Xtories

La cena del idiota. Y te seguiré queriendo

La confianza se ha roto, pero el deseo sigue ahí. Mientras Dani busca la verdad entre las mentiras de Alba, ella usa su cuerpo para recordarle que, sin importar lo que hayan hecho, él sigue siendo suyo. ¿Podrá el sexo sanar lo que las palabras han herido?

aSeneka12K vistas9.1· 36 votos

Y te seguiré queriendo

Oyó cómo se abría y cerraba la puerta. Segundos después, Alba se tumbaba a su lado, con suavidad, como si no quisiera despertarlo, haciendo la cucharita por detrás. Olía a almendras y hierba fresca, señal de la ducha que acababa de darse para limpiarse el olor a polla de Cristian y el sudor de su cuerpo. Lo abrazó, colocando la palma sobre su pecho y se quedó así un buen rato.

—Sé que no estás dormido —dijo por fin—, lo noto en tu respiración.

Dani inspiró con profundidad y soltó el aire lentamente.

—No he conseguido coger el sueño —dijo en tono apagado—. Pensaba que ibas a pasar toda la noche con él. —Sonaba cansado, sin ganas.

—Se ha puesto muy pesado. Prefiero pasar la noche contigo.

—Pesado —repitió él.

—Sí, pesado, impertinente. Tiene el pavo muy subido y estaba un poco tonto.

Dani mantuvo la misma posición fetal. El pavo subido de Cristian le había conseguido una paja y casi hasta una mamada.

—¿Sigues enfadado conmigo? —preguntó con cautela.

—¿Por qué? Ya lo habíamos hablado, ¿no?

—Sí, y habíamos quedado en que no tenías nada de lo que preocuparte.

—Porque le cortabas el rollo en cuanto se pusiera pesado —corroboró.

—Así es. —En esta ocasión le costó un poco más responder—. Y porque te quiero.

Se quedaron en silencio, con el único sonido de sus respiraciones. Alba apretó ligeramente su abrazo. —Dime que me quieres —rogó.

Dani inspiró con profundidad. No se podía quitar de la cabeza la paja que su novia acababa de hacer a Cristian en su cama pero, después de tantas vueltas, había decidido que no la iba a culpar. Él había propiciado el juego así que no se podía quejar de ser presa de las consecuencias. Además, Alba, bajo chantaje, no había cedido a todas las pretensiones de aquel crápula. Aunque le doliera haberla visto pajeándolo.

Sin embargo, que se hubiera rebajado a meneársela en vez de afrontar lo que había pasado en el albergue, alimentaba sus dudas sobre lo que pasó de verdad y, la sospecha de lo peor, lo estaba matando por dentro.

Se giró, colocándose bocarriba, y rodeó con su brazo el cuello de ella que apoyó la cabeza en su hombro.

—Quiero hacerte una pregunta. Y necesito que seas completamente sincera.

Alba se mantuvo en silencio esperando a que la hiciera o, a lo mejor, temiéndosela.

—Te prometo que, sea cual sea la respuesta —continuó él—, no me voy a enfadar.

Ella se removió, abrazándolo parcialmente. Posó su mano sobre su pecho, pero continuó en silencio. Él puso otra sobre la suya.

—Y te seguiré queriendo tanto como te quiero ahora.

Ella cerró los ojos y enterró la cara en su cuello que frotó con la punta de la nariz. Después, nuevo silencio que nadie rompió hasta que Dani, por fin, dijo lo que tenía en mente.

—¿Qué pasó ayer en el albergue, mientras estaba pasando la fiebre?

Alba había apretado la mano del pecho, sintiendo su corazón latir. Tensó la mandíbula antes de contestar.

—Tu amiga, ¿no? Te lo ha dicho ella.

Dani la cogió por la barbilla con dos dedos y la elevó con suavidad para que lo mirara a los ojos. —Eva dice que no pasó nada. Y no para de repetírmelo. —Cogió aire y lo expiró con lentitud—. Los otros, en cambio… Sus bromas, sus comentarios cada vez que me acerco…

—¿Por eso estabas tan raro hoy? ¿Y por eso te has enfadado conmigo en la piscina?

—Todos cuchichean algo de unas pajas y de que tuviste que follar.

Alba asintió lentamente, dándose tiempo para elegir las palabras adecuadas.

—Nos habíamos pasado la noche riendo y bebiendo. Haciendo juegos cada vez más subidos. Yo no participaba. Pasaba de pringarme otra vez con esas mierdas, pero… —suspiro—, no sé, me liaron, o me lie yo. El caso es que estaba enfadadísima contigo por lo que acababa de pasar en el cuarto. Que fue culpa mía, por cierto, por mucho que me duela reconocer. Yo lo provoqué. —Nuevo suspiro—. Total, que me vi con la obligación de tener que hacerle una paja a Aníbal.

Dani cerró los ojos y contuvo un lamento.

—No se la hice —se apresuró a decir—. Es decir, llegué a tenerla en mi mano, pero… te juro que no fue a más. No pude, no lo hice, me negué.

—¿Y por eso tuviste que follar? —preguntó con toda la calma que pudo.

Nueva pausa y gesto congestionado de ella. —No exactamente, pero se puede decir que, por culpa de eso y una serie de malas decisiones, me tocó dejarme follar delante de todos.

Otra pausa que él soportó en silencio, esperando con el corazón en un puño.

—Pero tampoco lo hice, no follé, Dani. Créeme.

Y la creyó. Porque era lo que quería hacer y porque la quería con él; o porque era un idiota enamorado; o simplemente un idiota. La abrazó y la besó y ella le devolvió el beso, y la quiso, y se quisieron. Y lo siguiente fueron sus cuerpos desnudos. La de ella sobre él, a horcajadas, galopándolo con toda la tensión acumulada de los últimos días.

La cadera de ella se movía con tanta fuerza que el cabecero empezó a golpear contra la pared. Alba estaba fuera de sí, con el cuerpo empapado en sudor.

Levantaba la cabeza hacia el techo con los ojos cerrados, señal de que su mente no estaba con él. Seguramente evocando los momentos del cuarto oscuro, o quizás con Andrés y su polla de caballo, fantaseando con su suavidad y tamaño. O puede que todavía no hubiera salido del dormitorio de Cristian y su enorme polla que no había dejado de pajear. Su semen había profanado su cara y sus tetas, puede que ahora lo estuviera haciendo también en su mente.

Le tranquilizó notar el calor entre sus piernas, abrasarlo. Estaba excitada de verdad. Lo que le hacía pensar que era causa de tantos días al límite, sin llegar a culminar con Aníbales, Andreses o los Cristians de turno.

Se apoyó sobre los codos para llegar a las tetas y poder chupar cada pezón. Ella soltó un gemido y sujetó su cabeza contra sí, quién sabe si concentrada en Aníbal y en la paja que no le hizo.

Para Dani, no estaba siendo tan placentero. Su cabeza seguía anclada en varios lugares fuera de allí. Probablemente los mismos que ella. El cuarto oscuro y la eterna imagen de Aníbal penetrándola como un salvaje, dándole, con su enorme polla, ese placer que él no conseguía.

Otro era Andrés y la supuesta caricia sexual. Quería creer que ella había dicho la verdad y que las lagunas de él, eran solo eso, lagunas causadas por el alcohol.

Por último, el niñato de Cristian. Apuntó mentalmente matarlo con sus propias manos cuando tuviera ocasión, ahorcándolo con sus intestinos.

Los gritos de Alba le sacaron de su ensoñación. No se cortaba en sacar todo el partido a su garganta y, junto al fuerte golpeteo del cabecero, debían tener a toda la casa en vilo. Cuando cesó, se quedó tendida sobre él, exhausta.

—Joder, Dani, qué pasada. Ha sido increíble ¡Hay que ver cómo estás hoy!

Y estaba, pero en otro mundo. Pensando en que ella no hubiera follado con él y que se hubiera estado resarciendo de las situaciones sexuales de los últimos días. Él, bocarriba, la abrazaba contra su cuerpo consolándose con que, al menos en ese momento, había sido suya. Ella le tocó la polla notando su dureza. La cogió y la meneó suavemente, pajeándolo. Cuando Dani bajó la vista, comparó aquella imagen con la de Cristian. Con el imberbe, la mano de Alba parecía mucho más pequeña.

—No te has corrido todavía. —Levantaba una ceja, divertida—. Hmmm, vamos a tener que discutir más a menudo, visto el buen resultado que da. —Se mordió el labio inferior, cavilando, con ese brillo en los ojos que tan bien conocía.

Dani intentó corresponder, pero no había brillo en sus ojos, ni en su sonrisa.

—Ey, ¿qué pasa? ¿Sigues preocupado por lo del albergue?, ¿o es por lo de la piscina? Venga, ya te he dicho que lo siento.

—No es solo por eso. Es por todo. Por este sitio, por tus amigos, por sus putos juegos… por mí. —Movió la cabeza a un lado y a otro—. Me quiero ir a casa, Alba. Y me quiero ir ya.

—Pero, ¿y la boda? Solo faltan tres días.

—Diles que no me encuentro bien, o que me ha dado no sé qué. Invéntate algo y ponme de excusa, pero vámonos de este sitio cuanto antes, por favor.

Alba ensombreció el rostro. —No podemos hacer eso. Sería muy feo. —El tono era conciliador.

Dani no dijo nada y, por toda respuesta, dejó caer la cabeza hacia atrás, en la almohada. Ella pegó su frente a la de él, lamentando el estado de ánimo de su novio.

—Joe, es que… es la boda de mi prima. Entiéndelo.

Asintió, apesadumbrado.

—Claro, es tu prima la que se casa. Y son tus amigas.

Se quedaron en silencio. Ella seguía acariciando su pecho. Dani no dejaba de rumiar algo que le llevaba quemando los últimos días y que le estaba costando sacar. Apretó su frente contra la de ella y le habló con dolor.

—Tengo la maleta casi hecha. Ya he metido toda la ropa de los cajones. Mañana salgo de vuelta.

No podía más. Bastante había cedido hasta ahora, y no solo a ella o a su familia, sino a sí mismo. Además, en ese pueblo, terminaría por perderla irremisiblemente. Tal vez lejos de ella, su novia conseguiría verlo de diferente manera y no como al extraño en el que se había convertido. A Alba le cambió el semblante.

—Pero… ¿Lo dices en serio?

—No aguanto más. Me voy. No encajo en este lugar. No pinto nada entre toda esta gente. Tu prima, tus amigas, sus novios…

—Ay, amor, lo siento. Estaba tan contenta de estar aquí, que no pensaba… —Puso una mano en su pecho—. ¿Tan solo te sientes?

Lo abrazó por el cuello y se quedaron en silencio. Alba cavilaba sintiendo la tristeza de su novio a través de su piel.

—Espera a la cena de mañana, ¿vale? Nos presentamos, cenamos con ellos y, cuando empiecen con las copas, nos despedimos y salimos para casa. Juntos.

Acudir a la cena con todos. Sopesó la idea. No sabía si podría aguantar un solo minuto. No estaba en terreno conocido, no tenía a ninguno de sus amigos con él. Y, lo peor, no le gustaba aquello. «Acudir a la cena —se repitió—. Solo un día más».

—Y nos vamos pitando —repitió él—. Juntos.

—Te lo prometo.

Ahora sí sonrió y el brillo de sus ojos volvió a hacerlos chispear. Ella lo percibió y sonrió satisfecha. Le dio un pico en la punta de los labios y volvió a deslizar la mano hasta su polla. Seguía dura y se mordió el labio inferior.

—Se me ocurre una cosa.

Giró el cuerpo, estirándose hasta alcanzar el cajón de la mesilla de donde sacó un objeto cilíndrico y alargado. Después, se volvió a pegar a él, rozando el lóbulo de su oreja con la punta de sus labios.

—¿Me lo haces con esto, porfi? —dijo colocándoselo en el pecho—. Y tú, mientras, me puedes follar por atrás, por el culo. —Le chupó el lóbulo—. A tu ritmo, hasta acabar dentro. Como polvo de despedida de esta casa.

Lo dijo en voz baja, como si eso hiciera menos oscura su perversión. Sonreía como una niña mala. Compartiendo con él, el momento de tan íntima confidencia. Dani también alegró el gesto, pero, con el molde de la polla de Aníbal en la mano, la suya volvía a ser una sonrisa triste.

El Adonis aparecía de nuevo en forma de falo, para follársela como tantas veces desde que empezaron su relación. Una fantasía que casi había hecho realidad unas noches atrás.

«Solo es una fantasía».

Alba se giró y dejó una pierna semilevantada, esperando que Dani se colocara tras ella. Él dudó. Le pedía ser follada por Aníbal a través de sus propias manos. Una vez más. Ella continuó esperándolo, deseosa de recibir la gran polla del hombre del que iban a ver por última vez mañana.

«Y salimos pitando», se dijo.

Ya no veía de la misma manera a ese aparato desde que conocía su origen. Aun así, tras unos segundos, se pegó por detrás y tanteó con el dildo realista por la parte de delante, entre sus labios.

—Espera —dijo ella entonces—. Lubrícala primero.

De espaldas a él, pero con medio cuerpo girado, esperaba a que Dani se metiera el falo en la boca y lo lubricara con su lengua. Aguardaba impaciente, con la respiración agitada y la boca a medio abrir. Esta vez, para él, no hubo dudas. Si nunca se había sentido a gustó chupando aquella polla, mucho menos lo iba a hacer ahora que sabía que era el propio Aníbal. Ella, viendo su pasividad, terminó tomando la iniciativa. Se encaró a él, acercó sus labios y se la introdujo en la boca. Lo hizo de manera lasciva, como si fuera de verdad. Y, lo peor, mirándole a los ojos. Como si se la chupara delante de él.

—Me pone —reconoció.

Dani asintió, ya lo sabía. Ahora todo era mucho más revelador. Ella lo besó, llenando su boca con su lengua; húmeda, caliente. Después, volvió a chupar el falo, pero esta vez lo introdujo hasta la garganta, como una felación real y profunda. Lo repitió varias veces sin quitar la vista de sus ojos.

La confesión de “Chupársela a Aníbal delante de mi novio”, volvió a flotar en su mente y se preguntó si realmente ella le confesó la verdad la tarde del cuarto oscuro. Cuando la extrajo de su boca, estaba tan excitada como si el adonis hubiera estado allí mismo.

—Ahora, así, métemela.

Volvió a tumbarse de medio lado. Dani tomó la polla de Aníbal por la base. La imagen de Celia meneándola unas horas antes le sobrevino a la mente y una sensación extraña le invadió revolviéndose el estómago.

«Y salimos pitando», se repitió. Y acto seguido recordó El Plan. Su objetivo de sacarla de allí a toda costa antes de que todo se rompiera a la vista de todos aquellos palurdos.

Se colocó tras ella en la misma posición de antes. Después, apuntó con su polla entre las nalgas, justo en el agujero de aquel culo maravilloso y apretó suavemente. Entró con facilidad, mediante pequeños envites hasta penetrarla por completo. Acto seguido, buscó con la punta del dildo entre los labios del coño hasta encontrar el hueco.

Comenzó a follarla con ambos penes.

Y mientras el gran falo entraba y salía una y otra vez de su coño, él penetraba aquel culo con su polla, recordando cómo Cristian intentó mancillarlo en su dormitorio. Alba, con la cara levantaba y la boca abierta por el placer, disfrutaba con los ojos cerrados.

—Mmmmsssíííí, sí, síííííííí.

Se apoyaba en un codo. La otra mano, la había pasado hacia atrás, hasta coger la nuca de Dani que besaba su cuello mientras la penetraba con fuerza por ambos lados. Los gritos de antes, eran susurros comparados con los que lanzaba ahora, acompañados de algún que otro improperio.

—Joder! Sigue, mi amor. Sigue, SIGUE, SIGUEEEEE!!!!!

Sabía que, quién la follaba por delante, era el macho Aníbal y se preguntó si, el que la follaba por detrás, sería el dedo de Cristian, que se había paseado demasiado cerca. O puede que el gasolinero guaperas que le puso su polla en la boca en la playa de Arenas.

Minutos después, terminó cayendo exhausta y, de nuevo, Dani permaneció abrazado, plegado en toda su longitud. Alba llevó una mano hacia atrás, hasta su polla, palpándola tan dura como antes. Seguía sin haberse corrido. Y es que no tenía el ánimo para alcanzar donde otras veces llegaba sin querer.

Alba giró la cabeza y, después, medio cuerpo hasta encontrarse con sus labios. —Joder, no te reconozco—. Su sonrisa era de felicidad plena. Dani, con la respiración todavía desbocada por el esfuerzo, solo pudo asentir y dejar caer su cabeza en la almohada.

Ella colocó su cuerpo sobre el de él. —Pues no vas a salir de aquí sin disfrutar lo tuyo.

Reptó hasta colocar sus tetas sobre su polla, pero él la tomó de las axilas para que volviera a subir. —Déjalo, la paja de la piscina me ha dejado seco. Ya he tenido bastante.

A Alba le cambió la cara. Le conocía muy bien como para saber que eso no era cierto.

—¿Qué te pasa, amor?

—Nada. Solo que… bueno, ha sido un día raro. Creo que no estoy en mi mejor momento.

Cerró los ojos apesadumbrada. —Sigues dolido por lo de la piscina, ¿no? Es eso. —Esperó una reacción que no llegó—. ¿O es por Cristian?

—Es que… me da asco ese puto chaval. Cuando te has ido con él…

—Ya, es un gilipollas —reconoció.

Se quedaron en silencio, mirando al techo. Alba, con la cabeza contra su hombro, acariciaba su pecho.

—Se creía que íbamos a follar. Se puso pesado insistiendo e intentando convencerme. Malmetiendo y… bueno, ya sabes.

Sí, ya sabía. Le habían quedado bien claras las artes de aquel Judas. —No sé cómo Cris sale con ese cretino —bufó.

Alba se tensó al oír el nombre de Cristina. Ambos se volvieron a quedar en silencio, de nuevo con la mirada al techo y, de nuevo, con las cavilaciones propias de cada uno.

—Dani, ¿te puedo hacer una pregunta? —Hizo una pausa—. Y te prometo que, sea cual sea la respuesta —continuó—, tampoco yo me voy a enfadar.

Un mal presentimiento hizo que sintiera una descarga en el estómago. No se movió, como si con ello pudiera pasar desapercibido. Cerró los ojos y cogió aire intentando no ponerse nervioso.

Ella levantó la cabeza para encararlo. —Y te seguiré queriendo tanto como te quiero ahora —insistió.

Tampoco ahora se movió. Temiendo que algo malo se cernía contra él, como un autobús sin frenos.

—¿Es verdad que Cristina te hizo una mamada?

No hizo falta que contestara. Cerró los ojos y se mordió los labios conteniendo un lamento. Se odió, pero odió más a aquel chaval repelente. Al final se lo había contado. No contento con la paja, había tenido que joderle donde más le dolía.

—Lo siento —dijo.

Alba cerró los ojos cuando éstos se llenaron de lágrimas. Giró levemente la cabeza, como queriendo mirar a otro lado; como si con ello pudiera no haberle oído.

—Fue la noche de los chupitos. —Hablaba en un susurro—. Salimos con el calentón del juego ese. Íbamos bastante bebidos. —Ella sintió, todavía con los ojos cerrados y la cara contraída por la congoja—. No me estoy excusando, solo cuento lo que pasó.

Se tumbó sobre él, recuperando la posición. Su cabeza volvía a reposar sobre su hombro. Se sorbió los mocos y pasó el dorso de la mano bajo su párpado.

—Te juro que intenté pararlo —se lamentó él—. Lo intenté, en serio.

Alba volvió a sorber otra vez. —¿Y pudiste haberlo hecho? ¿Haberlo parado?

Suspiró. —Sí —Quiso reconocer con firmeza, pero salió como un susurro.

—Pero no lo hiciste.

—Y me arrepiento desde el primer momento. Cada minuto que pasa. Y cada vez que te miro a los ojos.

Se volvieron a quedar en silencio.

—Cuando tu prima me vio, pensaba que romperías conmigo —reconoció—. Luego, cuando hablamos al día siguiente y pensabas que me había pajeado delante de ti, no fui capaz de confesar la verdad.

Ella se quedó pensando, sin mover un músculo. Dani sufrió su silencio.

—Perdóname. Por favor.

—Ya te he dicho que iba a aceptar la respuesta, fuera cual fuese. —Inspiró hondo—. Y que te seguiré queriendo.

«Pero la confianza —pensó con pesar—, esa ya se ha perdido para siempre».

Ella se giró, quitándose de encima. Él se pegó a ella por detrás, acoplado a su cuerpo en toda su longitud. Pegó la frente a su nuca y la abrazó. Ella tomó su mano que apretó contra su pecho. Después, mucho después, se quedaron dormidos.

Fin capítulo XXXVII

De nuevo, muchas gracias a todos por vuestros comentarios, en especial a mi estimado TURISTA, verdadero alma mater de este relato. Sin ti no tendría tanta vida.