Historias del complejo. Segunda serie. (13)
Iris creía haber encontrado su felicidad definitiva con Pablo, pero el regreso de su exnovio y las sombras de un hijo no reconocido reabren heridas antiguas. Cuando Pablo llega a la casa de la playa con una compañera inesperada, la confianza de Iris se quiebra en un instante.
La historia de Iris
Capítulo 5
Y a partir de ahí, fue que Pablo comenzó a ser parte de la empresa familiar “Inversiones Ponce”.
Ese día estudié sola en casa, solo estaba Lidia, a la que le pedía que descansara un poco y se tomara unos mates conmigo, la conocía desde hacía muchos años y me gustaba hablar con ella y preguntarle de sus cosas.
Mi madre y Pablo, volvieron para casa a eso de las cinco de la tarde, merendamos los tres, aunque los que hablaron fueron ellos dos, sobre temas de la empresa.
Antes de irse para su casa, le pregunté a Pablo a solas como le había ido y cómo lo había tratado mi madre en la empresa.
Me contó que muy bien, que lo había presentado como su yerno y que cumpliría funciones de asesor en las decisiones.
También me dijo Pablo, que mi madre había hecho preparar una oficina para él, junto a la suya.
Pablo hacía casi todos los días el horario de nueve de la mañana a las cuatro de la tarde, salvo que hubiera alguna reunión fuera de ese horario. Algunos días venía para casa, pero otros se iba directamente a la suya.
Durante febrero terminé de preparar el final y los primeros días de marzo, me presenté a rendir y me saqué, cómo en los últimos exámenes, un diez.
Comenzaron las clases de mi último año de carrera, y también el desafío de ser ayudante de cátedra en segundo y tercer año.
En el mes de mayo, un jueves por la tarde, al llegar de la facultad, me encontré a Pablo en casa, aún con el traje y la corbata, lo que significaba que venía de la empresa.
-PABLO: Quería esperarte para contártelo en persona!
Hizo una pausa que me pareció eterna, solo esperaba que no me dijera de alguna trastada de mi madre.
-IRIS: Contame Pablo! No me hagas misterio!
-PABLO: Inés me avisó que el lunes, voy con ella a Rosario para participar de mi primera reunión con un inversor de esa ciudad!
-IRIS: Buenísimo Pablo! Veo que mi madre ya te tiene confianza! Muy bien por vos!
-PABLO: Nos vamos el lunes a eso de las seis de la mañana y volvemos el martes por la tarde.
-IRIS: Que bueno! ¿Estás conforme?
-PABLO: Más que conforme! Estoy muy entusiasmado!
-IRIS: Me alegro mucho!
Que mi madre ya quisiera llevarlo a una reunión de inversiones, quería decir que lo estaba haciendo bien, solo quería que lo tratara bien.
Ese fin de semana me quedé en su casa, y nos despedimos el domingo por la tarde, no quería que se acostara tarde, al día siguiente, tenía que madrugar.
Esa noche me llegó un mensaje de Agustín donde me contaba, que ya sabían el sexo de su hijo, era un varón, me alegré por él, se lo veía entusiasmado, hablamos de la salud de su padre, que estaba cada vez más delicada y de cómo iba su convivencia con Paula.
Cruzamos mensajes por más de media hora y quedamos en seguir en contacto para que me contara como iba el embarazo y la salud de su papá.
Al día siguiente Pablo me fue mandando mensajes y fotos de su viaje, se lo veía entusiasmado con su nuevo trabajo.
Al volver del viaje, Pablo llegó a casa con mi madre, que entró hablando risueñamente con él, y al verlos supuse que todo había ido bien, y que mi madre estaba conforme con lo hecho por Pablo en esa reunión.
Esa noche se quedó a cenar en casa, y mi madre estaba contenta como nunca la había visto, desde hacía un tiempo, el carácter de mi madre parecía haber cambiado, incluso había cambiado su forma de vestirse, no sé si tenía que ver con la muerte de papá, pero se empezó a poner modelos más juveniles, no tan de señora mayor como solía usar antes, trajes de pollera o pantalón que resaltaban su figura, si ya antes llamaba la atención, ahora lo hacía aún más.
Mi trabajo como ayudante de cátedra me demandaba más tiempo que el del año anterior, y había días en que no me quedaba tiempo para ver a Pablo.
Volvimos con Juan a preparar trabajos y a estudiar en la cueva, y volvía a casa muchas veces a la hora de cenar.
En el mes de junio, Pablo me invitó a cenar una noche a un lindo restaurante
Hacía un tiempo que no salíamos a cenar, por los estudios, por los trabajos, muchas veces a llegar a casa estábamos agotados, y los fines de semana, aprovechábamos para descansar.
Luego de la cena, Pablo me tomó de la mano, me miró a los ojos, y me dijo:
-PABLO: Nunca fue mi intención, presionarte en ningún aspecto, intenté respetarte siempre, desde que te conozco, tus formas, tus tiempos, tu manera de ver la vida, por eso nunca te dije que me enamoré de vos el día que te conocí, por eso nunca te dije que te amo desde entonces, por eso es que he pretendido estar en todo momento tu vida, estar cerca tuyo es lo que he deseado todo este tiempo, pero necesito decírtelo, necesito que sepas que quiero compartir mi vida con vos, no me importa qué nos casemos, me conformo con que aceptes que vivamos juntos, nada me haría más feliz.
Conociéndolo sabía qué me estaba hablando con la verdad, hace mucho tiempo sentía que él estaba enamorado de mí, pero fue cuando pasó lo de papá, qué me di cuenta que él era importante a mi lado, su comprensión y su apoyo fue incondicional, sin siquiera saber lo que yo sentía por él.
Me costó muchas sesiones de terapia, entender que me sentía bien a su lado, y que quizás, podía reconocerme a mí misma, que también quería compartir mi vida con él, que me había enamorado.
Mentiría si dijera que no me emocionaron su palabras, las sentí tan sinceras, y a corazón abierto, que llegaron a lo más profundo de mi ser.
-IRIS: Pablo, desde que nos conocemos, hemos pasado muy lindos momentos, siempre has estado a mi lado, y eso me gustó siempre, no estaba segura de lo que sentía por vos, por eso nunca exprese mis sentimientos, pero en este tiempo, y sobre todo luego de la muerte de papá, he necesitado que estuvieras a mi lado, y estuviste, y me entendiste, y fuiste paciente, hace tiempo que me di cuenta que te habías enamorado de mí, si no hubiera sido así, no hubieras estado a mi lado todo el tiempo. Y quiero que sigas estando a mi lado, siento que podemos intentarlo, qué podemos dar el siguiente paso, y esta noche te digo, qué me encantaría que vivamos juntos.
Me miraba a los ojos, con los suyos llenos de lágrimas, apretaba mi mano con la suya, sellamos esa nueva etapa, con un beso cargado de sentimientos.
Nunca lo había dicho, creo que hasta esa noche nunca había pensado en decírselo, pero recordando las palabras de papá, luego del beso lo volví a mirar a los ojos y le dije:
-IRIS: Quiero compartir la vida con vos! Y me da lo mismo si nos casamos o no!
-PABLO: Acabas de hacerme el nombre más feliz del mundo! Y te aseguro que lo vamos a hacer muy bien!
En ese momento le hizo una seña al mozo, y un momento después, se acercó a nuestra mesa con una botella de champagne y dos copas.
Lo destapó, nos sirvió y dejó la botella en el balde.
-PABLO: No me interesaba hacer de este momento algo deslumbrante ni tampoco hacerlo delante de otras personas, quería que este momento fuera tan solo de los dos.
-IRIS: Hiciste muy bien! Ya sabés que no soy muy adepta a mostrar mi vida a los demás!
Alzó su copa y yo la mía.
-PABLO: Por nosotros dos!
-IRIS: Por una hermosa vida!
En verdad me había emocionado, no me esperaba esa declaración, y menos que menos que me dijera de vivir juntos, no tuve que pensar, mis sentimientos hablaron por mí, y recordé la nota de mi padre, "se descaradamente feliz hija", y eso intentaría en mi nueva vida con Pablo.
Conversando nos terminamos la botella de champagne, Pablo pidió la cuenta, y luego de pagar salimos del restaurante.
Me tuvo que llevar abrazada hasta el auto, iba bastante mareada.
Esa noche fuimos a su casa, y luego de conversar un rato, sellamos nuestra nueva vida haciéndonos el amor en su cama, por supuesto que no era la primera vez, pero en esta oportunidad lo sentí diferente, con ese hombre iba a compartir mi vida.
Al día siguiente dormimos casi hasta el mediodía, Pablo me dijo de no cocinar y salimos a almorzar.
Durante el almuerzo me dijo, que se lo dijéramos a quién yo quisiera, y cuando yo lo crea conveniente.
También conversamos sobre dónde viviríamos, me dijo que podíamos hacerlo en su casa, al menos al comienzo, ya luego veríamos.
Cómo si lo supiera, o lo intuyera, mi madre nos invitó a almorzar al día siguiente, el domingo en casa.
Le dije a Pablo que si en ese almuerzo estaban tan solo mamá, Nacho y Rosa, se los podríamos contar, y Pablo estuvo de acuerdo.
Esa noche volvimos a hacer el amor, nos levantamos tarde el domingo, desayunamos y llegamos a casa a eso de las once y media de la mañana.
Nacho estaba prendiendo el fuego para hacer un asado y Pablo se quedó conversando con él, y yo me fui a conversar con Rosa.
Un rato después llegó mi madre, qué había salido a hacer unas compras, venía con un paquete de una confitería, nos saludó y fue a cambiarse.
Decidimos almorzar en el quincho, para no ir y venir a la parrilla, y cuando Nacho nos dijo que ya estaba listo, nos sentamos a la mesa.
Pablo destapó uno de los vinos que habíamos llevado, y sirvió en todas las copas, una vez que todas estaban servidas, tomo la suya y dijo:
-PABLO: Si me lo permiten, me gustaría proponer un brindis, ya formo parte de la empresa familiar, pero queríamos contarles, que también voy a formar parte de esta familia, con Iris hemos decidido compartir nuestra vida viviendo juntos!
La cara de mi madre fue un poema, como si ya lo supiera, las de Nacho y Rosa, de asombro y alegría.
Chocamos nuestras copas, y luego de darles un sorbo, todos se levantaron para saludarnos con un abrazo y un beso, deseándonos lo mejor en esta nueva etapa.
Por supuesto llegó el comentario de mi madre.
-INES: Hacía tiempo que esperaba este anuncio, pero..., ¿sin casamiento?
-IRIS: Por el momento hemos dado este paso, para los dos es lo mismo estar casados o no, lo importante es vivir juntos!
Aunque con una media sonrisa en su cara, mi madre dijo:
-INES: Una Ponce Vargas, merece una flor de fiesta de casamiento!
-PABLO: Ya lo veremos más adelante Inés! Por ahora solo viviremos juntos!
-INES: Muy bien! Pero no crean que me olvido! Cuando ustedes lo decidan, solo tienen que poner la fecha! Y desde ya Pablo, bienvenido a la familia!
Volvimos a brindar, y Nacho nos dijo:
-IGNACIO: Bueno gente, a comer que se enfría!
El almuerzo fue uno de los más distendidos qué había vivido en casa, pero lógicamente me faltaba la persona más importante, hubiera deseado qué papá estuviera allí conmigo.
Mamá nos preguntó dónde íbamos a vivir, y le dijimos que en casa de Pablo, pero mi madre fiel a su costumbre de pretender imponer su pensamiento, nos dijo que podíamos mudarnos a una de las casas de Gonnet.
Pablo fue el que respondió, diciéndole que no había apuro, y que ya veríamos más adelante.
En ese momento pensé, que si hubiera respondido yo, mi madre me lo hubiera retrucado, pero cómo lo dijo Pablo, lo acepto sin más.
Pasamos la tarde en casa, y antes de volver a la que a partir de ahora sería nuestra casa, Pablo me ayudó a embalar mis cosas, sobre todo mi ropa, y mis cosas personales, ya de a poco iríamos acomodando todo.
Cuando llegamos, bajamos todo y Pablo hizo lugar en su placard para acomodar mi ropa, y así fue que a partir de ese fin de semana, comenzó nuestra vida juntos.
Para las vacaciones de invierno, esta vez sí, nos fuimos unos días a Las Leñas, en la provincia de Mendoza, Pablo se había quedado encantado y quería que vivamos esa experiencia juntos.
A Pablo le gustaba esquiar, y ese era uno de sus centros favoritos, subimos los dos a la montaña, a una de las pistas de baja complejidad, Pablo me quería enseñar a esquiar.
No recuerdo cuántas veces terminé de culo en la nieve, no lograba el equilibrio sobre los benditos esquíes. Pero Pablo insistió, me tuvo paciencia, y luego de varias horas, pude descender un buen tramo de la pista junto a él.
Pudimos esquiar tan solo tres de los siete días, con las tormentas no funcionaban los medios de elevación, pero de todas formas la pasamos muy bien, realmente bien. En esta ocasión habíamos alquilado una cabaña en un complejo, en una zona cercana a las pistas, aunque la zona comercial y de restaurantes nos quedaba un poco lejos.
Por supuesto varios días hicimos el amor, sobre todo esos días de tormenta que era complicado salir.
Volvimos para La Plata, y yo me puse a preparar un examen final, quería sacarme esa materia cuatrimestral antes de las mesas de fin de año.
El último fin de semana de las vacaciones, mi madre nos pidió que la pasáramos a buscar el sábado por la mañana, no nos dijo para qué, ni lo preguntamos.
A eso de las once de la mañana la pasamos a buscar, y fuimos con ella hasta la casa de Gonnet que nos había ofrecido.
En ese tiempo la había hecho remodelar, pintar y estaba casi completamente amoblada.
A Pablo le encantó, el no la conocía, y de lo que era la casa que yo conocía, poco había quedado, solo la distribución de los ambientes, se habían cambiado las ventanas las puertas los artefactos de iluminación y se había hecho la cocina nueva, y también los dos baños.
No puedo negar que había quedado hermosa, nos miramos con Pablo, y dijimos, ¿por qué no?
Esa casa comparada con el departamento de Pablo, era enorme, un dormitorio principal con un baño, otros dos dormitorios qué compartían un baño, un estudio, una cocina con espacio para comer, y un estar comedor enorme, cochera para dos autos, un depósito, un lavadero y otro pequeño baño.
La casa estaba lista para habitar, y en menos de un mes, ya nos habíamos mudado.
Mi madre insistió en que hiciéramos una cena de inauguración, y la hicimos el fin de semana siguiente de terminar de mudarnos.
A mediados de agosto, Agustín me hizo una videollamada, y al atenderlo me di cuenta el motivo, su cara lo decía todo, con lágrimas en los ojos, me dijo que hacía unas horas había nacido Lautaro, su hijo.
Me alegré mucho también, lo felicité a él y a Paula, y también a los abuelos.
Hablamos casi por media hora, y me contó cómo había sido el parto, cómo se sentía, y también hablamos de la salud de su papá.
Antes de cortar le pedí que cuando pudiera me enviara fotos de Lautaro.
Un rato después me mandó un montón de fotos, estaba un poco lejos y dentro de la incubadora, todo abrigadito, solo se le veía la carita.
Cuándo Pablo llegó a casa, le conté y le mostré las fotos.
Los días siguientes cruzamos un montón de mensaje con Agustín, contándome cómo iba todo y mandándome más fotos de su hijo.
Lautaro era más bien morenito, al contrario que Agustín que es de piel blanca, pero como no conocía a Paula, supuse que habría salido moreno a su madre.
Me presenté a rendir el examen final, y como acostumbraba últimamente, me saqué también un diez.
Estaba en la recta final de la carrera, a tan solo unos meses para terminarla, y varios docentes que conocía mi desempeño académico, me ofrecieron formar parte de sus cátedras, pero decidí seguir en la cátedra de Roberto, me entusiasmaba la idea de ser adjunta, además él me había dado esa oportunidad, y no me parecía bien, dejarlo para irme a otra cátedra.
Unos días después, un lunes al mediodía, estaba volviendo a casa cuando me llamó Agustín por teléfono, me contó que su papá estaba muy mal, internado desde el día anterior, y que los médicos no tenían buen pronóstico, su situación era muy delicada e irreversible.
Hablamos un momento y me puse a su disposición para lo que precisara, incluso económicamente, que en cualquier cosa qué le pudiera ser útil, no dudara en avisarme.
El miércoles siguiente, a las siete y cinco de la mañana, me volvió a llamar Agustín para decirme que su papá había fallecido.
Al escuchar la noticia, le dije que en ese mismo momento me iba para Villa Gesell.
Le conté a Pablo, le dije que me iría para Gesell, y hablé por teléfono con mi madre, para saber si Andrés me podría llevar ya que Pablo tenía una reunión importante en Zárate.
Casi una hora después, Andrés estaba en la puerta de casa esperándome para irnos a la costa.
Durante el camino fuimos hablando con Andrés.
-IRIS: Gracias Andrés por haber hecho esto, en verdad es un momento duro para Agustín y quiero estar con él, como él estuvo conmigo cuando se fue papá.
-ANDRES: Cómo no iba a estar para vos! Luis me dijo que te cuidara, y trato de hacer lo posible, además desde que no está tu papá, poco trabajo tengo en la empresa.
-IRIS: ¿No llevas a mi madre como lo hacías con papá?
-ANDRES: En verdad pocas veces, a la mayoría de las reuniones va con tu esposo, él la lleva y la trae, y lo entiendo, tu madre se apoya mucho en Pablo, es su mano derecha en la empresa.
-IRIS: No me había contado eso!
-ANDRES: Tu madre me dijo que me quedara con vos hasta que vos decidieras volver! y aunque no me lo hubiera dicho, igual me hubiera quedado!
-IRIS: ¿Extrañas a papá también?
-ANDRES: Nos conocíamos hace muchos años, y tu padre siempre quiso que esté a su lado, a donde él iba, siempre quería que yo lo llevara, y te puedo decir que además de ser empleado suyo, lo sentía como un amigo!
-IRIS: Creo que para papá también eras un amigo!
-ANDRES: Y en verdad lo extraño! Hablábamos mucho, nos contábamos muchas cosas, extraño mucho esas conversaciones!
-IRIS: Me imagino! Solo espero que mi madre se porte con vos como es debido!
-ANDRES: Hasta ahora al menos, casi diría que no me tiene en cuenta, tan solo hago algunos trámites, pero me verdad lo único que me importa, es trabajar estos cuatro años que me quedan hasta poder jubilarme!
Llegamos a Villa Gesell al mediodía, y fuimos directamente a la casa de Agustín.
Al tocar timbre en su casa, me abrió la puerta una chica de más o menos mi edad, cuando le dije quién era yo, me dijo que ella era Paula, y luego me dijo que pasara.
La mamá de Agustín estaba sentada en el sillón, me acerqué y me senté a su lado, al reconocerme, me abrazó y lloró en mi hombro.
Un momento después entró Agustín en la casa, y al verme también se le llenaron los ojos de lágrimas.
Me puse de pie y lo abracé también llorando.
-AGUSTIN: Gracias Iris por venir! No sabes la falta que me hacía este abrazo!
-IRIS: Quería estar aquí para darte un abrazo, para que lloremos juntos, sé por lo que estás pasando!
Estuvimos un momento abrazados y llorando, y cuando nos sentamos en el sillón, me preguntó si ya había conocido a Paula, le dije que sí, que ella había sido quién me había abierto la puerta.
El velatorio del papá de Agustín, sería desde ese día a las seis de la tarde, hasta las doce de la noche y al día siguiente, desde las siete hasta las diez de la mañana, hora en que lo llevarían al cementerio.
Veía que Paula no me miraba con buenos ojos, lo hacía como con cierta mirada de fastidio, pero decidí no hacer caso a eso, y tratar de apoyar a Agustín en lo que hiciera falta.
Cuándo Lautaro se despertó, Paula le dio la teta, y luego Agustín lo alzó, y se acercó a mí, para que lo conociera.
Era un bebé hermoso, pero volvió a llamarme la atención lo morenito que era, habiendo conocido por fin a Paula, me sorprendió aún más, Paula también era de piel blanca, y no sé porqué, se me cruzo una mala idea por la cabeza, pero lógicamente no le haría ningún comentario a Agustín, quizás fuera una tontería de mi parte.
Cuándo se hacía la hora en que comenzaba el velatorio, Agustín ayudó a su madre a prepararse, y yo lo llamé a Andrés para que me viniera a buscar, iría a cambiarme y luego iríamos a la casa velatoria.
Me quedaría hasta el día siguiente, aunque no sabía dónde dormiría.
Cuándo Andrés llegó, le conté que me quedaría hasta el día siguiente, y me dijo que ya había contratado un hotel para que pasara la noche.
Se lo agradecí y allí fuimos, subí a mi habitación dónde ya estaban mis cosas, Andrés se había ocupado de todo.
Me di un baño y me cambié, y cuando estuve lista, le avisé a Andrés que también estaba en el mismo hotel.
Llegamos a la casa velatoria casi a las seis y media de la tarde,
Varias personas, la mayoría vecinos y clientes de la ferretería, saludaban a Agustín y a su mamá, dándole sus condolencias.
Le di un abrazo a Agustín y volvimos a llorar juntos, le pregunté por Paula, y me dijo que se había quedado en la casa con Lautaro.
Me quedé un buen rato acompañando a la mamá de Agustín que estaba muy abatida.
A las doce de la noche, fue Andrés quien nos llevó junto con Agustín y su mamá hasta su casa, me despedí de ella y conversamos un momento con Agustín en la puerta de su casa.
Nos despedimos y le dije que a las siete de la mañana estaría en la casa velatoria.
Al subir al auto, Andrés me preguntó si había comido algo, y le dije que solo había tomado un café.
Él tampoco había cenado y fuimos a un restaurante que él conocía que a esa hora, aún estaba abierto.
Conversamos mientras cenábamos, aunque no demoramos mucho, al día siguiente, me levantaría temprano.
La forma de tratarme y la forma de pensar de Andrés muchas veces, me hacía acordar a papá.
Por la mañana, el velatorio fue muy duro, sobre todo para Agustín, no solo despedía a su padre, sino que también tenía que sostener a su madre.
Los acompañé hasta el cementerio y luego volvimos a casa de Agustín.
Me quedé en su casa, Agustín preparó algo para almorzar y me pidió que me quedara a comer con ellos.
Paula seguía mirándome de esa manera que por momentos me incomodaba, si otra hubiera sido la circunstancia de mi presencia allí, le hubiera preguntado si tenía algún problema conmigo, ni siquiera nos conocíamos.
Luego del almuerzo, la mamá de Agustín se fue a descansar y Paula se fue con Lautaro a darle la teta y hacerlo dormir.
Agustín me dijo de salir a dar una vuelta y conversar tranquilos, caminamos unas cuadras y nos sentamos a tomar un café.
-IRIS: ¿Cómo estás Agus?
-AGUSTIN: En verdad lo de papá no me tomó por sorpresa, ya los médicos me habían dicho que no había ya nada que hacer, que era cuestión de días o semanas, por suerte no sufrió demasiado, era lo único que me importaba.
-IRIS: ¿Y tu mamá?
-AGUSTIN: Mamá también era consciente de la situación de papá, y lo cuidó hasta último momento, lo único que espero es que no se venga abajo.
-IRIS: Claro! Toda una vida juntos! ¿Y con Paula cómo van las cosas?
-AGUSTIN: Estamos viviendo en casa y con mamá se lleva más o menos bien.
-IRIS: ¿Y entre ustedes?
-AGUSTIN: No se cómo serán las cosas más adelante, pero no te voy a mentir, desde que supe que estaba embarazada no hemos vuelto a estar juntos, tampoco luego del nacimiento de Lautaro, es como que somos tan solo sus padres. No sé cómo se irán dando las cosas en el futuro, pero por el momento, te diría que no tenemos nada! Tan solo vivimos en la misma casa y tenemos un hijo!
Lo veía en su cara, más allá de lo de su papá, sabía que no estaba bien con lo que estaba viviendo, creo que todo lo hacía por su hijo.
Charlamos poco más de dos horas, y luego volvimos para su casa, estuve un rato con él y con su madre y a eso de las seis de la tarde, le dije a Andrés que me fuera a buscar.
En otro momento creo que hasta me hubiera quedado un par de días, pero no quería generar una situación tensa con Paula en estas circunstancias.
Me despedí de la mamá de Agustín, que me agradeció el haber ido, y me dijo que volviera cuando quisiera.
Me despedí de Agustín en la puerta de su casa, antes de subir al auto.
-AGUSTIN: Gracias Iris por haberte venido, en verdad te necesitaba en este momento!
-IRIS: No tenés nada que agradecer, y cuando pueda, me vuelvo unos días!
Un último abrazo y un beso, y me subía al auto.
Andrés me preguntó si nos volvíamos o lo hacíamos al día siguiente, y le dije que cuando él lo decidiera, me daba lo mismo.
Pasamos por el hotel a recoger nuestras cosas, y esa misma tarde nos volvimos para La Plata.
Llegamos casi a media noche a casa, le agradecí a Andrés y bajé del auto, me esperó hasta que entrara y se fue.
Al entrar en casa, creía que Pablo estaría durmiendo, pero me di cuenta al entrar en nuestro dormitorio que no estaba en casa, seguramente habría tenido alguna cena de negocios.
Me di una ducha y me puse la ropa de dormir, me acosté y me quedé pensando en Agustín, me daba pena lo que estaba viviendo, sabía que no estaba enamorado de Paula y me imaginaba que esa relación no duraría mucho, y también pensé, quizás un pensamiento un tanto negativo, que me seguía llamando la atención lo moreno de Lautaro, teniendo ambos la piel bien blanca.
Estaba en esos pensamientos, cuando escuché que Pablo entraba en casa.
Efectivamente, me dijo que venía de una cena con unos inversores a la que habían ido con mi madre.
Le conté de mi viaje y de Agustín, su mamá y de su hijo, aunque no le dije lo que pasaba por mi cabeza respecto de Lautaro, quizás solo eran ideas mías.
Las semanas fueron pasando y cada vez faltaba menos para el fin de mis estudios, ya quería que llegara el fin de año para terminarlos.
En esa época, los negocios de la empresa, parecían ir viento en popa, y Pablo viajaba bastante seguido al interior de la provincia, e incluso a otras provincias, siempre con mi madre por supuesto.
En cada viaje que hacía, al volver me traía algún regalo, ropa, zapatos, zapatillas, recuerdos de los lugares, me estaba malacostumbrando, cada vez que volvía, esperaba ansiosa su presente.
Llegó el mes de noviembre y con él, el final de las cursadas, varias cursadas aprobé por promoción y solo me quedarían dos finales por rendir.
Si todo iba como lo tenía pensado, en el mes de diciembre, rendiría esos dos finales y me recibiría.
Aprobé todas las cursadas con excelentes notas antes del fin de noviembre, y comencé a preparar los dos finales que rendiría los primeros días de diciembre.
El seis de diciembre rendí el primero, y me saqué un diez y el once de diciembre, rendiría el último, aunque podría haber pedido una mesa examinadora especial, decidí hacerlo el día en que también rendían otros compañeros.
Ese día, Pablo me acompañó a la facultad, también fue Juan y otros amigos y compañeros, hubiera deseado que papá estuviera también en ese momento, que me viera recibirme, pero de todas formas, estaba en mi corazón.
La que no pudo o no quiso ir fue mi madre, tenía una reunión importante, sin dudas papá hubiera postergado lo que sea por estar en ese momento conmigo, pero ella...
También me hubiera gustado que Agustín estuviera allí, pero sabía que era complicado para él, venirse hasta La Plata, pero hablamos por teléfono la noche anterior, y me deseó toda la suerte del mundo, y por supuesto que le avise como me había ido.
Entré en el aula y la junta examinadora me estaba esperando, fui la tercera en entrar, los dos compañeros anteriores, habían aprobado, pero aún les faltaba rendir otras materias.
Casi una hora estuve exponiendo el tema que había preparado y respondiendo las preguntas de los tres profesores.
En un momento me dijeron que ya era suficiente, que ya había demostrado saber la materia y que mi nota era un diez, para seguir con mi racha.
Me felicitaron, me firmaron la nota en la libreta y salí del aula con una sonrisa, pero con lágrimas en los ojos.
Una vez en el pasillo, empecé a saltar, loca de alegría, todos se acercaron a saludarme, Pablo el primero, me abrazó y me besó felicitándome.
Luego vino la tradicional enchastrada, huevos, harina, papel picado y demás cosas, para luego ir en una de las camionetas de la empresa, hasta la Plaza Moreno y la Catedral.
Al llegar a casa, toda enchastrada, le mandé una foto a Agustín, contándole que me había recibido y esa noche Pablo me llevó a cenar a un hermoso restaurante para festejar mi título y al volver a casa hicimos el amor apasionadamente.
Antes de fin de año, Roberto me dijo de reunirnos y por supuesto le dije que sí, nos encontramos luego de las clases en el bar de la facultad a tomar un café.
-ROBERTO: Iris, quería hablar con vos para decirte, no sé si ya lo sabías, que en el mes febrero son los concursos de oposición de todas las materias, donde se presentan las cátedras postulantes y se definen los que se harán cargo de cada materia desde el año siguiente y por cinco años.
-IRIS: Sí Roberto, estaba al tanto!
-ROBERTO: Quería proponerte que formes conmigo la dupla para presentarnos, yo iría como titular y vos como adjunta, ¿qué te parece?
-IRIS: Por supuesto Roberto! Me encantaría acompañarte!
-ROBERTO: Ya tengo cierta edad, no me queda mucho para jubilarme, quizás sea el año que viene o el soguiente, y sabiendo de tu capacidad, quiero que quedes a cargo de la cátedra cuando me jubile!
-IRIS: Que responsabilidad Roberto!
-ROBERTO: Sos la más capaz Iris! De eso no tengo ninguna duda, en estos años como ayudante me lo has demostrado! Es más, en los papeles, voy a figurar como titular, pero quiero que la titular seas vos, que te vayas preparando para cuando me retire!
-IRIS: ¿Cómo agradecerte esto Roberto?
-ROBERTO: No hay nada que agradecer! Vas a ser mucho mejor docente que yo! Ya te lo digo! Yo ya estoy un poco cansado y vos sos brillante! Y no lo digo solo yo, varios profesores me han dicho que te han ofrecido trabajar con ellos, todos saben de tu capacidad y de tu dedicación!
-IRIS: Es verdad Roberto, varios docentes me lo han ofrecido, pero decidí quedarme con vos, fue por vos que arrancó este camino!
-ROBERTO: Y te lo agradezco! Eso me halaga!
-IRIS: No me hubiera sentido bien, yéndome a trabajar con otros docentes!
-ROBERTO: Estoy seguro que serás la mejor docente!
-IRIS: Gracias Roberto! Muchas gracias!
Hablamos un momento más, y quedamos de acuerdo que a mediados de enero, nos reuniríamos para armar el proyecto de trabajo para el concurso.
Me fui para casa súper contenta, no veía la hora de que llegara Pablo para contárselo, además de un inicio en la carrera docente, ese cargo significaba un más que buen salario mensual.
Para las fiestas de ese fin de año, vinieron de Italia Ángel, mi hermano mayor, con Noelia y con mi sobrina Malena, y se quedarían hasta el dos de enero, luego se irían unos días a Punta del Este, donde estaba la familia de mi cuñada, para que los otros abuelos también pudieran estar unos días con Malena.
En los últimos tiempos, me costaba reconocer a mi madre, se la veía más alegre, poco se le veía su gesto serio y hasta amargo que le conocía de toda la vida, y me dio por pensar que quizás estaba saliendo con algún hombre, pobre de él, pensé.
La primera quincena de enero, nos fuimos con Pablo a la casa de Pinamar, pero me aclaró que en la segunda semana, tendría que volver el miércoles para una reunión muy importante con unos inversores de San Fernando, y que luego volvería el fin de semana y regresaríamos juntos para La Plata.
Hablamos para las fiestas con Agus, preguntándole como estaban sus cosas, cómo estaba su mamá, como iban las cosas con Paula y cómo iba creciendo Lautaro.
Llegamos a Pinamar con Pablo el dos de enero al mediodía, dejamos nuestras cosas y buscamos un lugar para almorzar, después descansamos un rato, y salimos a hacer algunas compras para esos días, comida, bebidas y algunas cosas que hacían falta en la casa.
Luego de darnos un baño salimos a dar una vuelta por el centro y cenamos en un restaurante.
Al día siguiente, Pablo dejó la pileta de la casa en condiciones, por la mañana íbamos a la playa y a la tarde nos quedábamos en la pileta.
Pasamos una linda semana de playa, paseos, cenas en diferentes restaurantes y varias noches de pasión.
En verdad me sentía muy bien en mi vida con Pablo, siempre fue muy atento conmigo, y aunque al principio, nuestros encuentros íntimos eran más frecuentes, no me podía quejar, una o dos veces por semana, solíamos encontrarnos sexualmente.
Si bien disfrutaba esos encuentros, casi siempre en las noches, algunos días estaba excitada y al no poder hacer el amor, solía masturbarme cuando estaba sola en casa.
El miércoles de la siguiente semana, Pablo volvía para La Plata, para esas reuniones importantes que tenía, y volvería el sábado a la tarde, para volvernos los dos, el lunes siguiente.
Antes de que se fuera, le dije que vería si podía encontrarme con Agustín, ya que estaba tan cerca, me podría ir a Villa Gesell para saludarlo y ver a su hijo Lautaro.
Me dijo que no había problema, que fuera, pero que tuviera cuidado en el viaje, tanto a la ida como a la vuelta.
Ese mismo miércoles, luego de que Pablo saliera para La Plata, le mandé un mensaje a Agustín para decirle que estaba en Pinamar y que tenía ganas de verlo a él, a su mamá y a Lautaro, me dijo qué le encantaría verme, pero que estaba en la ferretería, estaría de vacaciones recién en el mes de febrero.
Le dije que estaba sola y que al otro día me iría para Gesell, y qué pasaría directamente por la ferretería.
Esa tarde fui a la terminal de Ómnibus, y saqué un pasaje para el día siguiente bien temprano, llegaría a Gesell a eso de las nueve y media de la mañana, y seguramente me volvería por la tarde o la noche.
Cómo iba a estar unos días sola, me había llevado algunas cosas de la facultad, para ir preparando algunos proyectos, para mostrárselos a Roberto al volver.
Llegué a Villa Gesell a las nueve y cuarto de la mañana, y caminando me fui hasta la ferretería de Agustín.
En ese momento no había gente, y al entrar, Agustín dio la vuelta al mostrador, y nos saludamos con un abrazo y un beso.
Conversamos un rato entre cliente y cliente, Agustín me preguntó hasta cuándo me quedaba, y le dije que seguramente me iría en la tarde o la noche.
Cuando llegó la hora de cerrar el negocio al mediodía, le mandó un mensaje a Paula diciéndole que no iría a almorzar, y nos fuimos a comer a un restaurante.
-IRIS: Agus, ¿cómo están las cosas con Paula?
-AGUSTIN: Qué sé yo Iris, como siempre creo, vivimos en la misma casa, tenemos un hijo, pero la relación entre nosotros te diría que no existe.
-IRIS: Me da pena la situación, ¿pensaste alguna vez en que quizás sería bueno que no vivan juntos? Si no son una pareja, quizás podrían tan solo ocuparse de criar a Lautaro, y vivir cada cual su vida.
-AGUSTIN: No creas que no lo he pensado, pero creo que siendo Lautaro tan chiquito, me sentiría mal proponiendo algo así! El bebé no tiene la culpa!
-IRIS: Claro que no, y te entiendo, ¿y Paula cómo lleva esta situación?
-AGUSTIN: En verdad nunca lo hablamos, incluso ya casi no dormimos en la misma cama, con el tema de la teta, Paula se acuesta en la otra cama con Lautaro, para que yo pueda descansar.
-IRIS: Quizás tengas razón y tengas que esperar a que Lautaro sea un poquito más grande.
-AGUSTIN: Te voy a contar algo que no he hablado con nadie, sobre todo porque me interesa tu opinión, sé que vas a ser sincera conmigo.
-IRIS: Por supuesto!
-AGUSTIN: No sé si habrás prestado atención, o quizás tan solo me parezca a mí, pero cada vez que veo a Lautaro, me pregunto a quién sale tan morenito, los dos somos bien blancos.
-IRIS: Perdón Agus por lo que te voy a decir, pero lo he pensado varias veces, cuando vi las fotos de Lautaro, lo vi moreno, pero en ese momento no conocía a Paula, pero cuando la conocí, también me lo pregunté! Perdón Agus por pensar esto, pero siempre seré sincera con vos!
-AGUSTIN: No te sientas mal, yo lo vengo pensando desde hace tiempo! Y lo que también me llama la atención, es que Paula ya no me busque para tener relaciones!
-IRIS: ¿Crees que hay alguien más?
-AGUSTIN: No lo descarto! Y te soy sincero, si hubiera alguien más, creo que no me haría problema, sería la forma de dejar de vivir en esta farsa, ni yo estoy enamorado de ella, ni ella está enamorada de mí, y a nuestro hijo, lo podemos criar aunque no vivamos juntos.
No me sentí tan mal por lo que pensaba luego de hablar con Agustín, él también tenía sus sospechas, pero quería cambiar de tema, y no decirle más nada, no quería llenarle la cabeza.
Se hicieron las cuatro de la tarde, hora en que tenía que volver a abrir la ferretería, fuimos hasta la terminal de Ómnibus, y saqué un boleto para volver a Pinamar, luego nos fuimos a la ferretería, y me quedé allí hasta que se hizo la hora te tomar el colectivo.
Nos despedimos con un abrazo y un beso en su negocio, diciéndonos todo lo que nos queremos y lo que nos extrañamos.
En el viaje de regreso a Pinamar, no pude evitar las lágrimas, me partía el corazón la situación de Agustín, nunca lo había visto tan cabizbajo y triste, viviendo una vida que no es la que hubiera imaginado.
Me pasaba cada vez que nos veíamos, el sentirme tan ligada a él, y siempre que nos despedíamos, sentía como ese vacío, y esas ganas de tenerlo cerca, y hablar con él cada vez que lo necesito.
Desde la terminal de ómnibus de Pinamar, me tomé un taxi hasta la casa, de camino le pedí que parara en una casa de comidas, y compré algo ya preparado para cenar.
Esos días hasta que volvía Pablo de La Plata, aproveché para tomar sol y trabajar en los proyectos de la cátedra, al tener pileta en la casa, tan solo una mañana temprano fui a caminar a la playa, después me quedé todo el tiempo en la casa.
El sábado por la mañana, Pablo me avisó que ya estaba saliendo de La Plata y que llegaría a eso de las tres o cuatro de la tarde, dependiendo del tráfico en la ruta.
Le dije que lo esperaba con algo para comer y con unos mates.
Mientras lo esperaba y tomaba sol, seguí trabajando en los proyectos, hasta que a las cuatro menos veinte de la tarde, Pablo me mandó un mensaje, diciéndome que estaba entrando en Pinamar, y fui a preparar la comida y el mate.
Cuando escuché el auto que entraba, salí a recibirlo, y me encontré con una sorpresa, Pablo no venía solo…
Continuará…
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