Xtories

Nunca lo hubiera imaginado (2)

Guillermo creyó haber encontrado su paraíso con Victoria y Sofía, pero las sombras de Mauricio acechan. Cuando el destino golpea con la fuerza de un camión, la felicidad se convierte en cenizas y el dolor se instala para quedarse.

lolalp7.6K vistas9.5· 28 votos

Nunca lo hubiera imaginado

Capítulo 2

A partir de que viviéramos juntos me sentí plena, por fin tenía una familia, y aunque Sofía no era hija de Guillermo, él la trataba como si lo fuera, y eso me daba una tranquilidad inmensa, sintiendo que lo que teníamos era verdadero y profundo, era una familia, y sentirme así, me hacía ser la mujer más feliz del mundo.

Muchas veces me he emocionado hasta las lágrimas al verlos, a Sofía le encantaba jugar con Guille, o que le leyera cuentos y libros sentados los dos en el piso, a veces bajo la mesa del comedor, cual si fuera una casita.

Sofía era una niña obediente, hacía caso, salvo en algunas ocasiones en que me tenía que poner firme para que hiciera sus cosas, pero lo habíamos hablado con Guillermo, y él nunca era quien daba las indicaciones, era yo, aunque quedara como la exigente, Guille jamás me contradecía.

Cuando Mauricio se enteró de que me mudaría a casa de Guillermo, y yo misma fue quien se lo dijo, puso cara de culo, como siempre, pero luego de unas semanas, cada vez que venía a buscar o a traer a Sofía, se hacía el simpático, me miraba con esa expresión que ya conocía, que sé yo…, como si buscara seducirme, hasta que en una ocasión, cuando vino a buscar a Sofía, esta al despedirse de mí, me dijo que si llamaba Guillermo de Tandil, que le mandara un beso.

Mauricio le dijo a Sofía que subiera al auto y con una sonrisa en su cara, me preguntó:

-¿Vos cómo estás? Se te ve muy bien…

-Estoy bien Mauricio!

-¿Sabés? Muchas veces me acuerdo de esas noches de pasión… que excitantes momentos…

-No voy a hablar del pasado Mauricio, tan solo sos el padre de Sofía y yo la madre! ¿Algo más?

-Sé que lo disfrutabas… Tus orgasmos me lo decían… Quizás quieras volver a sentirlos, quien te dice… algún encuentro… para recordar viejos tiempos… ¿Qué decís?

Y me hizo enojar, hasta hace tiempo me trataba para la mierda, me pasaba dos pesos por mes por su hija, y ahora se venía a hacer el langa.

Caliente como estaba, lo mire a los ojos y buscando ser bien dura le dije:

-Mirá Mauricio, con lo que acabás de decir, te fuiste al carajo! Ya fue, tan solo tenemos una hija en común y estoy viviendo otra vida! Vos deberías hacer lo mismo! Chau!

Intenté cerrar la puerta, pero poniendo el pie me lo impidió.

-¿Qué haces tarado?

-Decime que no te gustaba, acababas como loca!

Y ya fuera de mí, queriendo bajarle esa canchereada, le dije:

-Mirá Mauricio, sacá el pie porque te lo rompo de un portazo! Y para que sepas, mi sexualidad con vos fue mediocre! Ahora sí que disfruto! Chau!

Y cuando se enderezó para contestarme, corrió el pie y cerré la puerta de golpe.

Me quedé nerviosa, se había ido al carajo con esos comentarios, y un rato después, sentada en el sillón, llegué a la conclusión de que me quería hacer pisar el palito, para que cayera y le fuera infiel a Guille con él, cosa que en mi sano juicio, jamás haría, ni aunque fuera el único hombre en el mundo.

Cuando Guille volvió de Tandil el sábado, se lo conté, aunque no con todos los detalles, y él llegó a la misma conclusión.

A partir de ese día, volvió a su trato de mierda, a mirarme con cara de culo, y a decirle cosas a Sofía sobre mí y mi relación con Guillermo.

A pesar de eso, nuestra vida seguía siendo maravillosa.

Cuando llegaba cada cumpleaños de Sofía, que en la mayoría de los casos, Mauricio se empecinaba en pagar, eligiendo lugares ostentosos, con su familia y conocidos, y en los que yo me sentía desubicada, pero Guille siempre me decía, son tan solo tres horas.

Era normal que Mauricio marcara la diferencia económica, comprándole siempre cosas caras o llevándola a lugares lujosos, como fue un fin de semana largo en un hotel cinco estrellas de Mar del Plata.

En el último año de la escuela primaria, volvió Sofía un domingo, contenta con un teléfono móvil que le había regalado su padre, y al entrar a casa, le dije:

-¿No te parece que es muy chica para tener teléfono?

-Mirá Victoria, cuando Sofía está con vos, hace lo que vos decís y usa lo que vos le comprás, cuando está conmigo, hace lo que yo digo y usa lo que yo le compro! Para eso soy el padre! Y el teléfono es para estar en contacto con ella sin depender de vos, ¿está? Nos vemos!

Se dio media vuelta y se fue. Me quedé pensando en lo que sería con este tipo cuando Sofía llegara a la adolescencia…

Para la fiesta de fin de curso, Guillermo le dijo a Sofía que le gustaría regalarle la ropa, que podríamos salir de compras y se podría elegir lo que le gustara.

Sofía estaba loca de contenta, un sábado a la mañana salimos los tres, recorrimos casas de ropa juvenil, Sofía crecía a pasos agigantados y estaba cada vez más grande, camino a su desarrollo corporal.

Se eligió un vestido floreado que le quedaba hermoso, no era barato, pero Guille dijo que si le gustaba estaba bien, luego también una sandalias blancas sin taco, claro, que le hacían juego con el vestido.

Cuando llegamos a casa, se probó todo junto y estaba feliz, nos dio un abrazo a cada uno y un beso en la mejilla.

El fin de semana siguiente, le tocaba con su padre, y al volver el domingo, llegó con una bolsa de una casa de ropa de marca.

Mauricio no bajó del auto, esperó hasta que Sofía entró y se fue.

-Hola hija! ¿Y esa bolsa?

-Papá me compró ropa para la fiesta!

-Pero ya habíamos comprado corazón!

-Ya sé mami… pero cuando le conté a papá, me dijo que no tenía que usar la ropa que me compró Guille, que para eso tenía un padre, y me llevó con una amiga de él a comprar esto mami...

Abrió la bolsa y sacó un vestido de una marca cara de ropa juvenil, un poco más corto que el que habíamos comprado y sacó también unas sandalias con algo de taco, que me parecían demasiado para su edad.

Si bien su cuerpo se había comenzado a desarrollar, y hacía casi un mes había llegado su primer período, al menos a mí, me parecía que usar esa clase de ropa, era demasiado apresurado para su edad.

-Está bien hija…

Bajó la vista un momento y su cara de apenada me mató, no era la primera vez que su padre hacía algo así, y pensé en ese momento en que hacer, si contradecirlo y ponerle la ropa que habíamos comprado, lo que generaría un conflicto, o que Sofía decidiera que ponerse y aceptarlo.

-Hagamos una cosa… elegí vos la que más te guste y te ponés eso, ¿sí?

-Bueno mami…

Se fue a su habitación, fui a la cocina donde Guille preparaba unos mates y le conté todo.

-Tranquila corazón, hiciste bien, si no se pone lo que le compró el padre va a haber problemas, y Sofía va a quedar en el medio.

-Tenés razón, pero me da bronca lo que hace, y encima el vestido es más corto y las sandalias tienen taco!

-Sé que te cuesta, pero de a poco Sofi se está convirtiendo en una señorita…

-Sí ya lo sé…

Mientras cenábamos, hablábamos de otros temas, cuando de repente Sofía dijo:

-Guille…

-¿Qué princesa?

-La ropa que compramos me gusta mucho, por eso la elegí, pero si no me pongo la que me compró papá, se va a enojar…

-Tranquila corazón! Como te dijo mami, elegí vos lo que te querés poner, y si usas lo que compraste con tu papá, lo que compramos lo podés usar en otro momento, ¿sí?

-Pero no quiero que te enojes conmigo…

-No mi princesa! No me voy a enojar con vos por eso…

Al parecer eso la dejó más tranquila y esa noche, ya en la cama hablábamos con Guille de lo que vendría de aquí en adelante, no podía imaginarme la adolescencia de mi hija con un padre como el que tiene.

El día de la fiesta de fin de curso llegó, y como en otros eventos en los que estábamos Mauricio y yo, Guillermo no estuvo, aunque sé que le hubiera gustado estar presente, viendo a Sofía recibir su diploma.

Subió al escenario luego de escuchar su nombre y la directora le entregó el diploma y su maestra, un ramo de flores pequeño, como a todos los demás chicos y chicas.

Luego del acto, los chicos se juntaron a charlar entre ellos, en muchos casos, no se verían de ahí en adelante, a no ser que sean amigos fuera de la escuela.

Mauricio propuso ir a cenar con Sofía para festejarla, y por suerte Sofía dijo que le dolía la panza, porque estaba en el segundo día de su período y nos fuimos para casa.

Al llegar a casa, Guillermo abrazó a Sofía felicitándola por haber egresado y luego de ese abrazo le dijo:

-Las flores son para vos Guille… me hubiera gustado que estés también…

Guillermo se emocionó con sus palabras y la volvió a abrazar.

Le mostré a Guille los videos que había hecho del acto, y viendo a Sofía subir al escenario a recibir el diploma, se le llenaron los ojos de lágrimas, y me partió el alma, la quería como si fuera su hija, y se había perdido ese momento importante de su vida.

********************************************************

Sofía siempre ha sido una chica cariñosa, tanto con Vicky como conmigo, y con los años habíamos llegado a una complicidad que me hacía sentir muy bien, hacíamos muchas cosas juntos, leíamos, cocinábamos, y desde hacía tiempo, jugábamos juegos de mesa, que le encantan.

Cuando comenzó la escuela secundaria, las cosas empezaron a cambiar, no fue de un día para el otro, lógicamente en la adolescencia, los chicos se empiezan a despegar de sus padres y se acercan más a sus pares, sobre todo las chicas, que ya empiezan a coquetear con los chicos, y casi siempre más grandes que ella.

Lo primero, fue que ya no quería que la lleváramos a la escuela, y si lo hacíamos, nos decía que la dejáramos en la esquina, y luego se volvía a casa en colectivo.

Así fue con Sofía, que a mediados del primer año, en una charla mientras Victoria cocinaba, me contó que le gustaba un chico de tercer año.

Tenía en claro que no era mi hija, pero a esa edad, los adolescentes suelen sentir que lo saben todo, y me salía aconsejarla, diciéndole que tuviera cuidado, sobre todo con su cuerpo, si bien Victoria hablaba mucho con ella sobre el cuidado de su cuerpo y sobre las relaciones con los chicos, creí acertado hacerlo no siendo ni su padre ni su madre.

En esa conversación, le dije que nunca permitiera que nadie tocara su cuerpo sin su consentimiento, pero también le dije que si le daba su consentimiento a todo el mundo, se dirían cosas de ella que la terminarían lastimando, me miró con una sonrisa diciéndome, “sería una facilita”, y me causó gracia, y le dije, tal cual.

Como habíamos hablado tantas veces con Victoria, las actitudes de Mauricio seguían influenciando a Sofía, que poco a poco fue dejando de contar lo que hacía en casa de su padre o lo que este decía.

Sofía comenzó a usar las redes sociales, se abrió una cuenta de Facebook y otra de Instagram, y al principio podíamos ver lo que publicaba, en su mayoría, fotos con sus amigas, sus compañeros, en la escuela, a la salida, en el cumpleaños de algún amigo y cosas por el estilo, nada anormal para su edad.

Así pasó el primer año de secundaria, en el que no dejó ninguna materia pendiente, le fue muy bien, como siempre con buenas notas.

Ese verano se fue por primera vez de vacaciones con su padre, que a pesar de tener una buena situación económica, nunca la había llevado en sus viajes.

Fueron diez días, a un hotel cinco estrellas de Punta del Este, donde para sorpresa y cierto desacuerdo de Victoria, vimos fotos publicadas en su Instagram, donde posaba en la playa con una bikini, para mi gusto, bastante provocadora.

Cuando habló por teléfono con Victoria, y se lo comentó, le dijo que su padre se la había comprado y que le gustaba, y al día siguiente nos dimos cuenta que a partir de esa llamada, dejamos de ver sus publicaciones.

Cuando volvió de esas vacaciones, ya la vi distinta, como con otras ínfulas, con ropa de marca que su padre le había comprado, y contando tan solo algunas cosas del viaje.

Como hacía tantos años, cada primer viernes de mes, nos juntábamos con mis amigos Ariel y Román en un bar a tomarnos unas cervezas, y justamente ese viernes tocaba juntada y se lo recordé a Victoria.

No importaba si lloviera, hiciera frío o un calor que rajara la tierra, esos viernes eran sagrados.

Nos conocimos en la secundaria y desde allí somos amigos, Román es arquitecto y tiene su estudio con un socio en City Bell, y Ariel es de todo un poco, ha sido pintor, electricista, colocador de acondicionadores de aire, y desde hace unos años, también con un socio, tienen una carpintería y se dedican a la fabricación de muebles de cocina y bajo mesadas, y les va muy bien.

Elegimos los viernes hace años, y aunque en ocasiones nos surgen otros compromisos, nos juntamos a las siete y media de la tarde, si nos da el tiempo, cenamos juntos y si alguno tiene un compromiso, al menos nos vimos un par de horas.

El lugar de encuentro es una cervecería en la esquina de 11 y 47, allí ya nos conocen de cada viernes, y en general, ocupamos la misma mesa.

Ya con nuestras primeras cervezas, conversábamos poniéndonos al día, y contándoles cosas de mi trabajo y de la familia, recordamos aquel día, que sentados en la misma mesa, les dije que había entrado el ex de Victoria y padre de Sofía, con una mujer.

En esa ocasión, nos miramos, nos reconocimos pero nada más, no hubo saludos, ni nada por el estilo, y recuerdo habérselo contado a Victoria al volver a casa, pensando que quizás tenía una novia.

Entre las anécdotas, algunas que ya conocemos, recordamos cuando Ariel nos había contado con lujo de detalles, una aventura con una mujer separada, a la que le había reparado la instalación del acondicionador de aire, bueno…, y también le había reparado otras cosas.

Ariel se había separado de su primera esposa hacía años, y andaba por la vida, de aventura en aventura.

También recordamos esa vez, hace un tiempo, en que estando solo en el bar, esperándolos con una cerveza en la barra, se me acercó una hermosa mujer de cabello castaño claro.

…Recuerdo la situación, Ariel había avisado que estaba sin auto y Román quedó en pasarlo a buscar, pero por un retraso en su estudio, venían demorados.

Pedí mi cerveza y me quedé en la barra, esperando que se desocupara nuestra mesa, hablé un momento con Omar, el hombre de la barra y luego, mientras hacía tiempo mirando mi teléfono, una mujer de unos treinta y pocos de años, se sentó a mi lado, pidió también una cerveza y cuando Omar se la sirvió, vi que me miraba, la miré también, me sonrió y dijo:

-Hola… ¿A vos también te dejaron plantado?

-Hola, ¿Qué tal?... Bueno, en realidad no, espero a dos amigos pero vienen demorados, ¿a vos te han dejado plantada?

-Quedé con una compañera de trabajo en encontrarnos en la esquina, pero cuando ya estaba aquí, me dijo que se le había complicado con su pequeña hija, su ex no había ido a buscarla y no tuvo con quien dejarla, y ya que estaba aquí, bueno… decidí entrar por una cerveza.

-Qué mal…

Giró su cuerpo hacia mí, y en ese momento pensé que quizás buscaba algo más.

Me contó que hacía pocos meses que estaba en la ciudad, que había venido luego de terminar una relación con un hombre violento y posesivo, y ante una oportunidad de trabajo, no lo pensó y dejó la ciudad de Zárate, de donde era oriunda.

Hablamos por unos veinte minutos o media hora, me pareció muy simpática, de conversación agradable, pero lo que me suponía llegó.

Me dijo que desde que había llegado a la ciudad, era la primera vez que salía, que tan solo conocía a unas pocas personas, y que le había encantado encontrarme, le agradecí el cumplido pero no quedó ahí la cosa, ya lo intuía.

Finalmente me dijo que incluso meses antes de venir a La Plata, no había estado con ningún hombre, que por el momento no buscaba una relación seria, pero que sin dudas podríamos pasar un buen momento, ella vivía sola en un pequeño departamento a unas cuadras, y yo le había parecido un hombre muy interesante.

Nunca había pasado por una situación así, que una mujer me encarara de esa manera y que si yo lo decidiera, fácilmente podría terminar entre sus piernas.

No puedo mentir, su voz dulce, su sonrisa fácil, su mirada atrapante y su escultural cuerpo, eran una tentación, sobre todo cuando me lo había puesto tan fácil, pero en mi vida ya hay una mujer, y no le haría algo así a quien amo, Victoria me esperaba en casa.

Amablemente le expliqué que no solo estaba casado, sino que también enamorado de mi esposa y aunque me parecía una hermosa mujer, y un buen plan, declinaría de su proposición.

En ese momento entraban Ariel y Román y me vieron con esa mujer, nuestra mesa estaba ya desocupada y se sentaron allí.

Antes de despedirme de María de los Ángeles, Angy según me dijera, le dije que mis amigos habían llegado y me esperaban en la mesa.

Al despedirnos con un beso en la mejilla, me dijo que le gustaría volver a encontrarme, y quizás en otro momento se pudiera dar, le sonreí y fui para la mesa con mis amigos, desde donde minutos después, la vi salir del bar.

Recordando esa anécdota, Ariel, al igual que en ese momento, me dijo que había sido un boludo, que le tendría que haber entrado, total nadie se hubiera enterado.

Al llegar a casa, como cada vez, le conté a Victoria de nuestro encuentro, de lo que habíamos hablado, incluido el recuerdo de esa mujer, que en su momento, también se lo había contado a Victoria al llegar a casa.

Ya lo habíamos hablado en varias ocasiones, si mal no lo recuerdo la primera vez fue al año de estar viviendo juntos, Victoria me preguntó si me gustaría tener un hijo, y fui completamente sincero con ella, de alguna manera sentía que cumplía en parte el rol de padre con Sofía, y sería completamente feliz si tuviéramos un hijo.

Lo volvimos a hablar varias veces, y ese verano mientras Sofía estaba de vacaciones con su padre, lo volvimos a hablar y nos decidimos, Victoria se quitaría el DIU y comenzaríamos a buscar un embarazo.

Aunque fuera una decisión nuestra, antes de ponernos manos a la obra, se lo comentaríamos a Sofía cuando volviera de sus vacaciones.

Habíamos pensado en tomarnos también unos días de vacaciones, pero pensando en lo que estábamos pensando, decidimos ahorrar ese dinero y comenzar a preparar la habitación pequeña para nuestro hijo.

Los días después de que volviera Sofía de Uruguay, luego de cenar se lo comentamos, y mostró una genuina alegría, pensando en que tendría un hermanito, pero como ya nos tenía acostumbrado a ciertas sorpresas, luego dijo:

-Bueno, en realidad ya tengo dos hermanos

La miramos sorprendidos sin entender nada, en qué momento Mauricio había tenido dos hijos, pero ella se encargó de aclararlo.

-Sandra, la mujer de papá tiene una hija y un hijo, son más chiquitos, y papá siempre me dice que son mis hermanos, que aunque no sean hijos suyos, al ser hijos de su mujer son como mis hermanos.

Nos miramos con Victoria pero no dijimos nada al respecto, pero Victoria le comentó.

-No nos contaste que tu papá tenía una novia...

-Es que... Papá me dijo que no contara nada pero bueno... se los cuento.

Hablamos de otras cosas y nos fuimos a dormir, pero notaba el malestar de Victoria y cuando nos acostamos me dijo:

-Cada día más hijo de puta, me acuerdo cuando hace años le prohibió que te dijera papá, aunque ni siquiera se lo habíamos sugerido, y ahora le dice que tiene dos hermanos, es un forro de mierda, falta que quiera que le diga mamá a esa mujer...

Unos días después tuvo turno con su ginecóloga y se quitó el DIU, y a partir de allí empezamos a hacer el amor sin cuidarnos, pero lo hablamos y dijimos que no estaríamos desesperados, o pendientes todo el tiempo, sí tenía que ser, sería.

Se terminaron nuestras vacaciones y volvimos al trabajo, aunque aún no comenzaban las clases aún, Victoria Igualmente tenía que ir a la escuela.

Los primeros días del mes de marzo comenzaron las clases, tanto en la escuela de Victoria, como Sofía en su segundo año de secundaria, volviendo a nuestras rutinas.

En ese tiempo, cada vez que hacíamos el amor con Victoria, nos mirábamos pero no decíamos nada, creo que ambos sabíamos que en cada noche que hacíamos el amor, podríamos estar engendrando nuestro hijo.

Lo recuerdo muy bien, fue un doce de abril, cuando llegué a casa Victoria me miró con una sonrisa y me dijo:

-No me quiero apresurar mi amor, pero estoy con un atraso de casi tres semanas.

Los latidos del corazón se me dispararon, y ya necesitaba saber.

Luego de tomar unos mates con Victoria, salimos a hacer unas compras, y entrando en la farmacia del barrio compramos un test de embarazo.

A la mañana siguiente, la ansiedad nos hizo despertarnos antes de que sonara la alarma, nos levantamos, Victoria fue al baño y yo tras ella, se hizo la prueba, y minutos después, se dibujaron las dos rayitas rosas.

Lloramos los dos, nos abrazamos, nos besamos y nos dijimos cuánto nos amábamos, no cabíamos en nosotros de tanta felicidad.

Durante el desayuno fue imposible no decírselo a Sofía, y cuando lo supo se puso tan contenta como nosotros, nos abrazó, también llorando y diciéndonos qué estaba feliz de tener un hermanito.

Una semana después Victoria volvió a visitar a su ginecóloga, para contarle del embarazo, la doctora le envió algunos estudios de control, y todas las indicaciones normales para un embarazo, incluida una ecografía que hicimos una semana después, donde se vio con claridad el pequeño embrión, gracias a Dios todo estaba bien.

Por momentos nos mirábamos y no terminábamos de darnos cuenta que en unos meses seríamos padres.

Victoria estuvo casi dos meses con las típicas náuseas y con mucho sueño, pero estábamos felices.

En la ecografía del cuarto mes, la doctora que nos hizo el estudio nos preguntó si queríamos saber el sexo, porque se distinguía claramente, le dijimos que sí, y nos dijo que era una niña.

Esa misma noche mientras cenábamos comenzamos a pensar en su nombre, Sofía también daba sus opciones, estábamos entre Emma, Elena, Martina o Pía, pero luego de unos días de un hermoso debate, decidimos que se llamaría Emma, nombre que había propuesto Sofía, y cada día estábamos más entusiasmados, sobre todo porque la pancita de Victoria crecía día a día.

En los últimos días del mes de julio, me tocaba hacer un viaje de trabajo, pero era a la ciudad de Magdalena, una localidad al sur de la Ciudad de la plata, pero a pocos kilómetros, más o menos una hora de ruta.

Como cada mañana, dejamos a Sofía en su escuela, bueno en la esquina, luego dejé a Victoria en la suya y al despedirnos le dije que no volviera en colectivo, que con ese día de frío y con esa llovizna se volviera en un taxi.

De allí me fui directo a la empresa de transporte de Magdalena, la reunión con sus directivos no fue muy larga, ya habíamos hablado por teléfono previamente, y llevaba toda la documentación preparada, firmamos todos los papeles y por cortesía me invitaron un café que por supuesto acepté.

A las doce menos cuarto del mediodía, me subí al auto para volver a casa, al día siguiente asentaría el contrato en la empresa.

Le envié un mensaje a Victoria, diciéndole que ya estaba de regreso y que iba directamente para casa, no tuve respuesta de ese mensaje, y pensé que quizás estuviera ocupada.

A mitad de trayecto en la ruta, el tráfico estaba detenido, y luego de casi media hora, pude ver que la demora era por un accidente, sin dudas por la ruta mojada por la llovizna persistente, que finalmente fue lo que hizo que un camión se saliera de la ruta obstruyendo el paso de los vehículos.

Llegué a casa aún con la llovizna, y al entrar me di cuenta de que Victoria aún no había llegado.

Miré mi teléfono y era la una y cuarto de la tarde, pensé que quizás con la lluvia no conseguiría un taxi, y le volví a enviar un mensaje diciéndole que ya estaba en casa y que podía ir a buscarla, pero tampoco hubo respuesta.

A la una y media decidí llamarla, pero no me contestó, y comencé a preocuparme.

Un par de minutos después volví a llamarla y tampoco.

Llamé por teléfono a su escuela preguntando por ella, y me dijeron que ya no estaba allí, pero que había salido un poco más tarde.

Unos minutos después sonó mi teléfono, y al ver su nombre en la pantalla me volvió el alma al cuerpo, pero tan solo por un instante, porque cuando atendí no era la voz de Victoria.

- Buenas tardes señor, ¿es usted familiar de María Victoria Vallejos?

-Soy el esposo, ¿qué pasó?

-Su esposa viajaba en un taxi que fue embestido por una camioneta, y fue trasladada al Hospital Italiano, se encuentra en este momento en la sala de urgencias.

-¿Qué le pasó, cómo está ella?

-No tengo esa información señor, tan solo me entregaron su teléfono para que ubicara a algún familiar.

-Ya voy para allá.

No había terminado la comunicación cuando ya estaba saliendo de casa, con el corazón acelerado, y sin tener ninguna certeza de lo que había ocurrido o de cómo estaba, salí a toda velocidad para el hospital.

Estacioné el auto, entré al hospital y pregunté por la urgencia, me indicaron y corrí por los pasillos hasta esa sala, pregunté por Victoria, y allí me dijeron que habían logrado estabilizarla, pero que en ese momento estaba en quirófano.

La enfermera o doctora o no sé, me dijo:

-Logramos estabilizarla, el médico de la ambulancia dijo que tuvo un paro, pero que pudieron reanimarla de camino, tiene una herida en la cabeza, que aparentemente no reviste gravedad, pero habrá que hacerle estudios luego, también tiene una fractura en su pierna izquierda y una herida en el abdomen, por eso fue a quirófano.

-Ella está embarazada, ¿Cómo está la bebé?

-No tengo esa información caballero, de quirófano ira seguramente a cuidados intensivos, yo le diría que fuera para allá y espere el parte médico.

Me indicó donde era, y fui para allí, pregunté a una mujer y me dijo que ya estaban avisados, que luego del quirófano, la esperaban allí, y que me avisaría.

No podía quedarme quieto, los nervios me devoraban, no sabía cómo estaban Victoria y Emma y eso me volvía loco.

Recordé que Sofía tenía educación física esa tarde y estaría ya en casa, y la llamé por teléfono.

Mientras escuchaba el tono de llamada, pensaba en decírselo de manera calmada, para no preocuparla.

-Hola Guille!

-Hola Sofi, ¿ya estás en casa?

-Ya casi, estoy en el colectivo, faltan unas cuadras!

-Escuchame, tu mami volvía en taxi de la escuela y una camioneta los chocó, la trajeron al hospital italiano, yo estoy acá!

-¿Cómo que un accidente? ¿Y cómo está? ¿Qué le pasó? ¿Y Emma?

-No sé nada aún, la están atendiendo, estoy esperando que salga el médico!

-Ay Guille, la puta madre! ¿Puedo ir para allá?

-Mejor andá para casa, cuando sepa algo te aviso!

-Por favor!

-Escuchame, pasame el número de tu papá, le quiero avisar por si me tengo que quedar acá con tu mami, para que no estés sola.

-Ya te lo paso! Avisame Guille porfa!

-Quedate tranquila, yo te aviso ni bien sepa algo!

Corté con ella y me llegó el contacto de su padre, lo agendé y lo llamé.

-¿Mauricio?

-Sí, ¿Quién habla?

-Soy Guillermo!

-Guillermo…

-Te llamaba para ver si podías ir a buscar a Sofía a casa, Victoria tuvo un accidente y estoy en el hospital, recién hablé con ella y está llegando a casa.

-¿Qué pasó?

-Volvía de la escuela en un taxi y una camioneta los chocó.

-¿Cómo está?

-Aún no sé, tuvo un paro en la ambulancia, la estabilizaron en urgencias pero ahora está en quirófano por una herida en el abdomen, más no sé.

-A la mierda!

-A Sofía no le di muchos detalles para no preocuparla, pero además tiene una pierna rota, y una herida en la cabeza.

-Ahora la voy a buscar y se queda en casa!

-Gracias!

-Espero que no sea nada grave! Nos vemos!

-Gracias… hasta luego!

Luego llamé a mi trabajo para avisarle a mi director, le expliqué lo que ocurrió y le dije que me quedaría con Sofía el tiempo que hiciera falta, y por suerte lo entendió, me dijo que tomara los días que necesitara, que él se ocupaba de mis clientes.

Eran las cuatro y media de la tarde y no daba más de los nervios, nadie salía a decirme nada y me estaba desesperando.

A las cinco menos diez, la mujer se acercó y me dijo que ya la habían bajado, que en un momento saldría el médico a explicarme.

Recién quince minutos después, apareció un hombre de unos cuarenta años, con un ambo verde y me preguntó:

-¿Familiar de María Victoria Vallejos?

-Sí, su esposo! ¿Cómo está?

-Bueno… la situación de Victoria es la siguiente, en principio tiene una fractura de tibia y peroné de la pierna izquierda, está inmovilizada pero aún no fue enyesada, teníamos otras prioridades, también una herida cortante en la cabeza que fue suturada con once puntos, pero lo que la llevó a quirófano, fue la herida en su abdomen y la hemorragia que presentó, algún objeto atravesó su pared abdominal, y… lamento decirle que la bebé no sobrevivió, hubo un desprendimiento de placenta, seguramente por algún traumatismo por el accidente y llegó sin vida al hospital…

Me explotaron las lágrimas en ese momento, no podía creer lo que me estaba diciendo, mi hija, mi hija no.

-También tuvimos que suturar una sección del intestino delgado y de la pared estomacal y extirparle el bazo. Estará en cuidados intensivos hasta que veamos como evoluciona su cuadro. Perdió mucha sangre y hubo que hacer una transfusión. Si su evolución es buena, mañana o pasado mañana la volveremos a quirófano para un legrado. Su pronóstico es reservado por el momento, hasta ver su evolución, y en verdad lo siento por la bebé, nada pudimos hacer por ella.

Llorando llevé las manos a mi cabeza, diciendo no puede ser, no puede ser y ese médico, del que ni siquiera sabía el nombre, me dio abrazo diciéndome:

-Yo también perdí un hijo por nacer, y también a su madre, entiendo por lo que estás pasando! Haremos todo lo que esté en nuestras manos para que tu esposa salga de esto.

-Gracias! te agradezco de corazón!, ¿cómo es tu nombre?

-Soy Gerardo Beltrán!

-¿Podré verla?

-Va a estar sedada, pero a las diecinueve la podrás ver, dependerá del médico intensivista si podés acercarte a ella o no, pero me ocuparé de ella en persona, ya sé quién será su médico tratante, lo conozco, y me tendrá al tanto de todo. También le harán resonancia y TAC por el golpe en la cabeza, y cuando se pueda, enyesarán su pierna, que por suerte no precisó cirugía.

-Gracias Gerardo!

-Anotá mi teléfono y enviame un mensaje con tu nombre, y cualquier novedad que tenga te aviso!

-Soy Guillermo! Muchas gracias!

Con un apretón en mi hombro, se despidió y volvió a entrar a la sala.

Me quedé allí hasta que pudiera verla, mientras esperaba, pensaba en llamar a Sofía, pero no sabía si decirle por teléfono que Emma no había sobrevivido, si quería ver a su madre, se lo diría en persona.

Finalmente le envié un mensaje, diciéndole que estaba en terapia intensiva y que a las siete de la tarde podríamos verla, me contestó al momento, diciéndome que le pediría a su papa que la trajera.

A las siete menos diez la vi caminar hacia mí por el pasillo, y creo que Sofía se dio cuenta de que las cosas no estaban bien.

-Guille, contame que pasó!

Y no pude evitar las lágrimas.

-Tu mamá está estable, pero Emmita no sobrevivió…

-¿Cómo? ¿Mi hermanita? ¿Qué me estás diciendo Guille? Mi hermanita no!

Y la abracé y lloramos juntos.

Continuará…

Continúa en