La mancha en la pared Parte 1 (relato)
La humedad en la pared no es lo único que la moja. Mientras sus vecinos reparan su hogar, Mariana descubre que su vida perfecta esconde un deseo oscuro que solo dos hombres vulgares pueden despertar.
LA MANCHA EN LA PARED Parte 1 (relato de tres capítulos)
Nota de Lanfasone
Mariana es una mujer elegante, muy hermosa, se la nota fría, serena, distante, es una belleza de hielo, me parece increíble que vaya a contarme una historia interesante.
El rostro es un ovalo perfecto y suave, las líneas de la cara finamente armoniosas, enmarcado por una melena rubia y lisa, el pelo sedoso, impecable, sus manos son muy cuidadas, viste una falda corta y tiene unas piernas increíbles, de jugadora de tenis y las cruza y descruza morosamente.
Un culo potente y redondo y unos pechos medianos que estiran un poco la camisa de seda.
Su voz es cálida, un poco nasal, con un dejo pijo que me parece encantador. Sus ojos son grandes y claros entre verdosos y azulados, tienen algo felino también.
Mide 1,72 pero con los taconazos parece más alta.
_Una amiga me ha dicho que me haría bien contárselo a alguien_ dice
_Siempre hace bien poner en palabras aquello que nos angustia_
_No estoy angustiada_ dice ella
_Que siente entonces_
_Vergüenza_ dice ella
_ ¿Y eso no la angustia? _
_No, es solo….como una mancha…..como una mancha en la pared_ dice enigmáticamente.
MARIANA
Tengo 37 años, dos hijos, niño y niña, 11 y 9 años y un marido que me ama y lo amo, él es médico y muy guapo.
Una vida sexual satisfactoria ¿Cuántas veces? Una, a veces dos por semana, creo que está bien, al menos para mí y mi marido no tiene queja.
Era sábado por la mañana, llevé a los niños a desayunar, suelo hacerlo y luego fuimos a comprar unos regalos pues iban a pasar la tarde en un cumpleaños, regresamos a casa, vivimos en un chalet en las afueras, mi marido iba a estar fuera toda la tarde también, primero jugaba al golf y luego tenían una reunión de amigos.
Iba a tener toda la tarde para mí, el plan era perfecto, hacía tiempo que no tenía una tarde entera para mí, pensaba leer en la cama o en el sofá, no me decidía, mi dormitorio tiene un gran ventanal que da a un jardín, yo misma he elegido las plantas, un periodo en el que me gustó la jardinería o creí que me gustaba.
Mi marido se marchó con los niños, habíamos almorzado liviano, me preparé un café, puse algo de ropa a lavar y ordené las habitaciones de los niños, al fin siempre estaba haciendo algo por el resto de la familia.
Y luego me dispuse a leer y entonces escuché algunos ruidos de martillo contra la pared, trabajo en una gran empresa en el área de marketing y regreso a casa ya de tarde, sabía que estaban en obras porque el chalet contiguo se había vendido pero era la primera vez que escuchaba algo así.
Y luego fui a nuestro cuarto con la idea de cambiarme de ropa, todavía llevaba una falda corta color crema y una camisa blanca y los zapatos con tacón, estoy tan acostumbrada por el trabajo que a veces me olvido de ponerme algo más cómodo. Y entonces la vi.
En la pared había una mancha, una gran mancha de humedad.
Joder, pensé, estos han roto algo.
Fui hasta el chalet contiguo y llamé, se escuchaba una música, algo de pop español o algo así, golpeé la puerta con fuerza y escuché unos pasos.
Se abrió la puerta y ante mi apareció un hombre calvo y gordo, tenía más de cincuenta años y una cadena en el cuello, hortera no, lo siguiente, una barba pequeña, tipo candado, desprolija y cana, era más alto que yo y sonreía como un idiota, me miro de arriba y abajo.
_La tía de al lado_ dijo
_Hola, perdona pero creo que la habéis liado, tengo una mancha en la pared de mi cuarto_
_ ¿Una mancha? ¿Una mancha nueva? ¿Muy grande?_
_No, hoy por la mañana no estaba_
_Toribio!!!.....ven que te has mandado una cagada…_ gritó al interior del chalet.
Yo cambié el peso de una pierna a la otra y me le quedé mirando fastidiada
Desde el fondo apareció una figura humana o casi humana. Era igual de calvo y gordo, alto como el otro pero más joven, llevaba una camisa abierta y también tenía unas cadenas doradas sobre el cuello y un gran tatuaje debajo del cuello.
_No me llames Toribio, joder…._
_Mira, Toribio le has roto la pared a la señora_ dijo el calvo mayor
_Hostias….. ¿Si? me cago en dios….- dijo él
_Debéis hacer algo_ dije
El calvo mayor me miró y su sonrisa se convirtió en una mueca agría.
_A ver la mancha esa_ dijo
_Si, os la muestro, pero quiero que…._
_Primero la vemos, tía y luego hablamos_ dijo el calvo mayor
Caminé delante de ellos y no tuve más remedio que enseñarles el culo, escuché risillas estúpidas detrás de mí.
Entramos al chalet.
_Joder, que bien puesta está esta choza_ dijo el calvo a mis espaldas, uno de los calvos.
_ ¿Cómo te llamas tú?_ dije, girándome
_Rafa, para servir a usted, madam_ dijo el calvo mayor.
_Mira Rafa, déjate de tonterías y ponte serio, pues la persona que te contrata me va a escuchar si no ¿Entiendes?_
_Perfectamente, tía, a ver qué es lo que tienes en esa pared….-
Me jodía llevarle a mi cuarto pero no había otro modo y lo que es peor, el otro calvo, venía detrás de nosotros.
_Este que espere aquí_ dije, un poco borde.
_No, señora, Toribio es el experto, él debe mirar la puta mancha_ dijo
Así es que entramos en mi cuarto los tres y les señalé la mancha.
El calvo mayor miró todo con curiosidad.
_Joder, este cuarto es grande como todo mi puto piso_ dijo
El otro se acercó a la mancha y tocó con los dedos y luego con toda la palma.
_Se ha roto un caño de agua, seguro…_ dijo
_Joder, Tori……pero que manitas eres, hijo, te dije lo de los caños_
Los dos eran muy corpulentos, altos y gordos al mismo tiempo, el tal Toribio tendría unos cuarenta y cinco años y el otro más de cincuenta seguro.
Era tan incómodo estar con esos dos canis allí, en mi propio cuarto, parecían ocuparlo todo.
El calvo mayor se sentó en la cama.
_Vaya pedazo de cama, kin size ¿verdad? Debéis retozar a gusto aquí_ dijo y golpeo con su mano el colchón.
_ ¿Pero qué haces? Ponte de pie que estás ensuciando el cubrecama_ dije
_Vale, perdona, tía ¿Y doctor, tiene arreglo?_ dijo con su sonrisa cínica y estúpida
_Si, debemos cambiar el puto caño, es mejor hacerlo ahora_ dijo el calvo menor, Toribio.
_Bueno, pero eso costará dinero_ dijo Rafa
_Dejaros de tonterías, poneros a trabajar ya_ dije, no me gusta que me tomen el pelo.
_Vale, tía…._ dijo Rafa y se puso en pie pesadamente, había hundido el colchón con su peso, pesaría más de cien kilos.
Se fueron finalmente, les acompañé hasta la puerta. Y luego volví a la habitación, y miré otra vez la mancha en la pared. Me parecía que se había agrandado un poco, con su humedad, que ya me parecía verdosa, pero era más bien una impresión mía, pues la mancha estaba igual que antes.
Y la toqué, y sí, parecía que estaba un poco húmeda, un poco mojada, pensé. Y en ese momento, también pensé en mi vagina, y en la expresión mojada. Y yo, ¿estoy mojada por la presencia de estos gorilas en mi cuarto? Claro que no, me dije, claro que no.
Y entonces, escuché detrás de la pared que alguien trasteaba, y seguramente eran ellos, que ya estaban examinando el estropicio que habían hecho. Seguramente habían roto un caño, y tendrían que cambiarlo. Y entonces, me dio una gran curiosidad por saber qué era lo que estaban hablando, pues escuchaba sus voces, qué era lo que estaban diciendo de mí.
E hice algo impensado, cogí el estetoscopio de mi marido, que estaba en su maletín, el estetoscopio de médico, y lo acerqué a la pared, me puse los audífonos en los oídos, y acerqué el diafragma a la pared, y lejanamente pude escuchar sus voces.
_ Joder, qué buena está la rubia, ¿no?_ _decía uno de ellos, me pareció que era el calvo mayor.
_ Ya te digo, qué culito, ¿no?, redondo, potente_
Un culito habían dicho.
_Un culazo para rompérselo toda la tarde_ dijo el otro, y se rieron los dos. Y en ese momento, no voy a decir que esa frase me puso cachonda, porque no fue así, de ninguna manera. Pero algo sentí, como una electricidad dentro de mí, como un impulso eléctrico, muy leve, y de alguna manera estaba ofendida por lo que decían, y me menospreciaba como mujer.
Pero a la vez había algo, un puntillo de morbo, en escuchar que hablaran así de mí, como seguramente nunca había escuchado.
_Qué buenas tetas tiene, ¿no?_
_ Sí, dijo el otro, y esta vez ya identificaba mejor las voces, me parecía que el que hablaba era el calvo mayor.
_ Buenos pechos, buenas verzas_
_No son unos melonazos, pero están bien_ dijo el otro.
_Joder, si están bien, ¿sabes cómo me prendería a ellos? Y se las chuparía bien chupadas, se las mamaría como un ternero a la hija de puta_ dijo el calvo mayor, el tal Rafa. Y el otro, el Toribio, se reía y le festejaba todas las estupideces que decía.
_Joder, lo que tendríamos que hacer ahora es ir a ver la mancha en la pared otra vez, y luego la follamos ahí sobre esa cama. Los dos, ¿qué dices?_ dijo Rafa
_ Pues claro, hombre, dijo el otro.
_ Pues sí, si a esta rubia le está faltando polla, se le nota_
_Joder, qué fría parece, ¿no? Qué estirada_
_ ¿Estirada? ya te digo, tendríamos que hacer un trabajo de hormiga allí. Ir con los martillos y romper bien toda esa capa de cemento y hielo que la cubre_ dijo Rafa
_No te sabía tan poeta_ dijo el otro.
_Sí, mira, así, la golpearía así_ dijo y escuché los martillos golpeando en la pared. Y en ese momento, la verdad, es que algo oscuro sentí que nacía en mí.
Algo oscuro que no sabía qué coño era, ni qué me pasaba. Pero otra vez, esa corriente eléctrica, esos impulsos. Y me senté en la cama, y separé las piernas, y puse las manos en mis muslos, y afirmé los tacones de mis zapatos en el suelo, y me toqué los muslos.
Mientras escuchaba lo que hablaban, pues seguía con el estetoscopio puesto en la pared. _ ¿Te imaginas esa boquita fina, mamándote la polla? Joder, esa boquita que tiene_
_ Y qué ojos, tío_
_Ojos para romperle el culo, ¿no?_ dijo el otro.
_ Sí, esos ojos, yo haría que me mire con la boca llena de polla, y luego que me bese los huevos. Tío, que me lama bien las pelotas, los cojones, y luego sí, la pondría en cuatro patitas, y me la follaría por el culo, bien follada_ dijo uno de ellos.
Y los dos se rieron en ese momento, y yo me estremecí, y una mano estaba con el estetoscopio sobre la pared, y con la otra me toqué por sobre las bragas.
Me toqué con un dedo levemente, y algo sentí, un morbo que se desencadenaba en mí de un modo extraño, como una serpiente cuando comienza a desenroscarse de su nido y asoma la cabeza y saca su lengua ponzoñosa. Así sentía eso yo, como una gran serpiente que reptaba por dentro de mi cuerpo, reptaba y se desenroscaba en cada una de mis extremidades, pues ahora la sentía por fuera, que me recorría todo el cuerpo con una piel viscosa y húmeda, tan húmeda como la mancha en la pared.
Y de pronto dejé de escuchar, pero me seguí tocando con un dedo sobre las bragas, sobre el clítoris, pero siempre sobre la tela, y sentí como esta comenzaba a humedecerse, se mojaba, estaba tan mojada como la mancha en la pared, y pensé que era como un símbolo de suciedad, de algo que venía a importunar con su impureza lo que era mi hogar, mi vida de familia, la casa, los niños, mi marido, mi profesión, todo.
Sentí que todo se tambaleaba en ese momento, y luego me incorporé repentinamente de la cama y dije, pero qué estoy haciendo, soy una idiota, si no ha pasado nada, ni va a pasar nada tampoco.
Pero los escuchaba trastear, los martillos golpeando la pared, ese ruido a hierros que se movían, los caños, esa cañería que quitaban y que cambiaban y que sacaban, y de algún modo estaban arreglando lo que habían estropeado, lo que habían roto, estaban cambiando el caño roto por uno sano, y al fin la mancha de humedad desaparecería, pensé, y la pared volvería a estar tan blanca y tan limpia como antes, y de pronto pensé que había manchas que no podían limpiarse tan fácilmente.
Joder, dije, que estoy bastante loca hoy, y fui hasta la cocina y bebí un vaso de agua, y luego me recosté con el culo sobre la encimera y me crucé de brazos y sentí mis pezones erectos bajo mis brazos, dije, joder, que coño me pasa ¿Es que te has puesto cachonda por estos dos canis, por estos dos calvos, horteras? joder, niña, que ya no eres una niña, me dije, entonces fui hasta el sofá y cogí el libro e intenté leer, pero no me podía concentrar en la lectura, a quién se le ocurre leer a Proust en esta época, en busca del tiempo perdido, me aburro con estas anécdotas familiares, con estas frases tan bien armadas, con estos párrafos tan largos.
Tenía otro libro allí de Almudena Grandes y lo cogí, pero era más de lo mismo, tampoco podía concentrarme en esa lectura, me había recostado sobre el sofá y quitado los zapatos de tacón, miré mis pies desnudos, mis pequeños pies desnudos, no me gustaban los pies de nadie, los dedos de los pies, siempre eran un poco deformes, aunque los míos no, los míos eran bastante bonitos, eso era lo que todo el mundo me decía, lo que me decía mi marido, lo que me había dicho algún amante, y los miré, y sí, eran bonitos.
Cuanto hacía que no follaba con otra persona que no fuera mi marido, joder, hice la cuenta, por lo menos trece años, ahora tenía treinta y siete, o sea que desde los veinticuatro, que no había follado con nadie, aparte de él, es mucho tiempo, pensé, pero bueno, así es la vida, así es el matrimonio, así es la pareja y la fidelidad, y de pronto me puse a pensar si también Daniel me seguiría siendo fiel, como yo se lo había sido a él.
Nunca había pensado en eso antes, pero sí, me dije, supongo que sí, que motivo tengo para sospechar de que no me ha sido fiel, y entonces escuché los golpes en la puerta, y supe inmediatamente que eran ellos, los calvos de al lado, los que habían arreglado el caño roto, y ahora venían a decírmelo, a informarme de todo eso, me puse los zapatos, otra vez, los zapatos de tacón, no quería que me vieran los pies desnudos, y fui a abrirles la puerta.
Y sí, allí estaban los dos, con sus camisas abiertas, con sus pechos peludos, sus tatuajes, y esas ridículas cadenas de oro en el cuello, especialmente Toribio, tenía dos cadenas que le cruzaban el pecho, con eslabones pesados, dorados, parecían de oro, pero tenía mis dudas de que realmente lo fueran.
_ ¿Habéis podido con eso?_ dije
_ Claro niña, dijo el calvo mayor, vamos a ver cómo ha quedado en tu cuarto_
_En mi cuarto ha estado igual, supongo que eso va a tardar en secarse_ dije.
_ Bueno, pero tenemos que verlo de todos modos, como dicen los médicos, hay que ver al paciente, ¿no?_ dijo él, era una tontería, pero al fin les di la razón, y fuimos caminando hasta mi cuarto, y yo caminaba delante de ellos, como es natural, y sabía que me estaban mirando el culo, prieto por la falda corta, y se estaban regodeando en eso, después de todo lo que habían dicho sobre mí, sobre romperme el culo, que cabrones.
Entramos en la habitación, y otra vez esa incomodidad de sentirlos ahí, en el mismo cuarto, en la misma cama donde dormía con mi marido, ellos dos, tan pesados, tan altos, tan gordos, en realidad no eran tan altos, un poco más que yo, apenas, rondarían el 1.80 de altura, e inspeccionaron la pared fingiendo un interés, especialmente el más joven, Toribio, y el otro con su ridícula barba desprolija, esa barba candado ya blanquecina por las canas, era realmente mayor de lo que yo pensaba, tal vez cerca de los 60, aunque se conservaba bien, el tal Rafa, el más salido, el más cínico de los dos, indiscutiblemente el líder de ese extraño dúo.
Y él también se acercó y tocó la pared distraídamente.
_ Pues está muy bien esto, ahora va a secar, pronto ni se va a notar la mancha, aunque tendrás que darle su mano de pintura, supongo_ dijo él,
_Bien, vale, si es así, si lo habéis solucionado_ dije
_Claro que lo hemos solucionado_ dijo él_ hemos roto el caño y luego lo hemos reparado_
_ Hemos cambiado el caño en realidad_ dijo Toribio
_ Bueno, a veces hay que limpiar los caños, ¿no?, o cambiarlos, o lo que sea, o lo que haga falta_ dijo Rafa, y se acercó a mí.
_Y bueno, ya te he dicho que esto te iba a salir un dinero_ dijo
_ Joder, ¿qué me estás diciendo?, ¿qué dinero?_ dije yo.
_No, no, claro, era una broma, no te íbamos a pedir dinero por reparar algo que habíamos roto, pero al menos un beso estaría bien, ¿no?_ dijo Rafa
_ Sí, claro, hombre, vete ya, iros ya a la mierda_ dije-
_ Joder, pero ¿cómo nos dices eso?, después que hemos reparado el caño, mira con qué rapidez, tía_
_ Bien, gracias por eso, pero es mejor que se vayan_ dije
_Pero ¿y nuestro premio?, ¿nuestro regalito?_
_ ¿A qué regalito te refieres? Tontolón_ dije, me salía ser un poco guarra con ellos, como que lo tenía permitido, como que me lo iban a permitir, de todos modos.
_A un beso, tía, que queremos un beso tuyo, para irnos bien contentos a casa_
_ Sí, claro, tú tranquilo, os doy un besito de las buenas noches y os vais a dormir_ dije, los dos se rieron.
_Joder, no estaría mal, ¿eh?, un besito, pero a mí ¿sabes? los besitos me gustan en cierta parte de mi cuerpo_ dijo Rafa.
_ Jo, jo vaya tela_ dijo Toribio, y se rio.
_ Bueno, vale, dejaros de tonterías y marcharos ya_ dije.
_ Espera mujer, al menos un cafelito, ¿no?_ dijo Rafa.
_ ¿Un café?, ¿queréis un café?, ¿y qué más? ¿unos cigarros? mira, cojo el whisky de mi marido y os sirvo un chupito, ¿qué os parece?_ dije, era increíble para mí escuchar mi voz diciendo esas tonterías, como que había vuelto a ser una adolescente y estar otra vez entre algunos chicos guarros, esos que sabes que les puedes decir cualquier bestialidad, porque ellos también te las dicen a ti, y se crea un clima como de camaradería, guarra y cómplice, pero que al final es toda una tontería y no pasa nada.
_ Joder, no estaría mal, ¿y tu marido dónde está?_ dijo Rafa.
_ Mi marido jugando al golf_
_ ¿Y los niños?_ dijo, evidentemente quería saber cuál era el panorama, cuál era la particularidad de la situación en la que estábamos.
_ Los niños en un cumpleaños_ dije
_O sea que nadie va a molestarnos por ahora_ dijo él, y se sonrió.
_No, nadie va a molestarme cuando dentro de un rato esté leyendo un libro sobre el sofá y vosotros os hayáis ido de una buena vez_
_ Vale, venga, pero antes el café_ dijo.
_ Eso, relájate_ dijo Toribio, y Rafa le miró como diciendo, tú no te metas, a ver si metes la pata.
_Vale, os preparo un café y os marcháis_ dije, y fui hasta la cocina, y otra vez yo me preguntaba qué coño estaba haciendo en prepararles un café, en darles ese gusto, como si al fin y al cabo fuera algo consentido, una complicidad, me gustaba como me miraban, me comían con los ojos y a la vez me daba miedo y era una sensación de adrenalina que me recorría todo el cuerpo.
Yo estaba preparando el café en ese momento y sentí unos pasos detrás de mí, era Rafa.
_ Perdona al tonto este, a Toribio, si se le va la pinza, es que una mujer como tú le deja deslumbrado_ dijo
_ No es nada, dije, además que una mujer como yo, ¿qué tiene de extraño?_
_ Pues que tú lo sabes, eres muy guapa y muy fina…… muy refinada ¿sabes?_
_ Sí, claro, venga ya…_ dije
_ Pues es la verdad, no está acostumbrado a tratar con una mujer así_
_ ¿Y tú? ¿Tú si estás acostumbrado?_ le dije
_ Bueno, he tenido algunas como tú_
_¿Sí? ¿cómo son, cómo somos las que son como yo? Dije.
_ Son frías por fuera, pero luego se derriten por dentro_ dijo él, apoyado con sus manazas sobre la isla de la cocina, sí, realmente mediría 1,80 y pesaría 100 kilos, por lo menos.
_ ¿Qué edad tienes tú? _ dije.
_Tengo 57 años ¿y tú?_
_ Yo exactamente 20 años menos, 37, _ dije
_Joder, qué buena edad, y ya con dos niños, pero mira que bien_ dijo él
_ ¿Tú tienes hijos?_ le dije
_ Sí, tengo tres con una mujer y uno más pequeño, con la de ahora_
_ Así que eres casado y andas tonteando por aquí, con las vecinas_
_ Siempre hay que tontear con las vecinas, es la alegría de la vida, ¿qué vas a hacer si no, volver a casa con la parienta y mirar el fútbol?_
_ Bueno, puedes hacer muchas cosas_ dije_ aparte de mirar el fútbol_
_ Sí, claro, pero lo que más me gusta hacer es otra cosa ¿sabes cuál es?_
_ Sí, ya me imagino, no me digas nada_
_ Joder, pensaste que te iba a decir follar, pero no, me gusta estar en el bar con los amigos y jugar algún futbolín_
_ ¿Futbolín, todavía hay sitios que tienen futbolín?_
_Claro, yo voy a un sitio donde hay uno, y todos jugamos y nos la pasamos muy bien_ dijo él, parecía casi ingenuo en ese momento.
_ Sí, entiendo, ya está el café, llama al otro para que se venga a tomar el café aquí_
_A Tori, a Toribio, venga, vamos a beber el café allá, al cuarto, que Toribio está inspeccionando la mancha_ dijo él.
_ ¿Sí? ¿Tanto tiene que inspeccionar la mancha de humedad?_ dije
_ Pues claro, la tiene que monitorear, ¿sabes? es algo científico eso_ dijo él.
Preparé y serví el café en unas tazas y luego puse las tazas en una bandeja, y me encontré otra vez yendo al cuarto con él, llevándoles el café, lo cogieron.
_ ¿Tú no bebes café?_ dijo Rafa, llevándose la taza a los labios.
_ No, demasiado café es malo, ya he bebido_ dije, cruzando los brazos, a la defensiva.
_ Pues yo bebo todo lo que puedo_ dijo Toribio.
_ Claro, si tú eres un tragón_ le dijo Rafa, y entre ellos parecían tan inofensivos, hablando así, casi que hasta me sentía cómoda, como que estaba protegida por la propia vulgaridad de esos dos.
_ ¿Y tú nunca le has sido infiel a tu marido?_ dijo Rafa.
_Joder, qué pregunta, claro que no, tú seguramente sí a tu esposa_ dije
_ No, bueno, ya sabes cómo es lo que te digo, la alegría de la vida está allí, ¿no? la novedad, un poco de alegría ¿no? ¿Y tú, Toribio, tú le eres fiel a tu parienta?_ dijo Rafa.
_ Pues claro que sí, le soy fiel hasta que no lo soy_ dijo Toribio, y se rio, mostrando los dientes, tenía una cara rubicunda y gorda, como un bebé que ha crecido repentinamente, la cara lampiña, a diferencia de la barba canosa que llevaba Rafa.
_ ¿Y esas cadenas al cuello no os molestan para trabajar?_ pregunté.
_ ¿Estas cadenillas? no, estas cadenillas son como parte del cuerpo, siempre hay que llevarlas con uno_ dijo Toribio_
_ Claro, mira, ¿quieres tocar?_ dijo Rafa
_ No, que va_ dije.
_ Son de oro, mira, toca_ y sin que pudiera poner resistencia, cogió mi mano con sus manazas y llevó mis dedos hasta la cadenilla, y toqué ahí, la camisa estaba bastante abierta y se veía el pecho cano, y toqué con un dedo.
_ Joder, qué manitas tienes, tan suaves_ dijo
_ Claro, no voy a tener las manos que tenéis vosotros_ dije, pues había notado la mano callosa y rugosa de él.
_ Yo suelo usar guantes_ dijo Toribio.
_ Venga hombre, dijo Rafa_ gato con guantes no caza ratones_
Me llamó la atención ese dicho, y un poco me sonreí, y él lo notó.
_ ¿Ves que te estás aflojando? se te está derritiendo el hielo_ dijo Rafa.
Eso me hizo reaccionar.
_ Que hielo ni que hielo, joder, bueno, ya está bien ¿no? ya habéis bebido el café, ya es hora de que os marchéis_
_ Pero mujer, ¿y lo que habíamos hablado del besito ese?_
_ Que no hay besito ni nada, venga, marcharos ya_
_ Pero joder con la maja que estabas siendo, un besito y nos vamos_ dijo, y se aproximó a mí y puso sus dos manazas en mi cintura, y sentí como un estremecimiento.
_Venga ya, déjame, no me toques_ dije y me aparté
_Pero si no te he tocado_ dijo.
_ ¿Ah no, y eso que ha sido?_
_Solamente he puesto las manos en tu cintura, joder, qué pequeña es ¿no? me pareció que temblabas un poquillo ¿es verdad o no?_
_ No, ni tiemblo ni nada, y ya os dije, os tenéis que marchar_
_Vale, vale_ dijeron los dos, Toribio volvió a tocar la mancha en la pared.
_ Yo no sé si esto está bien, de verdad, esta humedad, no se va_ dijo él.
_ No se va la humedad, es que está mojada, está tan mojada como tú ¿o no?_ dijo mirándome, me quedé sin palabras, no supe qué decirle.
_ Ya está bien ¿no?_ dije.
_Ni bien, ni nada ¿cómo te llamas tú? que no sabemos tu nombre_ dijo Rafa
_ Mariana, me llamo Mariana_ dije y confesar mi nombre fue como desnudarme.
_Muy bien, Marianita, venga, un beso en la mejilla, dos besos, uno en cada mejilla, y nos vamos_ dijo, y entonces se aproximó a mí, y otra vez puso las manos en mi cintura.
_ Venga, un besito en la mejilla, como buenos amigos_ dijo y él se inclinó un poco y levanté la cara hacía él, y su olor era un olor penetrante, no olor a sucio, sino a colonia, barata, y un poco a sudor, y era un olor a macho puro, a macho que ha estado trabajando, y le di un beso en la mejilla, y la piel era rugosa, y luego giró la otra mejilla, y cuando fui a darle el beso, giró repentinamente la cara, y nuestros labios se encontraron.
_ Joder ¿pero qué haces?_ dije, y me aparté.
_ Era sólo una broma, mujer, sólo una broma_ dijo él, Toribio miraba sonriente y expectante.
_ Bueno, ya está bien, os tenéis que marchar, de una puta vez, venga_ dije, era como que me complacía en retarlos, como si fueran dos chavales, en reprenderlos, como la maestra, ante dos niños que se portan mal, dos niños traviesos y díscolos.
_ Sí, cómo no, pero le debes dar los besos a Toribio, como me has dado a mí_
_ Está bien, vale, pero nada de hacer gilipolleces_ dije, y me acerqué a Toribio, y él sonreía y le besé en la mejilla y él puso sus manos en mis hombros, levemente, no era un toque muy descarado, pero allí estaban, sus manos, sus dos manazas contenidas, también era alto y pesado, eran dos moles, dos gorilas, y le besé en la mejilla, y luego en la otra, las mejillas lampiñas, la piel era mucho más suave que la de Rafa, se notaba su juventud, y que se afeitaba a conciencia, o tal vez era así, lampiño, de nacimiento, y entonces sentí las manos del otro, de Rafa, sobre mi cintura, sobre mis caderas, tenía las manos de los dos sobre mí cuerpo, en los hombros y en la cintura
_ ¿Qué haces?_ le dije, las manos de los dos parecían pesadas y fuertes.
_ Quita las manos de ahí_ dije balbuceando pero en realidad estaba sobrepasada, y miré la mancha de humedad en la pared, y casi sin querer comprobé que yo también estaba igual de mojada en mis bragas.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Con el hombre del gimnasio
Lleva meses soñando con él, con la forma en que sus ojos la recorren mientras entrena. Pero cuando por fin lo tiene al alcance de la mano, descubre…
Comparte:Infidelidad ocultaDominacion masculinaVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Y fui infiel (2)
Edu no solo quiere escuchar tus fantasías; quiere vivirlas contigo. En la intimidad de tu habitación, cada palabra que sueltas acerca de lo que…
Comparte:Infidelidad ocultaDominacion masculinaVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Mi profe y el doble Parte 2
Miky le puso algo en la copa. No era solo alcohol. Ahora Sandra no recuerda nada, pero su cuerpo responde con una sumisión que yo nunca imaginé.
Comparte:Infidelidad ocultaVoyeurismo ocultoDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
Infidelidad Obsesiva.
El vecino de al lado no solo la mira; la escucha. Y cuando la voz grave le ordena bajar la falda en el ascensor, Olivia descubre que su vida conyugal…
Comparte:Infidelidad ocultaVoyeurismo ocultoDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
El capataz de obra y la arquitecta Parte 1
Silvia cree que está luchando sola contra la inercia de la obra, pero Mario la observa desde las sombras.
Comparte:Voyeurismo ocultoInfidelidad ocultaDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
Entregada al jefe de mi marido
Don Ramón siempre ha tenido las manos ligeras, pero esta noche la oficina se vacía y las barreras se rompen.
Comparte:Infidelidad ocultaVoyeurismo ocultoDominacion masculina