Xtories

El Conserje 2

Pedro no es solo el hombre que vigila los pasillos; es el centro de deseo de las mujeres del edificio. Desde la conserjería, orquesta encuentros prohibidos, sabiendo que cada puerta que abre esconde un secreto y una oportunidad para satisfacer sus impulsos.

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Capítulo 2.

Habían pasado ya tres días, desde que con Jeremías nos follamos a Fernando y a Lupe. La conversación entre ellos me tenía lo más entretenido posible. Eran pocas las panzadas de reír que me entraron escuchando sus conversaciones. Habían decidido que a partir de aquel momento dormirían por separado, ella en su habitación y él en otra, al final del pasillo.

- Ya no estoy enamorada de ti, cuando acabe todo este lio en el que estamos. Nos divorciamos.- Dijo Lupe.

- Lo entiendo.

- A partir de ahora tú en una habitación y yo en otra. Te lavas tu ropa y te cocinas tú. Me has engañado durante mucho tiempo, que si la empresa no te pagaba, que si los denuncias y te lo has gastado todo en putos.

- La verdad es que mi orientación sexual es la bisexualidad. No tenía que engañarte, lo siento.

- ¿Pero pagar por chaperos? Es que no te vez capaz de ligar. Imagínate que hubiéramos tenido hijos ¡Válgame dios!

- Corría un riesgo de que alguien me descubriera. Así pagando, no. He de serte sincero, ya que las cosas van por este camino, yo no puedo tener hijos.

- ¿Cómo? ¿Qué?

- Lo siento, te lo he ocultado, soy estéril.

- ¿Y me lo dices ahora? ¡Que no puedes tener hijos! Ya te vale.

- Lo siento, la verdad, te he estado engañando con eso.

- Y yo esperando, esperando, esperando y resulta que no eres fértil, ya te vale.

- Lo siento, de verdad que lo lamento.

- De hecho menos mal que no me has preñado, lo quiero es olvidarte de mi vida. Mira Pedro, nos ha descontado mil euros del otro día, más quinientos del primer día, ya llevamos mil quinientos euros de la deuda de seis mil. Y encima te llevo a Jeremías para entretenerte.

- Sí, la verdad es que se lo curró.

- ¡Que se lo curró! Mira yo a Pedro se lo haría gratis ¡Como folla Pedro! ¿Viejo decías, ja, ja, ja…?… Es que ya solo pensar en el me pongo cachonda ¡Y que polla!

- La verdad que Jeremías no le anda muy lejos.

- Te gustó su polla ¿Eh? Te dio bien por detrás y por delante ¡Un marido maricón! Me duele que no fuiste sincero conmigo, pero ahora me alegro, vaya una cruz me hubiera esperado toda una vida contigo.

- Tampoco dramatices. ¡Joder! he tardado dos días en recuperarme.

- ¡Eres un imbécil! Pues a mí pensando en él, ya me estoy poniendo cachonda. A ver si me avisa pronto; esto es un hombre como dios manda, además siempre es atento, se preocupa y mira por una, además folla de puta madre.

- Que se traiga a Jeremías.

- Esto se lo dices tú, a mí con el me basta.

- Pero si tú se lo comentas, ayudaría.

- Te va ayudar tu puta madre ¡Imbécil! Tenerme siempre engañada. Y no te doy puerta hasta que esto terminé y recupere la pasta que me has levantado, a partir de ahora yo controlaré tu nómina, hasta que no liquides mi deuda ¡Cabrón! Nunca mejor dicho, porque te haré más cornudo, aun, antes de separarme de ti.

Les dejé en la conversación, ya no me interesaba escuchar más. En la conserjería me dejaron un paquete, grande, era para Pilar.

Pilar era otra que estaba alojada en uno de mis pisos. Su marido Paco me caía muy bien, por lo que nunca había pensado en ella, ni en la pareja. Eran un matrimonio aparentemente feliz, ya entrados en años, Paco era jubilado y ella era mucho más joven, no tendría más de cincuenta y cinco.

Pilar era una mujer con unos pechos descomunales. Entrada en kilos, sin llegar a ser gorda. Tenían nietos y a veces venía la familia a verlos. Su hijo se llamaba igual que el padre Paco, pero normalmente venían con su nuera, Isabel.

Isabel había parido dos hijos, uno de seis y otro de cuatro años. A veces les guardaba alguna chuche, y cuando venían a ver a los abuelos, venían a la conserjería contentos, porque sabían que yo les daría alguna golosina. Aquel día vino su nuera a recoger el paquete, no llevaba a sus hijos.

- Hola Pedro.

- Hola Isabel.

- ¿Te ha llegado el paquete de mis suegros, Pedro?

- Sí.

- Bien ¿Sabes? con mi suegra vamos a poner una sala de masajes. Como tú sabes soy fisioterapéutica. Tengo mi trabajo en la clínica, pero atenderé en privado. Mi suegra encantada y a mi suegro también. El piso es grande para ellos dos y atenderé en una de las habitaciones. Mi suegra me ayudará.

- ¡Caray! Que novedad.

- Bueno, será más tipo consulta, durante unas horas al día, tres días a la semana. ¡Ah! mi suegra tiene buenas manos para hacer masajes, así me ayuda y la tengo entretenida, ja, ja, ja…

- Ya imagino a Pilar, la verdad que le ira bien este entretenimiento, hasta para mí, que ya ve, los años pasan y a veces un remiendo, como digo yo, le conviene a uno.

- Pues Pedro, apuntado, así le harás publicidad, ja, ja, ja… Hoy montaremos la silla, está en esta caja. Mire, por la tarde ya la tendremos instalada, le invito a que sea nuestro primer cliente, además gratis, ja, ja, ja… Va anímese, le irá bien a mi suegra para quitarse los nervios, contigo tiene confianza.

- Hecho, además a tus suegros les tengo mucho aprecio.

- Lo sé Pedro, es usted muy buena gente, mis suegros están encantados contigo, y los niños ¡No veas como te quieren! Ja, ja, ja, además así lo inauguramos y nos tomamos una copa de cava. Va anímate, que a la pobre le hará ilusión.

- Hecho, cuando este puesta la camilla me llama. Necesito llevar algo especial, una toalla, un bañador, no soy muy entendido en esto…

- Tranquilo que toallas tenemos, un bóxer bien ajustado es suficiente. Hoy probará un aceite especial que ahora me traerán; ¡Huy! Ya estarán al llegar, los espero aquí mismo. Es un pedido de aceites corporales, para las lesiones musculares etc… Pues hoy probara uno que me han traído de Turquía… ¡Mira, ya llegan!

Legaron los repartidores con diez cajas. Ella no callaba, era una mujer que hablaba y hablaba, pero tendría que ayudar a subirle las cajas y el paquete. Nos colocamos en el ascensor y fuimos al piso. Una vez ahí, ella le contó a su suegra, que sería yo su primer cliente, que ya me avisaran cuando todo este montado y tal. Su suegra feliz, por primera vez la veía feliz, no es que la mujer fuera aburrida, nada de esto, pero se la veía triste. Quedamos así.

Pilar con esos pechos ¡Vaya aquello son ubres! No me la imaginaba dando masajes. Hasta me provocaba un morbo especial. Por si acaso, a la hora de la comida iría a ver a Lupe, no fuera que llegara a la sesión de masajes con una trampera del copón, además, Lupe me ponía a mil.

Lupe, alegre de que fuera a verla. Cuando me abrió parecía que se le había aparecido la virgen, se puso feliz.

- Pasa Pedro ¿Qué alegría verte? Te quieres quedar a comer, estoy preparando un conejo asado ¡Bah! Quédate, por favor.

- Acepto la invitación ¿Estás sola?

- Sí ¡El imbécil! mi “marido”… trabaja, ja, ja, ja...

- Pues voy a ponerme cómodo. Quitarte el sujetador, y quédate solo con el tanga y esta bata que llevas para la cocina.

No tardo nada en cumplir mis órdenes. Yo estaba ya en pelotas, sentado en la mesa, a esperar que me sirviera. Abrió una botella de vino y brindamos. La senté sobre mi regazo, sus manos se fueron a mi polla, mientras bebía y yo le magreaba las tetas.

- Qué bien que estés aquí. Si supieras lo que sueño contigo. Aún tengo agujetas del otro día ¡Como follas, dios mío! Que placer me diste Pedro. Yo te amo, te amo, te amo…

- ¡Es que me pones a mil! A partir de ahora, no vas a usar sujetador. Tus pechos no lo precisan, irás más ligera y más erótica.

- Me gusta la autoestima que me das. Dalo por hecho ¡Quiero ser tuya! Me he enganchado a ti i a tu polla, ji, ji, ji... Jamás había tenido esta calentura que me das cuando estoy contigo.

- La vecina ha puesto un servicio de fisioterapia, le pediré hora para ti, te irán bien unas sesiones de masajes, principalmente por las agujetas. Déjalo a mi cuenta.

- Ves Pedro, me siento amada y querida por ti. Soy la mujer más feliz del mundo desde que apareciste tú.

Buscamos nuestras lenguas y nos dimos un morreo. El vino hacia sus efectos, más en ella, que se zampó casi un litro. Habíamos comido, me preparó un café y mientras me lo tomaba ella me chupaba la polla.

- ¡Increíble! ¡Cómo me gusta!

- No habéis tenido hijos con Fernando, con lo buena que estás ¿Es raro no?

Mientras me la iba chupando, me fue contando lo que ya sabía.

- Imagínate como me ha engañado, no se lo perdono. Ya dormimos en habitaciones diferentes y me voy a divorciar de él.

- Me sabe mal, el pobre se ha quedado sin su mujer, sin hijos y desamparado. No vayamos a ser crueles tampoco, gracias a esto tú y yo nos hemos encontrado.

- Mirado así… ¡Que polla, dios mío, la amo! Mmm…mmm…

- He pensado que te voy a preñar, así le damos una satisfacción por habernos hecho encontrar…

- ¿Cómo?

- Pues metiéndola cuando estés ovulando.

- Tonto, ji, ji, ji… me refiero que tiene que ver él entre lo nuestro.

- Mira. Os daré un hijo, os daré un regalo para ti y para él.

- Pero él sabe que no puede ser padre.

- Lo criará como su fuera un hijo suyo.

- Eres increíble ¿Tú crees que lo criará el sabiendo que no es hijo suyo?

- Sí. Levanta, que mira como me tienes la polla de tiesa. Siéntate en mi regazo y fóllame, metiéndotela hasta el fondo, venga… plaf, plaf, plaf…

Le di tres nalgadas y se subió encima como le había ordenado. Con mis manos, no dejaba de hacerle masajes en el ombligo y con mi boca de chuparle las tetas. Esto la ponía a mil, la forma en que me cabalgaba, metiéndosela hasta el fondo, dando círculos y buscando siempre mi boca. La besé, como no recuerdo haber besado nunca a nadie, busque su lengua, la mordía y el intercambio de fluidos era harmónico.

La levante y la coloque tumbada encima de la mesa, sin haberle sacado la polla, empecé un mete saca eléctrico. Ella sollozaba y gemía.

- Pedro, creo que estoy en días fértiles, lo digo por si me quieres preñar.

- Pues me correré dentro, pero antes, date la vuelta que te la endiño desde atrás.

- ¡Oh pedro! Como aguantas. Con mi marido eran diez minutos y ya estaba. Contigo llevamos ya casi una hora y aguantas...aguantas…aguantas ¡Que placer me das!

- Goza, zorra, goza, que eres un animal que está hecho para gozar.

- ¡Oh, me has llamado zorra! Como me pone esto.

- ¿Te gusta?

- Sí, sí, sí, ah, ah, ah…

- Pues toma puta, ahí va mi leche para ti…

Me corrí dentro de ella. Me quedé con el rabo metido, mientras le daba masajes en el ombligo y en el clítoris. Mi polla se mantenía dura dentro de ella, mientras ella aún suspiraba. Se la saque y se la puse en la boca.

- Déjamela limpia, zorra.

- ¡Me encanta que me llames zorra y puta! Nunca me habían tratado así, ni tú ni nadie.

- El trato es con cariño, no lo olvides, para mi continuas siendo una mujer diez.

- ¡Oh Pedro! Me haces sentir tan especial. Estoy tan a gusto cuando estás a mi lado.

- Bien. Es hora de irme.

- ¿Ya te marchas?

- Llevo dos horas contigo. Por cierto coméntale a tu marido que te dejaré preñada, pronto le daré un hijo.

- Volverás, ven a dormir conmigo hoy ¡Te amo tanto!

- No lo sé, te llamare si vengo. Hay que aprovechar tu estado de ovulación. Pero no te prometo nada.

Me fui de casa de Lupe. Esperaría la hora del masaje. Después de haberme corrido, quizás aguantaría la trampera. Tampoco era momento de escandalizar en el primer día a Pilar. Vino a la conserjería, Fina.

- Hola Pedro, esta noche entro de guardia. Por cierto mi asistente María Jesús, busca trabajo y piso, si te enteras de alguna cosa avísame por favor.

- Dentro de poco quedará uno de vacío en el edificio, los dueños me han pedido que si conocía a alguien de confianza los avisara.

- Vaya, en este mismo edificio.

- Sí.

- No creo que María Jesús lo pueda pagar, de todas formas se lo comentaré ¿Cuánto te han pedido de alquiler?

- Creo que setecientos euros, más los dos meses de señal.

- ¡Joder! Más barato que el mío, yo ya pago novecientos euros.

- El tuyo tiene dos habitación más.

- Oye, este me interesa a mí, me ahorro dos cientos euros, además para mi es suficiente. Cuando este libre avísame por favor, haré un cambio.

- Por supuesto, te avisaré. En cuanto al trabajo ¿Qué sabe hacer? ¿Cualquier cosa sirve?

- Mira ella ha estudiado empresariales, pero no terminó, pero como secretaria sería ideal. Aunque sé que será difícil encontrar algo así, por lo que cualquier cosa en principio, hasta que encuentre algo mejor.

- Lo tendré en cuenta. Por cierto Pilar y su nuera Isabel que es fisioterapéutica, montan consulta en el piso. Pilar hace masajes, se ve.

- Caray, buena noticia, me alegro por ella.

- Sí, así estará entretenida, dice ella.

- Ja, ja, ja… Bueno pues a lo dicho, no se olvide de mí, me voy, como le he dicho antes esta semana me toca urgencias.

- Que tenga buena noche.

- Adiós.

Bueno, María Jesús busaca curro y vivienda, interesante. Me llama Isabel que ya tienen la camilla montada y el aceite preparado, le digo que el tiempo de darme una ducha voy. Me puse un bóxer que era una escandalera, pero ella me dijo ajustado, de todas maneras cogí una toalla aunque tuvieran la usaría.

- Buenos tardes Pilar.

- Hola Pedro, ja, ja, ja, vas a ser mi primer cliente. Isabel me ha metido en un lio que para que… Ja, ja, ja…

- Hola Pedro, entra, mira como nos ha quedado el consultorio.- Dijo Isabel.

Me enseñaron, la consulta y la habitación donde Pilar haría los masajes y las recuperaciones. Estaban felices ambas e ilusionadas con el proyecto. Me preguntaron, si sentía algún dolor en especial, espalda; piernas, tórax, cervicales… les dije que más que dolencias tenía un poco de dolor en el tórax y las piernas.

- A ver, desnúdate, te hare una revisión general.

- Las piernas fallan, cada día más, y a veces me entra un dolor, como si tuviera una costilla rota, no sé, a mi edad ya uno va de desguace, ja, ja, ja…

- Venga desnúdate y túmbate en la camilla.

Cuando me quedé solo con el bóxer, las dos se quedaron calladas. Pilar había preparado la camilla con una toalla, obraba como asistente. Me tumbe en la camilla. Los ojos de ambas, con disimulo, iban dirigidas a mi polla, hasta que Pilar me puso una toalla encima del paquete. Que me tapaba mi gran pene.

- Caray Pedro, veo que está usted muy cachas, se conserva muy bien por la edad que tiene.- Dijo Isabel.

- Bueno, trajinando peso, es lo que hay…

- A ver gírate y ponte de espaldas.

- Así le va bien.

- Sí

Me hizo un buen reconocimiento, y le dijo a Pilar, los puntos donde debía aplicarme los aceites y el masaje, y cómo hacerlo.

- De todas formas serás nuestro conejillo de Indias, ja, ja, ja…

- Tranquila Pilar, seguro que eres la numero uno.

- Ya estaré pendiente de ver si te lo hace bien.- Dijo Isabel.

Me tumbaron en la camilla, y puso música de relax, se apagaron las luces quedando una violeta encendida. Me iban contando cosas, Isabel no callaba, y encima me decía que era para relajarme y la música también. Le dio dos botes de aceites a Pilar y le explicaba cómo me debía ponerlos. Empezó el masaje por la espalda.

- Pues si estás fibroso Pedro por la edad, como siempre llevas una bata de trabajo puesta no se ve ¿Verdad Isabel?

- Muchos hombres y más jóvenes que tú, ya les gustaría tener tu cuerpo. Así, ves desde las cervicales, vas bajando hasta la cola, luego vuelves a subir, por delante igual, de debajo de los pechos hasta la parte baja del ombligo.

Isabel no callaba, un olor impregnó el ambiente, era agradable, la verdad es que me sentía bien; el masaje en la espalda me sentó de maravillas. Fue al girarme cuando vi las ubres de Pilar. Intente no concentrarme en ellas, el miedo a la erección era casi inevitable. Cuando me empezó a deslizar sus manos, de debajo de las tetas hasta la parte baja del ombligo, desperté. Se formó una tienda de campaña bajo la toalla. Mis veinticinco centímetros de rabo se hacían notar.

Pilar seguro que tenía el coño lleno de humedades. Pero la que me sorprendió fue Isabel, el masaje ya era a cuatro manos. Mientras Pilar se dedicaba a mi tórax, Isabel le puso empreño a mis piernas. Yo haciéndome el cortado les mostré mis disculpas por la erección.

- Disculpa Pilar por mi erección. Es que no estoy acostumbrado a que unas manos femeninas toquen mi cuerpo, y comprenderá que uno no es de piedra.

Ambas se pusieron a reír.

- Tranquilo Pedro, lo comprendo. Esto es buena señal, eso quiere decir que estas muy sano.

- ¡Madre mía si está sano! Eres todo un chavalote, ja, ja, ja…- Dijo Isabel

- Pedro, hay que ver pero el calibre que te gastas. Ni un actor porno, ja, ja, ja…

- No crean que no es una ventaja, una vez tuve una novia que me dejó por tener el pene así. Ya nunca más he querido compartir mi vida con nadie. Ya veis soltero y sin alicientes.

- Pues eso es una bendición de dios. Además con el cuerpo que tienes eres un bombón apetecible para muchas mujeres.- Dijo Isabel.

- Sí vosotras lo decís, será, pero yo ya me he hecho mi vida, sin complicaciones y así soy feliz. Ya paso de enamoramientos y lo demás.

Pilar se recreaba tocándome, sus melones parecía que querían salir a tomar el fresco. Cuando me masajeaba los brazos, sin querer o queriendo, me rozaba con las ubres y hasta con la mano me metía roces con las tetas. Isabel empeñada en mis piernas más que un masaje eran caricias lo que me daba. Isabel me quitó la toalla y dentro del bóxer mi pito estaba suspirando, queriéndose salir.

- ¡Dios mío! Mejor denúdate, igualmente por lo que sirve el bóxer y la toalla, y gírate de espaldas.

- Desnudo.

- Sí, y ya vamos acabando. Aplícale el aceite de Turquía Pilar, un poco en la espalda y cervicales, y yo iré poniéndolo en las piernas.

El aceite olía bien, pringoso, pero esto hacia que sus manos recorrieran suavemente mi cuerpo. Noté como Isabel cada vez estaba más cerca de mis huevos, incluso me daba con el aceite por ahí. Sin dejar de lado mi culo, que también era masajeado. Cuando me di la vuelta mi pito apuntaba directamente al cielo. Pilar me masajeaba el tórax y sus pechos los tenía en la cara cada vez que se deslizaba. Mi trempera era atroz. Isabel me agarró la polla, para darme aceite ahí, y era como una paja. Pilar se apuntó también a darle a mi rabo. Cortadas suegra y nuera, algo nerviosas, se miraron con complicidad, apresuraron en terminar el masaje.

- Ves, ya está. Vístete Pedro.- Dijo Isabel.

Me expuse bien antes ellas, mostrando mi rabo y hacerlo rozar con Pilar a la vez que me vestía. Seguro que a las dos les tenía el coño empapado. Después fuimos al salón, ahí estaba Paco. Abrieron una botella de cava y dieron por inaugurado la consulta de fisioterapia.

- Que Pedro ¿Cómo te han tratado estas? Ja, ja, ja…

- Muy bien, espero que funciona bien la consulta. Por cierto no te quejarás, teniendo una mujer con las manos que tiene Pilar, ha sido genial.

- Venga a brindar.- Dijo Isabel

Los ojos y la mirada de ambas, eran diferentes. Después de hablar con Paco, me despedí de ellas y baje para escuchar en los monitores su conversación. Cuando se quedaron las dos a solas, empezaron a comentar de mí.

- Vaya con Pedro ¿Quién lo tenía que decir?

- Te refieres a su rabo o a su cuerpo, ja, ja, ja…

- Pues que quieres que te diga, ambas cosas me han sorprendido de él, como siempre lo veo con la bata de trabajo.

- Ja, ja, ja… Pilar, no vayas a poner celoso a Paco, ja, ja, ja…

- Ja, ja, ja, pues lo mismo te digo con tu Paco, ja, ja, ja…

- La culpa ha sido mía, le dije que se pusiera un bóxer ajustado, al hombre casi le da un desmayo por la vergüenza. Ja, ja, ja…

- El pobre, cuando le hemos puesto crema en su rabo, creía, que ya se correería, ja, ja, ja…

- Virgen santa, mira que nosotras ya nos vale, nos hemos bien recreado en él.

- Es que era como un imán, mis manos se han ido a esta parte, y por lo que veo a ti también, ja, ja, ja…

- Parecía que le hacíamos un masaje a cuatro manos, ja, ja, ja…

- Como profesional en fisioterapia nunca había visto una polla como esta.

- Pues ni yo tampoco, ja, ja, ja…

La cosa pintaba bien, la que me sorprendió fue Isabel, parecía que le gustaba más mi rabo de lo que yo creía. Isabel se despidió de sus suegros. Salí a la conserjería, quería ver su cara.

- Hola Pedro ¿Qué tal el masaje?

- Pues muy bien, pero me he cortado un poco, la erección ha sido la culpable, no quiero que Pilar se lo haya cogido mal.

- ¡Qué va! Ni ella ni yo, además te dije yo que te pusieras un bóxer ajustado.

- Creo que hasta demasiado, ja, ja, ja…

- Mira, de todos los penes que he visto, tú te llevas la palma, ja, ja, ja…

- No será tanto, de joven si veía que estaba muy desarrollado, cuando íbamos al río etc… siempre me ha dado corte. Imagínese que nunca he estado con una mujer, tuve una novia, pero justo antes de hace el amor, se asustó y me dejó. La verdad es que lo llevo con mucha vergüenza.

- No me digas esto Pedro ¿Avergonzarte por tu pene? Qué más quisiera más de uno tener la mitad de lo que tú tienes. A las mujeres esto de que la medida no importa, lo dejamos para los que la tienen pequeña, ja, ja, ja… lo tuyo es una gloria. Además es muy bonita.

- Ya, pero ¿Qué se yo? No he visto muchas la verdad.

- Qué sí, lo que yo te diga. Debes buscarte una novia, verás lo feliz que la haces.

- Yo ya no pienso en una novia, esto ya me ha pasado.

- Pedro ¡Joder! No dramatices, que si te digo yo que tienes buen pene, es que tienes buen pene.

- No sé, se me hace muy cuesta arriba, además hay que hacer el amor y yo no sirvo para eso, nunca lo he hecho, me da un poco de corte.

- Puedes empezar con besos, y luego ya va surgiendo todo.

- Mire un secreto, ahora hablando con usted, la tengo como un mástil, pero después me corto y ya está.

- Bueno se me hace embarazoso esto, pero usted es muy buena gente y seguro encuentra a alguien que le ame.

- No sé, deberé practicar ja, ja, ja…

- Ay, ay… Mira tienes visita, bueno me voy, mañana te dejaré publicidad de nuestra consulta. Hasta mañana Pedro.

- Adiós Isabel.

Era Cipriano, llevaba los documentos para la señal con el pecio acordado. Le entregue los cincuenta mil euros pactados, quedamos para la notaria el uno del próximo mes.

También llego Pepe.

Pepe era uno de mis inquilinos, vivía con su mujer Irma y tenían una hija veinteañera que era una caña. Los llevaba por la cruz de la esperanza. No eran problemas de drogas ni mucho menos, era simplemente hippy. “Paz y amor” siempre decía. Se pasaba muchas temporadas fuera, y cuando regresaba siempre llenaba de chispa al matrimonio. Que aunque no estuvieran muy de acuerdo, era su hija y se lo permitían todo. Pepe decía.- Algún día cambiará. Se llamaba Luna.

Irma Tenía cuarenta y cinco años, Pepe era mayor, de mi edad. Lo que le pasaba a Pepe es que era gordo, tenía una gordura casi mórbida. Era un hombre alto, metro noventa por ahí, esto le convertía en un peso pesado. Irma era un bomboncito. Rubia, dos tetas bien puestas, sin ser grandes, tampoco eran pequeñas, metro setenta y tenía un cuerpo diez. Tenía varios amantes, yo le he conocido a tres, siempre más jóvenes que ella. Aprovechaba cuando el marido estaba viajando con el camión y las desapariciones de su hija. ¡No me la había jalado veces a su salud!

Llevaban ya diez años viviendo en mi piso, era el más pequeño de todos. Dos habitaciones, un salón y un dormitorio con dos baños, era como un apartamento. Decía que no necesitaban más. Eran una familia simple, él trabajaba como camionero y ella por las mañanas en una oficina. No tenían apenas gastos, eso sí eran de buen comer y buen beber y buen joder, aunque esté había ido ya a la baja para él. Para lo demás ya estaba la chiquilla de la casa, la hippy. Eran un matrimonio aparentemente feliz.

- Bunas tardes Pedro.

- Hola Pepe.

- Alguna novedad, algún paquete.

- No hay nada.

- Una cosa; estoy buscando una vivienda más grande. Si te enteras de alguna me dices.

- ¿Cuánto de grande tiene que ser?

- Mínimo una habitación más y el salón más grande. Ahora la niña se ha echado novio y van a vivir con nosotros. Quieren montar un aula de meditación.

- ¿Y eso que es?

- ¡Bah! Son cosas de hippy, meditan, no sé muy bien de que ni lo que es, ja, ja, ja…

- Pues dentro de un mes hay un piso en el mismo edificio; cuatro habitaciones, un salón grande y tres baños, también tiene una terraza enorme.

- Pues este me interesa ¿Cuánto piden por mes?

- Creo que mil trescientos euros, más lo de la señal.

- Pues me interesa, así la chiquilla se queda en casa. Pues avísame cuando este libre por favor.

- Hace días ahora que no veo a tu hija.

- Después seguro aparece, hoy está aquí, dice que ahora ya no se mueve más eso espero.

- Dalo por hecho, ya te aviso cuando este libre.

- Perfecto Pedro.

Por la noche no sabía si subir a ver a Lupe, más tarde pensé, cuando ellos estuvieran acostados, por lo que me puse a cotillear las cámaras. Estuve viendo la masturbación de Pilar, hacía días no se masturbaba, Paco ya no le daba el sexo que necesitaba. Lo hacía en la consulta, mientras su marido en el salón viendo la tele; esperando la cena. Con los dedos le bastaba, no usaba vibradores ni nada parecido y se corría bien.

María Jesús. Andaba hablando por teléfono, debía de ser una amiga suya, en aquel momento dijo.- Espera que me quedo sin batería en el móvil. Rápido fui a bajar los plomos de la luz. Yo iba con el mismo bóxer que había llevado para los masajes. El teléfono de la conserjería al no al no haber luz, no funcionaba. Y ya, fuera de las horas del trabajo, me hice los oídos sordos, mi intención era que bajara. No tardo nada en llamar a la puerta.

- Hola Pedro, creo que volvemos a tener el problema de la luz. Imagínate quería cargar el móvil y no he podido.

- A ver…

Cuando me vio en cueros, solo con el bóxer, se quedó un poco pasmada. Íbamos camino a la sala de control electico y de refilón vi que no dejaba de mirarme mi paquete.

- Ya estaba a punto de irme a cenar, discúlpame que salga así.

- No hay problema Pedro, son las nueve, imagino que su trabajo ha terminado ya.

- Sí así es, pero siempre que haya que echar un cable a alguien, para eso estamos.

- Es usted muy amable Pedro.

- A ver, usted ahora se tendría que subir a su apartamento y conectar el cargador del móvil, no sea que nos viniera el cortocircuito de ahí.

- Vale voy enseguida.

Le día a los plomos, todo funcionaba. Bajó y me comentó que ya había vuelto la luz. A los cinco minutos, los baje de nuevo. Volvió a llamarme a la puerta.

- Se ha ido la luz otra vez.

- Vamos al apartamento a ver si hay alguna cosa que los haga bajar.

Me puse una camiseta y subí con ella. En el ascensor; durante el trayecto, de refilón, no cesaba de mirar mi paquete

- A ver, veo que está conectada en este enchufe, quizás es este el problema, lo llevare más arriba en este otro.

Me subí en una silla e intente conectarlo de ahí. La silla me dejaba el paquete casi a la altura de su cuerpo, yo haciendo ver que encontraba soluciones, donde no las había, pero mi objetivo era mostrarle mi paquete, bien de cerca. Ahí estuve un rato, hasta que me baje.

- María Jesús, déjelo ahí enchufado. Voy a la conserjería y le daré de nuevo a los plomos. El teléfono ya funcionara, puedes llamarme.

- De acuerdo Pedro.

Subí los plomos, espere a su llamada, todo funcionaba. Mi objetivo de mostrarme ya estaba cumplido. Cené y me fui a ver a Lupe. Me abrió ella. Lo primero en que me fije es que no llevaba sujetador. Iba con un salto de cama; erótico.

- ¡Oh Pedro! Qué bien que hayas venido, pasa.

- Buenas Lupe. Esta tu marido en casa.

- Sí, ahora comentábamos que me querías preñar, ja, ja, ja...

- Hola Fernando ¿Te ha contado la novedad Lupe?

- Sí, pero si tú crees que me vas a hacer padre y mantenerlo estás apañado.

Sin mediar palabra me desnudé, y me senté a Lupe en mi regazo. Empecé a besarla, ella me correspondía. Ignorando a Fernando, empezamos a jugar entre caricias, pellizcos, nos mordiamos.

- Tú te quieres divorciar Lupe.

- Sí Pedro.

- Bien, Fernando, tienes dos días para abandonar la casa, podrás ir a casa de tus padres. Lupe explícales el motivo a tus suegros de tu separación, y a vuestras amistades; también. Coméntales también que aparte de maricón, no puede tener hijos.

- Oye en esto no te metas, hasta ahí podíamos llegar.- Dijo Fernando

- Lupe, dentro de dos días, vas a solicitar el divorcio, con las pruebas que tienes de su homosexualidad y como te engañó con lo de la fertilidad, es suficiente.

- Oye, no te pases un pelo, empiezo estar ya harto…

- Sí Pedro, lo haré.

- Deles también que te quería chulear, que mientras él se gastaba la pasta en chaperos, quería que tú te prostituyeras, que lo mantuvieras, vaya.

- Sí Pedro, lo haré.

- Oye Lupe, ¿Qué coño te pasa? ¿Eh? Que estás loca, no vas a hacer nada de lo que te haya dicho este viejo, solo faltaría.

- Vamos a la cama Lupe, hay que aprovechar que estas ovulando. Te voy a dar un repaso que vas a ver.

- Oye Lupe, vamos ya a cortar este rollo.- Dijo Fernando.

- ¿Qué dices? ¿Cortar el rollo? Eres ya insignificante para mí, y haré lo que me pide Pedro. Como si no fuera verdad lo que te ha dicho. Asco me das.

- Fernando, tienes dos días para abandonar la casa. Si recapacitas, verás que sales ganando.

Nos fuimos a la cama. Me gustaba Lupe, le ponía pasión en sus besos, sus caricias ¡Como follaba! Hasta las cinco de la madrugada le estuve metiendo rabo. De vez en cuando nos parábamos, iba a por unas cervezas y aún en descansando mi pene se mantenía dentro del chumino. Ya exhaustos, nos quedamos dormidos. La abrace en cuchara, con mi polla en su trasero y le susurraba cosas bonitas. Me desperté, me despedí de ella y me fui a mi conserjería.

Continuará.