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Larga batalla por una esposa. 16

La sexóloga tiene una teoría que podría cambiarlo todo: tu esposa no es solo tu pareja, es tu 'hembra alfa'. ¿Estás dispuesto a escuchar lo que ella realmente necesita para que esa batalla por la fidelidad termine?

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Larga batalla por una esposa. Capítulo 16.

Tuve varias consultas, largas, con la sexóloga. Lo cierto es que no sólo me ayudó, en el sentido terapéutico y de asesoramiento, sino también para entender mejor la sexualidad humana y el desarrollo de las diversas opciones al respecto, que se disfrazan de moralidad. Me explicó como actuaban nuestros ancestros, justo cuando las religiones (en particular la confucionista-judeo-cristiana) no afectaban a esta importantísima faceta humana.

Al parecer, lo primario (en la fase de cazadores-recolectores migrantes) fue la vida en manada, con un poliamor (todos con todas) gobernado por un macho alfa, el líder, que posiblemente durante un determinado tiempo hasta podía llegar a ejercer cierto monopolio, como ocurre entre lobos, leones, etc. Con el asentamiento (sedentarización) al descubrir la agricultura (y la ganadería estable), se gestaron otras fórmulas, derivadas de la necesidad de “heredar” las posesiones de terrenos o cultivos, esenciales para sobrevivir. Teniendo en cuenta la testosterona y la fuerza, el hombre (que participaba en las guerras y labores duras, por ende representaba el menor número) comenzó a ser el elemento crítico, y por ello mismo terminó predominando la poliginia, donde cualquier macho se podía enlazar y aparear con varias hembras. Alguna de ellas pudo tener un estatus superior a las demás (esposa), pero el resto eran igual de partícipes de las tareas (sexuales), siendo las que podemos llamar “concubinas”. No faltaron reformadores que pretendieron imponer la igualdad entre féminas, institucionalizando la poliginia “horizontal”, como es el caso del Islam. En este campo, parece que le profeta Mahoma tuvo a bien seguir las normas ancestrales de las tribus arábigas, soslayando la tradición judeo-cristiana sobre la que, en gran manera, si duda pivota el resto de su mensaje.

No obstante, también hubo (hay aún) la poliandria (una mujer con varios hombres), que lógicamente se asociaba a un aumento del éxito reproductivo en los casos de un número limitado de féminas. Por ende se recurrió a ello cuando las condiciones ambientales eran muy hostiles, y era perentoria la necesidad de que los vástagos varones se sumaran muy pronto a la tarea de cazar o recolectar. Así se dio esta forma entre los guanches (desaparecidos), los inuits (se trata de los esquimales, hoy muy mermados y sometidos a una presión legal y por parte de los misioneros muy fuerte), amén de los mosijo (estos últimos continúan con sus hábitos, y pueden hacerlo debido a su aislamiento).

¿Quiere decir esto que en todas las sociedades descritas no había “parejas”? En absoluto, había parejas, en el sentido de preferencia de un macho con una hembra, que le correspondía en esa “filia” (palabra griega que se traduce por “amor”). Los líderes solían ser un hombre y una mujer dados, que compartían el control del grupo y las decisiones importantes, íntimamente ligados, durante periodos incluso en régimen de monogamia. Ocurre igualmente entre los cánidos y los félidos, hay poliginia cuando abundan las segundas y poliandria cuando pasa los contrario, pero a menudo un macho alfa tiene una hembra alfa, con la que comparte el liderazgo del grupo (sin perjuicio de que, llegado el caso, ella se pueda aparear con otro perro/león, etc y viceversa).

Salta a la vista que ser “fiel” no puede estar, en modo natural, ligado “sine qua non” y exclusivamente a la parcela sexual. El “matrimonio” (de “mater”, madre, y “monium”, condición) surge cuando resulta imperativo reconocer la paternidad/maternidad, la sucesión generacional, por el citado orden de posesión del modo de vida, el agro. Ya digo que en principio, se comparte con relaciones de concubinato abundantes, pero al llegar el judaísmo y, sobre todo, el confucio-cristianismo, la deriva inexorable hacia la monogamia fue norma indiscutible, que se adornaría progresivamente de mil florituras literarias, celebraciones y hasta de una mística, englobado todo por una “ley moral” que se traslada a la “ley civil”. Ello persiste hasta el día de hoy, instalada en las sociedades humanas complejas (los “estados”) tanto como en las mentes. Aunque luego el poderoso trasfondo de la naturaleza humana emerja, y sólo se pueda ocultar/sobrevivir con el “engaño”, la “doble vida”, la prostitución (la inmensa mayoría de clientes son casados) y la hipocresía en general.

La sexóloga llegó a decirme algo que me ha impactado, creo que para siempre. Podría resumirlo en el siguiente párrafo:

“Beatriz es tu hembra alfa, lo puede ser para siempre, incluso es posible que podáis eludir cualquier otra relación sexual fuera de la pareja, el uno y la otra. Ella es uno de esos raros ejemplos de mujer con una capacidad sexual extraordinaria y que a la par reúne todos los atributos de la feminidad: comprensión, afecto, delicadeza, dulzura, cuidado exquisito de su descendencia, tolerancia, amabilidad y… sumisión. Esto último en sí mismo no es malo, como toda cualidad humana lo importante es saberla gobernar y ejercerla de manera provechosa, para todos, para los que se aman principalmente. Inténtalo, aunque mensajes de tu subconsciente educado en el mito de la fidelidad insistan en quebrantar tu voluntad y tu decisión. Puedes vencer, porque no eres torpe ni dogmático. Aunque tampoco cuentes con erradicar 60 años de educación en moralina, confórmate con moderarla y sobrevivir a ella”.

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