Marina, la vecina de al lado (I)
Gabriel creyó que su nueva vida comenzaba con estabilidad y tranquilidad, hasta que cruzó miradas con Marina. Ahora, cada vez que ella pasa frente a su puerta, el calor de la tarde se mezcla con el deseo de lo que hay detrás de esa puerta vecina.
24 de junio de 2019
¡Aquí estoy! por fin lo logré, lo que quería, por lo que tanto había luchado, por fin estabilidad en mi vida.
Atrás dejo más de 6 años en Madrid, los de después de terminar la carrera de económicas, siendo "explotado" por todos los jefes de las diferentes empresas por las que he pasado. Una vida donde el horario partido de 8 a 5 se había convertido en trabajar de 8 a 9 sábados incluidos, lo normal, y si lograba salir el viernes antes de las 8 de la tarde todavía tenía que decir gracias, con un sueldo curioso que al menos me permitía ahorrar algo debido a que mi tía, viuda, residía allí y no le importó que durante el tiempo que viví en la urbe me quedara a vivir en una de las habitaciones vacías de su piso.
Al menos coges experiencia te decían todos cuando les contabas que apenas tenías vida social, mientras en mi interior me preguntabas si serviría para algo... y sí.
Ahora, ya en mi ciudad y después de un buen tiempo echando currículums, logré el chollazo que perseguía. Personal laboral fijo en el órgano de gobierno y administración de mi comunidad autónoma, buen sueldo, trabajando a 7 minutos de casa en coche, con horario de funcionario y con un trabajo ameno, que me gustaba y que no me creaba grandes quebraderos de cabeza debido a toda la experiencia adquirida, me dedicaba a enlazar productores locales con empresas de importación de países europeos y no europeos, vender el grandioso producto de la comunidad y acudir a ferias de comercio por Europa en representación de la comunidad; un caramelito, una estrella fugaz, una plaza de esas que tocan cada muchos años, ya que la mayoría de las veces se adjudican por enchufe o por quién conoce a quién. Pero que me había tocado a mí.
Ahora tenía todas las tardes libres para poder hacer lo que me diera la real gana, para aprovechar lo que no había podido aprovechar hasta ahora, amigos, gimnasio, viajes, planes... una sonrisa se me dibujaba en la cara solo de pensarlo.
¿Cuál fue la mejor idea que tuve para empezar esta "nueva vida"? Gastarme esos pocos ahorros que logré años atrás en la entrada de un chalet adosado de nueva construcción en unos de los nuevos barrios surgidos en los últimos años a las afueras de mi ciudad, hipotecado para el resto de mi vida vamos.
Era un barrio nuevo, joven, lleno de calles arboladas, bancos, plazas y parques infantiles, donde zonas de chalets y torres de edificios se repartían el terreno.
Fue una gran oportunidad, se lo compré al banco a un precio reducido debido a que sus anteriores propietarios, una joven pareja que se había separado antes de ni siquiera entrar a vivir, se separó y por disputas con el reparto de bienes dejaron de pagar la hipoteca y fue embargado.
Contaba con dos plantas, en la baja, la cocina con una puerta que comunicaba con el garaje y con el tamaño justo para poner una pequeña mesa y unas sillas para desayunar, un pequeño aseo y un buen comedor, bastante amplio, pidiendo a gritos un sofá con chaiselongue, una buena mesa de comedor y una gran televisión, todas las habitaciones de la casa tenían bastante luz pero el comedor se llevaba la palma, el par de puertas correderas con las que contaba que daban a un pequeño porche, conector con la zona común de la comunidad de chalets, permitía que la luz atravesará los cristales iluminando perfectamente la estancia.
La planta de arriba contaba con 3 habitaciones desde sus ventanas podías echar un vistazo a toda la comunidad, las casas de al lado, la zona común de la comunidad, que contaba con una pequeña piscina rodeada de jardín y una pista de pádel, espectacular. Dos de esas habitaciones eran gemelas dando a los laterales de la casa y a la fachada principal y teniendo a disposición un baño nada más subir por la escalera. La otra la habitación, la principal, contaba con su propio baño, era un poco más amplia y contaba con un mini balcón que asomaba a la parte trasera de la casa y a su vez con la zona comunitaria.
Una casa perfecta para ti y en la que habías estado inmerso los últimos tres días, colocando y montando los pocos muebles que tenías, ordenando tu ropa, limpiando y en definitiva dejándola preparada para dar pistoletazo a la vida qué harías en su interior, te habías marcado esa semana para finalizar todas las tarreas pendientes, habías quedado con tus amigos en que el sábado harías una cena de inauguración en tu casa antes de salir a tomar unas copas por el centro.
Era lunes en torno a las nueve y media, y la noche se preparaba para hacer acto de presencia, saboreaba una Estrella Galicia sentado en el pequeño porche trasero de mi reluciente casa, mientras esperaba la pizza barbacoa que había pedido por internet, mi favorita. Mientras redactaba mentalmente una interminable lista de todas las cosas que iba a tener que comprar mañana por la mañana en el supermercado, no podía estar pidiendo de nuevo comida para llevar, un balón de playa multicolor se coló por encima del seto cayendo a mis pies, escuché voces y risas infantiles provenientes del chalet número 7, el construido a la izquierda del mío y último de la calle, y al poco tiempo el timbre sonó.
Abría la puerta y allí estaba ella, madre mía, mi pizza barbacoa, un olor embriagador se introdujo por mis fosas nasales, di las gracias al repartidor y me dirigí al salón para ver una película y quedarme dormido en el sofá del cansancio.
A la mañana siguiente me desperté sobre las diez, me enfundé unas bermudas vaqueras, una camiseta de Adidas blanca, unos playeros y me dirigí al Mercadona más cercano, a unas 4 o 5 calles de distancia, tenía mucha tarea acumulada y no había tiempo que perder. Me perdí durante aproximadamente una hora y media por los diferentes pasillos del supermercado, es conocido por todos que cuando vas a un supermercado con el que no estás familiarizado, vas como pollo sin cabeza deambulando de un lugar a otro. Cuando más o menos estuve convencido de todo lo seleccionado le pregunté a una atractiva empleada pelirroja del supermercado y con un culo de diez sobre la posibilidad de que me llevaran la compra a casa, listo de mí y con la gran cantidad de cosas que tenía que comprar no había traído el coche, vaya cabeza. Mientras hablaba con la chica, pensaba que tendrán esos pantalones que les hacen un culo tan estupendo...
Me respondió afirmativamente y la acompañé hasta una de las cajas vacías que había donde me tomó los datos, pagué y seleccioné unos cuantos productos para la comida de ese día que yo mismo me llevaría ya que me dijo que los repartos se realizaban por la tarde. Al salir del supermercado y a pocos metros de la entrada me fijé en que uno de los cordones de mis playeros se había desatado, por lo que apoyé el pie en un resalto para favorecer la postura y me lo até. Al recobrar la postura e iniciar de nuevo la marcha fui adelantado por una mujer que llevaba dos bolsas, continué caminando detrás de ella cargando con mi compra, fijándome en sus hipnóticos andares y en el bamboleo de sus nalgas con cada paso que daba hasta que ambos nos detuvimos en un semáforo.
Momento en el que a un metro de ella y aprovechando que se situaba un poco más adelantada la hice un buen repaso de arriba abajo. Medía unos 160cm, tendría en torno a los cuarenta y seis años, era rubia y llevaba el pelo suelto, con melenita hasta los hombros, tenía buenas curvas, vestía con unas sandalias con suela de esparto, típicas de verano, unos pantalones vaqueros que se ajustaban a su figura y recubrían un culo grande y con forma y unos pechos que parecían bastante grandes y que parecían querer salirse de esa camiseta. No pude hacer otra cosa que morderme el labio imaginando que habría debajo de esas ropas.
Cuando el semáforo se puso en verde continué con mi estrategia, seguí caminando unos metros por detrás, deleitándome con el bamboleo de su culo, aprovechando el momento durara lo que durara. Por suerte y sorpresa para mí la mujer estaba realizando el mismo camino que el mío para ir a casa, cuando giró por mi calle creo que incluso di las gracias mirando al cielo. Continuó unos metros más y se detuvo frente a la puerta del número 7 al mismo tiempo que yo lo hice en el 5, cuando dejó las bolsas en el suelo la miré de reojo, no me pude contener, su culo era grande y apetitoso, la comisura de mis labios sonrió en un acto reflejo. Al percatarse de mi presencia, miro en mi dirección y yo disimulando hice lo mismo...
¡Ey hola! pensábamos que ahí no vivía nadie...!
¡Hola, buenos días! me acabo de mudar, llevo tres o cuatro días, no más...
Bueno, pues bienvenido al barrio, seguro que te gusta, ya verás...
Sí, eso seguro...
Oye, por cierto, creo que mis hijos han colado un balón en tu casa, ¿puede pasar mi marido en un rato a recogerlo?
¡Sí, por supuesto! no hay problema voy a estar en casa...
¡Perfecto! muchas gracias, hasta luego...
No hay de que, hasta luego...
Entré en casa y me dirigí a la cocina depositando la bolsa del supermercado con la comida de hoy sobre la encimera, el calor se apoderó de mi cuerpo, mezcla de los 27º que había en la calle y de la maravilla de mujer que acababa de ver, y ¡era mi vecina!. Me pasé los siguientes minutos rememorando ese instante cuando dejó las bolsas en el suelo para abrir la puerta. Como su culo sobresalía hacia afuera pidiendo guerra y como sus grandes pechos caían hacia el suelo por el peso y volumen. El sonido del timbre me devolvió a la realidad, ¿cuánto tiempo llevaba ahí parado?
Me encaminé a la puerta recordando la visita pendiente del afortunado hombre que degusta esa mujer, me había creado curiosidad saber cómo sería su marido.
Abría la puerta y allí estaba ella, madre mía, debí de poner cara mitad susto mitad sorpresa...
¡Hola de nuevo!
¡Uy!
¡Ay perdón! ¿Te he asustado?
No, no, es que no te esperaba, como me habías dicho lo de tu marido...
Ya...bueno... es que está liado y al final he tenido que venir yo...
Bueno no pasa nada, voy en un momento a por el balón...
¡Perfecto!
Me día la vuelta y me dirigí al porche pensando que ahí estaba de nuevo, y ahora al estar más cerca podía verla mejor...su melenita rubia, su cuerpazo con curvas, sus ojos marrones con una mirada profunda y picante,sus cejas bien retocadas, su nariz graciosa y sus labios grandes, carnosos, apetecibles y de gran sonrisa, vestía la misma ropa que antes y ahora podía apreciar que tenía pintadas las uñas de los pies de un color entre rojo y granate, llevaba la misma camiseta azul que escondía esas grandes tetas, un pelín caídas debido a la experiencia, la edad y los hijos pero que no podía ocultar lo que parecían dos grades pezones que se marcaban bajo la tela.
Esa escena me provocó de nuevos unos grandes calores, mi pene recibió grandes cantidades de sangre endureciéndose bajo las bermudas vaqueras, el tacto del pantalón no ayudaba endureciendo aún más la situación, al llegar de nuevo con el balón pienso que sin duda se notaba, al ir llegando a la puerta ella observó mi bulto para a continuación mirar hacia los lados nerviosa, colocarse el lado derecho del pelo detrás de la oreja y evitando mirar de frente. Yo al percatarme intenté ocultar la situación con el balón de playa hasta llegar a la puerta. El color rojizo se había apoderado de las caras de ambos.
Bueno pues aquí tienes el balón.
Mu-muchas gracias...
¡De nada mujer!, por cierto me llamo Gabriel, Gabriel Vera.
Yo Marina encantada, bueno ¡hasta luego!
¡Hasta luego!
Cuando se giró para ir a su casa noté como de reojo, como sin querer, como si de un acto reflejo se tratara volvió a mirar a mi zona inferior, palpable debajo del vaquero.
Cerré la puerta con la esperanza de poder volver a verla cada día, el calor era el dueño de mi cuerpo por lo que me fui directo a la ducha, me quité la ropa y me introduje debajo del chorro de agua caliente, el vapor fue empañando la estancia y yo no podía dejar de pensar en Marina, su cuerpo, su voz, su olor, esas curvas y ese movimiento... mi pene erecto esperaba ser domado. Con mi mano derecha empecé a dar sacudidas a mi falo mientras con la izquierda me apoyaba en la pared, no paraba de imaginarme como sería degustar ese culo, esos pechos, esos pezones, como serían sus aureolas y como sería su sabor. El ritmo de masturbación fue creciendo poco a poco, las venas se fueron hinchando, hasta tal punto que las notaba con la palma de la mano en cada sacudida, el glande estaba grande y palpitante con un color escarlata que denotaba la cantidad de sangre acumulada en la zona, me empleé con insistencia en las salvajes sacudidas hasta que al final estallé, una descarga potente de néctar blanco se derramó sobre el grifo y los azulejos. La explosión de placer y sensaciones junto con el calor producido por el agua caliente y el vapor provocó en mí una bajada de tensión que hasta casi pierdo el equilibrio. Todo por ella, por Marina.
---Continuará---
Relatos similares
- Hetero: General
La urbanización del deseo (Capítulo 2)
Isa sale del agua y se seca con una toalla, pero no antes de dejar que Alex vea la transparencia de su bikini mojado.
Comparte:Despertar sexualDominacion masculinaVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
El capataz de obra y la arquitecta Parte 1
Silvia cree que está luchando sola contra la inercia de la obra, pero Mario la observa desde las sombras.
Comparte:Voyeurismo ocultoDominacion masculinaPoder y control
- Hetero: Infidelidad
El vecino
Sabe que su marido duerme al otro lado de la pared. Sabe que su vecino la observa. Y esta noche, con la ventana abierta, la frontera entre la…
Comparte:Voyeurismo ocultoDominacion masculinaFantasia cumplida
- Hetero: General
La urbanización del deseo (Capítulo 5)
Silvia y Tamara no quieren aprender inglés por cultura general. Quieren aprender a decirle al mundo lo que quieren hacerle a Alex.
Comparte:Voyeurismo ocultoDespertar sexualDeseo reprimido
- Hetero: General
Pasión de Verano
Desde el balcón, la vi moverse bajo la luz del atardecer y supe que no podría resistirme. Dos días de fantasía fueron suficientes para que el destino…
Comparte:Voyeurismo ocultoDominacion masculinaDeseo reprimido
- Hetero: General
La mirona y el Capitán
Desde las sombras, la cámara es su arma y su tentación. Él no sabe que cada foto es un preludio, y que detrás del lente, ella ya está imaginando cómo…
Comparte:Voyeurismo ocultoDominacion masculinaDeseo reprimido