Xtories

La urbanización del deseo (Capítulo 5)

Silvia y Tamara no quieren aprender inglés por cultura general. Quieren aprender a decirle al mundo lo que quieren hacerle a Alex. Y él, con la polla dura y la mente en blanco, acaba de firmar el contrato.

Sylke and Friends9.7K vistas9.2· 31 votos

La Urbanización del deseo

Sylke & Álvaro

Capítulo 5

Dejo a mi compañera en la cocina y me subo a mi habitación, necesito lavarme y cambiarme, la humedad es visible, puesto que, a pesar de haberme corrido hace poco, hablar así con Isa ha conseguido volver a excitarme de una manera brutal, hasta haber traspasado la tela. Al pasar junto a mi cuarto no puedo resistir la tentación de asomarme al balcón para ver a Bea, aunque observo que ella ya no está. Sigue la toalla en su sitio... pero ni rastro de mi vecina. Me avergüenzo con la idea de que me hubiera podido ver. No sé si voy a ser capaz de mirarle a la cara.

Una vez aseado cierro la ventana y salgo de la habitación. No puedo dejar de pensar, si se ha dado cuenta de mi corrida cayendo a su lado. Es posible que Isa tenga razón y al menos haya visto alguno de mis chorros o posiblemente lo haya visto todo, allí plantado, en pelotas y masturbándome a su salud. Me siento cortado y agobiado. ¿Qué pensará de mí?

- “Isa, me voy a dar una vuelta” - aviso a mi compañera que está preparando algo para cenar.

- “¡Vale, semental!” - responde riendo.

Tengo que tomármelo a coña, pero es complicado asimilar todo esto y en tan poco tiempo... pero lo cierto es que sean las cartas o no, hoy estoy teniendo un día especialmente cachondo, pero todo empezó después de aquel dichoso tarot.

Me pongo a caminar por la urbanización y declino volver a la piscina, puesto que, estoy convencido que de volver me excitaría de nuevo al ver a Mónica y prefiero dar una vuelta lejos de más tentaciones.

La verdad es que necesito despejarme y a pesar de querer olvidarme de tanta “movida”, por otro lado, no dejo de pensar en la idea que me propone Isa. ¿Será verdad que tengo posibilidades de tener sexo con Bea? Por sus palabras, sí y ella me ayudaría a lograrlo, pero ¿cómo voy a lograr la mía? ¿Conseguir que Mónica se líe con ella? Ni tan siquiera creo que podría conseguir que se liara conmigo y eso que hoy la vi muy receptiva...

Pienso en todas las posibilidades y creo que lo mejor es trazar un plan, ya que, no tengo ni idea de por dónde comenzar. Mis pasos se encaminan hasta la cafetería de la urbanización, un lugar muy tranquilo, ya que tenemos un par de bares, pero a esas horas deben estar cerrados todavía.

Veo que tan sólo hay un par de clientes en la barra, aparte de la camarera, una rusa imponente con el pelo rubio, que siempre lleva una talla menos en su indumentaria, algo que me pone nervioso, pero tras pedirle una jarra de cerveza fresquita, me doy cuenta de que es ella la que me mira más de la cuenta y no al revés, como siempre, regalándome esta vez una sonrisa espectacular, creo que es la primera vez que la veo tan simpática y mirándome de esa forma, que no sé cómo interpretar.

Al final me salgo a la terraza. Necesito pensar con claridad cómo puedo afrontar el reto que me ha propuesto Isa, buscando pros y contras, estos últimos son los que más me preocupan, lo primero porque no quiero tener líos con la vecindad ni por ende con la clínica por un posible escándalo, que desprestigie toda mi profesionalidad y buen hacer, pero lo que más me asusta es que Mónica se lo tome a mal, a ver cómo le digo que mi compañera de chalé está loca por follársela. Bueno y yo también, no nos engañemos, pero una cosa es desearlo y otra poder realizarlo, además sé que Mónica tiene novio y que le gustan los chicos por muchas ilusiones que se haga Isa.

Cavilando, tras mi segunda jarra de cerveza, llego a plasmar en una servilleta las distintas posibilidades y hándicaps que tengo con el plan “Mónica” y me llego a poner bastante excitado imaginando distintas escenas, cuando de pronto me sorprende una voz frente a mí.

− “Hola, ¿estás sólo?” -escucho decir y levanto la vista para contemplar la bonita sonrisa de Tamara, junto a su amiga Silvia que también se me queda mirando.

− “Hola” - respondo ante esas dos bellezas al tiempo que arrugo la servilleta en la que estaba haciendo mi lista de tareas.

− “¿Te pillamos ocupado?” - dice Silvia mirando la mano en donde he hecho un gurruño con la servilleta de papel.

− “No, no...” - respondo.

− “¿Podemos acompañarte?” - añade Tamara, aunque no hace falta que haga la invitación pues ambas se sientan, una a cada lado.

Están, como siempre, arrebatadoras y es que son espectaculares: Silvia, la despampanante rubia, lleva unos shorts cortos de lino que dejan a la vista sus espectaculares piernas, ensalzadas con unos largos taconazos y arriba un top con escote palabra de honor que dejaba poco a la imaginación. No hace falta mucho para darme cuenta de que no lleva sujetador y el contorno de sus pechos al igual que sus pezones se marcan perfectamente, bajo la tela. Es curioso, pero he podido ver esas tetas al natural varias veces y no logro acostumbrarme.

Su amiga no le va a la zaga con ese vestido veraniego de tela vaporosa, corto, por encima de las rodillas, que incluso sube un poco más con ese cruce de piernas que me parecen divinas y larguísimas, gracias a esas sandalias de tacón de aguja. Igualmente me resulta fácil comprobar la ausencia de prenda que sujete ese par de perfectos pechos, que también conozco bien, reconozco que estas dos amigas, son deslumbrantes, desnudas y también vestidas.

− “¿Bueno, y en qué anda nuestro enfermero favorito?” dice Silvia pues ha notado que intento ocultar ese papel arrugado con mis notas.

− “¿Yo?, en nada, en nada en particular...”

− “¿Te podemos acompañar? ¿o esperas a alguien?” - pregunta Tamara.

− “Estaba esperando a una pelirroja cañón, pero me conformaré con un par de bellezas como vosotras” - contesto, disimulando entre bromas.

− “Eso se lo dirás a todas” - añade la rubia.

− “No, no, de eso nada que vosotras sois mis pacientes favoritas” - contesto convencido.

− “Ja,ja,ja, anda ya, mira que eres zalamero” - apunta la sonriente Silvia.

− “Eso es que nos miras con buenos ojos” - esta vez es Tamara la que sigue con el cachondeo.

− “En serio, me encanta vuestra presencia, no podía estar mejor acompañado, voy a ser la envidia de la urba, un par de pibones como vosotras aquí conmigo….uffff ¿qué tomáis?

Se deciden por unas jarras de cerveza como la mía y me levanto a pedirlas yo, intento ocultar mi bulto al hacerlo, pero es difícil mantener el tipo con esas dos mujeres tan deslumbrantes a mi lado, que, de fijo, se la levantan a un muerto.

Pero antes de adentrarme en el bar me quedo tras el biombo que separa la terraza y escucho cómo hablan entre ellas. Primero es la voz de Silvia:

− “Mira que es majo este Alex, no me importaría que me diese un arreón.

− “Ya, además fuera de la clínica se le ve más lanzado, me gusta mucho esa forma de piropearnos”

− “ji,ji no está nada mal el tío y, por cierto, ¿has visto que paquete tiene?” - oigo decir a Silvia.

− “No sé de dónde has sacado que es gay” - comenta Tamara y me quedo sorprendido por ese comentario.

− “Pues hija, ya ves que se lo hemos puesto en bandeja y él nunca se ha propasado, vamos ni él mínimo atisbo de aprovecharse”

− “Silvia, tú siempre tan rubia. El chico es muy profesional y educado”

− “Ya, no digo que no, oye que está mal que yo lo diga, pero estamos muy bien, nos ha visto desnudas, incluso nos ha tocado en más de una ocasión y nunca le he notado nada que no sea puramente mecánico. Ponte en lugar de él... teniendo a dos tías desnudas y con la marcha que tenemos”

− “La verdad es que sí, nunca he visto nada que lo comprometa en su puesto, pero de ahí a decir que es gay...”

Desde luego para ellas, mis actos son mecánicos, pero por dentro estoy disfrutando al estrujar esas tetas, al palpar esos culos perfectos o incluso rozar su sexo, aunque sea de forma aparentemente accidental, pero escuchar esa conversación me pone todavía más caliente y flipado hasta el punto de que casi me cuesta moverme escuchando esas confesiones y sigo atento a su conversación.

− “Yo sigo pensando que estás equivocada, no hay más que ver cómo nos mira las tetas, se le van los ojos” - se oye a Tamara.

− “Eso es verdad... pero igual quiere ser amable y no sé...”

− “La verdad es que Alex es muy agradable y está buenísimo, se nota que se cuida y en cuanto a lo otro parece bien dotado…”

− “Sí, ¿Tú también te has fijado? Con ese pantalón que lleva hoy, he notado el bulto exagerado, porque no disimula nada…jjjjjj” - apunta Silvia riendo.

Ellas hablan más bajo y no consigo escucharlas, pero se oyen unas cuantas risas más, hasta que Tamara dice:

− “Qué bruta eres”

Con mi polla endureciéndose bajo mi pantalón decido adentrarme a por las cervezas. Irina, la camarera es ahora la que se fija en mi bulto y luego en mis ojos, para acabar mostrando una sonrisa.

- “¿Qué te pongo, guapo?” - me pregunta esa camarera y yo pienso, ¿qué está pasando hoy?

Tras sonreír a esa rusa cachonda, pido las consumiciones y salgo al encuentro de las dos mujeres.

− “Bueno chicas, aquí tenéis un par de cervezas” - digo posándolas sobre la mesa y esta vez no me corto a la hora de mirar sus preciosos pechos.

− “Gracias” - contestan las dos al unísono y luego se miran entre ellas en una comunicación no verbal.

Brindamos los tres para dar un trago y Silvia me dice muy directa:

− “Alex, estábamos hablando de ti”

− “¿De mí? ¿Ocurre algo?” - pregunto sorprendido.

Por dentro no dejo de pensar en la conversación que han tenido ellas hace unos momentos-

− “No, no, tranquilo, no es nada de la clínica o de tu trabajo, que siempre has sido muy profesional y nos tratas como a reinas” - apunta Tamara.

− “Lo que sois”. - afirmo y ambas ríen.

− “Pues verás, hemos hecho una locura y ahora estamos con un poco de miedo” - comenta Silvia.

− “¿Y eso?”

Mis piernas tiemblan y no sé por dónde van a ir los tiros, pero mi erección no disminuye ni por un momento.

− “Pues que nos hemos emocionado y hemos reservado un finde en Londres, así sin pensarlo” - me comenta.

− “Sí, Alex, hemos visto un ofertón y no lo hemos pensado. Un viaje para nosotras dos solas” - apunta Tamara.

− “Nos vamos a tirar a todos los ingleses”

− “No le hagas caso a esta” - dice Tamara queriendo disculpar ese atrevimiento de su amiga.

− “Bueno, eso es guay, cómo os lo montáis” - contesto levantando mi jarra.

− “Si muy guay…..el problema es que nuestro nivel de inglés es más que básico….. y ahora estamos nerviosillas perdidas”

− “Estábamos por anular el viaje” - comenta Tamara.

− “Pero nos acordamos de ti” - dice Silvia.

− “¿De mí?”

Silvia posa su mano sobre la mía para decirme.

− “Sí, yo sé que has trabajado en Inglaterra y había pensado que si no era molestia nos dieras unas nociones básicas del idioma para defendernos, tampoco es mucho, simplemente las cuatro reglas básicas y defendernos de los buitres... ya sabes, saber cómo se dice polla, follar y todo eso”

− “Anda, Silvia, no seas bruta. Ya le he dicho a ésta que no, que bastante te damos la lata en la clínica” - apunta Tamara.

− “De eso nada... Es un placer atenderos y por supuesto de ofrecerme como profesor de urgencia de inglés. Las cuatro reglas y los tacos se aprenden rápido” - añado riendo.

− “¿En serio? ¿Nos harías ese gran favor?” - pregunta Silvia

Yo afirmo sonriente y vuelvo a levantar la jarra.

− “Que bien, menuda noticia, Alex... uf, nos has salvado” - dice Tamara levantándose para darme un abrazo apretado.

Sentir ese par de tetas contra mí, me hacen marearme, pero es que cuando apenas me estoy reponiendo, acto seguido Silvia hace lo mismo, pegando su pecho contra el mío.

Si bien, conozco a esas mujeres y las he tocado de forma profesional, lo de sentir las perfectas tetas de ambas en mi pecho y tenerlas pegadas a mí es algo que me hace ponerme nervioso, hasta el punto de que mi polla da un respingo ante ambos contactos.

Creo que la rubia se ha dado cuenta y me mira el paquete que yo intento disimular metiéndome más adentro bajo la mesa.

- “Naturalmente te pagaremos” - comenta Tamara.

- “No, no... de eso nada, lo hago gustosamente, tampoco tenemos mucho tiempo, es cosa de nada” - añado.

- “Al menos déjanos invitarte a la cerveza”.

- “Eso tampoco” - digo y me levanto, viendo que al hacerlo ambas miran directamente a mi entrepierna y yo me giro para no ser un escándalo.

Vuelvo a quedarme tras el biombo, porque incluso entrar así en el bar me resulta violento, pero las escucho decir:

- “¿Ves cómo estabas equivocada?” - oigo a Tamara.

- “No sé, chica...” - responde Silvia

- “Hija, pero ¿no has visto ese bulto? Cuando le has abrazado y le has puesto las tetas en la cara, le ha dado un espasmo, a ese tío le volvemos loco entre las dos”

- “Anda exagerada”

Es lo último que escucho para entrar a pagar y de paso intentar que se me baje el calor y el escandaloso bulto. La camarera parece divertida y pone una pose sobre la barra que es toda una insinuación a que le mire ese canalillo. Pero me limito a pagar y salgo fuera de nuevo.

− “¡Listo!” - digo saliendo a la terraza cuando descubro que ambas se miran de forma cómplice tras haber hablado algo de mí.

− “Entonces... ¿Cómo lo hacemos?” - pregunta Tamara y noto como se muerde ligeramente el labio inferior.

Su amiga también me mira expectante y yo digo:

− “Podría ir a vuestra casa un rato cuando libre, o bien por la mañana o por la tarde, según el turno que tenga”

− “Vaya lío en el que te metemos” - se disculpa Tamara.

− “Lo malo es que no podrá ser a las dos a la vez, ahora vamos a empezar a trabajar con turnos distintos y no vamos a coincidir nada, ¿es esto un problema para ti Alex?” - pregunta Silvia.

− “En absoluto, ya nos apañaremos, no tengo pegas en ir a vuestras casas cuando podáis, bueno y cuando yo pueda”

- “Pues entonces perfecto, nos vas a salvar Alex, ya veremos cómo recompensarte” - añade Silvia con una sonrisa de oreja a oreja mientras yo veo esas piernas temblar a cada paso de sus tacones.

− “No hace falta, será un placer ayudaros, de verdad” - afirmo con sinceridad.

− “De eso nada……ya se nos ocurrirá algo, te mereces algún regalo, ¿verdad Silvia?”- comenta la morena.

− “¡Por supuesto!”

Por un momento, siento que, el regalo que quisieran hacerme sea algo muy especial... y, tras la sesión de cartas con Bea, me doy cuenta de que hoy están pasando cosas extrañas o quizá sea mi mente calenturienta. ¿O será que se han alineado los astros? Si es que hasta la camarera que no parecía hacerme nunca caso, hoy me hace “ojitos”.

− “De verdad chicas, no hace falta…..lo importante es que os defendáis con el idioma en lo básico, seguro que lo vais a conseguir. Si os vais en breve habrá que empezar cuanto antes” - les digo.

Logramos ponernos de acuerdo con los horarios, pues yo libro un par de días seguidos esta semana, ya que, me toca descanso.

− “Entonces, no se hable más, el miércoles por la mañana nos vemos en tu casa Tamara y por la tarde en la tuya. No hay que perder tiempo” - digo y ambas aprietan sus pechos contra mi brazo contentas por esa ayuda urgente.

Nos tomamos la consumición charlando animadamente de cosas algo más banales, pero mi cabeza no para de dar vueltas al trato con mi compañera de casa, con la que acabo de confesar tantas cosas, a lo sucedido en la piscina con Mónica, la socorrista... a la placentera paja que me he hecho espiando a mi vecina, y el hecho de haber sido pillado in fraganti por Isa o que pueda tener sexo con Bea, son demasiadas cosas y ahora para rematar, no sé si mi cabeza no es capaz de procesarlo todo, pero diría que estas dos me están tirando los trastos o seguramente es lo que yo deseo. Ufffff unas emociones demasiado fuertes. A pesar que lo oculto cuanto puedo, mi erección no baja, ni aunque les siga la conversación, al contrario, estoy con mi polla totalmente erecta y dura como hace tiempo que no lo estaba. ¿Es esto normal? ¿será que estoy más salido que de costumbre?......no tengo respuesta a todo ello y tener a Silvia y a Tamara delante no me ayuda en absoluto a querer olvidarme de todo, sus sonrisas, sus gestos, sus labios, sus ojos, sus tetas... todo me parece mareante, como estar embarcado en un torbellino de sensaciones junto con estas dos preciosidades de mujeres, a las que voy a dar clases particulares de inglés y sólo de pensar en eso es como un sueño, imaginarme en casa de ellas en plan profe resulta súper excitante.

Al final empiezo a serenarme y a poner juicio a mi mente, diciéndome “Alex, tú siempre tienes el control, siempre llevas el ritmo y el timón, no lo vayas a perder ahora en un segundo”

Al fin nos levantamos de la terraza, ambas chicas se agarran a mis brazos. Avanzar con ellas dos es, cuando menos, como una especie de sueño y el trayecto hasta los respectivos chalets de esas dos mujeres, que están contiguos se me ha hecho relativamente corto y es inevitable que me fije en el culazo de una con esos pequeños shorts o con las piernas de la otra, a cada cual más explosiva.

− “Bueno chicas, nos vemos el miércoles”-digo.

− “Que guay, estoy deseando empezar” - me comenta Tamara apretándose a mi brazo y rozándome con sus pechos.

− “No te emociones, que voy a ser muy estricto”- añado con una amplia sonrisa.

− “Uy, uy, que el profe nos va a salir mandón….” - me devuelve la sonrisa.

− “No voy a mandar mucho, pero quiero que aprovechéis el tiempo y saquéis el máximo partido a las clases”

− “Estate tranquilo que así lo haremos, te vamos a exprimir” comenta de pronto Silvia y ambas se miran, poniéndome realmente nervioso.

Tamara se acerca y me planta un par de besos súper sensuales en mi cara, pero demasiado cerca de mis labios, cosa que me encanta, lógicamente. Silvia no se queda atrás y hace lo mismo que su amiga, pegando sus tetas y besándome casi rozando sus labios con los míos y cuando parece que su cara se va a separar, apoya su boca contra la mía en un piquito en toda regla. Ese beso me pilla totalmente desprevenido, pero resulta delicioso, sentir la calidez de sus labios y la dulzura de su voz al despedirse, me hace sentir alguien muy especial.

- “Gracias, Alex” - me dice, mientras yo no dejo de mirar ese culo.

De vuelta hacía mi casa no dejaba de darle vueltas a lo que acaba de suceder ¿están flirteando conmigo? ¿Realmente creerán que soy gay y están poniéndome a prueba? Bueno, yo creo que he mantenido el tipo y he disimulado, al menos sé que nunca han notado nada extraño en la clínica y eso que mis manos han estado en lugares que más de uno soñaría... pero en cambio hoy, este pantalón fino, me ha dejado bastante en evidencia. Espero no perder la cabeza y casi es mejor que piensen que no me gustan las mujeres a que eso me pueda costar el empleo.

Me quedo parado frente a la puerta de mi casa, todavía lleno de contradicciones, como es lo de ese trato mega loco con Isa, no dejo de darle vueltas, incluso aunque sea tan alucinante, no sé si todo se nos puede venir abajo y pueda perjudicarnos hasta límites insospechados, por eso tengo que atarlo todo bien, que parezca accidental, creo que Mónica e Isa se llevan muy bien, pero tanto como para facilitar las cosas para que ambas acaben en una cama, lo veo más que imposible, por mucho que mi recompensa lo valga y sí que lo vale, sólo de imaginar la boca de Bea comiéndome la polla es para flipar.

Decido darme la vuelta y alargar un poco más el paseo antes de volver a mi hogar, porque necesito meditar. Lo de las clases de inglés va a ser complicado, sé que no va a pasar nada, pero mi mente sigue yendo a su bola, imaginando... Tamara es una mujer casada y yo no soy más que su vecino, su fiel enfermero y ahora su profe, que se vuelve loco por sus huesos, porque es complicado no estarlo con Tamara que es tremendamente atractiva y sexy, muy guapa, con muchísimo estilo a la hora de vestir y con un cuerpazo de modelo. Igual no está pasando por un buen momento de pareja, no lo sé. ¿Pero qué estoy pensando? Precisamente quiero despejar mi mente y hago todo lo contrario, porque es que luego está Silvia, ella es divorciada, seguramente la que más peligro tiene, no sé, la veo más lanzada y quizás intrigada en saber si ella me puede atraer y vaya sí lo hace, es una rubia explosiva, una auténtica depredadora, su cuerpo es lujurioso, al que te quedas enganchado desde el minuto uno, su belleza rivaliza al mismo nivel con la de su amiga y sus miradas resultan inquisitivas, casi te desnuda el alma y nunca sabes lo que está pasando por su cabeza pero yo muchas veces quiero imaginar que me desea. Desde luego, ellas dos, son las mujeres más impresionantes que han pasado por la clínica y no es una cosa que sólo piense yo, porque se ve que deslumbran por donde quiera que van y porque la misma Isa lo dice y ahora, para colmo, las voy a tener de alumnas. Uff, pero no, no voy a hacerle caso a mi mente calenturienta, aunque vea tentaciones por todas partes.

Continuará...

Sylke & Álvaro