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El viejo y la arqueóloga parte 1

Nunca imaginé que un viaje de campo para mi esposa terminaría exponiéndome a algo tan salvaje. Cuando el hombre que parece un neandertal se quita la ropa frente a ella en la piscina, mi deseo por mi esposa se desata de una forma que no había sentido en años.

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EL VIEJO Y LA ARQUEÓLOGA Parte 1

La verdad es que no me hacía ni puta gracia pasarme unas semanas de junio en un pueblecillo cerca de Granada, por el calor y porque allí no había nada.

Bueno, si había algo en Castellones de Cerrillo, ruinas, de una ciudad fortaleza Ibérica del siglo VII antes de cristo y aparentemente unas cuevas del periodo neolítico que todavía estaban sin explorar, este último dato no estaba confirmado, era un rumor que había llegado a oídos de Elena.

Supongo que era el precio de haberme casado con una arqueóloga.

La recompensa estaba a la vista, la miraba a mi lado con su vestido de noche, guapa, guapa de cojones, elegante, refinada.

Y estaba muy buena además.

El pelo negro como ala de cuervo, lacio, cortado en media melena por los hombros y su cara de morena guapa y refinada, bien española, los rasgos perfectos y delineados con un pincel muy fino, los ojos negros, rasgados con delicadas cejas por encima y largas pestañas, el cuello grácil, los pómulos marcados, la boca carnosa en forma de corazón.

Elena tenía 34 años y teníamos dos hijos de seis años y ocho años, niño y niña.

Estábamos en una gala benéfica para el instituto arqueológico de Córdoba.

_Es increíble todo lo que queda por descubrir todavía_ dijo Jorge, un hombre de unos cincuenta años que trabajaba con Elena en la Universidad.

_No veo la hora de estar en el campo_ dijo mi esposa y bebió de su copa de vino, su manos eran morenas, alargadas, finas y delicadas.

_ Bueno, queda mucho terreno virgen todavía allí, aunque yo creo que lo más denso ya ha sido descubierto_

_ Sí, pero mira el dique de Hinojares, parecía que ya estaba todo y luego hace cinco años se hizo ese último hallazgo que ha sido maravilloso_ dijo Elena

_Siempre quedan tesoros por descubrir, solo hay que tener fe_ dijo Jorge

Y yo creo que el cabrón lo decía por mi esposa, pues sus ojos se perdieron y divagaron por el profundo escote donde asomaban las increíbles tetazas de mi mujer.

No eran tetazas para que anduviera portando una arqueóloga, eran exageradas de tamaño para ese cuerpo tan flexible y delgado, con esos pezones oscuros como secretos botones del placer.

Las areolas como rosetas marrón claro, grandes, generosas y la fina piel donde se traslucían venillas azules y algún lunar exquisito.

Elena había bebido tal vez un poco de más, la reconocía en un estado de cierta liviandad de espíritu que no era lo más habitual en ella, siempre muy preocupada por los quehaceres y los deberes, demasiado responsable y previsora por momentos.

Pero cuando bebía unas copas de vino y se relajaba y había en su hermoso rostro algo así como una media sonrisa pícara, sabía yo que estaba en ese estado de gracia tan especial que presagiaba buenos momentos, me daba cuenta por el velo que solía cubrir sus ojos negros, pero de un negro que brillaba como hecho de agua.

Esa noche follamos y la sentía entregada y dispuesta lo cual no solía ocurrir muy seguido.

No es que el sexo no le gustara, pero cuando tienes hijos en edades de ocho y seis años y como ya digo carreras y trabajos que atender es como que el sexo pasa a un segundo plano, al menos así había pasado con nosotros.

Miré a Elena caminar desnuda por el cuarto luego de haber hecho el amor.

Medía 1,76 y era una auténtica escultura humana, imponente, sus piernas musculadas poderosas, su espalda arqueada, la pompa de su culazo emergiendo, forzando la geometría en una línea curvada hacía adentro y luego hacía afuera, un culo en el cual podías apoyar un par de tazas de té sin que se volcasen, el vientre plano y moreno y luego unas tetazas descomunales, sus pechos desnudos eran algo que no te imaginabas cuando la veías vestida, porque no solo eran grandes, plenos, morenos, surcados por algunas venillas azules sino que sin nada de ropa tenían una forma cónica como esas estatuillas de barro de la fertilidad, el pezón erecto siempre apuntaba hacia arriba, como si un hilo delgado e invisible tirara de ellos desde lo alto.

Y el propio peso de esas tetazas parecían empujarlas y remontarse sobe el torso flexible y delgado.

_ ¿En qué piensas?_ dijo ella

_En que tus pechos no pueden ser más perfectos_ dije

_ Te refieres a mis tetas ¿verdad?_ dijo ella con una sonrisa pícara

_Debiéramos deja a los niños más seguido con tu madre_ dije

_Hablando de eso, no sé si hacemos bien en llevar a los niños con nosotros a ese lugar…_

_Bueno, son solo diez días, unas mini vacaciones antes de las vacaciones de Agosto_ dije

_Tal vez tengas que pasar tú más tiempo con ellos, si yo salgo a hacer mis exploraciones de campo_ dijo ella

_No pasa nada ¿Crees que puedes hacer algún hallazgo interesante?_ dije

En realidad me había decepcionado un poco que la conversación ya tomase el rumbo de lo profesional y lo doméstico.

_Hay muchas cuevas sin explorar allí, es lo que han dicho Sergio e Inés, que han estado por allí hace unos meses_

Sergio e Inés trabajaban en la universidad con Elena.

_ ¿Qué esperas encontrar? ¿Al hombre de Neandertal?_

_No, a ese lo tengo yo en casa_ dijo ella, sentándose en la cama, acaricié sus pechos, para comprobar si eran reales, la suave piel reaccionó, tiritando.

_ De verdad te lo pregunto_ dije

_ Sería la hostia encontrar algo del magdaleniense, que hay poco en España_

_ ¿Qué coño es eso?_

_No sé para qué preguntas, bobo_

_Bueno, lo que te interesa, me interesa también…._ dije

_La magdaleniense es una de las últimas culturas del paleolítico superior en Europa, su nombre viene de los hallazgos en una cueva en Francia, La Madeleine_

_Ya lo decía yo_ dije y seguí acariciando un pezón que parecía apuntar hacía el techo

_Se caracteriza por la industria lítica y ósea _ dijo Elena, sus enormes pechos estaban reaccionando a mis caricias, era evidente.

_Eran industriales ya, mira que bien…-

_Herramientas en hueso y piedra, como arpones, fueron los primeros en embarcarse a qué no sabías eso_ dijo ella

_ ¿Un arpón como este?_ dije mirando hacía mi polla que ya estaba erecta

Ella cogió mi polla con su manita morena y estilizada.

_Para hallar un arpón como este no necesito ir a Granada_ dijo

_Puedes inspeccionarlo a gusto_ dije

_Le haré el estudio del carbono 14 ¿estás de acuerdo? _ dijo ella y luego inclinó su cabeza, su pelo negro del color azabache, rozó mi vientre.

Hace mucho calor en el sur, aún en el mes de Junio, la casa rural donde nos hospedaríamos tenía aire acondicionado y Elena había averiguado que había una piscina municipal en el pueblo.

Los niños se la habían pasado bien durante el viaje en coche, aunque por momentos se fastidiaban un poco como es natural, Aitana era la mayor y tenía ocho y Lucas tenía seis años y era un niño muy tranquilo.

_Busquemos sitio donde almorzar luego de dejar las maletas_ dijo Elena

La casa rural, el hotel, era acogedora y estaba muy cerca del pueblo que tenía unos 1500 habitantes.

_Hay un restaurant muy bueno justo a la entrada del pueblo_ dijo el conserje del hotel.

Elena llevaba un short de tiro alto de lino y unas sandalias sin tacón, sus piernas lucían poderosas y noté como el conserje la devoraba con los ojos, estaba acostumbrado a que la miraran pero noté un cierto deslumbramiento pueblerino que me resultó novedoso, Elena era muy alta y espectacular, su camiseta sin mangas dejaba sus redondeados hombros al desnudo y sus pechos se notaban mucho, llenando esas fina camiseta de algodón.

Su melena oscura le llegaba hasta los hombros.

_Ya os dije que no estéis peleando todo el día_ decía ella a los niños que se colgaban de sus brazos, ajena por completa a las miradas del conserje

_Pero ella ha tenido la Tablet todo la mañana, mamá_ decía Lucas

_Bueno, basta, ahora vamos a almorzar y luego a dormir un poco, ya está_ dijo ella

En el restaurant volvía notar que Elena llamaba mucho la atención, no era un pueblo realmente acostumbrado al turismo, eran esos lugares que habían estado bastante aislados durante demasiado tiempo. Todavía no estábamos en temporada y la mayoría era gente del lugar y mi esposa, por su altura y por su cuerpazo era seguida por todas las miradas de los hombres e incluso de las mujeres del lugar.

Lo noté cuando llegamos y buscábamos lugar donde sentarnos y cuando ella fue con los niños al baño.

_ ¿Estáis de paso?_ me dijo el camarero con la mirada perdida en las piernas de Elena quien iba con los niños de la mano.

_Estamos alojado en Las ventanas _ dije

_Ah, bonito lugar…_ dijo

Elena comió pescado, yo probé el choto al ajillo y sopa de ave con migas para los niños, pero no les gustó y acabaron con unas hamburguesas y nuggets de pollo como premio a que se habían portado bien durante el viaje.

_Son unos niños muy buenos, me siento culpable de haberlos traído, se van a aburrir aquí_ me dijo Elena cuando los hubo dormido para una siesta

_Luego iremos a la piscina esa, no te preocupes, yo me ocuparé de ellos cuando salgas a explorar_

_Igual mañana podemos llevarlas de excursión a ver si doy con la cuevas esas que me dijeron Sergio e Inés_ dijo ella.

_Lo siento, pero no, el cupo está lleno, solo gente de aquí_ dijo el viejo.

Tenía el pelo largo y entrecano, le cubría una calva rojiza y una barba mal rasurada y unos ojos vidriosos y legañosos.

_ Pero que regla absurda es esa_ dije

_Es que la piscina es pa’ la gente del pueblo, así es como se hizo, hombre, son las reglas_ dijo

_Pero joder, si es que se ve que hay sitio_

En la piscina había mucha gente pero perfectamente había sitio para cuatro personas más.

_Si queréis presentar una queja en el ayuntamiento, podéis hacerlo_ dijo el viejo.

También miraba a Elena con descaro, la recorría con la vista de arriba abajo.

_Déjale cariño, volvamos al hotel_ dijo Elena

_Podéis ir hasta la cascada, está bastante retirado, pero el sitio es público_ dijo el viejo

_ ¿Cómo se llega?_ pregunté

Cogimos el coche, estaba haciendo mucho calor, comencé a pensar que tal vez no había sido buena idea venir a este pueblo que no parecía hospitalario.

_Déjalo, Nacho, volvamos al hotel y ya….._ dijo Elena

_No está tan lejos, tal vez estén cerca las cuevas esas que quieres ver…._ dije

Me había propuesto encontrar esa cascada, ya me la imaginaba como un lugar paradisiaco.

_ ¿Cascada? Bueno yo no diría que es una cascada……es un poco de agua que cae de la piedra….._dijo un hombre que transportaba unos fardos en una carretilla al costado de la carretera polvorienta

_Seguid todo recto hasta las piedras blancas aquellas y luego tendréis que dejar el coche y seguir a pie por un sendero_ dijo el hombre

Así lo hicimos, los niños estaban de buen ánimo y cantaban una cancioncilla.

Nos sentíamos una familia de exploradores y a poco de avanzar por el sendero ya escuchábamos un rumor de agua, nos internamos por un bosque de encinas y más allá parecía venir el sonido del agua correr.

Elena iba al frente y los niños detrás de ella.

Llegamos a una especie de claro en ese bosquecillo y luego el terreno descendía y escuchamos con claridad el agua caer sobre las piedras.

Elena entonces se detuvo.

_Esperad, no sigáis, quedaos con papá…_ dijo a los niños y los giró hacia mí.

Estos protestaron un poco.

_ ¿Por qué?_ dijo Lucas

_ ¿Qué hay allí mamá?_ dijo la niña

Elena me sonrió.

_Esta sí que es buena_ dijo ella y me miró y luego volvió a mirar hacia abajo.

_ ¿Pero qué pasa, cariño?_ dije

_Echa un ojo y luego me cuentas…._ dijo ella

Pasé por delante, ella se alejó hacía dentro del bosque con los niños cogidos de la mano.

Miré hacia abajo, en realidad la cascada era un hilo de agua que caía desde unas piedras hasta un riacho o charca cuya agua tendría unos veinte centímetros de profundidad.

Y entonces lo vi y comprendí.

Sentado sobre unas piedras, de cara al sol y con los pies en el agua había un hombre.

Completamente desnudo.

Me le quedé mirando.

Era un viejo, moreno y peludo, las cejas muy tupidas, panzón, los brazos parecían más largos que el torso y las piernas más cortas, pesadas, fornidas.

Algo me chocaba profundamente en su fisonomía, no era el hecho de ir desnudo, sino otra cosa.

Algo que no podía definir, se hurgó la nariz con un dedo en un gesto un poco animalesco y luego, con la misma mano, se rozó la polla.

Su rostro tenía algo que no parecía completamente humano.

Neandertal, era una especie de hombre prehistórico.

Su nariz era corta y ancha, los huesos marcados en el rostro le daban un aspecto casi simiesco, el hecho de tener mucho vello en el cuerpo, se abrió de piernas y se rascó los testículos.

Tenía una polla enorme, le colgaba entre las piernas y a pesar de estar en completo reposo se notaba el tamaño bestial que tenía.

_Nacho, vamos, hace demasiado calor para los niños_ dijo mi esposa

Me giré, ella sonreía, el suave moreno de su piel, su aspecto estilizado, contrastaron en mi mente con la imagen que acababa de ver.

_ ¿Qué coño es eso que está ahí abajo?_ dije

_Un buen hombre refrescándose un poco, anda volvamos al hotel_ dijo ella

En la posada pudimos cenar muy tranquilos y los niños se enfrascaron en sus aparatos electrónicos.

Si bien con Elena no queríamos que estuviesen todo el día con ellos, no era el mejor lugar para limitarles ese entretenimiento.

También a nosotros nuestros padres nos habían enchufado esas películas infantiles en DVD para que nos quedáramos contentos sin hacer lío.

Teníamos una especie de suite, los niños tenían su propio cuarto, separado por un estar.

_ ¿Que fue eso que vimos hoy por la tarde?_ dije

_ Ya te digo, menos mal que pude verle antes que los niños_ dijo ella

_Creo que he quedado traumado, es algo que no podré olvidar fácilmente_ dije

Ella se rio, con esa sonrisa pícara que yo conocía tan bien.

_ ¿Has visto lo que yo he visto?_ dije

Ella asintió con la cabeza.

_Joder la polla que se cargaba ¿no?_

_Si, habla bajo, si, era bestial…._ dijo ella en un susurro

_ ¿Bestial? No, lo siguiente y el aspecto que tenía, es que era prehistórico ¿No?_

_No digas eso, coño, era una persona…-

_Si una persona, pero es que era un neandertal de esos que quieres encontrar tú…._

Elena se rio, estaba tentada.

_Basta, Nacho, no sigas_

_Luego ha venido el homo sapiens ¿verdad? Pero es que este es el eslabón perdido ese_ dije

_ Es que estaba desnudo, entre esas piedras y era muy…..peludo, era eso…_

_Y esas cejas y la forma del cráneo y esa polla, ya le vale_

_Basta, no sigas, a ver si te escuchan los niños_ dijo ella

_Que putada lo de la piscina ¿no?_ dije

_Si en unos días no vemos nada interesante, nos marchamos_ dijo ella.

Por la mañana, desayunamos, se dormía estupendamente en ese sitio, hacía calor, pero todavía era soportable, estábamos al final de la primavera.

_ El sitio ese que debemos recorrer no está lejos de la cascada del neandertal_ dije mirando el mapa.

_Ya le has bautizado así, puedes marcarlo en el mapa_ dijo ella, divertida.

El paisaje era muy bonito, lleno de olivos y bosques de encinas y robles.

Elena llevaba esos shorts de color caqui y unos borceguíes acordonados, la camisa también caqui de manga corta le daba un aspecto de arqueóloga de película.

Pensé por un momento si Sergio e Inés no habían imaginado esas cuevas, le había preguntado al conserje y este no conocía ninguna cueva, le había dado un buen repaso a las piernas de Elena como siempre.

Caminamos por unos senderos pedregosos y luego subimos por entre las sierras, los niños se adaptaban bien a nuestro paso y demostraban un moderado entusiasmo.

_Mañana cuando venga sola, podré recorrerlo mejor_ dijo Elena.

No me hacía mucha gracia que ella viniera sola por estos parajes desolados,

Mi esposa estaba tirando fotos del sitio, con los niños pegados a sus talones y fue así que yo le vi primero esta vez.

Era el mismo tío de la tarde anterior, esas cejas tupidas esa nariz tan ancha eran inconfundibles, pero estaba vestido esta vez.

_Hola…._dije, él se acercó pestañeando, llevaba una gorra descolorida y unas sandalias hechas de caña por las que asomaban sus dedos gordos y toscos, una camiseta mugrienta con agujeros, color verde militar, que soportaba la tirantez de su panza y en la mano derecha un bastón nudoso que usaba como un báculo.

_Hola, familia…. ¿paseando un poquillo?_ dijo, su voz era gutural y grave, cavernosa.

_Hola_ dijo Elena

El viejo, se le quedó mirando, pestañeó un poco como si acabara de ver una visión, la aparición de la virgen en medio del bosque.

_Hola guapa…..Eusebio es mi nombre, pa’ servir a vosotros…._ dijo, por supuesto las consonantes después de cada palabra eran inexistentes, “pa servi a vosotro” había dicho.

Nos presentamos y nos dimos la mano con cierto embarazo, no podía dejar de pensar en que ya le habíamos visto desnudo sentado al sol en unas piedras.

_ ¿Y qué andáis buscando por aquí?_ dijo, quitándose la gorra y rascándose la cabeza, el pelo ya le raleaba un poco.

_En realidad solo paseábamos_ dije

_Buscábamos unas cuevas que hay por aquí…._ dijo Elena

Lo niños miraban a este viejo con temor y asombro, nunca habían visto algo parecido.

_ ¿Cuevas? Hay mucha por aquí_ dijo el viejo

_Unos amigo míos estuvieron aquí el verano pasado, ellos son arqueólogos, yo también lo soy…_ dijo Elena.

El viejo la miro, levantó la vista para hacerlo, pues no mediría más de 1,65.

El hombre de neandertal no era muy alto, en eso también coincidía con la descripción histórica.

_ ¿Los que excaváis la tierra y os lleváis los utensilios de los muertos?_ dijo, tenía una manera de pestañear cuando miraba que me recordaba a un perro San Bernardo.

_Bueno ha hecho usted una buena definición de un arqueólogo_ dijo ella

_Puedes llamarme Don Eusebio, criatura_

_Tengo hambre_ dijo Lucas

_No sabía yo que las mujeres guapas se dedicaban a eso de la arqueología, pero las mujeres ahora hacen de todo, está muy bien_ dijo el viejo y se sonrió de su propia broma.

_ Yo creo que debemos volver ya_ dije

_ ¿Y tú eres arqueólogos de esos también?_ me dijo el viejo

_No, yo soy abogado….._

_Tú eres de los que se quedan con las cosas de los vivos_ dijo el viejo y comenzó a caminar a nuestro lado.

Nos miramos con Elena y sonreímos por la ocurrencia del viejo.

Parecía muy fuerte y recordé que los neandertal tenían una masa muscular más desarrollada que los homo sapiens.

_Yo puedo llevarte a esas cuevas, Elena, cuando tú quieras, pero no son una ni dos, las sierras están repletas de cuevas_ dijo el viejo mirando de reojo a mi esposa

_Eso sería estupendo_ dijo ella

_ Yo puedo quedarme con los niños en la posada_ dije

_Puedes ir con ellos a la piscina municipal_ dijo don Eusebio

_No podemos, el encargado de allí ha dicho que solo es para gente del pueblo_ dije

_ ¿Qué encargado? ¿El tuerto? ¿Qué chorradas son esas?_

_Pues nos lo ha dejado muy claro_ dije

_Pues ese se va a enterar, id esta tarde de mi parte y ya veréis como os deja pasar_ dijo el viejo

Nos dimos la mano al llegar el coche, pero a Elena le dio dos besos en las mejillas, esta se inclinó para que pudiera besarle, y luego acarició la cabeza de Lucas de manera tosca y le dio un pellizco a Aitana en la mejilla con esos dedos gruesos que tenía.

_Id esta tarde a la piscina, yo me paso por allí luego_ dijo el viejo

Subimos al coche y nos fuimos, vimos su figura retacona de pie entre la polvareda

_Menudo personaje ¿No?_

_Bueno ya tengo un guía que conoce el lugar…._ dijo ella

_Mientras te enseñe las cuevas esas y vaya vestido…._ dijo

_Nacho, que están los niños_ dijo ella

_ ¿Qué piensas de lo de la piscina?_

_Bueno en los pueblos las gente se conoce de siempre, tal vean sean amigos con el encargado ese…._

Almorzamos unos bocadillos en el hotel y luego fuimos a la piscina, hacía más calor que el primer día, casi sofocante.

Llegamos hasta el sitio, estaba el mismo viejo que nos había negado la entrada.

_Perdone, pero venimos de parte de don Eusebio_ dije al encargado, le miré bien y vi que tenía un ojo desviado, estrábico y casi cerrado, por eso el viejo le había llamado el tuerto.

_Ah, sí, vosotros, ya me habló hoy de vosotros el burraco_ dijo el viejo, el tuerto

¿El burraco?

_A las ocho y media cerramos_ dijo el viejo y quitó la cadenilla, dándonos paso.

_ ¿Tú estás pensando lo mismo que yo?_ dije a Elena por lo bajo, mientras caminábamos hasta la piscina

_ ¿Por lo del burraco?_ dijo ella sin mirarme, con Aitana de la mano

_Si, parece que el apodo no le va mal a don neandertal…_ dije

_No le llames así…._ dijo ella, cogimos sitio, había una tumbona disponible.

Elena se quitó el short y la camiseta y vi que unos tíos de la tumbona vecina giraron las cabezas.

Me arrepentí en el acto de estar allí, de que Elena tuviera ese cuerpazo y de que el bikini negro que llevara fuera tan diminuto, tan brasileño y que en la parte de atrás solo fuera una tira de tela clavada en medio de las nalgas morenas y carnosas.

_ ¿Qué?_ dijo ella, que para algunas cosas era muy inocente

_Nada_ dije

_ ¿Podemos ir al agua?_ dijo Lucas

Aitana esperaba a su madre, tranquilamente sin decir palabra.

Luego ella caminó hasta el borde de la piscina con los niños de la mano y los metió en el agua primero a uno y luego al otro, como la gallina con los pollitos y yo miraba todo desde una cierta distancia y era consciente de que todo el mundo estaba mirándola, no podían dejar de mirarla, era demasiado escultural, demasiado alta e imponente y estaba demasiado buena.

Ella parecía no notar nada en absoluto.

Y luego se dejó caer en el agua y metió la cabeza debajo y el niño echó sus brazos alrededor de su cuello y vi como el guardavidas estaba boquiabierto, esperando que ella sacara el torso fuera del agua, esperando que esas inmensas tetazas emergieran del agua y cuando finalmente lo hicieron con Aitana chapoteando a su lado sentí como una ola de excitación recorría a todos los machos allí presentes y otra vez las miradas clavadas en ella y las miradas de las otras mujeres como que parecían acusarla de algo.

No podía soportar más esa sensación y me zambullí en el agua yo también.

Sentí el frescor del agua cubrirme y luego saqué mi cabeza y vi a Elena nadar un poco con Aitana y entonces Lucas se colgó de mí.

Y cuando Elena nadaba, su culo era como una visión ondulante y la miraban evolucionar en el agua como si un tiburón hubiese entrado en el agua y la miraran horrorizados.

Supongo que también mi imaginación y sensibilidad se habían disparado.

Y entonces mire hacía donde estaba el encargado, el tuerto y allí estaba don Eusebio, conversando, vestido igual que por la mañana y su camiseta verde militar aparecía con manchas de sudor bajo las axilas y sus sandalias de caña le daban un aspecto de viejo pescador o de pastor pero no de este siglo sino de dos siglos atrás.

Y vi a esos dos viejos conversar entre ellos y cuchichear y mirar en nuestra dirección.

Y entonces Elena se apoyó con sus dos manos en el borde de la piscina y sacó todo su torso afuera y don Eusebio le dio un codazo al tuerto.

Porque la parte de arriba del bikini a duras penas podía contener esas dos montañas de carne que eran sus pechos, eran dos tetazas para enloquecer a cualquiera y hacía mucho calor allí y el agua caía como una lluvia de gotitas a los costados del cuerpo de mi esposa y luego ella se puso en pie.

Y otra vez vi a don Eusebio cuchichear algo en el oído del tuerto.

Y era incomodidad y pudor y un poco de rabia y algo de celos todo mezclado y algo más, que no sabía definir en ese momento y Lucas, mi hijo, me hablaba y yo no podía descifrar lo que me estaba diciendo.

Y ahora don Eusebio se acercaba a Elena por detrás mientras ella hablaba algo con Aitana quien seguía en el agua y entonces el viejo llegó hasta ella y todo ese tiempo le había estado mirando el culo en forma descarada, ese culazo apenas cubierto por la tira de tela del tanga del bikini, metido entre esos dos globos de carne que eran sus glúteos.

Y el viejo le tocó el hombro y ella se giró y ahora yo la tenía de espaldas a mí, pero ella de frente a él y la mirada de ese viejo quedaba justo a la altura de sus tetazas y vi una mano morena y gruesa de ese neandertal asomar por la pequeña cintura de mi esposa y ella se inclinaba para saludarle, para darse un beso en cada mejilla.

Y ella de seguro le estaría agradeciendo la gestión para que pudiéramos entrar en la piscina.

Y don Eusebio pestañeaba como un san Bernardo mientras ella le hablaba.

Y entonces el viejo dio un paso al costado y comenzó a quitarse las sandalias de caña y luego los pantalones mugrientos y luego la camiseta y lo pude ver enteramente, de pie al lado de mi esposa.

No tenía bañador, solo un slip color azul o negro y el bulto que formaba su polla bajo los calzoncillos era algo impresionante.

Y de pronto me di cuenta de que yo tenía una gran erección, bajo el agua, y no cabía duda posible, el motivo era estar viendo a mi espectacular esposa al lado de ese hombre de neandertal.