La urbanización del deseo (Capítulo 2)
Isa sale del agua y se seca con una toalla, pero no antes de dejar que Alex vea la transparencia de su bikini mojado. Con una sonrisa traviesa, le pregunta si prefiere los cuerpos rasurados y le ofrece su propio cuerpo como paciente. ¿Aceptará el riesgo de cruzar la línea entre lo profesional y lo prohibido?
La Urbanización del deseo
Sylke & Álvaro
Capítulo 2
Sentados en las hamacas de la piscina le comento a Isa que ha sido un día “duro”, aunque no sólo por el volumen de trabajo, que también, pero obvio decirle hasta qué punto lo ha sido, ya que, hoy han venido a la consulta varias de las mujeres más guapas y habituales de la clínica. En particular han estado dos bellezones de la “urba”, como son Tamara y su inseparable amiga Silvia, a cada cual más espectacular y a las que apenas hay que aplicarles tratamiento alguno, pues poseen una belleza natural y lo tienen todo muy bien puesto. La primera, Tamara, es una mujer morena, madre de tres niños, pero con un cuerpazo que te hace dudar de que así sea, es alta, esbelta y especialmente guapa, de facciones muy marcadas en un rostro que le hace aparentar menos edad de la que tiene y a su cara preciosa hay que sumarle unos ojazos oscuros, unos labios súper sensuales aparte de su cuerpo tremendamente sexy. Tamara, además, se cuida mucho porque es profesora de zumba y pilates en el gimnasio cercano a nuestro domicilio. Esa mujer tiene un culo impresionante, unas bonitas piernas y unas tetas preciosas. Su amiga Silvia no le va a la zaga... es una divorciada muy atractiva, al contrario que Tamara es rubia natural, tiene unos bonitos ojos claros y al igual que su amiga, también es poseedora de una increíble figura. Se mantiene en forma pese a ser unos años mayor y aunque no es tan espectacular como Tamara, viéndola desnuda destaca por un cuerpo muy armonioso, sin nada de grasa, con todo bien puesto y sin pasar por el cirujano. Una morena y una rubia... ¿Qué más se puede pedir?
He tenido la gran suerte de corregir unas estrías en los pechos de Silvia y posteriormente ayudar a mi doctora especialista en las revisiones posteriores, incluso he podido comprobar su sexo rasurado en más de una ocasión pues ha tenido varias sesiones de laser en esa zona. Sentir esos bonitos pechos en mis manos ha sido una delicia cuando tengo que aplicarle una crema. Aunque me hubiera gustado hacerlo sin guantes, ni que decir tiene que me recreo con esas tetas, nada de brusquedades, claro, pero en alguna ocasión hay que “estrujarlas” un poco para que la crema penetre, mientras yo disimulo mi erección bajo mi bata.
En el caso de Tamara, la profesora del gimnasio, estamos con un tratamiento por una pequeña lesión en sus lumbares y algo más abajo, a base de una terapia de choque, electro convulsiva, por lo que también he visto su cuerpo desnudo cada vez que tengo que prepararla para una sesión. Lo más llamativo de Tamara es un tatuaje en su pubis de una libélula que resalta sobre una fina hilera de su vello.
Lo cierto es que ellas y todas las demás pacientes, confían absolutamente en mí y yo creo que es porque las trato con mimo, pero con mucha delicadeza y profesionalidad. Para mí, en cambio es una situación muy morbosa, tener a una belleza junto a ti en esa pequeña habitación y viendo cómo se desnuda delante tuyo, con esos conjuntos de lencería casi siempre bonitos y caros... Al principio, en las primeras sesiones, casi todas se cortan un poco, viendo que es un hombre quien las atiende como enfermero, pero al final van cogiendo soltura y confianza, gracias también a mi simpatía y desparpajo, pues le quito hierro a la situación comentando algún chiste o borrando cualquier atisbo de atracción física, que yo evidentemente oculto como buen profesional, pero que no puedo evitar como hombre, ya que, por dentro acabo estando como un horno a máxima temperatura.
Lógicamente, todos los vecinos de la urbanización nos conocemos y ellas me saludan como si tal cosa, como a un vecino más, como si yo no hubiera disfrutado de sus cuerpos desnudos, de sus preciosos atributos y hasta de sus pequeñas imperfecciones o el hecho de sobar o tocar sus lindos cuerpos. De algún modo, aunque tenga esos privilegios, no dejo de envidiar a sus maridos, a sus amantes, aquellos que sí las disfrutan en condiciones sin nada terapéutico de por medio. Lo cierto es que algunas mujeres van cogiendo tanta confianza con la doctora, con Isa y por supuesto conmigo que seguramente nos cuentan cosas que ni sus propios maridos conocen, es una especie de “confesión profesional” y secretos inconfesables que guardamos celosamente.
Siempre me he comportado con mucha discreción, aunque hay veces que lo he pasado realmente mal, por ejemplo, con alguna paciente la hora de tener esas bonitas tetas entre mis manos o cuando alguna se hace una reconstrucción de los labios de su vagina, lo que técnicamente llamamos “labioplastia” que normalmente tratamos con terapias de láser y claro tener eso ahí... por muy profesional que uno sea...
Mientras hablo con mi compañera sobre las sesiones de Tamara no puedo evitar sentir un cosquilleo que trato de disimular delante de ella, porque lógicamente Isa no sabe lo que pasa por mi mente teniendo a esas bellezas delante pero es que recordar desnuda a Tamara, ver esos pechos turgentes con esos pequeños pezones erectos, supongo que, por el frío, no quiero ni pensar si fuese por excitación…ufffff y lo mejor fue la sonrisa que me dedicó al notar mis manos sobre ellos, acariciando su contorno como si no fuera algo de lo más inusual.
Si a eso le sumamos que después ha sido el turno de su amiga Silvia…...para que más. Otra “Milf” en estado puro, con sus tetas bien puestas, más redonditas y más pequeñas que las de su amiga y con unos pezones más gruesos, pero igualmente apetitosos, dios, me hubiera lanzado a lamerlos sin dudarlo ni un momento, aunque siempre disimulo con todo mi arte y llego a tapar la erección que en alguna ocasión ha estado a punto de delatarme. La verdad es que hoy ha sido un día “infernal”, menudo sufrimiento viendo a esas mujeres tan guapas de una manera tan cercana e íntima.
− “Lo cierto es que esas dos mujeres son explosivas, ¿verdad?” - me comenta Isa mientras hablo de tecnicismos sobre nuestras pacientes.
− “Bueno, sí, son guapas.”
− “Vamos, Alex, no empieces... están buenísimas, ya sé que eres muy profesional y todo eso, pero joder, tendrás que reconocer que son deslumbrantes.” - añade ella levantando las cejas.
− “Sí, claro, pero en la consulta no veo a la mujer como tal, sino una paciente...” - miento como un bellaco.
− “Hijo, pues vaya autocontrol, porque yo siento cosquilleos y me cuesta controlarme, qué pena que la mayoría sean “hetero”.
− “¿Te liarías con una paciente?” - le pregunto.
− “¿Acaso tú no?”
No contesto y me rio por ese comentario, porque a Isa, a pesar de la confianza, tampoco puedo confesarle lo cachondo que me pongo en ocasiones con esas mujeres despampanantes, incluso cómo me pongo con ella, cuando anda por la casa ligerita de ropa, totalmente confiada de mi presencia educada y discreta o sabiendo que entre nosotros no puede haber nada. Dicen que la confianza da asco, pero con Isa, lo que da es un morbo tremendo.
− “Por eso ellas se sienten más tranquilas contigo, porque haces que se sientan cómodas... “- me comenta.
− “Si, supongo.”
− “Sí, además me lo ha confirmado, Lorena, la doctora, que eres siempre muy prudente, aunque a veces te veas en situaciones...”
− “¿Eso te ha dicho Lorena? ¿Habláis de mí?” - digo sorprendido por la confesión de la doctora.
− “Sólo cosas buenas.” - responde con una sonrisa algo traviesa.
Lo cierto es que creo que es la primera vez que me entero que ellas dos hablan de mí y no sé, hoy noto a Isa más suelta, más desenvuelta conmigo, aunque en el fondo, creo que estos meses conviviendo y trabajando juntos, pues nos llevan a esa complicidad lógica. Además, entiendo que entre mujeres esas cosas se hablen, siendo yo, el único hombre de la clínica.
En ese instante recuerdo el momento en el que se ha desnudado Tamara bajándose ese tanga y mostrándome su precioso coño con total confianza mientras hablamos de cosas banales del barrio, incluso cuando la he ayudado a abrocharse la bata y he podido ver ese culazo de cerca una vez más, hasta el punto de notar como he mojado mis pantalones porque aquellas posaderas turgentes son pura ambrosía.
Luego, con la consulta de Silvia, se ha quitado la falda y bajado las braguitas en un santiamén, para sentarse posteriormente en la camilla y quedarse desnuda de cintura para abajo. “¿Crees que me queda algo de vello por los costados?” - me ha preguntado esa mujer rubia con sus piernas abiertas sentada sobre la camilla como si tal cosa, sin tener en cuenta que me la pone dura al instante.
Mientras, yo agachado, frente a su aromático sexo le he tocado el pubis muy cerca de sus labios vaginales y notado esa fina piel, sobre unos rosados y muy apetecibles labios, no he podido evitar pensar lo mucho que me hubiese gustado saborear esos pliegues, solamente de pensarlo me he vuelto a mojar. Aunque mi parte favorita de hoy ha sido cuando Lorena, la doctora, ha abierto los labios vaginales de Silvia dejando a la vista su clítoris, para que yo fuese anotando en un gráfico el avance del tratamiento. En esos momentos es cuando valoro mi trabajo, lo sé, tengo el mejor curro del mundo, aunque a veces lo pase tan mal.
− “Desde luego, saber que tienes una persona tan disciplinada en su trabajo te hace sentirte segura, Alex.” - apunta Isa en medio de mis pensamientos.
− “Claro, es lo que pretendo, que la paciente se sienta cómoda y hacer bien mi trabajo.”
− “Por eso. Yo noto que ellas conmigo se sienten muy cómodas, al fin y al cabo, soy una mujer y eso que no saben lo que pasa por mi cabeza...”
− “¿Qué pasa por tu cabeza?”
− “Ay, Alex, no me hagas hablar”
En ese momento me identifico con Isa al cien por cien y entiendo que a ella le tiene que pasar exactamente lo mismo que a mí, pero claro ella es una mujer y ellas se sienten de otra forma con ella.
− “Pero lo curioso es que se podría decir que también se sienten súper a gusto contigo. Y eso es más raro” - añade mi compañera.
Lo que no soy capaz de confesarle a Isa es que después de haber atendido a esas dos mujeres, he llegado a mi vestuario, me he desnudado del todo y me he hecho una soberana paja pensando en ellas y sus extraordinarios cuerpos desnudos que he tenido la suerte de tocar, de acariciar... y también ha habido otras muchas pajas pensando en mi compañera, a pesar de no haberla visto desnuda me he imaginado el cuerpo desnudo de ella, que tiene un morbazo increíble, aunque sea uno de mis imposibles o incluso, peor, que me corrido a la vez que ella, mientras gemía en la habitación contigua a la mía.
− “Pues si algún día tengo que hacerme algún trabajito en mi cuerpo, estaré encantada de que seas tú quien me atienda.” - me dice de pronto Isa.
− “Uy, vaya, Gracias.”
Aquello vuelve a sulfurarme y por suerte mi erección está bajo mi cuerpo y eso vuelve a jugarme malas pasadas, al imaginar a mi compañera desnuda en aquella consulta... siendo atendida por mis cuidadosos dedos.
− “Pues nada, yo también estaré encantado de atenderte, pero ¿qué quieres? Tú no necesitas ningún arreglito precisamente. Estás muy bien.” - le digo.
− “Vaya, gracias.” - responde halagada con una gran sonrisa.
Justo en ese momento, cuando peor lo estoy pasando, Isa se levanta y se lanza al agua, así al menos puedo recolocar mi miembro bajo el bañador, pero casi un minuto después aparece la socorrista que empieza su turno de tarde. Se trata nada menos que de Mónica, la sobrina de Bea, mi vecina de al lado y que es una impresionante mulata de cuerpo infartante. Su bañador rojo de una sola pieza hace destacar el cuerpo curvilíneo de esa chica, que por cierto, aparte de ser muy simpática, es un bomboncito.
Es curioso que, siendo tan diferentes, tía y sobrina... una tan blanca y otra tan morenita de piel, una madurita y otra tan joven, tengan tanto parecido entre ellas, supongo que ambas comparten una belleza muy especial heredada y que incluso ha mejorado, en el caso de Mónica. Resultan todavía más impactantes sus atributos, no sé si por su color de piel, por su juventud, pero esa chica, siempre me la ha puesto dura, con tan sólo mirarla... es como una especie de flechazo sexual incontrolado, aunque claro, ella no se ha fijado tanto en mí, como seguramente yo en ella. La pena es que nos separen unos años, pero bueno, supongo que ella tampoco se fijaría en un hombre como yo,
− “¡Hola Alex!” - saluda ella con su blanca sonrisa que destaca en su piel oscura.
− “Hola Mónica, ¿Qué tal?” - respondo cuando la veo desde mi posición y comprobando lo bien que le sienta ese bañador rojo tan ceñido a sus curvas
− “Que alegría verte, ya tengo con quien hablar… porque estas tardes no viene nadie por aquí y están aburridísimas” - dice ella vislumbrando mi bulto bajo el bañador.
− “Pues es raro, porque hace calor, debería de haber más gente bañándose”.
− “Ya, pero la gente viene después del trabajo a última hora de la tarde... ahora tan pronto es más raro, por cierto ¿ya has terminado tu turno?” - me pregunta sentándose a los pies de mi tumbona.
− “Pues sí, hoy me tocaba jornada continua y por eso he venido aquí a ver si me relajo un poco, que menudo día llevo”
Ambos observamos a Isa, que se hace unos largos en la piscina y recuerdo la de veces que mi compañera me ha habla de Mónica y las ganas que le tiene, pero claro, ahí también pincha en hueso, porque la socorrista tiene novio y no le van las mujeres, así que, ni Isa ni yo tenemos nada que hacer con el bomboncito de Mónica, aunque sea la mujer ideal para ambos.
− “¿Mucho jaleo en la clínica?” - me pregunta.
− “Sí, ya sabes, en esta época es un no parar”, contesto yo.
Isa sale al rato del agua y las dos mujeres se saludan y comentan algo en bajito entre ellas que no puedo llegar a escuchar, pero seguramente es algo muy personal o cosas de mujeres que yo no tengo por qué saber, aunque siempre mosquean esas risitas pensando que hablan de uno.
− “Pues nada, parejita, a relajarse un rato, que hoy hace buena tarde”, - añade Mónica de nuevo levantándose de mi tumbona y acudiendo a su puesto de socorrista.
Cuando Mónica se va de nuestro lado, Isa me mira sonriente.
- “¿Qué pasa?” - pregunto intrigado por su sonrisa.
- “Nada”
- “¿Hablabais de mí...?”
Veo que Isa no contesta, disimula y sonríe mientras observa como la socorrista sube a su silla desde donde ve toda la piscina.
- “¡Qué buena está la cabrona! ¿No?”
No contesto y me limito a sonreír, porque es totalmente cierto, esa chavala no es que esté buena, es realmente espectacular y a mí me tiene loco perdido. Sé que anda con un novio bastante pijo, al que no puedo otra cosa más que envidiar, pues Mónica es alucinante. Sin embargo, no digo nada de eso a mi compañera y me muestro serio y distante con eso, pero Isa no se corta y sigue mirando a la socorrista detenidamente y noto que incluso se empitonan sus pezones. ¿Se habrá puesto cachonda con Mónica? Y ¿Qué estarían diciendo de mí? ¿Le habrá contado Isa que ha visto mi tienda de campaña?
- “Uf, qué buena está” - suspira.
- “¿Mónica?”
- “Je,je... también, pero me refería al agua”
Mi compañera se seca el pecho y creo que sus pezones le delatan, pero yo me recreo con disimulo en el resto de su cuerpo bajo ese bikini blanco y precisamente fijándome en su braguita, veo que se transparenta levemente el vello de su pubis.
Entiendo que tanto para una lesbiana, como para un heterosexual como yo, Mónica es la representación de la divinidad o a lo peor... el pecado andante al que todo mortal sienta además de una gran admiración por su belleza, un deseo constante de esa belleza exótica. Igual, el hecho de que sea un fruto doblemente prohibido le da un plus, no sé, pero yo me volvería loco retozando con ella.
Me fijo en Isa y creo que debo mirar muy fijamente a su entrepierna porque ella me pilla de lleno.
− “¡Ay, Alex! ¿Se me nota mucho? “- pregunta cuando comprueba que yo no quito ojo a esa transparencia de su braguita.
− “¿Cómo? ¿El qué?” - respondo entrecortadamente.
− “No seas bobo, ya sé que se me ven los pelitos bajo la tela... lo tengo tan moreno que al mojarse...” - dice ella con naturalidad.
− “Bueno, se te nota un poco.”
− “Menos mal que sólo me ves tú, sino me moriría de vergüenza.”
− “Tranquila. Estamos solos y hay confianza mujer” – le digo.
Ella levanta la vista, pero la socorrista está trasteando en su móvil y no parece haberse dado cuenta.
− “No te preocupes Isa, Mónica tampoco te ha visto. “- le digo.
− “Debería rasurarme del todo con este bikini ¿no crees?”
− “Bueno, como tú te sientas más cómoda o simplemente usar otro de un color más oscuro...”
− “La verdad es que nunca me dio por afeitarlo. ¿A ti te gustan rasurados?” - me pregunta mi compañera mostrando una sonrisa.
− “Joder, Isa...”
− “Vamos, estás acostumbrado a ver coños en la clínica ¿Qué te pone más?”
Me siento cortado por su pregunta y ahora que lo pienso no lo tengo claro, pues depende de muchas cosas y así lo suelto.
− “La verdad es que me gustan todos”
− “Ja,ja,ja,ja...”
− “¿Qué?”
− “Nada, nada.... que me pasa igual, pero bueno, el mío es un felpudito, la verdad”
Estoy seguro de que es precioso igualmente, pero la verdad, siempre había pensado que a las lesbianas les gusta más rasurado, pero bueno, supongo que como todo, es para gustos y lo que ambos pensamos, que cada mujer es un mundo y a unas les queda mejor que a otras, además he tenido la suerte de ver unos cuantos, de distintas formas y tamaños, decorados, cargaditos de vello, por eso que nunca entenderé quien dice que todos los coños son iguales.
− “El caso es que este bikini me gusta tanto. Lo malo es cuando se moja. ¿Por lo demás me queda bien?” - me pregunta abriendo ligeramente las piernas en una vista que es pura tentación, notando además del vello la hendidura de su sexo metiéndose por la tela.
− “Te queda de maravilla”
− “Gracias, Alex.”
− “En ese caso, ¿por qué no te haces un láser en la clínica? Es lo más efectivo.”
− “Es muy caro, Alex... mejor me lo hago con cera o con crema depilatoria...”
− “Bueno, ya sabes que te harían un buen precio, de todas formas el dinero no tiene que suponer un problema, aquí estoy para lo que necesites, si te hace falta algo dímelo” - le comento.
− “Gracias otra vez Alex, eres un cielo”
Pone su mano en mi pierna, sin darse cuenta de que estoy con palpitaciones teniéndola al lado.
− “Pues eso, Isa, cuenta con lo que quieras” - le confirmo con familiaridad.
− “No sé, ya veré, ahora me voy a casa, que ya llevo mucho tiempo aquí y voy a cambiarme antes de que lleguen los vecinos y gracias por el ofrecimiento, eres un solete” - termina de decir tapándose con la toalla y dándome un cálido beso en la mejilla.
− “De nada y ya sabes, cuando quieras”
− “Sé que serías minucioso y harías un buen trabajo.” - añade sonriendo.
Mi compañera se levanta, ocultando la parte delantera de su bikini con la toalla, lo que me permite ver su precioso culo y como tiembla a cada paso mientras la veo desaparecer de la piscina.
− “¡Uf!” - un suspiro sale de mis labios.
Continuará...
Sylke & Álvaro
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
El capataz de obra y la arquitecta Parte 1
Silvia cree que está luchando sola contra la inercia de la obra, pero Mario la observa desde las sombras.
Comparte:Voyeurismo ocultoDominacion masculinaPoder y control
- Hetero: Infidelidad
El vecino
Sabe que su marido duerme al otro lado de la pared. Sabe que su vecino la observa. Y esta noche, con la ventana abierta, la frontera entre la…
Comparte:Voyeurismo ocultoDominacion masculinaFantasia cumplida
- Hetero: General
Pasión de Verano
Desde el balcón, la vi moverse bajo la luz del atardecer y supe que no podría resistirme. Dos días de fantasía fueron suficientes para que el destino…
Comparte:Voyeurismo ocultoDominacion masculinaDeseo reprimido
- Hetero: General
Marina, la vecina de al lado (I)
Gabriel creyó que su nueva vida comenzaba con estabilidad y tranquilidad, hasta que cruzó miradas con Marina.
Comparte:Dominacion masculinaVoyeurismo ocultoDespertar sexual
- Hetero: General
La mirona y el Capitán
Desde las sombras, la cámara es su arma y su tentación. Él no sabe que cada foto es un preludio, y que detrás del lente, ella ya está imaginando cómo…
Comparte:Voyeurismo ocultoDominacion masculinaDeseo reprimido
- Hetero: General
Mi Vaquero Favorito (1)
Llegaste a Texas huyendo de un novio indiferente, pero no imaginaste que el vecino de tus tíos sería tu verdadera tentación.
Comparte:Despertar sexualVoyeurismo ocultoDeseo reprimido