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Larga batalla por una esposa. 17

Él creía conocerla, pero los videos revelan una Beatriz que él nunca imaginó. Entre risas y órdenes concretas, la línea entre el amor y la sumisión se borra en cada frame.

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Larga batalla por una esposa. Capítulo 17.

El ansia, y no es palabra exagerada aquí, me empujaba a seguir escudriñando entre los videos del infortunio. El inicial de esta pesadilla me dejó un tanto confuso. Es evidente que la pareja había aprovechado una debilidad, tanto física como mental de Beatriz, pero no menos cierto es que ella había respondido de una manera singular. No podría definirlo como un rechazo pleno, aunque tampoco un alegre asentimiento.

La duda se resolvió con el siguiente, de apenas un par de días después al inicial, documento gráfico que, y no resulta fácil explicarlo, tal vez haya sido el que más me ha impactado, por encima de aquellos con un componente de sexo duro y/o vejatorio, al menos desde la perspectiva de un esposo ingenuo.

Lo primero era una animada cena, en la propia habitación. Se evidencia que habían pedido algo en el servicio de habitaciones. Están los tres, vestidos cómodos, como corresponde al escenario. Mi mujer falda corta y blusa, ellos dos pantalón y suéter de cuello alto. Ríen y no alcanzo a entender la conversación. En un momento dado levantan una copa, de cava probablemente, y brindan. Parece haber una “invitación” de Joana, y como consecuencia Beatriz se levanta para acercarse a besar a Rubén, enrocándose los dos, quedando mi exmujer sentada sobre las rodillas del varón. Después ambos se ponen de pie y continúan el fogoso enlace de lenguas. Joana termina uniéndose, abrazándose en un triangulo de intercambios de boca.

Lo segundo ya es en la gran cama. Joana a un lado, acariciando la espalda de su marido, que está en posición de misionero sobre Beatriz, en el rítmico movimiento que tantas veces relato, y que retumbaba por entonces en mi cerebro. Tras varios orgasmos de ésta, Rubén se detiene, desacoplándose y poniéndose de pie, fuera del tálamo, la llama con un gesto. Se levanta también y se funden de nuevo en un frenesí de abrazos y caricias en todo el cuerpo, sin perder el contacto íntimo y fuerte de sus labios. Finalmente entrelazan las manos, dedo con dedo y sutilmente el varón la hace con suavidad arrodillar, quedando el rostro de la mujer frente al potente miembro del varón. Beatriz dirige entonces su mirada a Joana y esta con la cabeza le indica que lo haga y con su voz concreta:

—Sé que es tu primera vez, pero vas a saborearlo. Adelante Bea, formáis una pareja perfecta en el sexo, me encanta!

Beatriz besó el prepucio y luego el tronco de ese cilindro, pero no terminaba de avanzar. Vista la indecisión, y acaso torpeza, Joana se acercó, sentada en la cama, entre sus compañeros, tomó la cabeza de su compañera y el pene de su marido, facilitando el acoplamiento de ambos. A renglón seguido la fue guiando en el proceso, con firmeza aunque sin brusquedad.

— Usa la lengua y mételo todo lo más que puedas.

Mi mujer así lo hizo. Me sorprendió que pudo engullirlo prácticamente entero, sin sufrir nauseas. Rubén ayudaba con un suave baile de sus caderas. De repente, se detuvo, y cogiendo con vigor a Beatriz la hizo incorporar para por enésima vez besarse con pasión. No duró mucho, la hizo pronto bajar a la posición de felación, rodillas al suelo.

— Mírale a los ojos, eso le encanta.

No me sorprendió comprobar que Beatriz obedecía, dirigiendo sus hermosos ojos hacia los de Rubén, sonriéndole con una mirada en verdad ilusionada.

— Rubén va a depositar el semen en tu boca. No lo rechaces, eso le rompería el corazón. No hay nada que le guste más que eyacular en la boca de su hembra. ¿Quieres?

Rubén retiró el miembro y esperó respuesta. Beatriz miró a uno y otra, tardó unos segundos y acabó respondiendo lacónica pero decisivamente:

— Sí Rubén.

De inmediato volvió la suave y cadenciosa caricia oral a un pene hiper-estirado, turgente. Joana llevó las manos de Beatriz para que acariciaran los testículos y el periné, simultáneamente a la felación. Y llegó el final, el varón empujó con su gran mano la nuca de aquella mujer entregada, que engulló hasta el último milímetro de la verga, justo cuando se produjo la descarga. Rubén rugía, literalmente y se notaba claramente la dificultad de ella para tragar. Pero lo hizo, continuando un rato con ese tronco de masculinidad entre sus labios. El video se cortaba.

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