El Funcionario Parte 1
David creyó haber encontrado el amor perfecto en Jocelyn, una mujer de cuerpo irresistible y misterio exótico. Pero cuando la burocracia se cruza en su camino, él descubre que su esposa no es solo una esposa, sino una estratega que lo arrastra a un juego de poder donde él es solo un espectador encerrado en la oscuridad.
EL FUNCIONARIO Parte 1
Nunca pensé que ese viaje a Filipinas, iba a cambiar mi vida de un modo tan determinante.
Fue por un congreso de medicina, en Manila, son esas cosas extrañas que suceden con los laboratorios médicos, me ofrecían ese viaje con todos los gastos pagos para dar unas conferencias allí.
En ese momento no tenía compromisos, me dedicaba a disfrutar de la vida, 35 años, médico, pasablemente guapo, no quería ningún tipo de complicaciones, ni pareja estable, me gustaba viajar y divertirme.
Manila me parecía un destino exótico y apetecible, me informé un poco, tenía ganas de bucear, hacer snorkel, divertirme un poco, hacer algo de playa, bueno la cuestión es que un día ya estaba allí, cenando con el guía que me habían puesto y repasando la conferencia del día siguiente.
Se desarrollaba en el mismo hotel donde me alojaba y entonces la vi.
Ella estaba bebiendo algo en la barra del bar del hotel, con un hombre demasiado mayor para ella, me pareció.
Nunca les había prestado demasiada atención a las mujeres orientales, pero es que las mujeres filipinas son casi demasiado exóticas como para ser orientales, tienen algo de latinas y de occidentales también.
Esta era guapísima, el cabello largo, castaño oscuro, ondulado y lo que me llamó la atención fue su sonrisa, los dientes blanquísimos y fuertes parecían refulgir en su cara, los pómulos prominentes y los ojos rasgados pero grandes a la vez, ojos con una luminosidad propia, vi que ella también me miraba, a pesar de estar hablando con ese hombre, ya un poco mayor, panzón.
Y ella tenía un cuerpazo además, una cintura pequeña y unas piernas largas increíbles, se le notaba ese cuerpazo exuberante a pesar de estar sentada en el taburete de la barra y una piel de un color, exótico también, no era morena, sino más bien canela, como esa vieja canción piel canela, suave, como pintada con un pincel muy fino.
Y sus movimientos eran lentos, las largas uñas, las manos cuidadas y largas.
Llevaba un vestido blanco que contrastaba con su piel, la falda le llegaba hasta las rodillas y de pronto yo estaba pendiente de ella, de sus piernas cuando se cruzaban, de sus manos, de cuando se acomodaba el largo pelo castaño, un poco ondulado en las puntas.
Llevaba zapatos de fino tacón, de color blanco.
Y de pronto se hizo una luz en mi cerebro, era una acompañante, claro, en ese hotel cinco estrellas, con un hombre occidental, una acompañante de lujo, una prostituta de alto nivel.
Ya era tarde, me hubiese quedado contemplándola toda la noche, pero debía estar lúcido para el día siguiente y me fui a dormir, me costó un poco conciliar el sueño, por la mañana me desperté con la imagen de esa mujer en la mente y acabé por masturbarme, pensando en ella.
Comencé a dar la conferencia, en inglés, tengo un buen nivel de inglés y me las podía arreglar bastante bien y entonces la vi, recuerdo que trastabillé en lo que estaba diciendo, estaba sentada en la primera fila, al lado de otra mujer, también joven, pero no tan guapa como ella.
Ella parecía muy atenta a mi exposición, cardiología, cirugías, reemplazo de válvula mitral.
Su exótico rostro, parecía reconcentrado y atento, me di cuenta que solo estaba hablando para ella y la miré fijamente un par de veces.
Al concluir, mi guía, Manuel, se acercó y me presentó a unas personas que querían saludarme y felicitarme por la exposición, ella estaba allí también, me dio la mano y me felicitó en inglés, comprobé que era bastante alta, 1,70 sabría luego, pero con los taconazos quedaba casi de mi misma altura.
_La doctora Jocelyn Aquino_ me dijo Manuel, en español.
_Ha sido muy interesante, le felicito doctor Rodriguez_ dijo ella, ahora en español, su pronunciación no era buena, hablaba como un inglés, alguien de lengua inglesa que chapurrea el español.
_Gracias ¿también es cardióloga?_
_No, soy obstetra_ dijo ella, abriendo los hermosos ojos rasgados que no me parecían del todo orientales, con sus largas pestañas
_Podemos hablar en inglés, si quieres_ dije
_No…..es una buena oportunidad para practicar…mi español…._ dijo ella, con una sonrisa, esos dientes blanquísimos, grandes, parejos, tenía una sonrisa que cuando se desplegaba, joder, sonaban campanas.
Me costaba encajar un poco eso de que era médica, la imagen de ella como una prostituta de lujo, con ese hombre panzón todavía subsistía en mi mente.
Estuve a punto de mencionar que la había visto la noche anterior en el bar del hotel, pero opté por no hacerlo.
_Podemos ir a beber algo_ dijo Manuel, era un hombre de mi edad, muy oriental, podría pasar por japonés perfectamente.
Fuimos hasta el mismo bar del hotel y bebimos algo y conversamos.
Comenté que quería ir a bucear al día siguiente.
Ella buceaba también, me recomendó unas playas, me dijo que le gustaba mucho el deporte y parecía ser verdad porque sus brazos suavemente morenos parecían muy tonificados, ella era imponente en verdad, tenía un cuerpo poderoso visto de cerca, llevaba un trajecito de color blanco también, una falda hasta la rodilla y un blazer blanco y una blusa, con escote redondo y me parecía entrever que tenía unos pechos maravillosos, grandes, y redondos, pensé que estaría operada, me habían dicho que en general las filipinas tenían poco pecho pero la mayoría se operaba.
Manuel conversaba amigablemente con la amiga de Joselyn que se llamaba Maricel, pero conversaban con cierto desinterés, como si los dos estuvieran de acuerdo en que Jocelyn y yo nos conociéramos.
Ella decía mucho Okey al acabar la frase.
_Entiendo, yo ahora estoy con la misma actitud ¿okey? Vivir la vida, hacer lo que me gusta_ decía.
La conversación no parecía fluir demasiado, es raro siempre hablar con una persona de una cultura tan distinta a la tuya.
Creo que se me estaba haciendo todo un poco pesado.
_ ¿Quieres beber una copa en mi habitación?_ dije, joder, quería follármela de una buena vez.
Ella sonrió, entornó los ojos, no parecía molesta.
_Gracias, David, pero apenas nos conocemos_
_Perdona si he sido demasiado directo_ dije
_No…me gusta la gente, directa…._ dijo
_Vale_
_Oye, mañana podemos ir a Bataan, a la playa, está cerca de aquí, te pasaré a buscar, en coche ¿quieres?_ dijo ella
_Claro_ entonces ella habló con su amiga en filipino, tagalo creo que se llama el idioma y luego la amiga me saludó y se marcharon.
_Es muy bonita Jocelyn ¿verdad? _ dijo Manuel
_Ya lo creo que si_
_Y muy inteligente_ dijo él
A la mañana siguiente me pasó a buscar por el hotel, era un coche japonés, un Toyota creo, bastante viejo, me dijo que se lo había prestado un amigo, ella no tenía coche, llevaba una pollera pantalón de color blanco como siempre y tacones y una camiseta con tirantes y pude comprobar, que efectivamente tenía unos pechos increíbles, eran tetazas verdaderamente gigantes, muy grandes, exuberantes, parecían no corresponderse con el torso pequeño y con la esbeltez general del cuerpazo, y pude comprobar que sus brazos eran muy musculados también, se ejercitaba mucho, eso era un hecho, se le notaban los músculos bien definidos, los bíceps desarrollados en un punto muy femenino, no perdía femineidad por eso.
Otra vez salió el tema del deporte, de los distintos deportes acuáticos que ella practicaba y esta vez me pregunto mucho de España, de cómo se vivía allí y de que tenía muchas ganas de conocer Europa, que había viajado varias veces a los Estados Unidos pero que no conocía Europa.
Ella tenía 32 años, me había parecido más joven.
Mientras conducía, sus muslos quedaban más a la vista y mirándola tuve una erección, sus piernas eran increíbles y solo pensaba en follármela, a como dé lugar.
Llegamos a la playa, luego de dos horas de viaje, al llegar creo que no me sorprendió que ella saludara con familiaridad al tío que alquilaba las tablas de surf y al del chiringuito.
_ Puedes alquilar una sombrilla, si quieres…_ dijo ella, lo hice, era una sombrilla de paja una mesa de caña y unas sillas, ella se quitó la pollera pantalón y la camiseta con tirantes, con movimientos rápidos, sus pies desnudos eran muy bonitos, con las uñas pintadas de un color rojo.
Siempre sonriente, me miró mientras yo quedaba en bañador también.
_Estás muy fuerte, me gusta que te guste entrenar mucho_ dijo, no es que yo estuviera muy fuerte, pero estaba yendo bastante al gimnasio.
Y ella tenía un cuerpazo, era increíble, una maldita escultura humana, los gigantes pechos danzando dentro del bikini parecían naturales y la cintura era muy pequeña y los glúteos y los muslos, carnosos, compactos, híper desarrollados, muy musculada, casi una físico culturista, los pies pequeños a pesar de su altura y joder, muy felina para moverse y antes de zambullirnos en el agua, me cogió de la mano, nos zambullimos cogidos de la mano y nadamos un poco y ella vino hasta mí, sumergiéndose como una sirena y nos besamos, en el agua. Así, sin más, nos besamos.
Tenía unos labios carnosos y una boca hermosa, hecha para besar, una estructura ósea increíble, era perfecta.
_Hay un resort muy bonito, cerca de aquí, si quieres…_ dijo ella, me sugería esas cosas, suavemente, pero casi como dándome una orden.
Fuimos allí luego de almorzar algo ligero en el chiringo de sus amigos y reservamos una habitación, con vista al mar y follamos por primera vez.
¿Cómo era esa maravilla de mujer en la cama? Rara, no muy demostrativa, gemía poco, como ronroneando, como contenida, decía yes, yes en inglés, Y my good y sheet, follábamos en ingles por así decir y luego se tocaba el clítoris con los ojos cerrados para llegar al orgasmo.
Y en un momento dado me comió la polla y luego se tragó mi lefa, toda, se la succionaba todita, con los ojos cerrados y expresión concentrada y cuando abrió los ojos, me dijo esto.
_Me encanta tu leche, tu lefa, como decís vosotros ¿verdad?_
Eso me dio la idea de que había estado con un español antes o algo así.
Y luego mientras conversábamos desnudos, me contó que había sido virgen hasta los 25 años.
_Eres el hombre más gentil que he conocido_ me dijo, su pronunciación era mala pero tenía mucho vocabulario, “gentil” había dicho
Pasamos cuatro o cinco días de puta madre, fui a visitarla al hospital donde trabajaba, me pareció un lugar bastante pobre y mal equipado, lo hice porque en el fondo no me creía que fuera médica, esa primera impresión de ella como una prostituta de lujo subsistía en mí y luego regresé a España.
Y al cabo de un mes estaba enviándole un pasaje de avión para que viniera a visitarme a Madrid.
Estaba enamorado de Jocelyn, perdidamente pillado como un idiota, cinco meses después era mi esposa.
¿Podéis creerlo?
Ya le había pagado dos pasajes de avión, no podía estar sin ella, era demasiado guapa, demasiado buena estaba, su cuerpo me dejaba caliente y cachondo aún después de follar y por otro lado se despertaba en mí una suerte de ansiedad inexplicable, como si ella tuviera un secreto o un misterio al que nunca podía acceder, que siempre se me escapaba.
Nos habíamos casado finalmente, ante la sorpresa de mi familia y ante la ausencia de familia por parte de ella, también eso era un misterio, me contó que era huérfana, que la había criado su abuela.
Ah, por cierto sus pechos eran naturales, eran algo inexplicable, eran dos tetazas gigantes, redondas y enormes y esponjosas y firmes, hechas de una esponjosidad maravillosa y sus nalgas eran dos masas compactas de músculos y tendones y piel firme y tersa y de una redondez extrema, salidas hacia afuera del cuerpo.
Entonces surgió otro tema y fue el de la homologación de su título de médica para ejercer en España, Jocelyn tenía gustos caros, yo ganaba muy bien, pero íbamos a necesitar otro ingreso, tenía mi piso propio en una buena urbanización pero no iba a alcanzar, de pronto me vi tratando de complacer cada pequeño capricho de mi mujer y a ella le gustaba mucho la ropa y los perfumes y se cuidaba mucho y pronto me acostumbré a verla en ropa de gimnasio y esta consistía en unos leggins ceñidos a su culazo de un modo que cortaban el aliento y unos top que se ajustaban a sus pechos exuberantes y descubrí que podía ser celoso, bastante, eran todas sensaciones nuevas, extrañas para alguien como yo que estaba acostumbrado a mi independencia, a mi autonomía, pero ahora vivía por y para Jocelyn.
_David, sé que Jocelyn está buscando revalidar su título de médica aquí_ me decía Carmen, una señora de unos setenta años que vivía en el piso de arriba, era mi paciente además.
_Homologar, homologar el título_ dije
_Pues yo conozco a alguien_ me dijo la mujer
_Ya hemos iniciado el papeleo_ dije
_Alguien que trabaja en el ministerio, era amigo de mi marido, ayudó a un sobrino de una amiga mía, argentino, psicólogo, ya tiene el titulo_
_ ¿Trabaja en el ministerio de salud y universidad?_
_Creo que sí, es un funcionario de muchos años, una persona que conoce a mucha gente, puedo hablar con él, si tú quieres_
Dije que sí y quedamos con este funcionario, para conocernos y ver que podía hacer por nosotros.
Jocelyn había hecho algunas amistades dentro de la urbanización, especialmente mujeres mayores como Carmen, que le habían cogido simpatía, por lo exótica y amable que era.
Fuimos a conocer a este hombre, nos citó en un bar en el centro de Madrid.
Jocelyn llevaba un vestido blanco de tarde, bastante formal, con una chaqueta blanca muy fina, la falda bastante ceñida le llegaba hasta las rodillas, el vestido tenía tirantes y no era muy escotado pero sus tetazas eran gigantes realmente, muy grandes y plenas y eran indisimulables.
Sentí una oleada de celos, cosa que me estaba sucediendo con más frecuencia últimamente.
Llegamos al lugar, una suerte de pub, detenido en el tiempo, con una moquete, marrón, mullida y espesa y mucha madera lustrada en la barra, paneles de madera de roble en las paredes y muchos adornos de bronce también.
Al llegar el hombre nos hizo una seña con el brazo desde la barra, me dijo que él se daría conocer, ya que nosotros seriamos fácilmente identificables y así era, un hombre con una mujer filipina no pasaríamos desapercibidos.
Especialmente si la mujer estaba tan buena como Jocelyn.
De entrada no me gustó, era una hombre demasiado mayor, cerca de los setenta, calculé, pero además su estilo era antiguo, llevaba un chaleco, sin mangas y corbata, se había quitado el blazer del traje y llevaba el poco pelo que le quedaba cuidadosamente peinado y pegado al cráneo con fijador, los ojos abotargados, los párpados hinchados y un enorme bigotón con las puntas hacía arriba, un soberbio y ridículo mostacho como si acabara de actuar en una obra de teatro.
Vi que repasaba la figura de mi esposa, de arriba abajo y parpadeaba como un perro san Bernardo.
Nos saludamos con un apretón de mano, quedaba un taburete libre y Jocelyn se sentó allí, cruzando las piernas, el viejo carraspeó.
Se llamaba Benito.
_Bueno, ¿hace mucho que estás viviendo aquí?_ le dijo a Jocelyn, tenía una voz profunda, grave, fruto de haber fumado mucho, imaginé.
_Tres meses_ dijo ella
_Recién casados ¿verdad?_ dijo mirándome a mí.
_Así es…-
_El momento de conocerse…_ dijo él
_ Estamos bien…_ dije
_Bueno, al lío, el ministerio tiene sus tiempos, yo puedo acelerar un poco las cosas, hacer que se deslicen un poquillo, tal vez haya que hacer un regalillo ¿me entiendes?_ dijo, me daba cuenta que ahora casi no miraba a Jocelyn, el viejo era panzón y un poco más bajo de estatura que yo.
_ ¿Dinero? No había pensado en eso…._
_Un poco de manteca, para que se deslice con facilidad_ dijo él
_Manteca…_ dije
_ ¿Es médica de verdad?_ dijo de pronto mirándome, como si Jocelyn no estuviera.
_Claro, por supuesto que sí ¿Qué pregunta es esa?_ dije
_Claro que soy médica…_ dijo Jocelyn un poco mosqueada, se le había borrado por un momento esa sonrisa perfecta de dientes blanquísimos, el largo pelo castaño, le caía como una cascada a uno de los costados, los hermosos ojos rasgados se entornaron.
_Te lo digo porque a veces uno se lleva cada sorpresa, no veas como es la gente_ dijo y bebió de su trago de un color ambarino.
_No queremos hacer nada ilegal_ dije, lo de la mención del dinero no me había gustado nada.
_No te preocupes, soy funcionario del ministerio hace más de cuarenta años, si yo te digo coge por ahí, tu tira que ese es el camino_ dijo
_Perdona, pero ¿estás en actividad?_
_El año próximo me jubilo, he estirado lo más que he podido, pero el tiempo pasa para todos_ dijo, había un cierto clima bélico entre ese hombre y nosotros.
Entonces recibí una llamada del hospital, debía atender, me alejé unos pasos.
_Perdona, debo coger la llamada_ dije y me alejé.
Y entonces alcé la vista, mientras escuchaba lo que mi secretaria decía y vi a Jocelyn con ese hombre, maduro, panzón, hablando en voz baja y tuve como un pantallazo de Manila.
Ella en la barra del hotel, hablando con un hombre parecido. Cuando pensé que era una prostituta de lujo.
Y otra vez volví a pensar esa misma cosa, una sensación de morbo me invadió, él hablaba muy cerca de la orejita de ella, quien se corría el pelo con la punta de los finos dedos para escucharle.
Ese bigotón en punta hacía arriba, duro de fijador para el pelo, muy cerca de su rostro, todo el obeso cuerpo inclinado hacia ella y entonces uno de sus dedos gruesos se apoyó en la grácil cintura de Jocelyn y esta se corrió hacia atrás y me buscó con la mirada.
Acabé con la llamada y me acerqué.
_Le decía a tu mujer que hay que tener paciencia, que el ministerio tiene sus tiempos_ dijo
Nos despedimos, con una sensación de que había sido un intento inútil.
_No me gusta nada este hombre, David_ dijo ella
_ ¿Por?_ dije, haciéndome el sorprendido
_Parece poco… ¿transparente?...... como si ocultara algo_ dijo ella
_Si, no creo que pueda hacer nada por nosotros, es un…….fantoche…_dije, me pareció que la palabra fantoche rimaba con ese bigotón sacado del teatro, como si fuera falso, parte de un maquillaje.
_Un fantasma_ dijo ella y sonrió con esos hermosos dientes blancos y los labios carnosos y gruesos.
El sexo con Jocelyn seguía siendo un poco extraño, como si ella no llegara a entregarse totalmente, como si siempre estuviese contenida, sin naturalidad.
Una vez se puso en posición perrito frente a mí y se abrió el culo con las manos, una manita larga y estilizada en cada nalga colosal y carnosa, las uñas nacaradas y largas haciendo presión sobre la suave piel.
_Úsame….úsame….soy tuya, úsame como quieras…._ me dijo y veía la silueta de sus tetazas cayendo por los lados del torso esbelto y la cintura pequeña y las plantas arrugadas y blancas de sus hermosos pies morenos.
Nunca ninguna mujer me había dicho algo así.
Ese úsame, dicho imperativamente como una orden, más que un pedido.
Otra vez esa imagen del pasado de ella en Manila cruzó por mi mente y luego esa otra imagen más reciente con ese viejo panzón de Benito, el funcionario.
La penetré violentamente y entonces la cogí del pelo, pero rápidamente me contuve, sentía que debía comportarme con ella como un caballero, dependía de mí, no estaba trabajando, había dejado todo para venir a vivir conmigo, solté su pelo, ella suspiró y arqueó el cuerpazo.
_David, voy a trabajar, aquí en la casa_ me dijo un día.
_ ¿Aquí en la casa?_ dije, divertido
_Como masajista, compraré una camilla de masajes y puedo utilizar el cuarto de huéspedes_ dijo
_ ¿Y cómo conseguirás clientes?_
_Bueno, Carmen será mi primera paciente y sus amigas… también está instagram_ dijo ella
_No sabía que dabas masajes_ dije
Ella sonrió un poco enigmática.
_Una mujer en Manila debe hacer muchas cosas para vivir_ dijo ella sonriendo
_No sé si quiero conocer todas tus habilidades_ dije, siguiendo la broma, su rostro cambió, se demudo, se puso seria.
_ ¿Por qué dices eso?_ dijo
_Era una broma, me has sorprendido con eso de los masajes_ dije
_Bueno, ya te digo que………una aprende muchas cosas….debe aprender_ dijo
La camilla de masajes llegó a nuestra casa y se acondicionó el cuarto de huéspedes, Jocelyn estaba feliz de ganar algún dinerillo extra, las clientas de los masajes era generalmente mujeres mayores, amigas de Carmen supongo, una vez vino una mujer un poco más joven.
Por las tardes Jocelyn hacía ejercicio sobre una manta en el jardín, descalza, me daba un poco de corte que otras personas de la urbanización la vieran, con esos leggins que se ajustaban a su cuerpo como una segunda piel, ciñendo las piernas torneadas y fibrosas y esos top que dejaban su vientre liso al descubierto y ceñían sus tetazas enormes de un modo casi antinatural y luego esos brazos tan tonificados, tenía unas pesas en casa, cuando no iba al gimnasio y se ejercitaba a diario.
Y una tarde llegué del hospital y Jocelyn estaba llorando.
_Que ha sucedido, cariño…._ dije
_Ese hombre horrible-
_ ¿Quien?_ dije
_Ese Benito, el hombre del ministerio_ dijo
Traté de encajar la idea de ese hombre irrumpiendo en nuestras vidas, luego de ese primer encuentro en que todo había quedado en la nada.
_ ¿Ha estado aquí?_ dije
_Si, me ha dicho cosas horribles_ dijo
_ ¿Qué cosas?_
_Que no puedo seguir haciendo masajes, que no tengo permiso de trabajo y que si continuo, tendrá que denunciarme_
_Pero….vaya cabrón….._ dije
_ ¿Qué le importa lo que haga yo en mi casa?_ dijo ella, haciendo pucheros, frunciendo la carita
_No te preocupes hablaré con él, lo arreglaremos_ dije
Me parecía absurda toda la situación, ya habían pasado dos semanas desde que habláramos con él y no habíamos quedado en nada.
Le llamé.
_Ah, David, como estás ¿Cómo está Jocelyn?_ dijo como si no supiera por qué le llamaba
_Jocelyn está mal, luego de lo que le has dicho_
_ ¿Qué le he dicho?_ dijo él
_Que le denunciaras si sigue con lo de los masajes_
_Joder, no ha entendido bien la chiquilla, el idioma supongo, le dije que alguien podía llegar a denunciarle, no tiene permiso de trabajo, chico y yo sigo con lo de homologar su título, por cierto, que bueno que has llamado, hay que hacer un regalillo, una cosilla de nada_ dijo
_Ella no tiene problemas con el idioma ¿la has amenazado?_
_Joder, David, ¿Cómo voy a hacer algo así? Mira, si no os gusta esto, dejo todo como está, pero si sigo, en dos meses más ella tendrá su título homologado y podrá ejercer como médica sin problemas, tu piénsalo_ dijo
_Vale….vale…. ¿De cuánto dinero estamos hablando para ese regalillo que dices?_ dije, el cabrón sabía pulsar los botones justos, si en dos meses conseguía la homologación del título, podíamos pasar de los masajes.
_Es el cumpleaños de la hija de un funcionario amigo y lo de los masajes, si igual recibo un masajito gratis…todos tranquilos…. mira, siempre he querido probar un masajito tailandés _ dijo riendo.
_ ¿Quiere un masaje gratis?_ dijo Jocelyn
_Dijo esa chorrada, pero lo importante es que tal vez en dos meses tengas el título_ dije
_No quiero que le des dinero, no es honesto ese hombre…_ dijo ella
_No te preocupes por eso_ dije
_ Estoy bien….con los masajes…. no hago daño a nadie, pero así son…….. malaki gago_ dijo ella, eso último en tagalo, el idioma filipino.
_ ¿Qué has dicho?_
_Que es un tonto, los hombres, son así….menos tú que eres distinto a todos…_
_Tú también eres distinta a todas…._ dije y nos besamos_
Y al día siguiente, ella vino con la propuesta.
_Podría hacerle un masaje a ese viejo tonto, pero tú tendrías que estar presente_
_No, déjalo, olvídate de eso….._ dije
_David, va a denunciarme, cumplirá su amenaza, y quiero seguir con los masajes, no estaré tranquila, si no…._ dijo ella, con los ojos brillantes.
_Pero sería ridículo que yo esté presente cuando le hagas el masaje_
_Hay una manera, si tú quieres…._ dijo ella
_ ¿De qué hablas?_ dije
_Ven, sígueme…._dijo, llevaba unos pantalones blancos ajustadísimos y una camiseta con tirantes, sus pechos rebotaban dentro de la camiseta con cada paso que daba.
Fuimos hasta el cuarto de huéspedes que se había convertido en la sal de masajes, la camilla blanca estaba en el medio de la habitación y luego una mesilla donde había distintos perfumes y cremas y unas toallas.
Ella fue hasta el armario, abrió la puerta.
Era un armario empotrado en la pared y las puertas eran de madera, pero eran una suerte de persianas, entre las tablillas había un espacio, eran de principios de los 90 y nadie las había cambiado, me habían llamado la atención cuando había comprado el piso hacía ocho años atrás.
_Creo que podrías meterte aquí dentro y vigilar_
_ Jocelyn, cariño ¿te has vuelto loca, amor? ¿Qué debo vigilar?_
_Que ese tonto no se pase de listo conmigo….._
_Pero, es absurdo, no puedo meterme allí y piensa en que papel quedo si salgo de allí y le paro los pies a ese viejo….._
_Quiero seguir con los masajes y si no le doy su masaje va a denunciarme_ dijo ella, como una niña que no entiende por qué le niegan algo
_Pero ¿por qué piensas que va a sobrepasarse contigo?_
_Lo sé, David, se cómo son los hombres como él_
Estuve tentado de preguntarle todo ¿Qué hacía esa noche en el hotel de Manila? ¿Quién era ese hombre? ¿Por qué sabía ella como eran esos hombres? Los hombres como Benito.
_Vale, hagámoslo, me meteré en ese armario, pero solo por esta vez_ dije
_Gracias, David, eres el mejor marido, el mejor…_ dijo ella y se pegó a mí, sentí la presión de sus esponjosos tetones contra mi pecho.
Esa misma noche me lo dijo.
_Mañana vendrá el viejo tonto, no tengo miedo si tú estás allí, vigilando_ dijo, parecía contenta como si todas sus preocupaciones hubiesen desparecido de repente.
Me costó dormir esa noche, no sabía bien por qué, sentía como que estaba a punto de tener una revelación crucial en mi vida.
Tuve un sueño, estaba en Manila, en el bar del hotel.
Veía a Jocelyn con ese mismo hombre de aquella noche, pero ella estaba con un vestido muy pequeño y ajustado, su cuerpo era exhibido en todo su poderío y esplendor, sus piernas increíbles, largas y torneadas y sus pechos que pugnaban por rebasar el escote.
Y ella sonreía de un modo provocativo y vulgar, se reía echando la cabeza hacía atrás, de pronto ella y el hombre caminaban por un pasillo, yo les seguía, entraban a una sala oscura y yo me metía en un armario y el hombre ahora era Benito, el funcionario y Jocelyn, llevaba un pequeño bikini de color blanco, la tira del tanga clavado en medio de las nalgas y sandalias de un fino tacón, estaba imponente.
_Te haré un masaje tailandés_ decía ella, en el sueño yo tenía una erección, ella es filipina no tailandesa, idiota, pensaba en el sueño.
_Quiero que frotes tus tetazas en mi espalda, cariño_ decía el viejo con esa voz cavernosa de tabaco y alcohol.
Me desperté, era solo un maldito sueño, ella dormía a mi lado, apaciblemente, pero mi erección era bien real y palpable.
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