Xtories

Tuve sexo con el burro

La fiesta era para ella, pero el regalo sorpresa no era lo que esperaba. Entre el whisky y la soledad de la casa, el hombre que llamaban 'burro' por su torpeza resultó ser la bestia que ella nunca imaginó domar. Esta es la historia de cómo la infidelidad no fue una traición, sino una revelación.

andrea47K vistas8.9· 17 votos

Queridos amigos lectores: Mi nombre es Andrea, es nombre ficticio de verdad, lo demás es real, tengo 32 años de edad actualmente, soy casada, mido 163 centímetros de estatura, 65 kilogramos de peso, contextura mediana, buena pierna con unas buenas nalgas como una buena hormiga culona, unas tetas talla 34 b, mi piel es clara, mi cabello es lacio color miel, lo tengo corto en este momento, mis ojos son café claros, en fin tengo gracias a Dios, un buen cuerpo, unos atributos que muchas envidian y los hombres desean, mi cuerpo me encanta, sé que no pasa desapercibido, ya que cuando voy por la calle recibo muchos piropos unos muy bonitos, otros un tanto pasados y hasta morbosos, recibo también miradas, gestos y otras cosas de parte de los hombres, tampoco tengo hijos debido a que cuando niña me practicaron un aborto en una clínica clandestina, allí me sacaron la matriz, por ese motivo no puedo concebir.

Mi esposo es un buen hombre, 2 años mayor que yo, de 180 estatura, de 72 kilos de peso, trigueño, pelo crespo y negro, delgado, bien aspectado en todos los sentidos, las chicas lo ven y no son indiferentes a sus gustos, llama la atención de ellas en todos lados, profesional, trabajador, juicioso, bueno en la cama, sé que me la ha jugado varias veces, lo he perdonado porque aprendí a pagar con la misma moneda. Aquí sólo quiero desahogarme de estos recuerdos, revivirlos y compartirlos con aquellos que buscan algo de diversión por este medio, dejo constancia de que mis relatos son verídicos y no sacados de la fantasía de alguien.

Estaba por cumplir mis 23 años de edad, dos de feliz matrimonio por esa época, mi esposo me llevó la noche anterior a bailar, los dos solos, regresamos apenas empezaba la madrugada, lo que no sabía era que él a mis espaldas había organizado una fiesta sorpresa, eran aproximadamente las 5:30 de la mañana cuando un estruendo de trompetas, guitarras, guitarrones, un mariachi interpretando las mañanitas y un repertorio seleccionado de canciones mexicanas. Me levanté en bata a recibir la serenata, era un grupo de cinco músicos y un cantante que alternaba con una chica que también ejecutaba un instrumento, algo bonito de verdad.

Iba a colocar una olla para hervir agua y preparar tinto, mi esposo no me lo permitió, en su defecto mandó un muchacho que hasta ese momento creí que hacía parte del mariachi, burro vaya ponga agua para hacer tinto para todos. Sí señor, fue respuesta, al colocar la olla en la estufa dejó derramar un poco de agua, mi esposo lo regaño por ser tan burro, que siempre era así de bruto y cosas así, pero más en burla que otra cosa, yo lo defendí y le dije que lo tratara con cariño, que merecía respeto, mi esposo se disculpó.

Se acabó la tanda de canciones y tomamos tinto con aguardiente, se marcharon de la casa, menos el muchacho que mi esposo llamaba burro, que resultó llamarse Leonardo, de unos 24 años, de baja estatura, acuerpado, sus labios eran muy carnosos, por eso escuché que le decían labio de burro y otras cosas relacionadas con un burro, su cuello era muy corto, se le notaba que era una bestia de fuerza, haciendo alusión a su apodo, vestía unos pantalones de poliéster anchos, zapatos de material y camisa de algodón, daba la apariencia de ser muy fuerte por lo musculoso.

Mi esposo y Leonardo se quedaron arreglando la casa, mientras llegaba el desayuno para sorprenderme ese día, entre tanto me fui a duchar y me vestí con un vestido de lycra de color rojo y rayas blancas, para tomar el desayuno sorpresa, luego ellos se quedaron en sus cosas mientras dije que me iba a terminar de arreglar pues había la invitación a almorzar.

Al mirarme en el espejo ya no me gustó ese vestido, me lo quité, me quedé en solas bragas, coloqué un par de opciones sobre la cama para escoger cuál me iba a poner para salir, estaba en esa elección cuando entraron a mi habitación mi esposo con un hermoso ramo de flores y el burro Leonardo detrás de él con unos paquetes de regalos, y una bandeja con el desayuno por encargo, ¡mi amor! Gritó mi esposo, ¡ay señora qué pena! dijo Leonardo, mi esposo le gritó, dese la vuelta mk (grosería), no la mire, me sorprendieron de verdad, rápidamente cogí una prenda y me cubrí el pecho en ese momento,

Discúlpeme por ser tan burro, siempre me pasan cosas y la gente me regaña por eso, fueron las protestas de Leonardo, quien iba saliendo de la habitación. Ya tranquilos, no pasa nada, no me vayan a dañar mi cumpleaños, hoy es mi día y quiero disfrutar todo el día, aquí no ha pasado nada, me tomé un trago de whisky y dispuse el ramo de flores en mi mesita de noche mientras lo organizaba en mi sala y los paquetes los guardé para abrirlos más tarde y me dispuse a disfrutar mi desayuno.

Ese día en total llegaron cuatro ramos de rosas rojas muy hermosos con tarjetas de presentación anónimas, exaltando mi amistad y el agradecimiento hacia mí, nunca supe quién lo hizo, mi esposo leía esas notas y quedamos inocentes ambos.

Leonardo se quedó en la casa haciendo aseo y organizando, alistando para una fiesta de amigos organizada por mi esposo esa noche, entre tanto, él me invitó a almorzar, fuimos de compras y me di unos cuántos gustos ese día al lado de mi esposo.

En la noche la casa estaba muy bien arreglada, bombas, guirnaldas, flores, cadenetas de feliz cumpleaños, un grupo de unas cincuenta personas llegaron ese día, licor llovió y corrió por la garganta de todos, a eso de la media noche abrí los regalos en presencia de todos, dinero, joyas, ropa interior, bonos de compra, botellas de whisky, dos relojes, perfumes, en fin, estuve muy regalada, algunos de esos regalos solo tenían dedicatoria “para la mujer más hermosa”, “para mi mejor amiga”, “para la reina de las reinas”, “para que nunca cambies”, etc., las mismas dedicatorias que en los ramos de flores.

Al otro día salí con mi esposo para la isla de San Andrés, los dos solos, el burro Leonardo se quedó en la casa cuidando y arreglando todo después de la fiesta, esos cinco días que estaríamos fuera. El acuario, hoyo soplador, Johnny Cay, todo lo recorrimos con mucho agrado, el hotel con todo incluido espectacular, en cuanto a sexo con extraños nada que resaltar, me dediqué a mi esposo todo el tiempo, eso sí, hubo mucho licor, disfrute bailando con negros cimarrones raizales muy apuestos y chicas turistas que desfilaban para mi esposo por doquier.

Al llegar a casa nuevamente, la casa brillaba por la limpieza que había hecho el burro Leonardo, yo venía muy quemada del sol, le dije sin embargo, te mereces un abrazo, gracias por el aseo y por cuidar mi casa, le di un abrazo pero como de medio lado para que no me tocara y me hiciera gritar de la quemada que tenía, mi esposo entró al baño y Leonardo me dijo que estaba apenado por haberme visto desnuda en la habitación, pero que él solo iba ayudando a llevar los regalos, le dije que tranquilo, que no había pasado nada, que se olvidara de ese tema.

Mi esposo recibió una llamada y dijo tener que salir urgente para la empresa, asumí que era alguna chica porque no me explicó nada, además la actitud y la cara son facciones que no mienten y así una no sea bruja se lo capta todo, le dije que por favor me trajera dos potes de crema número 4 medicada para aplicarme, dijo estar de afán pero que me las compraba y que Leonardo me podía hacer ese favor. Así se hizo.

Cuando llegó Leonardo con la crema aproveché para pedirle que me aplicara en mi espalda, nuca y hombros, lugares que me quedaban difícil de llegar para aplicarme, además mi esposo no estaba en ese momento, me quedé en solo brasier y Leo me aplicaba esa crema con suavidad a pesar de sus manos de hierro o de piedra, inmediatamente se sentía el fresco y el alivio por la crema,

En algún momento en que Leonardo me echaba crema, sentí un roce a lo mejor sin intención en una pierna y lo que sentí en esa pierna un bulto, ay señora perdón, por eso me dicen el burro, es que siempre la embarro, perdón nuevamente, siempre la embarro por todos lados; ya fresco no pasó nada. Gracias por el favor Leonardo, le dije, no señora, espere, venga le echo en las piernas para que no se maltrate, dijo Leo muy atento, se arrodilló y me echó en mis muslos y piernas, mientras yo me echaba en mis brazos, en sus pantalones anchos se le notaba ese bulto un tanto exagerado, pero no me imaginaba que fuera tanto.

Primera cosa que hace bien sin ser regañado, felicitaciones, le dije. Es que todos me molestan mucho, soy muy noble y todos dicen que me quieren, pero no me respetan, yo ayudo a muchos en la empresa de su esposo, me contó de su trabajo y cómo se ganaba la vida haciendo mandados, haciendo favores, pagando recibos, haciendo aseo cuando le tocaba.

Bueno y eso de burro, ¿por qué? Pregunté haciéndome la ingenua, no señora no me pregunte eso, me da pena o me regaña después. Prometo no reírme ni regañarlo, pero me dice la verdad o las pierde conmigo, le digo a mi esposo que usted me pidió que lo volviera a dejar ver mi cuerpo desnudo o algo así me le invento y las pierde en la empresa si mi esposo dice algo allá, ¿qué prefiere?

Es que de verdad es vergonzoso decir, ya le dije que es un secreto entre los dos, pues la verdad es que por mis labios de la boca y porque mi miembro es un poco grande, dijo como asustado, como queriendo salir corriendo, tranquilo, le dije, te felicito, yo no he conocido sino el miembro de mi esposo, pero para que lo llamen así debe ser cierto, ¿verdad? sí señora contestó inmediatamente. ¿Me dejarías ver? No señora, cómo se le ocurre, don Jorge me mata, tranquilo, no digo nada, así como no contaré que me echaste crema teniendo solo mi brasier.

Leo se puso pálido, rojo, vaciló y vaciló, hasta que se bajó un poco el pantalón, saltó un enorme miembro semi erecto, de unos 28 - 30 centímetros de largo por 14 de gordo, parecía la verga de un caballo pony, ¡santo Dios! miren esa vaina, parece un caballo, igualitos a los de la finca del tío Julio, déjame tocarlo, le dije. No señora, como se le ocurre, eso si no, jamás, por fin lo logré convencer, oportunidades como esas no se dan todos los días.

Se lo comencé a apretar y masajear, sin mentir cuatro manos mías quedaban cortas para hacer ese trabajo de cubrir todo ese trozo de carne, se fue poniendo más fuerte, levantando cabeza y torciéndose hacia el lado izquierdo mientras se balanceaba de arriba abajo, Leo seguía insistiendo que no y que no, que don Jorge, pero se le notaba que le gustaba, además llevaba varios días encerrado, a no ser que se masturbara, leche era lo que tenía para ofrecer.

Lo cogí de una mano y me lo llevé para sentarme en una silla, sin pensarlo dos veces me lo metí a la boca, no podía dejar pasar esa oportunidad, recordaba que había comido varios negros y creí que esos eran los más grandes y gordos, pero me había equivocado, el burro Leonardo les ganaba a todos y por muchos centímetros a lo largo y a lo ancho, es el único que no me ha cabido todo en mi garganta profunda, ahí estuve luchando con esa mole de carne sin poder tragármela.

Conociendo la nobleza y timidez de Leonardo, le dije: ¿Quieres metérmelo? Si señora, estoy muy ganoso con esa mamada que mi señora me dio, es la mejor de todas y lo digo de verdad, ni las niñas de la vida alegre lo han hecho así, esa respuesta me dolió un poco por los celos o la comparación con prostitutas seguramente.

Me di la vuelta apoyándome en la silla y ofreciendo mis nalgas a Leonardo, él se agachó, quitó mi ropa con cuidado para no lastimar mis quemaduras, se agarró de mis nalgas, las abrió con sus manos y comenzó a lamer mi raja y mi culito, mis nalgas y todo lo que tuvo a su alcance en esa zona, sus manos se deslizaban por mis labios vaginales que ya empezaban a estar empapados en jugos, pronto dos dedos se deslizaban de afuera hacia adentro en un vaivén rítmico dentro de mi canal vaginal,

Se incorporó y comenzó a meterme esa vergota de caballo en mis labios vaginales, de la emoción de recibir eso tan grande me venía a chorros, pronto lo encajó totalmente, comenzó el mete y saca con fuerza, tanto que me hacía gemir y quejarme con cada embestida brutal, mientras sus manos me halaban de mi cintura para tener más impulso, al rato se vino a chorros de semen caliente dentro de mi raja, era tanto que escurría por mis piernas, cuando se desinfló un poco, me di la vuelta y le di otra mamada a manera de despedida y agradecimiento.

Le dije que mientras me duchaba me sirviera un trago de whisky con hielo pues dijo que no necesitaba bañarse, después me echó nuevamente crema en todo mi cuerpo, agradeció por la atención e hicimos la promesa de silencio entre los dos.

Con Leonardo quedó la promesa de volvernos a encontrar nuevamente, eso sí cuando ya estuviera recuperada de la quemada del viaje y mi esposo estuviera de comisión para hacerlo sin precauciones ni miedo a ser encontrados.

Cuando mi esposo llegó a casa, ya estaba oscureciendo, estaba todo normal, aquí no había pasado nada, me dio explicaciones tontas que ni él se creyó, que su jefe quería saber qué le había comprado en San Andrés, no dije mayor cosa, en fin de cuentas yo también había disfrutado y seguramente que mejor y sin salir de casa, ese Leonardo había abonado el terreno para la próxima vez disfrutar como nunca.

Entenderán que mi mente vuela en sentido de planear cosas para mi beneficio, se me ocurrió decir a mi esposo que me parecía más responsable Leonardo que la señora Eugenia para hacer aseo en la casa, que además nosotros no usábamos ropa de planchar para justificar ese servicio, que además había notado la pérdida de dinero y ropa, cosas que él ya sabía de antemano, que desaparecía sin rastro y ella no daba razón alguna, también le dije que ese día me podía ir para donde mis suegros y que Leonardo hiciera el aseo, que el almuerzo se lo dejaba servido y que calentara o se le dejaba dinero para que pagara el domicilio, Leo ya me había contado que hacía aseo en dos casas de familia para completar lo de sus gastos de arriendo y servicios. Mi esposo dijo estar de acuerdo, pero que no era necesario que me fuera de la casa, que Leonardo era de confianza, que era muy respetuoso y tímido, acepté sin protestar, todo se me daba en bandeja de plata.

Leonardo aceptó el trabajo, iría los días sábado cada ocho días; en la primera oportunidad que mi esposo estaba de comisión, llamé a Leonardo y le dije que necesitaba salir temprano, que si podía llegar a las seis de la mañana, aceptó sin protestar, esperé a Leonardo en bata, bien bañada y perfumada, recordaba la primera visita de Riqui el mayordomo del tío Julio, esa misma emoción me embriagaba, la imagen del pene de caballo de Leo y la vega del burro de la finca del tío Julio se cruzaban por mi mente, se parecían mucho y eso me tenía con humedad en mi rajita.

A las seis de la mañana muy puntual llegó Leo, se notaba bien bañado, ropa limpia, una bolsa con su ropa de trabajo; entró a la casa; pidió permiso para entrar al baño a cambiarse de ropa, le dije que esperara, que había algo pendiente, que tomara tinto primero, se quería negar pues no se imaginaba o se hacía el pendejo sobre mis intenciones, vamos a la habitación, le dije, no se hizo de rogar, una propuesta de esas no la iba a dejar escapar seguramente y más sabiendo que yo era su presa, su puta gratis en ese momento.

Allí en la habitación de huéspedes dejé caer mi bata, quedé totalmente desnuda, comencé a desvestir a Leo, alternaba con besos en la boca, cuando estuvo totalmente desnudo me agaché a mamar esa vergota pues se le notaba que estaba recién bañado, tenía que ser capaz de encajarla en mi garganta, era mi reto, ya no tenía disculpas a mi ego, practiqué de todas formas volteando mi cabeza hacia los lados, sacando la lengua, controlando la respiración y relajando mi abdomen, lo logré por un segundo, algo de vómito ácido me llegó hasta mi garganta, mis ojos se llenaron de lágrimas, mi mandíbula estaba dolorida como desencajada, seguí intentando hasta que pude dejarla más tiempo dentro de mi garganta, Leo me dijo después que era la única que lo había logrado meter todo dentro de mi garganta. Reto cumplido, estaba lista para mamárselo a un burro o un caballo si era posible.

Me incorporé para besarnos nuevamente, noté que mi raja estaba llena de jugos, inundada al punto de escurrir por mis piernas, me senté en la cama y me dejé ir de espaldas, Leo se arrodilló, con sus manos abrió mis carnosos labios y comenzó a chupar esos jugos viscosos, su lengua se deslizaba de abajo hacia arriba, chupaba y metía hasta la nariz dentro de mis labios vaginales, cuando se sintió satisfecho, se fue acomodando encima de mí, abrí al máximo mis piernas para recibir esa vergota, me imaginé un caballo encima de una yegua y sendos chorros de líquidos llenaban mi vagina por esa morbosidad.

Leo agarró su verga con una mano para ayudarla a guiar hasta la entrada de mi raja, sin problemas se fue hundiendo hasta que nuestras pelvis chocaban en un golpeteo de huesos, Leo metía y sacaba esa herramienta sin compasión, cosa que me encantaba, me hacía estremecer cuando rosaba con mi clítoris y eso me llenaba de putería hasta el límite, orgasmo tras de orgasmo le entregaba a ese hombre que me llenaba mi canal vaginal hasta el tope, como ningún otro lo había hecho, no había espacio para una doble penetración.

Me puse en cuatro para sentir mejor y de otra forma ese tolete de carne, eso me hacía gemir de dolor y pasión, sus embestidas me hacían doler hasta mi estómago cuando era empujada hasta el fondo, pero aún así, yo no quería que me lo sacara y le gritaba que me diera así, más duro, que no parara, que se aguantara más y más, uno de sus dedos se fue abriendo paso entre los esfínteres de mi culito, no sin antes decirme que si podía tocarme, le contesté que yo era su puta en ese momento, que dispusiera de mí como se le diera la gana, todo eso me llenaba más de putería, mi cintura se meneaba en círculos, chorros de jugos salían sin cesar desde mi interior escurriendo por mis piernas y lubricando el ingreso y salida de esa vergota deliciosa que me estaba partiendo en dos, la naturaleza es sabia, se necesitaba lubricar mucho para permitir la entrada y salida de esa mole de carne.

Me volví a acomodar boca arriba y me dispuse a recibir de nuevo la verga entre mi vagina, allí mis piernas estaban en su cintura, cuando se iba a venir, lo noté por su cara y movimientos más fuertes, dámela en mi estómago, Leo se arrodillo, sacó su vergota de mi cueva vaginal, la frotó con rapidez pajeándola, pronto un estallido de leche salpicaba mi estómago, pecho y hasta en la cara me llegó semen en sendas gotas que parecía quemar mi piel, con mi mano lo froté por mi piel, luego acerqué mi boca y se lo escurrí hasta la última gota, quedó bien flácida, pero aun así, era más gorda que la verga de mi esposo parada, ya se imaginarán ustedes.

Nos besamos con pasión, me fui a bañar muy feliz, me arreglé para pasar el día con mi suegrita, a Leonardo le dejé una llave de la casa, así que la arrojaría por debajo de la puerta, yo la recogería cuando volviera a casa y abriera con mis llaves.

En la siguiente semana, le dejé taladrar mi culito con esa hermosa vergota, fue la experiencia más dolorosa en mucho tiempo, pero lo logré y la pude recibir en su totalidad, aunque duré varios días dolorida y casi sin poder ir al baño, fue la única vez que se lo permití, de verdad llegué a arrepentirme de eso.

Así duramos un par de meses, disfrutando esa vergota sin levantar sospechas, un día Leonardo dijo que se iba a casar, que se iría a vivir a Barrancabermeja con su amada esposa, ahí terminó esa aventura y disfrute de ese burro vergón, del que creo no tiene competencia. Ahí terminó mi romance con Leonardo, el burro como lo llamaban sus amigos.

Aquí termino otra historia de mi azarosa vida, solo pretendo sacar esa basura de mi mente y compartir con ustedes amigos lectores que gozan con este tipo de lecturas, no estoy buscando aventuras ni amigos con derechos, si quieren tener una conversación respetuosa, sin ningún interés de por medio, ya muchos se han equivocado en ese sentido. Tu amiga Andreas del Pilar. Andrea.