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Sara es el precio - Extracto 8

El mensaje de WhatsApp de su nuevo jefe contiene la imagen más aterradora que Sergio ha visto: su esposa, semidesnuda, en un video que desaparece antes de que pueda verlo. ¿Es una broma cruel o la prueba definitiva de su traición?

Abel Santos6.2K vistas8.0· 7 votos

Al día siguiente ocurrió algo que me llenó de inquietud. A pesar de mis esfuerzos por olvidar lo ocurrido entre mi mujer y los dos miserables —uno de ellos mi nuevo jefe—, parecía que estos no querían que lo hiciera.

O, al menos, el vejete se empeñaba en recordármelo.

Aquella mañana estaba desayunando en una cafetería frente a la sucursal bancaria. Era mi penúltimo día de parado y me apetecía observarla desde «fuera» por última vez, ya que en pocos días se convertiría en un lugar familiar. De pronto, el beep-beep de wasap llamó mi atención, causándome estupor.

Una señal de pánico me invadió.

Y si me sorprendí fue porque éste provenía de Jaime. Abrí la app y lo que me encontré me heló la sangre: la carátula de un video con un texto pegado a él que era más que explícito: «Te debía esto y aquí lo tienes, que lo disfrutes».

Me quedé mirando la imagen como un pasmarote. No era para menos. En ella se veía a una mujer semidesnuda con un triángulo de play en el centro. A pesar de que era borrosa por no haber descargado el video aún, se parecía muchísimo a Sara. Demasiado.

—Joder… —se me escapó un gemido de agobio.

Qué cara no habría puesto, que hasta el camarero de la barra se me quedó mirando con expectación mientras secaba una pila de vasos con un paño de cocina.

Dudé unos instantes entre pulsar el play o no, pero al final decidí que lo haría. Fuera lo que fuese, ya era agua pasada. Mejor sufrir un instante y luego seguir con mi plan de olvidarlo todo.

Sin embargo, cuando fui a pulsar la imagen para iniciar la descarga, ésta desapareció de la pantalla y en su lugar apareció una frase fatídica: «el mensaje ha sido eliminado». Ese tipo de mensajes que a veces te dejan con la sensación de haberte perdido algo fundamental en tu vida.

Si anteriormente me había quedado perplejo, ahora mi asombro se multiplicaba por diez. ¿A qué coño jugaba aquel viejo idiota? ¿Estaba empeñado en malmeterme contra mi mujer, justo cuando ambos queríamos olvidar la dramática humillación?

De alguna forma, no obstante, me sentía culpable. Para tirarle de la lengua le había dicho que Sara y yo éramos una pareja abierta y que disfrutábamos compartiendo sus devaneos. De modo que el muy idiota se debía de estar pensando que me hacía un favor.

A pesar de ello, me creí en la obligación de cantarle las cuarenta a aquel cerdo canoso, aunque tuviera que descubrirle que le había mentido. Y, enfurecido, escribí un mensaje a toda velocidad:

SERGIO: De qué va esta mierda?

Esperé unos minutos a que llegara su respuesta. Pero terminé de desayunar y no había llegado. Por la tarde tampoco llegó. Y al día siguiente lo mismo.

De hecho, cuando llegó, me encontraba en mi primer día de trabajo en la sucursal bancaria. Había pasado media mañana acomodándome en mi nuevo despacho, cuando el beep-beep del móvil llamó mi atención.

Al comprobar que era un mensaje de mi antecesor en el cargo, un gusanillo me recorrió el estómago. Abrí wasap a toda prisa y leí con ansiedad.

JAIME: Bah, era una broma… jajaja. No te lo habrás creído?

La frase me sentó como un tiro, no estaba el horno para bollos, precisamente. Se podía meter sus bromas por donde le cupieran.

Aun así, intenté tirarle de la lengua una vez más.

SERGIO: Creerme qué?

JAIME: Pues lo del vídeo… y lo de que nos follamos a tu mujer por todos lados en la discoteca.

La rabia solo porque nombrara a Sara me inflamó.

SERGIO: Ah, no? Y entonces que pasó? Estuvisteis jugando al parchís, hijo de puta?

Mi simulacro de que éramos una pareja abierta había quedado desmontado, pero ya no importaba. Si tenía que soltar unos cuantos tacos, lo haría sin cortarme. El tipo, sin embargo, no pareció descomponerse por mi insulto.

JAIME: Nah, fue poca cosa, no te cabrees… Tu chica solo le hizo una miserable mamada a Mauro y a mí una paja… muy sosa, por cierto. Y de videos nada, que Mauro quiso hacer unas fotos y tu Sarita casi le saca los ojos.

No me lo podía creer. De pronto, el tipejo se retractaba de todas las patrañas que me había soltado en nuestra anterior conversación. Y sin haberle preguntado.

Eso, añadido a que la carátula borrosa del video se parecía demasiado a Sara, me hizo desconfiar. De nuevo me encontraba ante una «excusatio non petita…». Y algo me decía que la versión correcta no era la que me contaba ahora.

«Puto viejales», me dije con un cabreo de mil demonios. Tenía que desquitarme de él, aunque fuera solo con un pataleo.

Y eso fue lo que intenté:

SERGIO: Mira, viejo… Por mí te puedes ir a tomar por culo. Y que no vuelva a verte porque te juro que te acuerdas de mí.

Pero no se dejó amilanar el muy canalla.

JAIME: Oye, oye… que fuiste tú el que preguntaste. Si a ti te gusta ser un cornudo, a mí déjame en paz… Quédate a tu mujercita y cuídala, que me da que le va demasiado el mete-saca…

Replicó y se salió de línea, dejándome aún más cabreado de lo que estaba. ¿Quién coño era él para insultar a mi mujer? Como le pillara en algún momento, se iba a acordar de mí.

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Extracto de mi nueva novela "SARA ES EL PRECIO", recientemente publicada en Amazon, y GRATUITA para los Kindle Unlimited. No te la pierdas!!!

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