Historias del complejo. Segunda serie. (11)
Iris sabe que lo que vivió con Agustín fue fuego puro, pero Pablo le ofrece un fuego lento y seguro. Mientras intenta no elegir entre el corazón y la cabeza, su padre duerme en el sillón y el mundo exterior espera su respuesta.
La historia de Iris
Capítulo 3
Terminó su cerveza, corrió a un costado un mechón de mi flequillo, y me miró a los ojos.
Se acercó lentamente a mí y sus labios tocaron los míos, al sentir el contacto cerré mis ojos, y disfruté el momento, no fue un beso largo pero fue muy tierno, abrí mis ojos y se encontraron con los suyos, me tomó suavemente de la cabeza y me volvió a besar, en ese beso me pegué a él y lo abracé, y me abrazó, y nos seguimos besando, nuestras lenguas se encontraron, y jugaron en ese largo beso.
-IRIS: Fuiste mi primer hombre, y nunca voy a olvidar esa tarde!
-AGUSTIN: Nunca podría olvidar ese momento!
-IRIS: Me gustaría que fueras también el primero que esté dentro de mí sin preservativo, nunca sentí eso, y me gustaría sentirlo con vos si creés que es posible.
-AGUSTIN: Yo tampoco lo hice nunca sin preservativo, no sé lo que se siente, pero..., ¿y el embarazo?
-IRIS: Por eso no hay problema, tomo pastillas anticonceptivas desde hace casi un año! Yo estoy sana!
-AGUSTIN: Y yo también!
Nos volvimos a abrazar y a besar, para qué negarlo estaba ansiosa de volver a hacerlo con él, pero esta vez quería disfrutarlo a pleno.
Nos seguimos besando en el sillón, tomé la remera de Agustín y se la quité, lo volví a abrazar y a besar.
Lentamente desprendió los botones de mi vestido, dejando a la vista mi ropa interior, miraba mi cuerpo con esa mirada que le conocía, como de admiración, aunque mi cuerpo no es para nada voluptuoso ni llamativo.
Con sus manos en mis hombros, suavemente y entre caricias me quitó el vestido.
Nos volvimos a abrazar y a besar, cada vez con más pasión.
Me separé un momento de él y me quité el corpiño, y en tetas lo volví a abrazar, sintiendo su pecho contra el mío.
Pasé mi mano por su bulto que ya era inocultable, desprendí lentamente el cinturón y los botones del pantalón, Agustín se puso de pie, se quitó las zapatillas, y yo le bajé el pantalón junto con el bóxer, quedando desnudo frente a mí, con esa hermosa erección, qué no dudé en llevarla a mi boca, y se la chupé lentamente acariciando sus piernas y su culo.
Me tomó de la mano, haciendo que me ponga de pie, se sentó en el sillón, y lentamente fue bajando mi tanguita.
Besó mi panza y mi pubis, recorriéndolo suavemente, hasta llegar con su lengua a mi vulva, que por supuesto ya estaba mojada.
Lo tomé de la mano, se puso de pie, y desnudos los dos, caminamos hasta la habitación.
Nos acostamos en la cama, nos abrazamos y nos volvimos a besar apasionadamente.
Nuestras manos recorrían nuestros cuerpos, y su boca alternaba la mía con mis tetas.
-IRIS: Quiero sentirte dentro mío Agus!
Me quedé acostada boca arriba y separé mis piernas, Agustín se ubicó sobre mí, apoyando sus codos en la cama, para no recargar sobre mí el peso de su cuerpo.
Su pija rozó los labios de mi vulva, provocándome una electricidad en todo el cuerpo, ya deseaba sentirla dentro de mí.
Tomó su pija con una mano y la puso en la entrada de mi conchita, pude sentir su glande entre mis pliegues, y lentamente cómo se iba introduciendo.
Fue tal la sensación, que no pude evitar el orgasmo, entre temblores seguía sintiendo como su pija entraba cada vez más dentro de mí, hasta que su cuerpo chocó con el mío, lo miré a los ojos y lo besé apasionadamente.
Agustín comenzó un mete y saca lento, sacándola casi toda, y volviéndola a meter bien profundamente.
-IRIS: Sí Agus! Así!
Poco a poco fue incrementando su intensidad, mientras me embestía, me decía cosas dulces al oído, qué me había extrañado, qué era una mujer hermosa, que lo estaba haciendo gozar como nunca y un montón de cosas más.
En un momento sus embestidas eran más intensas y no pude sostener el orgasmo que me llegaba desde lo más profundo de mi ser.
Pero Agustín no se detuvo y me siguió penetrando hasta que lo sentí eyacular en mi interior. Una delicia, no creí que sería tan placentero, sentirme inundada por su semen.
Nos quedamos abrazados con su pija aún en mi interior, hasta que se fue aflojando y se salió sola de mi conchita.
Se recostó a mi lado, y me besó suavemente, la boca, las mejillas, el cuello, las tetas, me acariciaba muy delicadamente, y me quedé dormida.
Cuando abrí los ojos ya era el día, estabas abrazada sobre Agustín que dormía boca arriba.
Fue una sensación muy agradable, era la primera vez que despertaba con el hombre que me había dado tanto placer.
Necesitaba ir al baño, y en el momento que me levanté Agustín se despertó.
Antes de ir al baño me volví a sentar en la cama junto a él.
-IRIS: Buen día Agus!
Y le di un beso en la boca.
-AGUSTIN: Buen día hermosa! ¿Dormiste bien?
-IRIS: Más que bien corazón! Lo de anoche fue increíble! Nunca en mi vida creí que podía gozar tanto!
-AGUSTIN: Vos sos increíble Iris! Sos una mujer hermosa!
Necesitaba hacer pis y me fui al baño, luego abrí la ducha y volví a la habitación.
-IRIS: Me voy a dar un baño, ¿querés venir y nos bañamos juntos?
Saltó de la cama como un resorte, me abrazó me volvió a besar y nos metimos en la ducha juntos.
Nos bañamos el uno al otro, mirándonos, besándonos y sonriendo.
Después del baño nos secamos, y sin siquiera proponerlo, volvimos a la cama.
Hicimos el amor hasta el mediodía, aunque hacía calor, estaba nublado, y ese día decidimos no ir a la playa.
Nos levantamos y nos volvimos a bañar, preparamos entre los dos algo para comer, luego de conversar un rato en el sillón, nos fuimos a dormir una siesta, aunque lo que hicimos no fue precisamente dormir, lo volvimos a hacer, y cada vez lo disfrutaba más.
Nos dormimos un rato, y al abrir los ojos, decidí sorprender a Agustín, despertándolo con una mamada.
Y estaba decidida a probar algo con él, chupársela hasta que acabara en mi boca, quería hacerlo con él por primera vez.
Y me esmeré, se la chupé de como si fuera la última vez, y cuando estaba por acabar me lo dijo, seguramente para que me saliera, pero seguí en lo mío, me lo volvió a decir, pero no me detuve hasta sentir su eyaculación en mi paladar y mi garganta.
No había decidido si tragármelo o escupirlo luego, pero cuando tuve todo el semen en mi boca, me lo tragué por completo, quería probarlo, y quería hacerlo con él.
-AGUSTIN: Uff Iris! No me esperaba eso!
-IRIS: Quería probarlo! Nunca lo he hecho y quería hacerlo con vos!
Y por supuesto me devolvió la gentileza, después de besarme, besar mis tetas, bajó lamiendo mi panza, llegando hasta mi conchita, qué literalmente devoró, sacándome un orgasmo explosivo.
Nos volvimos a bañar juntos, y salimos a cenar.
Durante la cena me llegó un mensaje de papá, preguntándome si todo iba bien, y con un poco de vergüenza, le respondí que todo iba más que bien.
Me mandó un emoticón de una carita guiñando un ojo, una sonrisa y un beso.
Luego de la cena, Agustín me dijo que necesitaba pasar por su casa, sí bien les había avisado a sus padres qué se quedaba conmigo, necesitaba cambiarse de ropa.
Por supuesto le dije que hiciera tranquilo.
Me dejó en el departamento y me preguntó si quería almorzar en su casa el domingo con sus padres, por supuesto le dije que sí, y me dijo qué me pasaba a buscar a la mañana.
Me recosté en la cama, y recordando lo que había pasado con Agustín, me pregunté a mí misma, qué me pasaba con él, no sabía si lo que sentía por él era amor, o tan solo esa conexión qué siempre habíamos tenido, y que se había multiplicado con esta intimidad.
A la mañana siguiente, me desperté como a las nueve de la mañana, mientras tomaba unos mates, hablé con papá por mensaje y luego por una llamada, le conté, sin detalles por supuesto, lo que había pasado con Agustín el día anterior, y le dije que ese día iría a almorzar con sus padres.
Papá me dijo que vendría a buscarme Andrés a eso de las siete de la tarde, sí me parecía bien, para cenar juntos e ir a la reunión el lunes a las diez de la mañana.
Le dije que estaba de acuerdo y nos despedimos.
Después le mandé un mensaje a Agustín, diciéndole que ya estaba despierta, qué cuando quisiera podía venir.
Me preguntó si ya había desayunado, le dije que estaba tomando unos mates, y me dijo que compraba unas medialunas y venía a desayunar conmigo.
Media hora después, tocaba el timbre del departamento.
Yo estaba como me había levantado, solo con la tanguita y la remera que usó para dormir, y Agustín vino con una remera y una bermuda.
Al llegar lo abracé y le di un beso en la boca, él me respondió el abrazo y nos sentamos a tomar unos mates y a comer las medialunas.
Me contó que su padre haría un asado, y que iríamos para su casa a eso de las doce del mediodía.
Le dije que tendría que volver a eso de las seis o seis y media de la tarde, porque me venía a buscar el chofer de papá.
Después de los mates, viendo que aún teníamos un par de horas, me acerqué y me senté a horcajadas sobre él.
No hicieron falta las palabras, nos comenzamos a besar y a tocar, y minutos después estábamos los dos desnudos, camino a la habitación.
Nos volvimos a hacer el amor maravillosamente, y luego de mis tres orgasmos y su eyaculación en mi interior, nos dimos un baño, me cambié mientras Agustín se volvía a vestir, y pasadas las once y media de la mañana, nos fuimos para su casa.
Sus padres me recibieron muy bien como siempre, durante el almuerzo, les conté de cómo iba mi vida y mis estudios.
Fue un momento muy agradable, siempre sentí que sus papás me querían mucho, y ese mediodía me lo confirmaron.
Luego del almuerzo nos quedamos conversando a la sombra del árbol del fondo de la casa de Agustín, hasta casi las cuatro de la tarde, hora en que volvimos para el departamento, y lógicamente en esas casi dos horas, nos volvimos a encontrar y a disfrutar en esa cama.
Cuando llegó Andrés, ya estaba preparada y esperándolo.
Bajamos con Agustín que se volvía para su casa, y cuándo salimos del edificio, me sorprendió que papá también viniera con Andrés.
Lo saludé con un abrazo y un beso, mi papá hizo lo propio con Agustín, conversando un momento de cómo iba su vida allí.
Nos despedimos de Agustín, qué volvía para su casa, y con papá y Andrés nos fuimos para Pinamar.
Llegamos y un rato después salimos a cenar, Andrés lo hizo también con nosotros, más que chófer de papá diría que son amigos.
Volvimos para la casa y estuvimos hablando un rato antes de irnos a dormir.
Le conté como me había sentido con Agustín y le conté también del almuerzo con su familia.
Al día siguiente nos levantamos temprano, nos cambiamos y salimos a desayunar, con Andrés por supuesto, y luego nos fuimos al lugar donde era la reunión.
Nos reuniremos con un tal Rolando Vilches, dueño de varios complejos turísticos, y de un terreno en el que quería hacer uno nuevo, un emprendimiento de dimensiones tales, que necesitaría inversores, y por eso la reunión con papá.
Muy amablemente nos recibió, papá me presentó, pasamos a su oficina y nos ofreció un café.
La reunión duró casi dos horas, una conversación amena entre papá y Rolando, dónde yo por supuesto, no hice ningún comentario, poco entendí de lo que allí se habló, pero entendí que llegaron a un acuerdo.
Luego de la reunión, Rolando nos invitó a almorzar, y fuimos con él a un lindo restaurante de Pinamar, dónde por supuesto no le permitió a papá que pagara la cuenta.
Después de una larga sobremesa con un café, nos despedimos de Rolando, y Andrés nos volvió a llevar a la casa.
Volveríamos para La Plata el día miércoles, y ese día decidí quedarme con papá, el martes volvería a Gesell para pasar el día con Agustín, y despedirnos.
A llegar a la casa, papá llamó a mi madre por teléfono, para contarle como había estado la reunión, y lo primero que pregunto mi madre, era si yo me había interesado en los temas que se hablaron, y mi padre le dijo que sí, qué tanto antes como después de la reunión, supuestamente yo lo había llenado de preguntas.
Ese comentario de papá, al parecer dejó conforme a mi madre, que ya no preguntó más nada sobre mí.
Al día siguiente luego del desayuno con papá, le mandé un mensaje a Agustín, diciéndole que antes del mediodía volvía para Gesell.
En esta ocasión me volvieron a llevar Andrés y papá, y al llegar al departamento, me despedí de ellos hasta el día siguiente, qué me pasarían a buscar, ya de camino a casa.
Uno minutos después, llegó Agustín al departamento y nos fuimos a almorzar al restaurante qué tanto me había gustado entre los pinos.
Después Agustín me preguntó si quería que fuéramos a la playa o a pasear a algún lado, pero le dije que quería despedirme de él, porque no sabía cuando nos podríamos volver a ver.
Llegamos al departamento, y entre besos y abrazos, nos fuimos quitando la ropa y yendo para el dormitorio.
Hicimos el amor un par de veces más, y nos agarró la hora de cenar, comimos algo que pudimos preparar con lo que había en el departamento, y le pedí que esa noche también se quedará conmigo.
Luego de este encuentro, no sabía que podría pasar con nosotros, estando a tanta distancia, con nuestras ocupaciones, no sabía cuando nos volveríamos a ver, pero quería llevarme el recuerdo de su piel, de sus caricias, del placer que me da.
Volvimos hacer el amor en la noche, y al despertarnos en la mañana, mientras tomábamos unos mates, papá me mandó un mensaje diciéndome qué pasaría por mí, a eso de las dos de la tarde.
Nos volvimos a bañar juntos, y mientras tomábamos otros mates, creo que los dos estábamos algo apenados porque en unas horas volvería a mi vida en La Plata.
Con mis cosas ya preparadas, nos quedamos los dos sentados en el sillón, con su brazo tomándome por los hombros, y yo apoyada en su pecho.
Conversamos hasta que papá me mandó un mensaje diciéndome que había llegado y que estaba abajo.
Bajamos los dos, y al salir, mi padre había bajado del auto, y nos saludó a los dos con un abrazo.
Agustín le agradeció lo que había hecho para que pasáramos esos días juntos, y se volvieron a despedir con un abrazo.
Papá subió mis cosas al auto y se volvió a sentar en su asiento, nos despedimos con un abrazo y un beso en la boca.
-IRIS: Gracias Agus! Fueron unos días hermosos!
-AGUSTIN: Gracias a vos, por hacer que tuviera la mejor semana de vacaciones que podía imaginar! Te voy a extrañar!
-IRIS: Yo también lindo! Pero nos seguiremos hablando!
-AGUSTIN: Claro que sí!
-IRIS: Déjale mis saludos a tus papás!
-AGUSTIN: Claro que sí! Hasta la próxima!
Nos volvimos a abrazar y a dar otro beso en los labios.
Me subí al auto, y nos saludamos por última vez con la mano mientras el auto se alejaba.
Emprendimos el regreso y durante el viaje papá no me preguntó nada sobre estos días con Agustín, seguramente lo hablaríamos en casa cuando estuviéramos solos.
Llegamos a La Plata a eso de las seis de la tarde, y mi madre nos estaba esperando.
Saludó a papá como siempre con ese beso algo frío para mi gusto, y a mí con una inusitada amabilidad, seguramente creyendo que tras este viaje, yo empezaría a interesarme más por los temas de la empresa.
La conversación con papá, fue al día siguiente, el no me preguntó nada, pero yo se lo conté todo, sin los detalles íntimos por supuesto.
Lo único que me pregunto papá, era si estaba enamorada de Agustín.
Le conté que sentía una profunda conexión con Agustín, que para mí era una persona muy importante, pero no sabía si estaba enamorada de él, o lo quería como a un amigo muy cercano.
Papá me miró con esa cara de pícaro que pone, y me hizo reír.
Descansé el resto del mes de enero, y cuando comenzó febrero, por las mañanas estudiaba para un final que iba a rendir en marzo, y por las tardes, me familiarizaba con el material y los proyectos de la materia en la que iba a ser ayudante de cátedra.
Me presenté a rendir el final los primeros días de marzo, también me saqué un diez, y un par de días después, tuve una reunión con el profesor y los demás ayudantes para diagramar el trabajo del año.
Las clases comenzaron en la segunda quincena de marzo, y al reencontrarme con Juan, mientras nos tomábamos un café antes de la clase, me contó que había empezado una relación con una chica de su ciudad, que también venía a estudiar veterinaria a la universidad de La Plata.
Lejos de sentirme mal por eso, le dije que me alegraba mucho por él, que esperaba que le fuera muy bien con esa chica, y que si consideraba que dejemos de estudiar juntos, yo lo entendería y no tendría ningún problema.
Pero me dijo que no, qué le gustaba mucho estudiar conmigo, pero que como era lógico, nuestros encuentros íntimos, ya no existirían.
Aunque no se lo dije, yo lo tenía bien en claro, no iba a hacer nada más con él si tenía novia.
Con Agustín hablábamos mucho más seguido que antes, dos o tres veces por semana, y nos contábamos todo.
Para el mes de abril, Lorena, una de las compañeras con la que también me llevaba muy bien, me invitó a su cumpleaños, haría una fiesta el viernes en la noche en su casa, y por supuesto le dije que iría.
A Juan también lo había invitado, pero ese fin de semana se volvía a Pehuajó, porque era el cumpleaños de su mamá.
Aunque el verano había terminado, ese viernes de la fiesta, fue un día bastante cálido.
Me puse una pollera hasta las rodillas y unas sandalias de taco medio.
Llegué a casa de Lorena a las nueve y media de la noche y ya había un montón de gente, muchos compañeros del curso, y varias personas que no conocía, amigos de Lorena y de su novio Mariano.
La casa tenía un estar comedor bastante grande, pero había más de cuarenta personas allí adentro.
En un momento estaba hablando con Lorena, cuándo llegó un amigo de su novio, saludó a Lorena con un abrazo y un beso por su cumpleaños, y ella misma me lo presentó.
Un chico unos años más grande que yo, alto, me sacaba casi una cabeza, de pelo corto, ojos color café, cuerpo de deportista, y una linda sonrisa, de nombre Pablo.
Nos fuimos ubicando alrededor de la mesa y en los sillones, yo me senté al lado de una de las compañeras, y en el lugar que quedaba libre del otro lado, se terminó sentando Pablo.
Durante la cena estuvimos conversando, me contó que era amigo de Mariano, que estaba estudiando ciencias económicas, que el año anterior había terminado todas las cursadas, y que solo le faltaba rendir tres finales para recibirse de contador.
De conversación muy amena, un chico muy simpático y agradable.
Luego de la cena, corrieron la mesa, arrancó la música tropical y se armó el baile.
Estuvimos con Pablo conversando un momento sentados en el sillón y tomándonos una cerveza, me resultaba agradable la conversación con él, y en un momento me dijo de bailar un par de canciones.
Por supuesto le dije que sí, y bailamos un buen rato entre risas y cervezas.
Después nos volvimos a sentar en el sillón con otro par de cervezas, y me contó que hacía casi nueve meses había terminado una relación de más de tres años con una chica, qué la cosa se había ido enfriando, y que habían decidido seguir cada uno su camino por separado.
Me preguntó si yo tenía novio, y no quise decirle que no había tenido ninguno, me daba un poco de vergüenza, y le dije que en ese momento no estaba con nadie.
Hablamos casi toda la noche, y faltando minutos para las cinco de la mañana, le dije a Lorena que me iba para casa.
Cuando me preguntó si estaba en auto, le dije que no, que me tomaba un taxi, y en ese momento Pablo me dijo que él también se iba, y que si no tenía problemas me podía llevar hasta casa.
En verdad no tuve problema, había sido muy amena la charla con él, y despidiéndonos de todos, fuimos caminando hasta su auto.
Le di la dirección de casa, y cuando llegamos a la puerta, muy respetuosamente, me dijo que le había encantado conocerme, y me preguntó si podíamos seguir en contacto, no me pareció mal, y le di mi número de teléfono.
Tres días después me mandó un mensaje para preguntarme como andaba, por supuesto le respondí, cruzamos varios mensajes, y me dijo que estaba preparando uno de los exámenes finales que tenía que rendir en unos días.
Días después me volvió a escribir y volvimos a cruzar mensajes.
En la conversación siempre era muy amable y se interesaba por mis cosas, y yo también por las suyas.
El día anterior a que rindiera el examen final, estuvimos cruzando mensajes un buen rato, y al despedirnos, le deseé mucha suerte en el examen.
Al día siguiente fui yo quién le escribió para ver cómo le había ido, me dijo que muy bien, qué se había sacado un ocho, y muy educadamente me preguntó si me gustaría que nos encontráramos a tomar un café.
Por supuesto le dije que sí, y al día siguiente cuando salí de la facultad, nos encontramos en un café del centro.
Pablo es muy simpático, muy hablador, y buen escuchador, podía hablar con él de cualquier cosa, además siempre es muy educado y respetuoso conmigo, nunca utilizó frases con doble sentido, ni indirectas, ni me hizo ninguna proposición que me hiciera sentir incómoda, tan solo hablábamos y la pasábamos bien.
Esos encuentros de café, se hicieron semanales, y en ese tiempo me contó que había empezado a trabajar en una empresa, en el sector contable, quería conseguir un poco de experiencia, para cuando tuviera su título.
Me contó de su familia, que sus padres estaban separados, que vivió un tiempo con su madre mientras estudiaba, y que luego se mudó a un departamento y que desde hacía casi tres años vivía solo.
En conversaciones con papá, le fui contando de Pablo y de nuestros encuentros y conversaciones, y por supuesto me preguntó si me estaba pasando algo con él, le dije que por el momento no sentía estar enamorada, pero cuando nos encontrábamos la pasaba muy bien con él, y que además nunca me había hecho ninguna propuesta qué me hubiera incomodado.
A los encuentros de café, le siguieron los encuentros para cenar, nos encontrábamos los viernes o los sábados en la noche, y luego de la cena me llevaba para casa.
Después de varios meses, y de sentirme cómoda con él, ya estaba imaginando que daríamos un pasito más, pero creo que en su manera de relacionarse conmigo, me parecía no quería apurar las cosas.
Un sábado en la noche luego de cenar en un lindo restaurante, me invitó a tomar algo a un bar, y por supuesto le dije que sí.
Fuimos a una de las cervecerías del diagonal setenta y cuatro que por estar de moda, había mucha gente.
Llegamos hasta la barra y Pablo pidió un par de cervezas, nos quedamos parados entre la gente, y luego de la cerveza, nos fuimos a otro bar, allí entre la gente y la música, casi no podíamos conversar.
En otra de las cervecerías, conseguimos una mesa y nos sentamos a conversar y tomarnos otra cerveza.
Cerca de las dos y media de la mañana, volvimos a su auto y me llevó hasta casa, al llegar y antes de bajar del auto, me dijo:
-PABLO: Iris, en verdad desde que nos conocemos, la paso muy bien con vos, me parecés una mujer hermosa y cada vez que nos despedimos ya estoy deseando volver a verte, quizás sea una pretensión apresurada, pero muero por besarte!
-IRIS: También la paso muy bien con vos, me parecés un hombre muy educado y amable, de hecho nunca me he sentido incómoda, en ninguno de nuestros encuentros, no sé que puede resultar de esto, pero…
Me acerqué a él y lo besé, no fue un beso apasionado, fue un primer contacto que hizo que se me acelerara el corazón.
Luego de ese primer beso, me miró a los ojos y me volvió a besar, esta vez fue un beso algo más largo y con unas suaves caricias en mi cara y cabeza.
-PABLO: Deseaba esto desde hace tiempo!
-IRIS: No puedo asegurarte en este momento que algo pueda llegar a pasar entre nosotros, pero en verdad me siento bien cuando nos encontramos.
-PABLO: No pretendo que te sientas incómoda ni presionada por nada que yo te diga, creo que te puedo entender y ya veremos cómo sigue esto! Puedo esperar el tiempo que sea necesario! Pero no quisiera que nada arruine lo bien que lo pasamos cada vez que nos vemos.
-IRIS: Ya veremos Pablo! Me gusta estar con vos, pero ya veremos!
-PABLO: Estoy de acuerdo! Pero ruego que esto que te he dicho, no cambie tu forma de verme, espero que entiendas que no tengo intenciones de forzar ninguna situación!
-IRIS: Hasta ahora, así lo siento!
Nos despedimos con un beso en los labios y me bajé del auto, esperó hasta que entrara en casa y luego se fue.
Me cambié y me metí a la cama, antes de dormirme, me puse a pensar en que quizás Pablo estaba buscando tener una relación formal conmigo, ¿estaría enamorándose de mí? ¿O ya estaría enamorado?
Yo no me sentía enamorada de él, quizás su carácter, su forma de ser, su forma de tratarme, los buenos momentos que hemos pasado, incluso su físico, me hacían sentir cierta atracción, pero no sentía esa conexión que por ejemplo, sentí siempre con Agustín.
Pero tal vez eran ideas mías, idealizando una relación amorosa como eso que te hace desear estar todo el tiempo con una persona, compartir tu vida con ella y pensar en futuro.
Hasta el momento no había sentido algo así por Pablo, pero bueno…, quizás tendría que dar algún paso más y ver como se daban las cosas.
En esos días hablé con papá, me preguntó cómo iban las cosas con Pablo y le conté como me sentía, como siempre, papá me aconsejó y como siempre, sabía que cada cosa que me decía, era pensando en mi felicidad.
En nuestros siguientes encuentros, que ya eran dos o tres veces por semana, sentí que Pablo estaba a la espera de alguna señal o decisión mía para ir un poco más allá.
Y eso ocurrió un sábado en la noche cuando luego de cenar y tomar algo en un bar, al subirnos al auto, nos besamos, esta vez algo más apasionadamente, y entre abrazos y caricias, me dijo:
-PABLO: Sería el hombre más feliz del mundo, si algún día pasáramos la noche juntos!
El que lo dijera de esa manera, un tanto solapada, me dio a entender que quería que nos encontráramos sexualmente, y para que mentir, yo no estaba lejos de ese deseo también.
-IRIS: Pablo, no sé si puedo hacer que seas el hombre más feliz del mundo, pero de todas formas, supongo que esta noche, podríamos pasarla juntos!
Su mirada me lo dijo todo, creo que era la respuesta que estaba esperando.
-PABLO: Si querés, podemos ir a casa!
-IRIS: Vayamos a tu casa!
Ya estaba decidida, me había tirado a la pileta, no sabía si él sería el hombre, pero aún así, supongo que podríamos pasar un buen momento.
Arrancó y fuimos para su casa, era el cuarto piso de un edificio céntrico muy lindo y arreglado, casi que no parecía el departamento de un hombre solo.
Entramos y como para que quizás vaya entrando en clima, me dijo de tomarnos una cerveza y le dije que sí.
Nos sentamos en el amplio sillón y conversamos mientras nos tomábamos las cervezas, por momentos, sus dedos apartaban mis mechones del flequillo con suaves caricias.
Apoyó su cerveza en la mesita, se acercó a mí y me besó suavemente, me miró a los ojos y me volvió a besar acariciándome el cuello y la nuca.
También yo dejé mi cerveza y abracé su cuello en el siguiente beso, nuestras lenguas se fueron encontrando y comenzaron a jugar.
A estas alturas, ya estaba deseando que nos quitáramos la ropa y nos fuéramos a su cama.
Las caricias eran mutuas y nuestras manos recorrían nuestros cuerpos.
Pablo me tomó de la mano y fuimos a su habitación, parados junto a la cama, nos abrazamos y nos volvimos a besar, nos fuimos sacando la ropa lentamente entre besos.
Quedé en ropa interior y Pablo miró mi cuerpo, creo que con admiración, y nos volvimos a abrazar, él aún tenía puesto su jean y pude sentir su erección a través del pantalón.
Se lo desabroché y lentamente se lo fui bajando, al llegar a sus tobillos, él se lo terminó de quitar junto con las zapatillas.
Desabroché mi corpiño y me lo quité, y apoyé mis tetas en su pecho, mientras nos seguíamos besando.
Me acarició la espalda y el culo, y lentamente fue bajando mi bombachita, al tiempo que yo hacía lo mismo con su bóxer.
Ya desnudos los dos, nos acostamos en su cama y nos seguimos besando y acariciando.
Mi mano buscó su erección y la acaricié suavemente, no pude evitar la comparación con la de Agustín, la de Pablo era algo más pequeña y algo más delgada, pero estaba bien dura.
Besó y lamió mis tetas, chupó suavemente mis pezones y me fui encendiendo.
Su manó llegó a mi vulva que ya se empezaba a mojar y la acarició delicadamente.
La temperatura de los dos subía cada vez más y ya deseaba sentirlo dentro de mí.
Ya estaba bien lubricada y le pedí que me cogiera, Pablo tomó un preservativo y se lo colocó, en ese momento no le dije nada y un instante después, lo sentí entrando en mi conchita lentamente entre besos y caricias.
Poco a poco fue incrementando el ritmo y yo ya estaba camino del orgasmo, que llegó unos minutos después.
Luego de mi orgasmo, me siguió penetrando hasta lograr el suyo.
Se salió de mi interior, se deshizo del condón y nos quedamos abrazados y besándonos.
Luego de eso me quedé dormida.
Desperté el domingo en la mañana y Pablo aún dormía plácidamente, fui al baño y luego a preparar el desayuno.
Fui encontrando las cosas y preparé unas tostadas, café con leche y algo de fruta.
Volví al dormitorio y desperté a Pablo con el desayuno. Desayunamos en la cama y luego nos fuimos a bañar para salir a almorzar.
Luego de Almorzar, volvimos a su departamento y lo volvimos a hacer antes de que me llevara para casa.
En nuestras charlas le fui contando a Pablo de mi familia, de la excelente relación que tenía con papá, y de la difícil relación que tenía con mi madre.
También le conté de mis dos hermanos, y que el más chico había vuelto a vivir a casa, y varias veces me dijo que le gustaría conocerlos.
Yo no estaba muy segura, me parecía una situación qué implicaba algo más de formalidad, a la cual no estaba segura de querer llegar.
Pero habiéndome preguntado mi madre, por las noches que no pasaba en casa, ella misma me dijo que quería conocerlo.
Nos seguíamos encontrando sexualmente los viernes o los sábados en la noche, en las que me quedaba a dormir en su casa.
Pablo siempre se preocupaba de qué en esas noches, yo disfrutara, aunque siendo sincera conmigo misma, no lo disfrutaba tanto, cómo lo había hecho con Agustín en aquellas vacaciones, pero bueno, las comparaciones suelen ser odiosas, pero era así como lo percibía mi cuerpo.
Por momentos sentía que Pablo quería ir un poco más allá conmigo, no sé, quizás un noviazgo formal, pero yo no sé si estaba lista para eso, al menos por ahora.
Cursando el cuarto año de la carrera y siendo ayudante de cátedra, sumado a las horas de estudio o de preparación de trabajos con Juan, en la semana, poco tiempo me quedaba para verme con Pablo.
Sabiendo que estudiaba con Juan, y habiéndole contado lo que había tenido con él, Pablo quiso conocerlo, supongo que en parte porque pasaba muchas horas con él, y quizás tenía intenciones de “marcar territorio”, supongo que querría tenerlo frente a frente, y hacerle saber, "sé lo que pasó entre ustedes, pero ahora estoy yo aquí", aunque entre nosotros no había una relación como tal.
Varias veces, me había ido a buscar a la cueva, pero un jueves por la tarde que estábamos estudiando con Juan, y Romina, la novia de Juan estaba haciendo un trabajo en la compu, se apareció por la cueva.
Aunque no lo dijo, claramente me di cuenta que había llegado sin avisar, para ver con que se encontraba.
Tocó timbre y le abrí, subió y cuando escuché el ascensor, abrí la puerta.
-IRIS: Hola Pablo!
-PABLO: Hola Iris!
-IRIS: Pasá!
Entramos al estar, los tres estábamos trabajando en la mesa.
-IRIS: Chicos, él es Pablo, ellos son Juan y ella es Romina, su novia!
-PABLO: Mucho gusto!
Saludó a Juan con un apretón de manos y a Romina con un beso.
-PABLO: Perdón, no los quiero molestar, andaba cerca y pasé tan solo a saludar!
-IRIS: Justo arrancamos el mate! Sentate!
Se sentó con nosotros en la mesa, le contamos con Juan lo que estábamos estudiando y casi media hora después, nos dijo que ya se iba, se despidió de los chicos y lo acompañé hasta el auto, nos despedimos y quedamos de acuerdo en vernos al día siguiente.
Supongo que saber que Romina estaba con nosotros, lo habrá dejado tranquilo, porque no volvió a pasar por la cueva.
Una tarde al salir de la facultad, como no iba a la cueva a estudiar con Juan, nos encontramos con Pablo para tomar un café, y luego del café me llevó para casa.
Estábamos conversando dentro del auto en la puerta de casa, cuándo llegó mi madre, nos vio dentro del auto, y caminó hacia nosotros, no me quedó otra que decirle a Pablo, qué le presentaría a mi madre.
Bajamos los dos del auto, y mi madre, increíblemente mostró una simpática sonrisa.
Los presenté, y mi madre lo invito a tomar un café, por supuesto Pablo aceptó y entramos a casa, no tuve más opción que aceptar la situación.
Papá estaba sentado en el sillón, y al vernos entrar se puso de pie, me saludó como siempre con un abrazo y un beso, a mamá con el beso tibio, y cuando le presenté a Pablo, se saludaron con un apretón de manos.
Mi madre dijo de sentarnos en los sillones y le pidió a Lidia, qué sirviera café para todos y algo para comer.
Pablo lejos de estar nervioso o sentirse intimidado, conversaba relajadamente con mi madre, que lo llenó de preguntas, papá lo miraba, como analizándolo, supongo que tratando de descifrar sus intenciones para conmigo.
Poco más de una hora después, Pablo dijo que ya tenía que irse, papá se puso de pie, lo despidió con un apretón de manos y le dijo que había sido un gusto conocerlo.
Mi madre fue un poco más allá, y le dijo que podía pasar por casa cuando quisiera, se despidieron con un beso y lo acompañé hasta el auto.
Me dijo que mis padres le habían resultado muy amables y nos despedimos con un beso.
Ese día no hablé con papá de Pablo, fue recién al día siguiente que al llegar a casa, merendamos juntos y conversamos.
-LUIS: ¿Cómo te fue hoy hija?
-IRIS: Muy bien pa! Todo va encaminado!
-LUIS: Bueno, ahora que no está tu madre, contame como están las cosas con Pablo!
-IRIS: Varias veces me había dicho que los quería conocer, pero yo no me decidía a traerlo!
-LUIS: Y tu madre los pescó justo al llegar!
-IRIS: Tal cual! No me quedó otra que presentárselo y mamá lo invitó a tomar un café!
-LUIS: Me imaginé! Ya te digo que si es por tu madre, ya te empieza a preparar el casamiento! Por la forma en que lo trató, ya te lo digo yo!
-IRIS: Uff! Ni siquiera es mi novio y mamá ya me quiere casar! Se lo voy a tener que aclarar!
-LUIS: Tranquila que yo me ocupo de decirle a tu madre como son las cosas!
Si bien la pasaba bien con Pablo, no tenía en claro si quería ir más allá con él.
Pasaron unas semanas y llegaban las vacaciones de invierno, una tarde estábamos tomando un café con Pablo, cuando me dijo que en las vacaciones, tenía disponible el departamento de un amigo en Las Leñas, un centro de esquí de la provincia de Mendoza, por una semana y me dijo si quería que fuéramos juntos.
Me tomó tan por sorpresa la propuesta y el aceptarla significaría pasar toda una semana con él en plan novios, que lo primero que se me ocurrió, fue decirle que era imposible, que tenía que aprovechar las vacaciones para preparar un examen final para las mesas del mes de agosto, aunque aún no había decidido presentarme realmente.
Me di cuenta por su cara, que se desilusionó con mi respuesta, seguramente él estaba deseando pasar esa semana conmigo.
Traté de que no se sintiera mal, disculpándome varias veces, haciéndole entender que mis estudios eran muy importantes para mí, que ya cuando me recibiera, tendría tiempo para disfrutar la vida.
La cosa quedó ahí, y ya no volvimos a hablar del viaje.
Ese fin de semana, me quedé a dormir en su casa el sábado, y me dijo que él se iría de todas formas a La Leñas con unos amigos, supongo que intentando ponerme celosa y que decidiera aceptar su invitación.
Para no sentirme tan mal por mi mentira, en las vacaciones finalmente me puse a estudiar para ese examen final.
Cuando le conté a papá la situación, papá me terminó diciendo que si así lo había sentido estaba bien, que no me sintiera presionada, que siempre tomara las decisiones que creyera convenientes, y si me equivocaba, que buscara aclararlas y pedir disculpas si fuera necesario.
Como quiero a mi papá!
El día antes de que se fuera para Mendoza, pasé la noche en su casa y por supuesto nos encontramos sexualmente.
Me dijo que me iba a extrañar y nos despedimos luego del desayuno, antes de que me fuera para la facultad.
Podría decir que extrañé los encuentros con él, sobre todo los encuentros íntimos.
Me puse a preparar el examen en casa, para aprovechar a estar con papá y también para aprovechar y tener varias conversaciones con Rosa, la novia de Nacho.
Pablo volvió de Mendoza y nos encontramos el fin de semana en su casa, me dijo que me había extrañado mucho y que en algún momento le gustaría volver conmigo a disfrutar de ese hermoso lugar.
Le dije que no faltaría oportunidad, ya en algún otro momento, podríamos hacer algún viaje.
Me presenté a rendir el examen final y como acostumbraba últimamente, me saqué un diez.
A Pablo, le quedaba solo un final para llegar al título de contador y lo rendiría en una mesa especial en el mes de octubre.
Una tarde al salir de la facultad, nos encontramos con Pablo en el centro, hice algunas compras y me llevó para casa, como sabía que mi madre a esa hora no suele estar, le dije a Pablo de tomar un café en casa con papá.
Llegamos a casa, entramos, a la distancia vi a papá que estaba sentado en el sillón, recostado hacia un lado en el apoya brazos y dormido.
Me acerqué a él y se me paró el corazón.
Continuará…
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