Xtories

Campus Cornudo PARTE 2 (Cap. 20)

Carlos cree que la rutina ha vuelto, pero su polla sigue encerrada y su esposa tiene secretos que contar. Cuando Laura decide 'premiarlo', la noche se convierte en una lección de quién manda y cuánto vale realmente su acceso a ella.

Lapica9.4K vistas7.5· 23 votos

NOTA DEL AUTOR:

Puedes encontrar la novela completa en Amazon:

https://www.amazon.es/dp/B0FMYHRVN5

CAPÍTULO 20

La primera semana después de nuestro regreso fue, por decirlo de algún modo, una semana de desintoxicación. No volvimos a hablar del tema y simplemente dejamos que los días fluyeran sin más. Aunque, lamentablemente durante toda la semana vi mi virilidad secuestrada dentro del minúsculo cinturón de castidad.

Por lo demás, nuestras vidas volvieron a una relativa normalidad, Laura y yo nos reintegramos en nuestros puestos laborales, ella en el despacho de abogados y yo en mi oficina con mis ordenadores.

Parecía que nuestros quince días de locura transitoria habían quedado atrás y recuperamos nuestros hábitos diarios; madrugar, ella un poco antes que yo, ir a trabajar, comer juntos a toda velocidad y mientras a Laura le quedaba libre buena parte de la tarde, yo cumplía con mi jornada de 8 horas diarias; para finalmente, sobre las 18'30 reencontrarnos y aprovechar las pocas horas libres para realizar las tareas de la casa, cenar y, de nuevo, acostarnos para volver a empezar.

Y así fue, sin demasiados altibajos durante toda la semana hasta el viernes, día que teníamos marcado en rojo, con nuestro habitual encuentro con Edu y Marisa.

Durante todo el día sentí una desagradable desazón mezclado con la excitación por el reencuentro. Laura también debía encontrarse en un estado de agitación parecido al mío; ya que era consciente de que más temprano que tarde tendríamos que contarles a nuestros amigos como nos había sentado la terapia y cuales habían sido las experiencias vividas.

* * * * *

Fuimos más puntuales que de costumbre y llegamos primeros al encuentro; aprovechamos para pedir un par de cervezas y sentarnos en las cómodas butacas de “La gruta” aunque tomamos los primeros sorbos sin levantar la vista de la copa y sin hablar entre nosotros.

–¡Hola Laura! – vociferó Marisa al vernos –Hola Carlos– añadió con un poco menos de entusiasmo.

–Hola– respondimos al unísono, levantándonos para darle dos besos en las mejillas –¿Y Edu? – pregunté.

–Aparcando, me ha dejado en la entrada y está buscando plaza, no tardará mucho; voy a pedir un par de cervezas– y se fue balanceando su redondeado culo más de lo necesario.

Justo cuando regresaba con las dos jarras de cerveza apareció Edu.

–Hola a todos– saludó.

Nos sentamos los cuatro; Laura y yo a un lado de la mesa y Marisa y Edu en el otro.

–Bueno– dijo Marisa con una sonrisita picarona –¿habéis “disfrutado” de las vacaciones? – dijo dirigiéndose a Laura y gestualizando con los dedos las comillas al aire.

–Bien...– respondió Laura –intensas.

–¿Sólo intensas? – insistió Marisa.

Laura me miró dubitativa y por fin dijo: –Bueno, no tiene ningún sentido escondérselo; ellos ya pasaron por unas “vacaciones” similares– respondió al final Laura y marcando también las comillas al aire.

–Ya sabéis de que va... tíos buenos paseándose en pelotas, masajeándote y provocándote sin parar. Al octavo o noveno día José me... “estrenó”– añadió Laura bajando la mirada.

–¿Estrenó? – repitió Marisa marcando de nuevo las comillas al aire –vaya modo de decir que te folló hasta dejarte muerta.

–Pues sí, me folló, y al día siguiente también, y al otro... fue una locura.

–¿Así que te ganaste bien la insignia de hotwife? – se interpuso Edu en la conversación.

–La de hotwife... y las de analwife, slutwife, deepthroat wife y algunas más. – añadí por fin yo.

Marisa y Edu nos miraron estupefactos.

–Joder... la insignia de slutwife es la que te dan cuando participas en una orgía con 4 hombres o más.

–Fueron cuatro... – dijo Laura –y... y... y pagaron– añadió con un hilo de voz.

–¿Pagaron? – preguntaron a la vez Marisa y Edu –entonces... ¿también ganaste la insignia de prostitute wife?

–De hecho, no...– respondió Laura apenas audible –porque no fue premeditado. Además, habría follado con ellos igualmente... lo de pagar fue una argucia que se sacó José para aumentar nuestra humillación.

–¿Y qué tal es hacerlo con cuatro a la vez? – preguntó Marisa interesada.

–Uffff... una pasada... no es que fueran muy buenos follando, pero la polla de José lo compensaba todo.

–Conozco a José, ya estaba cuando fuimos nosotros– dijo Edu después de unos segundos de silencio.

–Tienes razón, me acuerdo de él... ¿y qué tal es en la cama ese José? – preguntó Marisa

–Una bestia... fuerte, alto, mulato, un macho alfa 25-30. Follaba de maravilla y no se cansaba nunca… ¡Dios! Como se movía. De hecho, me enganché a su polla. Por ella hice todo lo que hice.... se me fue de las manos.

–Vaya, veo que te dieron bien... ¿y probaste la doble penetración?

–¡Joder sí!. La probé. Una puta pasad... bueno... ¿a qué te refieres con doble penetración? – dijo Laura interrumpiéndose abruptamente.

–Joder tía, no me seas zorra. Dos pollas en el coño o una en el coño y otra en el culo– respondió Marisa indignada y usando el lenguaje más vulgar que pudo.

¿Qué había pasado aquí? ¿Y esa extraña interrupción? Algo extraño sucedió en aquel momento, ese pequeño cambio llamó la atención de todos; Edu que en esos momentos consultaba algo en el móvil levantó la vista inmediatamente.

–A no... pues eso no... yo me refería a una polla en el coño y otra en la boca... es una pasada.

Durante unos minutos la conversación continuó con Laura explicando alguna de las experiencias, pero yo me desconecté de la conversación intentando recordar esa doble penetración de la que no sabía nada. ¿Puede ser que, en la celda, el día en que tuve un pequeño desmayo hubiera sucedido? No, no era posible. En la celda sólo estaban Laura y José.

Cuando me volví a conectar a la conversación ya sólo hablaban sobre Santo Domingo, la ciudad, el paisaje y las paradisíacas playas.

Pedimos un par de rondas más pero ya no volvimos a hablar de nuestras “vacaciones” y ellos dieron por terminado el “interrogatorio”.

* * * * *

Durante la siguiente semana se repitió la rutina; de casa al trabajo, del trabajo a casa; nada de sexo y mi pollita encerrada en su minúscula prisión.

Hasta que el siguiente jueves, después de cenar, tomé la iniciativa.

–¿Hacia dónde va nuestra relación? – pregunté –¿Hasta cuando vas a mantener mi polla encerrada? ¿Ya no quieres follar conmigo? – pregunté al final.

–¡Ay! amor... no lo sé. Para serte sincera, desde que regresamos no tengo deseo sexual... no como antes al menos. Y... por lo que hace al cinturón de castidad me gusta tener ese poder sobre ti.

–¿Aún me quieres? ¿Crees que algún día vamos a poder volver a follar con normalidad? – pregunté.

–Claro amor, te quiero locamente. Pero follar contigo... pues no lo sé– dijo pícaramente mientras colaba su mano por dentro de mis pantalones y sujetaba mi polla. –Tal vez... tal vez, podríamos probar... a ver si aprendiste algo.

Y arrodillándose frente a mí, desató mi pantalón y lo bajó junto a mi ropa interior hasta mis tobillos.

–A ver... ¿qué tenemos por aquí?... Ummmm una pollita triste... que quiere salir... ¿pero se lo merece? Yo creo que antes, debe demostrar de lo que es capaz. – y con un tono imperativo ordenó –Espera aquí. ¡Cornudo! – y se fue.

Poco después regresó con el espectacular vestido rojo de una pieza; el mismo que se puso el día de la “graduación”, con sendas rajas laterales que mostraban sus estilizadas piernas casi hasta la cintura y, naturalmente, sin ropa interior.

–¿Bailamos? – sugirió a la vez que ponía en marcha el reproductor con una canción ligera.

Desnudo de cintura para abajo la abracé y empezamos a bailar agarrados. Sin titubear, con una mano sujeté su pecho por encima del vestido, pero con la otra me colé por el lateral de la raja y agarraré con fuerza su mullido culo.

Que accesible estaba su culo con aquel vestido; no me extraña que el día de la graduación todos se restregaran en él.

Laura se agarró a mi cuello y me besó intensamente. Correspondí abriendo la boca y empezamos un tórrido morreo.

–Ummmm

–¡Desnúdame cornudo! Como hiciste el día de la graduación.

Y repitiendo los mismos movimientos, desanudé el vestido del cuello y, lentamente, fui quitándoselo hasta dejarla completamente desnuda. Altiva, elegante y poderosa.

–Cómeme el coño. ¡Cornudo! Haz que me ponga cachonda para atender a mi amante.

Acaricié su cuerpo y la besé en la boca. Un beso húmedo, con lengua, pero Laura lo interrumpió empujándome por los hombros hacía el suelo.

Me arrodillé frente a ella, su húmedo coño, completamente depilado estaba frente a mí, palpitando. Aspiré hondo y percibí el inconfundible aroma a hembra alfa. Le di un primer lametazo –Ummmm– y otro, y otro más.

Sus jadeos cada vez eran más sonoros, más profundos hasta que tuvo que tumbarse sobre el sofá y, agarrándome de la cabeza, me forzó a chuparle su coño ávidamente.

–Ummmm... sí... José.... que bien lo comes....

¿José? ¿Me había llamado José?

–Así... Ummmm... méteme un dedo.... Ummmm dos.... mete dos.... asiiii Ummmm.

Tras cada jadeo se enroscaba un poco más sobre sí misma. Ya tenía cuatro dedos dentro de su coño y pedía más. Cuando metí el último dedo, el coño de Laura se tragó completamente mi puño. –!!!AHHHHHH!! Asiiii.... la noto....!!!AHHHHHH!!! Que polla más gorda.

Laura con los ojos cerrados recreaba las vivencias con José, –AHHHHHH, así fóllame, fóllame duro. Y empecé a follar a Laura con mi puño, lo metía entero para volver a quitarlo y de nuevo, introducirlo de un golpe. Cada vez más rápido, cada vez más profundo y, Laura, cada vez gritaba más alto.

–!!!!AHHHHHH!!!! Siiiiiiii José…. AHHHHHH, ¡que polla tienes JOSÉ!

¡plof! ¡plof! ¡plof! El coño de Laura parecía un manantial. La humedad resbalaba por sus piernas hasta los tobillos mientras gotas de líquido me salpicaban la cara. Yo estaba atónito. Jamás había conseguido hacerla llegar hasta ese punto de excitación hasta que finalmente, con un grito ensordecedor Laura explotó.

–¡¡¡ ME CORRO!!!… ¡¡¡ ME CORRO!!!… ¡¡¡ ME CORRROOOO!!!– y expulsó un chorro de líquido squirt que me empapó de pies a cabeza. –DIOOOOS QUE GUSTO.... – dijo finalmente cuando relajó su cuerpo.

Tras unos inacabables segundos me dijo:

–Cornudo, tráeme el mando de la cómoda del dormitorio. – Obedecí y se lo entregué. Era un mando a distancia con un mini teclado numérico y, tras introducir la clave, liberó mi polla.

–Es tu turno cornudo– dijo cruelmente.

Sitúe mi polla justo en la entrada del empapado coño de Laura, pero ella, tapándoselo con una mano dijo:

–Pero ¿qué haces cornudo? ¿Cres que te vas a follar a esta diosa gratis?

La miré extrañado sin saber cómo reaccionar hasta que al final sentenció.

–Sólo los machos alfa pueden follarse este coño sin pagar… tendrás que pagarme cien euros si quieres metérmela.

¿Cómo? ¿Para follarme a mi esposa tenía que pagar? No lo dudé ni un instante, agarré la cartera, le di los 100 euros y ella se abrió de piernas para que la penetrara.

Mi polla estaba dura como nunca, pero más pequeña de lo habitual, no creo que midiera más de 11 centímetros, pero me dio igual. Sin pensármelo se la metí de una estocada y empecé a follarla.

– Ummmm – suspiró Laura. –Que pichita tan pequeña.... ni la noto. Venga cornudo... dame tu lechita... pero no te corras dentro... esto está reservado para los hombres de verdad.

Apenas notaba el rozamiento con las pareces vaginales de Laura, pero lo que si podía sentir era ese calor intenso y su humedad. Era extremadamente placentero e intenté aguantar lo más posible, pero después de tanto tiempo de abstinencia y tanta excitación no pude más. Y, obedeciendo las instrucciones de Laura, saqué mi polla y, con la mano, di los últimos empujones hasta correrme.

–¡AHHHHHH!!!– grité en el mismo instante en que, de mi polla, salían cinco chorros de espeso semen que la salpicaron desde el coño hasta la cara.

–Vaya, mi cornudito ha mejorado su marca, ahora es un 13 centímetros y 5 segundos.... aunque creo que trece es una medida un tanto generosa. Ahora, cornudo. LÍMPIAME.

Y así terminó la noche. Yo limpiando mi propio semen mientras Laura se relajaba tumbada en el sofá totalmente desnuda.

* * * * *

Cuando al día siguiente desperté, volvía a tener puesto mi cinturón de castidad.