El presidente de la comunidad Parte 1
Don Mario la miraba como si ya la tuviera. Ella sabía que su cuerpo era el arma más peligrosa que traía de Colombia, y esta vez no iba a esconderlo. En el ascensor, el silencio pesaba más que las palabras, y el viejo presidente de la comunidad no podía evitar susurrar su intención más oscura.
Agradezco al usuario Fran, por sus ideas para la confección de uno de los personajes de este libro
EL PRESIDENTE DE LA COMUNIDAD Parte 1
Me costó la decisión de volver a España, habían sido cuatro años muy buenos en Colombia, en Bogotá para ser más precisos, tenía 37 años y había pasado de ser una joven promesa a convertirme en alguien importante, trabajaba para una compañía de telecomunicaciones y pensé que me enviarían a Estados Unidos, mi regreso a Madrid era un premio, lo sabía bien.
Pero…..estos cuatro años en Bogotá habían sido como un sueño y no sabía cómo me adaptaría al regreso y sobre todo era por Andrea.
Andrea María del Carmen Mosquera Guzmán era mi esposa colombiana, ella era…una especie de reina, en todos los sentidos.
La miré dormir en la butaca del avión, su hermosa boca entreabierta, esos labios marrones y gruesos, carnosos, la fina naricita recta y respingada, los pesados párpados, el largo pelo oscuro que le caía como una cascada por uno de sus costados.
El cuerpazo exuberante que se adivinaba bajo la sobria y elegante ropa, un traje de blazer y pantalón azul, la fina camisa de seda de color rosa, los anillos en sus delicados y fuertes dedos, las pulseras en sus muñecas, los pendientes de oro en sus orejitas.
Había en ella algo como un secreto bien guardado, siempre me había parecido eso, en cuanto la conocí.
Era presentadora de noticias en un canal de televisión que la empresa para la que yo trabajaba había adquirido.
Venía de una venerable familia aristocrática de Bogotá, sus ancestros habían sido guerreros de la independencia de su país, estadistas, alcaldes, médicos y abogados.
Su padre, había suido un poco la oveja negra de la familia, abogado de izquierdas ligado a la guerrilla desde su juventud, ahora era uno de los principales asesores del nuevo presidente.
Andrea también era bastante de izquierdas podíamos decir, no tan extrema como su padre.
La conocí en esas reuniones institucionales del canal de la televisión, ella parecía un poco fría y distante y con un halo de misterio, luego sabría que ser parte de esas antiguas familias de la aristocracia en un país como Colombia significa tanto como ser de la nobleza en un país europeo.
Ella tenía esa conciencia de su importancia y su origen aunque dijera mil veces que todo ello le importaba un bledo.
Me impresionó todo eso y su belleza que era algo que dejaba sin aliento, su ropa discreta, sus faldas hasta las rodillas, sus trajecitos, sus camisas de seda no podían ocultar ese cuerpo que era una cosa bestial de curvas y redondeces.
Tenía 31 años ella en ese momento, dos años menos que yo.
Medía 1,70, diez centímetros menos que yo.
Siempre había escuchado esa frase de una señora en la vida y una puta en la cama, pero creo que no comprendí realmente su significado hasta la primera noche que pasé con ella.
Primero ese cuerpo que desnuda era algo tremendo, su fina cintura, ese culazo, esas caderas, esa exageración que se ocultaba tras la ropa, que se develaba en la ropa interior de encaje de una marca de lujo y esos pechos que eran algo que te dejaba ciego de solo mirarla, eran unas tetazas descomunales, con el fino pezón oscuro y la areola inmensa, que me daba la impresión que habían estado metidas a presión dentro de los sujetadores, que eran algo que se adivinaba y se presentían de un modo que enloquecía la imaginación de quien la veía vestida, de quien la veía día a día en la pantalla presentando las noticias.
Su suave voz modulada, ese acento caribeño que en ella se volvía más neutro cuando hablaba a través de la pantalla y su voz más cantarina y desenfadada en la intimidad.
Licenciada en ciencias de la comunicación con un master en Florida, era una mujer culta, moderna con la que se podía conversar de cualquier tema, por supuesto me aventajaba en materias como pintura y literatura y política.
Yo también era un poco de izquierdas pero sin demasiada convicción, mi especialidad era el marketing, la economía empresarial, los buenos tragos y las mujeres.
Pillado como estaba por ella desde el primer día, luego me confesó que yo le gusté también de primeras, creo que soy aceptablemente guapo.
Una copa después de una de esas reuniones en el canal y cuando preveía yo, un largo y tortuoso asedio, me invitó a beber la última a su casa.
La última fue la primera, siete meses después nos casábamos en la antigua iglesia de San Francisco donde Andrea había sido bautizada, donde había tomado su primera comunión, con una mantilla tejida que había pertenecido a su bisabuela.
Y ahora me encontraba viajando con ella en primera clase rumbo a Madrid, a sus 35 años Andrea estaba en un punto de belleza y jugosidad y refinamiento que me tenía tan pillado y enamorado como cuando la conocí.
Pero algo me daba un poco de miedo y es como esta reina sudamericana se adaptaría a una nueva vida que no sabía si estaría a la altura del glamour y el reconocimiento que tenía en su país.
En principio ella iba a trabajar para televisión española para Latinoamérica en una serie de noticieros y programas especiales y yo me disponía a dar un nuevo salto en mi carrera, sabía que mi próximo destino sería aún más importante y que mi carrera dentro de la empresa iba a más.
Y no podía dejar de pensar que mi máximo trofeo en esta carrera de éxitos era la propia Andrea, a la que me ocuparía de lucir convenientemente.
_Amor ¿Qué hora es?_ dijo su suave voz a mi lado
_Queda una hora de viaje ¿has dormido bien?_
Se desperezó como una gran gatita morena, su piel era de un canela suave, y su cara un poco más pálida que el resto del cuerpo
_Papí, quiero seguir viajando, contigo, en el aire_
Me causaba cierto embarazo ese “papi” con el que me llamaba a veces, aunque solo lo pronunciara en la más absoluta intimidad
_ ¿Un viaje interminable? ¿Cómo el final del Amor en los tiempos del cólera?_
Trataba yo de no desaprovechar alguna cita culta de algún libro que hubiese leído en mi vida, para que no pensara que estaba con un bruto.
_Conocí a Gabo de pequeña, era amigo de mi padre ¿me crees?_
_Si te creo, claro_
No me sorprendía que su padre hubiese sido amigo de Garcia Marquez y de otras personalidades de su tiempo.
_ ¿Te dijo algo interesante?_
_Que era una niña hermosa y su bigote me hizo cosquillas cuando me besó_ dijo ella enfocándome con esos ojos café, expresivos, brillantes.
_A casi todo el mundo nos ha hecho cosquillas algún premio nobel_ dije
Andrea sonrió y esa doble hilera de dientes fuertes y blanquísimos asomó.
_Ahora voy a ser tu mujer, la mujer que sigue al hombre importante en su carrera_
_Eso no te lo crees ni tú_ le dije
_Una mujer casada y aburrida que sale de compras por Madrid_
_A la que le dicen piropos por la gran vía_ dije
_ ¿Tendremos chofer, papi?_ dijo ella con voz juguetona
_Sabes que no, me moriría de celos, no quiero que nadie te saque a pasear por la ciudad_ dije
_Que pena amorcito, como me voy a aburrir, solita y sin conocer a nadie_
_Pobre pequeña, tengo un amigo eunuco que te hará conocer El Escorial_ dije
Ella frunció la boquita fingiendo desagrado.
Por supuesto ella ya había estado en Madrid y conocía bastante bien el resto de Europa y tenía amigos en todas partes el mundo, era solo un juego.
Pero un ramalazo de celos cruzó por mi pecho y pensé en algunos de mis amigos y lo que pensarían al conocerla, solo me consolaba lo discreta que era Andrea para vestir.
En principio íbamos a vivir en viejo piso de mi padre en el barrio de Salamanca, hasta que el chalet de las Rosas estuviese acabado, era un bonito barrio y yo había vivido un poco allí en los últimos años de mi adolescencia.
El piso era muy señorial y supuse que sería del gusto de Andrea, había confiado en mi hermana para el acondicionamiento, me había enviado fotos y estaba conforme con cómo había quedado, si bien la decoración y los muebles eran bastante antiguos, sería solo una vivienda de paso, por unos meses.
_ ¿Crees que el gordito respira todavía?_ dijo ella
El gordito era nuestro perrito, LIlú, el perro de Andrea para ser más justos, venía en la bodega convenientemente embalado junto al resto del equipaje
_Nos entregaran el cadáver y luego lo enterraremos cuando lleguemos_ dije
_Que malo eres_ dijo ella y me dio un pequeño codazo.
_Déjeme pasar, caballero_ dijo luego y la vi caminar a través del pasillo.
Su culazo llenaba cualquier pantalón que se pusiese, esas largas piernas, los finos zapatos negros con sus tacones, el largo pelo oscuro, otra vez esa punzada de celos, que nunca había sentido en Bogotá.
Traté de restarle importancia.
Veía a Andrea hacerle carantoñas al perrito lanudo que nos habían entregado, se había quitado el blazer y su camisa de seda arremangada en los brazos torneados y morenos, con los primeros botones desabrochados y la silueta de sus tetazas indisimulables y su sonrisa y dos de los empleados del aeropuerto con los ojos fijos en ella.
Andrea llamaba mucho la atención, era como una Jennifer Lopez o una Sofía Vergara hecha realidad de la nada, atrae más las miradas que en Bogotá me dije y aún no habíamos salido de Barajas.
Luego hicimos el viaje en un coche que nos había enviado la empresa, es decir que teníamos chofer, yo iba en la butaca del copiloto y veía como el chofer, un hombre de unos cuarenta años, panzón, buscaba a Andrea a través del espejo retrovisor una y otra vez, no podía evitarlo.
Ella iba con el perrito en los brazos y cruzada de piernas y cada tanto le decía algo cariñoso y meloso a la mascota y todo eso me daba un corte tremendo.
_ ¿Qué pasa gordito, no has podido dormir la siesta con mami hoy?_ decía y cosas así
_ ¿Mucho tiempo fuera de España?_ me dijo el hombre
_Cuatro años_ dije
_Amorcito no habrá problemas con el gordito en el apartamento ¿No?_ dijo ella, con su suave acento caribeño que ahora me parecía más estridente que nunca, el conductor la enfocó a través del espejo retrovisor y le dio un buen repaso.
La verdad que no lo había preguntado, pero recordaba que la vecina de mi padre tenía un perro así que descontaba que no habría problemas.
_No, se permiten mascotas allí_
_ ¿Venezolana tu esposa?_ dijo el hombre en un susurro rápido hacía mi
_Colombiana_ dije, como revelando un secreto
_Claro_ dijo y meneó la cabeza, como comprendiendo todo de repente y en cuanto ella hablaba, le clavaba la mirada en el espejo retrovisor.
Miré a Andrea, sonriente, jugando con el perro, este se había pegado a su cuerpo y estiraba la camisa de seda que quedaba tirante sobre sus pechos y el botón desabrochado se había bajado y se veía con claridad el canalito de sus enormes tetazas y otra vez esa nueva sensación de incomodidad al ver como otros la atravesaban con la mirada, como este torvo chofer.
Llegamos al piso por fin, no recordaba al conserje del edificio, era otro distinto al que yo recordaba de más joven, este sería un hombre de unos cincuenta años, de cabello cano y más bien alto y magro.
_Soy Jose, bienvenido, su hermana dijo que llegaría hoy_ me dijo estrechándome la mano y luego ayudando a bajar las maletas del coche.
_Bienvenida señora_ dijo a Andrea y esta que seguía con el perrito en brazos, le sonrió levemente
_Gracias_ dijo ella, un poco distante como poniendo una habitual barrera de clase, como estaba naturalmente acostumbrada.
Y la mirada de este hombre se perdió otra vez en el culo de Andrea y vi que los glúteos de mi mujer eran portentosos y plenos y me pareció que sus pantalones eran demasiado ajustados ahora.
Me sentí aliviado de estar a solas por fin en el piso con ella.
_Que bonito es esto, amor, me gusta, muy distinguido, muy castizo ¿no?_
_Que bueno que te mole, será solo por unos meses_
_Ven aquí, mi cielo_ dijo ella y dejó el perrito en el suelo
Me acerqué y abrasé ese talle flexible y pequeño en la cintura y por dios, esas caderas salientes y ese culazo en pompa.
_ ¿Ya quieres estrenar el apartamento?_ dijo ella, lamiendo mi oreja con su lengüita caliente.
_Creo que Lilú ya lo ha estrenado_ dije
_ ¡Gordo!! Ya te has hecho pichí, pero que sardino malo eres_ dijo ella riendo, el pequeño perro había meado el piso de mi padre, marcando territorio.
Luego fue a limpiar el suelo, ella ya se manejaba como en su casa, me gustaba eso.
Fuimos a cenar a un sitio que quería enseñarle a Andrea, comida típica, aunque ella apenas picoteo la comida, se cuidaba bastante.
_ ¿No estás cansada?_
_Si, pero ya te dije que quiero estrenar la casa, beiby ¿Okey?_ me dijo ella guiñándome un ojo, habíamos bebido un buen Rioja
_ ¿Te pone cachonda la nueva casa?_
_ Un poquito, papi, pero no lo andes diciendo por ahí_
Y luego estrenamos la casa, con todos los honores, me costó un poco pensar que había sido la cama de mis padres, pero fue solo un pensamiento momentáneo.
Esa mañana desayunamos juntos, Andrea llevaba un vaquero que creo nunca le había visto, tan ajustado a su cuerpazo.
_Voy a sacar a pasear al gordo para que haga sus necesidades_ dijo ella
_Tengo la primera reunión a las nueve, tal vez podamos almorzar juntos ¿Quieres?_
_No, tranquilo, tu haz lo tuyo amor, yo me arreglo, voy a llamar a Melany ¿la recuerdas? trabaja aquí ahora_
Melany era una amiga suya, colombiana que trabajaba en Madrid como instructora de gimnasia.
Salimos juntos, era una mañana fría pero con un sol refulgente.
Cuando salíamos vi la mirada de Jose clavada en el culo de Andrea, estuve a punto de decirle algo.
El perro fue el primero en ganar la calle.
El día transcurrió un poco pesado, espeso, era raro estar otra vez en Madrid, no escuchar esos acentos colombianos por todas partes, pensé toda la mañana en Andrea y le envié varios mensajes.
Al mediodía Andrea me contó que iba a apuntarse a un gimnasio que le recomendaba Melany.
Regresé a casa como a las seis de la tarde, era el primer día, de adaptación.
Tenía muchos deseos de ver a Andrea, pero ella no estaba en casa, había ido al gimnasio., el perro me miraba como interrogándome donde estaba su dueña, creo que en ese momento tenía un poco de celos de él.
_Tú tranquilo, gordo, tienes la vida hecha_ le dije
Lilu me miró, parpadeando, creo que estaba tan desorientado como yo.
_Ay, amor, saca a pasear el perrito, por favor_ decía una nota de ella
Vivíamos en un tercer piso, decidí sacar a pasear al perro y bajar por la escalera, con el perro en brazos.
Me quedaban un par de escalones cuando escuché una voz, que conocía, de otra vida, una voz grave, rasposa, que se arrastraba al hablar.
_ Joder ¿quién es la latina esta, la nueva, la que sale con el perrito?_
_Es la esposa de Rodrigo, el hijo de don Rafael_ dijo Jose
_ ¿Esa zorra? No me jodas macho ¿Y de dónde ha sacado a semejante putón?_
_Ha vivido en Colombia el chaval_ dijo Jose
Estuve a punto de acabar de bajar la escalera y darle una hostia.
_Que culazo tiene, como me la follaría yo_ dijo la voz, de don Mario el presidente de la comunidad de vecinos.
_ Joder con las calzas esas metidas en el culo ¿no es verdad don Mario?_ dijo el conserje.
_Me ha dejado cardiaco la mulata_ dijo don Mario.
¿Mulata? Nunca había pensado en Andrea como mulata, si bien se adivinaba su origen latino con verla, lo rasgado exquisito de sus ojos, los pómulos, la boquita, pero nunca había pensado de ella de ese modo y luego lo de las calzas metidas en el culo, ella me había dicho que iría al gimnasio.
Subí la escalera lentamente, cogí el ascensor en el primer piso, bajé hasta la planta baja.
_Son todas muy putoncillas estas latinas_ decía don Mario mientras yo abría la puerta del ascensor.
Nos quedamos mirando uno al otro, era más bajo que yo, lo recordaba como un ogro, gigante, esa era mi visión de él a mis catorce años.
El escaso y raleado pelo blanco, el bigotón, cubriendo todo el labio, los ojos celestes acuosos que se convertían en dos rayitas oscuras por momentos, la gran cabeza, la nariz de pimiento, el cuello de toro, el cuerpo algo obeso, esa cara fuerte y con líneas marcadas, los carrillos un poco hinchados como un bull dog, la camiseta tirante conteniendo la barriga y vi en su muñeca la pulsera con los colores de España.
_Hombre, Rodrigo, tanto tiempo_ dijo y me extendió la mano.
_Don Mario, que tal_ su mano era firme y grande y estrechó la mía con firmeza.
_Hombre ¿y el perrito? ¿Tiene su pasaporte en regla?_ dijo en forma risueña.
_Sí, claro, tiene su visado de sanidad y sus vacunas_ dijo yo a la defensiva.
_Hombre, es una broma_ dijo él poniéndose serio
_Sí, claro_
_ ¿Cómo está tu padre?_
_Bien, en el pueblo, no quiere salir de allí_ dije
_Quien pudiera vivir así, con tranquilidad ¿Y cómo te ha ido en América?_ dijo mirándome oblicuamente, desde abajo, frunciendo las cejas canas y pobladas.
Le calculé que tendría cerca de setenta años por lo menos.
_Muy bien, me he casado allí_
_Me imagino, que bien, un español allí tiene todo a sus pies y con tal de poderse escapar de allí, a las tías las tienes servidas en bandeja_
_Mi esposa no es que tenía ganas de escapar de nada_ dije con acritud
_ ¿Dónde estabas tú?_
_En Bogotá, en Colombia_
_Joder con el follón de la guerrilla allí y además tienen un presidente comunista ahora ¿no es verdad?_
_Es de izquierdas, pero bastante moderado_ dije
_Son todos unos putos marxistas, palos hay que darles, es el único modo que entienden_ dijo acomodándose el cinturón debajo de la barriga.
Y en ese momento vi a Andrea, que entraba en el edificio.
Era verdad, llevaba unos leggins, pegados a la piel y ya verla caminar de frente era tremendo, era una pantera, llevaba sandalias de tacón y no zapatillas deportivas y arriba una cazadora de tafeta de carolina herrera, pues a Andrea le gustaba la ropa de marca.
Su pelo lacio y oscuro con una raya en medio de la cabeza que dividía esa melena que se rizaba un poco llegando a las puntas
Era una vestimenta heterogénea, una mezcla informal de ropa deportiva y de calle.
_Hola, amor, te presento a Don Mario, el presidente de la comunidad_ dije
_Mucho gusto_ dijo ella y le tendió una manita, con las uñas largas y rojizas
_Un placer, hija, espero que tengas una bonita estadía en España_
_Gracias_ dijo ella un poco cohibida y me miró como preguntando quien era este tío
_Andrea va a trabajar aquí en televisión española, es presentadora_ dije
_ ¿Si? bueno aquí hay muy buenas presentadoras también_
_Programas de televisión española para Sudamérica_ dije, como si tuviera la obligación de justificar a Andrea,
_Estos, con nuestro dinero, se dan todos los gustos_ dijo don Mario
_ ¿Lo sacas tú al gordito o quieres que lo haga yo?_ dijo mi esposa, un poco cortante
Me pareció que a pesar de la cazadora, se le notaban los inmensos pechos, que estaban allí de todos modos.
_Yo lo hago_ dije, el perro husmeaba en el suelo
_Bueno, con su permiso, ha sido un gusto_ dijo ella, su acento caribeño volvía a chocarme, por un instante pensé en todo lo que había escuchado, la forma despectiva en que don Mario había hablado de ella.
Ella pasó junto a nosotros en dirección al ascensor, la cazadora era muy corta y el culazo se le marcaba de un modo estremecedor dentro de los leggins.
_Hace mucha gimnasia tu esposa ¿no?_ dijo don Mario con intención, Jose también la había seguido con la vista, vi como ella cerraba la puerta del ascensor con seriedad.
_Si, le gusta cuidarse_ dije yo
_Vaya que si_ dijo él
_Bueno, debo pasear al perrito_ dije
Ya estaba abriendo la puerta de calle, cuando don Mario me alcanzó en una zancada bastante ágil para un hombre de su edad.
_Rodri, te digo algo, chico_ dijo
_Si_ dije, el perro estaba ansioso por ganar la calle
_No se permiten animales aquí_ dijo con cara seria, de circunstancias.
_ ¿No? Pero si la vecina de mi padre siempre ha tenido un perro_ dije
_Bueno, hacíamos una excepción con ella, pero mascotas aquí, no, desde hace tiempo ya_
_Joder, que putada ¿no?_
_Veré si puedo hacer algo, pero vais a tener que dejar el animalillo en otro sitio, seguramente_ dijo
_Vale_ dije, salí a la calle
Pensé que Andrea se lo iba a tomar fatal.
Me fui de allí con una sensación extraña, las palabras soeces de don Mario resonaban en mi cabeza. No recordaba a este hombre tan de derechas, algunos amigos me habían comentado eso de las pulseras de España y lo que significaban y sus comentarios, tan burdos, tan de otra época.
“Que culazo tiene, como me la follaría yo. Me ha dejado cardiaco la mulata. Son todas muy putoncillas”
Era increíble que todavía existiera gente así.
Me sentí extraño, estaba en mi ciudad de toda la vida y me sentí extranjero de repente, siempre había pensado en Madrid como una ciudad cosmopolita y de pronto por cuatro frases estúpidas dichas por un viejo fachas, sentí temor por Andrea y por como pudiera ser tratada.
Regresé al piso, Andrea se había duchado ya y llevaba un chándal e iba descalza, los gráciles pies morenos, la camiseta corta, sin sujetador, el pelo suelto y oscuro.
_Que tal tu primer día, en el trabajo_ dijo ella, sonriendo con esos dientes blanquísimos y fuertes.
_Bien, ha sido normal, es cuestión de adaptarse_ dije
_ ¿Pasa algo, corazón?_ dijo ella, cogiendo a Lilú y poniéndolo en su regazo
_Don Mario me ha dicho que no permiten mascotas en el edificio_
_ ¿No? que mal ¿no?_
_Si, me pareció raro que dijo, veré que puedo hacer, el hace y deshace aquí a su gusto, incluso…_ Andrea estaba pensativa
_ ¿Incluso?_ dijo mirando hacia la nada
_Incluso ha sido denunciado ya un par de veces por abuso de poder_
_Ay, mi amor ¿Abuso de poder? Es solo un presidente del bloque_
_Es que a veces estos tíos se creen los dueños de todo_
_Es un viejo de derechas ¿No?_
_Si, salta a la vista que sí, no se cortan un pelo ahora, cuando yo era niño no era así_
_Es todo un fenómeno, el avance de la extrema derecha en toda Europa, ya me ha dicho Ana que se va a hacer un programa con eso_
Ana era la productora del canal.
_Tendremos que mudarnos o dejar el perro con alguien_ dije
_No quiero dejar al gordito con nadie_ dijo ella
_Pues tendremos que mudarnos_ dije entonces
_Tal vez podrías hablar con él, que nos haga el favor ¿no?_
_Bueno, no quisiera deberle ningún favor_
_He notado como me miraban, él y el otro_
_Joder, si, ¿se han pasado contigo?_ dije
_No, solo miraban, pero mira que allá son mirones, pero estos dos, especialmente el viejo_
_Es que eres muy guapa_ dije y pensé, esos leggins eran demasiado apretados, cariño.
No debo pensar así, como un cerdo, que se vista como le salga de los cojones.
_Melany ya me ha dicho que son así, les gustan mucho las mujeres latinas a los españoles_
_No todas las latinas, solo las que están cañón como tú_
_ ¿Estoy cañón?_ dijo ella con una gran sonrisa
Me senté a su lado, ella dejó caer el perrito al suelo. Nos besamos, sentí su boca fresca, frutal.
Sus tetazas se pegaron a mi pecho. Qué coño me importaba don Mario y todos los viejos fachas del mundo
Al día siguiente ella tenía que verse con la gente de la televisión, esta vez llevaba un traje como los que solía usar allá, pero, la faldita del traje era muy corta, dejaba sus increíbles muslazos a la vista, sus piernas eran macizas y largas y tersas y la falda era muy ceñida, el blazer abierto dejaba ver una camisa de seda de color azul y los pechos parecían tirantes dentro de la tela y llevaba dos botones desabrochados.
Mientras bajábamos en el ascensor, Andrea me guiñó un ojo, con picardía.
_Estás muy guapa hoy_
_ ¿Solo hoy?_ dijo ella con una sonrisa
No sé por qué, imagine que don Mario estaría allí, como si estuviese atento a nosotros.
Era así, allí estaban los dos, Jose, más alto y magro, con las líneas duras en el rostro y el viejo con una camiseta negra que llevaba un logo raro y su pulsera de España y sus brazos velludos y un poco más bronceados que el pálido seboso de la cara.
_Buen día, parejita, a currar ¿no?_ dijo Don Mario
_Buenos días, si, a eso_ dije yo
Entonces sucedió algo totalmente imprevisto. Andrea se acercó al viejo, con los taconazos, ella quedaba levemente más alta que él.
_Ay don Mario, que pena, Rodri me dijo lo del perrito, que no puede quedarse_
El viejo también se sorprendió, creo que no esperaba algo así de ningún modo.
_Bueno, he dicho que trataría de convencer al resto de la comunidad, por mí puede quedarse el perrito y todos los que tú quieras, pero sabes, hay unas reglas, hija y hay que respetarlas_ dijo él con esa voz grave, rasposa.
_Que pena me da, si usted pudiera hacer algo, don Mario_ dijo ella y entonces rozó con uno de sus dedos de largas uñas el brazo de aquel viejo, su acento caribeño me parecía ridículamente insinuante
_Joder, hija, uno también tiene corazón, veré que puedo hacer_ dijo el viejo, sonriendo
Al salir del edificio, Andrea volvió a guiñarme un ojo.
Joder no estábamos en Colombia, esto no estaba bien, aquí ella no era la hija del doctor Mosquera Guzmán, a nadie le importaba eso, ni quien era ella ni su familia.
_He olvidado algo, ya vengo_ dije
Volví a entrar al edificio, el ascensor estaba subiendo, Jose y el viejo me miraban con curiosidad.
Decidí ir por las escaleras, llegué al primer piso, descendí lentamente los escalones, la voz del viejo me llegó con nitidez.
_A la putona esta me la acabo follando yo, Jose, te lo firmo_
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