mi cadera, le fui cogiendo la boca, literalmente, mi pija entraba y salía, algunas más profundas que otras, las que le producían arcadas, pero las aguantaba.
Veía el movimiento de esas tremendas tetas y me encantaba.
Tomé un pezón entre mis dedos y apreté, fuerte, luego el otro, luego le apreté las tetas.
Ya estaba por acabar y para que lo supiera se lo dije.
-Voy a acabar putita! Y te lo vas a tragar todo!
Y en un par de embestidas más en su boca, me dejé ir sin sacarla, descargando mi semen en su boca.
Recién cuando sentí que nada más salía, saqué mi pija de su boca, la miré a los ojos y le pregunté:
-¿Tragaste putita?
-Si Facu, me lo tragué todo!
-En un momento, cuando se me ponga dura de vuelta, te voy a pegar una buena cogida en esa concha! Está pidiendo pija a gritos!
Solo asintió con la cabeza, empujando su cuerpo hice que se recostara en la cama, separé sus piernas, me arrodillé frente a ella y mi lengua fue a recorrerla toda, desde el clítoris hasta el culo.
Metí dos dedos que entraron fácilmente y mientras chupaba su clítoris con vehemencia, mis dedos entraban y salían de su concha, sacándole gemidos de placer.
Saqué mis dedos de su interior y le siguieron varias palmadas, alternadas con caricias intensas con toda la mano, siguieron las palmadas y con ellas le llegó el orgasmo.
Ya la volvía a tener dura, y sin darle tiempo a recuperarse, llevé mi cuerpo sobre el suyo y se la metí de una, estaba tan mojada que mi cuerpo chocó con el suyo, y solo dijo:
-Ostia…
No le tuve piedad, mis embestidas rápidamente ganaron intensidad y habiendo acabado hacía un momento, sabía que iba a durar bastante tiempo.
Luego de unos minutos de taladrar su concha, me salí, la tomé de la cadera y le dije:
-Ponete en cuatro putita!
Y lo hizo, y desde atrás se la volvía meter y a cogerla intensamente. Mi cuerpo daba con su culo, ese tremendo culo, haciendo el característico sonido de dos cuerpos chocando.
Miraba su culo pensando en si cogérselo también, no sabía si practicaba el sexo anal, pero había dicho, “me va la marcha”, entonces ensalivé mi dedo índice y mientras la seguía embistiendo intensamente, se lo metí en el culo, pero no bruscamente, no era la idea lastimarla.
No dijo nada, pero su cuerpo se comenzó a mover hacia atrás, y esa aceptación hizo que comenzara a cogerle el culo con el dedo, mientras dejaba caer saliva para que se deslizara mejor.
-Te voy a llenar esa conchita de leche!
-Sí… tomo pastillas…
Aceleré aún más mis embestidas y otro orgasmo le llegó, pero no me detuve, seguí con ese intenso ritmo y terminé eyaculando en su interior.
Exhausta se dejó caer sobre la cama, y yo quedé arrodillado entre sus piernas viendo ese portentoso culo, que acaricié, apreté y le di un par de palmadas.
Te va la marcha pensé, y no me detuve, me agaché pasando mis manos entre su piernas por debajo de su cuerpo y le acaricié la concha, y sintiendo mi mano allí, levantó un poco el culo.
Le di un par de palmadas más, acerqué mi boca a su culo y luego de manosearlo separé sus nalgas y mi lengua llegó a su esfínter.
Lo lamí en círculos, lo penetraba con mi lengua, volvía a lamerlo, y luego de unos minutos de manosearlo a gusto le dije:
-Ahora te voy a coger el culo también putita!
Giró su cabeza para verme, con los pelos revueltos, algunos mechones caían sobre su cara y con cara de estar reventada me dijo:
-Me estás matando de gusto… haceme lo que quieras…
-¿Hiciste sexo anal alguna vez?
-No… pero casi… mi novio lo intentó una vez pero no llegamos…
-De hoy no pasa putita! Te vas a dormir con el culo bien cogido!
Seguí chupándole el culo, tocándole la concha y apretándole las tetas.
Mojé dos dedos en su concha que seguía chorreando y se los metí en el culo, dio un respingo pero luego se aflojó.
Cuando ya entraban y salían con facilidad, se sumó un tercero, y eso me excitaba tanto que minutos después, volví a tener una erección aceptable.
La tomé de la cadera y la hice girar para que quedara de lado, dándome la espalda, le metí la pija en la concha para que se empapara de sus jugos, la saqué y la apoyé en su esfínter, que ante la presión, pareció aflojarse.
Fui presionando poco a poco, mi glande iba ganando milímetros, quería clavársela toda, pero no hacerle daño.
Fui metiéndola poco a poco, ya el glande estaba dentro, mientras tanto, frotaba su clítoris con dos dedos, para mantenerla excitada.Mi pija estaba cada vez más adentro, la oía resoplar, supongo que aguantando la intromisión, y para seguir con el juego le dije:
-Te la vas a comer toda zorrita… te voy a coger bien cogido ese hermoso culo de putita que tenés!
No dijo nada, pero su respiración se fue acelerando al compás de mis dedos en su clítoris.
Ya con casi toda mi pija en su culo, comencé un vaivén lento pero continuo, sacando unos centímetros y volviendo a entrar, aumentando poco a poco la intensidad.
Su respiración se fue acelerando y entre cortado dijo:
-Joder… me estás partiendo el culo cabrón… pero no te detengas…
Y no lo hice, al contrario, mis embates fueron a más y cuando sus jadeos se dejaban oír, y mi eyaculación estaba al llegar, le di una sucesión de palmadas en la concha que la hicieron llegar al orgasmo, el cuarto de la noche y momentos después, le acabé bien dentro del culo.
Nos quedamos un momento quietos mientras le acariciaba suavemente la espalda, los brazos y la cabeza, acomodándole los mechones que habían terminado enredados.
Cuando mi pija fue perdiendo la erección, la fui sacando lentamente y me quedé abrazada a ella haciendo la cucharita.
Cuando su respiración fue volviendo a la normalidad, si moverse me dijo:
-Es la primera vez que tengo tantos orgasmos… nunca he tenido más de dos…
-¿Estás bien? ¿Fue muy duro?
-Fue la ostia Facu… me duele un poco el culo… pero bueno… lo tenía que probar… Mi novio la tiene más corta que tú, pero algo más gorda… pero bueno será cuestión de probar hasta que entre…
-Sos una tremenda mujer Ana! Me encantó… y bueno, también puedo ser más suave…
-Me gustaron las palmadas en la raja, el orgasmo fue brutal…
-Nunca había hecho algo así, en general soy más tranqui a la hora del sexo…
-Ya lo probaremos también… ya te digo que no será la única vez guapo!
-Por supuesto que no! Nos quedan poco más de cinco meses… bueno salvo que encuentres a alguien más…
-Ya veremos…
En la mañana del domingo al despertarnos, lo volvimos a hacer, pero esta vez, mucho más tranquilo, más suave, y para mí, más disfrutado, aunque Ana me pidió en un momento de mucha excitación, que le diera unas palmadas hasta llegar al orgasmo.
Nos perdimos el desayuno, pero nos encontramos con Alice y Maite en el almuerzo, y luego de comer, salimos a dar un paseo en el que contamos nuestra noche y el polvo mañanero y las chicas nos contaron su noche lésbica.
Cada día que pasábamos juntos, la confianza entre nosotros iba creciendo, andábamos juntos de aquí para allá todo el tiempo, tanto que en el curso nos llamaban “The fantastic four” y aunque salíamos, nos divertíamos, teníamos sexo a menudo, no descuidábamos los estudios, al contrario, los llevábamos al día y con un rendimiento alto.
Varias noches nos intercambiábamos para dormir, era rara la ocasión en que dormía solo, algunas noches tenía sexo con Ana, otras con Alice, otras con Maite.
No volvimos a hacer tríos, para que ninguno quedara solo, y muchas noches, en mi habitación o en la de Maite, dormíamos juntos, incluso sin tener sexo.
Fue en ese segundo mes, que un sábado en la noche luego de unas cervezas en ese bar al que solíamos ir, volvimos al albergue y fuimos los cuatro a la habitación de Alice, y tuvimos nuestra primera noche de sexo entre los cuatro.
Fue una locura, esas tres hermosas mujeres, cada una con lo suyo me exprimieron.
Fueron tres eyaculaciones esa noche, y no sé la cantidad de orgasmos de las chicas.
Esa noche lo probamos todo, acercando el sillón a la cama y pasábamos de un lugar a otro, de un cuerpo al otro, de una boca a la otra, fueron casi dos horas de caricias, lamidas, penetraciones, las mías, las de Alice con su juguetito, y los dedos en conchas y culos, hasta en un momento, mientras Ana y Maite me chupaban la pija, Alice me besaba, me acariciaba las nalgas, y su dedo intrépido, terminó dentro de mi culo.
Una locura de pieles, placer y conexión entre los cuatro, algo que ni en el más recóndito de mis pensamientos, hubiera imaginado.
*
Las semanas fueron pasando y nuestra conexión era tremenda, además de llevarnos muy bien, de divertirnos y disfrutar de nuestros cuerpos, en los estudios fuimos por lejos, los mejores.
La relación con el resto de los compañeros también era muy buena, compartíamos salidas, paseos, charlas durante las comidas, hasta les hicimos probar el mate, con el que Maite y yo andábamos todo el tiempo.
Estaríamos en el cuarto mes del curso, cuando luego de una cena, Marco y Massimo, los dos chicos de Milán, se acercaron a mí y en esa conversación me dijeron lo que para mí era innegable, que eran pareja, que se habían dado cuenta de la relación que teníamos nosotros cuatro, y que, si me iba el plan, me invitaban a tener sexo con ellos, quería experimentar un trío con otro chico, y habían pensado en mí.
Amablemente les agradecí el ofrecimiento, pero les dije que, al menos de momento, no sentía atracción por los hombres, y alegremente, ambos me dijeron que era porque no lo había probado, que si los dejara, me harían cambiar de perecer, pero decliné la oferta con una sonrisa.
Cada vez que hablaba con Adriana, como no teníamos secretos, le contaba mis andanzas, y graciosamente me decía que volvería con los huevos secos.
En cambio cuando hablaba con Gloria, tan solo le contaba de los estudios, de los compañeros y de los lugares que iba conociendo, aunque supongo de imaginaría que en otras cosas también andaría.
Al que nunca llamé ni envié mensaje fue a mi padre, aunque él tampoco lo hizo, ni siquiera un mísero mensaje para saber cómo me iba, supongo que sería Gloria quien lo ponía al tanto.
Llegó el último mes del curso y las actividades, trabajos y exámenes nos tuvieron al trote, pero entre los cuatro llevábamos todo al día, y por supuesto también llevábamos al día nuestra sexualidad, y de qué manera.
La última semana del curso, tuvimos que preparar un trabajo por parejas, yo lo hice con Maite, y Ana y Alice trabajaron juntas.
También el lunes de esa última semana tuvimos un examen, que los cuatro aprobamos holgadamente.
Se acercaba el día de la despedida, y lógicamente, en el grupo de whatsapp que teníamos los cuatro, acordamos seguir en contacto.
Yo me iba de Londres con la seguridad de que la amistad con Maite recién comenzaba, pero a la distancia, quería seguir en contacto con Ana y con Alice, y si daba la oportunidad, volver a encontrarnos.
En una de esas últimas charlas, Ana propuso pensar un lugar al que quisiéramos ir, y planear un viaje para reencontrarnos y el destino elegido, fue el Caribe, para disfrutar unos días de playa.
Terminado el curso, tocaba despedirnos, lo hicimos en primera instancia de los compañeros, luego acompañamos a Alice y a Ana al aeropuerto, Alice fue la primera, su vuelo salía antes que el de Ana.
La despedida nos arrancó nuestras lágrimas, el abrazo con Maite fue interminable, dándose un beso en la boca antes de ir a la zona de embarque.
Casi tres horas después, salía el vuelo de Ana para Madrid, y en esa despedida, también hubo lágrimas de los tres.
Maite y yo tuvimos que esperar casi seis horas la salida de nuestro vuelo, y aunque tocaba volver a nuestras vidas, dijimos que no éramos los mismos que hace seis meses habían llegado a Londres, sin dudas esos meses habían cambiado las perspectivas de nuestro futuro.
Continuará…
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