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El capataz de obra y la arquitecta Parte 1

Silvia cree que está luchando sola contra la inercia de la obra, pero Mario la observa desde las sombras. Lo que comienza como una disputa profesional se convierte en el combustible de una fantasía prohibida: ver a su esposa, tan segura y elegante, enfrentarse a la fuerza bruta y la ignorancia del capataz. Mario no solo mira; él construye la realidad que su mente desea.

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EL CAPATAZ DE OBRA Y LA ARQUITECTA Parte 1

_Yo, te digo la verdad, jamás me he sentido discriminada_ dijo Silvia, mi esposa.

_Pues que suerte has tenido, chica_ dijo Pía, su amiga.

Las dos eran arquitectas, estábamos cenando con ella y con su marido, el tema de conversación era recurrente, como suele ocurrir en parejas que ya has pasado los treinta y se reúnen cada tanto para cenar.

_De verdad, coincido contigo que el mundo de la obra es o sigue siendo esencialmente masculino, el hormigón, el hierro, todo eso, pero es que yo, discriminación en el sentido estricto de la palabra no he vivido_ dijo Silvia

_La arquitectura es un club de hombres, eso sigue siendo así_ dije Pía

Las miré a las dos, era muy diferentes, habían estudiado juntas, se conocían dese hace mucho, Silvia era madrina de la hija mayor de Pía, las dos tenían 36 años, la dos arquitectas bastante exitosas, hasta allí las similitudes.

Pía sin ser fea, no era una mujer atractiva, bajita, con el pelo teñido de rojo, gafas, habían engordado un poquillo luego de los embarazos.

Silvia, mi mujer, era un buque de guerra, una verdadera mujer de bandera.

Era guapísima, a veces no podía creer que semejante pibón fuera mi mujer.

Pero lo era.

El pelo castaño oscuro en una melena ondulada que le llegaba casi hasta los hombros, unos ojos verdes con reflejos de marrón y miel, un ovalo perfecto la carita, un poco angulosa, se había refinado con los años, alta, 1, 74, esbelta, mucho gimnasio, unas piernas largas y torneadas, un buen culo, redondo, compacto y duro, en su sitio y unos pechos que eran obra del demonio, que salían de ese talle esbelto como dos plantas carnívoras que han crecido demasiado bajo el sol tropical, eran como una anomalía.

A ese cuerpo esbelto y fino le hubieran debido corresponder unos pechos medianos con los pezones en punta, en lugar de ello, la naturaleza se había empeñado en ponerle un buen par de gemelas, unas tetazas, redondas y gordas con unos enormes pezones rosados y una areola rosa pálido que le ocupaba medía teta.

_No lo niego, se todo eso que siempre dicen las estadísticas, pero yo no siento que haya tenido menos oportunidades por ser mujer_ dijo Silvia

_Las estadísticas no mienten, más del 50 % dice haber sufrido discriminación, más del 17 % acoso psicológico, las mujeres no estamos como jurados cuando se entregan premios de arquitectura y venga, hoy día más del 70 % de las graduadas son mujeres ¿Dónde están todas, tía? Porque yo no las veo_ dijo Pía, quien era una máquina de dar estadísticas.

_Todo es verdad, pero luego hay otro tema, tú sabes y es la maternidad_ dijo Silvia

_Las que como yo elegimos tener hijos y trabajar a tiempo parcial y las como tú al que sistema obliga a no tener hijos para poder realizarse profesionalmente_ dijo Pía, agitando el vino que le quedaba en la copa.

_No es verdad, nadie me ha obligado a no tener hijos, ha sido mi decisión_ dijo mi esposa, Edu el marido de Pía, un abogado empollón la miraba y como siempre podía ver el deseo en sus ojos, Silvia era muy guapa, demasiado.

_A veces creemos que tomamos una decisión y en realidad lo hacemos condicionadas, porque sabemos que si no lo hiciéramos no conseguiríamos lo que queremos_ dijo Pía

_No hemos querido tener hijos por el momento_ dije yo

_No, si a mí me parece muy bien, no estáis obligados, pero lo que digo, es que Silvia siempre ha querido tener hijos y lo viene posponiendo por el trabajo, eso es así, no lo vas a negar, Mario_

En realidad había querido apoyar un poco a mi esposa, pero Pía tenía razón, más de una vez Silvia me había dicho: cuando acabe esta obra, nos ponemos a la tarea de quedar embrazados, pero luego venía otra obra y otro proyecto de ella y lo volvíamos a posponer.

_Que hay discriminación no lo niego, no lo discuto, pero yo…no sé…. he tenido suerte, pero no lo he vivido hasta ahora_ dijo Silvia.

_ ¿Tú crees que Pía me envidia?_ dijo Silvia, sentada frente al espejo quitándose los pendientes, llevaba solo el sujetador y yo me entretenía viendo la delicada y perfecta forma de su espaldita con los músculos bien marcados y una línea que la dividía en dos mitades simétricas.

_Claro que te envidia, mira lo guapa que eres_ dije yo

_No, bobo, en serio lo digo_ dijo ella

_No, es como ella dice, la maternidad ha perjudicado su carrera, eso es verdad_

_Quiero mucho a Pía, pero a veces me da la paliza con lo de la discriminación, es como que si no la has sentido, eres una tonta que no te enteras_

_ ¿Y es verdad eso? ¿Finges que no te enteras?_ dijo yo, estaba esperando el momento en que ella se desabrocharía el sujetador frente al espejo y esas grandes roseta de sus areolas aparecieran ante mi vista.

_Bueno……no sé, tal vez es que soy la protegida de Fernando y él me evita cualquier situación, ya sabes, desagradable_

Fernando era el arquitecto fundador del estudio donde trabajaba Silvia, junto a otros arquitectos, ella era la única mujer en el consejo directivo, eso era verdad.

_Si le dices eso a Pía, olvídate, le estarás dando la razón_ dije

_ ¿Por qué dices eso?_

_Venga, cariño, tú eres inteligente, tienes a un hombre poderoso que te protege y lo hace entre otras cosas porque eres muy capaz y porque también eres muy guapa y ese viejo debe estar pillado por ti, pero como es un carroza caballeresco no te lo hace notar y luego valora tu lealtad con la empresa al no quedar embarazada_ dije

_Dele con eso, joder, no hemos tenido hijos por una decisión de los dos_ dijo ella

_Pero lo del viejo es verdad_ dije

_Fernando no es un viejo y si, puede ser que yo le guste, pero bueno, si me voy a guiar por eso…_ dijo ella

Joder, como son la tías guapas, uno cree que lo ignoran pero lo saben, claro que lo saben, que todos los hombres heterosexuales babean como lobos hambrientos ante ellas.

“Si me voy a guiar por eso” dijo Silvia, si es que le gusto a todo el mundo, cariño eso yo lo tengo claro es como si hubiera dicho.

_Reconoce entonces que ese hombre te allana el camino porque le gustas_

_Claro, soy una mala arquitecta que tiene éxito porque un macho dominante se lo permite, eso es bastante machista ¿No?

_Vale, perdona tu sabes que eres una gran arquitecta, eso lo sabes de sobra, ¿que tu belleza te juega a favor? Vale, ¿Que lo tienes a Fernando comiendo tu mano? bien por ti, vale, todo eso es bueno yo creo_

Ella se desabrochó el sujetador, esas enormes tetazas blancas como la leche cayeron pesadamente como un alud bajando de la montaña, como un movimiento sísmico, mi polla se irguió dentro de mis calzoncillos, joder, luego de nueve años de matrimonio ella me tenía así todavía.

_Que mal me haces sentir_ dijo ella

Me acerque por detrás masajeé sus hermosos hombros redondeados.

_Bueno, trataré de remediarlo_ dije

Estábamos llegando al verano, teníamos una casa en las sierras, con piscina. Silvia había comenzado a coger un cierto tono broncíneo de la piel, sobre el blanco marfil, que le quedaba estupendamente.

_ ¿Sabes que Fernando se ha pedido licencia?_ me dijo ella una noche

_Bueno, ya debe tener cerca de ochenta años- dije

_Setenta y cinco, su hijo es un poco gilipollas, por suerte esta Javi que le contiene un poco_ dijo ella.

_Espero que no signifique un gran cambio para ti_ dije

Pero me equivocaba, los problemas no tardaron en llegar.

_Te juro que estoy harta ya, acabamos de empezar y ya estoy harta_ dijo ella

_ ¿Qué sucede cariño?_ dije

_Me está sacando de quicio_ dijo ella

_ ¿Problemas con Santi?_ este era el hijo de Fernando, un arquitecto cincuentón que no tenía el don de gentes de su padre.

_No, no es con él, es con este capataz de obra que me han puesto­_ dijo ella

_ ¿Qué pasa con él?_ dije

_Que no hace lo que le digo, no hace caso, se cree que sabe más que yo, en todo me corrige, todo me lo cambia_

_ ¿Si? ¿De dónde ha salido?_ dije

_Era la mano derecha de Fernando, en obra claro, tú sabes que estos capataces, conocen los planos muy bien, si tienen experiencia son de mucha ayuda_ dije

_ ¿Pero qué pasa con este?_

_No lo sé, yo le conocía pero nunca había trabajado con él y ¿sabes qué? Pía tenía razón, no me obedece porque soy mujer, me doy cuenta de ello, está claro como el agua_

_Bueno debes hablar con Javi o con el mismo Santi o con Fernando, hace poco has hablado con él_

_Fernando está retirado ya, además que no sabría bien como decírselo…no, este es un problema que debo corregirlo yo, por mi cuenta_

_ ¿Cómo se llama?_ dije

_ ¿El capataz? Jose_ dijo ella

_ ¿Y no le puedes poner en caja?_

_Es que además ha trabajado tanto con Fernando, cualquier duda que hay me lo dice, don Fernando habría hecho esto o aquello o don Fernando no se metía con estas cosas_

_ ¿Y es verdad eso?_

_Puede ser que un arquitecto como Fernando, que le gustaba dibujar en el tablero y no ir tanto a obra le diera carta blanca para algunas cosas, que se apoyara mucho en él o que pasara de todo_ dijo ella

_Joder, eso no habla muy bien de Fernando_ dije

_Bueno antes era así, a Fernando le gustaba ver la obra acabada y ya, pero con Javi tampoco ha tenido problemas este tío, lleva más de cuarenta años en la empresa y no quiero quedar como la tía problemática_

_Bueno, yo creo que acabarás por entenderte con él_ dije

_Eso espero, pues ya me está poniendo de un modo que no veas_ dijo ella, visiblemente fastidiada

Pero no fue así, los problemas se seguían sucediendo y era una batalla sorda y despareja en la que Silvia llevaba las de perder.

Pero ningunos se quejaba ante los arquitectos de mayor experiencia, ni el tal Jose ni ella, era un combate entre ellos dos en exclusiva.

Pero nunca había notado a Silvia tan histérica, tan cabreada y nerviosa.

Me pregunté qué pensaría de ella este viejo capataz de obra, como lo estaría encajando él esta contienda de poder, con mi esposa que tenía un carácter muy suyo también.

_ ¿Cómo es este tío?_ dije

_ ¿Cómo es? Un gilipollas_ dijo ella

_Bueno, además de eso_ dije, me había picado el gusanillo de la curiosidad, incluso tenía la fantasía de que tal vez si hablaba con él, si intercedía por mi esposa, claro que Silvia me mataría si se enteraba de algo así.

_Un tío común, más bien bajo de estatura y de pocas palabras, los albañiles lo respetan mucho y mira que es bastante duro con ellos, pero sabe llevarles_

_Hace bien su trabajo_ dije

_No, no lo hace bien, porque se caga en los planos y en mis diseños_

_ ¿Es tanto así o será que te parece un poco ti?_

_Que estoy exagerando quieres decir…..que soy una mujer histérica que agranda las cosas y no hace lo que le dice un hombre con experiencia_

_No, no digo eso, pero no seguir los planos es algo grave_ dije

_Es que sigue los planos, no es tan idiota, pero luego hay detalles de diseño que para mí son importantes y el tío se la suda, se le da los cojones de cambiar lo que le he marcado o no hacerlo_

Me quedé sorprendido “al tío se la suda” ¿Le suda la polla? ¿Había escuchado bien? Nunca había escuchado a mi esposa hablar tan guarro.

_Bueno, tal vez si hablas con él_ dije

_Ya lo he intentado, es hablar con una pared, con un animal, un perro San Bernardo, te escucha sin comprender y pestañea un poco y mueve las orejas, tendrías que verlo, es una piedra, un trozo de hormigón_ dijo ella

_Joder, vaya elemento el tío_

_ Además que está a punto de jubilarse, se jubila en un año más y me está jodiendo la vida, el cabrón, te digo que….._dijo ella

Y entonces me quedé más sorprendido aún, pues ella había estado a punto de lagrimear, nunca la había visto así, es una mujer de mucho carácter, no es fácil hacerla flaquear de ese modo.

Y unos días más tarde, una nueva crisis, estábamos almorzando en un sitio, una terraza muy bonita, era un hermoso día de fines de mayo, bastante caluroso, ella llevaba una suerte de top de color blanco que contrastaba muy bien con el color dorado que comenzaba a coger su blanca piel.

El top dejaba su vientre liso al desnudo y tenía unos tirantes también, no sé si era un top realmente, me daba la impresión de ser un sujetador grande, que contenía con esfuerzo esas enormes tetazas de ella y el canalito que se le formaba en la unión de esas gemelas era brutal.

Yo no podía dejar de mirarla y lo mismo hacían más o menos disimuladamente todos los tíos alrededor, no me molestaba esa atención visual que recibía ella, es más, me ponía un poco que la desearan así.

Entonces recibió un llamado al móvil.

_Tengo que coger la llamada_ dijo ella

_Venga_ dije

_Hola, Ernesto, si, dígame_ dijo ella, escuchaba el rumor de la voz del otro lado de la línea, escuché algo así como “yo ya se lo dicho, arquitecta”.

_Pero me cago en dios, si yo se lo he dicho ya mil veces Qué duro de mollera es este hombre, voy para allá_ dijo ella

_ ¿Problemas?_

_Voy a tener que ir a la obra_ dijo ella

_ ¿Ahora?_

_Si, ahora, tú quédate aquí y acaba de almorzar_ dijo ella y cogió un blazer liviano de color gris

_No, te acompaño_ dije yo

_Pues vamos, creo que voy a matar a alguien_ dijo ella

Yo soy economista, pero últimamente tenía el hobby de la fotografía, llevaba conmigo mi cámara Nikon D6 con un gran angular y con teleobjetivo que había comprado recientemente.

Cogí la cámara fotográfica y salimos.

Ella llevaba unos vaqueros celestes, gastados y muy ceñidos al cuerpo y sandalias, el falso top o lo que fuere y un blazer gris por encima, su melena castaña oscura acababa con sus ondulaciones antes de llegar a los hombros.

Llegamos con el coche al sitio de la obra, las nubes de polvo y los ruidos de hierro chocando y martillazos llegaban hasta nosotros, en verdad era un mundo masculino, de hombres doblegando la materia con el uso de la fuerza y las máquinas y las herramientas y ella bajó del coche, el blazer le tapaba parte del hermoso y compacto culo al menos, llevaba su casco de obra, de color bordó, bajo el brazo.

_Espérame, no tardo, si le asesino verás llegar el coche de la policía_

_Conseguiré un buen abogado_ dije, tratando de quitarle hierro al asunto.

Desde donde estaba podía ver a los hombres trabajando y las máquinas de hormigón rellenando las bases y pilares.

Cogí la máquina fotográfica, para matar el tiempo.

Apunté y tiré unas fotos de unos hombres con sus cascos amarillos, portando una viga de hierro, toda mi vida la he dedicado al estudio de la economía, nunca había tenido inquietudes artísticas así que me sentía un gran fotógrafo en sus inicios.

Volví a enfocar con el teleobjetivo, tenía mucho alcance, de muchos metros de distancia, podía coger un pájaro en una rama lejana si quería y entonces les vi.

A Silvia, todavía con su casco bajo el brazo y el blazer gris puesto y ese top que dejaba su vientre al desnudo, señalando con el dedo en una dirección determinada y gesticulando, hablando ampulosamente, cabreada, su hermoso rostro, cabreado y fastidiado.

Y vi a un hombre que no podía ser otro que el odioso capataz y tire un par de fotos de ellos dos juntos, sin pensar.

El contraste era brutal, sentí como una patada en el estómago, un puntapié bien dado en los testículos.

Esos dos no se podrían entender jamás en la vida.

El tío me hizo acordar a un amigo de mi padre de cuando yo era niño, los ojos pequeños, el pelo cano, el ceño fruncido en una mueca dolorosa, los bigotes grandes y canos también, muy moreno de piel, lo brazos cortos y combados, parecía mucha más bajo que ella así que le calculé menos de 1,70, tal vez 1,66 y llevaba un mono de trabajo de color caqui, volví a tirar unas fotos y luego mire las fotos y las agrandé, quería ver su mirada, sobre ella, que no le estaba mirando sino que señalaba a un punto lejano.

Tenía razón Silvia, era la mirada de un perro, uno de esos grandes y pesados perros que uno no sabe si van a morderte o no y parecía no entender lo que ella le decía, esperaba encontrar una mirada torva, llena de deseo como siempre que un tío miraba a mi esposa, pero no, él la miraba con perplejidad, como algo que no llegaba a comprender, con preocupación, como una gran contrariedad que había surgido en su vida y entonces me di cuenta.

Ese hombre estaba sufriendo tanto como Silvia con la situación, no era que no le hacía caso para tocarle los cojones a ella, era que no podía hacer otra cosa, creía estar haciendo lo correcto, lo que había aprendido a lo largo de más de cuarenta años.

Y luego volví a tirar otras fotos y en todas ellas me encontraba con lo mismo, esa mirada perpleja de él, como no creyendo en lo que veía, una mujer dándole órdenes y llamándole la atención.

Y luego ella le enseñaba los planos y él la miraba a ella y luego los planos que llevaba en la mano y entonces sí, me di cuenta que su mirada se encontraba con los enorme tetones de Silvia y se quedaba allí, también con estupor, pues no parecía el lugar apropiado para andar luciendo esas maravillas de la naturaleza.

En otro momento les seguí con el teleobjetivo a ellos dos caminando, y ese hombre detrás como un perro siguiendo a su dueña y en movimiento se notaba aún más la diferencia de altura, ella estaba imponente, supongo que llevaría puestos esos zapatos especiales, pero seguía con los vaqueros ajustados y el sugestivo top que dejaba su vientre al desnudo y el blazer gris y cada tanto ella se quitaba el casco y se revolvía el pelo que siempre le quedaba peinado y perfecto, por dios, que guapa era.

También pescaba las miradas de los obreros que andaban cerca y también se le quedaban mirando, pocas veces había visto a Silvia en su lugar de trabajo así que tiré muchísimas fotos con la Nikon.

Finalmente ella vino hasta el coche, cabreada, agitada, las tetazas le temblaban a cada paso elástico que daba.

_ ¿Cómo ha ido?_ dije

_Pues he tratado de hacerle entender que debe respetar lo que está marcado en los planos, nada más que eso_ dijo ella

_ ¿Y cómo lo ha cogido él?_

_Lo de siempre, que don Fernando no lo hubiera hecho así y que don Fernando le dejaba a él que tomara ciertas decisiones, hasta que he tenido que pararle los pies y decirle que no estaba trabajando con don Fernando sino conmigo y que si no me hacía caso iba a tener que suspenderle y pedir otro capataz_

_Te he tirado un par de fotos con él_ dije

_Le has visto entonces_

_Te digo algo, no creo que lo haga con mala intención, es que no sabe hacer otra cosa, es lo que ha aprendido de toda la vida…-

_Pues va a tener que aprender a hacer las cosas a mi modo o se irá para la calle_ dijo ella con dureza.

Esa noche no pude resistir mirar las fotos otra vez y entonces recordé que últimamente había estado jugando en X con la IA, con Grok, animando algunas fotos de economistas famosos.

Yo usaba X para enzarzarme en algunas discusiones económicas en algunos foros, solo para eso.

Entonces inserté una foto de Silvia con este tío e hice que la IA la animara.

Me quedé de piedra, ella repentinamente sonreía y él también, le sonreía a ella y movía sus manos, pesadas, esos brazos curvados y morenos.

La IA me pedía que insertara un texto para animar la foto.

Qué él la coja en sus brazos y la llevé contra la pared, escribí y luego esperé a Grok cumpliera mi fantasía con respecto a la foto.

Y de pronto pude ver el video, ese hombre se dirigía a ella con mirada fiera y la cogía de los hombros y la llevaba contra la pared y la empujaba contra la pared y ella desviaba la mirada.

Hice varias capturas de pantalla y de pronto me di cuenta de que tenía una erección.

Me ponía verle con él.

Y luego más videos.

Ella pone sus brazos en sus hombros, ella camina delante de él quien la mira torvamente.

Y cada nuevo video generado a partir de la primera imagen más cachondo me ponía hasta que finalmente lo hice, lo que me daba una vergüenza infinita hacer.

Ellos se abrazan y luego se besan en la boca.

Y allí estaba ese puto video, claramente artificial pero tan real a la vez, el capataz la cogía con sus gruesas manazas y la atraía hacía él y ella siempre con ese top color blanco con sus tetazas desbordándose y se besaban, las bocas entraban en contacto brevemente, pues los videos eran muy cortos y otras capturas de pantalla y cuando me quise acordar tenía una carpeta llena de imágenes y videos en el ordenador y luego…..

Quise hacer videos más osados pero grok me los censuraba, menos mal, pensé, mi erección no cejaba, fui hasta el dormitorio, Silvia parecía dormir con cierto desasosiego como si tuviese pesadillas, vi uno de sus hermosos pies desnudos emerger de debajo de las sábanas, los delicados dedos, perfectos, yo estaba de pie, comencé a masturbarme, no había querido hacerlo frente al ordenador, no había querido pensar en aquello que me ponía tanto.

Verla con ese tío, con el capataz, besándose, con esas manazas hinchadas y morenas sobre la hermosa piel de Silvia.

Pero acabé pensando en esa imagen y me corrí, de pie al costado de la cama, como un voyeur de mi propia esposa.

No pude dejar de pensar en lo extraña y perversa que puede ser la sexualidad, que me pusiera esa sola idea de ella con otro hombre, pero es que no era con otro hombre, era con este en particular, alguien que estaba en guerra declarada contra ella.

Los problemas seguían y noté que Silvia estaba agotada, tanto que fue a ver a Fernando y a hablar con él de la situación.

_ ¿Cómo te ha ido?_ le pregunté esa noche

_Mal, Fernando, yo creo que no es el mismo ya, está retirado y feliz de no meterse en nada_

_Pero ¿no ha podido darte ningún consejo, nada?_

_Me ha dicho algo así que el arquitecto es quien sueña la obra y que el ingeniero y el jefe de obra es quien baja ese sueño a la tierra que debía confiarme en ellos y no fijarme tanto en los detalles, que la altura a la que quedará una ventana no es algo que importe demasiado_

_Joder, que filosofía el tío_ dije

_Si, es una visión un poco romantizada de la arquitectura, como era hacer sesenta años atrás o más_ dijo ella

_ ¿Y tú que piensas?_

_Que no comprende la situación y que de alguna manera también me está discriminando por ser mujer_

_Un gran triunfo para Pía_ dije

_Joder, Mario, parece que disfrutaras con la situación_ dijo ella

_No, para nada_ dije yo.

Pero la verdad es que seguía con mis fotos, retocándolas con IA y cada nuevo episodio de la contienda entre mi esposa y el capataz me estimulaba y me inspiraba más.

_Me ha sacado de las casillas, le he gritado delante de otras personas, no me ha dejado otro camino que hablar con Javi_

_ ¿Y qué te ha dicho él?_

_Bueno, me ha dicho más o menos lo mismo que Fernando, que yo soy la equivocada, que exagero, que me confíe más en Jose, que su experiencia, me han dado ganas de renunciar y mandar todo a paseo_ dijo ella

_Pero no lo vas a hacer_ dije

_Claro que no, son mis planos y es mi proyecto_ dijo ella

_ ¿Y cómo lo lleva él?_

_ ¿Quién?_ dijo ella, llevaba unos leggins de ir al gimnasio que se adherían a su cuerpo como una segunda piel.

_El capataz_

_Me importa nada como lo lleva, se muerde por mandarme a tomar por culo, eso seguro, pero se contiene_

_Joder, lo que debe sufrir ese hombre_ dije

_Parece que te importara más lo que sufre él que lo que sufro yo_ dijo Silvia

_Pero es que estoy seguro de que no lo hace por mal…..es que es demasiado para él que una mujer como tú le esté dando órdenes en eso que ha hecho siempre del mismo modo_

_No puedo creer que seas tan comprensivo con ese imbécil….no es una buena persona ya lo verás ¿Y por qué dices una mujer como yo?_

_Una bomba como tú, una mujer que está tan buena como tú_

_Es decir que si fuera fea sería más fácil, anda ya, te recuerdo que Pía también ha sufrido discriminación en el curro_

_Si, pero lo de ella pasa más por otras situaciones, de salarios y de oportunidades en general_

_Yo creo que este tío tiene algo contra mí, realmente que quiere joderme de algún modo_ dijo ella

_No lo sé, no parece ser alguien capaz de pensamientos muy complejos_ dije

Una noche estaba yo mi colección de fotos y de animaciones de Silvia y el capataz y decidí explorar con IA que no tuviera censuras, quería cosas más osadas, encontré un chat GPT que permitía cosas más explicitas.

Puse una de las fotos en el chat.

_Ellos dos desnudos y él azotándole el culo, escribí.

Y entonces apareció la imagen ante mí y me sentí morir.

El cuerpo de la mujer de la foto no era el de ella, claro, unos tetones un tanto artificiales y un culo irreal, casi como un anime, pero allí estaba el viejo con su gran panza y sus manazas y le azotaba el culo y se veía con nitidez la cara de los dos.

Creo que me dejé todo eso en el ordenador sin cerrarlo.

Antes me había masturbado furiosamente, con culpa, con vergüenza pero con mi polla a reventar.

Son solo fantasías, a nadie hago mal con ellas, me decía.

Pero olvidé que a veces Silvia usaba ese ordenador.

Y cuando esa tarde ella apareció en casa bastante cabreada y me pidió que la siguiera al estudio y cuando encendió el ordenador, lo supe.

Que había cometido un error.

_ ¿Me puedes explicar qué coño es esta basura?_ dijo ella, con los hermosos ojos verdosos echando llamas, con la rabia temblándole en la voz