Xtories

Nunca lo hubiera imaginado (3)

Despertar desnuda en la cama de otro hombre sin recordar cómo llegaste allí es el peor de los pesadillas. Para Victoria, que ya carga con el peso de la pérdida y la distancia de su hija, esa noche en casa de Mario se convierte en una trampa de la que no sabe cómo salir sin destruir su matrimonio.

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Nunca lo hubiera imaginado

Capítulo 3

Iban ya veintiún días de la internación de Victoria, la bajaron a una habitación, en la que por suerte podía quedarme con ella. Hacía unos días que Sofía no venía a ver a su madre, pero hablábamos por teléfono o por mensaje y le iba contando cómo iba todo.

Al día siguiente por la noche, a eso de las ocho y media, Victoria había terminado de cenar y se había quedado dormida. Aproveché para bajar al buffet del hospital a comprarme un café.

Mientras tomaba el café me sonó el teléfono, y al ver la pantalla vi que era una llamada de Sofía.

-Hola Sofi!

-Hola Guille, mamá cómo está?

-Bastante mejor, el médico me dijo que si sigue así en dos o tres días le darían el alta, ahora está dormida y aproveché a bajar por un café, ¿vos cómo andás?

-Quería hablar con mamá, pero te lo digo a vos y después le contás.

-Decime corazón!

-Esta noche voy a ir a casa con papá a buscar mi ropa, porque voy a vivir un tiempo en casa de papá, ya me llevé muchas cosas, pero hoy voy a buscar lo que me falta.

-¿De verdad Sofi? ¿No estaría bueno que pudieras esperar a que mami esté en casa y lo hablaran tranquilas?

-Ya sé lo que diría mamá, y no me bancaría el sermón, después de todo papá tiene razón, viví catorce años con mamá, puedo vivir ahora con papá.

-Supongo que ya tenés la decisión tomada, pero hubiera estado bueno que primero lo hablaras con tu madre.

-Ya lo decidí Guille, quiero vivir con papá, no sé por cuánto tiempo... Pero papá me dijo que a esta edad puedo decidir con quién vivir, después de todo él es mi papá.

-Claro, siempre será tu papá, pero pienso que quizás no es el mejor momento para tomar esa decisión, justo cuando tu madre no está pasándola bien...

-Puedo entender a mamá, pero también quiero que me entienda a mí, quiero ver cómo es vivir con papá.

-Ok, veo que ya es un hecho, nos vemos Sofi, vuelvo con tu madre.

Y corté la comunicación, me cayó para la mierda el egoísmo de Sofía, pensó en ella, y se cagó en el momento difícil de su madre, quizás el momento en que más la hubiera necesitado.

¿Cómo haría para decirle esto a Victoria, sin que se transformara en otro golpe para ella? La pérdida del embarazo la había destrozado, no quería ni imaginar lo que significaría para ella que Sofía haya decidido irse a vivir con su padre, con el turro de su padre, que aprovechando la situación, le había llenado la cabeza.

Volví a la habitación y todavía dormía, y viéndola dormir decidí que no le diría nada hasta que le dieran el alta, no tenía sentido sumarle otro golpe bajo en este momento.

En los ratos en que estaba despierta, estaba como perdida, mirando a la nada, y cada tanto, se le caían las lágrimas. Perder a Emma había sido un golpe muy duro para los dos, pero más lo fue para Victoria, aunque nada tuviera que ver, se sentía culpable, había sido un accidente, un desafortunado accidente, la vida nos había puesto por delante un gran dolor, pero cada vez que la miraba, sentía que tenía que estar fuerte, entero, para poder sostenerla, ser el apoyo que sin duda necesitaría, y por un largo tiempo.

Mientras la veía dormir, imaginaba el momento de llegar a casa cuando le dieran el alta, y darse cuenta que Sofía ya no vivía con nosotros, quizás mi presencia a su lado y mi apoyo no fueran suficientes, y sentí que necesitaría ayuda psicológica, quizás hasta psiquiátrica, una vez en casa, mientras se recuperaba su cuerpo, su cabeza no dejaría de pensar, y si decayera aún más, necesitaría ayuda para sostenerla.

Tres días después, el médico la vio en la mañana, y le dijo que al día siguiente le daría el alta, quizás cualquier otra persona se hubiera puesto contenta, pero para Victoria fue como si le dijeran que estaba lloviendo.

Era plenamente consciente de que venían tiempos difíciles, pero mi amor por ella, por lo que teníamos, haría todo lo que estuviera a mi alcance para sostenerla, para que pudiera salir de ese pozo en el que había caído.

Esa noche, luego de que se durmiera me fui hasta casa a buscar ropa para cuando tuviera que salir del hospital, y al volver, me acosté como cada noche a su lado, pero casi que no pude dormir, pensando en cómo le diría lo que se encontraría al llegar a casa.

Al día siguiente, luego del desayuno pasó el médico a verla y le dijo que firmaría el alta, que a partir de las diez de la mañana podía volver a casa. Hubiera esperado que estuviera entusiasmada, pero Victoria estaba en esa nube en la que había caído, luego de enterarse de la pérdida de Emma.

La ayudé a levantarse, pasó por el baño y luego la ayudé a cambiarse. Un camillero la llevó hasta la puerta del hospital en una silla de ruedas, y yo fui a buscar el auto y lo paré en la puerta. Subió el auto con lágrimas en los ojos, la puta madre qué difícil sería esto.

Faltando unas cuadras para llegar a casa le dije:

-Mi amor, no quise contártelo antes, pero cuando llegues a casa, lo sabrás de todas formas, hace unos días Sofía me llamó por teléfono y me dijo que viviría un tiempo con su padre, esa noche iba a casa a buscar las cosas que aún no se había llevado.

Me miró, y creo que el alma se me cayó al piso.

-Sofía se fue a vivir con el padre?

-Sí mi amor, intenté que esperara a que estuvieras en casa, para que lo hablaran, pero ya tenía la decisión tomada, sin dudas influenciada por su padre.

-Qué pendeja... Justo ahora... No lo puedo creer... Esa chica no es mi Sofía...

Y se largó a llorar desconsoladamente, detuve el auto y la abracé, y entre lágrimas me dijo:

-¿Qué hice mal Guille? ¿Por qué todo me sale mal? ¿Por qué tanta mierda toda junta? No puedo más...

Llegamos a casa, la ayudé a bajar y por pedido suyo, la llevé a la cama, y allí comenzaron los tiempos difíciles.

********************************************************

Escuchaba sonidos extraños, pitidos cerca de mí y otros más alejados, intenté abrir los ojos pero no pude.

Un tiempo después, no sé cuánto, volví a escuchar esos sonidos, y dos personas hablando, como a lo lejos.

Por fin pude abrir los ojos, y viendo a mi alrededor me pude dar cuenta que estaba en un hospital, pero no sabía por qué, no entendía lo que me había pasado.

Mis ojos se volvieron a cerrar hasta no sé cuánto tiempo después, cuando los pude volver a abrir, vi a una mujer parada a mi lado, por su ropa sería una enfermera o una doctora, al ver mis ojos abiertos dijo:

- Hola Victoria, no intentes hablar quizás te cueste, si me escuchás bien decime que sí con la cabeza.

Moví mi cabeza afirmando, intenté hablar pero no me salió la voz, y me volví a quedar dormida.

Antes de volver a abrir los ojos, volví a escuchar a dos personas hablando, y cuando los abrí estaban junto a mí, un hombre y una mujer.

-Hola Victoria.

Dijo el hombre de guardapolvo blanco, y esta vez mi voz sí salió.

-¿Dónde estoy?

-En la unidad de cuidados intensivos del Hospital Italiano, tuviste un accidente de tránsito.

-¿Mi bebé está bien?

Se miraron entre ellos y creo que lo supe.

-Recordás algo Victoria?

-No.

-Viajabas en un taxi que fue en embestido por una camioneta, y te trajeron aquí para que pudiéramos atenderte.

-¿Mi bebé Está bien?

-Lamento mucho darte esta noticia, pero tu bebé no logró salvarse, el accidente fue grave, tuviste muchas heridas en diferentes partes de tu cuerpo, y cuando llegaste al hospital, la bebé ya estaba sin vida, en verdad lo lamento, lo lamento mucho.

El mundo se me vino abajo, sentí una puntada en el pecho y me costaba respirar, pero luego no recuerdo más nada.

Antes de volver a abrir los ojos, pude sentir que alguien tomaba mi mano, y también una suave caricia en ella.

Al abrirlos vi que era Guille y me explotaron las lágrimas.

-Ema no Guille, decime que no es verdad Guille, decime que lo soñé.

Y cuando vi las lágrimas en sus ojos también, supe que era la verdad. Mi respiración se volvió a agitar y no me salían las palabras.

-Tranquila mi cielo, respirar por favor.

Cuando pude volver a hablar, le pregunté

-¿Qué pasó Guille? Decime La verdad por favor.

-Volvías de la escuela en un taxi, y una camioneta los chocó, te trajeron al hospital y te atendieron, estabas muy lastimada. Tenés la cabeza vendada porque tuviste un fuerte golpe, te tuvieron que dar varios puntos de sutura, también tenés la pierna izquierda enyesada, por una fractura de tibia y peroné. Pero lo más grave eran las heridas abdominales, desgraciadamente Emmita llegó sin vida al hospital por un desprendimiento de placenta, y tuvieron que operarte dos veces para reparar el intestino delgado, el estómago y tuvieron que sacarte el bazo.

-¿Esto fue ayer?

-No mi vida, fue hace diecisiete días?

-Hace diecisiete días que estoy acá?

-Sí mi vida, y todavía tendrás que estar unos días más.

-Y Sofía?-Desde el día del accidente está en casa de su padre, no quería que estuviera sola en casa, yo estuve todos estos días acá con vos.

Sentía que mi mundo se derrumbaba, el solo hecho de pensar en Emma, me hacía sentir de que tendría que haberme muerto también.

No sé en qué momento me volví a quedar dormida, y la siguiente vez que abrí los ojos, Guille volvía a estar a mi lado, diciéndome que era el día siguiente.

Cuando Guille se fue, vino el médico y me explicó todo lo que habían tenido que hacerme, incluso el legrado, que Guille no me había dicho, y todo lo que me tendrían que hacer aún.

Dos días después, me llevaron a una habitación, esto lo supe porque Guille me lo contó, y por suerte estaba sola y Guille podía quedarse conmigo.

Sofía vino a visitarme ese primer día, y juntas lloramos por Emma.

En esos días en el hospital hasta que me dieron el alta, me hicieron muchos estudios, y el doctor me decía que era por el golpe en la cabeza, para comprobar si había tenido algún daño neurológico.

El día que el doctor dijo que al día siguiente me daría el alta, supongo que me tendría que haber alegrado, pero no podía dejar de pensar en Emma, y todo me daba igual. Y como si esto fuera poco, de camino a casa luego del alta, Guille me dijo que Sofía había decidido vivir con su padre, que ya se había llevado todas sus cosas de casa… sobre llovido, mojado…

¿Algo más? ¿Qué había hecho mal en mi vida para todo esto?

Pero gracias a Dios lo tenía a Guille a mi lado, si él no hubiera estado, no sé cómo hubiera hecho para seguir viviendo.

Necesitaba ver a Sofía, la llamé varias veces por teléfono y le envié varios mensajes, y tan solo en uno de ellos, me dijo que en estos días pasaría por casa. Pero eso ocurrió recién una semana después, y ese encuentro no fue para nada lo que hubiera esperado, en esa hora que estuvo en casa, más pendiente de su teléfono que de hablar conmigo, y a cada una de mis preguntas sus respuestas eran solo monosílabos. Me costaba mucho entender cómo había cambiado Sofía, por momentos no parecía mi hija.

Guille estaba todo el tiempo a mi lado, y desde que volví a casa, se hizo cargo de todo, él era quien hacía las compras, la comida, lavaba la ropa, limpiaba la casa, se ocupaba de mí, que con la pierna enyesada poco podía hacer y por mi estado de ánimo no podía con mi vida, hasta me bañaba, me secaba el pelo y me peinaba, estaba pendiente de mí todo el tiempo.

Emma era parte de mí, supongo que también debe haber sido muy duro para Guille, Emma no lo había logrado, pero estaba tan mal, que no podía preocuparme por él, por lo que estaría sintiendo también.

Me insistió en que comenzara terapia, y cuando por fin me sacaron el yeso de la pierna, comencé a ir a la psicóloga, al principio sin muchas ganas, y luego de algunas sesiones, me mandó a un psiquiatra.

El psiquiatra me mandó medicación, explicándome que estaba en una situación muy difícil, y que para poder salir de allí, necesitaba estar medicada.

Fueron momentos muy duros para mí. Eso qué nadie sabía, que a nadie le había contado, ni siquiera a Guillermo, me atormentaba más que nunca.Fue en una sesión con la psicóloga, donde por primera vez lo pude expresar, y a ella se lo conté.

A mis diecisiete años, por mi inexperiencia, y por no saber cómo resolverlo, cuando quedé embarazada de ese malparido, me convenció de hacer un aborto. Luego de eso no volví a verlo, no quise, aunque me buscó muchas veces.

Durante mucho tiempo creí que no podría tener hijos, se me había puesto eso en la cabeza, pero cuando nació Sofía, sentí que la vida me daba otra oportunidad, pero con la muerte de Emma, sentí que me lo estaba cobrando.

En los momentos en que estaba sola, pensaba que Guillermo tendría que saberlo, él me ama como nadie en este mundo, y estaba segura que podría entenderlo.

No me decidía cuál sería el momento correcto, pero ese momento llegó casi dos meses después, en una conversación ya en la cama, donde se lo conté todo. Y como era de esperarse, Guillermo no me juzgó, no me lo recriminó, al contrario, me hizo entender que en ese momento, quizás por mi juventud, quizás por mí inexperiencia, no había encontrado otra salida, y en verdad así había sido.

Sentí en ese momento que me había quitado un peso de encima, un secreto que me había atormentado durante mucho tiempo, y pensé también que en algún momento, quizás cuando Sofía sea más grande, también tenía que saberlo.

Estuve Casi seis meses sin trabajar, pero llegó un momento en que necesitaba salir de casa, poner la cabeza en otro lado, y aliviar un poco la carga de Guillermo.

La relación con Sofía estaba cada vez más tensa, cada vez que nos veíamos o hablábamos por teléfono, era casi normal terminar discutiendo, no reconocía a esa chica, era diametralmente opuesta a la Sofía que yo conocía, a la chica amable, considerada y cariñosa qué fue mientras vivió con nosotros.

Soy plenamente consciente de que, por su sangre corren los genes de su padre, pero también creí que algunos valores que había intentado inculcarle, estaban en ella, pero en cada encuentro me parecía que estaba más equivocada, se había convertido en una chica pedante, engreída, contestataria y sobre todo intransigente, no encontraba la forma de que al menos pensara en alguna cosa que yo le dijera.

Luego de esos meses que estuve sin trabajar, hasta que me dieron el alta médica en la aseguradora, y que además mi psicóloga y el psiquiatra, me recomendaban volver poco a poco a mi vida normal, volví al trabajo.

Como Guillermo por estar tanto tiempo sin ir a su trabajo, había perdido a varios de sus asegurados, cuando regresó hace poco más de dos meses, casi que tuvo que comenzar de nuevo, consiguiendo nuevos clientes, y eso implicaba que varias veces tuviera que viajar al interior de la provincia.

Habitualmente llegaba a casa a eso de las doce y media del mediodía, lo hacía en colectivo, aún no me había animado a volver a la bicicleta. Como quedaban varias horas hasta que volvía Guillermo de su trabajo, casi siempre a eso de las cinco y media de la tarde, por consejo de mi psicóloga, salía a caminar.

Si bien a pocas cuadras de casa está la plaza Islas Malvinas, prefería hacer unas cuadras más hasta el parque San Martín, ya que al ser más grande, la vuelta era un poco más larga.

Solía irme después de almorzar, a eso de las dos y media o tres de la tarde, y caminaba una hora o una hora y media, para volver a casa antes de que llegara a Guille, para esperarlo con el mate preparado.

Luego de varios días caminando, empecé a ver personas, que como yo caminaba cada día, y con algunas, mujeres sobre todo, nos saludábamos al cruzarnos, tan solo eso, nunca me detenía a hablar con ninguna de ellas.

Solía dar tres vueltas al parque caminando, me sentaba un rato en alguno de los bancos, y después daba otras tres vueltas en la dirección contraria para luego volver a casa.

A poco más de un mes de que habían empezado mis caminatas, conversé por primera vez con una de las mujeres que solía cruzar, estaba sentada en un banco, cuando una de esas mujeres que venía caminando, me preguntó si se podía sentar.

Conversamos unos minutos, una mujer de unos sesenta y pocos años llamada Rosa, de conversación agradable y una forma risueña de hablar.

A partir de allí fui conociendo otras mujeres, casi todas conocidas de Rosa de cruzarnos en el parque, y en ocasiones, conversábamos mientras hacíamos un descanso.

Una tarde estaba sentada, antes de las últimas tres vueltas, cuando un hombre que venía trotando, se detuvo frente a mí.

-¿Victoria?

Al levantar la vista, lo reconocí, casi que estaba igual, tan solo el corte de pelo era diferente, ese hombre era Mario, lo había conocido en mi época universitaria, no estudiábamos la misma carrera, yo lo hacía para docente, y él estudiaba psicología.

Nos conocíamos de encontrarnos en el buffet de la facultad, habíamos conversado muchas veces, y en algún momento pensé, que estaba buscando tener algo conmigo.

En época era un chico amable, bien hablado, nunca había tenido comentarios insinuantes, ni con doble sentido. No puedo decir que llegara a ser un amigo, pero cuando nos encontrábamos la pasábamos bien.

Tuvimos un par de encuentros fuera de la facultad, de café y charla, y allí confirmé lo que pensaba, buscaba algo más que una amistad. Pero en ese tiempo fue cuando conocí a Mauricio, y empecé a distanciar los encuentros con Mario.Me puse de pie y nos saludamos con un beso.

-Mario! Cuántos años... Cómo estás?

-Muy bien! Bueno… no tan bien como vos… Qué gusto volver a verte después de tantos años!

Nos sentamos y conversamos un momento, algunas cosas de nuestras vidas, en mi caso sin mucho detalle, y él también un poco de la suya.

Puedo decir que fue un momento ameno, una charla de unos quince o veinte minutos, en los que incluso recordamos algunos encuentros de aquella época. Se despidió de mí y siguió trotando, y yo caminando las vueltas que me faltaban.

No lo había visto antes, pero lo veía seguido a partir de esa tarde, pero en algún encuentro posterior me dijo que se había mudado cerca, y que había comenzado a venir al parque.

Luego de pasados varios días en que nos encontrábamos, las conversaciones se iban extendiendo, hablando de viejas épocas, de nuestros trabajos, de nuestras familias, y cosas por el estilo.

Así pasaron varios encuentros, conversaciones normales, incluso algunos días conversábamos tanto, que luego me iba directamente a casa, porque no me daba tiempo a dar las otras tres vueltas.

No sé por qué pero nunca le comenté a Guille de los encuentros con Mario, eran intrascendentes, y no quería que pensara nada raro, sobre todo sabiendo de su existencia, porque hacía tiempo le había comentado algo de él.

Algunas tardes caminaba a mi lado, mientras conversábamos, lo hacía por una vuelta al parque, y luego él seguía trotando.

Una tarde llegué al parque a eso de las dos y media de la tarde, le di tres vueltas y me senté, estaba todo nublado y amenazaba lluvia, y pensé en que me iría directamente a casa antes de que me agarrara el agua.

Llegó Mario y se sentó a mi lado, diciéndome que la lluvia nos cortaría la actividad física. No había terminado de decir eso, cuando se largó a llover.

-Tengo el auto ahí enfrente Vicky, vamos que te llevo.

Y pensando en que llegaría a casa empapada si me iba caminando, acepté que me llevara. Llegamos a casa y nos despedimos como siempre, agradeciéndole el haberme traído.

Más o menos una semana después, también estaba nublado, con ganas de llover, pero de todas formas me fui al parque, estaba en la mitad de la segunda vuelta, con Mario caminando a mi lado, cuando comenzaron los relámpagos y los truenos, se venía el agua y Mario me dijo,

-Vicky, ¿te gustaría tomar unos mates en su casa?

Dudé un momento, pero no vi nada de malo y acepté.

-Bueno, dale!

Fuimos en el auto hasta su casa, tomamos unos mates y conversamos hasta las cuatro de la tarde, momento en que le dije que ya tenía que irme, y como aún llovía, me volvió a llevar hasta casa.

Me sentía cómoda con él, no insinuaba nada, ni hacía ninguna propuesta que me hiciera dudar, eran conversaciones entretenidas, risueñas por momentos, cuando me contaba alguna de sus anécdotas, y se interesadas por mis cosas.

Con el correr de las conversaciones, le conté de mi separación de Mauricio, de mi hija Sofía, y de mi relación con Guillermo.Y él me contó de su relación, de la separación de su esposa, y de un hijo que vivía con su madre en Buenos Aires, que estudiaba en la universidad de allí.

Nuestras conversaciones, fueron siendo cada vez más profundas, incluso llegué a contarle del accidente y de la pérdida del embarazo, y también de mis complicaciones anímicas posteriores.

Cenábamos una noche de un miércoles con Guillermo, cuando me dijo que el viernes tenía que viajar por trabajo, y que volvería el sábado al mediodía. Ya estaba acostumbrada a esos viajes, aunque a Guille no le hacían mucha gracia, los necesitaba para ampliar sus ingresos.

Ese viernes me dejó en la escuela como cada mañana, y nos despedimos hasta el sábado, calculaba llegar al mediodía, y le dije que lo esperaría con el almuerzo.

Esa tarde en el parque, en la conversación se lo comenté a Mario, y me dijo que si no quería cenar sola, qué podíamos salir a cenar. No lo vi mal, y acepté cenar con él, pero diciéndole que volvería temprano a casa, y quedamos en que me pasaba a buscar por casa a las nueve de la noche.

Fuimos a una pizzería no muy lejos de casa, comimos, conversamos, nos reímos, y a las once de la noche ya estaba en casa, y como siempre, sin ninguna insinuación, ni propuesta de su parte. Nos despedimos hasta el lunes, donde sin duda nos volveríamos a encontrar en el parque.

Tomaba esos encuentros con Mario como con un amigo, con el que podía hablar, sentirme escuchada, y recibir opiniones sinceras, incluso llegué a comentarle mi situación con Sofía, que luego de todo lo que había pasado con el accidente y la pérdida del embarazo, era el tema que más me atormentaba.

Mario trataba de darme ánimo, diciéndome que esa época de la adolescencia, era bastante complicada, tanto para los hijos como para los padres, y siempre me decía que tratara de relajarme, los momentos de rebeldía, de distancia, de mal carácter ya pasarían.

Minutos después de llegar, me llamó Guillermo, y hablamos por casi media hora, donde me contó que habían terminado casi a la hora de cenar y que lo habían invitado a un lindo restaurante, y yo no supe que hacer, y no le conté de mi salida con Mario, era consciente de que tenía que contárselo, ya vería el momento.

La relación con Sofía era el tema que me tenía muy mal, cada vez que nos veíamos en los últimos tiempos, terminaba en una discusión, en un reproche, diciéndome que no entendía nada, recriminándome mis actitudes sobre protectoras, según su padre, y siempre diciéndome que ya tenía edad suficiente para decidir muchas cosas.

Casi un mes después, Guille me dijo una tarde, que uno de sus grandes clientes, una empresa de transporte y logística de la ciudad de Pehuajó, por su aniversario, ampliaban sus instalaciones y su flota de transporte. Firmarían una ampliación de sus coberturas, y por ser uno de esos antiguos clientes que aún le quedaban, lo invitaban a la fiesta aniversario, donde inaugurarían las nuevas instalaciones.

Tendría que irse el viernes temprano, resolver todas las cuestiones de su trabajo, y luego se quedaría en Pehuajó para la fiesta del viernes en la noche, y para no volver de madrugada por la ruta, se quedaría hasta el sábado allí.

Le dije que estaba muy bien, que yo lo esperaría como en cada viaje.

El jueves se lo comenté a Mario mientras caminábamos en el parque, y graciosamente me dijo, que podía aprovechar para conocer sus dotes en la cocina, qué podíamos cenar el viernes en la noche, si quería.

Lo pensé por un momento mientras seguíamos caminando, pero estaba tranquila con él, nunca había pasado nada raro, ni había insinuado nada, y cuando terminamos la vuelta, me dijo:

-¿Qué decís Vicky? Me permitís mostrarte mis dotes culinarios?

-Bueno, está bien! Pero yo llevo el postre!

-Perfecto! Te mando un remís para que vayas a casa, y luego yo te llevo, voy a estar muy ocupado en la cocina...

Y nos reímos los dos.

El jueves en la noche me llamo Sofía, mientras cenábamos, y como en las veces anteriores, supuse que no era una llamada de cortesía o de cariño, lógicamente era para pedirme algo, me pidió dinero, si le podía transferir para hacerse un tatuaje.

Lógicamente la llamada terminó en una discusión, me decía que su padre no le había dado permiso, pero que se lo iba a hacer igual, que ya lo convencería.

Finalmente para no seguir escuchándola, le transferí el dinero que me pedía, y enojada, y hasta decepcionada diría, corte la comunicación.

Guillermo me miró con cara de no entender nada, y me dijo que no tendría que haber accedido a su pedido, que si no estaba de acuerdo con que se hicieran tatuaje, que no le tendría que haber transferido el dinero.

Enojada como estaba, le terminé contestando mal a Guillermo, y nos fuimos a la cama sin decirnos más nada.

En la mañana del viernes mientras desayunábamos, aún seguía tensa la situación entre nosotros, y tras un comentario de Guillermo sobre Sofía, como aún seguía enojada, le dije:

-Para vos es fácil Guille, porque no tienes hijos, te quisiera ver a vos, crees que esto es fácil para mí? Te podrías poner un poco en mi lugar, ¿no?...

Después de decir todo aquello me sentí mal, Guillermo bajó la vista y no dijo más nada, terminó el mate, tomó su bolso, y sin decir nada se despidió con un beso y fue para Pehuajó.

Me quedé un momento sentada, pensando en lo mal que le había contestado, y salí tras él, pero al llegar a la puerta del edificio, vi que se estaba yendo ya en el auto.

Las discusiones o cruces de palabra entre nosotros, casi siempre tenían que ver con Sofía, Guillermo siempre me decía que tenía que ser un poco más firme, que tenía que tratar de que Sofía no me manejara, que no hiciera conmigo lo que le daba la gana.

Antes de irme para la escuela, le envié un mensaje.

-Perdón mi amor por lo que te dije esta mañana, no es con vos, perdoname por favor.

Pero no hubo respuesta, seguramente porque estaría manejando en la ruta.

Estaba volviendo a casa en el colectivo cuando me llegó su respuesta.

-Ok, hablamos cuando vuelvo.

Ese mensaje por un lado me tranquilizó un poco, pero era raro en Guille que no fuera cariñoso al despedirse, sin dudas seguía enojado, ya al volver, le explicaría que mi enojo no era con él, y que lo que dije en la mañana, había estado de más.

El haberle dicho que él no tenía un hijo, me hizo sentir para la mierda, después de todo, nuestra hija no llegó a nacer por ese maldito accidente.Yo era plenamente consciente de que la relación con Guillermo, en nada se parecía a la de antes, él estaba pendiente de mí todo el tiempo, pero yo tenía demasiadas cosas en mi cabeza, y por momentos no tenía ni ganas de hablar.

Ya lo resolveríamos el sábado cuando volviera, incluso fui pensando en que luego de tanto tiempo, sería bueno encontrarnos íntimamente, desde la pérdida del embarazo luego del accidente, no habíamos vuelto a tener relaciones, y no porque Guillermo no las propusiera, era yo quien no tenía ganas, ni cuerpo, ni cabeza para pensar en sexo.

En el trabajo me fui tranquilizando, y luego de almorzar me fui al parque, me encontré con Mario, caminamos tres vueltas y luego nos sentamos a conversar como tantas tardes. Cuando nos despedimos, me dijo que me enviaba el remis a las ocho y media para ir a su casa.

No volví a recibir mensajes de Guillermo, sin dudas seguía enojado, o quizás dolido por lo que había dicho.

De vuelta a casa, paré en la confitería y compré un pequeño tiramisú para llevar a casa de Mario.

Hice algunas cosas en casa, me bañé y pensando en que ponerme, me decidí por un vestido floreado que desde antes de quedar embarazada no usaba, unas sandalias de taco bajo y una chamarra corta por si refrescaba, nada demsiado elegante.

A las ocho y media ya estaba lista, con el postre me subí al remís y fui para casa de Mario.

Me abrió con una camisa, un jean, zapatillas y un delantal de cocina colocado, le di el postre y lo guardó en la heladera.

Mientras terminaba el pollo con papas y crema de hongos, tomaba una copa de vino blanco, me ofreció una, junto con algunas cosas para picar antes de la cena. No suelo tomar mucho alcohol, pero ese vino bien frío estaba delicioso.

Nos sentamos a cenar, y seguimos tomando ese vino, ya por la segunda botella.

Conversamos, nos reímos, la comida estaba excelente y lo felicité por sus condiciones en la cocina.

En un momento necesité ir al baño y al levantarme, me sentí un poco mareada, sin dudas por el vino. Cuando volví, Mario ya había traído el postre y lo estaba sirviendo, también estaba exquisito y lo acompañamos con otra copa de vino.

Juntó la mesa y llevó todo a la cocina, le dije que le ayudaba, pero Mario no me permitió que lavara los platos, ya lo haría él luego.

Cuando volví a la mesa, mi copa volvía a estar llena, y mientras seguíamos conversando, casi sin darme cuenta, me la había terminado.

Mario me ofreció un café y acepté, para que se me pasara un poco la borrachera, hacía mucho que no me sentía tan en el aire. Lo tomamos sentados en el sillón, mientras seguíamos conversando y a mí me costaba cada vez más seguir la conversación, el vino me había afectado, y vaya de que manera.

No recuerdo cómo llegamos a eso, pero en un momento sentí sus labios en los míos, sus manos acariciando mi cara, y yo estaba como en el aire, como que estaba allí, pero no estaba, y ya no recordé más nada.

Abrí los ojos y la claridad del día entraba por la ventana y me puse nerviosa, no entendía donde estaba, no era mi habitación ni mi cama, me dolía la cabeza, y pensé en ese momento que había sido demasiado vino, pero casi que me volví loca cuando levanté la sábana para levantarme y me di cuenta que estaba desnuda.

Me senté de golpe en la cama, tratando de recordar lo que había pasado, no recordaba haber llegado a su cama, ni en qué momento me había desnudado.Estaba sola en la cama, y con el corazón acelerado, me levanté, vi mi ropa interior y mis sandalias en la habitación, pero no estaba mi vestido, ¿Qué mierda había hecho en la noche?

Salí de la habitación, no vi a Mario por ningún lado, encontré mi vestido en el sillón y me lo puse. Pasé por el baño, y busqué indicios de haber tenido sexo, pero no vi nada en mi cuerpo que me hiciera pensar en que había cogido con Mario.

Al ver la hora en el reloj de pared, vi que eran las ocho y treinta y cinco de la mañana y me quería morir, en unas horas volvería Guille, y yo no había dormido en casa, y la puta madre.

Busqué mi cartera para llamar a Mario, pero mi teléfono estaba sin batería, todo mal, busqué un papel para dejarle una nota, diciéndole que me había tenido que ir, pero al no encontrar, decidí que ya después lo llamaría para explicarle y preguntarle qué había pasado, necesitaba volver a casa.

Fui hasta la puerta, y estaba cerrada con llave, busqué a ver si tenía por allí alguna llave y no encontré, entonces busqué un cargador para mi teléfono, para llamarlo y decirle que necesitaba irme a casa.

En su mesa de noche vi uno, lo tomé y me fui al comedor, encontré un enchufe y conecté mi teléfono.

En el momento en que estaba por encenderlo, escuché las llaves de la puerta, y al darme vuelta, vi a Mario entrando con un paquete.

-Buen día Vicky! ¿Ya te vas? Fui a comprar unas medialunas para desayunar!

-Perdón Mario, pero me tengo que ir! Por favor, decime que pasó anoche que no recuerdo nada, pero desperté desnuda en tu cama, ¿cogimos?

-Tranquila Vicky, no pasó nada!

-¿Y por qué estaba desnuda?

-Bueno no llegó a pasar, entre besos llegamos al dormitorio, terminamos desnudos, pero no llegamos a hacer nada más allá de unos besos y unas caricias, en un momento fue como si te hubieran desenchufado, te quedaste planchada!

-Por Dios! ¿Cómo llegué a eso? Amo a Guille, jamás le haría algo así! Sin dudas el vino que tomé…

-Tranquila Vicky! Cuando te quedaste dormida me dormí también, jamás haría algo con una mujer inconsciente, menos que menos con vos…

-Por favor Mario, me tengo que ir a casa, si no podés llevarme me tomo un taxi.

-Yo te llevo! Tranquila! Tomamos un café y te llevo…

Tratando de tranquilizarme, me tomé un café con él y a las nueve y diez de la mañana, paramos en la puerta de casa, le di las gracias por traerme y antes de que me bajara, me dio un abrazo, e intentó darme un beso en la boca, que no permití, ya bastante mal me sentía.

Me sentía muy mal, si no le había contado a Guillermo de mis encuentros y conversaciones con Mario, ¿cómo le contaría esto?

Por suerte no había llegado a coger con él, pero el solo hecho de haber despertado desnuda en su cama, me hacía sentir la peor de todas.

Entré a casa, puse a cargar el teléfono y cuando encendió, vi el mensaje de Guille, la puta madre, no lo había escuchado.

Le puse que no lo había escuchado y que lo esperaba para almorzar, no recibí respuesta y supuse que estaría manejando en la ruta.

Me saqué la ropa y me di un baño, y bajo el agua caliente, no podía dejar de pensar en lo que había hecho, ¿cómo mierda había terminado desnuda en la cama de Mario, no podía recordar nada, ¿tan borracha estaba?, ni siquiera recordaba los besos y caricias que Mario había dicho, tan solo algún vago recuerdo de un beso en el sillón, cosa que no tendría que haber ocurrido, pero no recordaba nada más.

Ya vería en la semana como aclarar las cosas con él, para que no pensara cosas que no eran, y de ser necesario, dejaría de verlo.

Pero lo que más me preocupaba era decírselo a Guillermo, como le contaría algo que ni siquiera recordaba.

Continuará…

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